¡ZAS! Trío. ¿Por qué ¡ZAS!? Dice “Sir Charles” que no es que la
música sea violenta, pero que a los tres ¡ZAS! les une un común
mosqueo con muchas cosas de la vida. Así, en el onomatopéyico
nombre del grupo, subyace la intención de golpear conciencias,
de gritar musicalmente
¡basta ya! Un grito de tres jazzistas, por lo que se puede
imaginar que la indignación no es simplemente ciudadana, también
(y eternamente) profesional.
Los caminos del jazz son inescrutables y así la indignación
hecha arte se subió por dos noches a la tarima del
lounge (denominación
anglo-pedante de un bar de copas de toda la vida) de un bilbaíno
hotel de cinco estrellas. Tiene su miga. Los desheredados de la
música “ambientando” un local en el que las consumiciones
cuestan más de lo que muchas veces cobran ellos por hora y media de
trabajo. Son locales con un glamur impostado, lujo de baratillo
y atención de usted con falsete. Y, sin embargo, detrás de la
apariencia de clase se esconde la vulgaridad del lanzamiento de
botellas al contenedor cuando la música roza el
pianissimo.
Sensibilidad anal (no confundir con la placentera descrita por
Freud), con traje de luces.
Baldo Martínez y Marcelo
Peralta
© www.elclubdejazz.com
Dejemos, no obstante, la apariencia ambiental y sus
contradicciones y concentrémonos en la música. Aquí sí
hay coherencia. Discurso ideológico, puesta en escena y práctica
musical son una misma cosa. Son contundentes los ¡ZAS!, por
supuesto, pero una contundencia que excede la testosterona
terapéutica y se cifra en la suma de muchos y valiosos
elementos, tanto en lo que se refiere a la composición, como a la
forma en que vuelan las improvisaciones. Hubo quien tras el
concierto confesó haber disfrutado del mismo,
a pesar de no gustarle
el free. Nos pierden las etiquetas. ¿Qué significa que no te
guste el free? ¿Qué es el free? Sobre el escenario había tres
músicos (que no vestían de etiqueta) haciendo música de la
buena, no practicando pleitesía a una definición. Puede que
alguien disfrutara del concierto
a pesar de que le disguste el swing. Y eso que, ¡menudo swing se
gastan! Al homenaje al humorista Gila de “Sir Charles”
(con ecos del
St. Thomas
de Sonny Rollins) me remito. Ellington lo bendeciría.
Si a la estética del entorno le sobraba impostura, la música del
escenario supuraba verdad (¡Qué elegante ironía la del
Duke Ellington´s Sound of
Love del canalla Mingus!). Contrastes. De ellos, un juego
permanente en escena. Si alguien alberga dudas sobre la gloriosa
necesidad de la disonancia, es porque no conoce el placer del
aterrizaje posterior. Si alguien se preocupa por el descanso de
los futbolistas alojados en el hotel*, es porque no conoce la
inyección energética (ríete de ciertas bebidas que la prometen)
del estallido visceral. Contrastes.
La murguita de Marcelo
Peralta camina plácida (y excitante) sobre un tempo estable
(resonancias
zornianas
del cuarteto Masada), mientras
Coquito´s de Baldo
Martínez (grabado con
MBM) está
estructurada con la complejidad rítmica y formal habitual del
contrabajista, para culminar, por paradójico que parezca, en los
espacios abiertos de ese teórico free que tanto asusta.
Carlos González, "Sir
Charles y Baldo Martínez
© www.elclubdejazz.com
La fórmula de trío de batería, contrabajo y saxo alto es
exigente para el intérprete pero, si requiere atención e
interacción casi continua, también recompensa con la maleabilidad de las
formas, con la expansión y contracción del tempo (como si los
tres fueran unidad en continua mutación). Claro que, al igual
que con el tema de las etiquetas nominales, no está en la
instrumentación la causa, sino en la suma de sus personalidades. Los tres crean un organismo sonoro tan
flexible que encuentra su equivalente visual en la ligereza y
soltura con que danza el cuerpo de “Sir Charles” en la batería.
O de cómo la fuerza expresiva nada tiene que ver con la
agresividad. Como nada agresivo es el clímax extremo y punzante
(para la emoción, claro) de
El vidalero de
Peralta; hermoso, lírico y crepuscular, paradigma de la
capacidad de hondura emocional de la música cuando se aleja
de la condescendencia (sin por ello mirarse al ombligo), y del
placer sensorial que se sublima con la confluencia remansada de tres
discursos sonoros paralelos tan intensos.
“Sir Charles” se confesó públicamente en estado de
levitación escénica. No es para menos. Son tres muy buenos
músicos que se comunican desde una evidente humildad y voluntad
de conjunto. Tres trayectorias con bagajes profesionales muy
dispares que han dado con la clave del entendimiento mutuo. ¡Qué
difícil! Pero qué fácil lo hacen (parecer). Y es que en estado
de levitación, los obstáculos quedan allá abajo.
© Carlos Pérez Cruz
*Después de la actuación del viernes 6, al grupo se le insinuó
la necesidad de que su actuación del sábado 7 rebajara la
intensidad sonora. ¿Motivo? El Sevilla de fútbol se iba a
alojar en el hotel la noche previa a su partido de liga con el Athletic de Bilbao.
Por fortuna, ignoraron tamaña grosería.