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viernes, junio 28, 2013
Entrevista con Wadada Leo Smith
Tres opciones para escuchar/leer la entrevista al trompetista y compositor Wadada Leo Smith:
Versión doblada al castellano:
Versión original en inglés:
http://www.elclubdejazz.com/vocesdejazz/wadada_leo_smith_06_2013_eng.html
Versión en texto (con fotografías de Jesús Moreno)
http://www.elclubdejazz.com/roundjazz/entrevistas/wadada_leo_smith_06_2013.html
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domingo, junio 23, 2013
Entrevista a Eugenio García Gascón
Contenidos del séptimo programa de Todos los caminos están cerrados:
Entrevista con el periodista barcelonés Eugenio García Gascón. Trabaja como corresponsal en Jerusalén desde principios de los 90, en la actualidad para el diario ‘Público’. Ganador en 2011 del ‘Premio Cirilo’ de periodismo como mejor corresponsal, publica este próximo lunes 24 de junio un libro en forma de dietario bajo el título de La cárcel identitaria. Fundamentalismo y nacionalismo en Israel y los países árabes (Libros del K.O.). Anotaciones y reflexiones que expresan sin censura la crudeza del conflicto palestino y que son para el lector una vía hacia la comprensión del complejo entramado integrista y fundamentalista de la región.
| Eugenio García Gascón |
Puedes leer la entrevista en 'El Asombrario & Cía"
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viernes, junio 21, 2013
Solsticio en Mardin
| Mardin (Turquía), el 21 de junio de 2010 (Foto: Carlos Pérez Cruz) |
Hoy hace tres años celebré el solsticio de verano en una terraza de la localidad turca de Mardin, cerca de la frontera de Siria, uno de los sitios más extraños en los que he estado en mi vida. Era como pasear por un Twin Peaks a la turca (por no hablar del hotel "medieval" con un gigante más grande que Dueñas como botones guiándonos por los pasillos del... ¿castillo?). La noche del 21 de junio logramos encontrar una terraza casi clandestina (al menos, no era visible desde la calle) donde poder tomar unas cervezas mientras alucinábamos con la vista de la llanura de Mesopotamia en llamas por la quema de rastrojos. La luna, el minarete de la mezquita, la felicidad de estar en otro mundo... La terraza estaba casi vacía pero en otra mesa tocaba música un grupo de amigos. Les invitamos a unirse. Eran kurdos y, dos de ellos, percusionistas. A ellos se unió el dueño del local que nos cantó (lo que se supone que es) un tradicional kurdo. Momento que registré con la cámara. Después vendría lo más gracioso, con uno de sus amigos que era clavado al personaje del "Neng de Castefa" del programa 'Buenafuente' que me puso al teléfono con... ¡Aynur!, una de las cantantes kurdas más populares, con la que pude charlar un poco y recordar su paso por el programa 'Diálogos 3' de Ramón Trecet, en el que la conocí. De lo que el "Neng" presumía al respecto de Aynur, me lo guardaré para mí. El video de la música, lo comparto. Otro día os cuento cómo unos días después terminé en Estambul escuchando al percusionista tocar con un famoso actor turco y más tarde en un club de flamenco llamado ¡Peligro Flamenco!
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domingo, junio 16, 2013
Promos y montajillos de 'Club de Jazz'
Haciendo limpieza de archivos, me he topado con estas cortinillas y pequeños montajes que fui haciendo durante los primeros años del programa. Una de ellas (hay premio para quien adivine cual) fue clave para que el programa fuera censurado en la emisora donde empezó a emitirse.
12 propósitos de Año Nuevo:
You know... You know now...:
Foros... versión conceptual:
In the mood... for jazz:
Los regalos de Papá Noel:
Un programa... como Dios manda:
Yo soy esa:
Razones para no perderse 'Club de Jazz':
Voces de jazz:
viernes, junio 14, 2013
Cinco años sin Esbjörn Svensson
| Magnus Öström, Esbjörn Svensson y Dan Berglund (Foto: Tobias Regell) |
Su música orbitaba en la ingravidez pero podía pesar como una roca cuando el bajista electrificaba su sonido, el baterista endurecía la pegada o el pianista recorría el teclado como si le fuera la vida en ello. Fue (posiblemente) el trío de jazz europeo más popular de la pasada década y un accidente de buceo nos dejó sin él. Se cumplen cinco años de la muerte del pianista sueco Esbjörn Svensson. Tenía 44 años. Con él se acabó la historia de E.S.T. (Esbjörn Svensson Trio), el inolvidable grupo que formó junto a Magnus Öström (batería) y Dan Berglund (contrabajo).
La historia de E.S.T. se remonta a la amistad de infancia entre
Svensson y Öström. Jugaban como lo haría cualquier niño, pero también
con la música. “Ni él ni yo teníamos un profesor, así que hacíamos
sesiones de ensayo-error en el salón de la casa de Esbjörn, donde su
madre tenía un piano”, recuerda Öström. Con apenas once años ya
escribían sus primeras canciones. Svensson se lo tomaba muy en serio
(“hacía las cosas, como mínimo, al 100%”), hasta el punto de que en una
ocasión, en la que Magnus prefirió quedarse en casa jugando con su coche
teledirigido en vez de ir al ensayo, el pianista le despidió del grupo:
“Por fortuna no pudo encontrar un baterista mejor, así que tuve que
volver después de una semana”, recuerda Öström entre risas.
Y escucha el especial Club de Jazz con las entrevistas completas a Magnus Öström y Dan Berglund.
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lunes, junio 10, 2013
'Inch' Allah' y la inmolación de los estereotipos árabes
Dice Anaïs Barbeau-Lavalette que “el mundo árabe se describe a menudo de forma muy superficial, como una cultura monolítica. Los árabes nos asustan”. Cuánta
razón tiene y qué importante es mostrar sus mundos sin caer en
tentaciones paternalistas ni en estereotipos deformadores. Pero la
barrera que los medios y el ocio más frívolo han creado es quizá más
alta que el muro con el que Israel construye la cárcel palestina en Gaza
y Cisjordania. Si los rusos hablaban como Tarzán en el doblaje de las
películas USAmericanas con trasfondo de la Guerra Fría, los árabes no
sólo hablan de forma incomprensible sino que parecen sacados
directamente del Medievo. Y desde el 11-S, terroristas por naturaleza.
Desconozco cómo serán los árabes en otras regiones del mundo, pero
conozco algo de cómo son los que viven en Territorios Ocupados. En
general, son personas. Incluso te invitan a té. Y sí, fanáticos del
fútbol, tal y como muestra Barbeau-Lavalette en una de las escenas más
conmovedoras de Inch’ Allah. Personas, con sus bondades y sus
miserias, con sus aspiraciones y sus decepciones. Hace falta, casi tanto
como el aire, que los artistas occidentales (ni qué decir tiene, los
medios de comunicación) compensen el daño hecho, tanta simplificación
simiesca de quienes ni siquiera nos hemos preocupado por conocer ni
estrechar la mano: “No les entendemos y tampoco nos esforzamos en
hacerlo”, reflexiona la directora de Quebec.
Sigue leyendo el artículo en 'El Asombrario & Cía'
viernes, junio 07, 2013
Wadada Leo Smith - CC. 'El Matadero', Huesca 5/06/2013
Wadada Leo Smith durante la prueba de sonido en Huesca
© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Cuenta Wadada Leo Smith que una de las prácticas habituales en
la AACM (Asociación para el Avance de la Música Creativa) es
dejar al músico solo en el escenario y no regresar hasta que
éste no logre decir algo propio con su instrumento. A él se lo
hicieron (“les escuchaba hablar mientras tocaba”) y, aparte del
lógico mal trago, le pareció una buena experiencia. Empezó a
tocar su solo, el resto de músicos abandonó poco a poco el
escenario y, cuando le dieron el beneplácito, regresaron. Todo
músico, con independencia de que toque o no un instrumento
armónico, debería tocar en solitario: “es una manera de
descubrir quién eres”.
¿Tiene lógica un concierto de trompeta sola? Parecería una pregunta absurda si el instrumento fuera un piano, un órgano o cualquier instrumento armónico, pero la duda acecha cuando hablamos de una trompeta, una flauta, un trombón o un saxo (entre otros muchos instrumentos monódicos). La costumbre nos ha hecho asumir que la música es una asociación de diferentes sonidos y la forma en que éstos se relacionan entre sí la que le otorga sentido a nuestros oídos. Probablemente debamos combatir la costumbre, tan acomodaticia ella, para abrirnos a otras muchas lógicas posibles. Si lo que llamamos un canto a capela (una nana cantada al bebé para que duerma) nos parece de una lógica incontestable, ¿no debería ser igualmente lógico el canto individual de los instrumentos?
¿Tiene lógica un concierto de trompeta sola? Parecería una pregunta absurda si el instrumento fuera un piano, un órgano o cualquier instrumento armónico, pero la duda acecha cuando hablamos de una trompeta, una flauta, un trombón o un saxo (entre otros muchos instrumentos monódicos). La costumbre nos ha hecho asumir que la música es una asociación de diferentes sonidos y la forma en que éstos se relacionan entre sí la que le otorga sentido a nuestros oídos. Probablemente debamos combatir la costumbre, tan acomodaticia ella, para abrirnos a otras muchas lógicas posibles. Si lo que llamamos un canto a capela (una nana cantada al bebé para que duerma) nos parece de una lógica incontestable, ¿no debería ser igualmente lógico el canto individual de los instrumentos?
Al
igual que la AACM testaba la voz propia del músico dejándolo a
solas sobre el escenario, sería un ejercicio verdaderamente
interesante que el espectador quedara a solas frente al músico
en un concierto como el de Wadada Leo Smith en Huesca.
Lamentablemente (¡qué alegría!) eran tantas las personas en la
sala que el ejercicio hubiera resultado eterno. ¿Cuál hubiera
sido la vivencia de la música cara a cara con el músico?
La socialización de la duda y del desconcierto genera una
tensión ambiental que, sin dejar de tener valor sociológico,
puede llegar a dificultar la necesaria concentración del oyente
(descubrir la inquietud del vecino nos anima a colectivizar la
duda). Desconozco las razones que llevaron a 130 personas a
pagar 10 euros por una entrada para ver a un trompetista en
solitario (los misterios del boca a boca son inescrutables) pero
resulta evidente que una parte importante de espectadores no
tenía la menor idea de qué iba a escuchar. ¡Bien por ellos! La
curiosidad es el motor de la propia evolución y en Huesca tienen
un técnico de cultura, Luis Lles, que la instiga
permanentemente. Sólo tres espectadores abandonaron antes de
tiempo la sala y del resto se desprende (con las lógicas
diferencias de opinión) la satisfacción por vivir lo insólito a
pesar de la cruda austeridad de la propuesta. La prolongación
del solo con varios bises muestra que, al menos, no había prisa
por marchar.
En comparación con Peter Evans -cuyo solo en el Festival de Jazz
de San Sebastián del año pasado fue una abrumadora demostración
de técnica e hiperactividad del joven trompetista-, la expresión
de Wadada Leo Smith resulta más bruta, infinitamente menos
técnica y, quizá por ello, más humana. Su toque viola la
precisión de conservatorio y, por ello, escucharle resulta una
experiencia interesante. Su sonido tiene una pegada que noquea,
estremecedora, y a sus 71 años sigue manejando de forma
meritoria las diferentes tesituras del instrumento. Todo ello
testado en escena sin ningún aditivo (tan sólo el uso de una
sordina). Un único micrófono con una
inapreciable reverberación (no siempre su trompeta apuntaba
hacia él por lo que escuchamos la trompeta sin intermediación) y
una sala de acústica severa (de esas de las que algunos músicos
bromean con pasar después la escoba para recoger las notas
caídas sobre el tablado). No hubo aditivo a pesar de que en
determinados momentos proyectara sobre una pantalla imágenes
espectrales que procedían de los proyectos con su grupo Organic.
¿Por qué las imágenes? En ningún momento parecía que tuvieran
una relación directa con lo que Wadada tocaba. Podría pensarse
que proyectaba para relajar la experiencia de cara al público,
aunque él me explicó, en una entrevista previa al concierto, que
las proyectaba para generar una especie de conflicto en el
espectador, para que tuviera que elegir entre una cosa o la
otra. Me inclino por pensar que relajaron la experiencia, si
bien no dejaban de resultar un extraño elemento decorativo.
Wadada Leo Smith fue intercalando en escena creaciones en el momento con algunas referencias a motivos melódicos (es una forma de decirlo) de composiciones para otros proyectos como su descomunal Ten Freedom Summers, por el que llegó a Huesca en calidad de finalista del último Premio Pulitzer de música. De él hizo referencia a su Rosa Parks and the Montgomery Bus Boycott y a las partes 1 y 2 de America (que anteriormente formó parte de un disco a dúo con Jack DeJohnette), así como a otras grabaciones con referencias a Miles Star (de sus colaboraciones con Henry Kaiser en Yo Miles!) y a Song of Humanity (del disco homónimo de 1976 con su grupo New Dalta Ahkri). Tan sólo interrumpió su discurso con el instrumento para ofrecer un breve interludio electrónico jugando con su iPad, como si se tratara de un punto de fuga a la tensión inherente al discurso (necesariamente) fragmentario de su trompeta. Un vuelo cósmico antes de volver a tierra firme.
Wadada Leo Smith fue intercalando en escena creaciones en el momento con algunas referencias a motivos melódicos (es una forma de decirlo) de composiciones para otros proyectos como su descomunal Ten Freedom Summers, por el que llegó a Huesca en calidad de finalista del último Premio Pulitzer de música. De él hizo referencia a su Rosa Parks and the Montgomery Bus Boycott y a las partes 1 y 2 de America (que anteriormente formó parte de un disco a dúo con Jack DeJohnette), así como a otras grabaciones con referencias a Miles Star (de sus colaboraciones con Henry Kaiser en Yo Miles!) y a Song of Humanity (del disco homónimo de 1976 con su grupo New Dalta Ahkri). Tan sólo interrumpió su discurso con el instrumento para ofrecer un breve interludio electrónico jugando con su iPad, como si se tratara de un punto de fuga a la tensión inherente al discurso (necesariamente) fragmentario de su trompeta. Un vuelo cósmico antes de volver a tierra firme.
El silencio fue la respuesta a cada una de sus
“interpretaciones”. Cuando se pierden las referencias
tradicionales cuesta delimitar dónde empieza y termina algo.
Pero el silencio también juega en el discurso musical y adquiere
más importancia si cabe en este formato en solitario. En él, el
espectador tiene tiempo para mascar una frase mientras se gesta
la siguiente. También puede devanarse los sesos preguntándose
qué sentido tiene lo que está escuchando si nada rellena los
sonidos que emite el trompetista (claro que puede imaginarlos él
mismo y, por lo tanto, alcanzar la tan ansiada interacción con
el artista). Sobre el silencio fue dibujando su discurso Leo
Smith, con virulentos brochazos y con delicadas caricias de
escobilla. Suspendidos en el espacio (es un decir, la acústica
de ‘El Matadero’ no suspende, es puro peso de la fuerza de
gravedad) quedaron sencillos motivos melódicos y saltos
imposibles; largas emisiones en expansión junto a otras
cortantes como puñetazos; tímbricas impolutas frente a
sonoridades en continua mutación. Y la sensación de haber sido
testigos de una sesión de música casi primitiva en tiempos de
una modernidad sobreexcitada que altera la naturaleza de lo que
somos. Aquella a la que Wadada Leo Smith invocó con su soplo
desgarrado.
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sábado, junio 01, 2013
Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet - 'Jazz en la Calle', Iruñea-Pamplona 31/05/2013
Luis Giménez, Marcelo Escrich, Javier López Jaso y Juanma Urriza
© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Pamplona es una ciudad hostil con el jazz. No parece que sea por
falta de afición –cada vez que se organiza algo bajo ese
epígrafe, el personal acude- sino por falta de consideración de
su entidad, con un bucle de actividades que ciñen su presencia a
dos o tres momentos muy concretos del año y en circunstancias
muy poco favorables para su disfrute. Ni por presupuesto, ni por
criterio, ni por espacio escénico, la riquísima diversidad de
esta expresión musical encuentra acomodo en la ciudad. Los
escenarios más favorables por acústica y recogimiento (Teatro
Gayarre o Auditorio Baluarte) le dan la espalda. La naturaleza
conservadora de la capital navarra es inversamente proporcional
a la transgresión que se le supone al jazz (léase esta frase
entre muchísimas comillas y asteriscos) y, quizá por ello, la
oferta, además de muy local y escasa, tiende a ser conservadora.
Pamplona pretende conciertos “para todos los públicos” y eso
tiende a ser sinónimo de inanidad. Nada hay más inútil en arte
que lo que se pretende de gusto general.
Por incompatibilidad laboral, hacía años que no acudía al errante ciclo de ‘Jazz en la calle’, ahora recogido en el recinto de la Ciudadela. La suerte de invierno perpetuo que nos ha regalado la climatología este año impidió que el concierto de Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet tuviera lugar al aire libre. En su lugar se hizo uso del interior de la Sala de Armas, un espacio de acústica catedralicia y, por lo tanto, de difícil sonorización. Pero una cosa es la dificultad y otra la negligencia profesional de los técnicos de sonido. Si un instrumento suena saturado nada tiene que ver con la acústica del local. El acordeón de López Jaso sonó así durante muchos momentos del concierto (se pierde definición, matiz, timbre…) y el contrabajo de Escrich en otro plano. En ningún momento se logró domar la acústica de la sala ni pareció hacerse demasiado por lograrlo. Eso dificulta la concentración del músico y el disfrute del oyente. Marcelo fue muy generoso en su alocución cuando pidió un aplauso para los técnicos y el público premió con ellos un trabajo ciertamente mejorable. Quizá sin ellos hubieran despertado de su letargo.
Por incompatibilidad laboral, hacía años que no acudía al errante ciclo de ‘Jazz en la calle’, ahora recogido en el recinto de la Ciudadela. La suerte de invierno perpetuo que nos ha regalado la climatología este año impidió que el concierto de Javier López Jaso & Marcelo Escrich Quartet tuviera lugar al aire libre. En su lugar se hizo uso del interior de la Sala de Armas, un espacio de acústica catedralicia y, por lo tanto, de difícil sonorización. Pero una cosa es la dificultad y otra la negligencia profesional de los técnicos de sonido. Si un instrumento suena saturado nada tiene que ver con la acústica del local. El acordeón de López Jaso sonó así durante muchos momentos del concierto (se pierde definición, matiz, timbre…) y el contrabajo de Escrich en otro plano. En ningún momento se logró domar la acústica de la sala ni pareció hacerse demasiado por lograrlo. Eso dificulta la concentración del músico y el disfrute del oyente. Marcelo fue muy generoso en su alocución cuando pidió un aplauso para los técnicos y el público premió con ellos un trabajo ciertamente mejorable. Quizá sin ellos hubieran despertado de su letargo.
Javier López Jaso y Juanma Urriza
© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
El contrabajista Marcelo Escrich (“tengo acento argentino porque
me da la gana”, bromeó quien lleva toda una vida por aquí) y el
acordeonista Javier López Jaso presentaban en casa su
Pagoda, proyecto
discográfico recién publicado por el animoso sello vasco Errabal.
Escrich siempre ha sido un seguro sobre el escenario, uno de
esos músicos que resuelven papeletas de última hora. Un don
preciado que Marcelo apuntala con un preciosista sentido
melódico que casa a la perfección con la querencia
piazzolliana de López
Jaso, un músico cuya inquietud e interés le han permitido trazar
un camino profesional poco común entre acordeonistas. Su
mentalidad abierta, su curiosidad y permeabilidad, le han
llevado a ser un notable improvisador sin ser, propiamente, un
músico de formación jazzística. No importa. Muchas veces la
falta de una formación específica o de una vocación
unidireccional en la música da a luz los músicos más
interesantes. Así, por ejemplo, su expresividad y ligereza en el
fraseo de sus solos (que no ligereza en la densidad del
lenguaje) comunica mucho más que la pulcritud del guitarrista
Luis Giménez, cuya irreprochabilidad académica al improvisar
carece de aristas que pellizquen el alma (si bien su sonoridad,
de una definición meridiana, dio calidez al conjunto). Todo lo
contrario que López Jaso, que dibuja la gran expresividad de sus
melodías a centímetros del tiempo, como en el caso de
Casimiro, una composición de
tempo medio que Escrich abre en solitario (Marcelo siempre
me despierta en la memoria a Charlie Haden), sobre la que Jaso
crece y a la que Juanma Urriza aporta interesantes detalles con
las escobillas. Urriza estuvo siempre discreto, consciente de su
rol como actor
secundario en el proyecto y sobresaliente en su contención
durante el solo de Envero,
siempre en el tempo y
ajeno a florituras exhibicionistas (a pesar de que la acústica
no ayudaba a contener su sonoridad).
Luis Giménez, Marcelo Escrich, Javier López Jaso y Juanma Urriza
© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
El cuarteto presentó todos los temas del disco (en orden casi
riguroso respecto de la grabación) y cerró, a modo de bis, con
el siempre vibrante
Libertango de Astor Piazzolla, el genio al que López Jaso
dedica el tema con el que abrieron concierto,
Un paseo con Astor, y
que sobrevuela permanentemente en la sonoridad del acordeón.
Entre la devoción de Jaso por el argentino y el origen argentino
de Escrich, el material que maneja el cuarteto (todo él de Jaso
y Escrich, a excepción, obviamente, del bis) tiene un retrogusto
folclórico que suena a milonga en el
Pagoda que titula
disco o a baile regional en el
Vals 20-16 (tema del
acordeonista dedicado a Pamplona e imagino a su –lógicamente-
frustrado proyecto de capitalidad cultural de 2016). Retrogusto
de naturaleza etílica en 5
grados Brix y en Envero (evocación tanguera de la música de Piazzolla) y que dejó
sensación de vértigo en los complejos
Cambios de pulso sobre
los que navegó el cuarteto con cierta inestabilidad (solventada
con el discurrir del tema). Como cierre de concierto (antes del
bis), el cuarteto presentó una composición de López Jaso
titulada Bebe 7-7,
juego de contrastes entre una sonoridad modernista del tango (me
recordó a algunas de las ideas de Gotan Project) -con la
efectiva sonoridad industrial y mecánica de la batería de Juanma
Urriza como estímulo-, enfrentada al sonido añejo del vals de
musette francés. Un
juego que pareció un tanto forzado en su expresión inicial –de
corta y pega- pero que fue ganando en fluidez a medida que le
dieron forma y que el oído se prevenía ante el cambio. Un oído
que agradeció la inteligente combinación tímbrica de guitarra y
acordeón en la exposición de algunos de los temas, especialmente
lograda en Casimiro.
El mencionado Libertango (para el que Giménez eligió una sonoridad de dudoso gusto con su pedalera) puso el cierre a la satisfacción de un público entregado a un cuarteto que se ganó el aplauso tanto por luchar contra las circunstancias acústicas como por la entidad de una propuesta con una infrecuente, por estos lares, vocación de proyecto. Que vaya a más.
El mencionado Libertango (para el que Giménez eligió una sonoridad de dudoso gusto con su pedalera) puso el cierre a la satisfacción de un público entregado a un cuarteto que se ganó el aplauso tanto por luchar contra las circunstancias acústicas como por la entidad de una propuesta con una infrecuente, por estos lares, vocación de proyecto. Que vaya a más.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com
jueves, mayo 30, 2013
¿Fútbol por la paz?
| Imagen de Messi en un comercio de Ramallah (Foto: Carlos Pérez Cruz) |
El buenismo puede resultar tan letal como el disparo más certero de
un francotirador. La ignorancia del poderoso (permítaseme la inocencia)
puede llegar a resultar fatal, hasta el punto de legalizar, por la vía
del gesto diplomático, una situación de violación flagrante de derechos
humanos y certificar como definitiva la ocupación y exterminio de un
pueblo por parte de otro.
Hablo de fútbol y del Barça (mi equipo) y de su iniciativa para jugar
un partido frente a un combinado de jugadores de Israel y Palestina con
el fin de aportar un granito de arena al (inexistente) proceso de paz.
¿Quién podría reprocharle al Barça la honra de su gesto? A ojos del
profano, del ciudadano medio que asume la existencia de un conflicto
entre Israel y Palestina, la iniciativa tan sólo merece elogios. Es
probable que ese ciudadano piense que cualquier oposición a este partido
sea cosa de radicales, de extremistas contrarios al reconocimiento del
otro, partidarios de la aniquilación del “enemigo”. Pueden llamarme
radical, si así lo desean, por oponerme al partido de marras. Yo, que
no quiero ni exterminios ni holocaustos para nadie.
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miércoles, mayo 22, 2013
El CD como arte (en vías de extinción)
En la actualidad el cedé parece casi finiquitado como formato de
almacenaje y difusión del registro musical. Su declive, en beneficio de
la distribución digital, ofrece una buena ocasión para evaluar la
naturaleza artística de su embalaje y su importancia para el disfrute de
la experiencia musical. Enrique Turpin, profesor de literatura
española y crítico literario y musical, ha recopilado algunas de las
joyas de su colección personal y ha dado forma a la exposición Ceedeephilia – El arte del ‘packaging’ musical contemporáneo,
una muestra de obras de arte discográficas con ediciones de lujo de
cedés de The Rolling Stones, Pearl Jam, Charlie Parker y Radiohead,
entre otros.
Ceedeephilia, una exposición dedicada al envoltorio del CD
en las últimas tres décadas. Mi cabeza hace una relación inmediata a
partir del nombre de la exposición: de Ceedeephilia, necrofilia. ¿En esas estamos? ¿En la exposición de un objeto muerto?
Es un réquiem, en realidad. Más que un objeto muerto, está en vías de
un cambio definitivo, en un final de etapa. Al igual que los vinilos se
van a mantener por diversos motivos, el cedé no perdurará, entre otras
cosas porque las nuevas generaciones lo escuchan todo en streaming,
con Spotify o con Youtube directamente, y no compran el formato. El
aspecto físico de la música les interesa poco. Y además están muriendo
las unidades donde eso se compra. Con los móviles, los iPad y demás, la
música es algo de muy rápido acceso, casi inmediato. El formato está
tocado de muerte.
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domingo, mayo 19, 2013
Aly Bain & Phil Cunningham, historia de una feliz regresión
Anoche viví una feliz coincidencia. A la misma hora en que yo actuaba en una de las salas del Auditorio Baluarte de Pamplona, en otra lo hacía el dúo de los escoceses Aly Bain y Phil Cunningham. ¡Qué regresión! Fue como volver a mi adolescencia, a los años en que fui conformando mi gusto musical, a los primeros pasos de un camino que, por fortuna, todavía no atisba la meta.
Aly Bain y Phil Cunningham forman parte de la amplísima nómina de músicos que tuve la fortuna de descubrir en los tiempos en que a diario, y como una ineludible obligación devota, encendía Radio 3 a las tres de la tarde para escuchar los Diálogos 3 de Ramón Trecet. Años en que sentí la felicidad de descubrir a músicos como Alasdair Fraser (uno de cuyos discos adjunté como carta de amor... fracasado) o grupos como Hedningarna (su música sigue siendo una de las mejores drogas alucinatorias). Años de viajes al Teatro Barakaldo para escuchar a los suecos o a la estupenda La Bottine Souriante de Quebec... ¡Qué recuerdos!
Cuando acabó mi prueba de sonido, corrí por los pasillos del auditorio para buscar a estos veteranos de la música escocesa. Fui con un disco de ellos del año 97 bajo el brazo y me llevé la firma y unas buenas risas. Cunningham ya no es ese mozo de recia melena y aspecto de Braveheart escocés pero es ciertamente un tipo afable y divertido que posó conmigo para una foto a la que sumó a una mujer (¿su mujer?) con la que conversaba vía Skype en el móvil (y a la que mostró entre risas la copia que llevaba de ese The Ruby del año 97). Después encontré a Aly Bain quien, como quien hace una confidencia, me reconocía que, al igual que yo anoche, también que tenía que tocar a veces ciertas cosas por aquello de que hay que comer.
Acabado mi concierto, volví a correr por los pasillos de camerinos y me acerqué a su sala. Tuve la fortuna de escuchar los últimos minutos de su concierto casi como un espía, escondido entre los telares del escenario, disfrutando como un enano de una música que, en su sencillez y tradición, sigue conservando la cualidad de hacernos levitar con los pies en la tierra.
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sábado, mayo 18, 2013
Ilan Pappe: "Israel should acknowledge that in 1948 tried to ethnically cleanse the Palestinians"
| Ilan Pappe and Carlos Pérez Cruz during the interview |
Interview with Israeli historian Ilan Pappe recorded on May, 15th 2013 at Public University of Navarra (Spain).
Lee la entrevista en castellano en la web de 'El Asombrario & Cía'
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jueves, mayo 16, 2013
Ilan Pappe: “Israel debe reconocer que en 1948 intentó una limpieza étnica de palestinos”
He hablado de lados. Por un lado, los palestinos; por el otro, los
israelíes. Las palabras son importantes. Si hablamos de lados, la gente
podría pensar que existe un conflicto real y los medios podrían hablar
–de hecho lo hacen- de dos bandos a los que deberían tratar, al menos
teóricamente, en igualdad de condiciones en el nombre de la verdad, la
objetividad o lo que sea. Yo fui el año pasado a Palestina y después de
mi viaje algunas personas me preguntaron si también había ido al lado
israelí para conocer su opinión. Quizá piensen que para conocer la
verdad es necesario poder comparar. Pero lo que vi en Cisjordania fue
suficiente para mí. Demasiado fuerte como para permanecer neutral.
¿Estoy equivocado?
No, no te equivocas. Creo que uno de los problemas es este paradigma
de la paridad, esta idea de equilibrio, como si existieran dos lados
iguales. Por supuesto que no hay igualdad entre el ocupante y el
ocupado, entre el colono y el colonizado. De hecho, si vienes de fuera,
lo que la gente decente espera que hagas es que no comprendas al
colonizado y al ocupado de la misma manera en que entiendes al colono y
al ocupante, sino que esperan que apoyes al colonizado y al ocupado para
que logre cambiar la mala situación en la que vive. Así que pienso que
tienes toda la razón. Cuando estás en Cisjordania, aunque sea durante
cinco minutos, entiendes que no hay ningún equilibrio, que de hecho hay
un lado justo y un lado equivocado. Y tú decides dónde quieres estar: si
quieres estar en el lado erróneo o en el de la justicia. Al menos esto
es lo que está pasando en muchas partes del mundo aunque los gobiernos
lo ignoren.
Lee la entrevista completa en 'El Asombrario & Cía'
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martes, mayo 14, 2013
Sylvain George: “No creo en la objetividad, cada uno debe posicionarse"
¿Cómo se logra un balance entre el activismo puro y duro y la denuncia documentada y objetiva?
No creo en eso. Yo soy un director... En alguna ocasión escribí algo en
relación con el activismo porque a veces hago películas para grupos
políticos, pero soy decididamente un cineasta y un cineasta tiene que
intentar tomar una posición respecto al mundo e intentar traducirla con
los recursos de los que dispone. Yo trato de hacer eso. No sé qué
significa la objetividad. No creo en la objetividad. Esa es la razón por
la que en los medios –en Francia es así, imagino que también en España -
encuentras reportajes con gente a favor y otros en contra de lo que se
cuenta. Y eso es porque el reportero debe intentar ser objetivo. Pero
esa no es la verdad. No creo en la objetividad, no entiendo qué
significa. Creo que cada uno debe posicionarse y encontrar el medio a
través del que poder expresarse y con el que construir su relación con
el mundo y consigo mismo.
Lee la entrevista con Sylvain George en 'Revista 21'
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viernes, mayo 10, 2013
Todos los caminos están cerrados (Capítulo 6)
Contenidos del sexto programa de Todos los caminos están cerrados:
Viajamos a Jerusalén y escuchamos la celebración judía del Bar Mitzvah en el Muro de las Lamentaciones. Conocemos el testimonio de Ahmed al-Qaraeen y de Sahar Baidoun, del Wadi Hilwah Information Center de Silwan, y cómo los colonos van ocupando los pueblos palestinos de Jerusalén Este. En Badil, organización dedicada a la atención de los refugiados palestinos, nos explican cómo funciona el estatus legal de los palestinos según su situación en Israel o Territorios Ocupados. Además, nos encontramos con Vanunu Mordechai, el hombre que descubrió al mundo que Israel tenía armas nucleares.
| Vista de la ciudad vieja de Jerusalén (Foto: Carlos Pérez Cruz) |
Más información en el blog de 'Todos los caminos están cerrados'
jueves, mayo 02, 2013
Réquiem por la Onda Media
Ya sólo como objeto resultaba fascinante, al menos para el niño que
yo era entonces. Un aparato de radio grande si lo comparamos con las
medidas microscópicas del presente, cuyo lateral disponía de una curiosa
rueda de giro que permitía cambiar el tipo de frecuencia de emisión:
Onda Corta, Onda Larga, Onda Media. También Frecuencia Modulada, aunque
esta iba por su cuenta. Lo recuerdo en aquel apartamento de Alicante
donde pasé tantos y tantos veranos de mi infancia; después en el de los
Pirineos, que cambió del mar a la montaña el destino de mis vacaciones
(inolvidables mis desconsoladas lágrimas en la despedida alicantina.
Todavía no he vuelto).
La radio me ha fascinado desde siempre. No tanto los aparatos, pero
aquel en particular me permitía acceder a mundos que la mayoría no.
Recuerdo noches de verano buscando voces extrañas, idiomas
indescifrables que a mí me sonaban a ruso. En una ocasión presumí de
estar escuchando una emisión espacial de la Unión Soviética.
Probablemente no había astronauta ni secreto alguno en aquellas voces y
pitidos que parecían ser tonos de un mensaje cifrado y que yo había
descubierto por mi incansable búsqueda de frecuencias. Pero a mi
imaginación infantil le estaba permitido fabular y con el simple giro de
los diales uno se perdía en el espacio hertziano durante horas e
imaginaba mundos tan diferentes al suyo como ya es casi imposible
encontrar en éste, sometido como está al franquicidio que hace indistinguibles unos paisajes de otros, unas emisiones de otras.
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lunes, abril 29, 2013
El jazz con mil palabras (método de recorte jazzístico)
España tiene un déficit jazzístico equivalente
al democrático. La dictadura de Franco retrasó
la llegada de (una cierta) modernidad hasta
finales de los setenta, cuando en la Europa
civilizada Mayo del 68 era ya un vago recuerdo.
Aquí también tuvimos Mayo, pero del 2011.
En España, el jazz se vive con un delay descomunal. Para que se hagan una idea: hoy estamos descubriendo a los Beatles. ¿Exagerado? Si en los tiempos de la dictadura sólo unos pocos afortunados podían salir al mundo y descubrir América a cada rato, hoy el común descubre esa América de la época del telégrafo. Es bueno preservar e indagar en la memoria del pasado; no tanto no tener presente o ignorarlo.
Nada de malo hay en vivir en 2013, tener veintitantos años y flipar con Lee Morgan o Freddie Hubbard. Pero lo flipante de veras es que el confesor de sus flipes -trompetista, para más señas- reconozca que no tiene ni idea de quiénes son Dave Douglas o Peter Evans y sí, claro, Wynton Marsalis. Definitorio. Vivimos con medio siglo (o más) de retraso y Nixon es nuestro guía. Todavía no ha llegado el “Waterjazz” a España.
Llegó el jazz a los conservatorios y las aulas acogieron a músicos que, en algunos casos, no sabían muy bien por qué ni para qué estaban ahí. Algunos pensaron que la incapacidad técnica los validaba para el jazz y, por desgracia, algunos tribunales les confirmaron la sospecha. El caso era obtener un título y ahora el sistema parecía abrazarlos a todos, aunque fuera para justificar la existencia de un Superior en la comunidad. Para el profesorado se contó con lo que había (y había de todo, claro), y alguno hasta descubrió que Charles Lloyd seguía vivo y en activo. E incluso, que existía el jazz más allá de la big band de Count Basie. La buena noticia es que ahora salen titulados. También que a algunos catedráticos les escoció el swing en el aulario. El templo, profanado.
La afición encontró en internet un espacio para encontrarse, tan solitarios y raros que eran antes en sus pueblos y ciudades de residencia. Ahora comparten online a Coleman Hawkins, Duke Ellington o charlan de Bill Evans. Se relacionan en grupos virtuales y hacen sonar lo mismo que ‘Cifu’ en sus programas de radio. No es raro, la rueda de sintonización del receptor gira y no encuentra más. “Su definición del jazz es más estrecha de lo que parece”, escribía Diego Manrique sobre el veterano divulgador del jazz. No, Diego: es lo que parece. Hace mucho que es lo que parece y que se le parecen. El jazz del que se habla o pincha en los medios, en este hoy digital, suena con el crepitar de las palomitas del vinilo.
Se habla, se discute con pasión. España es un país en permanente debate dialéctico e inacción secular (menos cuando nos liamos a hostias y guerras). ¿Dónde está la tan docta y exigente afición cuando se “arriesga” en la programación? ¿Dónde están los músicos en formación –que, por ejemplo, en Barcelona son cientos- cuando tocan los maestros? Es verdad, no me acordaba: el músico vive encerrado en su mundo creativo y no puede infectarlo. Conviene resguardarlo en la endogamia de las propias ideas (geniales).
¡Ah, los festivales! Esas citas anuales que concitan la atención de miles, de aquellos que, cual osos pirenaicos, hibernan y despiertan al calor del reclamo de una cerveza en vaso de plástico y música cool para beberla. Los festivales son como el método de ‘el inglés con mil palabras’, que deja el lenguaje tan recortado como Europa los derechos ciudadanos. Si el método de idiomas alecciona Tarzanes en potencia, la programación de éstos parece confeccionada por el método de instrucción y recorte de la Merkel. No hay nada mejor que lo que ellos programan y The Rest is Noise. Su definición del jazz es más estrecha de lo que parece, que diría Manrique, y su presupuesto, una burbuja inflada con aire público. Aunque decirlo en este país puede tener consecuencias de veto informativo por no regalarles el oído con pleitesía genuflexa. Y es que el crítico “profesional”, si juega a publicista, puede alcanzar en esos días estatus de Sir (lo siento, no conozco Madame alguna en el gremio) para regresar después al de mendigo. Que no habría músico en este país dispuesto a tocar una nota por lo que (no) cobra un crítico. Eso sí, mientras sirva a la causa del dossier, será un fenómeno. Si su valoración no es digna de su (inviolable) estatura artística, será vilipendiado. Y así se forjará con esmero esa amistad-odio entre músico y crítico que en España es tan rica en descréditos como mísera en relevancia. Porque, ¿a quién importan sus desafueros pudiendo escuchar este verano a Miles? Alguien lo traerá, ¿no?
En España, el jazz se vive con un delay descomunal. Para que se hagan una idea: hoy estamos descubriendo a los Beatles. ¿Exagerado? Si en los tiempos de la dictadura sólo unos pocos afortunados podían salir al mundo y descubrir América a cada rato, hoy el común descubre esa América de la época del telégrafo. Es bueno preservar e indagar en la memoria del pasado; no tanto no tener presente o ignorarlo.
Nada de malo hay en vivir en 2013, tener veintitantos años y flipar con Lee Morgan o Freddie Hubbard. Pero lo flipante de veras es que el confesor de sus flipes -trompetista, para más señas- reconozca que no tiene ni idea de quiénes son Dave Douglas o Peter Evans y sí, claro, Wynton Marsalis. Definitorio. Vivimos con medio siglo (o más) de retraso y Nixon es nuestro guía. Todavía no ha llegado el “Waterjazz” a España.
Llegó el jazz a los conservatorios y las aulas acogieron a músicos que, en algunos casos, no sabían muy bien por qué ni para qué estaban ahí. Algunos pensaron que la incapacidad técnica los validaba para el jazz y, por desgracia, algunos tribunales les confirmaron la sospecha. El caso era obtener un título y ahora el sistema parecía abrazarlos a todos, aunque fuera para justificar la existencia de un Superior en la comunidad. Para el profesorado se contó con lo que había (y había de todo, claro), y alguno hasta descubrió que Charles Lloyd seguía vivo y en activo. E incluso, que existía el jazz más allá de la big band de Count Basie. La buena noticia es que ahora salen titulados. También que a algunos catedráticos les escoció el swing en el aulario. El templo, profanado.
La afición encontró en internet un espacio para encontrarse, tan solitarios y raros que eran antes en sus pueblos y ciudades de residencia. Ahora comparten online a Coleman Hawkins, Duke Ellington o charlan de Bill Evans. Se relacionan en grupos virtuales y hacen sonar lo mismo que ‘Cifu’ en sus programas de radio. No es raro, la rueda de sintonización del receptor gira y no encuentra más. “Su definición del jazz es más estrecha de lo que parece”, escribía Diego Manrique sobre el veterano divulgador del jazz. No, Diego: es lo que parece. Hace mucho que es lo que parece y que se le parecen. El jazz del que se habla o pincha en los medios, en este hoy digital, suena con el crepitar de las palomitas del vinilo.
Se habla, se discute con pasión. España es un país en permanente debate dialéctico e inacción secular (menos cuando nos liamos a hostias y guerras). ¿Dónde está la tan docta y exigente afición cuando se “arriesga” en la programación? ¿Dónde están los músicos en formación –que, por ejemplo, en Barcelona son cientos- cuando tocan los maestros? Es verdad, no me acordaba: el músico vive encerrado en su mundo creativo y no puede infectarlo. Conviene resguardarlo en la endogamia de las propias ideas (geniales).
¡Ah, los festivales! Esas citas anuales que concitan la atención de miles, de aquellos que, cual osos pirenaicos, hibernan y despiertan al calor del reclamo de una cerveza en vaso de plástico y música cool para beberla. Los festivales son como el método de ‘el inglés con mil palabras’, que deja el lenguaje tan recortado como Europa los derechos ciudadanos. Si el método de idiomas alecciona Tarzanes en potencia, la programación de éstos parece confeccionada por el método de instrucción y recorte de la Merkel. No hay nada mejor que lo que ellos programan y The Rest is Noise. Su definición del jazz es más estrecha de lo que parece, que diría Manrique, y su presupuesto, una burbuja inflada con aire público. Aunque decirlo en este país puede tener consecuencias de veto informativo por no regalarles el oído con pleitesía genuflexa. Y es que el crítico “profesional”, si juega a publicista, puede alcanzar en esos días estatus de Sir (lo siento, no conozco Madame alguna en el gremio) para regresar después al de mendigo. Que no habría músico en este país dispuesto a tocar una nota por lo que (no) cobra un crítico. Eso sí, mientras sirva a la causa del dossier, será un fenómeno. Si su valoración no es digna de su (inviolable) estatura artística, será vilipendiado. Y así se forjará con esmero esa amistad-odio entre músico y crítico que en España es tan rica en descréditos como mísera en relevancia. Porque, ¿a quién importan sus desafueros pudiendo escuchar este verano a Miles? Alguien lo traerá, ¿no?
© Carlos Pérez Cruz
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viernes, abril 26, 2013
Julio Llamazares: “Si el tiempo no se detuviera, no sentiríamos lo que sentimos”
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| Julio Llamazares durante la presentación en Bilbao (Foto: Carlos Pérez Cruz) |
Presentación en la librería Elkar de Bilbao de Las lágrimas de San Lorenzo, quinta novela del escritor leonés Julio Llamazares desde que publicara en 1985 Luna de lobos. "No soy muy prolífico", reconoció el autor, si bien recordó que practica otras formas literarias como el ensayo, la poesía, los relatos, también artículos periodísticos. “No hay un formato superior a otro”, aunque las editoriales han favorecido la novela como artefacto preferente. Le publican los otros, aunque el nerviosismo del editor es patente si no hay novela en ciernes.
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jueves, abril 18, 2013
¡ZAS!, la denuncia de la pérdida de derechos ciudadanos hecha música
| Carlos González, 'Sir Charles', y Baldo Martínez en Bilbao (abril 2012) Foto: Carlos Pérez Cruz |
¡ZAS!: Onomatopéyico nombre para un trío de jazz que esconde la
voluntad de zarandear al oyente y, de paso, su conciencia. “Nuestra
música no puede entenderse si la apartamos de la denuncia social
generada por la pérdida de derechos que los ciudadanos de este país
estamos sufriendo”, dice el baterista madrileño Carlos González, ‘Sir
Charles’, el único músico de jazz español con título de Sir (el
que le otorgó su padrino musical, el organista estadounidense Lou
Bennett, con quien trabajó frecuentemente en los años 80).
González forma junto al contrabajista gallego Baldo Martínez y al
saxofonista argentino Marcelo Peralta (establecido en España desde
mediados de los años 90) un trío de verdaderos all stars del jazz
ibérico con sede en Madrid, que comenzó a rodarse hace tres o cuatro
años (la memoria de Baldo no lo aclara). Lástima que la consideración
del jazzista en nuestro país venga determinada por factores ajenos a la
propia calidad de la música y que las posibilidades de (re)conocimiento
estén limitadas por las escasas posibilidades de difusión escénica y
mediática del jazz doméstico. Dicho de otra manera: si Estados Unidos
planteara festivales de jazz al modo en que Europa los organiza, este
trío cotizaría alto.
martes, abril 16, 2013
Ernst Reijseger, Harmen Fraanje, Mola Sylla - "Down deep"
Sobre el escenario se precisa la
desinhibición más absoluta. Lo pensaba hace unos días viendo una obra de
teatro. Sólo si el escenario es un espacio natural para el actor
(músico), si en él se puede ser el mismo que hace inconfesables muecas
frente al espejo de casa con la tranquilidad de sentirse a salvo de
miradas ajenas, si en él siente uno expandir su cuerpo en vez de
contraerse por la tensión, sólo entonces se puede hacer una música de
vuelo tan libre como a la que dan vida Reijseger, Fraanje y Sylla.
Hay una foto en el interior del libreto de este Down deep en la que los tres músicos miran a cámara y gritan. Reijseger, con la boca bien abierta, tensas las comisuras de los labios hasta sus máximos extremos, como si fuera un niño pequeño que estalla en el sollozo de una pataleta. El gesto de Sylla es semejante, pero en su mirada se percibe un brillo de locura y provocación. Fraanje, por su parte, apenas abre la boca y agarra con una mano el hombro izquierdo de Sylla. ¿Casualidad que su gesto, mucho más comedido, sea el del más joven de los tres?
Hay una foto en el interior del libreto de este Down deep en la que los tres músicos miran a cámara y gritan. Reijseger, con la boca bien abierta, tensas las comisuras de los labios hasta sus máximos extremos, como si fuera un niño pequeño que estalla en el sollozo de una pataleta. El gesto de Sylla es semejante, pero en su mirada se percibe un brillo de locura y provocación. Fraanje, por su parte, apenas abre la boca y agarra con una mano el hombro izquierdo de Sylla. ¿Casualidad que su gesto, mucho más comedido, sea el del más joven de los tres?
Ernst Reijseger es uno de esos locos
maravillosos y ejemplares músicos de la
improvisación europea, que en Holanda tienen un
característico humor que comulga sin complejos
con los lenguajes más abiertos y experimentales
(esos que tanto asustan). Reijseger ha ido
desarrollando una carrera en el que a la
vertiente más jazzística y libre improvisadora (Clusone
3, ICP Orchestra, Louis Sclavis…) suma una
relación muy particular con diversos folclores,
como demostró, por ejemplo, en el asombroso
Colla
Voche (junto a los sardos Tenore e Concurdu
de Orosei); también otras facetas, como la de
compositor de música para películas de Werner
Herzog (obviamente, no hablamos de música
cinematográfica al uso; tampoco el cine de
Herzog lo es). Reijseger es un improvisador
total, a la par que un músico que vive una
relación con su instrumento tan natural que le
permite, si es preciso, manejarlo sin complejos
como una guitarra, además de cantar (o algo
similar), aullar y lo que haga falta. No guarda
las formas, no imposta, simplemente
es, y el chelo baila en sus manos como un excelso bailarín de salsa
haría balancearse entre sus brazos a la pareja
de baile.
El holandés Reijseger y el senegalés Mola Sylla ya se habían reunido de antemano en un proyecto conjunto en 2003 (Janna, junto al percusionista Serigne C.M. Gueye) y coincidido en varios grupos desde finales de los 80. Es en 2007 cuando el pianista Harmen Fraanje les sugiere la reunión y 2012 el año de la grabación. Antes, Fraanje y Reijseger ya habían grabado juntos en un disco de 2004 del trompetista Eric Vloeimans, y el pianista había sido uno de los instrumentistas (organista, además de pianista) en la música de la película La cueva de los sueños olvidados, de Herzog, un fascinante viaje al interior de la cueva rupestre de Chauvet (Francia).
Sólo hay improbables cuando la mentalidad está sellada como una ostra. Sólo puede resultar inconcebible tal unión de instrumentos y talentos si se entiende la música como un compartimento estanco. Y la reunión de este trío es lo más natural del mundo, así se comprende al escucharlo. No hay empaste de lenguajes, sino la hibridación lógica de tres expresiones individuales que conjuntamente han logrado un trabajo que emociona profundamente (ahí, deep down) y que no hace concesión alguna al africanismo comercial de world music. Hay recitados como hay gritos, y hay una voz que estalla salvajemente en Amerigo, la increíble versión que hacen del original del flautista Magic Malik. Aparentemente el tema se desarrolla bajo los fundamentos de un lenguaje de minimalismo instrumental al uso con la incesante repetición de una serie de arpegios. Sobre ellos, la invocación casi ritual de las percusiones aéreas de Sylla y el solo de Reijseger. Hasta que… ¡bum! Bien avanzada la música, Mola Sylla prende la mecha y dinamita todo control canónico de la voz. La belleza bruta expresa lo más hondo y ese vendaval vocal le deja a uno sin aire.
Amerigo es la única versión del disco junto a E lucevan le stelle (de la ópera Tosca, de Giacomo Puccini), un inciso operístico que asoma improbable en el chelo de Ernst Reijseger después de un inicio abstracto con el piano de Fraanje disociado, en su fraseo jazzístico, del juego con los armónicos en el frotar del arco de Reijseger (característica sonoridad cinematográfica del chelista) y de los efectos selváticos de Sylla.
El disco tiene altibajos, no tanto por demérito de los valles como por altura de los picos. Es difícil seguir después de la congoja que produce Amerigo, aunque el aparente estatismo de Shaped by the tide (con el tempo determinado por el pulsar de la mbira y un golpeo constante cuyo origen no logro determinar –quizá Sylla percuta el suelo con los pies-) serena las emociones y permite que Reijseger frasee con cierta placidez una especie de espiritual luminoso que va atardeciendo en su declive. El chelista establece un estupendo groove, con el chelo a modo de contrabajo, en Hemisacraal, territorio para el recitado de Mola Sylla bajo el que el propio Reijseger canturrea y retuerce su voz (como si de una línea de direccionalidad armónica más se tratara), mientras Fraanje lo mismo complementa el pulso del chelista que va desplegando su solo sobre éste o apunta maneras de elegante nocturno de Chopin.
En parecidos terrenos a los de Shaped by the tide se mueve Ana, con la mbira hipnotizando mediante un patrón constante. Sylla canta mientras Fraanje determina una atmósfera etérea que, junto al pulso de la mbira, libera a Reijseger para entrar y salir de la base. El inicial Elena es un precioso, emotivo y delicado vals somnoliento en el que Fraanje disfruta de espacio para sus particulares (y siempre contenidas) digresiones, mientras M´br es lo más parecido a un blues del desierto en el que lo interesante, además del efecto hipnótico de la repetición, es la forma en la que Reijseger y Fraanje juegan con ella. Eso sí, el contraste más radical lo proporciona Down deep, cuya percusión inicial bien pudiera ser un zapateado flamenco al que sigue un enloquecido “rapeo” de Sylla, antes de clausurar con Her eyes, una sencilla melodía casi infantil que repiten y repiten a modo de canción de cuna. Y es que la música del trío, en su compleja expresión de sencillez, puede hacer a los melómanos tan felices como una nana a un niño.
El holandés Reijseger y el senegalés Mola Sylla ya se habían reunido de antemano en un proyecto conjunto en 2003 (Janna, junto al percusionista Serigne C.M. Gueye) y coincidido en varios grupos desde finales de los 80. Es en 2007 cuando el pianista Harmen Fraanje les sugiere la reunión y 2012 el año de la grabación. Antes, Fraanje y Reijseger ya habían grabado juntos en un disco de 2004 del trompetista Eric Vloeimans, y el pianista había sido uno de los instrumentistas (organista, además de pianista) en la música de la película La cueva de los sueños olvidados, de Herzog, un fascinante viaje al interior de la cueva rupestre de Chauvet (Francia).
Sólo hay improbables cuando la mentalidad está sellada como una ostra. Sólo puede resultar inconcebible tal unión de instrumentos y talentos si se entiende la música como un compartimento estanco. Y la reunión de este trío es lo más natural del mundo, así se comprende al escucharlo. No hay empaste de lenguajes, sino la hibridación lógica de tres expresiones individuales que conjuntamente han logrado un trabajo que emociona profundamente (ahí, deep down) y que no hace concesión alguna al africanismo comercial de world music. Hay recitados como hay gritos, y hay una voz que estalla salvajemente en Amerigo, la increíble versión que hacen del original del flautista Magic Malik. Aparentemente el tema se desarrolla bajo los fundamentos de un lenguaje de minimalismo instrumental al uso con la incesante repetición de una serie de arpegios. Sobre ellos, la invocación casi ritual de las percusiones aéreas de Sylla y el solo de Reijseger. Hasta que… ¡bum! Bien avanzada la música, Mola Sylla prende la mecha y dinamita todo control canónico de la voz. La belleza bruta expresa lo más hondo y ese vendaval vocal le deja a uno sin aire.
Amerigo es la única versión del disco junto a E lucevan le stelle (de la ópera Tosca, de Giacomo Puccini), un inciso operístico que asoma improbable en el chelo de Ernst Reijseger después de un inicio abstracto con el piano de Fraanje disociado, en su fraseo jazzístico, del juego con los armónicos en el frotar del arco de Reijseger (característica sonoridad cinematográfica del chelista) y de los efectos selváticos de Sylla.
El disco tiene altibajos, no tanto por demérito de los valles como por altura de los picos. Es difícil seguir después de la congoja que produce Amerigo, aunque el aparente estatismo de Shaped by the tide (con el tempo determinado por el pulsar de la mbira y un golpeo constante cuyo origen no logro determinar –quizá Sylla percuta el suelo con los pies-) serena las emociones y permite que Reijseger frasee con cierta placidez una especie de espiritual luminoso que va atardeciendo en su declive. El chelista establece un estupendo groove, con el chelo a modo de contrabajo, en Hemisacraal, territorio para el recitado de Mola Sylla bajo el que el propio Reijseger canturrea y retuerce su voz (como si de una línea de direccionalidad armónica más se tratara), mientras Fraanje lo mismo complementa el pulso del chelista que va desplegando su solo sobre éste o apunta maneras de elegante nocturno de Chopin.
En parecidos terrenos a los de Shaped by the tide se mueve Ana, con la mbira hipnotizando mediante un patrón constante. Sylla canta mientras Fraanje determina una atmósfera etérea que, junto al pulso de la mbira, libera a Reijseger para entrar y salir de la base. El inicial Elena es un precioso, emotivo y delicado vals somnoliento en el que Fraanje disfruta de espacio para sus particulares (y siempre contenidas) digresiones, mientras M´br es lo más parecido a un blues del desierto en el que lo interesante, además del efecto hipnótico de la repetición, es la forma en la que Reijseger y Fraanje juegan con ella. Eso sí, el contraste más radical lo proporciona Down deep, cuya percusión inicial bien pudiera ser un zapateado flamenco al que sigue un enloquecido “rapeo” de Sylla, antes de clausurar con Her eyes, una sencilla melodía casi infantil que repiten y repiten a modo de canción de cuna. Y es que la música del trío, en su compleja expresión de sencillez, puede hacer a los melómanos tan felices como una nana a un niño.
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