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domingo, diciembre 27, 2009

La semana de Larry II

Qué iluso fui cuando hace un par de semanas titulé como “La semana de Larry” mi artículo/reflexión sobre la anécdota que tuvo lugar durante la quinta edición del Festival de Jazz de Sigüenza. No fui capaz de prever que lo que había sido una nota exótica, dentro de un festival que incluso muchos aficionados al Jazz desconocíamos hasta el pasado día 9 de diciembre (día de la publicación en “El País” de lo sucedido), iba a superar la barrera de las 24 horas de vigencia mediática que hoy se suele permitir a los sucesos llamativos, a no ser que estos se sigan produciendo en días sucesivos (el “caso Haidar”- la situación de la saharaui Aminatou Haidar y su lectura histórica y política - es un ejemplo de permanencia informativa y de olvido inmediato una vez resuelto lo acuciante). La lógica mediática habría dejado constancia de la anécdota, reído la gracia y a otra cosa. Los posibles debates que suscitaba el ya conocido como “Caso Sigüenza” (y a los que traté de dar mi propia perspectiva en “La semana de Larry”) hubieran quedado circunscritos a los minoritarios blogs, páginas y rincones varios de los aficionados a la música (Jazz en particular) y en los de aficionados a las anécdotas (lamentablemente cada vez más predominantes en la creación y desarrollo superficial de contenidos de los medios de comunicación). Y, sin embargo, el “Caso Sigüenza” se ha prolongado. La “semana” se ha convertido en “mes” y ha adquirido una doble perspectiva: internacional y nacional. Una y otra comparten en su narración la aparición del poderoso neocón del Jazz Wynton Marsalis que, habiendo leído la historia en el diario británico The Guardian, ofreció una recompensa por la salida del anonimato del espectador denunciante. Estimulado sin duda por lo que debía de considerar un alma gemela en su cruzada por la pureza (¿?) del Jazz, el trompetista ofrecía su discografía completa firmada y regalada a su media naranja española.

Nadie puede discutir al técnicamente genial Marsalis la libertad para opinar sobre qué es el Jazz y para que guíe su carrera profesional como él mismo considere oportuno. Lo que ya es más discutible es que desde la atalaya de su poder (no está de más recordar que la importante revista “Time” le dedicó su portada del 22 de octubre de 1990 y le llegó a considerar una de las 25 personalidades más influyentes en Estados Unidos en su número del 17 de junio de 1996) determine, cierre y abra puertas, con un discurso siempre revestido de buenas y educadas palabras, a los artistas que, según él, son o no son Jazz.

No es un músico más en el panorama jazzístico. Tiene voz en los medios, define programaciones (directamente la del Lincoln Center neoyorquino; indirectamente…), dirige programas educativos o influye notablemente en el relato de la historia del Jazz en uno de los documentales más afamados de los últimos tiempos: Jazz de Ken Burns. Por todo ello se ha convertido en algo más que un músico, en una figura política del Jazz que hace y deshace. Sería exagerado pensar que la evolución de la música depende de su voluntad pero sí que tiene poder y medios para, al menos, dejar una huella profunda en el desarrollo y percepción de esta música en estas dos o tres últimas décadas y en alguna de las venideras. Y ahí es donde su anecdótica intervención en el “Caso Sigüenza” resulta desvergonzada e insultante. “The Guardian”, que informó de la búsqueda de Marsalis y de su recompensa, refleja en su edición del 21 de diciembre de 2009 unas palabras de uno de sus asistentes, Jono Gasparro: Wynton nunca pretendió que esto se hiciera público. ¿Resulta creíble pensar que el más poderoso de los políticos del Jazz, puesto en contacto con un periodista a través de Gasparro y con una historia tan golosa entre manos para el periodista, buscaba privacidad en su gesto? Yo no lo creo, aunque quizá no calcularon la dimensión de la reacción visceral de defensores y detractores (concentrada sobre todo en Internet), de quienes ven en Marsalis el paradigma de las esencias del Jazz y de quienes ven en él el diablo que impide el natural desarrollo de esta música. Entre las reacciones contrarias al trompetista la de una voz mucho más autorizada que la mía para responder su gesto: la del baterista del proyecto Drumming Core de Larry Ochs cuya música fue la detonante de la denuncia, Scott Amendola. El baterista, según “The Guardian”, acusa a Marsalis de buscar “publicidad barata” y sugiere al periodista Giles Tremlett (firmante de las informaciones en “The Guardian”) que escriba algo sobre todos aquellos que no están de acuerdo con el punto de vista sobre el Jazz de Marsalis y sobre cómo el trompetista perjudica a otros miles de músicos de Jazz en el mundo.


El gesto de Marsalis, más allá del sarcasmo, interfiere en ámbitos que no son de su competencia. Su gesto no responde a una pregunta directa sobre el tema de alguien interesado en su opinión (que vaya si es conocida sin preguntársela), nace de una iniciativa personal que como tal infiere desconsideración para quienes, sean o no jazzistas según su parecer, son, cuando menos, compañeros de la profesión musical, músicos con muchas menos posibilidades de acceder a un escenario que las del trompetista (en el número de junio de 1996 la revista “Time” recogía unas palabras suyas en las que presumía de haber tocado 150 conciertos al año durante 15 años y de haber ayudado a recuperar la audiencia del Jazz). Es una desconsideración hacia un pequeño festival, el de Sigüenza, que, sean cuales sean las razones, apuesta por nombres que se alejan de la ortodoxia que Wynton defiende pero que, desde su insignificancia global, en nada afecta a su cruzada por la pureza. A no ser que Wynton procure una operación de limpieza “etno-jazzística” global que deje el paisaje desierto de “insurgentes”. Sin embargo habrá que agradecer al “empresario” Marsalis (así lo presentaba “Time” en ese número de junio de 1996) que haya reabierto un debate que a todo pequeño dictador le gustaría adormecido: ¿Qué es el Jazz?, debaten furiosamente “opinadores” virtuales en el anonimato de la red. Las respuestas, más o menos razonadas, más o menos razonables, carecen de verdad absoluta (al fin y al cabo hablamos de Arte). Sobre ellas sobrevuela el gesto soberbio de Marsalis quien tiene declarado (de nuevo en declaraciones recogidas en el “Time” de junio de 1996): Queremos llevar el Jazz a la gente en toda su grandeza y gloria. Y no creemos que la música esté por encima de la gente. Quien se ha puesto por encima de todos con su “wanted and reward” no es otro que él. Por cierto que el denunciante apareció y reclamó (tal y como recogió “El País” en su edición del 22 de diciembre de 2009) la recompensa de Marsalis (toda su discografía firmada).

La aparición de este señor de nombre Rafael Gilbert, de cuarenta y dos años, ha subido un grado más el termómetro del absurdo público que generó su denuncia. Gilbert tiene derecho a escuchar lo que le plazca y a opinar lo que le parezca sobre la música que escuche en una u otra circunstancia. Su problema es haber reclamado “el dinero de la entrada” por considerarse estafado con lo que Larry Ochs y Drumming Core ofrecían sobre el escenario de un Festival de Jazz. Cuando el debate estrictamente musical discutía sobre si esa música era “Contemporánea” o “Jazz” - a partir de lo relatado en su denuncia en la que indicaba que tenía “contraindicado psicológicamente” el primero de los géneros (¿?) - de pronto el señor Gilbert nos sorprende con las siguientes palabras: El Free Jazz es una música que si no te avisan puede irritarte mucho, te pone mal cuerpo. Como no podía más me levanté y fui a reclamar el dinero de la entrada. Consten estas palabras en caso de juicio. El denunciante ha declarado que aquello era “Free Jazz”. O sea, una manifestación puramente jazzística. En caso de juicio que el Ayuntamiento de Sigüenza quede tranquilo. El acusador ha caído en flagrante contradicción. Remata: Yo lo que reclamo es que en los carteles aclaren si es jazz o no, y ya está.

Otra circunstancia que nunca hubiera imaginado cuando reflexionaba en “La semana de Larry” es la reacción que se iba a producir no sobre la situación que relataba el artículo de Chema García Martínez en “El País” del día 9 de diciembre sino sobre la credibilidad del propio periodista. Conforme pasaron las horas y los días fueron surgiendo voces contrarias a García que llegaban a insinuar que todo era una exageración del periodista, una crónica llena de inventiva. Así el Jazz entró en la descarnada lucha de grupos mediáticos cuando el crítico Javier de Cambra publicaba en el diario “La Razón” (14 de diciembre de 2009) un artículo titulado “La verdad sobre el caso Sigüenza” en la que desmentía la historia narrada por Chema García e incluso hacía crítica de su estilo como cronista. Cambra decía desmentir a García con el siguiente relato: (…) Vayamos a los hechos. La ermita cuenta con una pequeña estancia donde está el control de entradas. Luego, otra gran puerta, la ermita. Pues a ese vestíbulo se dirigió un asistente, reclamando el importe de su entrada, afirmando que lo que se oía no era jazz sino música contemporánea, lo que tenía desaconsejado psicológicamente. Al no ser satisfecho de inmediato, llamó a la Guardia Civil, compareciendo dos agentes del cuerpo. En un momento y urgidos por el reclamante entraron a la ermita, donde al cabo de un minuto salieron con el alcalde, que se levantó al verlos. Preguntado al respecto por el reclamante, uno de los agentes expresó: «Esto no es jazz». El concierto no fue interrumpido, los músicos se enteraron del leve asunto al término de su actuación y apenas en las últimas filas pudo verse algo de este movimiento (…). ¿No es lo que Chema García nos había contado? ¿Había mentido? ¿Tergiversado los hechos? Seguía el crítico de “La Razón”: (…) Un diario madrileño publicaba una crónica con escaso relato puntual de los hechos y vocabulario de grueso calibre y en nada ajustado a realidad (…). Y más adelante añadía: (…) Chascarrillos que aquí han dado a todo tipo de malentendidos que vienen de mal explicados y que el diario británico «The Guardian» reproducía al día siguiente. ¿Y qué reproducía “The Guardian” al día siguiente? (…) La policía decidió investigar después de que un furioso aficionado al Jazz se quejara de que el grupo Drumming Core del saxofonista Larry Ochs estaba en el lado equivocado de la línea que divide Jazz de Música Contemporánea. El purista del Jazz afirmó que su médico le había advertido de que no era “recomendable psicológicamente” que escuchara cualquier cosa que pudiera ser confundida con mera música contemporánea. De acuerdo con el reportaje de El País de ayer miércoles, los policías escucharon la interpretación del saxofonista y las percusiones que procedían del escenario del festival antes de convenir que el purista podía tener de verdad un caso. Su queja contra los organizadores, que rechazaron devolverle el dinero, fue debidamente registrada y pasará a juicio (…). ¿Dónde está la diferencia? ¿Qué elemento diferencial convierte a un relato en verdadero – “La verdad sobre el caso Sigüenza” titulaba – y al otro en erróneo? El relato de Javier de Cambra se ciñe a una descripción más escrupulosa de los hechos que la que ofrece Chema García (y de la que después se hace eco “The Guardian”). El problema es que la ofrece una semana después de lo sucedido y desacreditando a un compañero. (…) De allí a la red y la rechifla universal del Guardia Civil que acude para dar juicios sobre jazz. En fin, tricornio para acabar con tanta charanga y pandereta. Eso podía desprenderse de una crónica que ha conducido a todo equívoco (…), sentenciaba De Cambra. ¿No hubiera generado “rechifla universal” la misma crónica de “La Razón” de haber sido la primera en publicarse? ¿No sigue siendo de “rechifla” lo que el mismo De Cambra certifica, que uno de los guardias civiles expresara que “esto no es jazz”? No convendría perder de vista que lo que hace singular la historia es la presencia de dos miembros de la Guardia Civil atendiendo la denuncia de un espectador sobre los contenidos de un concierto y que lo que la sitúa dentro de los márgenes del surrealismo es que uno de ellos opine sobre estética musical dando la razón al demandante. Con una protesta sin Guardia Civil no hubiera habido historia.

He leído la crónica de Chema García Martínez en varias ocasiones (¿diez, quince, ocho?) y lo único que encuentro en esa narración (que García contó en una entrevista con servidor en el programa “Club de Jazz”, grabada la misma mañana de la publicación del artículo, que había sido “redactada” por teléfono desde un tren de vuelta de Sigüenza) es una crónica que contaba lo sustancial de lo sucedido (la denuncia, los motivos de la denuncia, la presencia de la Guardia Civil, la opinión expresada por uno de ellos según informó al periodista el alcalde de Sigüenza, la reacción atónita de los músicos) y que adornaba lo relatado con una prosa irónica que excedía la mera descripción aséptica. Se acusa a García en foros y artículos de haber dado a entender que el concierto hubiera estado a punto de ser suspendido. Se entresaca una frase del artículo de García – “a punto estuvo de ser cancelado manu militari por la autoridad competente” – y se descontextualiza para demostrar la “mentira” y contraponerla a “la verdad”. García no había escrito una “nota de agencia”; su artículo podría abrir por enésima vez el debate entre la objetividad y subjetividad de la profesión periodística, entre la aportación literaria o no en la redacción de la información, pero no sobre si mentía o decía la verdad. Incluso aunque pudiera haber inexactitud en su relato no había mentira. Al leer la crónica de arriba abajo se puede percibir la ironía y un cierto tono hiperbólico con el que García subraya el absurdo de lo sucedido. La reacción posterior de algunos nombres propios (y anónimos) en todo tipo de foros excede la crítica periodística que se pueda realizar sobre un artículo que contó algo que pasó. Y como tal era una anécdota noticiable que ponía de manifiesto miserias y bondades muy apetitosas para quien estuviera dispuesto a reflexionar. Se podía uno quedar con la anécdota y fantasear con ella o se podía analizar aquello que subyace bajo la anécdota. Lo que no imaginaba yo es que la anécdota relatada para “El País” por Chema García pudiera despertar tantos recelos entre compañeros de profesión y alrededores del periodismo jazzístico hacia uno de sus más veteranos compañeros. Menos mal que Wynton Marsalis ha aparecido para situar de nuevo en primer plano una de las posibles e interesantes vías de análisis que sugería el “Caso Sigüenza”: ¿Qué es el Jazz?

El denunciante Gilbert dice que sólo se quedaron los viejillos en el concierto de Larry Ochs y que con él se fueron una veintena de personas. Sé de algunos “viejillos” que estuvieron presentes y que no se reconocerían tan ancianos. Eso sí, habrá que reconocerle a Gilbert la educación que otros espectadores no han tenido en otras ocasiones. La historia de la Música está llena de anécdotas sobre ruidosas protestas del personal, desde luego mucho menos civilizadas. Una de ellas está filmada en el Théâtre des Champs-Élysées de París en la película de cine mudo L´inhumaine dirigida en 1924 por Marcel L´Herbier. Un documento excepcional sobre la evolución cívica de la queja musical.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

viernes, diciembre 25, 2009

Lluis Vidal Trio + Dave Douglas & Perico Sambeat - "Mompiana"



El pianista Lluis Vidal presenta su proyecto Mompiana, dedicado a la música del compositor catalán Frederic Mompou. Acompañado de su trío, con Masa Kamaguchi (contrabajo) y David Xirgu (batería), y con dos invitados: Perico Sambeat (saxos y flauta) y Dave Douglas (trompeta). Dentro de unas semanas emitiré una conversación con Lluis Vidal dentro del programa Club de Jazz. De momento este aperitivo con momentos en directo del proyecto, declaraciones de Vidal, Sambeat y Douglas y un breve resumen de la vida de Mompou en este reportaje emitido en el programa Nydia de la Televisió de Catalunya.

jueves, diciembre 24, 2009

Músicas del invierno: George Winston & Loreena McKennitt











Dos clásicos del invierno que acaba de abrirse un hueco en el calendario de las estaciones: El pianista estadounidense George Winston y la cantante y arpista canadiense Loreena McKennitt. En 1982 el pianista grabó December, disco que incluía una versión de Carol of the bells (El villancico de las campanas), que venía explicitado como "villancico ucraniano del siglo XIX". Por su parte Loreena McKennitt grabó en 1995 A winter Garden (Jardín de Invierno), una colección de cinco canciones sobre el invierno que el pasado año 2008 amplió para dar lugar a A midwinter Night´s dream (algo así como "Sueño de una noche de invierno"), disco que incluía una versión del villancico The holly and the ivy (El acebo y la hiedra". Y en ambos casos una duda: ¿eran Carol of the bells y The holly and the ivy villancicos en origen?





lunes, diciembre 21, 2009

Y Wynton se sumó a la fiesta...

Después de conocer la surrelista anécdota del V Festival de Jazz de Sigüenza con el famoso (ya famoso aunque todavía desconocido) espectador que puso una denuncia al Festival por considerar que la actuación del proyecto Drumming Core del saxofonista Larry Ochs no tenía nada de jazzística y sí de Música Contemporánea (con certificación de la Guardia Civil incluida); después del debate y charlas posteriores en las que incluso compañeros del gremio han llegado a descalificar al periodista de "El País" que la dio a conocer, Chema García; después de todo eso ha llegado el turno del gran pope de la ortodoxia del Jazz, el ilustre Pulitzer Wynton Marsalis, adalid del purismo del gremio. Un hombre del que un día me enamoré y del que, como casi todo amor, pasó por los celos y el desengaño hasta la ruptura. Ese gran hombre, ese cuya figura escultórica se apoya en un banco del parque de La Florida de Vitoria-Gasteiz, está buscando al espectador/denunciante, gran experto en las esencias del Jazz (ex-aequo con el Guardia Civil) con prescripción médica contraria a la Música Contemporánea. Y, ¿por qué Wynton le busca? ¡¡¡¡Para regalarle una integral de su discografía dedicada!!!! Encantado como está por haber encontrado a su alma gemela en España trata de localizarlo para consumar su idilio.

Santo dios...

Informan "El País" y el "The Guardian" británico.

miércoles, diciembre 16, 2009

Un compositor de cine: Fernando Velázquez

El compositor Fernando Velázquez (Getxo - 1976) estudió violonchelo y composición en Vitoria, París o Madrid y se licenció en Historia en la Universidad de Deusto. En el año 2008 recibió el Premio Nacional de Música como "Mejor banda sonora de obra cinematográfica" por su partitura para El Orfanato (de Juan Antonio Bayona). El cine se cruzó en su vida con un primer corto de Koldo Serra (director de Bosque de Sombras - 2006) y a partir de ahí inició una trayectoria en la que aparecen títulos como los actualmente en cartelera Spanish Movie (Javier Ruiz Caldera) o Garbo, el espía (Edmon Roch). En el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) he dedicado mi espacio musical a escuchar algunas opiniones de Fernando y a intuir su música. En breve estará aquí disponible la entrevista íntegra, así como la música sin interrupción. De momento esto es lo emitido en radio:






La semana de Larry: entrevistas con Chema García, Larry Ochs y Sergio Merino

La semana más surrealista del Jazz en España queda atrás y ahora es momento para escuchar a los protagonistas que pueden aportar reflexiones sobre lo sucedido en torno a la actuación de Larry Ochs & Drumming Core en el V Festival de Jazz de Sigüenza. En la edición de Club de Jazz con fecha 16 de diciembre de 2009 conversamos con el periodista Chema García Martínez que contó en El País la denuncia de un espectador (con presencia de la Guardia Civil incluida) por la presunta falta de jazzismo del concierto. Escuchamos también al promotor de la actuación, Sergio Merino, de Arco y Flecha sobre la repercusión internacional de lo sucedido y sobre las dificultades de programación de músicas creativas en España. Y Roberto Barahona (colaborador desde Monterey - California) charla con el propio Larry Ochs una vez ha regresado de la gira por Europa. Todo ello combinado con diversas grabaciones del proyecto Drumming Core.

Puedes escucharlo a través de nuestra web www.elclubdejazz.com y podcast en iTunes o iVoox


martes, diciembre 15, 2009

¡Mingus Vive! (Bilbao 11/12/2009) - Iñaki Salvador & Mikel Andueza (Vitoria - Gasteiz 13/12/2009)

¡Mingus Vive! (izquierda a derecha): Mariano Díaz (p), Antonio Ximénez (tp), Miguel Ángel Chastang (cb), Baldo Martínez (cb), Mikel Andueza (sa), Víctor de Diego (st), Jordi Vilà (cb) y Guillermo McGill (bt).

Iñaki Salvador (piano) y Mikel Andueza (saxo alto)

Vivimos un presente de contrastes para la música. Los discos no se venden y las descargas legales son las menos frente a una mayoría de consumidores (¿oyentes?) que los “bajan” gratuitamente sin pensar en las consecuencias perniciosas para el que se dedica a estudiar, pensar, componer, ensayar, grabar, etcétera. En el mundo del Jazz las ventas siempre han sido mínimas pero al menos la presentación en conciertos permitía vender - cuando el espectador está en caliente - algunas copias con las que ir pagando los costos de producción. Ya ni eso, si el disco está “colgado” en la red. ¡Los músicos en el escenario!, gritan los pata de palo. Ale, todos a tocar conciertos para poder sacar algo de pasta cuando las grabaciones ya no las dan. Pero, ¿hay dónde tocar? Sí, claro, siempre ha habido escenarios dispuestos pero la situación de crisis económica que dicen vivimos en el presente encuentra en la cultura siempre un fenomenal chivo expiatorio para los recortes presupuestarios. Así se busca cómo abaratar el “producto” de directo y si hay que reducir plantilla sobre el escenario se reduce. Supongo que dentro de poco los pata de palo promoverán que sea el músico quien se pague el escenario, que para algo su dedicación es un hobby, ¿no?

Y así se encuentra uno con la infrecuente circunstancia de que en apenas cuarenta y ocho horas, en dos ciudades tan próximas como Vitoria – Gasteiz y Bilbao, tengan lugar dos actuaciones de hondo calado jazzístico. Pero, decía, vivimos un presente de contrastes y a la buena nueva de poder escuchar el proyecto ¡Mingus Vive! se le une la incredulidad (es un decir) por conocer que la actuación de este octeto de excelentes músicos ibéricos es la segunda de un proyecto que se estrenó… ¡hace más de un año! Claro, son ocho, ocho son multitud y estamos en tiempo de reducciones drásticas del presupuesto… salvo para los musicales, que molan y se vende todo. Así lo peor que se puede decir del proyecto ¡Mingus Vive! es que le faltan unas cuantas horas sobre el escenario (rodaje, que le llaman) para poder encajar las complejas piezas del puzzle musical de todo un maestro del contrabajo y la composición que fue Charles Mingus. Porque no resulta sencillo asimilar en apenas un ensayo de reencuentro, tanto tiempo después, la esencia de una música que despide por todos sus poros un aroma de clasicismo y negritud (de cine negro, aunque la piel de Mingus también lo fuera) que sin embargo no pierde con el paso de los años actualidad, modernidad (seguramente mayor que gran parte de la música que se imprime hoy en Jazz), ni irreverencia. Es una música viva, exigente para el intérprete, nerviosa y cálida, incisiva e incluso cómica en la crítica como ese Fables of Faubus - composición dedicada al racista gobernador de Arkansas Orval Faubus - que abrió la velada.

¡ Mingus Vive! tiene el atractivo de contar con tres contrabajistas en su formación aunque el misterio de su encaje se resuelve en un reparto de papeles que lleva a dos de ellos a descansar cuando es un tercero el que lleva el peso de la música. Así estructura el concierto en tres bloques en el que cada contrabajista lleva la dirección y arreglos de la música de Mingus. Eso sí, en dos versiones sonó el octeto al completo, en el tema de inicio (el mencionado Fables of Faubus) y en el de cierre (el festivo Boogie Stomp Shuffle). Los contrabajos de Chastang, Vilà y Martínez reparten funciones: mientras uno lleva el pulso rítmico los otros se convierten en voces del background musical de los arreglos. Si hay solos del viento o del piano se distribuyen los solistas. La coincidencia de los tres vuelve a producirse en el bis final en el que los “de las cuatro cuerdas” (como describió Baldo a los contrabajistas) salen en solitario al escenario y desenchufados luchan por coordinar tempos y solos con una versión de Noddin ya head Blues de tono crepuscular. Y hay una cuarta ocasión en que los tres coinciden en escena: durante el segmento del concierto que comanda Baldo Martínez. Y es posible que en ese momento del concierto, en la versión de Goodbye Pork Pie Hat, el proyecto ofrezca sus mejores virtudes distintivas. Porque si el tono general de ¡Mingus Vive! está determinado por un respeto casi escrupuloso a la escritura original de Mingus, Baldo Martínez afronta esta composición con la inédita (en mi memoria) formación de tres contrabajos y el saxo tenor de Víctor de Diego. Chastang, Martínez y Vilà van construyendo poco a poco, mediante la distribución de funciones rítmicas y armónicas y combinando arco frotado y pulsación, la estructura sobre la que el saxofonista desarrolla la melodía y su posterior solo. Ya sólo por el original planteamiento del arreglo, por su búsqueda de una nueva perspectiva tímbrica de la elegante elegía musical que Charles Mingus dedicara al saxofonistas Lester Young tras su muerte en 1959, merece la pena el esfuerzo de Baldo por aportar un tono diferente al concierto. Él es de los ocho músicos el que ha desarrollado una trayectoria más alejada de los patrones de la ortodoxia del Jazz, quizá el contrabajista menos esperable para un proyecto como éste y, sin embargo, el que supo aportar ese punto diferencial a un proyecto que como memoria de la música de Mingus tiene mimbres sólidos y al que, insisto, le falta la (merecida) oportunidad (no está ni se la espera) de desarrollarse para poder conocerse mejor a sí mismo y soltarse más, para que los solistas puedan interiorizar el espíritu de esta música y que los solos tengan una personalidad acorde a la de la música que se interpreta en la que ahora prima el estilo individual - del fraseo más clásico del trompetista Antonio Ximénez (con un sonido redondo, hermoso, deudor de los grandes clásicos de la trompeta de Jazz) al más próximo al Jazz mainstream actual del saxo alto de Mikel Andueza - sobre el colectivo. Lo que no significa que ¡Mingus Vive! deba caer en la recreación museística (¡¡por dios!! Para eso ya está Wynton Marsalis) pero sí encontrar una identidad compartida y trabajada. En fin, no pierdo de perspectiva que era su segunda actuación… en más de un año; actuación dentro del marco del ciclo 365 Jazz Bilbao, ciclo todavía joven pero que parece se afianza en su propósito de que Bilbao tenga Jazz en condiciones dignas durante todo el curso. Y es que, como dije, vivimos un presente de contrastes.

Bilbao no tiene Festival de Jazz al uso y sí lo tiene Vitoria – Gasteiz que, sin embargo (contrastes, decía) no dispone de una programación estable de conciertos de Jazz. Y el que tuvo lugar apenas cuarenta y ocho horas después del bilbaíno se puede decir que fue vitoriano de manera coyuntural. Durante el fin de semana del 12 y 13 de diciembre se celebraron las Primeras jornadas vascas de saxofón, bautizadas como Saxatak, cuyo objetivo confeso es el de “aglutinar en sí mismo actividades tan diversas como conciertos, workshops, proyectos de creación, intervenciones urbanas o performances, entre otras”. Así, con esa denominación, estas jornadas no son, per se, vitorianas ni tampoco son estrictamente jazzísticas. Sea como fuere la primera edición contó con la pareja Iñaki Salvador (piano) y Mikel Andueza (saxo alto y soprano) para el concierto de clausura. Aunque cualquiera pudo acudir el público era mayoritariamente el de los propios participantes y familia. Participantes, muchos de ellos, en proceso de formación: saxofonistas adolescentes. Y la adolescencia carece de un sentido del silencio (¿era yo así de adolescente?). Así que servidor, que se situó en una preventiva primera fila, tuvo severos problemas de concentración auditiva con el infante de la fila anterior - monólogos interrumpidos, sólo puntualmente, por la voz grave del padre; sonido del movimiento continuado y nervioso de su abrigo - y con el ambiente general de la sala que, si bien en líneas generales respetaba el necesario silencio, contó con innecesarias aportaciones acústicas a lo que sucedía en escena (¡cuánta pedagogía de la educación cívica falta por hacer!).

En ella Salvador (que, por cierto, formó parte de aquel primer concierto del proyecto en Madrid ¡Mingus Vive!) y Andueza ofrecieron un repertorio de temas propios (dos de Iñaki, otro de Mikel), dos versiones de música de Mikel Laboa (con quien Salvador colaboraba con frecuencia y del que ahora se cumple un año de su fallecimiento) y la versión de una esku dantza (arreglo de Andueza) que dio lugar a una pequeña anécdota: Iñaki Salvador comentó que Mikel había grabado un “precioso” CD sobre música popular vasca del que procedía esa versión. Tras el concierto, y después de preguntarle a Mikel por ese disco, me enteré de que tal grabación existía pero que nunca se había llegado a editar para sacar en CD. A Iñaki se le había ido el santo el cielo (por no utilizar aquello de “ido la olla”) por lo que aprovecho este texto para rectificar la información que dieron en escena y que quizá llevó a decenas de espectadores a correr hacia la tienda de discos a por él. Existe el master, no el CD y, por lo tanto, tampoco la descarga para los pata de palo (¿elementos para una posible regla de tres?).

La veteranía es un grado y se nota cuando dos músicos como ellos, de ya larga trayectoria, afrontan un concierto que exige mucha concentración para mantener pulsos rítmicos y armónicos, especialmente para el pianista que, salvo en un solo a solas de Mikel, acompañó en todo momento y llevó a cabo los suyos propios. Ambos hicieron solo en cada uno de los seis temas pero, lejos de resultar reiterativos, supieron combinar con acierto momentos de un jazzismo más puro (¿?) con otros de tono más melódico y popular, con estructuras prefijadas pero abiertas a la dilatación y contracción de los tempos (de las que especialmente disfrutó el pianista). Con una suerte para el espectador: la ausencia de sonorización que permitió disfrutar del sonido original de ambos instrumentistas que leyeron la música con brillante precisión y empastaron sonido y tempos con soltura. Un concierto que me permitió descubrir la filiación garbarekiana de Andueza, tanto en el título de uno de sus temas, Jan Steps (dedicado a Jan Garbarek; juego de palabras del coltreniano y clásico
Giant Steps), como en el sonido buscado en algunos momentos tanto con el saxo alto como con el soprano aunque sin caer nunca en la imitación, siempre pequeños detalles dentro de un estilo que no es el del noruego y que tiene en Mikel querencia por fraseos de largo desarrollo; una actuación que me permitió el reencuentro años después con Iñaki Salvador, un pianista con notable capacidad para armonizar con bellos arreglos (sobre la marcha) sus solos y conseguir afectar la improvisación del espíritu fundacional de la música de la que se hace versión, siempre con un tono que apela a la nostalgia pero que nunca languidece y que no renuncia en ningún momento a una concepción que no por lúdica es menos profunda.

Y así después del concierto un joven músico que se encontraba entre la audiencia les sugirió sacar un disco a dúo. Ambos reconocieron haberlo pensado pero… ¿quién lo compraría? “Yo lo compraría”, dijo él. Perfecto, pensé, luego me lo pasas y me lo copio.


© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

La educación: escena costumbrista

Caminaba temprano esta fría mañana de diciembre cuando una conversación entre cuatro féminas adolescentes (de unos 13 o 14 años, según cálculo visual) se ha cruzado en mi camino y mis oídos en el de ella. Apenas un breve fragmento de la charla ya que servidor y ellas llevábamos trayectorias opuestas. Se deduce por las mochilas, la hora y el día de la semana que acudían al colegio. Tengo la impresión de que repasaban algunos contenidos recientes, no sé si ante un examen inminente o bien por mera higiene intelectual, cuando una de ellas ha mostrado su incertidumbre sobre la escritura de la palabra "Brasil" ¿Se escribe con "B"(rasil) con "V"(rasil)? La pregunta ha tenido una pronta respuesta que me ha hecho reflexionar. Difícilmente se le olvidará ya si es Brasil o Vrasil. Brasil se escribe con b de... ¿batracio? ¿balanceo? ¿balaustrada? No, mucho más fácil para recordar la próxima vez que la duda carioca asome. Tomen nota, estimados docentes. Adapten la didáctica al mundo verbal de sus pupilos y la el próximo informe PISA nos dejará mejor parados: Brasil se escribe con b... de imbécil, dijo ella.

domingo, diciembre 13, 2009

Iñaki Salvador & Mikel Andueza (Saxatak / Vitoria - Gasteiz)

Iñaki Salvador (piano) y Mikel Andueza (saxo alto y soprano) han clausurado la primera edición del Festival Saxatak, primeras jornadas vascas de saxofón. Un concierto esta misma tarde en el auditorio del Conservatorio "Jesús Guridi" de Vitoria - Gasteiz al que pertenece esta fotografía. Temas de los dos músicos y versiones de música de Mikel Laboa y de música tradicional vasca.

El somiatruites (Lídia Pujol)



En un post anterior ya hablé de Lídia Pujol y su Els amants de Lilith. En él pudimos escuchar a la propia Lídia hablando del disco y también del tema El somiatruites, original de Albert Pla con el que lo cierra. Este vídeo recoge la versión incluida en el disco grabada en el Teatre Nacional de Catalunya que Lídia explica así: La mágica noche de la grabación del concierto en directo en el teatro Nacional de Catalunya, culminó con esta maravillosa canción de Albert Pla, en la que él mismo y Dolo Beltran participaron. Y os aseguro que fue uno de los momentos más alucinantes de toda mi historia como cantante: Dani Espasa aullando conmigo el estribillo, Dolo y yo cantando el chino, Albert Pla enseñándonos a las dos cómo respirar debajo del agua, todos los músicos tocando la flauta del cole, tirándose aviones de papel que resultaron ser las partituras... Sentí que vivir realmente es una maravilla.

viernes, diciembre 11, 2009

¡Mingus Vive!

¡Mingus Vive!, proyecto de recuerdo a la figura del genial contrabajista, compositor y pianista Charles Mingus a cargo de un octeto de músicos liderados por tres contrabajistas: Miguel Ángel Chastang, Baldo Martínez y Jordi Vilá. Fotografías de la actuación ofrecida esta noche en el Paraninfo de la Universidad de Deusto (Bilbao) dentro de las actividades organizadas por 365 Jazz Bilbao. El concierto, estructurado en tres bloques liderados por cada uno de los bajistas, lo completan los saxofonistas Víctor de Diego (tenor) y Mikel Andueza (alto), el trompetista Antonio Ximénez, el baterista Guillermo McGill y el pianista Mariano Díaz. A la espera de una mayor reflexión, consten estas dos modestas imágenes del concierto:

Miguel Ángel Chastang, Baldo Martínez y Jordi Vilá

Miguel Ángel Chastang, Antonio Ximénez, Mikel Andueza,
Víctor de Diego y Guillermo McGill


Larry Ochs & Drumming Core en V Festival Jazz de Sigüenza



Después de todo lo dicho y escrito estos días la productora del concierto, Arco y Flecha, ofrece en su espacio en Youtube este pequeño fragmento de la actuación de Larry Ochs & Drumming Core en el V Festival de Jazz de Sigüenza. La formación: Scott Amendola y Don Robinson (batería), Sakoto Fujii (piano y sintetizador), Natsuki Tamura (trompeta) y el propio Larry Ochs (saxo). Por si alguien tenía alguna duda sobre el jazzismo del proyecto...

jueves, diciembre 10, 2009

La semana de Larry

¡Vaya semanita para el Jazz en España! La mía, en particular, ya había adquirido un tono peculiar desde el momento en que llegó a mis manos un número de la revista de moda “Elle”, la revista de moda más vendida del mundo, presume. Arrojada sobre la mesa de mi salón por una reciente visita me pareció adecuada para acompañarme en los quehaceres del váter, seducido por el desnudo “artístico” de Elsa Pataky. Tras comprobar con asombro que las primeras 25 páginas del número (Diciembre 2009 – Nº 279) eran publicidad (el resto creo que también) llegué a una sección de la revista (página 329) titulada 365 regalos que te harán vibrar (no especifican el tipo de vibración) que invita a un shopping navideño inspirado por nuestra musa de este año: la música. Dos de las páginas de esta sección de incitación al consumo están “inspiradas” por el Jazz. Racial, impulsivo, clásico en formas, pero libre de espíritu. Amante de los placeres de la vida, al igual que Louis Armstrong, la improvisación es tu ritmo, dice la revista bajo el epígrafe “Jazz”. No iré analizando palabra por palabra (riesgo de bostezo… y hartazgo) pero nótese la frivolidad referida a Amstrong como amante de los placeres de la vida. Supongo que una infancia de pobreza y reformatorios y una vida muy determinada por el color negro de su piel en una USAmérica racialmente dividida son la mejor escuela del bon vivant. ¿Qué artículos de compra sugiere el Jazz para “Elle”? Un bolsito artesanal de 89€, un taburete o mesilla de rejilla en color negro por valor de 89,90€, el perfume masculino de Victorio & Lucchino denominado Hombre (precio 47,80€), etcétera. O me pongo las pilas esta Navidad o me quedo atrás en tendencias jazzísticas aunque no sabría dónde poner la mesa de terciopelo negro con tachuelas con un precio de mercado de 137€. Dispuesto a pasar de página, para saber cómo estar al día en música “Indie”, encuentro de sopetón el Top5Elle de discos de Jazz. De las cinco sugerencias cuatro son de vocalistas… ¡incluida Barbra Streisand! Debo iniciar la reeducación de mi oído jazzista.

Mi perplejidad (menor, todo hay que decirlo), ignorante de mí, no había llegado a su clímax hasta que el miércoles día 9 de diciembre leo en el diario “El País” una crónica de Chema García Martínez titulada: Un espectador denuncia a un músico de Jazz por no tocar Jazz: la surrealista narración de la actuación del saxofonista Larry Ochs en el V Festival de Jazz de Sigüenza con su proyecto Drumming Core. Historia ya conocida que, en resumen, parte de la queja de un espectador que considera que lo que se está tocando no es Jazz sino Música Contemporánea (por lo visto contraindicada médicamente para su salud), ante lo cual reclama la presencia de la Guardia Civil que atiende su denuncia. Uno de los gendarmes certifica, a partir de su experiencia auditiva, que, en efecto, aquello que Larry Ochs y su grupo ofrecen no es Jazz. Extraordinario acontecimiento que no hubiera sido tal sin la intervención de la Guardia Civil, dado que opiniones sobre las manifestaciones artísticas se vierten en todo momento (incluso en los que hay que permanecer en silencio). Así la anécdota local deviene en noticia internacional a partir de la crónica de García.

Los medios de comunicación clásicos (radio, televisión y prensa) hace tiempo que cayeron en la tentación de priorizar la anécdota sobre el contenido. Es una decisión que ahorra trabajo porque permite quedarse en superficie y ahorrarse el agotador descenso hacia lo subyacente. La anécdota es simpática por definición, irrelevante en la mayor parte de los casos y, sobre todo, entretenida. Es hija de los tiempos que corren, del pensamiento liviano y el ocio fugaz. Por eso una historia como la de Sigüenza era un caramelo para este periodismo frugal. Sólo imaginar la escena (aquí el imaginario de cada uno juega mucho) con los uniformados del tricornio (aunque no lo llevaran), los músicos tocando en escena, el escenario de una pequeña ermita (¿guardias civiles? ¿templo sagrado?), el alcalde presente y la conclusión afirmativa de un gendarme sobre las reclamaciones de estética musical del denunciante, dan para unos cuantos minutos de radio y televisión y caracteres de prensa. Y hasta donde llegó mi oído y mi vista así fue. La Cadena SER dedicó unos minutos de su programa La Ventana a charlar con el cronista García y El intermedio de la televisión La Sexta bromeó con lo sucedido. Me imagino que no fueron los únicos, me consta que TV3, la televisión pública de Catalunya, también lo trató en su informativo.

¿Qué subyace bajo todo este cuadro costumbrista? Muchas cosas. Un poco de análisis no viene mal entre tanto barullo de chanzas y jacarandas. Por partes (sólo algunas de las posibles):

¿Realmente estaba en cuestión que el concierto fuera de Jazz? ¿Tenía motivos el espectador para la queja? No. El concierto de Larry Ochs y Drumming Core era de Jazz por, entre otras razones, la trayectoria de los intérpretes y por la propia evolución de esta música. En cuestión sí podía estar, pero me temo que era una opinión que el espectador debía haber evitado compartir en público, si ese tipo de Jazz era o no de su agrado. Desconozco el bagaje como oyente de este señor pero no parecería exagerado pensar que esperaba un cierto pulso swingueante de la actuación. Podía haber sido esa una de las sonoridades dentro de un Festival de Jazz pero, lamentablemente para él, Larry Ochs afronta el Jazz desde otra perspectiva (ni mejor ni peor). Su queja produjo ruido, mientras en el escenario se hacía música.

¿Está entre las funciones de un guardia civil juzgar la estética musical de un concierto para dirimir si el denunciante tenía razón en su queja? Responder a esta pregunta sería tanto como hacer ley del absurdo. Eso sí, lo más ajustado a su función de mantenimiento del orden hubiera sido haber sacado del auditorio al oyente quejoso cuya actitud produjo un evidente malestar para la concentración de los oyentes presentes.

¿Hubiera el diario “El País” (el de mayor tirada entre los diarios generalistas de España) dedicado reseña alguna al festival? No. El cronista Chema García Martínez se encontraba allí porque, ante todo, es un amante del Jazz. Es probable que después hubiera escrito sobre los conciertos para la revista especializada “Cuadernos de Jazz”. “El País” hace referencia a la actuación de Larry Ochs por la surrealista escena que tuvo lugar en Sigüenza; porque sabe que como anécdota tendrá una repercusión mucho mayor que la que podría tener un crítica sobre los conciertos de Digital Primitives, la Brigada Bravo & Díaz, el dúo Daniel Humair & Ramón López o la mencionada de Larry Ochs & Drumming Core que formaron el cartel de esta quinta edición. La infrecuente personalidad de este ciclo (con grupos nada ortodoxos y de primerísimo nivel) hubiera merecido llamar la atención de un medio serio (¿?) como “El País”. Y no porque se tenga que hacer constar de forma crítica, como previo o como crónica todo aquello que musicalmente se programa en España (imposible, está claro, y fuera de las funciones de un medio concebido como generalista) sino porque la diferencia de criterio de la cita de Sigüenza es evidente respecto de la mayoría de propuestas de Jazz españolas (con honrosas excepciones). Por eso hubiera merecido una referencia que sólo la anécdota le ha proporcionado.

¿Por qué existe un Festival como el de Sigüenza? ¿Por qué Sigüenza, población de cinco mil habitantes, ofrece un programa de vanguardia alejado de la conservadora propuesta mayoritaria? Según me contaba el propio Chema García porque a su alcalde le encanta esta música. Acude a los conciertos, no por protocolo institucional, sino porque disfruta con ellos. ¿Algo llamativo? ¿Quizá qué a un alcalde le guste la música de vanguardia? No, aunque seguro que no es usual. Lo que pone de manifiesto es que el contenido de los festivales, ciclos, auditorios y otros contenedores musicales de competencia municipal, autonómica o nacional está determinado por el capricho de quienes tienen poder de decisión. Es decir, no hay una línea en este país que defina una cierta coherencia en las programaciones. Que se programen unas u otras músicas es casi producto del azar. En un municipio tan pequeño depende de los gustos del alcalde. Lo general suele ser la música de verbena; lo particular lo de Sigüenza.

¿Cómo trataron los medios de comunicación la noticia? Respondo sólo con aquello que he podido leer, escuchar o ver.

“El País”, periódico que nos puso en conocimiento de lo sucedido, completa su información con un análisis el día 10 de diciembre del papel de la Guardia Civil y del resto de actores (público, médico que supuestamente contraindicó la Música Contemporánea al denunciante, el propio denunciante y los músicos) en todo esto. Lo hace en “El acento”, sección incluida en la página de “Opinión”, junto a los editoriales pero con un tono más irónico que el que utilizaría en ellos. Hasta aquí lo publicado mientras escribo estas líneas.

La Cadena SER llamó a Chema García para que participara en la primera hora del programa La Ventana. Compartió tramo con Javier Cansado (conocido humorista), Javier Del Pino (corresponsal en Estados Unidos de la propia cadena) y con Marta González Novo (directora del programa mientras cubre la baja maternal de la titular Gemma Nierga). Este tramo del programa de los miércoles contrapone costumbres de Estados Unidos y España a partir del choque cultural entre ambos países. Tono humorístico general para la sección que presentó la noticia, en palabras de Marta, como algo que algunos piensan que nos define como país y que calificó de vergüenza. Chema García describió en palabras lo antes escrito en prensa, procuró hacer notar que el Festival es admirable y después el asunto derivó en la propuesta de Cansado de que los conciertos se paguen después de celebrados, dependiendo del disfrute o no del mismo por parte de un espectador, y en una breve discusión sobre si el concierto había sido o no de Jazz. Sorprendentemente (es un decir) no se escuchó música de Larry Ochs y de su proyecto Drumming Core (documentado en varias grabaciones discográficas) para, al menos, hacerse una idea de qué pudo sonar en Sigüenza.

El programa de humor El intermedio, que presenta en la televisión La Sexta el humorista conocido como El Gran Wyoming, al contrario que la Cadena SER, sí mostró un fragmento de una actuación de Larry Ochs & Drumming Core sacado de un vídeo “colgado” en Youtube. Un fragmento que dio pie a Wyoming para hacer broma respecto de lo escuchado: ¿Podemos ver un trozo del concierto en el que la banda no esté afinando los instrumentos? En efecto, un clásico chiste sobre Música Contemporánea. Después otro fragmento de actuación para dar pie a un gag en el que Wyoming se pone un tricornio y loa a la benemérita. Ironiza pidiendo más contundencia en su acción y pide la retirada de cuatro puntos en el carnet de conducir de Larry Ochs ya que no hay que ser muy listo para saber que si toca así seguro que va pedo. Acto seguido, y tras informar su compañera Beatriz Montañez de que el Ayuntamiento de Sigüenza quita hierro al asunto, rescatan parte del texto informativo sobre el grupo que se puede leer en la web del Festival: Un magnífico alegato musical en el que los patrones de llamada y respuesta, el uso de ligeras variaciones de ostinatos y los parámetros sonoros utilizados, parecen conectar desde la estética vanguardista la expresividad de los blues shouters con sus innegables raíces africanas. Texto que aprovecha el humorista para ironizar sobre el mismo (yo lo único que le pido a un concierto es que tenga ligeras variaciones de ostinatos… bueno, y que haya litros de kalimotxo a tres euros ahí a mano, los dos dan dolor de cabeza) y para mostrar la diferencia entre el Jazz de antes (como ejemplo se escucha un fragmento con la voz de Billie Holiday) y el actual (de nuevo el segundo fragmento del concierto en Youtube de Larry Ochs). Con el de antes se ligaba, con el de ahora te dan calabazas, viene a decir Wyoming.

No tuve oportunidad de ver la información de TV3, la televisión de Catalunya, pero según leo en un foro titularon la información refiriéndose a un “cantante” de Jazz.

No renuncio a reírme hasta de lo que para mí es importante y por eso prefiero tomarme con humor las bromas de El intermedio. Lamento que un programa como La Ventana hable de Jazz sólo a partir de la anécdota. Todavía más comprobar una vez más la ignorancia cultural que existe entre la profesión de periodista que atiende la información cultural de sus medios a partir de parámetros nada culturales y sí coyunturales (a pesar del esfuerzo de los especialistas que tratan de asomar en ellos la cabeza). No es preciso que un periodista no aficionado al Jazz conozca a Larry Ochs pero sí denunciable presentarlo como cantante. Habla mal del rigor informativo (algo que daría para otro artículo o, incluso, una enciclopedia). Lamento que Larry Ochs y sus músicos tuvieran que ser protagonistas de semejante numerito. Y no porque sea estadounidense y me avergüence la escena como daño a la imagen de un país (me resulta irrelevante al respecto) sino por el bochorno de tener que presentar su música en esas condiciones (habitual, por otro lado, presentarla en malas, regulares, rara vez en buenas y en la mayoría no poder presentarla). Me deprime que el criterio de las programaciones esté sometido al vaivén de cargos políticos y responsables elegidos a dedo en vez de que exista una red de auditorios disponibles y dispuestos y un criterio bien definido y trabajado de programación cultural que dé cabida a cuantas más manifestaciones artísticas posibles mejor. Pero ya que es utopía me conformaré con animar al alcalde y encargados culturales de Sigüenza para que continúen proporcionando espacio a quienes no lo tienen.

Dicho lo cual tan sólo aspiro a acabar esta semanita con el Jazz de nuevo en la sombra. La sombra siempre ha sido lo mejor del sol... y de los focos.

© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)

Publicado originalmente aquí.

miércoles, diciembre 09, 2009

El banjo de Béla Fleck viaja a sus orígenes

Ya presenté en un post anterior el trabajo Throw down your heart del intérprete de banjo Béla Fleck. Mi colaboración de hoy en el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) ha tratado sobre este disco que reúne a Fleck con diversos músicos de paises como Uganda, Tanzania, Malí o Madagascar. Puedes escuchar el segmento del programa pulsando en el reproductor:





Un espectador denuncia a un músico de Jazz por no tocar Jazz

Así titula hoy el diario "El País" una crónica del crítico Chema García Martínez sobre lo ocurrido el pasado lunes 7 de diciembre en el concierto del saxofonista Larry Ochs con su proyecto Drumming Core en el V Festival de Jazz de Sigüenza. Una historia del mejor surrealismo ibérico (incluye la presencia de guardias civiles) que relata Chema para este rotativo y que nos describe para el programa Club de Jazz en una conversación que podremos escuchar íntegra la próxima semana (edición del 16 de diciembre). Como anticipo este fragmento que narra lo sucedido en la Ermita de San Roque (escenario de los conciertos):








© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)

martes, diciembre 08, 2009

Anouar Brahem - "The astounding eyes of Rita"


¿Cómo serán los ojos de Rita para que inspiren a Anouar Brahem una música de semejante belleza? Desconozco si la mujer de la fotografía de la portada del disco - obra del parisino-libanés Fouad Elkoury - se llama Rita o al menos ha inspirado la Rita mental de Brahem pero, cosas de la composición fotográfica (sea o no buscada), sus ojos permanecen en penumbra. Se percibe, no obstante, una mirada particular, de expresividad melancólica a la vez que serena, como si la triste realidad se impusiera pero estuviera lejos de derrotarla. Obviamente es ésta una interpretación subjetiva de la fotografía de Elkoury tomada en la localidad egipcia de El-Mahamid en 1990 e incluida en su serie fotográfica titulada Suite Egyptienne, ahora portada del nuevo disco del tunecino Anouar Brahem. Pudiera ser ella una Rita pero lo que sí es seguro es que la Rita de los ojos asombrosos formaba parte de un poema del escritor palestino Mahmoud Darwish (1941 – 2008) titulado “Rita y el fusil”. Entre la voz del narrador del poema y los “ojos de miel” de Rita se interpone un fusil. Darwish, poeta en el exilio, nació en la localidad palestina de Al-Birwa que fue ocupada apenas siete años después de su nacimiento por el ejército de Israel. Ahí comienza una vida en el exilio de Moscú, El Cairo, Beirut, París o Estados Unidos y una poesía determinada por él. A Darwish está dedicado el disco.


Es luminosa la música de Anouar Brahem, radiante como el sol justiciero que se impone tras el ventanal de la habitación que ocupa la (presunta) Rita fotográfica. Brilla en el exterior y atenúa su intensidad en el interior donde se oculta ella, sentada y ajena a la escena costumbrista de la calle. Y así en la música de The astounding eyes of Rita se impone el tiempo detenido que sugieren los paisajes calurosos e iluminados en exceso, se impone la serenidad de la mujer y la contemplación no exenta de movimiento, como el de su mano izquierda que, aunque se posa sobre el muslo izquierdo, insinúa acción. Acción detenida en el tempo musical de Brahem. Despacioso tiempo determinado en ocasiones más por el sonido de los instrumentos que por el verdadero pulso de una música que, como nos tiene acostumbrados Brahem, combina con absoluta naturalidad las formas musicales árabes tradicionales con una lectura en clave de improvisación (jazzística) y una combinación instrumental que conjunta con sencillez instrumentos de tradición oriental (el oud de Brahem y las percusiones – darbuka y bendir – de Yassine) con instrumentos de tradición occidental (el clarinete bajo de Gesing y el contrabajo de Meyer). Composiciones de Anouar Brahem que parten de una vocación melódica aquí desarrollada por el oud y el clarinete bajo, instrumentos “que parece que se pertenezcan el uno al otro”, según Brahem que ya había trabajado con el clarinete bajo de John Surman en Thimar (ECM – 1997). En esta ocasión es el alemán Klaus Gesing, a quien Brahem había escuchado en el disco Distances (ECM – 2007) de la vocalista británica Norma Winstone, quien aporta el bellísimo sonido, denso y de notable resonancia, de un instrumento que, cierto es, casa a la perfección con la vibración de las cuerdas del oud, con el que se entrelaza en las melodías y con quien se reparte la mayor parte de los solos. Parece desaparecer cuando habla Brahem hasta que, de pronto, se convierte en un soporte rítmico que termina por crecer para ganar de nuevo su espacio.


Suena con tal precisión el cuarteto que podría parecer una formación fundada en la noche de los tiempos y, sin embargo, habremos de creer a Brahem cuando nos dice haber reunido por primera vez a los cuatro para la grabación en Údine (Italia) en octubre de 2008. Una vez más el sello ECM, y su productor Manfred Eicher, son claves en la identidad sonora de sus discos. No sólo porque Brahem forma parte de la manera estética de entender la música de Eicher sino porque Eicher puso en contacto a Brahem con Gesing y también con el contrabajista sueco Björn Meyer, cuya trayectoria musical incluye trabajos en clave de Jazz cubano, Flamenco o folclore sueco e incluso una colaboración a mediados de los noventa con la actriz (y cantante) Milla Jovovich. Y es que seguramente no funcionaría del todo esta música si fueran jazzistas al uso los que la interpretaran. Se necesita una mentalidad abierta sobre la música improvisada más allá de los cánones del Jazz mainstream y por eso la improvisación se percibe plenamente jazzística y, sin embargo, tan distinta a lo que impone la memoria histórica del Jazz. Eso sí, Meyer se ve abocado a un segundo plano rítmico (y de percepción) sometido por la percusión del libanés Khaled Yassine (en su caso presentado a Brahem por la cuñada del tunecino). No es un sometimiento por contundencia. Lejos de la habitual sonoridad de la batería del Jazz, las percusiones árabes proponen un soporte rítmico que adquiere matices de una sutileza casi melódica, que envuelven al grupo hasta conformar una unidad, en este caso, de cuatro músicos.

Un fusil se interpone entre la voz en primera persona del poema de Mahmoud Darwish y los ojos de Rita; la sombra en el rostro atenúa la fuerza de la mirada de la Rita fotográfica de Fouad Elkoury. Sólo el ruido puede interponerse entre la belleza de la música de Brahem y el deleite del oyente. El problema es que ruidos los hay de muchos tipos y pueden dejarle a uno sordo.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

lunes, diciembre 07, 2009

Béla Fleck - "Throw down your heart" (Las sesiones africanas)

En el año 2005 el intérprete de banjo Béla Fleck viajó durante unas semanas a diversos países africanos. Allí se encontró con músicos de Tanzania, Malí, Sudáfrica, Uganda o Madagascar. La idea: ir con el banjo al continente del que es originario. Este instrumento, habitual del Jazz más clásico o del Country (y afines), llegó a Estados Unidos de la mano de los esclavos africanos durante el siglo XIX. Como resultado de ese viaje se ha editado un CD titulado Throw down your heart y una película, del mismo título, dirigida por Sascha Paladino, hermano del propio Béla Fleck. Este es el trailer:



Hace unos meses Béla Fleck estuvo en un programa de Lightning 100, emisora de radio de la localidad de Nahsville (la ciudad de tradición Country por antonomasia). Allí conversó sobre el disco e interpretó con el banjo temas que conoció durante su estancia en África. Aquí dos fragmentos del programa:



viernes, diciembre 04, 2009

Dave Douglas & Brass Ecstasy - "Spirit moves"


Por si fueran pocas las combinaciones instrumentales que nos ha ofrecido Dave Douglas a lo largo de su carrera el proyecto Brass Ecstasy explora otra opción más, la de grupo de viento-metal con el soporte de una batería. No oculta la fuente principal de inspiración para este quinteto, del que ya da pistas tanto en su nombre como en el título del disco. Su Brass Ecstasy (su Éxtasis de los metales) es un guiño nominal a la Brass Fantasy (Fantasía de los metales) del difunto Lester Bowie que en 1997 tituló como When the spirit returns una de sus grabaciones. Aquí el espíritu se mueve de la mano de un quinteto (noneto en el caso de Bowie) que recupera a dos de los originales Fantasy, el intérprete de trompa Vincent Chancey y el trombonista Luis Bonilla. Confirma la fuente de inspiración que el grupo se creara a raíz de un festival del año 2005 (Festival of New Trumpet Music) que recordaba la figura de Bowie.

Lester Bowie pasó a la pequeña Historia del Jazz como uno de los fundadores del Art Ensemble of Chicago y con su Brass Fantasy como uno de los trompetistas más heterodoxos y divertidos. El sentido del humor como esencia para afrontar sin necesidad de justificación repertorios esencialmente populares (incluso el de las Spice Girls), para, como dice Dave Douglas, arrasar "con las distinciones y la necesidad de distinción". Es decir, no importa el contexto del que proceda una composición si con ella se puede hacer buena música. Y en ese sentido Bowie no tenía ningún prejuicio para hacer su música a partir de otras de dudosa "reputación" (según la perspectiva desde la que se analice). La propuesta de Douglas no alcanza el punto "excéntrico" de su inspirador, tan sólo tres versiones y de temas y autores bien considerados: Mister Pitiful (Otis Redding y Steve Cropper), This love affair (Rufus Wainwright) y I´m so lonesome I could cry (Hank Williams). El resto son originales del trompetista, como el tema que dedica a Lester Bowie, Bowie, con un tono casi circense que también tiene el que abre disco, el This love affair de Wainwright, que recuerda el sonido procesional de Nueva Orleans. Hay homenajes a otros dos trompetistas: Enrico Rava (con un Rava en el que Douglas realiza un largo solo apoyado en un acompañamiento de oscura densidad armónica del trío de metal) y Fats Navarro (que camina con pulso swingueante en contraposición a una línea melódica sostenida rítmicamente, pesante incluso, en la que parece leerse una línea de Be Bop a tempo lento, como subrayando la ruptura armónica y melódica que supusiera este estilo). Temas más lúdicos como Orujo (dedicado
a tan ibérica bebida) se combinan con partituras como The brass ring donde, al igual que en Rava, el trío conformado por Chancey (trompa), Bonilla (trombón) y Rojas (tuba), más el soporte de las baquetas de Waits (que en un momento de este tema parece doblar el tempo para romper la reiteración rítmica del acompañamiento), se articula desde una posición de base armónica y rítmica para Douglas.

Como en todo lo que Douglas ha tocado (y grabado) hasta la fecha la calidad de la música es incuestionable desde una doble perspectiva: composición e improvisación. Incluso instrumentación (ya he comentado la diversidad tímbrica de su trayectoria). ¿Falta algo en este Spirit moves? Es probable que le falte la brillantez lúdica del directo que el formato de estudio sólo permite adivinar. Es una música donde nunca se pierde la seriedad formal pero que tiene ese punto de diversión (que no de divertimento) que por la propia naturaleza de los instrumentos (más bien de los instrumentistas del Brass Ecstasy) y de su expresividad promete hacer pasar muy buenos ratos tanto a fieles del Jazz como a profanos. Y es una virtud que una música con semejantes cualidades y exigencias sea capaz de dibujar una sonrisa.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

martes, diciembre 01, 2009

Jordi Gaspar - "Akixí"


Imaginemos la escena. Jordi Gaspar, una vez grabado Akixí, busca quien se lo publique. Hasta aquí la realidad cotidiana de quienes graban y buscan pero no son buscados (una inmensa mayoría). Contacta con varios productores discográficos y uno de ellos le espeta algo así como que su música le encanta y que la escucha en el coche, en el trabajo (quién sabe en qué sitios inconfesables más) pero… claro, tenía que haber un pero… que lo suyo no era ni Jazz, ni pop ni Flamenco. ¿Qué será entonces?, imagino que se interrogaría ansioso Gaspar. Redoble de caja: “Es música de autor”. ¡Demonios! ¡¡Qué ojo!! ¡¡¡Qué oído!!! Hasta ahora sabía que existía la música anónima (muchas veces porque el autor se desconoce, no porque no quisiera que lo conocieran), lo que no sabía es que la “música de autor” fuese un género. Como si no tuviéramos ya bastantes etiquetas. ¿Acaso Round´ Midnight o Stella by starlight no tienen autor? ¡Cómo malgastamos la lengua! ¿No era mejor haber dicho desde un inicio que aunque me encante tu disco considero que no voy a vender ni uno porque aunque yo soy capaz de apreciar tu arte vivimos en una sociedad que no es consciente de tu talento porque le preocupan otras cosas como… pero yo sí, yo sí que te entiendo? Después de la divagación sobre estilos el productor concluye: “No me encaja en ninguna de las líneas de venta”. Así que acogiéndose al dicho español del “yo me lo guiso, yo me lo como” Jordi Gaspar creó su propio sello: Juan Palomo Records.

¿Qué escuchó el productor para llegar a semejante conclusión? Vayamos por partes. Si tu concepción del Jazz incluye necesariamente la percepción de un sentido rítmico del swing éste no es tu disco de Jazz. Si tu concepción del pop incluye letras sobre cómo lloraste al ver partir a tu amor acompañadas de cuatro acordes básicos éste no es tu disco de pop. Si tu concepción del Flamenco incluye quejíos y olés es bastante probable que tampoco éste sea tu disco de Flamenco. ¿Qué es entonces? Obvio, música de autor, la música que Jordi Gaspar , un bajista que se ha formado en entornos jazzísticos, que ha colaborado con profesionales del Jazz (Perico Sambeat, Lluis Vidal o Iñaki Salvador), del Folk (María del Mar Bonet o Joan Manuel Serrat) o del Flamenco/Copla (Martirio o Miguel Poveda), ha sentido como propia en este momento. Jordi Gaspar se detenido a pensar (ejercicio de alto riesgo en estos tiempos que corren) y ha planteado musicalmente una reflexión sobre sí mismo, sobre quién es y qué quiere, y la conclusión es que está aquí (lo que no es poco) y que así es ahora (saberlo no es fácil). La conclusión del aquí y el así (així en catalán) da forma al título del disco: Akixí. Un juego de palabras que comprime verbalmente un proceso reflexivo que no es sencillo y que requiere un alto grado de honestidad para ser consciente de quién se es, de qué se puede hacer y qué no y, sobre todo, de qué se quiere hacer en contraposición a lo que se hace. Así Gaspar, después de trabajar durante años en una conocida empresa telefónica, se dio cuenta de que estaba dejando de lado lo que de verdad era y quería ser: músico. Y no sólo eso, que después de años tocando para otros no se había dado la oportunidad de mirar a su interior y ver qué tenía que decir personalmente a través de la música.

Jordi Gaspar limita su arsenal instrumental al contrabajo y, sobre todo, a la guitarra acústica baja. Esta última proporciona un sonido semejante al de una guitarra acústica tradicional pero con una mayor densidad sonora, cada pulsación genera una generosa resonancia que permite al instrumentista recrearse con el tiempo, espaciarlo y dejar para más adelante la siguiente pulsación, hasta que la anterior languidece. Por eso es perfecto para el resultado final de la introspección que ha llevado a cabo y que ha resultado especialmente serena. A esa sensación de tranquilidad, de calor humano a través de la música, habrá contribuido sin duda el escenario principal de la grabación de Akixí, un hórreo gallego, un lugar para los aperos de labranza, una despensa rural a la que Gaspar llegó escapando de los gritos de sus hijos y donde encontró la acústica y el entorno inspirador propicio para desarrollar sus largos solos construidos sobre improvisaciones melódicas en los que, al modo de un impresionista pictórico, cuenta historias dejando que el tempo musical fluya sin impedimentos métricos. Es decir, Jordi Gaspar trabaja desde la más completa libertad creativa evitando imponerse objetivos concretos, ya sean estéticos o virtuosos, y permite que su inspiración se recree ajena a la realidad que necesita después de compartimentos estancos para venderse. Y así el oyente está invitado a dejarse llevar por una música que nunca sobresalta pero que, aunque amable en el resultado, necesita toda la atención del oyente y una predisposición para poder saborear los mil y un pequeños detalles que de otra manera pasarían completamente desapercibidos y nos harían escuchar no música, sino un bajo.


© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

miércoles, noviembre 25, 2009

Día internacional de... Lídia Pujol


En el día internacional contra la violencia de género he dedicado mi colaboración con el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) al trabajo Els amants de Lilith de la cantante y actriz catalana Lídia Pujol. Lídia grabó en 2007 este proyecto entre el estudio y el Teatre Nacional de Catalunya (directo) que recoge algunas canciones de la transmisión oral en lengua catalana. Canciones en las que se habla de incesto, asesinatos, violencia de género, donde está muy presente la mujer ya desde el título del disco que habla de Lilith, según un mito hebreo, la primera mujer de la creación. Escuchamos música de este proyecto y escuchamos a la propia Lídia Pujol que nos explica el mito de Lilith y el origen de este proyecto. Además un cierre para la sonrisa con la versión en directo junto a Albert Pla (autor del tema) y Dolo Beltrán de El somiatruites. ¿Qué son los somiatruites? Lo puedes saber y escuchar una versión extendida de la emisión en radio aquí:






Peatón

Descripción: una calle peatonal atravesada por una vía de tráfico regulado mediante semáforo. Cuatro policías municipales se sitúan en dos grupos de dos agentes a ambos lados de la vía. Misión: disuadir a los peatones de cruzar de uno a otro lado mientras el semáforo permanezca rojo para ellos. De pronto, y aprovechando que no se aproxima coche alguno, una mujer adolescente comienza a cruzar. Uno de los policías chita (debe de ser el trato oficial indicado para la edad) y le comunica: ¡eh! Está rojo. Y con un gesto de la mano le obliga a retroceder en el momento en que se aproxima, ahora sí, un coche. Ella ya se encontraba más cerca del otro lado pero el celo por el cumplimiento de las normas de la autoridad municipal le obliga a retroceder para recolocarse en donde debía haber permanecido según la ley. El policía antepone el estricto cumplimiento normativo a la seguridad de la joven.

Esta descripción real de una situación vivida por quien esto escribe está motivada por el inicio de una campaña del ayuntamiento de la ciudad de Vitoria - Gasteiz una de cuyas aplicaciones será multar a aquellos peatones que no respeten la señalización vial. Es decir, una vez más la educación cívica se impone a través de la pena (que vendrá muy bien para las arcas públicas). Se podría dar la hipotética situación en la que sin tráfico alguno un peatón cruce de un lado al otro con el semáforo en rojo y sea multado en estricta aplicación de la ley. Es decir, se impondrá la ley sobre el sentido común de la fluidez del tránsito de personas puesto siempre al servicio del tráfico rodado en las ciudades.


jueves, noviembre 19, 2009

Radio desde la Puerta de Brandenburgo (Berlín)

Desde la Puerta de Brandenburgo de Berlín, miércoles 18 de noviembre de 2009, quien esto escribe y quien se adivina al teléfono bajo la Puerta en la foto que se encuentra sobre estas palabras, llevó a cabo su colaboración semanal con el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB). Apenas unos días después de la celebración de los 20 años de la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989) aprovechamos para escuchar música de la película "La vida de los otros" (año 2006) del director Florian Henckel von Donnersmarck firmada por Gabriel Yared y Stéphane Moucha, un retrato de la vida en Berlín Este. Además la música de dos jazzistas alemanes, el berlinés, saxofonista, Klaus Doldinger y el pianista Joachim Kühn, nacido en Leipzig (antigua RDA) y que escapó del Este al Oeste en 1966. También la batería de Lucía Martínez, gallega que reside en Berlín desde hace dos años. Puedes escuchar la intervención desde la Puerta de Brandenburgo aquí:






lunes, noviembre 09, 2009

Germán Díaz - "Pi" (Iglesia de Otazu - Álava 7/11/2009)


El escritor se enfrenta al folio en blanco. Es un folio de anchura ciertamente reducida pero de una longitud estimable. Cuando la idea surge desafía al blanco y lo perfora, desciende por él agujereándolo hasta alcanzar un final. Nuestro escritor no imprime letras sobre el papel, ni siquiera escribe braille. Su escritura perforada necesita de una pequeña cajita de música para ser leída. Así introduce el folio por la estrecha ranura de la caja, ésta lo retiene y comienza a girar una manivela que parece de juguete. El papel camina y atraviesa el interior de la cajita. La historia comienza a sonar y el folio que la contiene inicia su descenso por el otro lado. Lo que queda por contar asciende lentamente hacia la caja; lo ya dicho cae hacia el suelo con la misma lentitud del ascenso. La historia llega a su fin y el papel queda suspendido. Ha sido un cuento breve, una canción de cuna, un cuento de hadas. De pronto la historia vuelve a contarse pero el papel que la contiene permanece inmóvil. ¿Será cosa de un mago? Es la misma historia, sí, pero con nuevos escenarios y personajes, distinta cada vez aunque siempre la misma. Nuestro escritor, nuestro mago del sonido, apoya sobre sus piernas una zanfona, su instrumento de escritura principal, y como si de un palimpsesto se tratara reescribe. Hay dos niveles de narración: El argumento original que nos leyó la caja de música y la reescritura que realiza la zanfona. La primera permanece, la segunda nunca más volverá a ser contada así. Como si convivieran la narrativa escrita y su transmisión oral.




La descripción del párrafo anterior (contraviniendo las normas que indican que no se debe utilizar una crítica para hacer “poesía”) tiene su justificación al hablar de un músico como Germán Díaz. Zanfonista, sí, pero también contador de historias. Las cuenta con la zanfona pero también con otros instrumentos de manivela, esos que necesitan de una para sonar porque de otra manera no sabrían. En la iglesia de Otazu (Álava), muy cerquita de Vitoria-Gasteiz - aunque la ciudad no se dejara ver rodeado como estaba el pueblo por la noche -, nos convocó Díaz para contar las historias que antes pudimos escuchar en su Pi – Música para manivelas. Historias propias y ajenas, las que narraron en su día autores como Anouar Brahem, Valentin Clastrier o Richard Galliano. Son cuentos hipnóticos, capaces de hacernos olvidar que el ambiente helador del interior sacro apenas se diferenciaba de la gélida noche de otoño que azotaba fuera. Estábamos todos tan ensimismados que sólo fuimos conscientes del frío cuando Germán nos convenció de que había terminado (nadie se movió después del bis y de que Díaz hubiera abandonado el altar-escenario; tuvo que salir para comunicarlo). Pero mientras las ganas de escuchar pudieron con cualquier inconveniente. Y fue generoso en la narración, dadas las circunstancias.


Germán Díaz es una voz singular con un sonido plural. Con un poco de ayuda electrónica (la magia siempre es magia) hace sonar la caja de música o el órgano de barbaria (éste también lee cartones perforados) y los registra mientras para que después, con un golpe de pedal, vuelvan a sonar sin necesidad de girar sus respectivas manivelas. Así primero escuchamos los cimientos de una historia que crece después con la improvisación que desarrolla con la zanfona. Pero no siempre es así, en ocasiones es la propia zanfona la que suena, graba y reproduce los sonidos sobre los que improvisa. Y son cuentos que tienen siempre, pese a su modernidad, un halo de antigüedad que es parte de la magia del instrumento. Si la caja de música nos retrotrae a la infancia (¡aunque yo no tuviera ninguna!) o el órgano de barbaria nos recuerda a un acordeón (no obstante su mecanismo es en parte semejante), la zanfona consigue barnizar de Historia las notas que el intérprete recrea con ella. Su sonido pertenece al de esa serie de instrumentos que, como la nyckelharpa o la alboka, llevan consigo de manera inevitable la imaginación a otros tiempos quizá imaginados. Pero aunque eso sea así no quita para que Germán sea capaz de expresarse con la zanfona como quiera y en el contexto que él quiera. Ya le hemos escuchado con jazzistas como Antonio Bravo (Músicas populares de la Guerra Civil) o Baldo Martínez (Cuarteto acústico o el Projecto Miño) y eso quiere decir que el límite del instrumento no está en el instrumento mismo sino en la mentalidad del intérprete. Y la de Germán Díaz es una mentalidad abierta que podría asemejarse a la de un jazzista (¡ojo! ¡¡Músico de Jazz y mentalidad abierta no son conceptos unívocos!!) aunque más que un género le define un concepto: creatividad. Es capaz de generar música de los elementos más insignificantes y la desarrolla con una facilidad pasmosa. Es de los que hace parecer muy fácil aquello que toca, aunque en esa facilidad se escondan horas de trabajo y de escucha (quizá la parte más obviada con frecuencia en la formación de un músico). Parte de ritmos tradicionales, busca las sonoridades extremas del instrumento, lo percute, crea loops y sobre ellos improvisa (bajos, ritmos…). Está facultado para emocionar y hacer contener la respiración con lo que crea. Es capaz de mantener en vilo al oyente hasta la última resonancia de la última nota de cada composición/improvisación. Recorre el teclado de su zanfona con la musicalidad de un Keith Jarrett en el piano, trabaja las cuerdas para obtener los efectos que, por ejemplo, un Baldo Martínez con el contrabajo (frotación de las cuerdas) o que un Pat Metheny con la guitarra cuando esta suena a pequeña arpa (pulsando las cuerdas de su zanfona). Su mundo musical es tan amplio que no merece la pena reducirlo a una estética concreta. Es mejor dejar que su música siga escribiendo una historia propia al margen de lo que se supone que debería ser. El siguiente folio en blanco espera para ser perforado. Y promete, como la buena literatura... aunque lo suyo no sea un best seller.

© Carlos Pérez Cruz (texto y fotografías)

Publicado originalmente aquí.

miércoles, noviembre 04, 2009

Vijay Iyer Trio - "Historicity"


El punto de partida de cualquier elaboración crítica es la toma de conciencia de lo que uno es realmente: es decir, la premisa "conócete a ti mismo" en tanto que producto de un proceso histórico concreto que ha dejado en ti infinidad de huellas sin, a la vez, dejar un inventario de ellas.

Las palabras del escritor Antonio Gramsci escritas en la cárcel durante la dictadura de Benito Mussolini y recogidas en sus Cuadernos de la cárcel presiden las notas del libreto de este trabajo de Vijay Iyer. Son una declaración de intenciones acerca de la naturaleza de este proyecto, un conócete a ti mismo de Vijay Iyer a través de la música que forma parte de su historicidad, una búsqueda de esas huellas que nadie inventarió para él y necesarias para encontrar su punto de partida en la elaboración musical. Pero, ¿a qué se refiere Iyer con historicidad? De las posibles definiciones del término que reseña en el libreto el pianista se queda con la que dice: la condición de estar situado en una corriente de la historia; también el resultado de dicha situación. Así afirma que el pasado nos pone en movimiento.

En la búsqueda de esas huellas Iyer se ha encontrado con la música de uno de sus mentores: el pianista Andrew Hill y su proyecto de 1963 Smoke stack (una de cuyas peculiaridades residía en el uso de dos contrabajistas, uno en funciones rítmicas y otro más libre); además con Stevie Wonder y su Big brother, con los inicios del saxofonista Julius Hemphill en Dogon A.D., con el teclista Ronnie Foster (colaborador habitual de George Benson así como del propio Stevie Wonder), con el Somewhere de Leonard Bernstein y Stephen Sondheim para West Side Story y con una referencia mucho más próxima, la de la rapera M.I.A. (Mathangi Arulpragasam) y su Galang (en la línea de música de discoteca con toques asiáticos tan frecuente en Londres en los últimos tiempos). En resumen, en esta mirada a su propia historicidad aparece la música de dos vanguardistas del Jazz (Hill y Hemphill), un teclista funky (Foster), una canción de musical (Somewhere) y dos voces: la de un soulman como Stevie Wonder y la de una rapera como M.I.A.. Imagino que serán muchos más los nombres que la conforman pero se puede percibir una cierta atracción por lo que Iyer denomina insurgentes, es decir, artistas rompedores en su momento pero también por la canción de compromiso o por las músicas más "jóvenes". Además aprovecha la ocasión para revisitar dos temas propios ya grabados con anterioridad: Trident y Sentiment.

Tengo sensaciones contradictorias con Historicity. Es indudable el nivel musical de los tres instrumentistas (ritmos imposibles, armonías complejas) y sus virtudes para sonar como un conjunto sólido. Sin embargo el resultado final es, por un lado, abrumador (no hay tregua, no hay espacios, no hay pausa en la información musical) y, por el otro, carente de emoción. Quizá la formación de Iyer como físico y matemático tenga su peso en la concepción de la música, como si se expresara a través de un profuso tratado metódico de composición, arreglos e improvisación olvidándose de un cierto grado de humanismo imprescindible para conectar con la audiencia. Existe la virtud conceptual en este trabajo pero falta la emoción que haga de su escucha una experiencia más allá de la admiración acrobática (no tanto por pirotécnico sino por habilidoso). Están todos los elementos para una gran obra presentes, todas las herramientas dispuestas, pero falta la comunicación con el oyente (con el que esto firma, claro). Y está todo tan dominado por esas premisas que las versiones de músicos tan diferentes como Andrew Hill, Stevie Wonder o M.I.A. resultan en la memoria demasiado parecidas entre sí y tan sólo los motivos melódicos o ciertos apuntes estéticos y rítmicos diferencian unas de otras. Dicho todo lo cual hay momentos en Historicity que adjetivan "emocional" su inteligencia, momentos para la fe de quienes somos de letras puras y nos cuesta apreciar el valor "matemático" de la música. Los suficientes como para vivir en la contradicción entre la admiración por este disco y el lamento por una falta de mayor empatía.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

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