Busca en "Carlos Crece"

Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta política. Mostrar todas las entradas

domingo, noviembre 15, 2015

Ellos, los otros

Cuando se ha anunciado un minuto de silencio por las víctimas de los atentados de París, he sentido incomodidad. Los gestos, también los bienintencionados -especialmente esos-, conllevan siempre un posicionamiento, aunque sea inconsciente. Nadie de buen corazón se opondría a la solidaridad con las víctimas de una barbarie como la vivida en París el pasado viernes. No cuesta nada levantarse durante un minuto, guardar silencio y, en la medida de lo (im)posible, tratar de empatizar con el horror que uno nunca imagina para su vida. Siempre es bueno ponerse en la piel de los demás, mostrar empatía. El problema llega cuando los demás se convierten en los otros, cuando el nosotros implica un ellos, cuando decidimos por quién doblan las campanas. 

Como bien me ha recordado un compañero, la humanidad siempre se ha unido en torno a la tribu. Pero, ¿quién conforma exactamente esa tribu? Por definición, la tribu es excluyente. ¿Dónde quedan dibujados los límites de la misma? ¿Dónde el nosotros se desdibuja en un ellos? ¿Por quién guardar y por quién no un minuto de silencio? En la alocución por megafonía se han referido en exclusiva a las víctimas de los atentados de París, no a las de Beirut del día anterior o a las del avión ruso caído en Egipto o a las de Bagdad o a las de Palestina o a las de Siria o a las de Ankara o a las de Yemen o a las... ¿Por qué sí con las de París? ¿Cuál es nuestro nexo común con ellas y no con las otras? ¿Existen víctimas tolerables? Hasta donde hemos sabido, en París han muerto o caído heridas personas de orígenes geográficos muy diversos, entre las que intuyo además habría cristianos, musulmanes, judíos, agnósticos, ateos... ¿Habremos guardado silencio por europeos? 

¡La Europa de los valores! Escucho discursos que hablan de su defensa, de la democracia, se refieren incluso al "sistema que nos hemos dado" atacado por quienes desangraron París el viernes. Evidente: todos esos valores, la democracia, el sistema que "nos hemos dado", han sido atacados y lo menos que se puede decir de los asaltantes es que son unos bárbaros, unos desalmados (y de ahí para arriba hasta el exabrupto). Pero, ¿qué valores han atacado? ¿Son universales? ¿Somos Europa y sus valores cuando sostenemos dictaduras y comerciamos con ellas? ¿Cuando les vendemos armas? ¿Cuando aceptamos paraísos legales para negar el derecho de defensa? ¿Somos Europa al bombardear otros países? ¿Cuando abrimos en ellos vacíos de poder en los que se cimentan horrores como el Daesh? ¿Son menos víctimas del horror y la barbarie sus víctimas? ¿Somos Europa al internar en campos de concentración a quienes huyen del terror? ¿Al levantar vallas delante de familias exhaustas después de miles de kilómetros a pie? ¿Esos son nuestros valores? ¿Es por ellos por lo que lo hacemos? Hablar de defender "el sistema que nos hemos dado" y "nuestros valores" es tanto como aceptar las muertes de miles de civiles o la imposibilidad de una vida digna para millones de personas. Porque seamos conscientes: lo hacemos en defensa de todo eso. Si lo aceptamos -es decir: si les votamos, si no hacemos manifestación pública de nuestra oposición, si aceptamos la desigualdad...-, ¿no deberíamos a empezar a asumir las consecuencias de nuestros actos, por acción y por omisión? 

Le preguntaba ayer Enric González en París a un "taxista musulmán" por sus sentimientos después de los atentados; pregunta respondida con otra pregunta: ¿Me lo pregunta como taxista, como parisino o como árabe? No es gratuita su suspicacia, establece categorías de sospecha consolidadas en nuestra Europa de los valores. En ella, no es lo mismo un cristiano que un musulmán, un rumano que un francés, un gitano que un payo. La condición humana es inclusiva; lo demás, exclusiones tribales. En Europa, la libertad, la fraternidad y la igualdad tienen reservado el derecho de admisión. No es para ellos.

Carlos Pérez Cruz

sábado, septiembre 26, 2015

Visca la independència!

No sabría explicar de dónde me viene mi filiación culé, sí mi pasión por la radio. Imagino que ser hijo de periodista radiofónico explica lo segundo –aunque no necesariamente un hijo siga los pasos de su padre-, pero para lo primero no encuentro explicación racional. Desde crío soy del Barça sin que nadie me lo propusiera ni indujera, no había en mi entorno una pasión fubolera ni el ambiente estaba tan saturado de fútbol como hoy. Compraba el Sport o El Mundo Deportivo –mis primeras referencias de prensa-, aunque mi madre se empeñara en el Marca, “porque se vende más”. 

La radio le fue como anillo al dedo a mi pasión culé. La Onda Media (AM) -¿sabrán los más jóvenes de qué les hablo?- hacía llegar los rebotes de señal desde Catalunya de alguna emisora de COM Ràdio y así, entre idas y venidas de la cobertura, seguía los partidos de fútbol de mi equipo y escuchaba y practicaba mi primer catalán. Más tarde llegó internet, y ahora uno puede escuchar la radio catalana donde quiera, lo mismo que otro muchos medios de lenguas y regiones remotas. En eso se ha perdido algo el espíritu de arqueología de la señal que nos brindaban las frecuencias radiofónicas. Me gusta la sonoridad del catalán, lo practico en la intimidad -a veces en público- y siempre en los cajeros, donde elijo la opción “en català” (¡Eh! Nadie busque en ello la analogía catalán-pasta…). Sea como fuere, siempre he tenido una cierta afinidad hacia lo catalán –signifique esto lo que signifique. ¿Simple curiosidad?-, aunque lamentablemente mi conocimiento de Catalunya sobre el terreno es muy limitado, no tanto de Barcelona. 

Siento una aversión natural por las emociones patrióticas –la patria es un sentimiento-. Respeto las emociones personales (es inútil discutir de emociones), pero las colectivas suelen resultar coercitivas, coreografías de la intimidación sobre una fuerza fundamentada en la unanimidad uniformadora. Soy español y navarro porque el actual ordenamiento administrativo denomina de esa forma a mi región de nacimiento y residencia, pero ni ser español ni navarro me definen en modo alguno. Soy español y navarro como mañana puedo ser vasco o teutón en función de cómo evolucionen los marcos administrativos. No me preocupa. No soy ni español ni navarro en términos identitarios, ni mucho menos emocionales. No me siento, como aquella andaluza me dijo sobre Andalucía y España, porque, ¿qué es exactamente lo que siente un andaluz y español por el mero hecho de serlo? Las identidades colectivas tienen mucho de imaginario construido mediante la amplificación de los estereotipos, una manera eficaz de uniformar la diversidad y diluir la disidencia. 

Tengo alergia a las banderas; por eso una vez expliqué que lucía de manera excepcional un pin con la palestina, no por una pasión patriótica sino como símbolo de denuncia de la ocupación y violación de los derechos humanos de los palestinos. Por lo demás, me trae sin cuidado que a aquella región del mundo se le acabe llamando Israelina o Palisrael, siempre que quienes allí vivan lo hagan como ciudadanos de pleno derecho, sin discriminación ni sometimiento por razones de raza y religión (otras de esas grandes patrañas para la exclusión y la dominación). Por eso la bandera de España (la que ahora España utiliza institucionalmente, antes hubo otras), así como la navarra o la catalana, me producen alergia, símbolos que tienen más que ver con la identificación emocional que con la buena o mala administración del territorio. Y es que aspiro a la gobernación justa de los recursos, no a la administración de los sentimientos. 

Este domingo se vota en Catalunya y, según quién te cuente la película, se avecina el apocalipsis o, por el contrario, el paraíso terrenal. Hay muchos matices intermedios, pero la sobreactuación emocional tiene la virtud de ahogar la razón y la mesura. Ni soy catalán ni vivo en Catalunya. Mañana no puedo votar, pero, si pudiera, abogaría sin dudarlo por la independencia. La independencia culmina la autonomía. Mi patria, mi cuerpo. Con la conciencia por bandera.

Carlos Pérez Cruz

lunes, abril 20, 2015

De tragedias y culpas

Compartíamos autobús y se sentaba muy cerca, no pude evitar escuchar sus palabras. Según explicó, España es el único país europeo en el que la sanidad pública atiende a cualquier inmigrante y eso hace que la mayoría venga aquí. Ni siquiera lo consideró una posibilidad estadística, lo aseguró. Intuyo que su muy pío espíritu no se alteró lo más mínimo al decirlo, aunque es probable que su católico corazón se compungiera al escuchar que un grupo de cristianos podría haber sido arrojado al agua por otro de musulmanes en razón de su filiación religiosa. Sucedió en una de esas precarias embarcaciones a precio de crucero del mercado negro (dicho sea “negro” sin ironía alguna), porque en el “legal” sólo les está permitido abanicar turistas. Desembarcaron en Italia, pero a buen seguro buscaban España, donde son famosas sus orgías sanitarias. 

24 horas después de escuchar su certero diagnóstico del gran problema de la sanidad española llegaban las primeras noticias de la gran tragedia (del día) en el Mediterráneo: más de 700 personas habían desaparecido al hundirse la embarcación con la que trataban de llegar al continente europeo. 700 personas, ¡qué barbaridad! Digo personas, aunque soy consciente de que la denominación periodística y política(mente) correcta es la de “simpapeles”, “inmigrantes ilegales” o “ilegales”, a secas. 

700. Setecientas. Con sólo trazar un croquis aproximativo de relaciones familiares, amistosas, de comunidad…, puede uno hacerse a la idea del alcance de la tragedia, una inmensa mancha de dolor en el océano de vidas afectadas. Para los fallecidos el horror acaba con su muerte, pero con ella empieza la tragedia de los vivos

Cotidianas como son las muertes en el camino de quienes tratan de huir del hambre, la guerra, la persecución por motivos de raza, sexo, religión, la falta de futuro (y por tantas otras razones de las que ni siquiera somos conscientes), no es la muerte en el mar la que las hace noticia, son los dígitos, la suma de restas humanas; son los números, que no los hechos, aunque sólo por los números a veces nos dé por pensar… o empatizar, aunque sea una empatía de mínimos. Lo que levanta levemente la ceja de nuestras conciencias es la montaña de hombres, niños y mujeres, la suma de cadáveres, la simbólica fotografía de la acumulación de ataúdes para cuerpos que quizá nunca puedan ser rescatados. En nuestra economía de mercado la emoción también se mueve por números.

Impactan los números, no los hechos en sí, y los hechos (con independencia del número de afectados) son el desenlace de una historia, y lo relevante es la historia. Empieza en tierra firme, no en el mar. El ahogamiento es para demasiados el desenlace de una narración que arranca en el continente cuando ven que su vida y la de su familia corre peligro o carece de presente; la decisión era la única posible, o la mejor de las peores, o fue muy mala, pero no le dieron otra, y hubo de tomarla porque si hay un derecho que tiene todo ser humano es el de luchar por su supervivencia, aunque otros la minusvaloren o se arroguen decidir sobre ella. Pero, ¿quiénes son esos otros?

Lo sé, usted y yo no tenemos nada que ver, e incluso tenemos la capacidad de conmovernos y de escribir textos populistas como éste. La autocrítica es un síntoma de la enfermedad europea, acostumbrados por cuestión cultural a proyectar nuestra falsa culpabilidad en lugares y circunstancias sobre las que no tenemos la más mínima capacidad de decisión. ¡Maldito Freud! Nos flagelamos sin necesidad.  

Nada tiene que ver que nuestros gobernantes, en (sin)razón de nuestra seguridad y libertad (que, por lo visto, dependen de la inseguridad y esclavitud de “los otros”), movilicen ejércitos, bombardeen sus pueblos, hagan llegar armas a grupos de dudosa reputación, firmen lucrativos acuerdos con dictadores, renueven materiales a sus policías represivas, blanqueen Golpes de Estado, faciliten el expolio de recursos naturales a grandes empresas de las que, tarde o temprano, formarán parte… Nada podemos hacer, nada de eso tiene que ver con nosotros, claro, tampoco que se llenen de vallas y concertinas las fronteras, que se financien policías de frontera y no de salvamento, que paguemos para que no lleguen y no para que puedan volver... El poder de nuestros gobernantes es, al parecer, una curiosa anomalía del sistema democrático. Nunca nada es culpa nuestra, ni siquiera nuestra ignorancia.

Carlos Pérez Cruz

martes, diciembre 31, 2013

No se corresponde

No se corresponde. No digo yo que a una estafa (crisis) de semejante calibre haya que responder encerrándose en casa y flagelándose, pero hay algo que no se corresponde entre lo que nos cuentan, lo que sentimos y lo que vemos. Se lo planteaba alguno de los personajes de la última novela de Isaac Rosa, La habitación oscura, y se lo planteaba el propio autor en la entrevista que le hice para El Asombrario& Co. Quizá algunos esperan a que el temporal escampe para regresar al punto en el que se detuvo la partida y reanudarla y regodearse en los mismos excesos que hemos denunciado estos años, como si todo hubiera sido una pesadilla y nada de lo padecido hubiera servido para reflexionar ni cambiar nada. En esta negra noche económica y social que vivimos, la respuesta parece, en palabras de Rosa, "una especie de enloquecida huida hacia adelante". Ya no es que no se espere para regresar. Es que nunca nos fuimos.

He paseado estos días de Navidad por dos ciudades del país, una en el norte, otra en el sur, y en ambos casos la ciudadanía parece cumplir con total disciplina el ejercicio de consumo desaforado que se le propone. Como si no existieran ni el paro, ni los desahucios, ni la pobreza estuviera escalando posiciones, como si no se estuvieran redactando y aprobando leyes que nos van a permitir vivir el franquismo a quienes no lo conocimos. Tiendas atestadas, bares y restaurantes repletos, consumo, ruido y jolgorio. Si alguien esperaba reacción social ante la que está cayendo, ahí la tiene: se celebra. A no ser que se me demuestre que todo era una pantomima de falsos clientes gastando falso dinero y comprando falsos regalos, por aquello de guardar las apariencias.

Sigo escuchando a gente que dice que se va a dar una vuelta por 'El Corte Inglés' (donde, por cierto, apenas quedaban plazas de aparcamiento) para "ver si encuentro algo". Es decir, seguimos comprando porque sí y no porque ésta sea una necesidad razonada, razonable y sostenible. Y me pregunto: ¿dónde está toda la pobreza de la que hablamos y denunciamos? ¿Dónde se esconde la penuria de nuestros días? Estar está, lo sé, la siento e intuyo, pero parece haberse resguardado en casa (quien la conserve) o haber emigrado a la periferia de la periferia. O simplemente se maquilla para, de nuevo, guardar las apariencias. El consumo sigue siendo hoy el ocio favorito de los españoles. ¿Dónde están las protestas? ¿Dónde queda la manifestación de ese malestar y la rabia por las leyes punitivas? Hay quien rabia y se manifiesta, pero son (somos) infinitamente más los que lo hacen (hacemos) de ello un ejercicio de desahogo tuitero y tema de conversación entre sorbos de gin-tonic. Quienes de veras se hayan comprometido, corren el riesgo de padecer profunda depresión por desborde de los niveles de frustración y aislamiento social.

España empieza a parecer (si es que no lo era ya) un lugar en el que una cosa es lo que se rumia y otra lo que se hace. Leo el número de enero de la revista Cuadernos de Cine y me encuentro con las desasosegantes cifras de asistencia a películas españolas durante el año 2013. Lo son en términos diferenciales entre lo que arrastran un tipo u otro de películas (esto siempre ha sido y será así), pero lo son sobre todo por las cifras totales de asistencia a películas brillantes, diferentes, arriesgadas que han llegado este año a proyectarse (en algunos cines de entre los que quedan abiertos). Hablo de películas que he podido ver como la cruda y brillante La herida de Fernando Franco u otras que no pero que hubiera querido ver como Todos queremos lo mejor para ella de Mar Coll o El muerto y ser feliz de Javier Rebollo. La de Franco suma tan solo 12.187 espectadores (a pesar de los dos premios importantes en el Zinemaldia de Donosti) y la de Rebollo, 5829. Es decir, la más vista entre las mencionadas queda ligeramente por debajo de la asistencia al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid para el partido de baloncesto entre el Madrid y el Barça del pasado domingo, mientras la de Rebollo hubiera mostrado un recinto bastante desangelado. Ni qué decir tiene que, en términos futbolísticos, serían entradas irrisorias. La suma de todas ellas sería una pésima entrada en el Bernabéu y en el Camp Nou (David Trueba y los casi 76.000 espectadores de su Vivir es fácil con los ojos cerrados tampoco llenarían). Películas como la espléndida Stockholm de Rodrigo Sorogoyen ni aparecen al ofrecer "cifras casi inapreciables" (Carlos F. Heredero dixit), aunque para su creadores llegar a las salas era ya un gran éxito... testimonial. Se sigue hablando de cine español como si éste fuera un concepto descalificativo irrefutable. Los hechos cinematográficos de 2013 han sido otros.

Hay una evidente desconexión entre las palabras y los hechos. Al cine se lo acusa frecuentemente de ser caro, de que si uno tiene familia y asiste con niños empieza a sumar y no le sale a cuenta. Puede que haya algo de cierto en ello pero pocos placeres tan complejos se ofrecen por tan poco dinero. Existe el día del espectador a precio de ganga y, sin embargo, cuando más se movilizó el personal en 2013 fue cuando el gesto cultural de acceder a una sala de cine se convirtió en evento, en un verdadero acontecimiento publicitario. Con precios algo por debajo de los del día del espectador (2.90€), se movilizaron en tres días de octubre 1.593.958 espectadores. Somos esclavos de la pirotecnia, de los focos y la publicidad. El jazz es al respecto un botón de muestra extraordinario. A nadie le importa un carajo de cotidiano, es espectáculo de masas en festivales de verano (sin entrar ahora la jazzicidad o no de los contenidos). Actuamos colectivamente de forma mimética. Somos voluntariamente gregarios, esclavos felices de la publicidad.

Toda discusión y propuesta para atraer público a la cultura me parece legítima y necesaria pero tengo la sensación de que muchas veces la autocrítica está muy por encima del reflejo objetivo de la realidad. A las salas de cine les reprocharé criterios, imperfección técnica de las proyecciones y, sobre todo, que sigan privilegiando "una de las grandes calamidades culturales españolas" (Muñoz Molina dixit) que es el doblaje -desde hace tiempo sólo acudo al cine si el pase es en versión original, lo cual en una ciudad pequeña no es habitual (incluso te advierten de que es V.O. cuando compras la entrada, no cuando es doblada, la verdadera anomalía). Eso sí, al renunciar al doblaje uno se convierte en asiduo al cine español (aunque deba renunciar también a determinas películas catalanas, que igualmente se doblan a pesar de que se expresan en otro idioma oficial del país) -. Pero, habida cuenta de que no parecen las mías las preocupaciones cotidianas del espectador medio, la conclusión a la que llego es que el problema no es tanto de la calidad e interés de las propuestas como de desinterés ciudadano. Podemos y debemos seguir siendo autocríticos y exigentes pero no más de lo justo y necesario y menos cegarnos ante la evidencia de que el español es, por regla general, un tipo sin interés en la cultura. Salvo por la del consumo y la fiesta.

Carlos Pérez Cruz

lunes, mayo 21, 2012

The Sinister Minister (Wert´s Tiger Rag)

Todo llega y todo pasa a velocidad de vuelo supersónico en esta tweet society (todo es anglo en el universo digital, y llamarla ‘sociedad pío pío’… no sé yo). Triunfa la Fórmula Uno de la información, donde la velocidad no permite definir con claridad el perfil de las noticias. Si uno trata de forzar la vista para comprobar la veracidad de lo intuido, corre el riesgo de quedarse atrás. Que la media de duración de un trending topic (tema del momento) esté en los trece minutos, da una idea del vértigo.

Quedémonos atrás, por lo tanto. Miremos con detenimiento a lo que ya no es noticia: que dice el ministro José Ignacio Wert que los músicos deben cobrar menos por la crisis. Lo dijo en Rolling Stone, una revista de tendencias (tal es así que el ministro bromea con que le hubiera gustado recibir a sus reporteros “con una chupa a lo Rolling Stone”) con fecha de publicación 8 de mayo (lo menos, ¡una eternidad!). “Puede que los músicos deban cobrar menos por la crisis”, titula la revista citando la literalidad de sus palabras, y la red las pone en circulación. Se abre la veda para los insultos, las descalificaciones, las camisas rasgadas, las venas en riesgo, los su puta madre… y el silencio. Ya está, ya ha pasado. A por otra cosa. “Eso que llamaría Paul Valéry la espuma de los días” -se le escuchó a Wert en El debate de La 1 de TVE-, que “es mejor no mirarla, porque distrae”. Habrá que disculparle al ministro el lapsus de confundir a Valéry con Boris Vian (lástima, para una vez que toca el tema del jazz).

domingo, mayo 13, 2012

12-M en Pamplona


Pancarta principal en la cabecera de la manifestación (Fotografía: www.diariodenavarra.es)

12-M en Pamplona. ¿Se corresponde el estado de ansiedad y depresión informativa con la realidad ciudadana? Uno acude a manifestarse a la convocatoria de 15-M y por el camino intuye que es una espléndida tarde de un sábado cualquiera. Familias que pasean, gente que compra en las tiendas… Si se atiende a la información cotidiana, el paisaje urbano debería ser desolador, y no lo es. Me aproximo a la Plaza del Castillo, epicentro de la convocatoria. Frente al Palacio del Gobierno de Navarra veo apostados decenas de policías nacionales. Un hombre, que camina en dirección opuesta a la mía, dice que hay más policías que manifestantes en la plaza. Es un aviso de lo que me espera. Mucho ambiente, pero ajeno a la protesta. Mucho trajeado de boda, mucha gente en las terrazas tomando algo o a la puerta de los bares, fumando y bebiendo, gritando su euforia etílica. Faltan pocos minutos para las siete de la tarde, hora de la convocatoria de manifestación, y la sensación de dilución de manifestantes en el escenario de placidez sabatina es llamativa.

Los portadores de la pancarta principal (con el lema “Las personas antes que la deuda. No a la tiranía de los mercados”, escrito en euskera y castellano) se sitúan en cabecera e inician la marcha. Se dirige hacia la Avenida de Carlos III y se sitúa en el margen derecho de la calle. Si subdividimos la anchura de la avenida en tres partes, la manifestación camina por uno de esos tercios. Así, mientras ascendemos entre tímidos intentos de emitir un grito colectivo (siempre seremos más los silentes), otra manifestación discurre en sentido opuesto: decenas de ciudadanos que pasean tranquilamente, que empujan silletas, que portan las bolsas de sus recientes adquisiciones, que miran o incluso ignoran nuestro camino. Los hay que se giran a nuestro paso con un trozo de queso en la boca, muestra gratuita de una feria de productos que ocupa el espacio central de la avenida. Desde las terrazas se nos contempla plácidamente. Un grupo de adolescentes se ríe a nuestra costa, tan Cristianos ellos con su aspecto de arrabaleros burgueses. Si no les falta a su edad las gafas fashion que lucen los modelos en cualquier revista dominical, ¿qué les puede faltar en el futuro?

Cabecera de la marcha a su paso por Carlos III (Fotografía: www.diariodenavarra.es)

La melodía de When the saints go marching in - que antaño sirvió en Pamplona para amenazar con la quema del todopoderoso Opus Dei (en su día el cineasta Jem Cohen intuyó - ¡cuánta razón! - que esta era una mala ciudad para ser mujer) - sirve para “amenazar” con el mismo destino a El Corte Inglés cuando pasamos frente a su delegación. Me pregunto: ¿cuántos ciudadanos se manifiestan dentro y cuántos estamos fuera? (Por si hubiera dudas: cualquier acto, por inofensivo que parezca, nos define ideológicamente). Hacia la mitad del pelotón manifestante, un grupo de jóvenes con megáfono propone los cánticos y expresiones más ocurrentes. Uno de ellos, cual nacionalizador marianista, proclama con acento de predicador la nacionalización del mencionado centro comercial, idea aplaudida con júbilo. El mismo con el que consiguen que a cada poco nos agachemos todos al susurro amenazante de “y el que no se agache…”. Una vez logrado el quórum que pone a prueba nuestra flexibilidad, se prorrumpe en un “pepero el que no bote”, calificativo para quien haya permanecido erguido que se celebra dando botes.

El paso por el Paseo de Sarasate ofrece una fotografía de contrastes. Mientras a los centenares que nos manifestamos nos mueve la denuncia de la indignidad ética y estética del tiempo presente, la indignación (serena) por la clamorosa estafa, por la claudicación de la política, por la injusticia, y por tantos etcéteras, a otros los mueve la música de una banda que propone baile y que se impone con la potencia de los vatios a los tímidos gritos del colectivo manifestante. Mientras pasamos, el público se gira hacia nosotros y los músicos procuran abstraerse. Su profesionalidad pone banda sonora de cabaret a la tarde. En cualquier momento podría aparecer Lina Morgan.

De vuelta en la Plaza del Castillo, el éxito numérico de la convocatoria adquiere su verdadera dimensión. “Pinchazo en Pamplona”, le informo a un amigo que se dirige a Sol en Madrid. “Sol reluce lleno”, contesta más tarde. La peña Oberena irrumpe en la plaza con su txaranga y seduce a unos cuantos manifestantes más que la idea de una nueva asamblea terapéutica del 15-M. El grupo de jóvenes con megáfono entretiene la espera con cánticos más o menos ocurrentes. “Vamos a contar mentiras, el PSOE es de izquierdas, tralará y en el PP no hay fascistas”. Y por las calles adyacentes más txarangas y bailes a ritmo de acordeón y sintetizador. Y los bares llenos, y los restaurantes a rebosar, y las plazas y calles atestadas de bebedores y fumadores. Y yo mastico un bocata mientras discuto si no es demasiado inocuo el 15-M en Pamplona. Si falta concreción. Si no es demasiado etéreo y falto de un pulso ideológico que deje de acoger de forma ambigua lo uno y su contrario. Si, al menos en esta ciudad, no es más que la expresión que hemos encontrado los más aburguesados para mostrar nuestro descontento sin molestar demasiado. El instrumento que permite que juguemos a manifestarnos como quien toca la guitarra o juega al tenis con el mando de una consola de videojuegos. 

Vuelvo a casa y me acompañan los sonidos de la protesta cívica en la Puerta del Sol de Madrid. Algo se encoge en mi interior cuando la multitud rompe el silencio de ese grito mudo de medianoche. “Os envidio”, le escribo en un mensaje a mi amigo. “Tu espíritu está presente”, me consuela. Envidia sana de lo que nunca dejó de ser, visto con perspectiva, un movimiento que, como con el tiempo meteorológico, hace que parezca que llueve en España cuando lo hace en Madrid.

© Carlos Pérez Cruz

domingo, mayo 06, 2012

Que dice el ministro que...

Dice el Ministro de Deporte (cuyas atribuciones son también las de Cultura y Educación), José Ignacio Wert, que los músicos tendrán que “acomodarse” a la situación económica actual y cobrar menos. Lo dice en una “simpática” entrevista en la revista Rolling Stone. “Probablemente deberán cobrar menos y conseguir que se involucre más la iniciativa privada, los patrocinadores… Cuando llueve, llueve para todos”, concluye. Quizá él, persona de buena posición y poder, pueda empezar por convencer al presidente de Martinsa-Fadesa para que invierta en música al menos ese 23% en que porcentualmente ha incrementado su salario. Que no se preocupe el tal Fernando Martín. Al contrario que en la construcción (su empresa tuvo la mayor quiebra de la historia empresarial española), toda inversión en música le asegura beneficios. Para el alma, claro está, pero mal no le vendrá confortarla después de haber dilapidado casi mil millones de euros en un par de años. Los pinchazos en música son menos gravosos para el promotor, se lo aseguro, y dado que seguirá ganando un pastizal pierda lo que pierda su empresa (en eso consiste la dirección empresarial en este país: en ganar incluso en la derrota), ¿por qué no invertir en música? Estoy seguro de que esa futura ley de mecenazgo prometida por Wert le proporcionará el seguro amparo de la ley para obtener todo tipo de ventajas fiscales.

“Hace siglos que no voy a un concierto”, confiesa el ministro. Claro que en la siguiente respuesta dice que estuvo “el domingo en la ópera”. Concedámosle que no hay contradicción en los términos, que la ópera combina elementos concertísticos con teatrales. Sin embargo, el ministro del ramo cultural, ¿no debería conocer la realidad que afecta a su gestión in situ? No digo yo que entre cual recaudador de la SGAE en camerinos cinco minutos antes de un “bolo” (expresión ministerial), pero no estaría de más que se acercara de vez en cuando a un… bolo. Que se acerque, especialmente a aquellos promovidos por esa salvífica iniciativa privada, por las salas, clubes, bares que mantienen la llama de la actividad musical. Que pregunte por las condiciones laborales de los músicos que actúen. Discretamente, por favor, sin previo aviso de su presencia. No vaya a ser que avisados, los promotores se saquen de la chistera un contrato con el grupo para así evitarse una colleja ministerial. Supongo, no obstante, que el ministro (¿cómo un ministro no va a saber esas cosas?) estará trabajando para resolver, ¡por fin!, el desamparo legal que mantiene a la mayor parte de la profesión musical de este país trabajando de forma – cuando menos – alegal. Entiendo que guarde discreción al respecto, como la guarda sobre la prometida ley de mecenazgo de la que lo único que se sabe es que existirá. No cómo, ni cuándo.

“Es perfectamente legítimo pensar que la música es cara”, dice Wert sobre el precio de los discos. Tan perfectamente legítimo como que yo legítimamente piense que su gobierno nos está jodiendo la vida con su desbaratamiento del estado social y que sus políticas están al servicio del que más tiene (tipos como Fernando Martín) y contra la ciudadanía en general. El problema es que, si bien ambos pensamientos son legítimos, mi legitimidad no hace leyes y la suya sí. A él le parecen caros los discos, pero a mí me parece caro simplemente salir adelante. O tener que repagar lo que ya he pagado con mis impuestos. O me parece caro que se movilice a todo un ejército para defender de la realidad a cuatro gatos con poder económico que se reúnen en Barcelona entre lujos y agasajos. ¡Hay tantas cosas que me parecen legítimamente caras! Por no hablar de los dispendios en dietas o en coches oficiales, esos que dice Wert que le ofrecen la ventaja de desaparecer: “Como ministro, salir puede tener inconvenientes, pero si estás incómodo, tiene la ventaja de que te metes en un coche y desapareces” (sic). Lástima que de ese coche se baje tan a menudo. Y también lástima que mi condición de humilde asalariado me impida disponer de un coche así que me permita desaparecer de la faz de la tierra cuando dirigentes como Wert me hagan sentir “incómodo” – lo que, por desgracia, ocurre a diario - o con el que poder evitar el continuo atropello de nuestra dignidad como personas.

© Carlos Pérez Cruz

lunes, abril 23, 2012

Carne Cruda, síntomas de un 'trending topic'


El programa de Radio 3 (RNE) ‘Carne Cruda’ y su director y presentador, Javier Gallego, han sido hoy trending topic español en Twitter. Dicho de forma menos anglo-pedante y más precisa: el editorial del programa con el que Javier ha abierto hoy el programa ha sido uno de los temas más comentados en España en un momento determinado por parte de los usuarios de esta red. ¿Qué ha pasado para que un programa de una emisora minoritaria haya logrado rascar en la superficie de gloria efímera en la competición de los ciento cuarenta caracteres?

Javier ha dicho lo que pensaba. Esto no es nuevo, claro. Quienes seguimos a diario el programa sabemos que, más o menos, lo hace todos los días. Hoy ha tocado un tema sensible (¿cuándo no?): la modificación normativa (por decreto) por parte del partido político en el gobierno, el Partido Popular (PP), para nombrar al director de Radiotelevisión Española. Desde 2006 tal nombramiento exigía mayoría cualificada (dos tercios del Parlamento). Ahora puede nombrarlo de forma unilateral el actual gobierno, haciendo uso de su mayoría absoluta. Se ciñe sobre la radiotelevisión pública la sombra de la manipulación informativa al servicio del partido en el gobierno, cáncer endémico que creíamos extirpado.

Varias consideraciones:

1) El periodismo está enfermo. La independencia del profesional escasea de tal manera que encontrar una voz libre produce en el ciudadano un efecto de euforia que hoy se ha manifestado significativamente en los onomatopéyicos ciento cuarenta caracteres de Twitter de muchos internautas.

2) Hay tantos medios que son ídem hacia un fin ideológico (léase poder económico e influencia social y política) que la profesión, a pesar de los buenos profesionales que aún quedan, está en un jaque (¿mate?) de credibilidad. Hoy se usan y entienden los medios más como una opción de ocio que verdaderamente informativa. Forman parte de esta ‘civilización del espectáculo’ en la que vivimos (bautizada así por Mario Vargas Llosa). Alerta roja.

3) No hay venda antes de la herida. El editorial de Javier diagnostica una enfermedad que creíamos erradicada en 2006 y cuyos síntomas previos se intuían hace semanas y meses con declaraciones amenazantes y chulescas sobre el futuro de algunos profesionales. La política entendida como vendetta y agencia de colocación.

4) Javier Gallego ha elevado la voz de sus razonamientos desde el propio medio implicado. Ha hecho lo que la razón pragmática insinúa que no se debe hacer. Nada tan poco útil para conservar el puesto que hacer crítica incisiva de quien en breve decidirá tu futuro. Le honra. Por ello, lo admiro y respeto.

5) La falta de pragmatismo de Javier es tan insólita en nuestro tiempo que a su vez pone en evidencia la actitud mayoritaria entre la profesión periodística (que servidor conoce de primera mano). La solidaridad por la injusticia se consuela en privado y se calla en público. El ejercicio del periodismo incisivo se sustenta en el interés comercial o político del medio. Hace mucho que la lucha por la conservación del puesto de trabajo se desentendió de injusticias y amigos. Palmadita en el hombro y silencio. Los males, siempre ajenos.

6) Desde que el Partido Popular lograra hacerse con el gobierno tras las últimas elecciones en España, muchos oyentes han sentenciado el programa. Meses y meses de necrológicas preventivas. Es tal la convicción de que se vaya a censurar el programa que cuando esto suceda (si es que llega a suceder, Urdaci no lo quiera) será asumido como una fatalidad inevitable: “Ya lo sabíamos”, “Era de esperar”. Se crea un estadio mental en el que la anormalidad democrática es normal y lo contrario, extraordinario. Mal punto de partida para la reacción social.

6b) El Partido Popular debería hacérselo mirar. Su gobierno genera siempre certezas de injerencia en la libertad en muchos ciudadanos: “Ya verás ahora, cuando gobiernen”.

7) ‘Carne Cruda’ – o lo que es lo mismo, Javier Gallego – es un programa libre e independiente. Ha tratado temas y ha tenido invitados en la mayoría de las ocasiones ajenos a la convencional agenda informativa y de contenidos de los medios de comunicación convencionales. Ha ejercido, por lo tanto, función de medio de comunicación público dando cobertura a las minorías y ha ejercido a diario el libre pensamiento, razonado e implicado. Jamás ha sido vocero del interés por conveniencia ni alminar para la proclamación de la razón absoluta. Estimula el pensamiento (ejercicio hoy tan en desuso) y amplía los horizontes culturales (hay más mundos… ¡y están en este!).

© Carlos Pérez Cruz

PD: En el momento de concluir este texto recibo un correo con un enlace a un artículo publicado en la edición digital del diario ‘El Mundo’ bajo el título de El locutor de RNE Javier Gallego ataca al Gobierno: ‘Venceréis pero no convenceréis’. Lamentable. Démosle la vuelta: El locutor de RNE Javier Gallego defiende a la profesión periodística ante la amenaza gubernamental: ‘Venceréis pero no convenceréis’. Un ejemplo más de lo dicho en el punto 2. Agradezco a ‘El Mundo’ la rápida y eficaz muestra ofrecida de lo aquí expuesto.


Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

miércoles, septiembre 21, 2011

Educación pública

En plena campaña por desacreditar (y deshidratar) la educación pública no está de más escuchar la intervención de Ana Noguera, diputada por el Partido Socialista en las Cortes valencianas. Descripción valenciana de proyección nacional. Recomendable el pañuelo a mano para secar las lágrimas:

viernes, agosto 19, 2011

Apuntes de verano (III)

Catalanes. Acabado el primer partido de la final de fútbol de la Supercopa española entre Real Madrid y Fútbol Club Barcelona es informado del resultado: empate a dos goles. Su cara se enciende de ira y empieza a mascullar hasta que su pensamiento se hace inteligible. En el partido de vuelta el Madrid no tiene nada que hacer. En Barcelona es imposible jugar, el ambiente es irrespirable y lanzan al campo cabezas de cerdo. ¡El infierno en la tierra!

Catalanes (bis). En el programa de fiestas de un pequeño pueblo andaluz se incluye un presunto estudio sobre la emigración andaluza a Catalunya durante el franquismo, su adaptación y convivencia. Se define Catalunya como una sociedad enferma de nacionalismo de la que emana una dialéctica patológica; se habla de síndrome (sobre la base del síndrome de Estocolmo y la empatía de la víctima con el agresor) para asegurar que los emigrantes son víctimas del nacionalismo catalán, producto de una élite intelectual y política camuflada en el nacionalismo catalán, [que] ha llevado a la inmensa mayoría de ellos al auto-odio, a la vergüenza, o si prefieren a la desgana cultural, lingüística y nacional. (...) Todo ello mientras el resto de España miraba hacia otro lado. Modélico.

Televisión. El televisor de la cafetería está puesto en Telecinco donde se grita, aplaude y gesticula sin pausa en un continuo de mala educación y grosería. De los nervios salgo de forma precipitada del local. Horas después contemplo desde la calle que ese mismo televisor está puesto el segundo canal de TVE. Hasta las pantallas de plasma necesitan purgarse.

Televisión (bis). Se sienta frente al televisor, toma el mando y zapea. Joe, no hay nada en la tele, protesta. Pues... ¡apágala!

martes, agosto 16, 2011

Apuntes de verano (I)

Visita papal a España con parafernalia de macro(megaosea)festival de rock (in Rio) Vaticano. Nosotros VS Vosotros como previo de los fastos. La convicción de cada uno seguirá en su sitio y las provocaciones amplificadas a conveniencia. El Papa podrá decir como vicepresidente de la empresa (sólo Dios encima en el escalafón) lo que no puede como Jefe de Estado. Ventajas de la doble titulación.

Disturbios en Inglaterra. Cameron aprovecha la coyuntura para engordar el aparato represivo y adelgazar el social. El opositor Miliband dice: La avaricia, el egoísmo y la irresponsabilidad no son monopolio de los jóvenes de clase baja, sino que también han sido practicados por los banqueros que se han llevado millones mientras destrozaban los ahorros y planes de mucha gente. La diferencia, señor Miliband, es que la policía detiene a los jóvenes de clase baja y nada hace contra los banqueros. Si un joven es penado con seis meses de cárcel por robar botellas de agua por un valor de 4 €, ¿cuántos siglos corresponderían al estafador bancario?

En catalán. El cantaor catalán Miguel Poveda actúa dentro del marco del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Lo hace junto a su compañero de muchos años, el pianista Joan Albert Amargós. Noche espléndida (de calor) en un marco fantástico, el de la Alcazaba emeritense. El magnífico cantaor hace un largo preludio en el que habla de los valores del atrevimiento frente a la osadía y se manifiesta un tipo atrevido. Todo ello para justificar la interpretación en catalán de una copla de su repertorio en territorio extremeño. Canta y recibe el aplauso. ¿Exceso de tacto? Como me recuerda el escritor Antonio Muñoz Molina ya recibió abucheo en la Diada en Catalunya por la versión inversa: cantar en castellano. Paletos los hay por todas partes pero en pleno 2011 sabe rancio.

Derechos de autor. En un lugar de Castilla (y León), de cuyo nombre no logro acordarme, apareció el organizador de un concierto de Jazz con el preceptivo papel de la SGAE que se rellena con los temas y autores que van a ser interpretados. Se lo entrega al músico en los minutos previos a la actuación y le da otra hoja. En ella figuran los nombres de composiciones y autores que él ordena (ni siquiera lo pide como un favor) que figuren en el de la SGAE. Después, pon tú lo que quieras.

lunes, noviembre 22, 2010

De fondo

Trabajo con mi ordenador. Desde el salón me llega el sonido del informativo del primer canal de la televisión pública española. En él una de las noticias que se cuela entre el teclear de mis dedos es la del trigésimo quinto aniversario de la proclamación de Juan Carlos como rey de España. Presto curiosidad a las palabras del locutor durante el reportaje. En él todo son loas al papel de su mandato, a su intermediación y preocupación por las cuestiones ciudadanas. Se habla de su crucial intervención en el golpe de estado del 23 F. Se le escucha hablar contra el terrorismo de ETA. Incluso se permiten rescatar su interrupción al presidente de Venezuela, el famoso "¿por qué no te callas?". Todo es elogio y descripción aséptica en los minutos del Telediario. ¿Acaso no hay un solo pero, una mínima crítica? ¿Todo es aceptación de su función en este país? ¿Nada malo ha hecho en 35 años?

Cuando nos llama la atención el papel acrítico y el elogio incondicional a sus líderes de muchos medios de comunicación en otros países (más o menos democráticos), ¿somos conscientes de que en España también existe el periodismo genuflexo? ¿El panfletismo de la inviolabilidad monárquica?

domingo, noviembre 14, 2010

Libertad / Seguridad

Publica el diario La Vanguardia en su edición del domingo 14 de noviembre una entrevista con Alicia Sánchez-Chamacho, candidata por el Partido Popular en las elecciones a la Generalitat de Catalunya. Las preguntas las firman los escritores Quim Monzó y Sergi Pàmies. La última de ellas dice: Si la seguridad y la libertad entraran en conflicto, ¿cuál de las dos debería prevalecer? A lo que Sánchez-Camacho responde: La seguridad es la manera de garantizar nuestra libertad. Si hay inseguridad, no hay libertad.

Y yo me pregunto: ¿Acaso la libertad no implica riesgo? ¿Acaso la libertad no implica que, en ocasiones, pongamos en riesgo nuestra propia seguridad? ¿Existe la libertad sobre seguro? ¿Es garante la seguridad de nuestra libertad?

jueves, octubre 14, 2010

Cómo ser músico en España (Guía depresivo-descriptiva)

Ayer ya escribí algo al respecto motivado por la conversación que mantuve con el escritor Antonio Muñoz Molina emitida en el programa Club de Jazz de esta semana. Su opinión de que los proyectos y propuestas musicales deberían surgir de la iniciativa privada y mantenerse ajenos a la administración pública (por razones que se pueden escuchar en la entrevista) me ha despertado la curiosidad y el interés por conocer cómo es la realidad laboral de los músicos en este país y si es posible tal propósito. El resultado de tal indagación es que tal aspiración es plausible pero utópica hoy en España.

Javier Díez Ena, contrabajista del grupo Dead Capo, me ha hecho llegar un documento que detalla las características de la regulación francesa de lo que en Francia denominan los
Intermitentes. Técnicamente un intermitente es aquel que, en el transcurso de un periodo concreto, tiene una sucesión de contratos de duración determinada, por cuenta ajena y con varios empleadores, que se alternan con periodos de inactividad (burocráticamente no hay mejor descripción del oficio de artista). Y para estos intermitentes existe un régimen de cotización y protección social que, a grosso modo, ampara a los profesionales de las Artes ya que se entiende que su realidad es la de una actividad laboral de riego e inestable, fraccionada y precaria. Un estatuto que trata de garantizar los mínimos de supervivencia, derechos y obligaciones, de los artistas. La sola idea de un estatuto de estas características es un sueño (¿inalcanzable?) para los músicos en España.

¿Por qué es un sueño? Para empezar porque ni siquiera el músico es considerado un trabajador
en activo. ¿Qué opciones tiene el músico profesional (no miembro de una orquesta o banda funcionarial y siempre refiriéndome a intérpretes, no a profesionales de la enseñanza musical)?

A) sobrevivir a base de "bolos" pagados en dinero negro.

B) trabajar de cualquier cosa para poder tener un dinero estable y dedicar el resto del tiempo a la música.

C) darse de alta en autónomos.


La opción A) requeriría tener la fortuna de tocar casi todos los días del año de manera que el montante (negro) del dinero le diera a uno para vivir con dignidad. Claro, no se puede aspirar a coger un resfriado (aspiración que puede abrirte las puertas del descanso doméstico si tienes un contrato). Con la opción A) no hay cotización que valga y, por lo tanto, pensión futura. La opción B) es la más habitual. Los hay que trabajan en algo relacionado con la música (como dar clases) o de cualquier cosa (desde enterrador a telefonista pasando por todo oficio imaginable). ¿Y el tiempo para la creación? ¿Para la maduración de los proyectos? ¿Para conseguir que la escena ibérica - e insular - salga del tan criticado
amateurismo? Mucho pedir, claro. La opción C) requeriría tener unos ingresos garantizados para poder asumir los costes que la figura de autónomo suponen. O tienes una herencia detrás o una pareja dispuesta a la manutención pase lo que pase o difícilmente se puede ser autónomo y músico.

¿Hay subvenciones para la música en este país? Sí, claro. Dejando al margen el sustento público de orquestas sinfónicas nacionales, autonómicas y de barrio y de algunas bandas de música municipales y autonómicas (rock, jazz, pop, electrónica... también son música y la hacen músicos) existen puntuales subvenciones para proyectos. Eso significa que tienes que tener un proyecto concreto en marcha y presentarlo a un "concurso" en el que la administración decide a quién otorga la ayuda (con todo lo que de "aleatorio"... sí, bueno, dejémoslo en "aleatorio", tiene esto). Claro, es una ayuda puntual a un proyecto puntual. Pero la música no termina en lo puntual; muere para nacer con otra forma (o sea, otro proyecto, no el que consiguió, en el mejor de los casos, una subvención).


Momento experiencia personal: hace unos días tuve la suerte de tocar con Dead Capo, cuarteto madrileño compuesto por tres realidades B) y una A). La realidad A) exclamó con inmensa alegría un
¡así podré tener algo de dinero! en el momento en que uno de los B) le comunicó que había salido un bolo dentro de un mes. La realidad Capo de la suma de tres Bes (alguna, para más inri, muy precaria) y una A es que el grupo (en mi opinión), uno de los más prometedores hace ya siete u ocho años, uno de los más originales y transgresores del panorama patrio, apenas sale del reducto madrileño y sólo ha grabado un disco hasta la fecha. No es precisamente la idea que uno tiene de un grupo consolidado. Pero las circunstancias no permiten la consolidación.

Y así nace la tan ansiada y admirable iniciativa privada en la música. La que obliga a los grupos a pelear horas y horas por conseguir conciertos, cobrarlos en concepto de taquilla (tanto público viene, a tanto la entrada, tanto te llevarás... si pinchas no es nuestro problema, bastante que te ponemos el escenario) y tratar de atraer al público con una publicidad que nace del (no)presupuesto propio y sin poder acceder a los medios de difusión a los que sí acceden las multinacionales que tienen los medios para ello. Pero claro, ellos tienen a los que hacen la música que quiere el personal mayoritariamente. Será cuestión de ponerse a hacerla igual para que la multinacional te incorpore a su catálogo de clones edulcorados. Porque, ¿para qué sirve una escena rica y diversa?


Por último, y para quien quiera profundizar un poco más en las tripas de lo que hay, dejo el enlace a este manifiesto que redactaron dos de los Capos y
publicado en la revista Rock de Lux* a partir de la hilarante reunión de músicos con el presidente Zapatero en 2004, supuestamente para que conociera de primera mano la realidad de la música en este país.

*hágase click sobre la frase "publicado en la revista Rock de Lux"

sábado, octubre 02, 2010

La España de "The Wall Street Journal"

Son muchos los puntos para la opinión que se pueden extraer del video informativo sobre España que "The Wall Street Journal" ha colgado en su web. Un informe sobre la situación económica de España conformado por un batiburrillo de datos, opiniones (muy convenientemente elegidas y orientadas) y tópicos folclórico-festivos. Pero si uno obvia la orientación político/económico/ideológica de este medio, su intencionalidad en el contenido y se queda con la imagen que de España se puede llegar a tener en el exterior no es del todo desaprovechable este panfleto. Entre lineas hay mucha tela aprovechable:


viernes, octubre 01, 2010

De imagen

Un plano desde el fondo contrario de la cancha durante el partido España - Francia de Mundial de Baloncesto femenino desvela que las animadoras están preparadas para salir en el siguiente parón vestidas de torero. Es un cliché cada vez que un equipo español juega en cancha foránea.

Un día antes de este partido la agencia de calificación Moody´s rebaja la calificación de la deuda española. No entiendo de qué coño habla Moody´s pero los políticos y los medios dan mucha relevancia a la noticia. Y aunque no entiendo deduzco que la cosa va de imagen; de la confianza que un país merece en el exterior.

Consulto el diccionario y este traduce "Moody" como "de mal humor" o "deprimido", incluso "caprichoso". Es decir, nuestra imagen económica en el exterior depende de unos tipos que trabajan bajo el epígrafe del mal humor, la depresión y el capricho y que nos merecen la mayor de las consideraciones. El país preocupado por adular al monstruo financiero (la imagen impagable de Zapatero con los trajeados jefes de todo esto hace unos días en Nueva York) para no caer en el estado anímico que esconde su fundamento nominal. Mientras en la cancha de Karlovy Vary (República Checa) las animadoras están a punto de salir a bailar vestidas de torero al igual que hicieron en el Mundial masculino en Turquía o al igual que en cualquier partido en Rusia con Red foxes de por medio.

Y yo me pregunto: ¿qué es peor para la imagen y fiabilidad internacional de un país? ¿Que los 'malhumorados' nos rebajen la calificación de la deuda o que seamos un país de toreros a ojos de los demás?

PD: ¡Tremendo! La remontada épica con canasta forzando la prórroga de Amaya Valdemoro es, ya que estamos, una imagen ovarionuda para la promoción emocional de un país. Pero claro, ¿a quién habrá insultado hoy Mourinho? ¿Y Belén?

lunes, septiembre 27, 2010

Me pregunto

Se advierte de la inaceptable coacción de los 'piquetes informativos' sobre el derecho al trabajo en una jornada de huelga. ¿Quién advierte de la coacción del empleador que amenaza el derecho del empleado a hacer huelga con la amenaza de pérdida del empleo? Los 'piquetes' son visibles; se los puede fotografiar, grabar con una cámara... ¿Cómo se fotografía, se graba, la sutileza psicológica?

Se nos recuerda una y otra vez que las medidas económicas tomadas son inevitables, que no es posible la rectificación y que no la habrá aunque la jornada de huelga general fuera abrumadora en su participación. ¿Es inevitable? ¿No existen otras formas (válidas)? Parece que empresarios, grandes medios de comunicación (rama del sector 'empresarios') y políticos (con muchos intereses empresariales) procuraran suministrarnos la misma pastillita anestesiante para convencernos de que, ¿pa qué?

Se asegura que la clase obrera no existe; ya no existe tal masa laboral sino que se ha particularizado. Somos individuos, no un grupo. Con esa lógica carece de sentido la acción sindical y las condiciones laborales han de analizarse caso por caso; no pueden ser globales sino particulares. ¿Versión empresarial del divide y vencerás? Global o particular el individuo ya no es trabajador sino consumidor. Hay que revitalizar el consumo, dicen. Sin consumo no hay empleo. La lógica es perversa y reversible: sin empleo no hay consumo. Y la persona, ¿dónde queda en todo esto?

Free counter and web stats