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miércoles, julio 18, 2012

Stefano Bollani Trio, Sound Prints (Joe Lovano & Dave Douglas) y Tigran Hamasyan Trio - 36º Festival Jazz Vitoria - Gasteiz

Stefano Bollani acaricia las teclas, acerca su cabeza a ellas y escucha en la intimidad de las cortas distancias. Se sienta en el suelo y su cuerpo y el instrumento son lo mismo. Abraza el piano. Es su anatomía. En realidad, el piano es el altavoz que decodifica la música, que está tanto en su cabeza como en el espacio que lo rodea. Bollani escucha música donde los demás no, y hay un hilo invisible que la guía de principio a fin de su concierto, aunque el espectador no logre escucharla, tan sólo intuirla. Lo que el italiano hace es cazar al vuelo todas las frecuencias que están ahí, inaudibles para los mortales, y presentarlas en sociedad. Una tras otra afloran melodías incompletas, monumentales en su fragmentación. Los tempos fluyen uno hacia otro sin gesto que los anuncie y cuando uno cree estar en binario, está en ternario o en realidad no tiene tempo.


Tigran Hamasyan
© Jose Horna

Tigran Hamasyan estresa al piano. Cecil Taylor lo definió como instrumento de percusión y Hamasyan se lo ha tomado al pie de la letra, aunque el poeta del free no se refiriera a este tipo de pegada. Hamasyan lo ha convertido en el saco de boxeo sobre el que descarga su virulencia pasional de veinteañero (en el escenario se le cantó el Happy Birthday por los veinticinco). Lo golpea con furia y agita mientras su cabeza como si de un músico de heavy se tratara. Le exige tal respuesta que uno temió que en cualquier momento el piano desertara. Si en Bollani es parte integral de la persona, en Tigran el piano pasaba por allí.


Stefano Bollani (p), Jesper Bodilsen (cb) y Morten Lund (bt)
© Jose Horna

Dos formas antagónicas y (teóricamente) complementarias de proponer. Hamasyan puso en pie a parte del respetable en el Teatro Principal a base de fuegos artificiales y rock primario con coloratura de folclore armenio. Eran tres en el escenario, pero el armenio nos retrotrajo a los tiempos pre-Bill Evans en que bajo y batería estaban al servicio de las teclas. Aunque la dificultad de ciertas métricas hace meritoria su aportación, Nate Wood y Sam Minaie fueron básicamente la caja de ritmos para que el pianista se explayara. Si en Bollani las métricas ligaban unas con otras, en Hamasyan iban claramente definidas por bloques y gestos de aviso, sobre todo para anunciar que cualquier intento de sutileza iba a ser masacrado de inmediato por la vena macarra de Tigran. One, two, three… y a darle duro.

La tensión corporal del armenio frente a la pura gracilidad del corpachón del italiano. Bollani necesita dos pianos, pero su físico se amolda al espacio con la agilidad y contorsión de un bebé. Hace del escenario el cuarto de estar de su casa, a pesar de la dimensión del pabellón (donde fuimos gaseados en calor), y crea una intimidad casi imposible en un lugar así. Hace una música tan seria que, quizá por eso, se divierte tanto y es tan divertido verlo. Tiene que generar felicidad extrema ser capaz de hilar tan fino una música tan bella, que no necesita ser manipulada con insulsos loops para cautivar, como intentó en algún momento Hamasyan (ay los juguetitos electrónicos). Si algo tiene la música armenia es belleza y poesía (de la derrota). Y Tigran no la entiende así. Exige exuberancia, cuando el cuerpo pide espacio y silencio. Propone sinfonismo grandilocuente, cuando el discurso pide un minuto de silencio. Impone la admiración en una continua traca final, mientras el italiano se la gana creando la ilusión de que lo que hace se puede realizar incluso con una mano y sentado en el suelo.


Soundprints
© Jose Horna

Tras el sueño de una noche de Bollani, la de Mendizorrotza (una vez derretido el respetable) devolvió el eco de la actuación de Wayne Shorter en Getxo. A él dedican su proyecto ‘Sound Prints’ Dave Douglas y Joe Lovano. Personifico en ellos, si bien sin la maestría de Joey Baron sería imposible el vértigo swingueante que proponen. Lovano se lanzó directo a la yugular del respetable con su soprano. Y aquello tenía visos de intentar la del Shorter más abstracto y excitante que admiramos de su última reencarnación. Pero Shorter sólo hay uno, y la actuación fue derivando hacia terrenos más confortables y familiares para el grupo, que no menos exigentes. Subidos al tren de Baron y Oh (y a la profesional discreción de Lawrence Fields), el quinteto propuso melodías imposibles para músicos terrenales, interpretadas con precisión cirujana por Douglas y Lovano. O de cómo conseguir hacer flexible lo virtuoso y hacer de dos, uno. Y swing, mucho swing, que sin él la música don´t mean a thing. Y bop loco y agitado para que Douglas entrara en combustión y Lovano vistiera elegancia en el tenor. Jazz en bruto hecho neto por dos gentleman con sombrero y una rítmica que caminaba como un “A Train” del siglo XXI (AVE). Y es que cuando la cosa camina, camina. Eso sí, hay que saber subirse en marcha.

© Carlos Pérez Cruz

Nota: Gracias a Jose Horna por su gentileza en la cesión de las imágenes que ilustran este texto.

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

miércoles, septiembre 29, 2010

La música de Drácula y Frankenstein

En 1910 el director J. Searle Dawley filmó el primer Frankenstein, una película muda de 16 minutos. 100 años después el trompetista Dave Douglas y el cineasta Bill Morrison han trabajado conjuntamente en una película experimental titulada Spark of being sobre este personaje creado por Mary Shelley en 1818. En la sección musical de "Más vale tarde" (Radio Vitoria - EiTB) hemos recorrido algunas partituras de música para cine dedicadas a este personaje así como a otra leyenda literaria, la del Drácula de que Bram Stoker creara en 1897. Así escuchamos música de Patrick Doyle para el Frankenstein de Kenneth Branagh (1994), la de Philip Glass para el primer Drácula (sin contar el Nosferatu de Murnau en 1922) que dirigió Tod Browning en 1931 con Béla Lugosi como actor principal - para la que el compositor escribió una partitura interpretada por el Kronos Quartet 67 años después -, y también la música del polaco Wojciech Kilar para el Drácula de Francis Ford Coppola de 1992.





miércoles, agosto 11, 2010

El mismo asunto / dos amores

O lo que es lo mismo, This love affair por su autor original, Rufus Wainwright:



Y por el trompetista Dave Douglas que la grabó con su Brass Ecstasy para el proyecto Spirit Moves con filmación de Christoph Green y de mi admirado Jem Cohen (grabación que está disponible en el DVD adjunto al disco que, claro, sólo se puede tener si, como yo, te gastas tu pasta en tener soportes físicos que, como dijo el compositor Darcy James este pasado fin de semana en el Festival de Jazz de Newport, mola porque te los pueden firmar, cosa que el formato digital no permite... aunque también eso puede despertar el ingenio del firmante y estampar la firma en algún sitio que, aunque no estrictamente musical, pueda guardar indeleble el recuerdo de su paso por allí):


martes, agosto 03, 2010

Dave Douglas & Keystone - "Spark of being: soundtrack"


Uno de tres. Spark of being: soundtrack es el primero de los tres lanzamientos discográficos de Dave Douglas producto de su colaboración con el director cinematográfico Bill Morrison. Tres grabaciones que nacen de un encargo de la Universidad de Stanford que reunió a dos mentes creativas de referencia en sus respectivos ámbitos para, cien años después del primer Frankenstein cinematográfico (Frankenstein de J. Searle Dawley - 1910), revisitar el mito creado por la escritora Mary Shelley en 1818. Así Douglas es, en definitiva, el autor de la banda sonora de una película con el sello experimental del director de Chicago (residente en Nueva York) Bill Morrison que habitualmente reutiliza materiales de otras películas; imágenes en descomposición. Ambos han sido durante 2010 artistas residentes en Stanford, universidad en la que han trabajado juntos y desarrollado de forma simultánea su actividad pedagógica.


Proyección de The mesmerits de Bill Morrison con música del trío de Bill Frisell.

No es la primera vez en que Bill Morrison trabaja con músicos del ámbito del Jazz para sus filmes: The mesmerits (2003), una cinta con imágenes de la película The bells (1926, con Boris Karloff en el reparto), contaba con la música del guitarrista Bill Frisell mientras que en 2010 presenta en la Eastern State Penintentiary de Philadelphia una instalación junto al pianista Vijay Iyer sobre el octogésimo aniversario de la salida de prisión de Al Capone. Tampoco es la primera ocasión en que Dave Douglas afronta un proyecto de matiz cinematográfico - con este mismo grupo, Keystone, se presentó en 2005 poniendo música a películas de cine mudo del actor Roscoe Arbuckle - pero sí la primera en que el proceso de composición se desarrolla en paralelo al de estructuración de una película (aunque no se trate de una película "normal"). Esa ha sido parte de la función del envidiable programa Art + Invention de la Universidad de Stanford del que se benefician los alumnos que reciben a tan ilustres invitados durante semanas y también los artistas que pueden desarrollar ideas que de otro modo serían inviables.


Tráiler de la película Spark of being

Spark of being: soundtrack recoge la música tal y como ha sido registrada definitivamente para acompañar la proyección (le seguirá Expand, la versión jazzística - sin exigencias de ajuste a la imagen - de esta misma partitura). Al tratarse de una composición pensada para imágenes (y al no haber tenido la oportunidad de verlas) no puedo valorar su aportación a la película aunque intuyo por el tráiler y por secuencias de otras películas de Morrison que Douglas juega con la extrañeza que supone el contraste entre las imágenes antiguas y degradadas con los sonidos electrónicos, ritmos modernos y sonoridades que nuestro imaginario asocia a películas futuristas y espaciales. Es un continuo tira y afloja musical entre los inquietantes sonidos ambientales de tratamiento electrónico que proporciona Dj Olive y la parte analógica de la banda que alterna momentos de gran intensidad y frenesí, de endiablados ritmos cambiantes y tensión armónica, con otros de mayor carga melódica, sosiego y suspensión. De las oscuras profundidades atmosféricas de Is it you? o Spark of being a la vibrante pegada rockera, psicodélica y obsesiva de Tree ring circus pasando por la muestra de sencillez y belleza compositiva del motivo melódico dedicado a la criatura creada por Victor Frankenstein - un simple arpegio expuesto por saxo y trompeta que determina la modalidad y el color de una música evocadora - hasta el duelo rítmico drum and bass entre la batería de Gene Lake y la caja de ritmos de Dj Olive en Travelogue que sobrevuelan inquietantes voces angustiadas o la trompeta con sordina Harmon de Douglas (más efectista que melódica, en este caso), la música firmada por el trompetista tiene valor musical por encima de su asociación visual con la película y genera en quien esto firma curiosidad de hasta qué punto puede evolucionar o cambiar en el Expand de próxima publicación (24 agosto 2010) sin las exigencias del guión (habrá una tercera edición discográfica, Burst, con los descartes musicales del filme).

Desde mi perspectiva ibérica Spark of being es, a su vez, la dolorosa constatación de la ausencia de relevancia de la música en nuestras universidades; de la universidad como lugar de encuentro para la formación desde la creación y no sólo como contenedor puntual de actividades en las que los receptores son meros espectadores y los creadores simples proveedores de elementos expositivos.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

miércoles, febrero 17, 2010

9º aniversario del "Club de Jazz" en "Carne Cruda"


El Club de Jazz ha celebrado su noveno aniversario en la tercera visita de Javier Gallego, "Crudo", director de Carne Cruda de Radio 3 (RNE). En esta ocasión demostramos que Tom Waits está poseído por el espíritu de Louis Armstrong y subimos a nuestro escenario a la Frankfurt Radio Bigband con el trompetista Dave Douglas al frente con su proyecto A single sky. Además Wynton Marsalis nos ameniza con un Happy birthday en clave de Jazz y expresa literariamente sus ideas sobre el Jazz actual. Todo esto lo puedes escuchar aquí:




martes, enero 19, 2010

Lluis Vidal Trio feat. Dave Douglas & Perico Sambeat - "Mompiana"


HTML clipboardUn artículo en prensa puede abrirte las páginas de un libro maravilloso, ese libro puede despertar tu curiosidad por un país lejano y ese país aproximarte a una música de primeras exótica para el oído. La curiosidad es la mejor maestra de quien busca conocer y expandir las fronteras de su conocimiento y, al igual que un disco permite descubrir músicos (por asociación), un proyecto monográfico como Mompiana puede llevarle a un oyente de Jazz a sentir curiosidad (si antes no la sintió o no pudo sentirla) por la música de Frederic Mompou. O a un oyente de Mompou al Jazz. Es lo maravilloso de la lectura (prensa, libros...), la audición (música, entrevistas...) o el visionado (cine, ¿televisión?...): abre puertas inabarcables en una única vida para quien sienta curiosidad.

Frederic Mompou, compositor barcelonés (nacido el 16 de abril de 1893), dedicó su trayectoria fundamentalmente a la composición de música para piano. Residió en París en dos etapas: una primera formativa interrumpida por el estallido de la Primera Guerra Mundial y otra segunda de nuevo finiquitada por otra guerra, la Segunda Guerra Mundial. Tuvo, por lo tanto, la oportunidad de residir en París en años de gran agitación musical y creativa y de ella formó parte a pesar de su reconocida timidez de hombre de pocas palabras (y pocas notas). Así partió de la impresión que le produjo el impresionismo de Gabriel Fauré (en un concierto en Barcelona en 1909) hasta llegar a relacionarse con compositores como Francis Poulenc, destacado miembro del grupo de Les Six cuyo fundamento de partida constituía precisamente una crítica al propio impresionismo. De toda esa experiencia formativa y profesional nos queda un Mompou minimalista y contenido, emotivo y profundo desde la sencillez de unas composiciones, sin embargo, nada simples. Un autor igualmente influenciado por la música tradicional catalana que forma parte melódica de su obra y que encontró en el título de una de sus series compositivas, la Música Callada, la mejor definición de su estilo: Esta música no tiene aire ni luz. Es un débil latir del corazón. No se le pide llegar más allá de unos milímetros en el espacio, pero sí la misión de penetrar en las grandes profundidades de nuestra alma y regiones más secretas de nuestro espíritu. Esta música es callada porque su audición es interna, decía el propio Mompou de dichas composiciones. A lo que en octubre de 1977 añadía el crítico Arturo Menéndez Aleyxandre (a propósito de la edición de Mompou interpreta Mompou, en la que el compositor interpretaba los cuatro cuadernos de Música Callada): (...) nadie las escuche todas seguidas, de una sola vez, porque aún cuando constituyen una unidad estética y de propósito, cada una se basta a sí misma y puede ser alimento completo para todo un día. Escúchenlas escalonadamente, a lo largo de cuatro semanas, para que no se destruyan unas a otras amontonándose en nuestra limitada receptividad. El silencio es frágil. La música del silencio es la fragilidad misma.

Me temo que no estoy en disposición de seguir el consejo de Menéndez Aleyxandre aunque pocas son las músicas que merecerían tal consideración de las muchas que escuchamos (o nos invaden) a diario. Cierto es que uno podría pasar un día entero escuchando la tercera pieza de la Música callada, tan noble y sensible en los dedos de Mompou, tan irónica en el sonido de la trompeta de Dave Douglas. Y es que esa tercera pieza de la serie es una de las que se hace versión en Mompiana, seguramente muy reconocible para el oyente español con un mínimo de cultura radiofónica: su melodía es sintonía de la Cadena SER (Sociedad Española de Radiodifusión); Sinfonía Azul en la versión orquestal que firmara en su día para la red de emisoras.

El repertorio que Lluis Vidal ha seleccionado para esta relectura de la música de Frederic Mompou procede por completo de composiciones para piano solo: de cuatro piezas de la Música Callada (I, III y IX del primer cuaderno - 1959 - y X del segundo - 1962), la número 6 de su serie Cançons i danses (1943) y las tempranas El carrer, el guitarrista i el vell cavall y Gitanes I de la serie Suburbis (1916 - 1917), serie descriptiva de la Barcelona suburbial de aquellos años que conoció en sus paseos. Además por primera vez se registra Temps de blues, publicada en 1949 e inédita hasta la fecha (de la que se hace en el disco versión a solo de Vidal y otra con el grupo al completo). Completa una composición original de Vidal titulada Cançó i dansa 1 (¿guiño a Stravinsky incluido?).

El Jazz no ha sido una música que haya influido en demasía en Frederic Mompou (así lo defiende el propio Lluis Vidal en una entrevista con servidor) a pesar de que los años intermedios de su doble estancia parisina fueron los de la irrupción de este estilo en París, fundamentalmente a través de las bandas que llegaron de la mano de las tropas estadounidenses. Sin embargo cierto fervor jazzístico entre compositores se apagó al poco de su segundo establecimiento en París, aunque la relación entre los compositores "clásicos" y el Jazz era ya irreversible. Tan sólo dos composiciones de toda la trayectoria de Mompou parecen relacionadas con este género: un foxtrot y el Temps de blues que antes mencionaba. Nada más parece tener relación directa aunque Vidal explica que, a pesar de reelaborar un poco la armonía para adaptarla a mis necesidades, la concepción armónica de la música de Mompou es muy cercana al concepto armónico del jazz. Y así a partir de esas partituras de su escritura para piano Vidal construye su propio universo partiendo del ajeno del compositor. Se vale de las melodías (siendo la de Mompou una música muy melódica) y de las armonías (convenientemente adaptadas) para variar fundamentalmente el sentido rítmico de la música y dar pie a desarrollos mucho más prolongados que los de la escritura original de Mompou (que apenas llega a dos minutos de interpretación en muchos casos). A partir de ahí espacio para que los solistas se explayen sobre una estructura que va más allá de una primera lectura melódica e improvisación y que se construye sobre pulsos y secciones cambiantes. Así se evita la tentación de simplemente jazzificar unas melodías que no fueron para el Jazz en origen. Un ejemplo notable de cómo hacer propia la música ajena es el de la versión de El carrer, el guitarrista i el vell cavall: Una de las partituras más libres y rítmicamente más inestables del repertorio de Mompou seleccionado por Vidal se convierte en la más abierta y experimental de las versiones del proyecto. Puestas en paralelo ambas se asemejan en su estructura y se diferencian en el dialecto musical. Coherencia y personalidad en el trabajo de Vidal.

Lluis Vidal ha contado con su trío en la actualidad: Masa Kamaguchi (contrabajo) y David Xirgu (batería). Además, dos solistas invitados: el saxofonista y flautista Perico Sambeat y el trompetista Dave Douglas. Este último se reencuentra aquí con Xirgu, que sugirió para Mompiana a quien fuera su compañero de estudios en un tiempo de estancia en Badalona del estadounidense a finales de los años 70 (siendo apenas un quinceañero, en un intercambio escolar). Un quinteto con proyección internacional por nombres y por solidez en la música que llevan a cabo. Reconocibles como solistas y ensamblados como conjunto. Un lujo que se aprecia con la escucha atenta y más si cabe con la referencia de las composiciones originales de Mompou. La duda es si la mayoría de los oyentes tenemos tiempo para dedicar a la audición detenida de un proyecto en particular; para evitar poner en riesgo lo que Menéndez Aleyxandre llamaba nuestra limitada receptividad desafiada hoy en día por la aglomeración de sonidos a nuestra disposición (voluntaria o no). Mompiana merece la escucha aunque, y acudiendo de nuevo a las letras de Aleyxandre en octubre de 1977, no recomendaríamos a todo el mundo, sino solamente a aquellos que son capaces de comprender y gustar la música no como un mero pasatiempo, un recreo del oído o viruta para rellenar el embalaje de las cosas serias de la vida (en lo que se ha convertido ahora), sino como una única expresión posible de lo inexpresable.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

viernes, diciembre 25, 2009

Lluis Vidal Trio + Dave Douglas & Perico Sambeat - "Mompiana"



El pianista Lluis Vidal presenta su proyecto Mompiana, dedicado a la música del compositor catalán Frederic Mompou. Acompañado de su trío, con Masa Kamaguchi (contrabajo) y David Xirgu (batería), y con dos invitados: Perico Sambeat (saxos y flauta) y Dave Douglas (trompeta). Dentro de unas semanas emitiré una conversación con Lluis Vidal dentro del programa Club de Jazz. De momento este aperitivo con momentos en directo del proyecto, declaraciones de Vidal, Sambeat y Douglas y un breve resumen de la vida de Mompou en este reportaje emitido en el programa Nydia de la Televisió de Catalunya.

viernes, diciembre 04, 2009

Dave Douglas & Brass Ecstasy - "Spirit moves"


Por si fueran pocas las combinaciones instrumentales que nos ha ofrecido Dave Douglas a lo largo de su carrera el proyecto Brass Ecstasy explora otra opción más, la de grupo de viento-metal con el soporte de una batería. No oculta la fuente principal de inspiración para este quinteto, del que ya da pistas tanto en su nombre como en el título del disco. Su Brass Ecstasy (su Éxtasis de los metales) es un guiño nominal a la Brass Fantasy (Fantasía de los metales) del difunto Lester Bowie que en 1997 tituló como When the spirit returns una de sus grabaciones. Aquí el espíritu se mueve de la mano de un quinteto (noneto en el caso de Bowie) que recupera a dos de los originales Fantasy, el intérprete de trompa Vincent Chancey y el trombonista Luis Bonilla. Confirma la fuente de inspiración que el grupo se creara a raíz de un festival del año 2005 (Festival of New Trumpet Music) que recordaba la figura de Bowie.

Lester Bowie pasó a la pequeña Historia del Jazz como uno de los fundadores del Art Ensemble of Chicago y con su Brass Fantasy como uno de los trompetistas más heterodoxos y divertidos. El sentido del humor como esencia para afrontar sin necesidad de justificación repertorios esencialmente populares (incluso el de las Spice Girls), para, como dice Dave Douglas, arrasar "con las distinciones y la necesidad de distinción". Es decir, no importa el contexto del que proceda una composición si con ella se puede hacer buena música. Y en ese sentido Bowie no tenía ningún prejuicio para hacer su música a partir de otras de dudosa "reputación" (según la perspectiva desde la que se analice). La propuesta de Douglas no alcanza el punto "excéntrico" de su inspirador, tan sólo tres versiones y de temas y autores bien considerados: Mister Pitiful (Otis Redding y Steve Cropper), This love affair (Rufus Wainwright) y I´m so lonesome I could cry (Hank Williams). El resto son originales del trompetista, como el tema que dedica a Lester Bowie, Bowie, con un tono casi circense que también tiene el que abre disco, el This love affair de Wainwright, que recuerda el sonido procesional de Nueva Orleans. Hay homenajes a otros dos trompetistas: Enrico Rava (con un Rava en el que Douglas realiza un largo solo apoyado en un acompañamiento de oscura densidad armónica del trío de metal) y Fats Navarro (que camina con pulso swingueante en contraposición a una línea melódica sostenida rítmicamente, pesante incluso, en la que parece leerse una línea de Be Bop a tempo lento, como subrayando la ruptura armónica y melódica que supusiera este estilo). Temas más lúdicos como Orujo (dedicado
a tan ibérica bebida) se combinan con partituras como The brass ring donde, al igual que en Rava, el trío conformado por Chancey (trompa), Bonilla (trombón) y Rojas (tuba), más el soporte de las baquetas de Waits (que en un momento de este tema parece doblar el tempo para romper la reiteración rítmica del acompañamiento), se articula desde una posición de base armónica y rítmica para Douglas.

Como en todo lo que Douglas ha tocado (y grabado) hasta la fecha la calidad de la música es incuestionable desde una doble perspectiva: composición e improvisación. Incluso instrumentación (ya he comentado la diversidad tímbrica de su trayectoria). ¿Falta algo en este Spirit moves? Es probable que le falte la brillantez lúdica del directo que el formato de estudio sólo permite adivinar. Es una música donde nunca se pierde la seriedad formal pero que tiene ese punto de diversión (que no de divertimento) que por la propia naturaleza de los instrumentos (más bien de los instrumentistas del Brass Ecstasy) y de su expresividad promete hacer pasar muy buenos ratos tanto a fieles del Jazz como a profanos. Y es una virtud que una música con semejantes cualidades y exigencias sea capaz de dibujar una sonrisa.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

martes, octubre 13, 2009

Dave Douglas & Frankfurt Radio Bigband - "A single sky"

Entienden algunos aficionados que Dave Douglas no es lo que prometía. Dicho de otra manera, deslumbró tanto con sus primeras ideas y proyectos que cualquier cosa que suene más próxima a la ortodoxia lleva todas las de perder para quienes piensan que en la expresión de un artista con esos inicios tan transgresores cualquier mirada al pasado es un fracaso o, si no tanto, una concesión a la comercialidad (¿?). No lo creo. Que con su irrupción soplara viento fresco mediante una combinación de instrumentaciones infrecuentes, un estilo como trompetista propio, expresivo y virtuoso (aunque no artificioso), composiciones afines a una estética camerística contemporánea e incluso en ocasiones folclórica (balcánica, klezmer...) que se traducían en una música libre (que no Free) llena de calidad compositiva, no era el anuncio de un nuevo apocalipsis en la Historia del Jazz sino el aterrizaje de un tipo con una gran personalidad y con mucho que aportar. Y aunque el efecto sorpresa se ha diluido (lógico) su capacidad para armar proyectos de gran entidad y densidad no desaparece ni cuando asoma un atisbo de costumbre.

Aunque el reinado popular de la trompeta en el Jazz de las últimas décadas se lo ha concedido la oficialidad a
otro músico (guess who?) mi gusto y criterio le concede a él el mérito de haber hablado de otra manera con el instrumento y, de paso, una notable capacidad como compositor con una amplitud de registros dentro de una línea moderna de creación que hacen de la suya una aportación musical de primer orden (aunque difícilmente sólo con la música se pueden llegar a obtener ciertas consideraciones). Y ahora, por primera vez desde su primer trabajo en 1994 (Parallel Worlds), se presenta con el respaldo siempre contundente de una orquesta de Jazz (o big band, según se prefiera). Su música, que combina de habitual densas construcciones armónicas con frecuentes vericuetos rítmicos, trasladada a un formato de gran tradición y estereotipos. Un esfuerzo de composición y arreglos que Douglas reparte en lo segundo con su profesor de composición durante los años universitarios Jim McNeely. Éste arregla cuatro temas de la discografía del trompetista mientras que Douglas aporta tres temas creados ex profeso para este tipo de formación orquestal que a su vez forman parte de una suite mayor titulada Delighted States (antes Letter from America) que supuso el debut en 2008 de Douglas como compositor para big band.

La firma de la composición es siempre la misma pero el hecho de que sean dos los arreglistas permite que, sin perder la unidad del disco, se perciban diferencias sutiles entre los arreglos de McNeely y del propio Douglas. McNeely tiene una larga experiencia en estas lides desde su época como pianista de la Thad Jones/Mel Lewis Jazz Orchestra a finales de los 70 y principios de los 80 hasta su dilatada trayectoria como compositor y arreglista (además de director) de formaciones como The Vanguard Jazz Orchestra (sucesora de la anteriormente nombrada), las germanas WDR o esta Frankfurt Radio Jazz Bigband (hr-Bigband) de la que es artista en residencia. Profesor de composición de Douglas, trabajar el material de su pupilo fue uno de los primeros encargos que recibió de esta big band que pertenece a la larga tradición de la Europa (civilizada) cultural de orquestas de Jazz (no sólo clásicas) con soporte público. Verdaderas máquinas de precisión que, en el caso de la hr-Bigband, se adaptan a repertorios tan amplios que van desde un Piazzolla, pasando por Kurt Weill o George Gerhswin, hasta Colin Towns o el propio Dave Douglas (Se me caen las lágrimas viendo las posibilidades que una formación con este soporte puede llegar a hacer). Douglas debutó en este tipo de escritura con una suite durante la campaña electoral de Estados Unidos que acabó con la proclamación de Barack Obama como presidente inspirado por lo que él entendía como "desconocimientos de la realidad de Estados Unidos" en el mundo. Eso sí, con el cambio de gobierno (de Bush Jr. a Obama) cambió el título de la suite: de Letter from America a Delighted States (de Carta desde América a algo así como Estados Encantados). Y sin perder nunca la unidad de estilo tengo la sensación de que McNeely trabaja más las posibilidades tímbricas de la orquesta mientras que Douglas suena más como lo podría hacer con un pequeño combo como los que acostumbra, eso sí, con la fuerza y contundencia que sólo una big band puede proporcionar. En ese sentido los arreglos del profesor son más etéreos, más sinfónicos incluso, aunque McNeely quería mantener el espíritu original de música para pequeño grupo y no hacerla "artificialmente demasiado grande" y los del alumno más rockeros y directos al grano, más (con perdón) básicos (un simple efecto de continuos glissandos en Blockbuster resulta tremendamente efectivo) pensados quizá desde la costumbre de la escritura para combo. Que escuchada la música arreglada por el trompetista junto a la arreglada por el pianista, teniendo en cuenta la diferencia de bagaje de uno y otro al respecto, la resultante sea coherente dice mucho del potencial de Douglas para la escritura orquestal; o, al menos, que ha sabido salir airoso de este reto.

Nada que no hayan hecho otros con las posibilidades que ofrece una big band, ningún apocalipsis redentor para cambiar la Historia... ¡pero qué bien suena! Por facultades técnicas, creativas y variedad Dave Douglas sigue siendo para mí el gran trompetista del Jazz presente.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

viernes, octubre 09, 2009

Dave Douglas & NDR Big Band "Letter from America"



El trompetista Dave Douglas presenta un nuevo trabajo discográfico titulado A single sky que por primera vez en su carrera es en formato de orquesta de Jazz o big band. El disco recoge a su vez tres movimientos de la suite Letter from America (ahora rebautizado como Delighted States, a raíz del cambio de gobierno en la Casa Blanca) que es el debut igualmente de Douglas como compositor para este tipo de formación. En el programa de Club de Jazz disponible a partir del próximo miércoles 14 de octubre escucharemos ese nuevo trabajo discográfico. Como aperitivo dejo aquí este vídeo que recoge la actuación completa que Dave Douglas y la NDR Big Band de Alemania ofreció en el Festival JazzBaltica de Salzau el día 5 de julio de 2008 con invitados de primer orden como el saxofonista Joe Lovano o el pianista Simon Nabatov. El sonido y la imagen es excepcional, como la propia música, y permite escuchar la suite al completo con sus nueve movimientos.

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