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jueves, mayo 03, 2012

(El día a) día nacional del jazz

Pasó el primer Día Internacional del Jazz promovido por la UNESCO. Las previsiones, cumplidas. Lejos del glamur impostado de las celebraciones neoyorquinas o parisinas (los focos deslumbran al espectador, incapaz de vislumbrar lo que ocurre tras ellos), en España la vida sigue igual. El jazz simplemente no existe. Ignorancia y estereotipos para pincelar una agenda informativa siempre determinada por factores externos. Dirigismo informativo, que es nota de color cuando de cultura se trata. Hoy es el día mundial del jazz… y, ¡toma Louis Armstrong!

Ya a primera hora de la mañana, el contrabajista Baldo Martínez dejaba una nota en el facebook de la Cadena SER: El Jazz está muy bien, pero… ¿qué es lo que verdaderamente sucede con esta música en nuestro país?, interrogaba en el éter virtual. Yo ya había avisado, era mejor no encender la radio ese día. Cuestión de salud mental. Imagino el tipo de simpatiquismo informativo. A mediodía, Baldo se iría con su contrabajo a Plaza de España (Madrid) para reivindicar en la jornada de “celebración”. Después, compartiría con un servidor y otros invitados debate en el programa Carne Cruda,  de Radio 3. Como siempre, la excepción a la norma de asepsia informativa llegaba en este rincón de la radio pública, dirigido por Javier Gallego. ¿Qué hay del jazz en España? Si alguien quiso interrogarse el 30 de abril sobre ello, sólo tuvo esa oportunidad (y algún espasmo virtual en las cloacas de los medios digitales).


Marce Merino (banjo), Baldo Martínez (contrabajo), Carlos González, 'Sir Charles' (batería) y Marcelo Peralta (saxo) en Plaza de España
© Chema García

El debate contó con cinco voces que pretendían representar los diversos sectores que integran la comunidad jazzística en España (fueran quedaron otros, sin duda, como la comunidad educativa o las discográficas): Músicos, programadores, promotores, clubes y críticos. Plurales singularizados por Baldo Martínez (contrabajista), Iñaki Añua (director del Festival de Jazz de Vitoria – Gasteiz), María Antonia García (Cuadernos de Jazz, revista y management), Dick Angstadt (club Bogui de Madrid) y un servidor, Carlos Pérez Cruz. El debate sirvió para que el oyente curioso pudiera conocer, siquiera superficialmente, los problemas que vive la profesión en España. Una hora de radio es escasa para indagar a fondo sobre aquello de lo que nunca se habla. Como oportunidad, fue un lujo. Paso a exponer algunas reflexiones e informaciones derivadas del debate.

NEGRO

Negro el panorama, negro el dinero. El músico de jazz en España ejerce como tal en clubes y bares. Rara vez pisa el escenario de un auditorio o gran festival. ¿Existe una figura legal que regule la actividad profesional de los músicos de jazz? No. O dicho de otra manera: las opciones que existen para que el profesional regule su situación no comprenden su realidad. Ser autónomo (como lo es el propio Baldo o lo es el baterista Carlos González, ‘Sir Charles’, que participó en el programa vía telefónica desde la “reivindicativa” Plaza de España) significa que los costes asociados a esta figura laboral (mínimo de 254,21€) son superiores, la mayor parte de los meses y para la mayoría de profesionales, a los ingresos. Resulta (casi) una temeridad. La mayoría, claro, vive al margen de figura legal alguna, en “la más pura negritud”, como denunció el baterista. Entre otras cosas porque - aunque uno quiera ser lo más legalista posible y cumplir con sus obligaciones ciudadanas - los clubes y locales varios (recuerdo, actividad cotidiana del músico de jazz) no hacen contrato alguno. Para la administración son conciertos, cuando menos, clandestinos. Los clubes adquieren un compromiso verbal que va del pago simbólico (pongamos que hablo de 50 € por músico) al cupo de cervezas gratuitas con que algunos saldan su deuda con el profesional. Eso sí, aunque no existan esos conciertos, los clubes tienen que pasar por la caja de los derechos de autor. Momento aprovechado para  trampear temas y autores en las hojas de la SGAE.


Ramón Fossati, la experiencia de un catalán en París

¿Es imposible regular la actividad de conciertos de jazz en España? Sí, si no hay voluntad. Si faltan ideas se puede acudir a nuestro vecino del otro lado de Pirineos. Francia cuenta con una ley que procura regular la particularidad de las actividades no sólo de músicos de jazz, sino de otras muchas manifestaciones artísticas. Es la ley de intermitencia. Según me cuenta el trombonista Ramón Fossati (catalán residente en París desde hace años), “todo artista en Francia debe ser contratado por la empresa que lo contrata”. Hasta aquí una obviedad que no es tal en España. Esa ley de intermitencia “regula el paro de los artistas, está pensada para crear una cierta estabilidad” en su economía. Es decir, se encarga de legislar la realidad de quienes son contratados de forma intermitente (hoy tocas en un club, en cinco días no tocas en ninguno, vuelves a tocar…). Me advierte otro Ramón, López en este caso (baterista alicantino residente en París desde los ochenta), que “no pinte de rosa” la realidad del músico de jazz en Francia. No lo hago. Sé que no está allí el edén. Simplemente, como dice Fossati, “al menos tiene una ventaja: ¡Existe!”.  En efecto, existe una ley. Con sus múltiples deficiencias (también existe la figura del pícaro en Francia) y el endurecimiento de los requisitos para ser amparado por ella (“los músicos entran en el sistema si pueden declarar que han trabajado 507 horas durante 319 días (10 meses y medio)”, apunta el trombonista), hay una herramienta al servicio del profesional. Aquí, simplemente estos profesionales no son tal para la administración.

APOYO PÚBLICO (¿UN OXÍMORON?)

“La Comunidad de Madrid acaba de conceder 3.300.000 € a la Fundación Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Y para el jazz no hay un puto euro”. Así de claro se expresaba María Antonia García, aportando datos de la desidia institucional hacia el jazz en España.

Sirva ese ejemplo como sirve la dejadez que ha impedido que muchos profesionales del jazz de este país (músicos, promotoras, discográficas, festivales…) hayan podido acudir a la reciente feria Jazzahead! de Bremen (Alemania) donde España era el país invitado (no uno más, ¡el invitado!) y donde, según denuncia el crítico Chema García, presente allí, su stand permanecía “semi vacío la mayor parte del tiempo” (véase reseña en “Cuadernos de Jazz”). Sirvan las cifras para medir la importancia de haber estado allí con la presencia adecuada. En 2011 (todavía no dispongo de datos de la última edición) la feria recibió más de 5000 visitas, alrededor de 2000 fueron de profesionales del gremio. 375 fueron los puestos de información (de sellos, agencias, promotores, locales, medios de comunicación, etcétera) procedentes de 30 países. A pesar del toro de Osborne que preside la web de la feria, España le puso los cuernos al sector (con la excepción de Catalunya, país anti-taurino, por cierto). ¿Cuál era el diferencial entre gasto de inversión por estar y los beneficios posteriores derivados de una buena y nutrida presentación? Sólo conocemos cuáles son los perjuicios por no estar. Al jazzista español le da igual que exista o no el tratado de Schengen (o que se suspenda temporalmente a conveniencia del poder). Las fronteras aduaneras siempre han estado ahí.


Logo de Jazzahead! 2012

Arco y Flecha, una de las promotoras más activas y con propuestas más arriesgadas de nuestro país, estuvo en Bremen. Por su cuenta y riesgo, a la espera de que algunas subvenciones a posteriori puedan solventar parte de los gastos de su actividad allí. Marta Fontanals, su responsable de prensa, añade un dato revelador al margen de Bremen. Su promotora forma parte de Europe Jazz Network, asociación que reúne 80 organizaciones (festivales, clubes, promotores…) de 26 países. Los asociados, según Marta, organizan muchas actividades, además de reunirse anualmente. ¿Cuántos representantes tiene España en esta importante asociación? Arco y Flecha.

“El INAEM – Instituto Nacional de las Artes Escénicas y Música – acaba de nombrar nuevos vocales en su consejo artístico de la música, y la única persona entre veinte que se supone cerca de la música popular – ya no digo el jazz - es Lara López (directora de Radio 3). Con la excepción de Lara, todo el resto de personas son de música clásica. Y un último dato. La SGAE – Sociedad General de Autores y Editores – se lleva un diez por ciento por concierto. Se gane o se  pierda dinero. En Inglaterra es el tres por cierto. ¿Vale? Y así nos va”, remata con más datos María Antonia García en Carne Cruda.

DATOS

Datos contundentes (y públicos) los que maneja María Antonia, datos significativos (y públicos) los que maneja un servidor. La presencia de Iñaki Añua, director del Festival de Jazz de Vitoria – Gasteiz (este año será la 36ª edición), era una buena ocasión para testar el nivel de implicación de los festivales españoles en la difusión del jazz hecho en España. Es uno de los festivales más importantes en nuestro país, sin duda. Aunque en los últimos quince años han brotado como setas un buen puñado, Vitoria (junto a Donosti y en menor medida Getxo) sigue siendo referente.

“No nos integran dentro de nuestros propios festivales. Dicho de otra manera, nos integran poco”, denuncia Baldo Martínez. Se defiende Añua. Para él son “más importantes” otras cuestiones más que la presencia de músicos españoles en cartel. Aún así esgrime la propuesta anual que hace su festival desde hace unos años. Se llama ‘Konexioa’. Dicho con sus propias palabras: “músicos vascos enfrentados a músicos americanos”. Se celebra cada año como apertura del ciclo de conciertos del Teatro Principal. “Eso me importa”, dice, “y me importa coger músicos vascos y llevármelos al MIDEM – Mercado Internacional del Disco y de la Edición Musical -  para darse a conocer internacionalmente. Creo que esa es una labor que debe de hacer un festival, más que programar a los músicos”. ¿Dónde están los frutos de esa labor?


Logo Festival de Jazz de Vitoria - Gasteiz 2012

Datos. Cifras. Son contundentes. En antena leo los siguientes: de los 16 conciertos programados para la próxima edición del Festival de Jazz de Vitoria – Gasteiz en las sedes oficiales (Teatro Principal y Polideportivo de Mendizorrotza), sólo 1 cuenta con presencia de músicos españoles. Será en el mencionado ‘Konexioa’. Cuestionado por Javier Gallego sobre la posibilidad de manejar cuotas de participación fijas de músicos españoles en el cartel de los festivales españoles, Iñaki Añua se acoge a que ellos han estado “programando a músicos españoles durante muchos años. Que este año tengamos solamente al grupo que va a ir a la ‘Konexioa’…”. Más datos. En 2011, Vitoria programó en los mentados escenarios oficiales 17 actuaciones. De nuevo tan sólo 1 concierto con presencia española (José Agustín Guereñu, “Gere”, en la ‘Konexioa’). En 2010, 17 actuaciones y 2 conciertos con presencia de españoles (Iñaki Salvador en ‘Konexioa’ y el espléndido – pero no jazzista – Paco de Lucía en Mendizorrotza).

Pero, ¿qué razones llevan a no programar con mayor frecuencia y número a músicos españoles? Añua argumenta que los músicos españoles “son mucho más asequibles para el público español”. Algún resorte salta en el interior de Baldo al escuchar este argumento. Datos. Cifras. De nuevo contundentes. En 30 años de profesional, Baldo sólo ha tocado una vez en Vitoria. Ni siquiera en el festival, sino en un ciclo que – promovido por el festival – se celebraba a lo largo del año (hoy ni existe tal ciclo). Fue con Clunia (en la noche de los tiempos, por lo tanto). Y hablamos de uno de los más destacados músicos de jazz en España (aunque Baldo tire de ironía gallega para decir que “igual yo no tengo el nivel para tocar en Vitoria”). Por lo tanto, “la población de Vitoria no tiene acceso a nuestra música en vivo, en disco es complicado”. La cercanía en kilómetros de los músicos de jazz españoles a sus festivales no implica su participación en ellos. Es perjudicial.


Logo de la IJFO, de la que es miembro el Festival de Jazz de Vitoria - Gasteiz

¿Sucede lo mismo en otros países de Europa? ¿Participan los músicos franceses en los festivales de Francia? ¿Los italianos en Italia? Allí, según María Antonia, “por lo menos el cincuenta por ciento de la nómina son músicos del país”. Es decir, “los músicos de cada país están en sus festivales”. Rápido vistazo. No es tal porcentaje el que se puede calcular en las próximas ediciones de festivales con parecidos conceptos a los de Vitoria o San Sebastián. Sin embargo, de 52 conciertos anunciados en Marciac, al menos una quincena son proyectos nacionales. En el de Vienne, miembro – al igual que Vitoria – de la International Jazz Festivals Organization (de la que forman parte 17 festivales de Europa, Estados Unidos y Canadá), su programa de este año incluye en el escenario principal - el Théâtre Antique - una decena de conciertos de grupos franceses o músicos asentados en Francia entre sus 42 citas anunciadas. En el italiano de Umbria – también de la IJFO -  18 conciertos, tan sólo 3 de los cuales incluyen actuación de músicos italianos (uno de ellos, Stefano Bollani, por partida doble). La cantidad de nombres impronunciables en el finlandés de Pori (otro del club de los 17 de IJFO) me deja nórdicamente más tranquilo.

COMPLEJOS DEL SIGLO XXI

El vitoriano es un festival paradigmático en cuanto a la escasa y residual presencia de músicos españoles. Otros tampoco son una excepción, ni mucho menos. Como bien describe María Antonia, su presencia suele estar destinada a escenarios secundarios (con cachés mucho más bajos) y sin atención mediática. Es decir, una participación en festivales puramente testimonial. Un rápido vistazo a la programación que este año presenta el festival de Donostia – San Sebastián (el decano): de los 8 conciertos anunciados en la Plaza de la Trinidad (escenario principal, cuyos conciertos emite a posteriori televisión) sólo 1 cuenta con presencia española (el baterista Hasier Oleaga), ninguno en el Auditorio del Kursaal. Otros escenarios sí incorporan a músicos españoles, lejos de las condiciones económicas y de repercusión de los citados espacios.

De los 20 conciertos anunciados por el Festival de Jazz de San Javier (Murcia), 5 lo son de proyectos españoles. Las cuentas se reducen, no obstante, desde parámetros jazzísticos si evaluamos el contenido de los mismos. Uno se presenta como el “mejor guitarrista de rock español, el  madrileño Jorge Salan”. Otro es el pianista Dorantes, músico cuyo ámbito de actuación no es el jazz, si acaso el flamenco. Mientras en Getxo, otrora ejemplar festival de vocación europea, su festival no cuenta en el avance de programación con ningún músico español. Son sólo algunos ejemplos que ofrecen algunos de los festivales de mayor presupuesto del verano español.


¿Hay prejuicios sobre el nivel de los músicos españoles?

Nada más terminar el programa, enciendo el teléfono móvil. Un músico me envía un mensaje que dice textualmente lo siguiente: “Y yo, ¿por qué diablos me tengo que “conectar” con un norteamericano”. Se refiere a la explicación que Iñaki Añua da sobre el ‘Konexioa’: “Músicos vascos enfrentados a músicos americanos”. (Se me viene a la cabeza las imágenes de dos cabras enfrentadas entre sí de La Pelota Vasca de Julio Medem. En la versión ‘Konexioa’, la cabra vasca se enfrenta al bisonte americano).

Una pregunta queda sin expresión en antena: ¿Acaso son los músicos americanos quienes tienen que acreditar el nivel de los españoles? Da la sensación de que así sea, sobre todo cuando Iñaki Añua se pregunta: “¿Por qué en Italia hay en este momento tal cantidad de grandísimos músicos italianos que trascienden al propio país y que están tocando en todos los demás países de Europa e incluso en Estados Unidos?”. O afirma que “hemos tenido a todos los músicos españoles que son algo en España”. (Córtense las venas los que no han pasado por allí). No transmite mucha confianza en el jazz de España. Legítima desconfianza, a la par que esclarecedora. Y contradictoria con otra opinión: “En el programa del teatro, en el ‘Jazz del siglo XXI’, hay músicos internacionales extremadamente interesantes… y no digo que los españoles no lo sean… indudablemente”. Lo serán… pero no estarán, porque “son mucho más asequibles para el público español”.


Stefano Bollani, pianista italiano, actuará en el próximo festival vitoriano

Eso sí, en Vitoria pagan y contratan desde hace 36 años de forma religiosa a los músicos participantes. No como en el (público) Festival de Madrid, donde en su última edición los músicos fueron “a taquilla”. Es decir, y por expresarlo en los términos que utiliza el Auditorio de Barañain (Navarra) para anunciar su programación del primer semestre de este año, “cobrarán lo que el público decida con la compra de entradas. Más entradas vendidas, más cobrarán. ¿Riesgo? Todo. Nadie les asegura los viajes, ni los hoteles... ¡ni siquiera el salario mínimo! Están en vuestras manos, en tus manos”. Nada puede expresar mejor la precariedad y la desvergüenza institucional de este país.

FUERA DE FOCO

¡Ay! El tiempo. Vuela en la vida y en la radio. Fuera de los temas aquí expuestos quedaron por tratar otros tantos o simplemente fueron mentados, como la falta de unión de los profesionales de este país para afrontar de forma sindicada las legítimas demandas del gremio (todavía es mayoritaria la actitud de callar en público y quejarse en privado, no vaya a ser que otro pájaro se quede con las migas). ¿Cuántos músicos acudieron a la cita organizada por Carlos González, ‘Sir Charles’, Marcelo Peralta y Baldo Martínez en la Plaza de España? ¿Cuántos anunciaron su presencia y no fueron? ¿Cuántos dijeron estar “en espíritu” – fantasmagórica presencia -? ¿Cuántos siguieron su ejemplo en otras ciudades?


El fantasma de la lluvia se hizo presente en la Plaza de España
© Chema García

Quedaron fuera cuestiones nada menores como los pactos entre festivales, promotoras y multinacionales para programar según qué en los festivales; el encarecimiento de costes de producción por la multiplicidad de intermediarios; la desaparición de ciclos y festivales públicos al amparo ideológico de la crisis; las expectativas laborales de los alumnos de los todavía jóvenes conservatorios superiores de jazz; la inexistencia de grados medios de jazz en esa enseñanza; el abordaje informativo del jazz (o la ausencia de) en los medios de comunicación españoles…
 
© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com
 

4 comentarios:

Manu Grooveman dijo...

Grandísimo resumen!! Perfectamente expuesto punto por punto... La verdad es que el tema es tan complejo que uno no sabe bien por dónde abordarlo.

No llego a entender muy bien el motivo que lleva a los grandes programadores de festivales a no incluir a músicos españoles en su progrmación. Se me escapa algo, la verdad. En antena el director del festival de jazz de Vitoria tampoco dio muchos argumentos...

Lo de la falta de apoyo público y poner la excusa de la crisis empieza a cansar. Ahora resulta que la crisis tiene la culpa de todo.

A modo de curiosidad, en mi ciudad, Salamanca, todos los veranos se hacía un estupendo ciclo de jazz en la calle al que desde que tengo uso de razón solia acudir. Se celebraba todos los fines de semana de julio y agosto y gracias el cual pude ver grandes figuras del jazz nacional. Gratis!!! Este último año el ciclo se ha reducido a julio solo con menos grupos, menos conciertos y menos todo...
Eso sí, allí siempre tocaban músicos españoles. Y había algunos que estaban edición tras edición. Será que en Salamanca había pocos músicos de jazz...

Un saludo y esperemos que el debate se enriquezca por aquí!!

Baldo Martinez dijo...

Totalmente de acuerdo, grandísimo resumen Carlos, enhorabuena. Además esta muy bien después de haberlo escuchado y vivido por la radio.

El misterio de no incluir músicos españoles en los festivales, o incluir pocos es algo en lo que influyen muchos factores, el primero: "No creernos lo que tenemos", después o antes, los egos, los rendimientos políticos a corto plazo, el pensar que todo aquello que viene de fuera es mejor, etc..etc..y una cosa muy importante: "No considerar los festivales como plataformas -que lo deben ser- de difusión de la música, y el primero que debe tener derecho a esta función es el músico del propio país. Sino valoramos lo que tenemos ¿quien lo va a valorar por nosotros? en fin...

Y para completar alguna cosa que se quedo en el tintero y para comprobar que las cosas se pueden hacer también de otra manera..... -¿sabiais que existe una asociación de Festivales de Jazz en Francia que ha intentado un intercambio de grupos franceses y españoles con Festivales de Jazz en España? Esta asociación, AFIJMA, está integrada por mas de 30 festivales, y posé una declaración de intenciones en la que firman un compromiso con la programación y apoyo a músicos de la zona. Es impensable que los festivales en España se puedan marcar esos objetivos: “Buscar la promoción del jazz español en España y mas allá de nuestras fronteras” // “Plantear como objetivos básicos el apoyo y difusión de los músicos de la zona” // “Hacer modestas producciones propias siempre con músicos del país y moverlas en otros festivales”. Todos esto es real, no es ciencia-ficción. En España salvo excepciones, esto si que es ciencia-ficción. Ah! Y ese intercambio que se propuso hace unos 3 o 4 años, no se ha podido llevar a cabo.¿Por que? La mayoría de los grandes festivales de Jazz en España lo saben.

jesus dijo...

yo estoy totalmente en desacuerdo con que tuviera/tenga que haber un porcentaje de musicos españoles en los festivales. o de mujeres en los grupos o todas esas zarandajas de la paridad y supuesta igualdad. creo que los festivales deberían de ser eso (lo que son en otros campos) muestras de novedades, proyectos... y no responder solo a los intereses de los grandes programadores y las multinacionales. se debería de programar propuestas. y la calidad del festival debiera de estar marcado por ese acierto y buen ojo en la eleccion no por unos nombres vacios de contenido (como ocurre en la mayoria). lo mejor de lo mejor que se puede escuchar. y si en esa seleccion los grupos hay o no nacionales deberia de ser pura anecdota. creo que hay musicos y proyectos españoles con claidad para estar en cualquier festival (no son muchos claro) y su orgullo tendria que ser precisamente por poder estar por su claidad, no como limosna para cubrir un cupo.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Manu, en antena el director del festival de Vitoria dejó bastante claras sus motivaciones y el poco entusiasmo que le genera el jazz español. Llamémoslo argumento.

Estoy con Jesús al respecto de los criterios de calidad. Pero aunque uno no conozca todos los entresijos de un festival puede constatar cómo los artistas proceden de una misma productora, o cómo las multinacionales crean sus propias jornadas, etc. Es decir, que hay intereses que están por encima de los criterios de programación independientes.

Dicho lo cual, Baldo, como siempre ya ves que la profesión es fantasma. Está llena de espíritus.

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