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viernes, junio 14, 2013

Cinco años sin Esbjörn Svensson

Magnus Öström, Esbjörn Svensson y Dan Berglund (Foto: Tobias Regell)

Su música orbitaba en la ingravidez pero podía pesar como una roca cuando el bajista electrificaba su sonido, el baterista endurecía la pegada o el pianista recorría el teclado como si le fuera la vida en ello. Fue (posiblemente) el trío de jazz europeo más popular de la pasada década y un accidente de buceo nos dejó sin él. Se cumplen cinco años de la muerte del pianista sueco Esbjörn Svensson. Tenía 44 años. Con él se acabó la historia de E.S.T. (Esbjörn Svensson Trio), el inolvidable grupo que formó junto a Magnus Öström (batería) y Dan Berglund (contrabajo).

La historia de E.S.T. se remonta a la amistad de infancia entre Svensson y Öström. Jugaban como lo haría cualquier niño, pero también con la música. “Ni él ni yo teníamos un profesor, así que hacíamos sesiones de ensayo-error en el salón de la casa de Esbjörn, donde su madre tenía un piano”, recuerda Öström. Con apenas once años ya escribían sus primeras canciones. Svensson se lo tomaba muy en serio (“hacía las cosas, como mínimo, al 100%”), hasta el punto de que en una ocasión, en la que Magnus prefirió quedarse en casa jugando con su coche teledirigido en vez de ir al ensayo, el pianista le despidió del grupo: “Por fortuna no pudo encontrar un baterista mejor, así que tuve que volver después de una semana”, recuerda Öström entre risas.


Y escucha el especial Club de Jazz con las entrevistas completas a Magnus Öström y Dan Berglund.


martes, mayo 08, 2012

E.S.T. (Esbjörn Svensson Trio) - "301"


Casi cuatro años después de la muerte del pianista sueco Esbjörn Svensson, del más allá llega oxígeno para seguir respirando en el cada vez más irrespirable más acá. La dolorosa pérdida de Svensson, su ahogamiento en junio de 2008 en prácticas de buceo, interrumpió la trayectoria creativa de un trío que había logrado el don de la distinción con un formato tan estandarizado. La capacidad de hacerse reconocible es una característica innegable y valiosísima de este grupo de suecos, que se convirtió en estandarte del sello alemán ACT. Ahora que Svensson ya no está, y tras el brutal impacto del póstumo Leucocyte - que nos permitió adivinar tantas posibilidades ya frustradas -, nos llega la continuación de aquél, más material de las sesiones grabadas en el estudio 301 de la ciudad australiana de Sídney.

La historia es conocida: En enero de 2007, en plena gira, el grupo alquiló el estudio australiano por un par de jornadas para tocar de forma informal, sin material previo, improvisando y experimentando libremente. La discográfica dice que son nueve las horas registradas (¿habrá más ediciones o prevalecerá un criterio de juiciosa selección?). La naturaleza de estas sesiones improvisadas, donde se proponen caminos que luego los demás tratan de retomar, donde surgen nuevas formas imprevistas en sus desarrollos, lleva a que los temas alcancen una longitud temporal que rara vez admiten las ediciones discográficas, incluso jazzísticas. Por eso varios temas superan con claridad los diez minutos, y los que no lo hacen no dejan de ser particiones nominales de una misma unidad improvisada. Ya sucedía en Leucocyte y se confirma en 301, que confirma igualmente el lado oscuro de la música de E.S.T., una expresión mucho más árida que la pulida y etérea que lo caracterizó. Una densidad y contundencia que proceden de su filiación roquera y, sin embargo, tan innegable y profundamente jazzística. Especialmente en Three falling free Part II, que continúa la senda de Premonition: Earth o Ab Initio de Leucocyte, con una explosividad guitarrera del contrabajo distorsionado de Berglund sustentado por una poderosa exhibición de Öström y la grandilocuencia e insistencia en los acordes de Svensson (básicamente un sencillo motivo melódico descendente, punto de partida de la orgía posterior). Pura adrenalina y descarga emocional en la que confluye la progresividad del jazz del trío (hay fraseo de solos, no sólo reiteración rítmica) con la intensidad exultante del mejor rock, en un in crescendo hacia el delirio.

Si ya en los tiempos de From Gagarin´s point of view (1999) el trío se regocijaba en las atmósferas más estáticas, en los espacios abiertos - donde en apariencia nada se mueve -, aquí Inner city, city lights se convierte en eco extremo de aquellas estéticas cósmicas que lo caracterizaron. Casi doce minutos donde un fondo monótono (un engendro vocal y electrónico), que si acaso se hace más presente conforme pasan los lentos minutos, genera el escenario y determina sensorialmente la percepción, la vivencia emocional de un tema que, al desnudo, sería balada y que, con ese continuo, se convierte en un desasosegante y sereno (no hay contradicción en los términos) paseo espacial por la memoria, que enlaza con los Ad mortem y Ad infinitum de su predecesor.

Hay también espacio en este 301 para la versión acústica del trío, ya sea en el paradigmático The left lane (una de las marcas de la casa: temas sujetos a un rápido tempo donde se desarrolla poco a poco la velocidad melódica de la mano derecha de Svensson sobre un grueso contrabajo a modo de continuo de insistentes riffs melódicos y/o rítmicos, y la batería intensificándose a cada paso) o en el baladístico y jarrettiano cierre de The childhood dream (quizá en su niñez Svensson soñaba con ser Keith Jarrett, tal y como también se intuye en el espíritu de Paul Motian que pulula por el descosido Three falling free, Part I). Pero si algo revalorizaba Leucocyte, y ahora este 301, es la cara oculta del trío, la negritud inquietante de Houston, The 5th, una masa sometida al campo electromagnético que en Leucocyte dolía emocionalmente y que aquí resuena como cola de aquel cometa en el que viajaba Svensson hacia el infinito. De ese infinito procede esta segunda edición post-mortem de E.S.T. Del futuro intuido y frustrado y, sin embargo, oxígeno y fuerza vital para el presente.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

jueves, octubre 16, 2008

Nanas para Ander

Tumbado a mi lado dormía la siesta. Yo mientras grababa una nueva edición de Sonidos... del Mundo de la Música. La música debía estar a la altura de sus sueños, de su paz y su descanso, así que así ha nacido uno de los programas más deliciosos de la corta historia de este programa. Os invito a escucharlo con los ojos cerrados, como si tuvierais dos meses y unos días y soñarais con un buen trago de leche materna.

La propietaria de la leche materna de Ander ha sido dobladora y traductora de la entrevista con el baterista Magnus Öström (E.S.T.) que está disponible en la edición del 15 de Octubre de Club de Jazz y que, ya que estamos, aprovecho para anunciar por aquí.

martes, septiembre 09, 2008

E.S.T. "Leucocyte" (disco póstumo)

Punto y final. Con el lanzamiento de Leucocyte (Leucocito) el trío sueco E.S.T. dice adiós a sus seguidores repartidos por medio mundo. La muerte en junio de 2008 de Esbjörn Svensson nos ha birlado la posibilidad de seguir acompañando a este trío que culmina con un disco póstumo una fascinante biografía de quince años que, a excepción del inicial When everyone has gone (Dragon Records) de 1993, está documentada por completo en el sello alemán ACT.

Doce discos y un DVD nos han permitido asistir a la evolución estética del trío que siempre, salvo su disco dedicado a la música de Thelonius Monk (Plays Monk – ACT 1996) y de una versión de Stella by Starlight en el primero, ha trabajado con material propio. Y ya desde sus primeros pasos se ha expresado en su propio idioma, obviamente dialecto de otros muchos, siempre reconocible e inconfundible, que les ha abierto puertas internacionales poco conocidas para los músicos de Jazz del viejo continente. Y eso, aparte de por cuestiones de mercadotecnia que se me escapan, es lo que les ha hecho trascender las fronteras de su país, de Europa y de los oídos de los aficionados a la música. Entre sus seguidores figuran amantes del Jazz, la Música Electrónica, el Rock, la “Clásica” e incluso aficionados a la música en general (aquellos que así se definen – “me gusta de todo” - y apenas conocen más allá de lo que programan las radiofórmulas pop). Aun así conviene no perder la perspectiva del tipo de difusión y número de aficionados del que hablo; masivos para lo acostumbrado en el gremio, claro.

Desde el momento mismo de la muerte de Esbjörn Svensson en accidente de submarinismo en una isla cercana a Estocolmo (el 14 de junio) se nos hizo saber que en septiembre iba a aparecer el que se convertía de manera irremediable en disco póstumo del grupo. Golpeados por la muerte de un icono de los tiempos que corren se despertó una curiosidad dolorida por conocer el contenido de esa última grabación, del This is the end (que cantaban los Doors). La espera (que casi siempre tiene un final, pero sigue siendo espera en todo caso) ha sido acompañada de opiniones que reflejan un amplio consenso sobre las virtudes y defectos de E.S.T., sobre su estética definida por una querencia roquera con ciertos toques electrónicos (siempre presentes pero nunca excesivos), atmósfera plenamente jazzística y etérea (su música parecía a veces flotar en el cosmos) además de un acentuado sentido melódico. ¿Había dado la “fórmula” todo lo que podía dar de sí?

Esa pregunta no tendrá nunca respuesta aunque no dudo de que surgirán todo tipo de especulaciones y, sobre todo, intentos de retomar el camino por parte de músicos que han crecido escuchándoles. Sin embargo este epílogo que es Leucocyte nos envía un mensaje que todos deberíamos tener en cuenta cuando hablemos del trío: creían en el más allá. Porque ese es el resultado final de este disco con nombre de glóbulo blanco; que E.S.T. no se conformaba y buscaba y se preguntaba qué más podemos decir juntos; porque ese es también un riesgo de quienes permanecen invariablemente juntos, que puede llegar un día en el que no haya más que decir o, al menos, que no se sepa cómo.

Dice la historia del grupo que cuando estaban de gira a menudo alquilaban una sala de grabación para encerrarse y tocar por el placer de tocar, sin material previamente establecido, es decir, para libre improvisar. Y que de esos ejercicios de libre improvisación surgían ideas y nuevos caminos para la música de E.S.T.. Leucocyte es el resultado de una de esas sesiones, en esta ocasión durante una gira por Australia en 2007, mezclada posteriormente en unos estudios de grabación en Suecia. Por experiencia propia sé que estas sesiones pueden ser purgantes, catárticas; de ellas llegan a surgir momentos de una intensidad incomparable a la de cualquier otra manifestación musical; son posiblemente una de las maneras más sinceras de expresión del alma del músico y una de las mejores vías para conocer a los compañeros. Estas sesiones tienen también una contrapartida: lo que de ellas surge no siempre es válido (aunque la validez o no es algo tremendamente discutible). Suelen tener más valor para el que las practica que para el oyente y en la mayoría de las veces prevalece la necesidad de la búsqueda que el logro de una meta.

En el caso de Leucocyte hay un trabajo de mezclas y producción posterior que es probable que contamine el espíritu natural de un ejercicio así aunque como oyentes nos sirve para indagar en las entrañas creativas de los tres. Sirve para comprobar cómo a pesar de que se libre improvise el músico tiende a expresarse a través de aquello que conoce y domina; intangibles que proporcionan seguridad y de los que cuesta desprenderse. Por eso el material que nos presentan en este disco no supone una ruptura respecto al resto de la trayectoria de E.S.T. pero sí es diferente. Diferente porque el sonido se recrudece, la arquitectura de la música es menos estricta y, finalmente, el resultado es de una crudeza inusual en su discografía. Y no me refiero a la contundencia roquera, ni a las distorsiones y efectos electrónicos (más presentes que nunca) sino a la crudeza de una música desprovista en muchos momentos de la amabilidad melódica o de las armonías consonantes de otros trabajos. Hay minutos muy próximos a toda esa estética que nos deja en el imaginario el trío sueco pero también largos minutos de absoluto desgarro que, en mi experiencia durante la escucha, no son los más potentes en volumen y energía (por ejemplo los de la suite Premonition con una contundencia percusiva bélica) sino aquellos en los que más de manifiesto se pone el ánimo de experimentación nada concesivo y que en el caso del tercer y cuarto movimiento de la suite que da título al disco, Ad Mortem y Ad Infinitum, son de una belleza hiriente (al menos algo cruje en mi interior cada vez que los escucho, y van unas cuantas veces).

Puede que con el tiempo vayan surgiendo nuevas ediciones con material de conciertos o inéditos de estudio pero hasta aquí lo que se daba. Como cierre de su carrera este disco puede desconcertar a algunos (si bien en algunas de las pistas fantasmas de sus discos más afamados habían destilado querencia por estas sonoridades más experimentales) pero también confortar a quienes disfrutamos con ellos y creíamos en su capacidad para seguir reinventando el estilo E.S.T.. Un estilo con copyright de Esbjörn Svensson, Magnus Öström y Dan Berglund. Y al escribir los nombres de Dan y Magnus me surge una pregunta: ¿Y ahora qué? Ojalá tengan una prolongada y fructífera vida musical en esta nueva (y forzosa) singladura porque, de momento, la de E.S.T. ha llegado a su punto y final.

Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente en
http://www.elclubdejazz.com/discos/est_leucocyte.html

lunes, junio 16, 2008

En la muerte de Esbjörn Svensson

Acabo de leer, y todavía no me lo creo, que el pianista Esbjorn Svensson ha fallecido a los 44 años de edad. Parece ser que fue el pasado sábado buceando. Claro que no me lo creo, porque lo último que uno espera de la muerte es que exista. Pero en sucesos así se reivindica y recuerda. Existe y es para cualquiera de los vivos.

En dos ocasiones he tenido oportunidad de hablar con él. La primera fue en 2001 y la segunda en 2003. En ambos casos en el Festival de Jazz de Vitoria - Gasteiz. A la primera ocasión corresponde la foto que se puede ver encima de estas letras. Por las polvorientas estanterías de mi casa tiene que estar el CD con la conversación. Fue entonces en los camerinos del Teatro Principal con los tres músicos del trío. Sencillos, encantadores y muy educados (suele ser una excepción). Cuando vuelva a mi casa-estudio la buscaré (ahora me encuentro lejos, unos cientos de kilómetros lejos). La segunda ocasión tuvo lugar en el Polideportivo de Mendizorrotza en 2003. Entonces mucho menos íntima y sólo con Esbjorn. A pesar de ser más conocido su amabilidad y educación estaban intactas. Hizo lo que ninguno, se acercó hasta mí. Nadie lo ha hecho en mis años de periodista en el Festival en un recinto donde, al contrario que en el Teatro, no se podía tener contacto con los músicos. De esa conversación si tengo el documento:
http://www.elclubdejazz.com/vocesdejazz/audios/svensson_esbjorn_jazzvitoria_2003.mp3

Siete años han pasado desde que particularmente descubriera a este pianista y su trío (E.S.T.) y hasta la fecha no he logrado desengancharme. Aunque se hablara de Rock e incluso de Pop sus directos eran de lo más convincente que uno ha escuchado en años de escuchar Jazz. Y si su música era Jazz con Rock y Pop desde luego han sido los más creíbles en tiempos de "moda" de grupos y grupos con esa pátina. Y, sobre todo, tenían personalidad y un sonido inconfundible (¡qué difícil es poder decir eso!).


Recuerdo con mucho agrado también las grabaciones a dúo de Svensson con el trombonista Nils Landgren. Pequeñas joyitas de Jazz sobre el Folk nórdico. De hecho, de las pocas cosas que me han convencido de este trombonista más próximo al Funky (al menos, en lo que yo he conocido).

El próximo "Club de Jazz" no llega a tiempo de recoger esta triste noticia para quienes amamos su música así que tiempo habrá en el siguiente (a partir del 25 de junio) y en nuestro verano radiofónico para disfrutar una vez más de su música. De momento conste este comentario, la recuperada entrevista y las reseñas publicadas en la web sobre su música:


http://www.elclubdejazz.com/discos/est_viaticum.html


http://www.elclubdejazz.com/discos/est_seven_days_falling.html

Actuación en el Festival de Vitoria - Gasteiz el 18 de Julio de 2008:
http://www.elclubdejazz.com/conciertos/jazzvitoria_2003_18.html

La vida es imprevisible, incluso a corto plazo.
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