Busca en "Carlos Crece"

Mostrando entradas con la etiqueta video. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta video. Mostrar todas las entradas

lunes, junio 02, 2014

Lucía Martínez - "De viento y de sal"


Hay belleza que sólo ilumina la nostalgia, hija de la distancia. Hay distancias insalvables, distancias que nos salvan, océanos de distancia y mil lágrimas derramadas. Hay casas en el exilio y exilios que son como una casa. Hay kilómetros, miles de kilómetros, asfaltados con sal, con lágrimas que marcan un camino que es de ida y vuelta, de vuelta e ida, porque la distancia no es el olvido, es recuerdo en construcción. A casa siempre se vuelve y de casa siempre se va. Por tierra, por mar, por aire… por música. 

Hay nostalgias febriles, enfermas de distancia. Nostalgia de luz, de mar, de olores y sabores. Hay voces y acentos que, cuanto más lejos, más propios, más íntimos, más dulces, más yo. Hay luz atlántica bajo las nubes, olas que rompen a miles de kilómetros y mecen sueños, olores que aturden, sabores que bañan de sal las mejillas, voces que despiertan anhelos, acentos que devuelven, como el eco del valle, algo de uno mismo, que siempre es más propio cuanto más lejos está. 

Hay milagros de la distancia, músicas que la acortan y liberan de peso a la nostalgia. Músicas que son palabras, palabras compuestas de notas que son poemas, versos de un alma que es sincera y se sincera, que mira adentro. Ahí está la luz, hay vida, pequeñas virutas de una pureza tan sensible que Lucía Martínez vuelca y dispersa como corcheas de sal sobre el papel pautado. Y sopla el viento y la música se mueve y nos conmueve, se hace nuestra siendo tan suya. Su nostalgia tiende puentes hacia nuestra felicidad.

Carlos Pérez Cruz (texto incluido en el libreto del disco)


martes, octubre 29, 2013

Sheila Blanco, corazón negro.



Los separa, entona y no hay duda: su corazón tiene que ser como el abismo que se abre entre sus labios. Sabe vocalizar, ¡qué duda cabe!, pero lo más importante de Sheila Blanco no es lo que sabe ni el nítido perfil de cada sílaba. Lo importante, lo más hermoso, es que ese abismo bombea sin cesar. Eso sí, si ella fuera coro de ópera, no haría falta luminoso para descifrar las letras. Se le trasparentan las palabras.

Sheila Blanco es transparente Su pasión no sabe jugar al escondite. No puede ocultarse bajo el velo actoral que usa todo cantante. Actúa, claro, pero aunque tenga que defender una emoción y al minuto siguiente la contraria, no hay truco: detrás del velo es ella. Ni se percibe, es el brillo de su belleza natural. Sheila Blanco es auténtica.

Sheila Blanco es universal porque a su pasión le queda pequeña una casa. Ella canta y le llena de blues las venas al mundo, “es lo que hay”. Cambió las palabras del periodismo por letras de canciones y se dejó caer en los inhóspitos brazos de la música. Pura enajenación mental. Tranquiliza saber que no es transitoria. Sheila ha venido para quedarse. Lo suyo no tiene solución porque “es la conciencia llamando a tu puerta” la que le dijo: Sheila, “que tienes que crear, que has de aprovechar lo bien que se te da”. Y quien habla con su conciencia está perdido, through the light in the night.

“Qui-chí qui-chí qui-chí qui-chá”, gotas de notas le bailaban en la lengua. Sheila las abrazó en el albornoz de esa ‘Chica Blues’ de corazón negro y piel nieve. Cazadora blanca de historias, corazón negro capaz de bailar un tango. ¡Ah, ladrona!, cómo sabes dejarnos locos de atar.

Loco: Carlos Pérez Cruz

domingo, mayo 19, 2013

Aly Bain & Phil Cunningham, historia de una feliz regresión

Anoche viví una feliz coincidencia. A la misma hora en que yo actuaba en una de las salas del Auditorio Baluarte de Pamplona, en otra lo hacía el dúo de los escoceses Aly Bain y Phil Cunningham. ¡Qué regresión! Fue como volver a mi adolescencia, a los años en que fui conformando mi gusto musical, a los primeros pasos de un camino que, por fortuna, todavía no atisba la meta.

Aly Bain y Phil Cunningham forman parte de la amplísima nómina de músicos que tuve la fortuna de descubrir en los tiempos en que a diario, y como una ineludible obligación devota, encendía Radio 3 a las tres de la tarde para escuchar los Diálogos 3 de Ramón Trecet. Años en que sentí la felicidad de descubrir a músicos como Alasdair Fraser (uno de cuyos discos adjunté como carta de amor... fracasado) o grupos como Hedningarna (su música sigue siendo una de las mejores drogas alucinatorias). Años de viajes al Teatro Barakaldo para escuchar a los suecos o a la estupenda La Bottine Souriante de Quebec... ¡Qué recuerdos!

Cuando acabó mi prueba de sonido, corrí por los pasillos del auditorio para buscar a estos veteranos de la música escocesa. Fui con un disco de ellos del año 97 bajo el brazo y me llevé la firma y unas buenas risas. Cunningham ya no es ese mozo de recia melena y aspecto de Braveheart escocés pero es ciertamente un tipo afable y divertido que posó conmigo para una foto a la que sumó a una mujer (¿su mujer?) con la que conversaba vía Skype en el móvil (y a la que mostró entre risas la copia que llevaba de ese The Ruby del año 97). Después encontré a Aly Bain quien, como quien hace una confidencia, me reconocía que, al igual que yo anoche, también que tenía que tocar a veces ciertas cosas por aquello de que hay que comer.


Acabado mi concierto, volví a correr por los pasillos de camerinos y me acerqué a su sala. Tuve la fortuna de escuchar los últimos minutos de su concierto casi como un espía, escondido entre los telares del escenario, disfrutando como un enano de una música que, en su sencillez y tradición, sigue conservando la cualidad de hacernos levitar con los pies en la tierra.


martes, marzo 19, 2013

La mbira africana, en manos de Digital Primitives



Digital Primitives (Cooper Moore- Assif Tsahar - Chad Taylor) en concierto el pasado miércoles 6 de marzo de 2013 en el Centro Cultural 'El Matadero' de Huesca. Muy pronto, entrevista y concierto íntegro en www.elclubdejazz.com

viernes, marzo 15, 2013

El amor, según Digital Primitives



Digital Primitives (Cooper Moore- Assif Tsahar - Chad Taylor) en concierto el pasado miércoles 6 de marzo de 2013 en el Centro Cultural 'El Matadero' de Huesca. Muy pronto, entrevista y concierto íntegro en www.elclubdejazz.com

viernes, marzo 08, 2013

USAmérica, según Digital Primitives


América, has tocado techo.
América, tu tiempo ha pasado.
América, todas las mentiras que has dicho.
América, ¿piensas en las vidas que has robado?

Digital Primitives (Cooper Moore- Assif Tsahar - Chad Taylor) en concierto el pasado miércoles 6 de marzo de 2013 en el Centro Cultural 'El Matadero' de Huesca. Muy pronto, entrevista y concierto íntegro en www.elclubdejazz.com

lunes, enero 14, 2013

It´s snowing on my trumpet

El escenario

El músico
La consecuencia


Y si arriba nevaba, abajo goteaba


domingo, octubre 28, 2012

Han Bennink - Festival Periferias 13.0 (Huesca, 27/10/2012)

Un sólo golpe bastará… para acallarlos. Directo de baqueta a la caja y - después del susto de algunos espectadores todavía a lo suyo - silencio en la sala. Han Bennink o de cómo ser y sentirse un chiquillo en escena pero con el control de la veteranía, que en su caso es de pedigrí. Pionero de la improvisación europea (aunque rechace con desdén tal calificativo), el baterista holandés apenas necesitó unos minutos para deshacer lo que el equipo técnico de ‘El Matadero’ le tenía preparado (¡fuera micros!) y apenas treinta y cinco de actuación para quedarse con el respetable. En pequeñas dosis, sin grandes aspavientos aunque con contundencia.


Han Bennink
© Jesús Moreno

Al primer golpe seco y directo a la yugular auditiva le siguieron unos cuantos más. Entre unos y otros fue hilando pequeñas historias a las que puso hilo melódico: en algún caso con su silbido (Cherokee), a gritos (Salt peanuts! Salt peanuts!) o canturreando (sin identificar por mi disco duro mental). Es probable que en su cabeza sonara una banda subida a lomos de su batería, aunque para el espectador es suficiente con la pegada. Lo que a priori puede parecer una presencia coja (la falta de referentes melódicos y armónicos) se convierte en manos de Bennink en una incitación al despertar de la imaginación (qué mayor interacción que esa, hoy que tanto parece denostarse la pasividad tradicional de la figura del oyente y en que todo ha de ser interactivo) y en un admirable ejercicio de sutilezas técnicas (la baqueta golpeando otra baqueta, mientras el rebote de ésta sobre la caja genera contrapunto rítmico) y de ingenio (golpea una baqueta introducida parcialmente dentro de la boca que, al variar su gesto, produce diferentes resonancias).



Setenta años y una figura inmensa que Han Bennink flexiona como si tal cosa. Lo mismo eleva un pie y lo apoya en la caja (como elemento de presión del parche) que se sienta en el suelo con las piernas abiertas. Todo es percutible (su currículo así lo defiende). Aunque su actuación oscense fue comedida en presumibles heterodoxias, demostró cómo hasta los zapatos pueden recibir con gracia los golpes de baqueta y cómo el cuerpo se acciona por completo para crear un todo rítmico que combina la habilidad tradicional del baterista con la peculiaridad de unos pies que en su movimiento generan pulso, contratiempo y riqueza tímbrica en su golpeo del suelo.

La actuación de Han Bennink abrió sesión triple en la programación vespertina del Festival Periferias, edición dedicada este año a la Nueva Comedia. Aunque no es un comediante, Bennink pertenece a esa escena holandesa de improvisación surgida en los años sesenta no exenta de (buen) humor. ¿Es humorística su acción sobre el escenario? No lo creo. Y sin embargo al espectador se le dibuja una sonrisa y, en ocasiones, se le despierta la risa. Simplemente porque Bennink carece de complejos y su desinhibición abate los nuestros. El holandés mantiene activo ese juego que debería ser la vida: lleno de curiosidad para probar, errar y, a veces, acertar. Como el que le llevó a intentar hacer rebotar baquetas en el suelo para cazarlas al vuelo. No era una excentricidad, sino un complemento para llevar al terreno de lo visual el juego rítmico de la música.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com


Han Bennink y Jesús Moreno
© Carlos Pérez Cruz

jueves, julio 12, 2012

Músicos callejeros

Como con la lectura entre líneas, en los sanfermines de Pamplona uno puede llegar a encontrar, dentro del discurso grosero y el hedor auditivo generalizado (y nasal, por supuesto), líneas de belleza que se cuelan en los párrafos más prosaicos y vulgares de la fiesta. En la calle de La Chapitela, en pleno epicentro del deambular de almas más o menos conscientes, un guitarrista me ha llamado la atención estos días de exceso del mal gusto y de elogio de la zafiedad. Hoy me he acercado a su paciente acompañante para charlar y llevarme un disco para casa. Él es polaco. Guitarrista. Su nombre Michat Zygmunt. Y hace tan sólo unos días tocaba en un escenario digno:

domingo, enero 01, 2012

Marcha Radetzky

En toda la división no había mejor banda militar que la del regimiento de infantería número 10 de W, pequeña capital del distrito, en Moravia. Su director era uno de aquellos músicos militares austriacos que, gracias a su buena memoria y a una especial capacidad para crear nuevas variaciones a partir de viejas melodías, se hallaban en condiciones de componer cada mes una marcha militar. Estas marchas se parecían entre sí como soldados. La mayoría de ellas empezaban con un redoble de tambor, pasaban después al ritmo acelerado del toque de retreta, al sonido estrepitoso de los agradables platillos y acababan con el retumbar del trueno del bombo, ese alegre y breve temporal de la música militar. Lo que distinguía especialmente al músico mayor Nechwal frente a sus colegas era su gran tenacidad para crear nuevas composiciones y el rigor, entre alegre y enérgico, con que dirigía los ensayos. La mala costumbre de otros músicos mayores de dejar que el sargento dirigiera la primera marcha y no decidirse a tomar la batuta hasta haber llegado al segundo punto del programa era, en opinión de Nechwal, un síntoma evidente de la decadencia de la real e imperial monarquía austriaca. (...) Todos los conciertos en la plaza - siempre bajo el balcón del señor jefe de distrito - se iniciaban con la marcha de Radetzky. A pesar de que los músicos dominaban esta composición hasta la saciedad y no tenían necesidad de dirección alguna, Nechwal consideraba que era menester leer todas las notas en la partitura. Y, como si ensayara por primera vez la marcha de Radetzky, todos los domingos, con absoluta meticulosidad militar y musical, erguía la frente, la batuta y la mirada y dirigía las tres hacia el segmento del círculo en cuyo centro se hallaba, y que en su opinión precisaba especialmente de sus órdenes.

Joseph Roth - "La Marcha Radetzky"

domingo, diciembre 25, 2011

Dos años sin Vic Chesnutt


Se cumplen dos años de la muerte de Vic Chesnutt. El 25 de diciembre de 2009 se suicidó. No sé si en la fecha hay un motivo de causa – efecto; es decir, que le resultara francamente insufrible la hipocresía que supura tal impostura. Probablemente no sea más que esa cosa tan evanescente que llamamos azar. No lo sé, y no lo puedo saber. Pero ya que puso fin a su vida, y que no creo en la casualidad de su decisión (sí en la causalidad), parece una fecha francamente incómoda, una tocada de bolas, una mancha de sangre en la blancura del paisaje imaginario del día de Navidad. Vic Chestnutt es al 25 de diciembre lo que un rastafari a la mesa de Nochebuena de una familia de bien; lo que un librepensador a un coro de aduladores. Vamos, un incordio. No creo a nadie se le vayan a atragantar los turrones de la Nochebuena por el recuerdo de su muerte, pero que al menos alguien brinde por su vida, que por su muerte ya brindó el sistema.

En su día ya relaté los avatares médicos de Chesnutt, también cómo conocí su existencia después de muerto. Lo primero fue consecuencia de una sociedad que ha asumido (sí, a pesar de algunas molestas ocupaciones del espacio público, la sociedad ha asumido) que así es la vida, que el que tiene la suerte de que la bolita le toque, bien por él, y que el resto allá se las apañe. Que antes está el juego que los jugadores (voluntarios e involuntarios) de ese gran Monopoly que no tiene ni puta gracia. Lo segundo fue una (mala) suerte que debo al gran Jem Cohen (que me lo presentó en su bellísima e inteligente Evening´s civil twilight in empires of tin) y que me acercó más que cualquier día de todos los santos al cementerio de los caídos en la batalla de la verdad. Mi relación con él empezó con él muerto, sin más posibilidad que la de invocar su espíritu musical (no hay güija que valga, ni merece que le jodan el sueño eterno). No hay mes del año en que no lo escuche en alguna ocasión, como ahora que escribo, con su acongojante North Star Deserter desvastándome.

No quería faltar a mi cita anual (y voluntaria) con el recuerdo fatal de su muerte, con la evocación del músico que más ha quebrado la arquitectura de mi alma. No hay otro homenaje posible al músico desaparecido que la invocación de su música, que la reactivación de las frecuencias abrasivas de su lírica hiriente. Y en ello estoy. Ajeno a la estupidez institucionalizada, ajeno a la farándula y a los aplausos de regidor, ajeno a los supuestos que dirigen nuestros pasos allá donde no quieren estar. Camino con mis zapatos de domingo puestos hacia el único portal de adoración que hoy me importa: el de la verdad. Por dolorosa que esta sea. Gracias, Vic. Los que van a morir, te saludan.

© Carlos Pérez Cruz

MARATHON*

tareas pendientes apuntadas en un bloc de notas amarillo
nudos de corbata Windsor azul enmarcada por un negro básico
mesas resplandecientes
enormes bosques de platos desechables
soportando el peso del mundo
mina poco a poco tu fuerza.

preparándote para correr una maratón
millas y millas y millas
con tus zapatos de domingo puestos
preparándote para correr una maratón
millas y millas y millas
con tus zapatos de vestir puestos.

pero todos tus sueños recurrentes
irán a más y después se consumirán y terminarán
las lagrimas se evaporan
pero oh, tan lentamente como el pis en el inodoro.

preparándote para correr una maratón
millas y millas y millas
con tus zapatos de domingo puestos
preparándote para correr una maratón
millas y millas y millas
con tus zapatos de vestir puestos.


PD: Hay que tener menos sensibilidad que la mano de un pelotari, menos alma que Merkozy. Hace falta ser gilipollas de espíritu para cotorrear mientras te roban el alma con un tema así. Cuánta estupidez con aspecto humano, ¡pardiez!

* La traducción del tema es de cosecha propia. Pido disculpas por los posibles errores.

miércoles, septiembre 21, 2011

Educación pública

En plena campaña por desacreditar (y deshidratar) la educación pública no está de más escuchar la intervención de Ana Noguera, diputada por el Partido Socialista en las Cortes valencianas. Descripción valenciana de proyección nacional. Recomendable el pañuelo a mano para secar las lágrimas:

viernes, abril 01, 2011

Aquéllo que llaman crisis... 'porqués' y 'cómos'

O de cómo entender rápidamente las hojas salmón del periódico del domingo o, dicho de otra manera, entrar en profunda depresión (¡y sin necesidad de Wikileaks!):


viernes, diciembre 31, 2010

El cante jondo de los alminares



Desde la costa del Mar Negro en el Norte hasta la frontera con Siria e Iraq en el Sur la voz del almúedano resuena en cada rincón de las grandes ciudades y de las más insignificantes aldeas turcas (y kurdas) Los alminares de las miles de mezquitas son postes repetidores de la oración y los preceptos del buen musulmán. Desde Trebisonda (en la costa del Mar Negro) hasta Mardin (junto a la frontera con Siria e Iraq) este cante jondo de la fe musulmana acompañó nuestro viaje día, noche y madrugada.

sábado, diciembre 25, 2010

Un año sin Vic Chesnutt



Hoy se cumple un año de la muerte de Vic Chesnutt. Desde que lo descubrí apenas semanas después de su suicidio su voz se encadenó a mi vida como ninguna otra, irrumpió con toda su terriblemente hermosa crudeza para no ser capaz de olvidarla ni un sólo día.

miércoles, diciembre 08, 2010

El humor en la música: Uri Caine

Esta semana emito en el Club de Jazz una conversación con el pianista estadounidense Uri Caine (Philadelphia, 1956). Autor de transgresoras revisiones de la música de Bach, Mahler, Wagner... actúa este sábado próximo en Burgos haciendo música del compositor Antonio de Cabezón (en la celebración del quinto centenario de su nacimiento). En la extensa conversación hablamos, por ejemplo, de la ofensa que para muchos suponen este tipo de revisiones que él plantea en las que no falta sentido del humor; el mismo que él defiende tenía, por ejemplo, la música de Bach en sus 'Variaciones Goldberg' (que él afrontó en 2000):

(...) la gente piensa que nos reímos de la música, como que estamos haciendo una broma. Para empezar, ¡hay humor en la música! Hay mucho sarcasmo en Mahler. Hay humor en Bach cuando al final de las ‘Variaciones Goldberg’ pone dos canciones de bebedores juntas como si fuera una fiesta o como si fuera el final de la fiesta. Lo único que hice en realidad fue emborrachar a un coro alemán y después decirles, de acuerdo, ahora cantemos Bach. Así que es algo literal. La gente dijo: “¿cómo puedes hacerle eso a Bach?" Cuando de algún modo está conectado con su propia idea del sentido del humor (...)

Reflexiones sobre la compleja desacralización de la música. La entrevista completa se puede escuchar en la sección En Vivo de la web del programa (programa con fecha 8/12/2010). También en su versión original en inglés o incluso leer en la transcripción en castellano. Además ha sido el plato fuerte del Club de Jazz en Carne Cruda (RNE3):






Dejo aquí un video de dos de los temas de su disco Moloch: Book of Angels Vol.6 de la serie del mismo nombre editada por el sello Tzadik de John Zorn. Cassiel y Hadrial en directo en el Festival de Jazz de Marciac (Francia) en 2008:


viernes, diciembre 03, 2010

Germán Díaz - "Método Cardiofónico" (I Festival Instrumentos e Intérpretes Insólitos - Burgos 27/11/2010)

Insólito: Raro, extraño, desacostumbrado según la Real Academia Española de la Lengua. Es raro que hoy en día alguna propuesta musical con soporte público muestre músicas que se salgan de lo ya masticado por las bocas que conforman la masa social. Es extraño que algún ayuntamiento apueste por ello y es probable que el Ayuntamiento de Burgos haya promovido este Festival de Intérpretes e Instrumentos Insólitos, con la dirección artística del violinista Diego Galaz, por una cuestión coyuntural: la ciudad aspira a la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016 y hay que llenar de contenidos la memoria. Esperemos que la apuesta no llegue sólo hasta donde lo haga la candidatura. Desacostumbrados los paladares más exigentes a actividades que les inciten a viajar por tierras ibéricas (raras excepciones) no podía dejar uno escapar la oportunidad de asistir al estreno de la nueva maravillosa genialidad del insólito Germán Díaz.



Hay un gesto muy común para expresar que algo te ha llegado al corazón que consiste en llevarse la mano al pecho y golpear repetidamente allí donde sentimos que se haya oculto nuestro órgano vital. Gesto común que, sin embargo, constituye la expresión de algo que muy pocas personas, acciones o actividades despiertan en nosotros: la emoción. Germán tiene no sólo la habilidad de despertar emociones dormidas sino que además a veces llega a paralizarnos el pulso con la delicadeza emocional que expresa mediante sus instrumentos de manivela. Claro que para llevar a cabo su Método Cardiofónico necesita que éste no se detenga ya que la música ha encontrado un aliado insólito en los latidos de corazón grabados en vinilo por el doctor Iriarte, allá por los años cuarenta, con los que documentó diversas lesiones valvulares y que Germán utiliza ahora como bajo rítmico. Así la mayor parte de esta nueva propuesta del zanfonista parte del sonido (manipulado rítmicamente) de los latidos sobre los que va interpretando ya sea la caja de música (con la Nana 0013 comenzó su actuación) o la zanfona (caso, por ejemplo, del acongojante L´enfant perdu). Además el chisporroteo del vinilo le da a la música un punto de extrañeza y antigüedad que envuelve el ya de por sí evocador sonido de sus instrumentos.



La rareza en música no es a veces más que un artificio con el que llamar la atención en un mundo cada vez más dado a la pirueta del absurdo intrascendente. Se podría pensar que la utilización de sonidos cardiacos no es más que una anécdota que así como se nombra se olvida. Nada hay de ello en la música de Germán. Simplemente con escuchar cómo late el corazón en el tango Letre pour Beatrice uno es plenamente consciente de que hay un sentido musical brutal en lo que hace Díaz que demuestra que, al igual que otros son capaces de escuchar música en los sonidos de una puerta (Ramón López y su Swinging with doors), él es capaz de detectar una piedra por pulir en un disco de registro médico. Es la honestidad la que valida propuestas que pueden resultar excéntricas nominalmente y cuando uno se sumerge en el mundo (híper)creativo de Germán Díaz lo hace en la magia, porque mágicos suenan los instrumentos que maneja. Pero la magia no puede durar durante una larga sesión como la que ofreció en Burgos si detrás de ella no hay la genial capacidad de creación e improvisación de Díaz (y trabajo, ¡mucho trabajo!). Toca la zanfona como si de un guitarrista eléctrico se tratara, desliza sus dedos por el teclado con una ligereza asombrosa (por ejemplo en el enrevesado Africa del guitarrista Antonio Bravo), pellizca las cuerdas como lo haría un pianista experimental y, además, utiliza la tecnología como un medio que le permite crear capas atmosféricas o rítmicas sobre las que ir dibujando melodías, ya que él es su propia orquesta. Nunca unos loops (grabados sobre la marcha) tuvieron tanto sentido musical como el que le da el zanfonista quien, además, con un bis titulado Nimboestrato (certera explicación musical de la apatía que despierta en servidor este tipo de nubes por la insulsa e invariable luminosidad que generan) sorprendió con un solo de sierra musical (sonido de película de marcianos de 'Serie B') sobre caja de música. Antes, eso sí, cerró concierto con una sobrecogedora versión de la banda sonora de La eternidad y un día (música, ya de por sí emocionante, de Eleni Karaindrou para la película de Theo Angelopoulos) de la que rescató su esencia atmosférica y melódica (la zanfona fue básicamente un pequeño laúd que trató mediante pizzicatos que jugaron con el contrapunto de la caja de música) para construir una nueva variación que sumar a las del original. Sin tiempo para digerir tanta belleza distendió el ambiente con una circense versión de La Topolino Amaranto de Paolo Conte para órgano de barbaria y zanfona (¡toma solo heavy!).

Nunca, en todas las ocasiones en que he escuchado en concierto a Germán Díaz, he quedado indiferente. Y eso, en este momento de dictadura de la indiferencia (Josep Ramoneda dixit), es ¡insólito! Derribar la indiferencia provocando desde el ingenio creativo es hoy un ejercicio de radicalismo tan necesario (y tan raro) que conviene no perder de vista la luz de un tipo tan radicalmente necesario para la música como Germán Díaz.


© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Publicado originalmente aquí.

jueves, septiembre 23, 2010

El cumple de San John Coltrane

Cuántas veces la música nos salva de nosotros mismos y de los demás. Cuántas veces acudimos a ella en la búsqueda de consuelo y qué pocas veces nos defrauda. También es cierto que tiene la prodigiosa virtud de hundirnos de forma definitiva si nuestra elección no se adecua al estado en que nos encontremos (se corre el riesgo de lanzarse por la ventana como Robert Wyatt - vivo y paralítico - o quitarse la vida en Navidad como Vic Chesnutt).

En mi caso son muchos los músicos y las músicas que podría citar sonando en momentos gloriosamente salvadores pero, curiosamente, siempre que pienso en ello recuerdo en especial una noche ya lejana, sangrante para mi orgullo viril, en la que Él me rescató de los brazos del desconsuelo con el desgarro de una música que se encaminaba hacia algún planeta que todavía nadie ha logrado localizar en la galaxia. Sí, fue San John Coltrane (el extraterrestre con aspecto humano y legión de fieles con iglesia propia) quien me insufló la energía anímica fundamental para superar la caverna de la noche y admirar con estruendoso placer la salida del sol entre las montañas que me rodeaban. Así que hoy, en el día en que se cumplen 84 años de su aterrizaje en la tierra, me permito recordarlo y agradecerle por los servicios prestados.



Este video está grabado en Baden-Baden (Alemania) el 24 de noviembre de 1961, apenas unas semanas después de sus conciertos en el Village Vanguard de Nueva York que tantos años después serían mi salvación al alba.

viernes, septiembre 17, 2010

La manifestación de Kazim

Después de pasar un buen rato en una tienda de discos de la Istiklal Caddesi de Estambul (hoy epicentro comercial de la ciudad) salimos a la calle no sin antes haberme hecho con algunos discos de música turca. Resulta casi anacrónico para nuestra (in)cultura actual ver a decenas de personas en una tienda de discos (no sólo mirando, sino comprando). Ya días antes, en algunas poblaciones del Este del país (desde luego no en la masificada Estambul), nos sorprendimos al ver que en una tienda de música cualquiera de un lugar perdido del mundo el tráfico de clientes era constante. En todo momento alguien entraba, preguntaba por un disco, se lo daban, pagaba y se marchaba como quien compra la barra de pan cada día. Una escena así forma parte de los sueños eróticos de las pocas tiendas de música que aguantan el chaparrón por estos lares. Ayer mismo estuve en una y se escuchaba el eco de mis pasos.

El caso es que el pasado 25 de junio salíamos de una tienda de la calle Istiklal con mis discos turcos bajo el brazo cuando, después de avanzar apenas unos metros en dirección a la plaza Taksim, nos cruzamos con una manifestación repleta de imágenes del cantante Kazim Koyuncu del que, precisamente, me acababa de comprar su disco póstumo, Dünyada bir yerdeyim.


La primera vez que tuve noticia de este músico fue en la película Auf der anderen seite (Al otro lado, año 2007) de Fatih Akin en la que, en un momento dado, el personaje principal entra en una gasolinera donde suena música y pregunta al encargado para saber de quién se trata. Es Kazim Koyuncu y está muerto. Un pequeño homenaje de Akin a este músico que, por lo visto, fue un activista medioambiental especialmente beligerante contra las centrales nucleares (de hecho, en la wikipedia inglesa leo que existe la creencia de que el cáncer del que murió en 2005 estuvo causado por las radiaciones de Chernobil). Lo que yo no sabía al comprar aquel 25 de junio de 2010 el disco de Kazim en aquella tienda de Estambul es que ese día se cumplían, precisamente, cinco años de su muerte y que, al salir a la calle, me iba a encontrar con esa manifestación que deduzco (sólo puedo deducirlo, el turco se me da fatal) que tenía de homenaje a Kazim lo mismo que de protesta medioambiental, política, etc. El cantante muerto convertido en icono.

Sólo espero que a Julio Iglesias o a David Bisbal (Bustamante, Chenoa... ¿hay alguna diferencia?) no les dé por las causas medioambientales y me tenga que encontrar una manifestación con sus caretos dentro de... (¿ponemos fecha?).



He aquí un video en el que Kazim Koyuncu canta junto a Sevval Sam (otra mujer de la que se vino disco conmigo) el tema que aparecería después en la película de Fatih Akin, Ben seni sevduğumi.

Free counter and web stats