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jueves, diciembre 10, 2009

La semana de Larry

¡Vaya semanita para el Jazz en España! La mía, en particular, ya había adquirido un tono peculiar desde el momento en que llegó a mis manos un número de la revista de moda “Elle”, la revista de moda más vendida del mundo, presume. Arrojada sobre la mesa de mi salón por una reciente visita me pareció adecuada para acompañarme en los quehaceres del váter, seducido por el desnudo “artístico” de Elsa Pataky. Tras comprobar con asombro que las primeras 25 páginas del número (Diciembre 2009 – Nº 279) eran publicidad (el resto creo que también) llegué a una sección de la revista (página 329) titulada 365 regalos que te harán vibrar (no especifican el tipo de vibración) que invita a un shopping navideño inspirado por nuestra musa de este año: la música. Dos de las páginas de esta sección de incitación al consumo están “inspiradas” por el Jazz. Racial, impulsivo, clásico en formas, pero libre de espíritu. Amante de los placeres de la vida, al igual que Louis Armstrong, la improvisación es tu ritmo, dice la revista bajo el epígrafe “Jazz”. No iré analizando palabra por palabra (riesgo de bostezo… y hartazgo) pero nótese la frivolidad referida a Amstrong como amante de los placeres de la vida. Supongo que una infancia de pobreza y reformatorios y una vida muy determinada por el color negro de su piel en una USAmérica racialmente dividida son la mejor escuela del bon vivant. ¿Qué artículos de compra sugiere el Jazz para “Elle”? Un bolsito artesanal de 89€, un taburete o mesilla de rejilla en color negro por valor de 89,90€, el perfume masculino de Victorio & Lucchino denominado Hombre (precio 47,80€), etcétera. O me pongo las pilas esta Navidad o me quedo atrás en tendencias jazzísticas aunque no sabría dónde poner la mesa de terciopelo negro con tachuelas con un precio de mercado de 137€. Dispuesto a pasar de página, para saber cómo estar al día en música “Indie”, encuentro de sopetón el Top5Elle de discos de Jazz. De las cinco sugerencias cuatro son de vocalistas… ¡incluida Barbra Streisand! Debo iniciar la reeducación de mi oído jazzista.

Mi perplejidad (menor, todo hay que decirlo), ignorante de mí, no había llegado a su clímax hasta que el miércoles día 9 de diciembre leo en el diario “El País” una crónica de Chema García Martínez titulada: Un espectador denuncia a un músico de Jazz por no tocar Jazz: la surrealista narración de la actuación del saxofonista Larry Ochs en el V Festival de Jazz de Sigüenza con su proyecto Drumming Core. Historia ya conocida que, en resumen, parte de la queja de un espectador que considera que lo que se está tocando no es Jazz sino Música Contemporánea (por lo visto contraindicada médicamente para su salud), ante lo cual reclama la presencia de la Guardia Civil que atiende su denuncia. Uno de los gendarmes certifica, a partir de su experiencia auditiva, que, en efecto, aquello que Larry Ochs y su grupo ofrecen no es Jazz. Extraordinario acontecimiento que no hubiera sido tal sin la intervención de la Guardia Civil, dado que opiniones sobre las manifestaciones artísticas se vierten en todo momento (incluso en los que hay que permanecer en silencio). Así la anécdota local deviene en noticia internacional a partir de la crónica de García.

Los medios de comunicación clásicos (radio, televisión y prensa) hace tiempo que cayeron en la tentación de priorizar la anécdota sobre el contenido. Es una decisión que ahorra trabajo porque permite quedarse en superficie y ahorrarse el agotador descenso hacia lo subyacente. La anécdota es simpática por definición, irrelevante en la mayor parte de los casos y, sobre todo, entretenida. Es hija de los tiempos que corren, del pensamiento liviano y el ocio fugaz. Por eso una historia como la de Sigüenza era un caramelo para este periodismo frugal. Sólo imaginar la escena (aquí el imaginario de cada uno juega mucho) con los uniformados del tricornio (aunque no lo llevaran), los músicos tocando en escena, el escenario de una pequeña ermita (¿guardias civiles? ¿templo sagrado?), el alcalde presente y la conclusión afirmativa de un gendarme sobre las reclamaciones de estética musical del denunciante, dan para unos cuantos minutos de radio y televisión y caracteres de prensa. Y hasta donde llegó mi oído y mi vista así fue. La Cadena SER dedicó unos minutos de su programa La Ventana a charlar con el cronista García y El intermedio de la televisión La Sexta bromeó con lo sucedido. Me imagino que no fueron los únicos, me consta que TV3, la televisión pública de Catalunya, también lo trató en su informativo.

¿Qué subyace bajo todo este cuadro costumbrista? Muchas cosas. Un poco de análisis no viene mal entre tanto barullo de chanzas y jacarandas. Por partes (sólo algunas de las posibles):

¿Realmente estaba en cuestión que el concierto fuera de Jazz? ¿Tenía motivos el espectador para la queja? No. El concierto de Larry Ochs y Drumming Core era de Jazz por, entre otras razones, la trayectoria de los intérpretes y por la propia evolución de esta música. En cuestión sí podía estar, pero me temo que era una opinión que el espectador debía haber evitado compartir en público, si ese tipo de Jazz era o no de su agrado. Desconozco el bagaje como oyente de este señor pero no parecería exagerado pensar que esperaba un cierto pulso swingueante de la actuación. Podía haber sido esa una de las sonoridades dentro de un Festival de Jazz pero, lamentablemente para él, Larry Ochs afronta el Jazz desde otra perspectiva (ni mejor ni peor). Su queja produjo ruido, mientras en el escenario se hacía música.

¿Está entre las funciones de un guardia civil juzgar la estética musical de un concierto para dirimir si el denunciante tenía razón en su queja? Responder a esta pregunta sería tanto como hacer ley del absurdo. Eso sí, lo más ajustado a su función de mantenimiento del orden hubiera sido haber sacado del auditorio al oyente quejoso cuya actitud produjo un evidente malestar para la concentración de los oyentes presentes.

¿Hubiera el diario “El País” (el de mayor tirada entre los diarios generalistas de España) dedicado reseña alguna al festival? No. El cronista Chema García Martínez se encontraba allí porque, ante todo, es un amante del Jazz. Es probable que después hubiera escrito sobre los conciertos para la revista especializada “Cuadernos de Jazz”. “El País” hace referencia a la actuación de Larry Ochs por la surrealista escena que tuvo lugar en Sigüenza; porque sabe que como anécdota tendrá una repercusión mucho mayor que la que podría tener un crítica sobre los conciertos de Digital Primitives, la Brigada Bravo & Díaz, el dúo Daniel Humair & Ramón López o la mencionada de Larry Ochs & Drumming Core que formaron el cartel de esta quinta edición. La infrecuente personalidad de este ciclo (con grupos nada ortodoxos y de primerísimo nivel) hubiera merecido llamar la atención de un medio serio (¿?) como “El País”. Y no porque se tenga que hacer constar de forma crítica, como previo o como crónica todo aquello que musicalmente se programa en España (imposible, está claro, y fuera de las funciones de un medio concebido como generalista) sino porque la diferencia de criterio de la cita de Sigüenza es evidente respecto de la mayoría de propuestas de Jazz españolas (con honrosas excepciones). Por eso hubiera merecido una referencia que sólo la anécdota le ha proporcionado.

¿Por qué existe un Festival como el de Sigüenza? ¿Por qué Sigüenza, población de cinco mil habitantes, ofrece un programa de vanguardia alejado de la conservadora propuesta mayoritaria? Según me contaba el propio Chema García porque a su alcalde le encanta esta música. Acude a los conciertos, no por protocolo institucional, sino porque disfruta con ellos. ¿Algo llamativo? ¿Quizá qué a un alcalde le guste la música de vanguardia? No, aunque seguro que no es usual. Lo que pone de manifiesto es que el contenido de los festivales, ciclos, auditorios y otros contenedores musicales de competencia municipal, autonómica o nacional está determinado por el capricho de quienes tienen poder de decisión. Es decir, no hay una línea en este país que defina una cierta coherencia en las programaciones. Que se programen unas u otras músicas es casi producto del azar. En un municipio tan pequeño depende de los gustos del alcalde. Lo general suele ser la música de verbena; lo particular lo de Sigüenza.

¿Cómo trataron los medios de comunicación la noticia? Respondo sólo con aquello que he podido leer, escuchar o ver.

“El País”, periódico que nos puso en conocimiento de lo sucedido, completa su información con un análisis el día 10 de diciembre del papel de la Guardia Civil y del resto de actores (público, médico que supuestamente contraindicó la Música Contemporánea al denunciante, el propio denunciante y los músicos) en todo esto. Lo hace en “El acento”, sección incluida en la página de “Opinión”, junto a los editoriales pero con un tono más irónico que el que utilizaría en ellos. Hasta aquí lo publicado mientras escribo estas líneas.

La Cadena SER llamó a Chema García para que participara en la primera hora del programa La Ventana. Compartió tramo con Javier Cansado (conocido humorista), Javier Del Pino (corresponsal en Estados Unidos de la propia cadena) y con Marta González Novo (directora del programa mientras cubre la baja maternal de la titular Gemma Nierga). Este tramo del programa de los miércoles contrapone costumbres de Estados Unidos y España a partir del choque cultural entre ambos países. Tono humorístico general para la sección que presentó la noticia, en palabras de Marta, como algo que algunos piensan que nos define como país y que calificó de vergüenza. Chema García describió en palabras lo antes escrito en prensa, procuró hacer notar que el Festival es admirable y después el asunto derivó en la propuesta de Cansado de que los conciertos se paguen después de celebrados, dependiendo del disfrute o no del mismo por parte de un espectador, y en una breve discusión sobre si el concierto había sido o no de Jazz. Sorprendentemente (es un decir) no se escuchó música de Larry Ochs y de su proyecto Drumming Core (documentado en varias grabaciones discográficas) para, al menos, hacerse una idea de qué pudo sonar en Sigüenza.

El programa de humor El intermedio, que presenta en la televisión La Sexta el humorista conocido como El Gran Wyoming, al contrario que la Cadena SER, sí mostró un fragmento de una actuación de Larry Ochs & Drumming Core sacado de un vídeo “colgado” en Youtube. Un fragmento que dio pie a Wyoming para hacer broma respecto de lo escuchado: ¿Podemos ver un trozo del concierto en el que la banda no esté afinando los instrumentos? En efecto, un clásico chiste sobre Música Contemporánea. Después otro fragmento de actuación para dar pie a un gag en el que Wyoming se pone un tricornio y loa a la benemérita. Ironiza pidiendo más contundencia en su acción y pide la retirada de cuatro puntos en el carnet de conducir de Larry Ochs ya que no hay que ser muy listo para saber que si toca así seguro que va pedo. Acto seguido, y tras informar su compañera Beatriz Montañez de que el Ayuntamiento de Sigüenza quita hierro al asunto, rescatan parte del texto informativo sobre el grupo que se puede leer en la web del Festival: Un magnífico alegato musical en el que los patrones de llamada y respuesta, el uso de ligeras variaciones de ostinatos y los parámetros sonoros utilizados, parecen conectar desde la estética vanguardista la expresividad de los blues shouters con sus innegables raíces africanas. Texto que aprovecha el humorista para ironizar sobre el mismo (yo lo único que le pido a un concierto es que tenga ligeras variaciones de ostinatos… bueno, y que haya litros de kalimotxo a tres euros ahí a mano, los dos dan dolor de cabeza) y para mostrar la diferencia entre el Jazz de antes (como ejemplo se escucha un fragmento con la voz de Billie Holiday) y el actual (de nuevo el segundo fragmento del concierto en Youtube de Larry Ochs). Con el de antes se ligaba, con el de ahora te dan calabazas, viene a decir Wyoming.

No tuve oportunidad de ver la información de TV3, la televisión de Catalunya, pero según leo en un foro titularon la información refiriéndose a un “cantante” de Jazz.

No renuncio a reírme hasta de lo que para mí es importante y por eso prefiero tomarme con humor las bromas de El intermedio. Lamento que un programa como La Ventana hable de Jazz sólo a partir de la anécdota. Todavía más comprobar una vez más la ignorancia cultural que existe entre la profesión de periodista que atiende la información cultural de sus medios a partir de parámetros nada culturales y sí coyunturales (a pesar del esfuerzo de los especialistas que tratan de asomar en ellos la cabeza). No es preciso que un periodista no aficionado al Jazz conozca a Larry Ochs pero sí denunciable presentarlo como cantante. Habla mal del rigor informativo (algo que daría para otro artículo o, incluso, una enciclopedia). Lamento que Larry Ochs y sus músicos tuvieran que ser protagonistas de semejante numerito. Y no porque sea estadounidense y me avergüence la escena como daño a la imagen de un país (me resulta irrelevante al respecto) sino por el bochorno de tener que presentar su música en esas condiciones (habitual, por otro lado, presentarla en malas, regulares, rara vez en buenas y en la mayoría no poder presentarla). Me deprime que el criterio de las programaciones esté sometido al vaivén de cargos políticos y responsables elegidos a dedo en vez de que exista una red de auditorios disponibles y dispuestos y un criterio bien definido y trabajado de programación cultural que dé cabida a cuantas más manifestaciones artísticas posibles mejor. Pero ya que es utopía me conformaré con animar al alcalde y encargados culturales de Sigüenza para que continúen proporcionando espacio a quienes no lo tienen.

Dicho lo cual tan sólo aspiro a acabar esta semanita con el Jazz de nuevo en la sombra. La sombra siempre ha sido lo mejor del sol... y de los focos.

© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)

Publicado originalmente aquí.

2 comentarios:

lachicaquemira dijo...

Pero qué investigación te has hecho... Interesante, eh?

Carlos Pérez Cruz dijo...

Ya que iba a gastar saliva electrónica no estaba de más documentarse un poco para ello... a costa de mi salud mental.

Un beso... chica que mira.

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