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jueves, octubre 14, 2010

Cómo ser músico en España (Guía depresivo-descriptiva)

Ayer ya escribí algo al respecto motivado por la conversación que mantuve con el escritor Antonio Muñoz Molina emitida en el programa Club de Jazz de esta semana. Su opinión de que los proyectos y propuestas musicales deberían surgir de la iniciativa privada y mantenerse ajenos a la administración pública (por razones que se pueden escuchar en la entrevista) me ha despertado la curiosidad y el interés por conocer cómo es la realidad laboral de los músicos en este país y si es posible tal propósito. El resultado de tal indagación es que tal aspiración es plausible pero utópica hoy en España.

Javier Díez Ena, contrabajista del grupo Dead Capo, me ha hecho llegar un documento que detalla las características de la regulación francesa de lo que en Francia denominan los
Intermitentes. Técnicamente un intermitente es aquel que, en el transcurso de un periodo concreto, tiene una sucesión de contratos de duración determinada, por cuenta ajena y con varios empleadores, que se alternan con periodos de inactividad (burocráticamente no hay mejor descripción del oficio de artista). Y para estos intermitentes existe un régimen de cotización y protección social que, a grosso modo, ampara a los profesionales de las Artes ya que se entiende que su realidad es la de una actividad laboral de riego e inestable, fraccionada y precaria. Un estatuto que trata de garantizar los mínimos de supervivencia, derechos y obligaciones, de los artistas. La sola idea de un estatuto de estas características es un sueño (¿inalcanzable?) para los músicos en España.

¿Por qué es un sueño? Para empezar porque ni siquiera el músico es considerado un trabajador
en activo. ¿Qué opciones tiene el músico profesional (no miembro de una orquesta o banda funcionarial y siempre refiriéndome a intérpretes, no a profesionales de la enseñanza musical)?

A) sobrevivir a base de "bolos" pagados en dinero negro.

B) trabajar de cualquier cosa para poder tener un dinero estable y dedicar el resto del tiempo a la música.

C) darse de alta en autónomos.


La opción A) requeriría tener la fortuna de tocar casi todos los días del año de manera que el montante (negro) del dinero le diera a uno para vivir con dignidad. Claro, no se puede aspirar a coger un resfriado (aspiración que puede abrirte las puertas del descanso doméstico si tienes un contrato). Con la opción A) no hay cotización que valga y, por lo tanto, pensión futura. La opción B) es la más habitual. Los hay que trabajan en algo relacionado con la música (como dar clases) o de cualquier cosa (desde enterrador a telefonista pasando por todo oficio imaginable). ¿Y el tiempo para la creación? ¿Para la maduración de los proyectos? ¿Para conseguir que la escena ibérica - e insular - salga del tan criticado
amateurismo? Mucho pedir, claro. La opción C) requeriría tener unos ingresos garantizados para poder asumir los costes que la figura de autónomo suponen. O tienes una herencia detrás o una pareja dispuesta a la manutención pase lo que pase o difícilmente se puede ser autónomo y músico.

¿Hay subvenciones para la música en este país? Sí, claro. Dejando al margen el sustento público de orquestas sinfónicas nacionales, autonómicas y de barrio y de algunas bandas de música municipales y autonómicas (rock, jazz, pop, electrónica... también son música y la hacen músicos) existen puntuales subvenciones para proyectos. Eso significa que tienes que tener un proyecto concreto en marcha y presentarlo a un "concurso" en el que la administración decide a quién otorga la ayuda (con todo lo que de "aleatorio"... sí, bueno, dejémoslo en "aleatorio", tiene esto). Claro, es una ayuda puntual a un proyecto puntual. Pero la música no termina en lo puntual; muere para nacer con otra forma (o sea, otro proyecto, no el que consiguió, en el mejor de los casos, una subvención).


Momento experiencia personal: hace unos días tuve la suerte de tocar con Dead Capo, cuarteto madrileño compuesto por tres realidades B) y una A). La realidad A) exclamó con inmensa alegría un
¡así podré tener algo de dinero! en el momento en que uno de los B) le comunicó que había salido un bolo dentro de un mes. La realidad Capo de la suma de tres Bes (alguna, para más inri, muy precaria) y una A es que el grupo (en mi opinión), uno de los más prometedores hace ya siete u ocho años, uno de los más originales y transgresores del panorama patrio, apenas sale del reducto madrileño y sólo ha grabado un disco hasta la fecha. No es precisamente la idea que uno tiene de un grupo consolidado. Pero las circunstancias no permiten la consolidación.

Y así nace la tan ansiada y admirable iniciativa privada en la música. La que obliga a los grupos a pelear horas y horas por conseguir conciertos, cobrarlos en concepto de taquilla (tanto público viene, a tanto la entrada, tanto te llevarás... si pinchas no es nuestro problema, bastante que te ponemos el escenario) y tratar de atraer al público con una publicidad que nace del (no)presupuesto propio y sin poder acceder a los medios de difusión a los que sí acceden las multinacionales que tienen los medios para ello. Pero claro, ellos tienen a los que hacen la música que quiere el personal mayoritariamente. Será cuestión de ponerse a hacerla igual para que la multinacional te incorpore a su catálogo de clones edulcorados. Porque, ¿para qué sirve una escena rica y diversa?


Por último, y para quien quiera profundizar un poco más en las tripas de lo que hay, dejo el enlace a este manifiesto que redactaron dos de los Capos y
publicado en la revista Rock de Lux* a partir de la hilarante reunión de músicos con el presidente Zapatero en 2004, supuestamente para que conociera de primera mano la realidad de la música en este país.

*hágase click sobre la frase "publicado en la revista Rock de Lux"

2 comentarios:

Eugeni Garcia Mitjans dijo...

Realmente con este articulo das en el clavo. Es la vida misma del músico en este país.
Eugeni Garcia
Músico/profesor

Carlos Pérez Cruz dijo...

Gracias Eugeni, aunque me gustaría no haber dado ni una.

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