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jueves, diciembre 30, 2010
El cuento de una noche de invierno en el "Club de Jazz"
miércoles, noviembre 10, 2010
Gilad Atzmon & The Orient House Ensemble - "The tide has changed" // Robert Wyatt, Gilad Atzmon & Ros Stephen - "For the ghosts within"
Y ahora que nos hemos dejado a unos cuantos lectores en el primer párrafo profundicemos. ¿Me ha robado el corazón (y el tiempo) un disco que contiene versiones de What a wonderful world, In a sentimental mood o Laura?
¡Alarma! ¡¡Carlos ha bajado la guardia!!
¡Eh! Calma queridos lectores. Sé que os debo una explicación y como alcalde de esta página que soy os la voy a dar. Primera pregunta: ¿habéis escuchado la voz de Robert Wyatt en alguna ocasión? Si es que sí saltad al siguiente párrafo, si no continuad leyendo... ¡¡Santo cielo!! ¡¡¡Deja ahora mismo de leer y búscate un disco de Wyatt!!! No puedes perderte la voz más hermosamente triste del orbe. Da igual que cante a Laura o que proclame que At last I am free. Si no consigue dejarte planchado con la preciosa nana Lullaby for Irena renuncia y salta unos párrafos, a ver si te convence The tide has changed.
Cuando un tipo tan referencialmente heterodoxo como Wyatt se reúne con alguien tan díscolo con el mainstream jazzístico como Gilad Atzmon no hay nada que temer. O todo (según se mire). A la voz de Wyatt se suma la expresividad tan oriental de la forma de tocar el clarinete y el saxo de este israelí (azote de su "ex-país", según propia declaración). Lo mismo que reparte leña ideológica acaricia los sentimientos con su sonido (su irrupción con el clarinete en In a sentimental mood es lo más parecido al lloro que uno pueda imaginar con este instrumento, lo mismo que sucede con el saxo soprano en The ghosts within). En su forma de soplar saxos y clarinetes se percibe la tradición árabe y balcánica así como un profundo conocimiento del lenguaje de Jazz. A todo ello suma la producción musical en la que incorpora pequeños apuntes de electrónica que tanto en el tema que titula el disco como en Lullaby for Irena o en At last I am free aportan el punto justo de extrañeza a la música. En este último caso la composición de los arreglos de cuerda por parte del tercer elemento nominal del disco, la violinista Ros Stephen, ponen el contrapunto preciosista y de elegancia clásica (el arranque de la grabación con Laura es ejemplar en este sentido).
Mención aparte merece la versión de Where are they now? (antes conocida en un castellano dondestan) en el que más presente está el drama palestino (reflejado igualmente en The ghosts within con una letra que comienza diciendo: Seguimos aquí bajo los olivos. ¿Cuándo os daréis cuenta de que es e lugar al que pertenecemos?). Para esta versión, que juega con los ritmos y las sonoridades en un puro divertimento muy logrado, cuentan con dos raperos de origen palestino: Shadia Mansour y Stormtrap (el nombre artístico de Abboud Hashem del grupo Ramallah Underground). Una elección más que evidente en su intención y que denuncia en sus letras la situación de sed y hambre de unos palestinos que viven en un buen país con horribles políticos. ¿Cuál es el valor de una opinión si no te permiten expresar tus ideas?, se termina preguntando. Todo ello sin perder de vista el sentido del humor en el planteamiento musical que recorre épocas por estilos (de la música de baile de salón con sonido de grabación antigua a los ritmos más bailables que acompañan el rapeo). Y es que sentido del humor, a pesar de la crudeza temática, no le falta a Gilad Atzmon.
Sentido del humor ya desde la presentación de The tide has changed (título que busca transmitir la idea de que la marea de la opinión pública internacional ha cambiado y denuncia el sufrimiento palestino y, por ende, la brutalidad israelí). Un maestro de ceremonias, uno de sus compañeros en el grupo The Blockheads, Dereck Hussey, presenta nominalmente de forma cabaretera y circense al grupo que, después, acomete un trabajo muy serio en sus contenidos. El disco con el que el Orient House Ensemble celebra su décimo aniversario adquiere tono circunspecto, como si asumiera con la música la responsabilidad de afrontar un tema tan grave como el que inunda con anotaciones el libreto del disco. No es en ese sentido un disco tan descriptivo de su ideología sociopolítica como puede ser For the ghosts within (ya no sólo por las letras sino por su parte de música casi programática) pero sí parece prescindir, por momentos, del tono irónico que puede percibirse en grabaciones anteriores del grupo como Musik / re-arrangin the 20th century o, por supuesto, de la hilarante propuesta del alter ego de Gilad, el líder de la Promised Band, Artie Fishel que hacía de la continua parodia un espectáculo crítico - musical. Aquí hay más ortodoxia, rota por el modo en que Gilad interpreta sus instrumentos.
Predominan los tiempos medios - lentos en temas como And so have we (donde las intervenciones de Atzmon con el clarinete salvan la mezcla excesivamente dulzona - para mi gusto, claro - de acordeón y el tarareo de Tali Atzmon), o In the back seat of a yellow cab; baila una especie de vals lento con tono de película de cine negro en We lament y se desboca de manera coltreniana en London to Gaza o pasea a Charlie Parker por oriente en The tide has changed. Hay incluso una versión del Bolero de Maurice Ravel, aquí titulada Bolero at sunrise, que sobre un ritmo de caja mucho menos exigente que el de la orquestación original y con un tempo mucho más pausado permite a Atzmon desarrollar un largo solo, a partir de la lectura del tema, donde los pequeños giros melódicos de inspiración oriental y su tremenda capacidad expresiva y de fraseo permiten que no se venga abajo durante los casi nueve minutos que mantienen una esencia respecto del original: la reiteración y constancia rítmica, no el in crescendo en este caso. Y, por supuesto, se divierte (que el humor no podía faltar de nuevo) con el viaje balcánico de All the way to Montenegro, una demostración de música gitana que borda para terminar cerrando de nuevo en el cabaret con We laugh.
Cuando uno trata de conocer a Gilad Atzmon (especialmente si busca por la red) corre el riesgo de que la abundante literatura política que escribe (en particular sus pensamientos muy críticos y ácidos sobre su país de origen) le aleje de un músico que, además de decir lo que piensa, habla maravillosa música.
© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Publicado originalmente aquí.
Escucha la entrevista con Gilad Atzmon emitida en el "Club de Jazz" del 10 de noviembre de 2010.
Aquí en su versión original en inglés:
miércoles, octubre 20, 2010
El 'Crudo' Gilad Atzmon en el "Club de Jazz"
miércoles, marzo 10, 2010
Robert Wyatt a la francesa... en "Carne Cruda"
jueves, diciembre 31, 2009
ONJ - "Around Robert Wyatt" - "Just as you are" (Yoel Naïm & Arno)
ONJ (Orchestre National de Jazz) - "Around Robert Wyatt"
Desconocía hasta ahora la biografía de Robert Wyatt (apenas le recordaba de una colaboración en el disco Musik – Re-arranging the 20th century de Gilad Atzmon). Desconocía la existencia del grupo Soft Machine (más allá de su enunciado) del que fue fundador en 1966 (y del que se acaba de publicar un directo inédito hasta la fecha de 1971, etapa del grupo que incluía al saxofonista británico Elton Dean, fallecido en 2006 y a quien tuve oportunidad de escuchar junto al baterista Ramón López en 2002) y desconocía su caída al vacío desde un cuarto piso, producto de una alucinación resultado de los excesos, que le dejó en 1973 dependiente de una silla de ruedas. Desconocía igualmente una carrera profesional reflejo de sus inquietudes sociopolíticas así como su carácter de experimentador sonoro con afinidades jazzísticas. Ha sido para mí un descubrimiento su voz, de una languidez a medio camino entre la desesperanza y el estado de elevación mística, y por lo tanto debo agradecer a la ONJ la oportunidad que me ha ofrecido de empezar a indagar en su mundo sonoro, tal y como pretende el proyecto Around Robert Wyatt; oportunidad que he aprovechado buscando los originales de los que se hace versión en este disco y que proceden de un clásico de su discografía (así lo destaca la memoria de otros) como Rock Bottom (1974), de su primer larga duración en los ochenta, Old Rottenhat (1985), o de su más reciente Comicopera (2007). Hay versiones de otros autores como el Shipbuilding que Elvis Costello co-firmara con Clive Langer (y que grabó con un solo del trompetista Chet Baker) relativo a la Guerra de las Malvinas (1982) y que forma parte de los singles que Wyatt grabó fuera de sus largas duraciones. En ese capítulo se incluye la versión de la propia Te recuerdo Amanda que con los arreglos de Artaud adquiere una personalidad completamente diferente de la “original” de Wyatt. Si éste cantaba sobre un fondo de órgano un tanto psicodélico y hoy demodé dejando las emociones en suspenso, Artaud consigue que una interpretación melódica y vocalmente semejante de Wyatt gane intensidad emocional a partir de una utilización minimalista (en lo tímbrico como en lo estético) de los recursos de esta peculiar orquesta jazzística y de un sutil subrayado instrumental de lo que la letra de Víctor Jara nos contaba: de ese mundo eterno en cinco minutos del encuentro entre Amanda y Manuel que suena onírico y que se rompe cuando suenan las sirenas de vuelta al trabajo (Philip Glass estaría orgulloso de esos segundos musicales, de esas campanas electrónicas) y el drama se anuncia (muchos no volvieron, tampoco Manuel), hasta casi detener la música, que se reinicia como si la tragedia fuera reversible o terminara elevando al cielo eterno a Manuel con las voces (¿?) que ascienden y las campanillas que tintinean (¿una lira?) mientras Wyatt mantiene su voz a punto de quiebra. Concédanle varias oportunidades si a la primera no les parece una versión tan emocionante como me lo ha parecido a mí. Eso sí, si comparten la emoción escríbanme, empiezo a pensar que es cosa mía.
Escucha aquí Te recuerdo Amanda en versión de Robert Wyatt y la ONJ y en la original de Víctor Jara (fragmento de la emisión del programa Club de Jazz del 30 de diciembre de 2009).
La Orquesta Nacional de Jazz de Francia es una institución que siempre me ha despertado, vista desde el Sur de los Pirineos, una envidia sin duda malsana. Creada en 1986 es un modelo de agrupación jazzística con soporte público, en efecto, envidiable. Un proyecto por el que han ido discurriendo diferentes creadores, directores, instrumentistas en ciclos creativos y estilísticos de unos tres años de duración. En la actualidad es el bajista (e intérprete de otros instrumentos) Daniel Yvinec quien rige la línea de trabajo de esta formación que pese a ser nominalmente “orquesta” forman para él diez músicos. Sin duda que haber colaborado en su carrera con nombres de tan diversa procedencia estética y geográfica como los saxofonistas Maceo Parker o Mark Turner, los cantantes Salif Keita, Sainkho, Yungchen Lamo o Suzanne Vega o el guitarrista David Fiuczynski muestra una amplitud de miras sobre la música que enriquece la manera de afrontar, desde una perspectiva inicialmente jazzística, proyectos diferenciales como éste. Porque si hay un lenguaje ortodoxo de orquesta de Jazz (de big band) no es el que maneja Yvinec en esta etapa, ni por número ni por estética. Y habrá que felicitarle por ello en su dimensión de director artístico aunque los parabienes más efusivos se los quiera dedicar al arreglista, bajista como Yvinec, de formación clásica pero también con experiencias en campos diversos (desde con el músico electrónico Arnaud Rebotini a la cantante africana Angélique Kidjo pasando por el saxofonista Julien Lourau) Vincent Artaud. Crear un mundo sonoro coherente contando con vocalistas invitados tan dispares como la gran vocalista maliense Rokia Traoré (una de mis debilidades recientes), los franceses Camille, Daniel Darc o Yael Naïm (esta última de origen israelí), el belga Arno, la actriz franco-suiza Irène Jacob y, sobre todo, con el propio Robert Wyatt no debe de resultar tarea fácil. Y el resultado final es espléndido, de una creatividad en los arreglos sorprendente, de una riqueza de recursos estilísticos que arropa con exigencia las expresiones más pop de la música, las de la interpretación vocal de las canciones, para abrirse luego a campos más experimentales donde tienen cabida solos jazzísticos al uso pero también desarrollos musicales que tienen del Rock tanto como del Jazz o la música electrónica y de otras manifestaciones musicales contemporáneas populares (y no tanto). De elementos tan dispares surge un trabajo que proporciona brillo a piezas de la trayectoria de Wyatt sin perder nunca el tono ciertamente oscuro de sus originales; sin perder el espíritu pero más rico en matices. Y en ello, insisto, el mérito de Artaud es indudable y plausible.
Imagino que la colaboración de Wyatt garantiza de algún modo la conformidad de este con el resultado final del proyecto cuyo regusto rezuma el mismo inconformismo creativo y abierto que el de la carrera del músico británico. Del mismo que tiene declarado (La Vanguardia 17/08/1998): El rock nunca me ha interesado demasiado; me gustan más el jazz, la música improvisada, el folklore del mundo… El rock es una celebración juvenil. Yo prefiero ser un hombre; no tengo nostalgia de ser joven.