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sábado, diciembre 10, 2011

El vuelo libre de la palabra Jazz (Reflexiones a partir de Nicholas Payton)


El Jazz ha muerto. Nicholas Payton fecha esa luctuosa noticia en 1959. Otros lo hicieron en 1967, el día en que John Coltrane falleció. Y otros, el día en que Miles metió los dedos en el enchufe. Este muerto está muy vivo y sigue dando que hablar después de muerto. De quien hacía mucho que no sabía nada era del propio Nicholas Payton. Eso no quiere decir nada en su contra – seguramente más bien en la mía – pero hace años que no sé nada de su música ni lo he escuchado en concierto (¿en 2002?). El caso es que hace unos días me di de bruces con una especie de texto-manifiesto del trompetista en su blog bajo el título de Sobre por qué el Jazz ya no es algo cool… (On why Jazz isn´t cool anymore…), publicado el día 27 de noviembre y que empezaba con esa contundente aseveración de que El Jazz murió en 1959. Palabras que han tenido su continuación (hasta la fecha) en otros cuatro textos escritos por Payton a partir de las furiosas reacciones del personal. Es uno de los riesgos de la continua interacción que promueve la red de internet. Si uno entra al trapo de todo lo que mueven sus palabras, corre el riesgo de perder la contundencia de los argumentos, como el gas de una botella abierta hace días. Es difícil abstraerse de lo que en la mayor parte de los casos no dejan de ser más que exabruptos y eructos virtuales con los que se conforma una parte no menor de internet. Y Payton no ha podido contenerse. O no ha querido.

En una sociedad que informativamente vive de los titulares breves (primero fueron los diarios gratuitos, ahora la twitterización de la información), un texto como el publicado por Payton tenía todos los condimentos para lograr cierta atención en la disputa global por la (efímera) relevancia informativa (siendo consciente de la irrelevancia más absoluta de la información jazzística; lo escrito por Payton fue una hormiguita a lomos del elefante). Hoy es difícil que un largo texto de reflexión alcance notoriedad (ansiosos como estamos por abarcarlo todo de un vistazo) y todas y cada una de las frases de Payton en su primer artículo pueden ser twitteadas sin problema. Sueltas pueden funcionar con cierta autonomía y así generar “revuelo” con sentencias necrológicas, como la citada El Jazz murió en 1959; sociológicas, como El Jazz se separó de la música popular americana; de lectura interpretativa, como El Jazz murió en 1959, eso es por lo que Ornette trató de liberar el Jazz en 1960 (en el original “Free Jazz”, título del disco de Ornette Coleman); historicistas, como Mis antepasados no tocaban Jazz, tocaban música de Nueva Orleans tradicional, moderna y de vanguardia; de denuncia comercial, al decir que El Jazz es una treta del marketing que sirve a una pequeña élite a partir de lo cual concluye que La música es más un medio que una marca, etcétera. Entre las más de cien frases cortas de Payton algunas sugieren que ‘Jazz’ es un concepto fruto de la mentalidad colonialista padecida por la población negra obligada durante siglos a agradecer las migajas. Una idea racial de sometimiento que desarrollará cada vez con mayor beligerancia en los textos posteriores.

Payton se ha expuesto. Payton ha puesto su trasero en la diana y de la red han surgido los suficientes dardos como para agujerearlo (más de lo que ya está por naturaleza). Y Payton ha reaccionado airado y soberbio. Tal ha sido el grado de soberbia que incluso él mismo ha evaluado su egolatría. Una valoración del ego, como se pueden imaginar, en positivo. El ego nos mantiene vivos, dice. El ego es la razón de levantarse cada mañana de la cama. El ego hace que no toleres que te pisoteen. Es cierto, una razonable dosis de ego no es per se algo negativo; al equilibrio personal bien le viene una autoestima con defensas. El problema es que el ego de Payton se desparrama con el desarrollo de la discusión hasta adquirir un matiz mesiánico con el que corre el riesgo de sepultar los razonamientos “aprovechables” que se extraen de toda la maraña de frases. Payton emite sentencias (no tanto opiniones) en las que incluso se arroga la exclusiva representación de todo el espectro de la música negra americana a través de su propia música (¡Nadie más que yo!, se hincha Payton, que dice representar desde la tradición de Nueva Orleans hasta la de Chicago, los lenguajes de Count Basie, Charlie Parker, Thelonious Monk, Ahmad Jamal, el estilo de Miles Davis, James Brown, Marvin Gaye, Stevie Wonder, Earth Wind and Fire, George Clinton, Wayne Shorter, Herbie Hancock, James Williams, Bobby Watson, Donald Brown, Duck, Dilla…) o defiende estar intentando salvar esta música y llevarla de vuelta a sus raíces. ¿Habrá perdido el norte, Payton? Una cosa es una opinión con saludable dosis de agitación y otra una boutade desmedida y paranoica. Me viene incluso a la cabeza aquella chulesca frase del futbolista Cristiano Ronaldo sobre que se le tenía envidia porque era bueno, guapo y con dinero. Vamos que, aunque comparto la tercera aseveración, la credibilidad se le va por la fuerza de la chulería. Un poco de humildad (aunque uno mismo se crea el rey del mambo) no viene mal.

Son muchos los frentes que abre Payton y que se podrían intentar analizar, replicar o acompañar en el sentimiento, pero ciñámonos a algunos de los más relevantes. Por ejemplo, la cuestión de las etiquetas. ¿Es un problema llamar ‘Jazz’ a determinado tipo de músicas? ¿Limita al músico el ejercicio de su creación? ¿Es ‘Jazz’ un término de naturaleza colonial equivalente al insulto de negrata para un negro?

Quizá la primera pregunta que habría que hacerse es cuándo demonios aparece la palabra ‘Jazz’, y creo que es una cuestión que dista de estar resuelta. Estaremos de acuerdo en que la palabra ‘Jazz’ no deja de ser una convención que, como mucho, guía, da pistas, sobre aquello que vamos a escuchar. Que las etiquetas tienen vocación mercantil no escapa a nuestra inteligencia, pero que la palabra existe antes de que existiera un mercado manejando las mercancías culturales, también parece evidente. ¿Está el músico al servicio de la etiqueta? Me temo que sólo de forma individual se puede responder a esta pregunta.

¿Para qué crea música el músico? A priori, deberíamos encontrar tantas respuestas como músicos (aunque la mayoría no pase de aquello de que “los partidos duran noventa minutos”), pero será la personalidad del artista la que dirima fundamentalmente qué mueve su obra. Habrá quien se quiera (o pueda) mover dentro de unos parámetros de lo que le han dicho que es determinada música y trate de manejarse con ellos. Ahí encontramos un amplio espectro de la comunidad musical que se limita a repetir una y otra vez lo aprendido con apenas matices diferenciales. Es una mayoría, pero que tiene su explicación más allá del peso de la ‘marca’. No todo el mundo es genial e hipercreativo. Y no, no es una cuestión de autolimitación (Payton no cree en las limitaciones), es simplemente que la habilidad a veces no da para mucho más que para manejar las herramientas con cierta soltura. La facultad para la genialidad está al alcance de relativamente pocos, e incluso quienes la tienen ofrecen medianías a lo largo de su carrera.

El vuelo más o menos libre de la música suele estar en consonancia con la construcción personal e intelectual del individuo. Pocas palabras tan indefinidas como ‘Jazz’. De esa etiqueta se derivan tantas formulaciones estéticas que corresponde al individuo encontrar acomodo entre tantos mensajes con vocación de juicio final. O incluso, puede tratar de hacer volar por los aires cualquier intento de santificación del término.

¡Claro que es absurdo llamar ‘Jazz’ a una música que, bajo un mismo paraguas, se parece tan poco entre sí las más de las veces! Pero el músico libre, independiente, tiene en su mano hacer lo que le dé la gana… que ya se encargará luego la maquinaria mediática y social de ponerle un nombre, esté o no el creador de acuerdo con él. Si hay músicos que no se atreven a romper según qué patrones que entienden sagrados es tan problema suyo como una libre elección. No creo que a nadie en último término le amenacen con un látigo jazzístico para decirle lo que tiene que tocar y cómo. Otra cosa es que en la vida uno se encuentre con personajillos que desde sus pedestales procuran conducir el rebaño. Pero, insisto, en último término está en manos del músico seguir su propio camino o amoldarse, información no le falta hoy por hoy. Que en determinadas circunstancias esto resulte más o menos fácil es otro cantar. Puede suceder (sucede, de hecho) que, para tocar en determinado acontecimiento, el director de turno te obligue a un repertorio y maneras concretas, pero también sucede que el artista sometido a ese dictado dispone de brazos conque ejercitar el noble ejercicio del corte de mangas.

La cuestión racial, colonial, opresora… de la etiqueta ‘Jazz’ va adquiriendo mayor relevancia en los diferentes textos de Nicholas Payton. Que mediante el ejercicio (también limitador) de denominar su música como Música Negra Americana (BAM!) esté tratando de llamar la atención sobre la usurpación de la negritud fundacional de esta música, no deja de resultar un discurso anacrónico. No porque la lucha por la igualdad social de negros, blancos, amarillos, azules y verdes no siga teniendo vigencia, sino porque no creo que nadie en su sano juicio esté negando el origen negro de esta música. El relato de los campos de algodón es de sobras conocido por quienes ignoran el Jazz, su historia y desarrollo, e incluso he comprobado cómo músicos ajenos por completo a la dinámica del Jazz imaginan su cara pintada de negro cuando, por cuestiones laborales, tienen que afrontar un repertorio (pseudo)jazzístico (lo cual no deja de ser eco de aquellos vergonzantes minstrels del siglo XIX).

Que la práctica jazzística inicial de los músicos blancos pudiera ser la de quienes se acercan con otras señas de identidad cultural a otra cultura, puede ser más o menos discutible, pero hace ya mucho tiempo que es un lenguaje musical que ha ido creciendo y ramificándose por la acción de músicos de todos los colores. Que se deba llamar o no ‘Jazz’ a eso no deja de ser una discusión colateral a la propia música, pero no está claro que la ultra(ramificación) de etiquetas (los tags son casi tan perniciosos como los hashtags) haya ayudado a discernir de qué hablamos cuando hablamos de música. Y sin embargo difícilmente prescindiremos de ellas, como difícilmente dejará de escribirse sobre música aunque las palabras no sirvan para escucharla.

Por otro lado, al denominar Payton su música como Música Negra Americana (algún día los americanos no estadounidenses deberían luchar por recuperar la palabra, ¡eso sí que es racismo!) contribuye a la diferencia más que a la igualdad social. Que su música pretenda erigirse en representación de ese (supuesto) espectro cultural no es sino devolver la música al rincón del gueto (‘Nuestra’ música VS la otra). La separación racial crea los mismos estigmas que las etiquetas que denuncia Payton. ¿No debe el músico ser libre? ¿No debe ser ilimitado en sus ambiciones? Ser un músico de Música Negra Americana es tanto como decir que su música va a estar definida por lo que socialmente se entienda como tal. Al fin y al cabo, todas las clasificaciones generan expectativas y no dejan de ser convenciones sociales. Y tan libre es Payton de elegir abarcar todo el espectro de lo que él considera Música Negra Americana, como lo es otro músico de orientarse por los parámetros de lo que entienda que es el Jazz a partir de su propio bagaje. En fin, todo un galimatías intelectual.

En definitiva, las etiquetas en ocasiones orientan, en otras desorientan, y las más de las veces no significan nada. La dimensión de su significado depende de cada uno, de su bagaje, de su amplitud de miras y de su intencionalidad. Así nos encontramos festivales de ‘Jazz’ que firmarían alborozados la sentencia de muerte del Jazz en 1959, y otros que creen que tiene un presente, una historia e, incluso, un futuro. Lo mismo ocurre con algunos programas de radio o revistas musicales y con cada uno de los músicos y aficionados de este universo ‘Jazz’ en el que algunos se sienten acogidos, otros turistas y otros, como Payton, no quieren estar. Pero clamar por el robo de la identidad racial que supone la palabra ‘Jazz’ para la música negra es tanto como poner el grito en el cielo porque no se cite de forma expresa el fundamento irlandés del Country o se llame Americana Music a una cierta idea de la música estadounidense (repito, ¡rebélense los americanos no estadounidenses!).

Romper los grilletes lingüísticos mediante nuevas denominaciones es entrar en el juego, es perpetuar el sistema de convenciones en el que nos movemos. ¿Reduccionista? Sin duda. ¿Imperfecto? A más no poder. Pero al igual que la Estrella Polar es un medio de orientación y no el destino, ‘Jazz’ no deja de ser una luz que guía los pasos de algunos profesionales y aficionados. Y es de sobras conocido que todos los caminos conducen a Nueva Orleans.

© Carlos Pérez Cruz

Los textos de Nicholas Payton que inspiran este texto se publicaron en su blog entre el día 27 de noviembre y el 7 de diciembre de 2011. Algunos de esos textos los traduje y publiqué en mi blog.

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

miércoles, diciembre 07, 2011

Carta abierta a Marcus Strickland y a sus amigos de Facebook (por Nicholas Payton)


¿Me preguntas si estoy enfadado? Sí, Marcus, estoy enfadado. Enfadado con esos tipos con los que he compartido mi pan, a los que he apoyado abandonando mi camino, ayudado cuando necesitaban dinero, con quienes he compartido escenario, a quienes he contratado, que me han proclamado su mentor y una de sus grandes inspiraciones y que, sin embargo , van a Facebook y participan del asesinato virtual de mi personaje. Espero eso de la gente rastrera que no hace sino escupir violentamente todo el día en internet porque son infelices con sus vidas vacías pero, ¿de mis amigos? Está bien.

Marcus actúa como si le atacara a él personalmente. ¿Cuándo, aquellos que me conocéis, me habéis visto haciendo algo que no sea apoyar esta música? ¿Quién conoce aquí más sobre la historia de esta música que yo? ¿Quién está cualificado para ir mano a mano conmigo en este tema? ¿Hay alguien interesado? Responderé. Ninguno de vosotros. Ninguno.

Todos los que habéis participado de este ataque tenéis que avergonzaros. No va con el espíritu de esta música que llamáis Jazz. He escuchado a alguna gente que dice que Marcus ha hecho buenas observaciones. ¿Qué observaciones? No ha hecho mucho más que acusarme de haber hecho esto para conseguir atención. ¿Cuándo he hecho algo así para lograr que la gente hable de mí? No lo he hecho, no necesito hacerlo.

No hay ningún alma viviente que pueda subir a un escenario en el mundo y soplar más que yo.  Y punto. Ninguno de vosotros, cobardes. Nunca ha existido un músico que pueda representar todo el abanico de la tradición de esta música desde su implantación en Nueva Orleans a Chicago, del lenguaje de Basie a Charlie Parker, del lenguaje de Monk, Ahmad Jamal, el estilo de Miles, a James Brown o Marvin Gaye, Stevie Wonder, Earth, Wind and Fire, George Clinton, Wayne Shorter, Herbie Hancock, James Williams, Bobby Watson, Donald Brown, Duck, Dilla, etcétera , que yo.

Nunca.

Esto no es para fanfarronear o presumir sino para ilustrar cómo rendimos más tributo a un título como “JAZZ” que lo que queremos a alguien que vive y respira el espíritu de esta música cada día.

Podéis enfadaros, pero están tratando de alejar esta música de los negros. Muchos de vosotros simplemente no os dais cuenta. Vais a esperar hasta que sea demasiado tarde para hacer algo antes de daros cuenta de lo que está pasando. Aquellos que me conocéis sabéis que, generalmente, soy hombre de pocas palabras, pero que cuando hablo es por cosas importantes.

Estoy poniendo mi trasero en la diana por vosotros. No por mí. Sois vosotros, quienes no os dais cuenta de lo que está pasando, mis mayores críticos. No estoy enfadado. Estoy tratando de luchar por lo que quería Duke Ellington hace años, llamarlo Música Negra. ¿Por qué? Porque él sabía entonces que si no la etiquetábamos de una manera que hablara de sus orígenes, años después los blancos tratarían de reclamarla como algo creado colectivamente.

No me malinterpretéis, hay algunos tipos blancos brillantes, geniales, que han tocado esta música, pero es, en definitiva, una forma de arte negro. ¿Qué hay de malo en cambiar de nombre a la música de manera que ponga los argumentos sobre la mesa de una vez por todas? ¿Creéis que soy la única persona que ha querido esto? ¡Demonios! No. Miles, Max, Mingus, J-Mac, Dr. Donaldson Byrd y otros muchos han querido esto desde hace mucho. Ellos se rindieron porque se cansaron de las reacciones furibundas que recibieron tanto de negros como de blancos. ¿Sabes qué? Como dice Roy Haynes, “el tiempo de titubear ha terminado”.

Sobre la cibervalentía
¿Sabéis por qué lo que he dicho molesta tanto? ¿Por qué sacude vuestros cimientos? Porque leéis mi texto y lo sentís como un manifiesto contra VOSOTROS. Si no fuera así, no tendríais semejante rechazo hacia lo que estoy diciendo. ¿Por qué tomárselo de forma personal? ¿He llamado a alguno de vosotros por vuestros nombres? No, pero en efecto, os invoqué. Lo hice para retaros a pensar sobre lo que habéis estado haciendo todos estos años. ¿Tenéis de verdad la capacidad, el coraje y el intelecto para llevar esta música hacia adelante o vais a estar dando vueltas a la práctica del Jazz el resto de vuestras vidas?

Tenéis el cibercoraje de venir y arremeter contra mí online pero, ¿tenéis el coraje de hacer el trabajo de verdad para cambiar la situación en vez de acusar? ¿Me diríais toda la mierda que habéis dicho online a la cara? Lo dudo. En vez de atacarme, ¿por qué no practicáis, escribís vuestro propio blog, mantenéis a vuestras parejas y hacéis lago productivo con vuestras vidas?

Hans Schumann, ¿qué derecho tienes a ridiculizarme? ¿Con quién has tocado como para creerte con la autoridad para hacer algo semejante? Creaste una organización llamada “JazzReach”, que se supone que está dedicada a enseñar Jazz a los niños, y aquí haces afirmaciones pueriles como esta:

“¡La sal HA MUERTO! Yo uso “sodio cristalizado como condimento” y referirme a ello como “sal” es someterse a ciegas, conformarse y maniatarse por la costumbre. Así que no me pidáis NUNCA que os pase la sal. Yo no soy tú…

Bueno, ya sabéis lo que dicen, “los que pueden, lo hacen. Los que no, enseñan”.

Caramba, estoy enfadado. ¡Caramba! ¡Estoy a la defensiva! ¿Por qué no habría de estarlo? Esta música no es algo que yo haga como hobby. Esta música representa el camino de la gente hacia la libertad. La Música Negra Americana es el pasaporte del negro privado de derechos hacia el mundo. La Música Negra Americana hizo que la gente blanca en todo el globo haya tenido que aceptar el hecho de que los negros también eran personas. Que no somos salvajes, ni animales, ni esclavos, ni los descerebrados descendientes de los monos o cualquier otra cosa que los blancos pensaban de nosotros para justificar cómo nos trataban. Fue mediante la Música Negra Americana como los blancos tuvieron que enfrentarse al hecho de que los negros éramos igualmente seres humanos inteligentes.

Tampoco se dieron por vencidos tan pronto. Fue un largo y difícil camino hasta lograr la aceptación. Hemos hechos muchos progresos pero tenemos todavía un largo camino que recorrer.

Sin la kalimba…
A mis eruditos blancos, ¿por qué cada vez que el negro dice que lo que se llama música Jazz es de los negros tenéis que decir cosas como que “sin los instrumentos europeos y la escala bien temperada, junto con la armonía y la forma de canción derivada históricamente de los europeos, no existiría el “jazz” tal y como lo conocemos?

Ese es el tipo de pensamiento revisionista que causa la división racial. Sin la kalimba, un instrumento africano, no hubiéramos tenido el clave bien temperado. Sin África, no hubiéramos tenido batería, instrumentos de cuerda o viento, todos ellos inventados en África largo tiempo antes de que la gente migrara a Europa. África es la madre tierra, sin la cual no tendríamos nada en la sociedad moderna.

Get ya mind right! (¡Despertad!)
Nosotros los negros sólo queremos respeto para nuestra contribución a la sociedad. ¿Por qué cada vez que alguien atribuye algo a los negros, algún blanco tiene que decir lo que han hecho los blancos? ¿No tenéis ya demasiadas cosas? ¿Pueden los negros tener algo? Nos habéis quitado nuestra tierra, nuestras casas, nuestro idioma, nuestras familias y nuestra cultura. La Música Negra Americana (lo que llamáis Jazz) era nuestra forma de reclamar lo que nos había sido birlado. Dejad que sea nuestro de una vez por todas. Permitidnos poder decirlo sin que los blancos se sientan mal por ello. Sí, los blancos han hecho algunas cosas brillantes, pero la cuna de la civilización es África.

A vosotros, mis gente negra. La energía negativa escuece especialmente cuando viene de vosotros. Aquí tenéis a un hermano tratando de hacer algo positivo por la mejora de nuestra raza y todo lo que se os ocurre pensar es en maneras de hundirme en un foro público. “Los negros (niggas) son como cangrejos en un cubo”. Este es el tipo de pensamiento colonialista que hace que los negros no levanten la cabeza. Los grilletes cayeron de nuestras muñecas hace siglos, pero los grilletes en nuestras mentes siguen presentes. Recuerda: No todos los negros querían abandonar a la “Masa”. Muchos se resistieron a abandonar la plantación porque sentían miedo de la libertad. Toda esta debacle ilustra claramente el punto de que el “JAZZ” tiene, ¡ya lo creo!, miedo de ser libre.

Y a todo el personal alrededor del mundo que ha mostrado con vehemencia su desacuerdo con mi desmantelamiento del JAZZ: Mi problema es con la palabra, no con la música. Lo he dicho un montón de veces, pero no importa cuántas veces lo haga porque algunos no lo entenderéis. No sorprende que el mundo esté tan jodido. La mayor parte de la gente no tiene la capacidad de aplicar el pensamiento crítico, muchos menos tiene la habilidad de leer algo y de considerar los puntos de forma objetiva.

Lo que es particularmente triste es los músicos que no lo logran. ¿Por qué lo pensáis todo de una forma lineal? El sistema educativo americano tiene un fallo abismal. No se enseña a la gente a pensar por sí misma y por lo tanto limita su capacidad para elegir y pensar por sí misma. En este aspecto, los americanos en general somos esclavos.

No me extraña que la música tenga problemas. Lo evidencian quienes están en desacuerdo con mi texto, que parece que no comprenden los que les digo. No tenéis que estar de acuerdo, pero debería quedar claro que:

Estoy a favor de la música y en contra del nombre.
Algunos de vosotros no sois tan brillantes y, por lo tanto, la música padece. Nuestros antepasados eran genios. Eran grandes pensadores que revolucionaron el mundo a muchos niveles. La actual corriente de músicos de lo que llaman Jazz simplemente carecen del intelecto que requiere ser un artista con el pedigrí de nuestros predecesores.

Como decimos en Nueva Orleans, ¡despertad! (Get ya mind right!)

Negro americano, manifiesto posmoderno
Sí, dije que soy un músico posmoderno de Nueva Orleans. Tengo que reivindicar primero mi hogar. Nunca aseveré que pensara que la música antes conocida como JAZZ debiera aceptar ese título. Nunca me proclamé el árbitro de lo que pensaba que debería ser la música. Simplemente proclamo que en quién baso mis raíces. ¿Por qué algunos se ofenden si esa verdad fundamental me sobrepasa?

Sí, muchas ciudades a lo largo de América, incluso del mundo, han hecho contribuciones a esta gran forma de arte, pero empezó en Nueva Orleans. Esto no es una opinión, es un hecho bien documentado.

De este modo muchas veces la gente se queja de cosas pero no da soluciones viables a la cuestión. Ya que me han preguntado insistentemente cómo se debería llamar a la música antes conocida como JAZZ, hice mis sugerencias.

En primer lugar creo que deberíamos reconocer su origen: Negro. Pero es más que eso. En segundo lugar, es también Americano. Aunque es una invención negra, sin los blancos, latinos, nativos americanos, judíos o cualquiera de las culturas que hacen de América lo que es, no habría sido posible. Y, por supuesto, por último, es música.

Ante eso digo, soy Nicholas Payton y toco Música Negra Americana.

La Música Negra Americana fue creada por Negros, pero pertenece a todo el mundo.

BAM!

¿Responde eso vuestras preguntas?

Nicholas Payton (Traducción: Carlos Pérez Cruz)
Publicado originalmente en la página web del trompetista con fecha 4 de diciembre de 2011. 

Carta abierta a quienes disienten de que el jazz ya no es algo cool... (por Nicholas Payton)

Dejadme aclarar una cosa. No me estoy cargando una forma de arte. Me estoy cargando el nombre, Jazz. De igual modo que llamar negrata (nigger) afecta el modo en el que se siente un negro, creo que el término “Jazz” afecta a la forma de tocar. No soy un negrata, al igual que no soy un músico de Jazz

¿Qué es lo que Duke Ellington, Miles Davis, Max Roach, Abbey Lincoln, Rashaan Roland Kirk, Gary Bartz y yo compartimos? Desprecio por el Jazz. Estoy poniendo de nuevo sobre la mesa un tema que mis antepasados hace tiempo que quisieron tratar. Llevo su carga sobre mí.

 “Jazz” es un término colonialista opresivo y no quiero formar parte de ello. Si el Jazz no fuera esclavitud, ¿por qué Ornette Coleman trató de liberarlo? Jazz no es música, es una idea que no nos ha servido a ninguno de nosotros. Me entristece ver cómo la mayoría de mis amigos no se dan cuenta. Algunos de los que me conocen y algunos para quien he trabajado, con quienes he compartido escenario, saben lo importante que es la tradición para mí. Mi trabajo habla por mí.

No estoy despotricando

Para todos aquellos que dicen que lo mío es una rabieta enloquecida, irritada, furiosa y sombría. No hay nada de locura, irritación, furia u oscuridad en lo que digo, al contrario que la energía llena de odio que he recibido en la red. Alguien incluso ha ido tan lejos como para llamarme el Charlie Sheen del Jazz. ¿Saben qué es lo que más me ofende de esa frase?

La parte del Jazz

Intento salvar esta música y la gente arremete contra mí. Lo gracioso es que, en su mayor parte, las respuestas han sido de forma abrumadora favorables y es ahí en donde me voy a concentrar. Me sacrifico por el bien de la Música Negra Americana y algunos me insultan, ¿quién es aquí el furioso? La mayoría de estos tipos no me conocen y sin embargo sienten un fuerte rechazo hacia Nicholas Payton. Soy un ser humano, no un robot de internet. Cuando se tiene un fuerte rechazo hacia alguien a quien no conoces, significa que en algún lugar dentro de ti sientes un fuerte rechazo hacia ti mismo.

Por favor, miraos a vosotros mismos. ¿Qué estáis haciendo para salvar esta música? ¿Vais por ahí matando dragones o intentando romper el statu-quo? ¿O simplemente funcionáis con el pretexto de que os habéis alimentado así durante muchos años y que ese es el modo en que tienen que ser las cosas?
Sois libres de que yo no os guste o de que no os guste lo que digo, pero eso no quita para que lo que dije sea verdad. Simplemente os molesta profundamente porque desmantela todo aquello sobre lo que habéis construido vuestra vida. Como decía en el texto, “Jazz” es resistencia a cambiar. Quieren que os agarréis al viejo modo de hacer las cosas, incluso aunque esté probado que no funciona.

¿De qué tenéis miedo? ¿De tener que pensar por vosotros mismos? ¿De responsabilizaros de la información que ha ido pasando de generación en generación? ¿De tener que cumplir con lo que el gran legado de esta música exige?

Reto a quienes disienten a que sean realmente independientes y a que se queden solos frente a cualquiera que les diga que estás equivocado, loco y que no se puede hacer. Eso es lo que hizo Duke. Eso es lo que hizo Miles. ¿Estáis dispuestos? ¿Sois capaces? Sólo unos pocos pueden realmente hacerlo y mi texto lo deja claro. No es algo para todo el mundo. Así que sigan así, sigan encasillándose en las etiquetas que han sido designadas para marginar a los músicos negros y limitar su brillantez.

BAM!

Cuando la Música Negra Americana se convirtió en “JAZZ”, se separó del lenguaje de la música popular americana. Simplemente trato de llevarla de vuelta a sus raíces. La música popular americana ha sido separada de sus raíces (aquello que llamáis Jazz) y, como resultado, todas las ramas del árbol están muriéndose. La música americana está muriendo y yo estoy tratando de salvarla. Enciende la radio si no me crees. ¿Cuántas grabaciones de Jazz que han salido en los últimos 5 años te gustan de verdad?

Apoyo esta música más que muchos de vosotros. No es que me conecte a la red y empiece a quejarme sobre el estado de esta música. Apoyo de verdad el arte y a sus artistas y tengo que ver cómo se me intenta derribar y se me dice que a ver si estoy intentando acabar con la música. Cuando sois algunos de vosotros los que queréis mantener una idea opresiva que no sirve a la Música Negra Americana, ¿quién es aquí el verdadero asesino?

La música ya estaba bien antes de que la llamaran Jazz y estará genial sin ese nombre.

No hay nada que temer excepto a vosotros.

BAM! (siglas de Black American Music)

Nicholas Payton (Traducción: Carlos Pérez Cruz)

Publicado originalmente en la página web del trompetista con fecha 2 de diciembre de 2011. 

lunes, diciembre 05, 2011

Sobre por qué el Jazz ya no es algo cool... (por Nicholas Payton)


El jazz murió en 1959.

Quizá haya tipos cool que digan que tocan Jazz, pero el Jazz en su conjunto no tiene nada de cool.

El Jazz murió cuando lo cool dejó de estar de moda.

El Jazz, para empezar, es una idea limitada.

El Jazz es una etiqueta que fue impuesta a los músicos.

Los músicos nunca deberían haber aceptado esa idea.

El Jazz no es nada.

El Jazz es incestuoso.

El Jazz se separó de la música popular Americana.

Gran error.

La música nunca se recuperó.

Ornette intentó salvar el Jazz de sí mismo llevando la música de vuelta a sus raíces en Nueva Orleans, pero sus esfuerzos fueron demasiado esotéricos.

El Jazz murió en 1959, eso es por lo que Ornette trató de liberar el Jazz ("Free Jazz") en 1960.

El Jazz sólo es algo realmente cool si no lo tocas como un modo de ganarte la vida.

Los músicos de Jazz han aceptado la idea de que está bien ser pobre.

John Coltrane fue un tipo extraordinario, pero el Jazz dejó de ser algo cool en 1959.

El hecho de que tantas personas estén defendiendo una idea acerca de lo que se supone que tiene que ser el Jazz es lo que hace que no sea algo cool.

La gente está defendiendo una idea que murió hace mucho.

El Jazz, como Buda, está muerto.

Dejadlo marchar, gentes, dejadlo marchar.

Paul Whiteman fue el Rey del Jazz y algún día todos los reyes han de caer.

El Jazz no es algo cool, es algo frío (cold), como la necrofilia.

Dejad de joder a los muertos y abrazad a los vivos.

El Jazz se preocupa demasiado por sí mismo como para ser algo cool.

El Jazz murió en 1959.

El número uno de las grabaciones de Jazz es Kind of Blue de Miles Davis.

Time out de Dave Brubeck salió en 1959.

1959 fue el año más cool del Jazz.

El Jazz está obsesionado por sus hambrientos fantasmas.

Dejadlo morir.

Podéis ser los mártires de una idea que murió hace medio siglo si queréis.

El Jazz se ha demostrado algo limitado y, por lo tanto, no es cool.

La mujer de Lot se convirtió en columna de sal al mirar hacia atrás.

El Jazz está muerto.

Miles Ahead (Miles hacia adelante)

Alguno debe decir que yo ya no soy el mismo tipo que grabó el disco con Doc Cheatham.

Correcto: No soy el mismo tipo que era hace 14 años.

¿No se trata de eso?

Nuestra finalidad en este planeta es evolucionar.

La Edad de Oro del Jazz se ha terminado.

Dejadla marchar.

Demasiados necrófilos en el Jazz.

Exponen los argumentos por mí.

Algunas personas pueden decir que estamos definidos por nuestras limitaciones.

No creo en las limitaciones pero si crees que estás limitado es algo que te definirá.

Las deficiones son retrospectivas.

Y si te estás enfadando es, probablemente, porque sabes que el Jazz está muerto.

¿Por qué enfadarse si lo que estoy diciendo no te parece verdad?

No puedo hablar por los demás, pero yo no toco Jazz.

Toco música posmoderna de Nueva Orleans.

Louis Armstrong y Danny Barker tocan música tradicional de Nueva Orleans.

Ellis Marsalis y James Black tocan música moderna de Nueva Orleans.

Kidd Jordan y Clyde Kerr tocan música de vanguardia de Nueva Orleans.

Donald Harrison toca música neoclásica de Nueva Orleans.

Yo toco música posmoderna de Nueva Orleans.

Soy parte de un linaje.

Soy parte de una línea consanguínea.

Mis antepasados no tocaban Jazz, tocaban música de Nueva Orleans tradicional, moderna y de vanguardia.

Yo no toco Jazz.

No permito que otros definan quién soy.

Soy un músico posmoderno de Nueva Orleans.

Creo música para el corazón y para la cabeza, para la belleza y la cartera (for the beauty and the booty)

Quien permite que los demás le definan es hombre muerto.

Con el debido respeto a los maestros, fueron víctimas de una mentalidad colonialista.

Los negros han sido condicionados durante siglos a agradecer las migajas.

Como músico posmoderno, es mi deber hacerlo mejor que mis predecesores.

Para cuestionar, reexaminar y redefinir qué es lo que hacemos.

Ellos lo aceptaron porque tenían que hacerlo.

Dado que mis antepasados me abrieron la puerta, no tengo que aceptarlo.

Louis accedió y peleó para que Miles pudiera darle la espalda.

Es lo que llaman evolución.

Es la mentalidad colonialista la que glorifica ser tratado como un esclavo.

No hay nada romántico en la pobreza, supervivientes músicos de Jazz.

A la mierda con esa idea.

No es cool.

El jazz es una mentira.

Tocar Jazz es como correr en una cinta; puedes romper a sudar pero al final no irás a ninguna parte.

Algunos pueden decir que somos limitados.

Yo digo, somos tan limitados como nuestra forma de pensar.

Yo no estoy limitado.

El Jazz es una treta del marketing que sirve a una pequeña élite.

Esa élite hace todo el dinero mientras dice a los verdaderos artistas que es cool andar pelado.

Occupy Jazz!

No estoy hablando de los que llamamos aspectos de la improvisación del Jazz.

La improvisación por su propia naturaleza nunca puede ser algo passé, pero los modos de pensar son invariablemente mortales.

No saber es lo más que puedes llegar a saber.

Esto se produce sólo cuando no sabes que "todo" es posible.

El Jazz no tiene nada que ver con la música o con ser cool.

Es una idea de marketing.

Un gran ejemplo de lo que está mal con el Jazz es cómo la gente pelea por él.

La gente tiene tanto miedo de dejar marchar un nombre que está matando el espíritu de la música.

La vida es más grande que la música, a menos que te guste el Jazz o lo toques.

El arte, o la falta de él, es sólo un reflejo.

Miles Davis personificó lo cool y odió el Jazz.

¿Qué es, de todos modos, el Jazz?

La vida no es lineal, es concéntrica.

Cuando estás creando de verdad no tienes tiempo de pensar en cómo llamarlo.

¿Quién piensa en cómo llamar al bebé mientras está follando?

Tocar Jazz es como utilizar el espejo retrovisor para conducir tu coche en la autopista.

Si piensas que el Jazz es un estilo de música, nunca empezarás a entenderlo.

Se trata en definitiva de los músicos.

La gente es voluble y va al bulto.

No hay suficientes artistas que sean disciplinados y luchen por lo suyo.

La gente sigue tendencias y marcas.

Tristemente, también los músicos.

Jazz es una marca.

Jazz no es música, es marketing, mal marketing.

Nunca ha sido, ni será, música.

Aquí yace el Jazz (1916 - 1959).

Muchos músicos e insuficientes artistas.

Creo que la música es más un medio que una marca.

El silencio es música, también.

No puedes practicar el arte.

Para que este sea verdadero, uno debe vivirlo.

La existencia no es más contingencia que pensamiento.

Dónde decides poner el silencio es lo que hace que la música suene.

Sonido y silencio igual a música.

A veces cuando hago un solo no toco nada.

Simplemente muevo bloques de silencio alrededor.

Las notas se piensan en el último momento.

El silencio es el que hace de la música algo sexy.

El silencio es cool. 

Nicholas Payton (Traducción: Carlos Pérez Cruz)

Publicado originalmente en la página web del trompetista con fecha 27 de noviembre de 2011.
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