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martes, mayo 08, 2012

E.S.T. (Esbjörn Svensson Trio) - "301"


Casi cuatro años después de la muerte del pianista sueco Esbjörn Svensson, del más allá llega oxígeno para seguir respirando en el cada vez más irrespirable más acá. La dolorosa pérdida de Svensson, su ahogamiento en junio de 2008 en prácticas de buceo, interrumpió la trayectoria creativa de un trío que había logrado el don de la distinción con un formato tan estandarizado. La capacidad de hacerse reconocible es una característica innegable y valiosísima de este grupo de suecos, que se convirtió en estandarte del sello alemán ACT. Ahora que Svensson ya no está, y tras el brutal impacto del póstumo Leucocyte - que nos permitió adivinar tantas posibilidades ya frustradas -, nos llega la continuación de aquél, más material de las sesiones grabadas en el estudio 301 de la ciudad australiana de Sídney.

La historia es conocida: En enero de 2007, en plena gira, el grupo alquiló el estudio australiano por un par de jornadas para tocar de forma informal, sin material previo, improvisando y experimentando libremente. La discográfica dice que son nueve las horas registradas (¿habrá más ediciones o prevalecerá un criterio de juiciosa selección?). La naturaleza de estas sesiones improvisadas, donde se proponen caminos que luego los demás tratan de retomar, donde surgen nuevas formas imprevistas en sus desarrollos, lleva a que los temas alcancen una longitud temporal que rara vez admiten las ediciones discográficas, incluso jazzísticas. Por eso varios temas superan con claridad los diez minutos, y los que no lo hacen no dejan de ser particiones nominales de una misma unidad improvisada. Ya sucedía en Leucocyte y se confirma en 301, que confirma igualmente el lado oscuro de la música de E.S.T., una expresión mucho más árida que la pulida y etérea que lo caracterizó. Una densidad y contundencia que proceden de su filiación roquera y, sin embargo, tan innegable y profundamente jazzística. Especialmente en Three falling free Part II, que continúa la senda de Premonition: Earth o Ab Initio de Leucocyte, con una explosividad guitarrera del contrabajo distorsionado de Berglund sustentado por una poderosa exhibición de Öström y la grandilocuencia e insistencia en los acordes de Svensson (básicamente un sencillo motivo melódico descendente, punto de partida de la orgía posterior). Pura adrenalina y descarga emocional en la que confluye la progresividad del jazz del trío (hay fraseo de solos, no sólo reiteración rítmica) con la intensidad exultante del mejor rock, en un in crescendo hacia el delirio.

Si ya en los tiempos de From Gagarin´s point of view (1999) el trío se regocijaba en las atmósferas más estáticas, en los espacios abiertos - donde en apariencia nada se mueve -, aquí Inner city, city lights se convierte en eco extremo de aquellas estéticas cósmicas que lo caracterizaron. Casi doce minutos donde un fondo monótono (un engendro vocal y electrónico), que si acaso se hace más presente conforme pasan los lentos minutos, genera el escenario y determina sensorialmente la percepción, la vivencia emocional de un tema que, al desnudo, sería balada y que, con ese continuo, se convierte en un desasosegante y sereno (no hay contradicción en los términos) paseo espacial por la memoria, que enlaza con los Ad mortem y Ad infinitum de su predecesor.

Hay también espacio en este 301 para la versión acústica del trío, ya sea en el paradigmático The left lane (una de las marcas de la casa: temas sujetos a un rápido tempo donde se desarrolla poco a poco la velocidad melódica de la mano derecha de Svensson sobre un grueso contrabajo a modo de continuo de insistentes riffs melódicos y/o rítmicos, y la batería intensificándose a cada paso) o en el baladístico y jarrettiano cierre de The childhood dream (quizá en su niñez Svensson soñaba con ser Keith Jarrett, tal y como también se intuye en el espíritu de Paul Motian que pulula por el descosido Three falling free, Part I). Pero si algo revalorizaba Leucocyte, y ahora este 301, es la cara oculta del trío, la negritud inquietante de Houston, The 5th, una masa sometida al campo electromagnético que en Leucocyte dolía emocionalmente y que aquí resuena como cola de aquel cometa en el que viajaba Svensson hacia el infinito. De ese infinito procede esta segunda edición post-mortem de E.S.T. Del futuro intuido y frustrado y, sin embargo, oxígeno y fuerza vital para el presente.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

3 comentarios:

Gatopardo dijo...

He de reconocer mi debilidad por este grupo.
Gran artículo

Carlos Pérez Cruz dijo...

He de reconocer, Gatopardo, que es mía también la debilidad. Gracias por leerlo, Carlos.

Roberto Echeto dijo...

Y mía también.

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