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martes, diciembre 29, 2015

Noche de NBA


Ha pasado mucho tiempo desde que no veía un partido de la NBA. Nunca lo había hecho in situ. Tuve la suerte de poder seguir los años de Andrés Montes en Canal +, desde los comienzos con Segurola hasta la configuración de la pareja con A. Damiel, "crónica en rosa de la NBA". No tengo recuerdos de haberla seguido especialmente en TVE, con Pedro Barthe y Ramón Trecet, aunque seguro que lo hice en alguna ocasión excepcional. [Ramón, al que tantos años seguí en 'Diálogos 3' y que a principios de este año... ¡me bloqueó en Twitter!]. Tengo memoria de muchas madrugadas, de intentar dormir algo para despertarme a las dos de la madrugada (partidos de las costa este) o pasadas las cuatro (partidos de la oeste), de partidos que me dejaron sopa y de otros que me impidieron recuperar el sueño. Me acuerdo del debut de Pau Gasol en los Grizzlies, o de la última canasta del último gran Michael Jordan para darle a los Bulls un título de la NBA. También recuerdo ver una grada semivacía en el pabellón de los Magic de Orlando y preguntarme por qué demonios estaba yo despierto de madrugada si ni siquiera sus aficionados iban allá por la tarde a verlos. Después me hice grandecito, desapareció la televisión de pago y se acabó la NBA, aparte de que el baloncesto USAmericano fue perdiendo interés para mí en comparación con el europeo. Tengo la impresión de que uno de los grandes problemas del baloncesto europeo -sea Euroliga, sea ACB- es que no han dado con la tecla para venderse en casa como sabe hacerlo la NBA. Muchas de las jugadas que ésta empaqueta para la televisión se ven en nuestras canchas y nadie se entera.

Anoche tuve mi primera experiencia en un pabellón de la NBA, en el Verizon Center de Washington DC, cancha de los Wizards, uno de los peores equipos de lo que llevamos de temporada. Doy fe de que son malos con avaricia, tanto como de que su mejor jugador es un polaco, Marcin Gortat, que venía de ser 'jugador de la semana' en el Este. Lo curioso de cómo se vive un partido de la NBA en una cancha de la NBA es que lo de menos es el partido, porque hay tantísima actividad a su alrededor, y en sus tiempos muertos, que no eres casi nunca consciente de que lo que venías a ver es un partido de baloncesto. Del impacto de la inmensidad del pabellón te repones medianamente pronto, de lo que no te repones es del ritmo frenético de actividad a tu alrededor, de reclamos en la inmensa pantalla del pabellón, de juegos en la cancha con cada parón, de "regalos" que llueven del cielo. Va todo a tal velocidad, con tanta pompa, que las cerca de dos horas y media de partido parecen una. Y eso tiene algo de bueno y algo de malo. Lo bueno: un partido horrible se digiere como una hostia de misa. Lo malo: la exagerada exhibición de medios convierte el baloncesto en un Disneyland, en una falsa realidad. La sobreabundancia de efectos convierte en extraordinario algo tan convencional y soporífero como un Wizards – Clippers. Y eso requiere tal dispendio que parece insostenible. Desde luego la NBA no es una ecocompetición, aunque también tiene algo positivo: los aficionados no parecen tomarse tan en serio a sus equipos. No es cuestión de vida o muerte, sólo un entretenimiento (en España insultaríamos hasta al vídeo que pide que no se utilicen palabras gruesas durante el partido).

Creo que vemos mejor baloncesto en Europa, pero insisto en que lo vendemos mal o que nos sigue deslumbrando la NBA por una cuestión de mera convención, porque nos deslumbró en su día y ese destello parece que nos cegó. Por supuesto, hay enormes jugadores y equipos aquí, pero la riqueza táctica sobre el tablero de la cancha es superior en Europa. Por eso no sorprende que el jugador más creativo anoche fuera alguien que ha hecho su carrera en Europa, especialmente en el Baskonia, el gran Pablo Prigioni. Su lectura del juego, cómo generó espacios y repartió asistencias (a menudo, desaprovechadas por sus compañeros), fue la lección de un tipo que con 38 años sigue viviendo este juego como un niño pequeño. Fue mi ocasión para gritarle "¡jugón!", para hacer mi pequeño homenaje a Andrés Montes en una cancha de la NBA y reivindicar la riqueza del baloncesto FIBA. Que los lujos de la suite no nos impidan ver el cartón-piedra. Hollywood no está mal, ¡pero le faltan nuestros Haneke!

Carlos Pérez Cruz

viernes, junio 21, 2013

Solsticio en Mardin

Mardin (Turquía), el 21 de junio de 2010 (Foto: Carlos Pérez Cruz)

Hoy hace tres años celebré el solsticio de verano en una terraza  de la localidad turca de Mardin, cerca de la frontera de Siria, uno de los sitios más extraños en los que he estado en mi vida. Era como pasear por un Twin Peaks a la turca (por no hablar del hotel "medieval" con un gigante más grande que Dueñas como botones guiándonos por los pasillos del... ¿castillo?). La noche del 21 de junio logramos encontrar una terraza casi clandestina (al menos, no era visible desde la calle) donde poder tomar unas cervezas mientras alucinábamos con la vista de la llanura de Mesopotamia en llamas por la quema de rastrojos. La luna, el minarete de la mezquita, la felicidad de estar en otro mundo... La terraza estaba casi vacía pero en otra mesa tocaba música un grupo de amigos. Les invitamos a unirse. Eran kurdos y, dos de ellos, percusionistas. A ellos se unió el dueño del local que nos cantó (lo que se supone que es) un tradicional kurdo. Momento que registré con la cámara. Después vendría lo más gracioso, con uno de sus amigos que era clavado al personaje del "Neng de Castefa" del programa 'Buenafuente' que me puso al teléfono con... ¡Aynur!, una de las cantantes kurdas más populares, con la que pude charlar un poco y recordar su paso por el programa 'Diálogos 3' de Ramón Trecet, en el que la conocí. De lo que el "Neng" presumía al respecto de Aynur, me lo guardaré para mí. El video de la música, lo comparto. Otro día os cuento cómo unos días después terminé en Estambul escuchando al percusionista tocar con un famoso actor turco y más tarde en un club de flamenco llamado ¡Peligro Flamenco!
 


domingo, mayo 19, 2013

Aly Bain & Phil Cunningham, historia de una feliz regresión

Anoche viví una feliz coincidencia. A la misma hora en que yo actuaba en una de las salas del Auditorio Baluarte de Pamplona, en otra lo hacía el dúo de los escoceses Aly Bain y Phil Cunningham. ¡Qué regresión! Fue como volver a mi adolescencia, a los años en que fui conformando mi gusto musical, a los primeros pasos de un camino que, por fortuna, todavía no atisba la meta.

Aly Bain y Phil Cunningham forman parte de la amplísima nómina de músicos que tuve la fortuna de descubrir en los tiempos en que a diario, y como una ineludible obligación devota, encendía Radio 3 a las tres de la tarde para escuchar los Diálogos 3 de Ramón Trecet. Años en que sentí la felicidad de descubrir a músicos como Alasdair Fraser (uno de cuyos discos adjunté como carta de amor... fracasado) o grupos como Hedningarna (su música sigue siendo una de las mejores drogas alucinatorias). Años de viajes al Teatro Barakaldo para escuchar a los suecos o a la estupenda La Bottine Souriante de Quebec... ¡Qué recuerdos!

Cuando acabó mi prueba de sonido, corrí por los pasillos del auditorio para buscar a estos veteranos de la música escocesa. Fui con un disco de ellos del año 97 bajo el brazo y me llevé la firma y unas buenas risas. Cunningham ya no es ese mozo de recia melena y aspecto de Braveheart escocés pero es ciertamente un tipo afable y divertido que posó conmigo para una foto a la que sumó a una mujer (¿su mujer?) con la que conversaba vía Skype en el móvil (y a la que mostró entre risas la copia que llevaba de ese The Ruby del año 97). Después encontré a Aly Bain quien, como quien hace una confidencia, me reconocía que, al igual que yo anoche, también que tenía que tocar a veces ciertas cosas por aquello de que hay que comer.


Acabado mi concierto, volví a correr por los pasillos de camerinos y me acerqué a su sala. Tuve la fortuna de escuchar los últimos minutos de su concierto casi como un espía, escondido entre los telares del escenario, disfrutando como un enano de una música que, en su sencillez y tradición, sigue conservando la cualidad de hacernos levitar con los pies en la tierra.


sábado, septiembre 11, 2010

Últimas horas...

... aprovechémoslas quienes estamos disfrutando con el Mundial de Baloncesto de Turquía en Marca TV porque a partir de mañana, en que el evento haga chispún, se acabaron las lecciones magistrales de Ramón Trecet, Juan Antonio Corbalán, César Nanclares o Quique Peinado (alias en aquel europeo cadete del año X, en el partido Macedonia - Lituania). Llega la verdadera esencia de la empresa (no confundir con medio de comunicación) de la que forma parte el canal televisivo. Ellos mismos lo anuncian: El canal comienza sus programas el próximo lunes 13. Hasta ahora era, como uno ya se imaginaba, una visión, una fantasía erótica del intelecto. A partir del lunes llegan los Cristianos a la reconquista... Y para ello los cruzados anuncian su nómina de féminas en pantalla cuyo glamour informativo parece algo diferente que el de los Corbalán, Trecet y compañía (¿será por eso que ellos sólo han sido voces?).

Sí amigos, el lunes 13 es un buen día para devolver al televisor a su estado natural: la hibernación.

martes, junio 06, 2006

En el país de la envidia

Me dice un colega en un foro que decir que vivimos en el país de la envidia y la difamación es un tópico. Claro que mi "tópico" venía en respuesta a las insinuaciones que entre él y otros foreros hacían de la complicidad entre el periodista musical Ramón Trecet (Diálogos 3 - RNE3) y la editorial discográfica en la que trabaja su mujer (Resistencia).

Que este país está acostumbrado a la envidia y la difamación no escapa a nadie. Basta con poner la radio o escuchar en cualquier lugar para ver que alguien habla mal de alguien, sobre todo si consigue algún tipo de éxito.

Diálogos 3, el programa de Trecet, lleva más de veinte años (¿casi treinta?) haciendo sonar en RNE músicas muy poco frecuentes en las emisoras de radio y haciéndonos conocer a innumerables artistas que a día de hoy son referentes de sus respectivos estilos. La editorial discográfica de su mujer, Resistencia, distribuye en España algunas de las grabaciones coincidentes con las estéticas del programa de radio. En vez de agradecer la difusión que RNE (Trecet) y Resistencia (su mujer) hacen de estas músicas sembramos, por supuesto, con la semilla de la difamación. Claro, pone la música que vende su mujer.

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