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viernes, marzo 30, 2012

Polo(caco)fonía

(...) Ahora cantan La Internacional a mi izquierda y Deutschland über alles a mi derecha. Lo hacen a la vez, como si no fuera más razonable cantar una canción después de la otra. ¿Por qué no hay música, amigos? ¿Por qué a los políticos no les es dado cantar? ¿Por qué no se escuchan unos a otros? Podría ser que a ambos grupos les gustaran parcialmente ambas canciones. << En más de un aspecto >>, es verdad que Alemania está por encima de otros países. Y << según para qué >>, el internacionalismo no está nada mal. Nosotros los apolíticos sabemos qué le debemos al mundo y qué le hemos dado. ¿Por qué no lo saben los políticos? (...)
 
Joseph Roth / Un apolítico visita el Reichstag ("Crónicas Berlinesas" - Editorial Minúscula)

domingo, enero 01, 2012

Marcha Radetzky

En toda la división no había mejor banda militar que la del regimiento de infantería número 10 de W, pequeña capital del distrito, en Moravia. Su director era uno de aquellos músicos militares austriacos que, gracias a su buena memoria y a una especial capacidad para crear nuevas variaciones a partir de viejas melodías, se hallaban en condiciones de componer cada mes una marcha militar. Estas marchas se parecían entre sí como soldados. La mayoría de ellas empezaban con un redoble de tambor, pasaban después al ritmo acelerado del toque de retreta, al sonido estrepitoso de los agradables platillos y acababan con el retumbar del trueno del bombo, ese alegre y breve temporal de la música militar. Lo que distinguía especialmente al músico mayor Nechwal frente a sus colegas era su gran tenacidad para crear nuevas composiciones y el rigor, entre alegre y enérgico, con que dirigía los ensayos. La mala costumbre de otros músicos mayores de dejar que el sargento dirigiera la primera marcha y no decidirse a tomar la batuta hasta haber llegado al segundo punto del programa era, en opinión de Nechwal, un síntoma evidente de la decadencia de la real e imperial monarquía austriaca. (...) Todos los conciertos en la plaza - siempre bajo el balcón del señor jefe de distrito - se iniciaban con la marcha de Radetzky. A pesar de que los músicos dominaban esta composición hasta la saciedad y no tenían necesidad de dirección alguna, Nechwal consideraba que era menester leer todas las notas en la partitura. Y, como si ensayara por primera vez la marcha de Radetzky, todos los domingos, con absoluta meticulosidad militar y musical, erguía la frente, la batuta y la mirada y dirigía las tres hacia el segmento del círculo en cuyo centro se hallaba, y que en su opinión precisaba especialmente de sus órdenes.

Joseph Roth - "La Marcha Radetzky"

jueves, abril 29, 2010

La marcha Radetzky (Joseph Roth)

En aquel tiempo, antes de la gran guerra, cuando sucedían las cosas que aquí se cuentan, todavía tenía importancia que un hombre viviera o muriera. Cuando alguien desaparecía de la faz de la tierra, no era sustituido inmediatamente por otro, para que se olvidara al muerto, sino que quedaba un vacío donde él antes había estado, y los que habían sido testigos de su muerte callaban en cuanto percibían el hueco que había dejado. Si el fuego había devorado una casa en alguna calle, el lugar del incencio permanecía vacío por mucho tiempo, porque los albañiles trabajaban con lentitud y circunspección, y los vecinos, a los que pasaban casualmente por la calle, recordaban el aspecto y las paredes de la casa desaparecida al ver el solar vacío. ¡Así eran entonces las cosas! Todo cuanto crecía necesitaba mucho tiempo para crecer, y también era necesario mucho tiempo para olvidar todo lo que desaparecía. Pero todo lo que había existido dejaba sus huellas y en aquel tiempo se vivía de los recuerdos de la misma forma que hoy se vive de la capacidad para olvidar rápida y profundamente. (...)

Joseph Roth - La marcha Radetzky - 1932

lunes, abril 19, 2010

El triunfo de la belleza (Joseph Roth)

(...) Me di cuenta de que no era muy feliz. Le propuse dar un paseo. Sé que las cosas que callamos nos resulta más fácil expresarlas caminando que estando sentados. No tiene uno que decirlas a los ojos. Tanto el que habla como el que escucha van mirando al suelo. A veces una calle ruidosa libera el corazón de un ser humano tanto como el alcohol. O incluso, si usted quiere, como esos tranquilos rincones en las iglesias en los que por lo general aguarda el confesionario. De modo que nos fuimos a dar un paseo. (...)

(...) ¿Qué le pasaba realmente? Sólo Dios puede saberlo. Él fue quien creó a Eva. Un ginecólogo rara vez sabe lo que le ocurre a una mujer. (...)

Joseph Roth - El triunfo de la belleza - 1934

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