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lunes, febrero 13, 2017

Día Mundial de la Radio


Vivimos un momento de saturación audiovisual, años en que la imagen se ha impuesto como reina para, paradójicamente, devaluar la fotografía y el vídeo. Hace no demasiado esperábamos el revelado de un carrete de fotos con la ilusión de un niño ansioso por romper el papel de regalo; ahora llenamos el archivo de nuestro teléfono móvil de imágenes que se repiten y olvidan, aunque las compartamos sin medida en la red.

En esa supremacía de la imagen, la radio ha caído en la tentación de hacerse televisión, pero sin los medios de la tele. La radio es palabra y sonido, es una forma de comunicación que guarda algo precioso y minusvalorado en estos tiempos: la privacidad. Y esa privacidad era un despertador de la curiosidad: ¿qué rostro tiene esa voz que escucho? La radio es escuchar, también oír, pero para verse ya está la televisión, que tiene otras condiciones (y condicionantes).

Arrastrados por la vorágine de las novedades tecnológicas, vamos levantando el telón que ocultaba la tramoya de la radio. Se va imponiendo como lógico enseñarlo todo, pero no necesariamente en beneficio de una mejor radio, sino habitualmente en detrimento de su cuidado y profundidad. Lo ligero, lo superficial, lo frívolo, lo insustancial ha aligerado los tempos de la radio, que siempre ha presumido de ser un medio ágil en su reacción, pero que es mejor cuanto más tiempo de cocción dispone.

Desconozco cuál será el futuro, pero radio siempre la habrá porque es la forma más hermosa de comunicación entre personas que no se conocen. Feliz #DíaMundialDeLaRadio (en el día después de cumplir 16 años haciéndola).

Carlos Pérez Cruz
www.elclubdejazz.com

miércoles, enero 11, 2017

La radio digital (y el milagro de la multiplicación)


Cuando apareció la TDT, la Televisión Digital Terrestre, se nos vendió no sólo la mejora de la calidad de imagen sino la multiplicación de contenidos. La digitalización de la señal trajo, en efecto, una mejora objetiva de la calidad de imagen; de los contenidos, juzgue cada uno, aunque parece obvio que lo que se multiplicaron fueron las redifusiones y los cutres contenidos de bajo coste [videntes y terturreicos con gomina]. El único beneficio doméstico fue para el pulgar, que pasó a ejecitarse con contumacia en cada zapeo. Llegaron los televisores planos, que dejaron obsoletos los televisores de culo (ahí sigue el mío, resistiéndose al adelgazamiento) y se convirtieron en objeto de deseo de cada una de las algaradas callejeras [No hay protesta por el elevado precio de la gasolina, muerte a tiros de la policía o cualquier restricción gubernamental que no incluya la imagen del saqueo de televisores planos].

Se anuncia ahora que Noruega es el primer país del mundo en dejar de realizar emisiones en Frecuencia Modulada. La FM fue a la radio lo que el color a la televisión. La oscura y sucia AM -cuya definición se enturbiaba con la caída de la noche al entrelazarse las ondas de las emisoras, que entonces aumentan su alcance- fue desplazada por la FM, cuyo estéreo y nitidez ofreció al oyente la percepción espacial del sonido, algo para lo que la Onda Media no estaba facultada. Eso sí, como ya expliqué en alguna ocasión, la AM sigue siendo un recurso útil (hoy se diría vintage) para viajar por España sin dejar de escuchar la emisora que uno prefiera. A excepción de Radio María, cuya omnipresencia en cada rincón de España encuentra su explicación en un repetidor celestial, el resto de emisoras en FM tiene un alcance muy limitado. Algo a lo que ahora viene a poner solución la radio digital, DAB [Digital Audio Broadcasting] en sus siglas en inglés.

Han pasado prácticamente 21 años desde que se realizara en España la primera emisión en DAB, y aparentemente nada ha evolucionado desde entonces salvo, quizás, la posibilidad de escuchar algunas emisoras a través del receptor de TDT del televisor. La FM sigue siendo la reina de la radio, a pesar de la competencia (¿?) de otros formatos radiofónicos como el podcast [radio a la carta] o el streaming [emisión a través de internet] de las propias emisoras de radio convencionales y de las surgidas en exclusiva para internet. Es una pena, porque la radio digital permite escuchar con gran definición de sonido una misma emisora sin perder su frecuencia al moverse por el país. Y no sólo eso, sino que, al igual que sucedió en televisión con la TDT, permite la multiplicación de canales. Lo he comprobado en Estados Unidos, donde trasladé a la radio la fórmula del zapeo televisivo para constatar que emisoras las hay de todos los colores, pero también que apenas tienen pintores. La radio es voz, acción y reacción, de lo contrario es otra cosa: un hilo musical, una playlist. ¡Ah! El factor humano. La DAB multiplica emisoras, no puestos de trabajo. Los profesionales, camino de la radio-selfie.

Carlos Pérez Cruz
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