Pasó el primer
Día Internacional del Jazz
promovido por la UNESCO. Las previsiones,
cumplidas. Lejos del glamur impostado de las
celebraciones neoyorquinas o parisinas (los
focos deslumbran al espectador, incapaz de
vislumbrar lo que ocurre tras ellos), en España
la vida sigue igual. El jazz simplemente no
existe. Ignorancia y estereotipos para pincelar
una agenda informativa siempre determinada por
factores externos. Dirigismo informativo, que es
nota de color cuando de cultura se trata. Hoy es
el día mundial del jazz… y, ¡toma Louis
Armstrong!
Ya a primera hora de la mañana, el contrabajista
Baldo Martínez dejaba una nota en el facebook de
la Cadena SER:
El Jazz
está muy bien, pero… ¿qué es lo que
verdaderamente sucede con esta música en nuestro
país?, interrogaba en el éter virtual. Yo ya
había avisado, era mejor no encender la radio
ese día. Cuestión de salud mental. Imagino el
tipo de
simpatiquismo informativo. A mediodía, Baldo
se iría con su contrabajo a Plaza de España
(Madrid) para reivindicar en la jornada de
“celebración”. Después, compartiría con un
servidor y otros invitados
debate en el programa
Carne
Cruda,
de
Radio 3. Como siempre, la excepción a la norma
de asepsia informativa llegaba en este rincón de
la radio pública, dirigido por Javier Gallego.
¿Qué hay del jazz en España? Si alguien quiso
interrogarse el 30 de abril sobre ello, sólo
tuvo esa oportunidad (y algún espasmo virtual en
las cloacas de los medios digitales).

Marce Merino
(banjo), Baldo Martínez (contrabajo), Carlos
González, 'Sir Charles' (batería) y Marcelo
Peralta (saxo) en Plaza de España
©
Chema García
El debate contó con cinco voces que pretendían
representar los diversos sectores que integran
la comunidad jazzística en España (fueran
quedaron otros, sin duda, como la comunidad
educativa o las discográficas): Músicos,
programadores, promotores, clubes y críticos.
Plurales singularizados por Baldo Martínez
(contrabajista), Iñaki Añua (director del
Festival de Jazz de Vitoria – Gasteiz), María
Antonia García (Cuadernos de Jazz, revista y
management),
Dick Angstadt (club Bogui de Madrid) y un
servidor, Carlos Pérez Cruz. El debate sirvió
para que el oyente curioso pudiera conocer,
siquiera superficialmente, los problemas que
vive la profesión en España. Una hora de radio
es escasa para indagar a fondo sobre aquello de
lo que nunca se habla. Como oportunidad, fue un
lujo. Paso a exponer algunas reflexiones e
informaciones derivadas del debate.
NEGRO
Negro el panorama, negro el dinero. El músico de
jazz en España ejerce como tal en clubes y
bares. Rara vez pisa el escenario de un
auditorio o gran festival. ¿Existe una figura
legal que regule la actividad profesional de los
músicos de jazz? No. O dicho de otra manera: las
opciones que existen para que el profesional
regule su situación no comprenden su realidad.
Ser autónomo (como lo es el propio Baldo o lo es
el baterista Carlos González, ‘Sir Charles’, que
participó en el programa vía telefónica desde la
“reivindicativa” Plaza de España) significa que
los costes asociados a esta figura laboral
(mínimo de 254,21€) son superiores, la mayor
parte de los meses y para la mayoría de
profesionales, a los ingresos. Resulta (casi)
una temeridad. La mayoría, claro, vive al margen
de figura legal alguna, en “la más pura
negritud”, como denunció el baterista. Entre
otras cosas porque - aunque uno quiera ser lo
más legalista posible y cumplir con sus
obligaciones ciudadanas - los clubes y locales
varios (recuerdo, actividad cotidiana del músico
de jazz) no hacen contrato alguno. Para la
administración son conciertos, cuando menos,
clandestinos. Los clubes adquieren un compromiso
verbal que va del pago simbólico (pongamos que
hablo de 50 € por músico) al cupo de cervezas
gratuitas con que algunos saldan su deuda con el
profesional. Eso sí, aunque
no
existan esos conciertos, los clubes tienen que
pasar por la caja de los derechos de autor.
Momento aprovechado para
trampear temas y autores en las hojas de
la SGAE.

Ramón Fossati,
la experiencia de un catalán en París
¿Es
imposible regular la actividad de conciertos de
jazz en España? Sí, si no hay voluntad. Si
faltan ideas se puede acudir a nuestro vecino
del otro lado de Pirineos. Francia cuenta con
una ley que procura regular la particularidad de
las actividades no sólo de músicos de jazz, sino
de otras muchas manifestaciones artísticas. Es
la ley de intermitencia. Según me cuenta el
trombonista Ramón Fossati (catalán
residente en París desde hace años), “todo
artista en Francia debe ser contratado por la
empresa que lo contrata”. Hasta aquí una
obviedad que no es tal en España. Esa ley de
intermitencia “regula el paro de los artistas,
está pensada para crear una cierta estabilidad”
en su economía. Es decir, se encarga de legislar
la realidad de quienes son contratados de forma
intermitente (hoy tocas en un club, en cinco
días no tocas en ninguno, vuelves a tocar…). Me
advierte otro Ramón, López en este caso
(baterista alicantino residente en París desde
los ochenta), que “no pinte de rosa” la realidad
del músico de jazz en Francia. No lo hago. Sé
que no está allí el edén. Simplemente, como dice Fossati, “al menos tiene una ventaja: ¡Existe!”.
En efecto, existe una ley. Con sus
múltiples deficiencias (también existe la figura
del pícaro en Francia) y el endurecimiento de
los requisitos para ser amparado por ella (“los
músicos entran en el sistema si pueden declarar
que han trabajado 507 horas durante 319 días (10
meses y medio)”, apunta el trombonista), hay una
herramienta al servicio del profesional. Aquí,
simplemente estos profesionales no son tal para
la administración.
APOYO PÚBLICO (¿UN OXÍMORON?)
“La Comunidad de Madrid acaba de conceder
3.300.000 € a la Fundación Orquesta y Coro de la
Comunidad de Madrid. Y para el jazz no hay un
puto euro”. Así de claro se expresaba María
Antonia García, aportando datos de la desidia
institucional hacia el jazz en España.
Sirva ese ejemplo como sirve la dejadez que ha
impedido que muchos profesionales del jazz de
este país (músicos, promotoras, discográficas,
festivales…) hayan podido acudir a la reciente
feria Jazzahead! de Bremen (Alemania) donde
España era el país invitado (no uno más, ¡el
invitado!) y donde, según denuncia el crítico
Chema García, presente allí, su stand permanecía
“semi vacío la mayor parte del tiempo” (
véase
reseña en “Cuadernos de Jazz”). Sirvan las
cifras para medir la importancia de haber estado
allí con la presencia adecuada. En 2011 (todavía
no dispongo de datos de la última edición) la
feria recibió más de 5000 visitas, alrededor de
2000 fueron de profesionales del gremio. 375
fueron los puestos de información (de sellos,
agencias, promotores, locales, medios de
comunicación, etcétera) procedentes de 30
países. A pesar del toro de Osborne que preside
la web de la feria, España le puso los cuernos
al sector (con la excepción de Catalunya, país
anti-taurino, por cierto). ¿Cuál era el
diferencial entre gasto de inversión por estar y
los beneficios posteriores derivados de una
buena y nutrida presentación? Sólo conocemos
cuáles son los perjuicios por no estar. Al
jazzista español le da igual que exista o no el
tratado de Schengen (o que se suspenda
temporalmente a conveniencia del poder). Las
fronteras aduaneras siempre han estado ahí.

Logo de
Jazzahead! 2012
Arco y Flecha, una de las promotoras más activas
y con propuestas más arriesgadas de nuestro
país, estuvo en Bremen. Por su cuenta y riesgo,
a la espera de que algunas subvenciones a
posteriori puedan solventar parte de los gastos
de su actividad allí. Marta Fontanals, su
responsable de prensa, añade un dato revelador
al margen de Bremen. Su promotora forma parte de
Europe Jazz Network, asociación
que reúne 80 organizaciones (festivales, clubes,
promotores…) de 26 países. Los asociados, según
Marta, organizan muchas actividades, además de
reunirse anualmente. ¿Cuántos representantes
tiene España en esta importante asociación? Arco
y Flecha.
“El INAEM – Instituto Nacional de las Artes
Escénicas y Música – acaba de nombrar nuevos
vocales en su consejo artístico de la música, y
la única persona entre veinte que se supone
cerca de la música popular – ya no digo el jazz
- es Lara López (directora de Radio 3). Con la
excepción de Lara, todo el resto de personas son
de música clásica. Y un último dato. La SGAE –
Sociedad General de Autores y Editores – se
lleva un diez por ciento por concierto. Se gane
o se
pierda dinero. En Inglaterra es el tres por
cierto. ¿Vale? Y así nos va”, remata con más
datos María Antonia García en
Carne Cruda.
DATOS
Datos contundentes (y públicos) los que maneja
María Antonia, datos significativos (y públicos)
los que maneja un servidor. La presencia de
Iñaki Añua, director del Festival de Jazz de
Vitoria – Gasteiz (este año será la 36ª
edición), era una buena ocasión para testar el
nivel de implicación de los festivales españoles
en la difusión del jazz hecho en España. Es uno
de los festivales más importantes en nuestro
país, sin duda. Aunque en los últimos quince
años han brotado como setas un buen puñado,
Vitoria (junto a Donosti y en menor medida Getxo)
sigue siendo referente.
“No nos integran dentro de nuestros propios
festivales. Dicho de otra manera, nos integran
poco”, denuncia Baldo Martínez. Se defiende Añua.
Para él son “más importantes” otras cuestiones
más que la presencia de músicos españoles en
cartel. Aún así esgrime la propuesta anual que
hace su festival desde hace unos años. Se llama
‘Konexioa’. Dicho con sus propias palabras:
“músicos vascos enfrentados a músicos
americanos”. Se celebra cada año como apertura
del ciclo de conciertos del Teatro Principal.
“Eso me importa”, dice, “y me importa coger
músicos vascos y llevármelos al MIDEM – Mercado
Internacional del Disco y de la Edición Musical
-
para darse a conocer internacionalmente. Creo
que esa es una labor que debe de hacer un
festival, más que programar a los músicos”.
¿Dónde están los frutos de esa labor?

Logo Festival de
Jazz de Vitoria - Gasteiz 2012
Datos. Cifras. Son contundentes. En antena leo
los siguientes: de los 16 conciertos programados
para la próxima edición del Festival de Jazz de
Vitoria – Gasteiz en las sedes oficiales (Teatro
Principal y Polideportivo de Mendizorrotza),
sólo 1 cuenta con presencia de músicos
españoles. Será en el mencionado ‘Konexioa’.
Cuestionado por Javier Gallego sobre la
posibilidad de manejar cuotas de participación
fijas de músicos españoles en el cartel de los
festivales españoles, Iñaki Añua se acoge a que
ellos han estado “programando a músicos
españoles durante muchos años. Que este año
tengamos solamente al grupo que va a ir a la ‘Konexioa’…”.
Más datos. En 2011, Vitoria programó en los
mentados escenarios oficiales 17 actuaciones. De
nuevo tan sólo 1 concierto con presencia
española (José Agustín Guereñu, “Gere”, en la ‘Konexioa’).
En 2010, 17 actuaciones y 2 conciertos con
presencia de españoles (Iñaki Salvador en ‘Konexioa’
y el espléndido – pero no jazzista – Paco de
Lucía en Mendizorrotza).
Pero, ¿qué razones llevan a no programar con
mayor frecuencia y número a músicos españoles?
Añua argumenta que los músicos españoles “son
mucho más asequibles para el público español”.
Algún resorte salta en el interior de Baldo al
escuchar este argumento. Datos. Cifras. De nuevo
contundentes. En 30 años de profesional, Baldo
sólo ha tocado una vez en Vitoria. Ni siquiera
en el festival, sino en un ciclo que – promovido
por el festival – se celebraba a lo largo del
año (hoy ni existe tal ciclo). Fue con Clunia
(en la noche de los tiempos, por lo tanto). Y
hablamos de uno de los más destacados músicos de
jazz en España (aunque Baldo tire de ironía
gallega para decir que “igual yo no tengo el
nivel para tocar en Vitoria”). Por lo tanto, “la
población de Vitoria no tiene acceso a nuestra
música en vivo, en disco es complicado”. La
cercanía en kilómetros de los músicos de jazz
españoles a sus festivales no implica su
participación en ellos. Es perjudicial.

Logo de la IJFO,
de la que es miembro el Festival de Jazz de
Vitoria - Gasteiz
¿Sucede lo mismo en otros países de Europa? ¿Participan
los músicos franceses en los festivales de
Francia? ¿Los italianos en Italia? Allí, según
María Antonia, “por lo menos el cincuenta por
ciento de la nómina son músicos del país”. Es
decir, “los músicos de cada país están en sus
festivales”. Rápido vistazo. No es tal
porcentaje el que se puede calcular en las
próximas ediciones de festivales con parecidos
conceptos a los de Vitoria o San Sebastián. Sin
embargo, de 52 conciertos anunciados en Marciac,
al menos una quincena son proyectos nacionales.
En el de Vienne, miembro – al igual que Vitoria
– de la
International Jazz Festivals
Organization (de la que forman parte 17
festivales de Europa, Estados Unidos y Canadá),
su programa de este año incluye en el escenario
principal - el Théâtre Antique - una decena de
conciertos de grupos franceses o músicos
asentados en Francia entre sus 42 citas
anunciadas. En el italiano de Umbria – también
de la IJFO -
18
conciertos, tan sólo 3 de los cuales incluyen
actuación de músicos italianos (uno de ellos,
Stefano Bollani, por partida doble). La cantidad
de nombres impronunciables en el finlandés de
Pori (otro del club de los 17 de IJFO) me deja
nórdicamente más tranquilo.
COMPLEJOS DEL SIGLO XXI
El vitoriano es un festival paradigmático en
cuanto a la escasa y residual presencia de
músicos españoles. Otros tampoco son una
excepción, ni mucho menos. Como bien describe
María Antonia, su presencia suele estar
destinada a escenarios secundarios (con cachés
mucho más bajos) y sin atención mediática. Es
decir, una participación en festivales puramente
testimonial. Un rápido vistazo a la programación
que este año presenta el festival de Donostia –
San Sebastián (el decano): de los 8 conciertos
anunciados en la Plaza de la Trinidad (escenario
principal, cuyos conciertos emite a posteriori
televisión) sólo 1 cuenta con presencia española
(el baterista Hasier Oleaga), ninguno en el
Auditorio del Kursaal. Otros escenarios sí
incorporan a músicos españoles, lejos de las
condiciones económicas y de repercusión de los
citados espacios.
De los 20 conciertos anunciados por el Festival de Jazz
de San Javier (Murcia), 5 lo son de proyectos
españoles. Las cuentas se reducen, no obstante,
desde parámetros jazzísticos si evaluamos el
contenido de los mismos. Uno se presenta como el
“mejor guitarrista de rock español, el
madrileño Jorge Salan”. Otro es el
pianista Dorantes, músico cuyo ámbito de
actuación no es el jazz, si acaso el flamenco.
Mientras en Getxo, otrora ejemplar festival de
vocación europea, su festival no cuenta en el
avance de programación con ningún músico
español. Son sólo algunos ejemplos que ofrecen
algunos de los festivales de mayor presupuesto
del verano español.

¿Hay prejuicios sobre el nivel de los músicos
españoles?
Nada más terminar el programa, enciendo el
teléfono móvil. Un músico me envía un mensaje
que dice textualmente lo siguiente: “Y yo, ¿por
qué diablos me tengo que “conectar” con un
norteamericano”. Se refiere a la explicación que
Iñaki Añua da sobre el ‘Konexioa’: “Músicos
vascos enfrentados a músicos americanos”. (Se me
viene a la cabeza las imágenes de dos cabras
enfrentadas entre sí de La Pelota Vasca de
Julio Medem. En la versión ‘Konexioa’, la cabra
vasca se enfrenta al bisonte americano).
Una pregunta queda sin expresión en
antena: ¿Acaso son los músicos americanos
quienes tienen que acreditar el nivel de los
españoles? Da la sensación de que así sea, sobre
todo cuando Iñaki Añua se pregunta: “¿Por qué en
Italia hay en este momento tal cantidad de
grandísimos músicos italianos que trascienden al
propio país y que están tocando en todos los
demás países de Europa e incluso en Estados
Unidos?”. O afirma que “hemos tenido a todos los
músicos españoles que son algo en España”.
(Córtense las venas los que no han pasado por
allí). No transmite mucha confianza en el jazz
de España. Legítima desconfianza, a la par que
esclarecedora. Y contradictoria con otra
opinión: “En el programa del teatro, en el ‘Jazz
del siglo XXI’, hay músicos internacionales
extremadamente interesantes… y no digo que los
españoles no lo sean… indudablemente”. Lo serán…
pero no estarán, porque “son mucho más
asequibles para el público español”.

Stefano Bollani,
pianista italiano, actuará en el próximo
festival vitoriano
Eso sí, en Vitoria pagan y contratan desde hace 36 años
de forma religiosa a los músicos participantes.
No como en el (público)
Festival de Madrid,
donde en su última edición los músicos fueron “a
taquilla”. Es decir, y por expresarlo en los
términos que utiliza el Auditorio de Barañain
(Navarra) para anunciar su programación del
primer semestre de este año, “
cobrarán
lo que el público decida con la compra de
entradas. Más entradas vendidas, más cobrarán.
¿Riesgo? Todo. Nadie les asegura los viajes, ni
los hoteles... ¡ni siquiera el salario mínimo!
Están en vuestras manos, en tus manos”. Nada
puede expresar mejor la precariedad y la
desvergüenza institucional de este país.
FUERA DE FOCO
¡Ay! El tiempo. Vuela en la vida y en
la radio. Fuera de los temas aquí expuestos
quedaron por tratar otros tantos o simplemente
fueron mentados, como la falta de unión de los
profesionales de este país para afrontar de
forma sindicada las legítimas demandas del
gremio (todavía es mayoritaria la actitud de
callar en público y quejarse en privado, no vaya
a ser que otro pájaro se quede con las migas).
¿Cuántos músicos acudieron a la cita organizada
por Carlos González, ‘Sir Charles’, Marcelo
Peralta y Baldo Martínez en la Plaza de España?
¿Cuántos anunciaron su presencia y no fueron?
¿Cuántos dijeron estar “en espíritu” –
fantasmagórica presencia -? ¿Cuántos siguieron
su ejemplo en otras ciudades?

El fantasma de
la lluvia se hizo presente en la Plaza de España
©
Chema García
Quedaron
fuera cuestiones nada menores como los pactos
entre festivales, promotoras y multinacionales
para programar según qué en los festivales; el
encarecimiento de costes de producción por la
multiplicidad de intermediarios; la desaparición
de ciclos y festivales públicos al amparo
ideológico de la crisis; las expectativas
laborales de los alumnos de los todavía jóvenes
conservatorios superiores de jazz; la
inexistencia de grados medios de jazz en esa
enseñanza; el abordaje informativo del jazz (o
la ausencia de) en los medios de comunicación
españoles…