Dos instantáneas, un mismo día. Amanece y la brocha de nubes extiende un manto blanco. Después de cubrirlo todo, lo retira con agua. Es una purgación, una limpia del rostro urbano. Lo más parecido al afeitado.
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jueves, enero 24, 2013
miércoles, enero 23, 2013
Precariedad
El objetivo vendría a ser convertir los aplausos
en dinero contante y sonante para tirar hacia
adelante. Soy consciente de que la imagen más
amable es imaginar al artista como alguien ajeno
a esas menudencias, a un ser que se eleva sobre
las obligaciones cotidianas para hacernos más
llevaderas las nuestras. Pero no, resulta que
los creadores son igualmente ciudadanos con sus
obligaciones y facturas, incluso con un plato
por llenar.
La narración de la historia del jazz está llena de miserias y putrefacciones. Sin embargo, se lee más como si fuera narrativa de ficción que libro de historia. De esa manera, las vidas que bordean (o chapotean en) lo indigno son novelescas, no biográficas. Lamentablemente, bajo el halo místico se encuentra el fango: real y tangible como un plato de alubias.
Cada cierto tiempo nos llegan de Estados Unidos noticias de músicos que, a pesar de su leyenda y veteranía, se encuentran en la ruina o a punto de ser desahuciados. Todos conocemos las peculiaridades del sistema sanitario estadounidense (que se lo digan a Vic Chesnutt, que en paz descanse), y por eso uno entiende más si cabe la imprescindible lucha a cara de perro por mantener el nuestro lo más lejos posible de las garras privadas. Músicos de renombre, conocidos en todas partes del planeta por los aficionados al jazz, ven cómo su mundo se derrumba con la llegada de la enfermedad, a pesar de llevar décadas al servicio de nuestro paladar estético. Le pasó recientemente a Clark Terry y ahora le ha sucedido a Julian Priester (y a tantos otros antes y ahora). En Estados Unidos, enfermar es un lujo de ricos y ser jazzista no abre precisamente las puertas de Wall Street.
La narración de la historia del jazz está llena de miserias y putrefacciones. Sin embargo, se lee más como si fuera narrativa de ficción que libro de historia. De esa manera, las vidas que bordean (o chapotean en) lo indigno son novelescas, no biográficas. Lamentablemente, bajo el halo místico se encuentra el fango: real y tangible como un plato de alubias.
Cada cierto tiempo nos llegan de Estados Unidos noticias de músicos que, a pesar de su leyenda y veteranía, se encuentran en la ruina o a punto de ser desahuciados. Todos conocemos las peculiaridades del sistema sanitario estadounidense (que se lo digan a Vic Chesnutt, que en paz descanse), y por eso uno entiende más si cabe la imprescindible lucha a cara de perro por mantener el nuestro lo más lejos posible de las garras privadas. Músicos de renombre, conocidos en todas partes del planeta por los aficionados al jazz, ven cómo su mundo se derrumba con la llegada de la enfermedad, a pesar de llevar décadas al servicio de nuestro paladar estético. Le pasó recientemente a Clark Terry y ahora le ha sucedido a Julian Priester (y a tantos otros antes y ahora). En Estados Unidos, enfermar es un lujo de ricos y ser jazzista no abre precisamente las puertas de Wall Street.
Julian Priester
El trombonista Julian Priester, de 77 años,
sufre una enfermedad de riñón y necesita recibir
trasplante. Los gastos asociados al tratamiento
les llevaron a él y a su mujer a perder su
vivienda y a almacenar sus pertenencias. La
imposibilidad de afrontar los gastos de
almacenaje pone en riesgo las pertenencias, que podrán
ser subastadas si no consiguen pagar la deuda.
Para alguien que lleva más de sesenta años
entregado a la música y en cuyo currículo
figuran desde Sun Ra a John Coltrane, pasando
por Max Roach o Herbie Hancock, suena
francamente injusto. Injusto o no, su realidad
no es ni mucho menos una excepción (la lista es
larga). Si en España ser jazzista a tiempo
completo es vivir en precario y en negro, en
Estados Unidos la realidad es parecida, con el
agravante consabido de que acceder a
determinados servicios sanitarios puede
aniquilar de un plumazo seis décadas de vida
profesional.
“Ninguno de los clubes de jazz en los que gastas tu dinero lo ingresa en el fondo de pensiones para los músicos que trabajan allí. Y yo les he dicho no, porque esa es la verdad”. Palabras del trompetista Jimmy Owens que uno recibe como un sopapo de realismo al entrar en la página web de ‘Justice for Jazz Artists’. Denuncian prácticas degradantes de clubes que forman parte de nuestro imaginario mítico, como el Village Vanguard o el Birdland neoyorquinos. Un fondo de pensiones que, imagino, le habría venido de perlas al trombonista dado que, al carecer de él, sus ingresos dependen fundamentalmente de los bolos y giras. Y claro, cuando se está a la espera de un riñón…
La historia de esta música está escrita con sangre, sudor y muchas lágrimas al final del camino. Y para secar las lágrimas, músicos como Terry o Priester se ven abocados a la caridad (que nada tiene que ver con la justicia). Gracias a las donaciones anónimas por internet, se pueden paliar situaciones extremas. Pero no parece de recibo que sesenta años de trabajo dependan del altruismo del personal. Estas soluciones no dejan de ser un parche en las costuras del sistema.
“Ninguno de los clubes de jazz en los que gastas tu dinero lo ingresa en el fondo de pensiones para los músicos que trabajan allí. Y yo les he dicho no, porque esa es la verdad”. Palabras del trompetista Jimmy Owens que uno recibe como un sopapo de realismo al entrar en la página web de ‘Justice for Jazz Artists’. Denuncian prácticas degradantes de clubes que forman parte de nuestro imaginario mítico, como el Village Vanguard o el Birdland neoyorquinos. Un fondo de pensiones que, imagino, le habría venido de perlas al trombonista dado que, al carecer de él, sus ingresos dependen fundamentalmente de los bolos y giras. Y claro, cuando se está a la espera de un riñón…
La historia de esta música está escrita con sangre, sudor y muchas lágrimas al final del camino. Y para secar las lágrimas, músicos como Terry o Priester se ven abocados a la caridad (que nada tiene que ver con la justicia). Gracias a las donaciones anónimas por internet, se pueden paliar situaciones extremas. Pero no parece de recibo que sesenta años de trabajo dependan del altruismo del personal. Estas soluciones no dejan de ser un parche en las costuras del sistema.
Sinouj
La fórmula de pequeñas donaciones por internet
(el famoso
crowfunding) se está imponiendo como vía de
solución económica puntual para objetivos
concretos. Si a Priester ser le ayuda a afrontar
los gastos derivados de su estado de salud, a
grupos como el madrileño Sinouj se les procura
ayudar a hacer realidad un disco.
Mismas vías para objetivos cuyo grado de
urgencia difiere pero que son síntoma de la
precariedad general de la profesión. Aunque
Pablo Hernández – saxofonista y líder del grupo
– asegura que grabarán el disco se alcancen o no
los 4500 € solicitados (con un solo sobre de los
de Bárcenas estaba hecho), no todos los artistas
podrían hacerlo sin asegurarse la financiación
adecuada. Así vemos cómo nos llegan con bastante
frecuencia correos o mensajes a través de las
redes sociales que ruegan nuestra complicidad
con proyectos de todo tipo y condición. Algunos
salen, otros quedan en el camino. Resulta
agotador, tanto para el emisor como para el
receptor. Al artista, le obliga a estar en una
campaña permanente que impida que su petición se
pierda en el vasto océano de fugaces datos de
nuestras pantallas; a los posibles donantes, se
nos encoge un poquito el alma, como cuando
retiramos la mirada del mendigo que nos suplica
unas monedas en la puerta del supermercado. No
se llega a todo.
Mientras se divaga en torno a la ‘Ley de mecenazgo’ (¿la habremos soñado?) y la inversión pública va en franco retroceso, todo queda a expensas de la microbondad. Que los éxitos en ese campo no nos hagan perder de vista los sonoros y mayoritarios fracasos. Muy mal hablan de nuestra actitud cívica las cifras que ha desvelado la pianista Irene Aranda de su experimento Yetzer. La tan cacareada cultura libre de internet deja clara sus consecuencias. Permitir, como ha hecho Irene, que su música se pueda descargar libremente (lo que exigen – elijo el verbo de forma consciente - con enorme vehemencia) y dejar el pago a la voluntad del descargante ofrece, en su caso, cifras concluyentes: desde mayo de 2012 (lanzamiento del disco) hasta el presente mes de enero de 2013, a 775 descargas del disco les han correspondido 27 donativos, un porcentaje del 3,5%. Aranda zanja la información con el siguiente comentario: “Desde aquí, mi más sincero agradecimiento. Recuerda que tu apoyo es importante para que la música siga viva”. Adivino la risa floja de Irene al escribirlo.
Mientras se divaga en torno a la ‘Ley de mecenazgo’ (¿la habremos soñado?) y la inversión pública va en franco retroceso, todo queda a expensas de la microbondad. Que los éxitos en ese campo no nos hagan perder de vista los sonoros y mayoritarios fracasos. Muy mal hablan de nuestra actitud cívica las cifras que ha desvelado la pianista Irene Aranda de su experimento Yetzer. La tan cacareada cultura libre de internet deja clara sus consecuencias. Permitir, como ha hecho Irene, que su música se pueda descargar libremente (lo que exigen – elijo el verbo de forma consciente - con enorme vehemencia) y dejar el pago a la voluntad del descargante ofrece, en su caso, cifras concluyentes: desde mayo de 2012 (lanzamiento del disco) hasta el presente mes de enero de 2013, a 775 descargas del disco les han correspondido 27 donativos, un porcentaje del 3,5%. Aranda zanja la información con el siguiente comentario: “Desde aquí, mi más sincero agradecimiento. Recuerda que tu apoyo es importante para que la música siga viva”. Adivino la risa floja de Irene al escribirlo.
Portada de Yetzer de Irene Aranda
"La aventura que nos hace humanos para unos, o simple
pérdida de tiempo para los que reclaman que todo
sea manejable y brinde netos beneficios",
escribía en un artículo titulado
Sin filosofía Fernando Savater. De eso va la música (entre otras
cosas), de hacernos y sentirnos humanos. Datos
como los que ofrece la pianista jiennense
estrangulan “la aventura que nos hace humanos” y
se consagran al imperio de lo “manejable” (desde
luego descargar la música con un solo clic es
pura manejabilidad) y los “netos beneficios”
(los de quien invierte cero en música y recibe
TODO de ella, claro). Mientras todo se fíe a la
caridad, la calidad de la música (y de la vida
de los músicos) irá en retroceso. “Mientras
avance la tecnología, nadie lamentará el
retroceso del pensamiento”, sentencia Savater.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com
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miércoles, enero 16, 2013
Algunas consideraciones a propósito del premio a Jorge Pardo
Francia premia a Jorge Pardo. Enhorabuena. Algunas consideraciones:
Leo las típicas reacciones/rasgadura de vestiduras que se producen en estos casos sobre que en España no pero fuera... que si tal o si cual. Correcto. Pero, ¿cuántos de los que hoy claman al cielo bostezan si les dicen que Jorge Pardo va a tocar en un festival de jazz español? Claro, siempre los mismos... claro, el flamenco...¿Ha premiado Francia lo evidente? (Por cierto, también el sello catalán Fresh Sound ha recibido premio por sus reediciones... silencio en la grada).
Hace unos días Chano Domínguez se quejaba de la "impresionante" indiferencia con que en España se había recibido su nominación a los Grammy, incluso de parte de los "periodistas especializados". "Te sientes como que no estás, casi como si no has nacido", remarcaba en declaraciones al periodista Francesc Peirón de 'La Vanguardia'. Enhorabuena Chano, pero a mí los Grammy me importan un carajo. Mis parámetros no los establece el show business. Si he de medir la relevancia o mi interés en el trabajo de un músico por ellos, dimito. ¿Tradicional envidia española? Zzzzzzzzzzzzz
| Jordi Pujol (Fresh Sound) y Jorge Pardo (Fotografía: Annie Yanbékian para www.francetv.fr) |
Hace unos días Chano Domínguez se quejaba de la "impresionante" indiferencia con que en España se había recibido su nominación a los Grammy, incluso de parte de los "periodistas especializados". "Te sientes como que no estás, casi como si no has nacido", remarcaba en declaraciones al periodista Francesc Peirón de 'La Vanguardia'. Enhorabuena Chano, pero a mí los Grammy me importan un carajo. Mis parámetros no los establece el show business. Si he de medir la relevancia o mi interés en el trabajo de un músico por ellos, dimito. ¿Tradicional envidia española? Zzzzzzzzzzzzz
Vale, entonces quedamos que fuera se reconoce... que aquí pasamos pero... En 2008 el alicantino Ramón López fue nombrado en Francia (sí, en Francia) 'Caballero de las Artes y las Letras'. ¿Cuánto se escribió sobre ello en nuestro país? Incluso en la marginalidad del jazz y músicas improvisadas, la prensa convencional de España discrimina entre los "me suena de algo" y los "¿quíén coño es?".
"Me han premiado por no ser un músico de jazz", titula Pablo Sanz con esta frase de Jorge Pardo en su artículo para 'El Mundo' sobre el premio al saxofonista y flautista. (Desconcierta el artículo porque titula con una declaración pero después no recoge declaraciones del músico). Se dice en el texto que es el primer músico español nominado a este premio de la Academia francesa:
a) no dice mucho en favor del jazz español.
b) no dice mucho en favor del conocimiento de la Academia francesa sobre el jazz español.
c) ¿una mezcla de a y b?
En un artículo de '20 minutos', Jorge Pardo responde a la (genérica) pregunta de "¿Cómo ve el panorama del jazz español? con un diagnóstico impecable: "Con cierto auge artístico y decadencia en sus soportes".
Francia es un país con tradición cultural. Cada tarde (¡he dicho tarde, sí!) uno puede sintonizar France Musique y escuchar un programa de jazz (entre otros muchos programas dedicados a la improvisación, como el ejemplar A l´improviste) con novedades, (también clásicos) e información de actualidad. ¿En España? Ya lo dejé escrito hace un año, así que no me repito y evito que me entre la risa floja.
La cultura se trabaja día a día, por costumbre e incidencia/insistencia. Para Jorge Pardo (y quizá para Chano) su(s) premio(s) repercutirá(n) en que en España lo(s) sigan contratando porque "me suena(n)" y además tiene(n) premio para lucir en la cartelera local. Para la escena (¿?) de jazz en España, su(s) premio(s) dan para un ligero movimiento tectónico, tan imperceptible que lo sienten tan sólo los sospechosos habituales; sirve(n) para retroalimentar nuestra (reiterativa) ironía y amargura.
La vida seguirá en la España del jazz (¡oxímoron!) con su lento pero constante "auge artístico" y la fulgurante "decadencia en los soportes"... y las mentes. Para eso tenemos el AVE, para que nuestra decadencia viaje a toda hostia.
© Carlos Pérez Cruz
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lunes, enero 14, 2013
It´s snowing on my trumpet
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viernes, enero 11, 2013
5 discos de 2012
Como es costumbre, la revista Cuadernos de Jazz solicita mi lista de los cinco mejores discos del año 2012. Como no existe eso, yo entrego otra cosa que explico a continuación:
Carlo Actis Dato & Baldo Martínez Sonidos de la tierra
Irene Aranda Yetzer
Agustí Fernández & Ramón López Azul
Chris Kase Six
Pablo Selnik & Marco Mezquida Miscelánea núm.2
“Los músicos no
estamos en crisis… creativa”. Eso me respondía recientemente el pianista
Agustí Fernández cuando le mostraba mi asombro por su ingente actividad
discográfica en tiempos de crisis del concepto. En efecto, por fortuna
para nuestra salvación, la música ha seguido siendo en 2012 un asidero
fiable para salvaguardarnos de la ESTAFA que está horadando nuestro
bienestar. En contra del acomodaticio “cualquier tiempo pasado…”, la
música creativa sigue palpitando con energía e invocando a nuestros
sentidos, más atribulados que de costumbre y sometidos por los
meteoritos digitales.
Por segundo año consecutivo me veo en la “obligación” de ofrecerles aquí mi lista de los mejores discos del año. Y por segundo año consecutivo me revuelvo contra semejante absurdo y contra el jefe contraviniendo sus indicaciones. Ni son los mejores ni están ordenados por preferencia (lo están por orden alfabético). Son cinco discos publicados en 2012 (lo único que respeto) que, por una u otra razón, me parecen un extraordinario consuelo y estímulo para el alma.
Entre los cinco aparece esa “santísima trinidad” del jazz ibérico (bautismo de Chema García) que forman el propio Agustí Fernández, Ramón López y Baldo Martínez. Los dos primeros hechizan el tiempo y el espacio con su Azul, mientras Baldo baila con el italiano Carlo Actis Dato ese folclore imaginario que es Sonidos de la tierra. Sin duda forman mi trío base. A partir de ellos, todo es posible. También lo es que Chris Kase se supere a sí mismo como ha hecho este año con Six, el sexto de una discografía in crescendo donde la sutileza y la calidez de su música desbordan la belleza.
Hasta aquí los “clásicos”, pero en esta lista figuran tres nombres (todavía) más jóvenes: Pablo Selnik y Marco Mezquida, que me desarbolaron con su descarada Miscelánea núm. 2, e Irene Aranda, la pianista jiennense, cuyo Yetzer es (casi) un milagro. Aunque este milagro es fruto de una constancia y un empeño personal que son, a su vez, un retrato de las miserias culturales de este país. Su disco, que ni siquiera existe como tal, es la expresión creativa de una inmensidad interior que, lamentablemente, se confronta con la vasta vacuidad del exterior español. Vamos, un milagro.
Por segundo año consecutivo me veo en la “obligación” de ofrecerles aquí mi lista de los mejores discos del año. Y por segundo año consecutivo me revuelvo contra semejante absurdo y contra el jefe contraviniendo sus indicaciones. Ni son los mejores ni están ordenados por preferencia (lo están por orden alfabético). Son cinco discos publicados en 2012 (lo único que respeto) que, por una u otra razón, me parecen un extraordinario consuelo y estímulo para el alma.
Entre los cinco aparece esa “santísima trinidad” del jazz ibérico (bautismo de Chema García) que forman el propio Agustí Fernández, Ramón López y Baldo Martínez. Los dos primeros hechizan el tiempo y el espacio con su Azul, mientras Baldo baila con el italiano Carlo Actis Dato ese folclore imaginario que es Sonidos de la tierra. Sin duda forman mi trío base. A partir de ellos, todo es posible. También lo es que Chris Kase se supere a sí mismo como ha hecho este año con Six, el sexto de una discografía in crescendo donde la sutileza y la calidez de su música desbordan la belleza.
Hasta aquí los “clásicos”, pero en esta lista figuran tres nombres (todavía) más jóvenes: Pablo Selnik y Marco Mezquida, que me desarbolaron con su descarada Miscelánea núm. 2, e Irene Aranda, la pianista jiennense, cuyo Yetzer es (casi) un milagro. Aunque este milagro es fruto de una constancia y un empeño personal que son, a su vez, un retrato de las miserias culturales de este país. Su disco, que ni siquiera existe como tal, es la expresión creativa de una inmensidad interior que, lamentablemente, se confronta con la vasta vacuidad del exterior español. Vamos, un milagro.
© Carlos Pérez Cruz / www.cuadernosdejazz.com
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reseña
lunes, enero 07, 2013
El refugio de la belleza
Los humanos somos
tan zafios que hemos convertido un simbólico e inspirador acto
espiritual de purgación y renovación -la entrada de un nuevo año- en una
noche-vómito, en un vulgar e histérico macrobotellón cuyos deshechos
afean el despertar del neonato.
Después
de las uvas de rigor en el tránsito del 31 al 1 (empezar el año
poniendo a prueba la velocidad de ingestión es pura simbología del
exceso), di un paseo por Jaén. Cito la ciudad por ser fiel a los hechos,
si bien me temo que cualquier otra podría ocupar su lugar en este
texto. Por ejemplo, Sarajevo en pleno asedio bélico. Por lo visto
resulta muy divertido deflagrar todo tipo de ruidosas pirotecnias (noche
ideal para el asesinato; pasaría francamente desapercibido el tiroteo).
Por no resultar excesivamente tiquismiquis (voy a formar una secta con
Javier Marías), concederé a la excepcionalidad de la fecha la
posibilidad del estallido celebratorio, aunque estarán de acuerdo
conmigo (¡eso espero, pardiez!) en que una cosa es delimitar un lugar
donde poder llevar a cabo el festival de la pólvora y otra que uno deba
andar con el retrovisor puesto para evitar ser alcanzado (para mi
estupefacción, unos menores usaron una papelera como lanzadera de su
artefacto -con el riesgo de prendimiento que conlleva- que estalló justo
delante de un coche en circulación. ¿Quién se lo compró? ¿Quién los
educa? ¿Quién los vigilaba?). Por supuesto, ni qué decir tiene que
enfermos o ciudadanos que simplemente deseen y necesiten descansar, lo
tienen chungo. Máxime cuando hay quien prolonga su fervor deflagratorio
hasta la hora en que Europa bate palmas al ritmo de una marcha militar
(“Estas marchas se parecían entre sí como soldados. La mayoría de ellas
empezaban con un redoble de tambor". La Marcha Radetzky, de Joseph Roth).
martes, enero 01, 2013
Cambalache de Año Nuevo
Para alguien que no sigue tradición alguna, la tradición anual del Cambalache de Enrique Santos Discépolo para abrir año. Hace unos hice esta remezcla con varias versiones con la que brindo por ustedes:
sábado, diciembre 29, 2012
Todos los caminos están cerrados (Capítulo 5)
Contenidos del quinto programa de Todos los caminos están cerrados:
Conversación con el intérprete de buzuk, oud, percusionista y compositor Wassim Qassis. Músico residente en la ciudad de Beit Sahour (área de Belén), forma parte del grupo Jadal. Además de su actividad como instrumentista, Qassis es profesor y compone música para diferentes películas documentales sobre la realidad de la ocupación israelí. La entrevista está realizada por Carlos Pérez Cruz y Luisa Coque Martínez e ilustrada con música de algunos de los proyectos del músico palestino. Puedes escucharla en el reproductor situado bajo estas palabras y leer la transcripción en este enlace:
| Wassim Qassis (Foto: Jadal Group) |
| Wassim Qassis y Luisa Coque (Foto: Carlos Pérez Cruz) |
| Wassim Qassis y Carlos Pérez Cruz (Foto: Luisa Coque) |
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jueves, diciembre 27, 2012
Año costra
2012 va terminando y el balance es pésimo. Como en aquella viñeta de 'El Roto' en la que un hombre, con traje de protección y mascarilla, portaba una bolsa de residuos tóxicos con el número del año impreso en ella, arrojaremos una vez más el año difunto al vertedero de los desechos tóxicos. Los años no son ni malos ni buenos; son - lo que cada uno crea que son - siempre desde la perspectiva personal; lo bueno y lo malo está, como Dios, en uno mismo y en todas partes, así que yo y mis circunstancias lo calificamos. Existen, claro, las sensaciones compartidas y este ha sido (es) un año cargante, de pesimismo colectivo y de aplastamiento del ánimo por inducción ambiental. Como si fuéramos ocas, nos han inflamado el higadillo vía embudo con un chorro torrencial de horribles perspectivas (y realidades ya constatables).
Con el cambio de año se procura un cambio del marco mental y anímico, se celebra un juego simbólico de purgación y propósitos que se frustran casi de inmediato, confrontado el buen deseo con la tozuda insistencia de los errores propios y ajenos.
El año nuevo nace en una noche excesiva, de risa nerviosa, histérica, la de quien prevé que el tiempo se acaba. El sol levanta acta notarial en la mañana del día 1: paisaje de un domingo fatal y resacoso, de tiempo detenido e inamovible. De la pesadez de la (in)digestión al enfrentamiento con uno de los meses más hostiles del año. Europa celebra el Año Nuevo batiendo palmas a una marcha militar. Es un síntoma.
Los malos años, los que uno desea finiquitar, se pueden ver en perspectiva como años de crecimiento personal, de fortalecimiento frente a la adversidad. Bien, es un consuelo, aunque a veces uno ve más costra que músculo en ello.
En 2012 hemos desayunado, almorzado, merendado y cenado (y, si me apuran, acostado) cada día con la palabra "crisis" como vínculo colectivo; pero la crisis es, fundamentalmente, íntima. Y esa intimidad, ya me disculparán, me la reservo para el ámbito al que hace referencia la propia palabra. En tiempos de desnudez pública, permítaseme el recato.
Hay intimidades publicables, privadas e inconfesables. Entre las primeras, la desazón profesional. La de (re)comprobar que la libertad de expresión, conciencia y movimientos, el reconocimiento e impulso del trabajo esforzado, laborioso, creativo y honesto, brillan en la lejanía de su ausencia. Agosto me pilló en Palestina (sin duda la experiencia más hermosa del año) y la censura de Carne Cruda en Ramallah. Fueron las primeras lágrimas del viaje. Las siguientes, a la vuelta, fueron interiores. El programa volverá, esa es una buena noticia para 2013, pero algo ha quedado violado en el camino (una vez más). Uno no sale indemne del cinismo institucional(izado). De eso hay, y mucho, en la terrible realidad de la cotidianidad palestina.
Año de idas y venidas, sin tener siempre muy claro si donde se está es donde se debe (uno a sí mismo). El verdadero viaje es interior, y para llevarlo a cabo no es estrictamente necesario moverse del hogar, aunque a veces uno lo encuentre donde menos se lo espera. Año de encuentro con amigos en la distancia y de amigos perdidos en ella. Año de risas y sonrisas, lloros y suspiros. De inspiración y sopor. Eso que llaman vivir. A veces en compañía y muchas con soledad, esa díficil pareja de la supervivencia para valientes (que no es mi caso). Como buen cobarde (ese debe de ser mi caso), la música, el cine y la lectura me han proporcionado una vez más consuelo. Son los placebos que sustituyen al verdadero motor de la vida: el (con)tacto.
Carlos Pérez Cruz
martes, diciembre 25, 2012
Gloria a Dios en las alturas...
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sábado, diciembre 22, 2012
Javier, el guitarrista de la Plaza de España
La Plaza de España de Sevilla de noche
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“¿Suena bien la guitarra?”, pregunta Javier al
ver que me acerco. Es noche cerrada en Sevilla,
húmeda aunque no hace frío, y casi no hay un
alma en la Plaza de España. Pasaba por ahí y
aprovecho para hacer algunas fotografías
nocturnas y grabar una entradilla para mi
próximo programa. Me acuerdo de
cuando intervine
en directo desde la Puerta de Brandeburgo de
Berlín, y éste me parece tan buen lugar como el
histórico berlinés para saludar a mis oyentes.
Un capricho radiofónico que me concedo. Me
acerco hasta la fuente que ocupa el centro de la
plaza y empiezo mi grabación. Mientras saludo a
unos oyentes todavía imaginarios, veo a un hombre
que surge de la nada oscura de la plaza con una
guitarra al aire y canturreando. Decido
seguirle. Se gira, me ve y me pregunta: ¿Suena
bien la guitarra?
La guitarra de Javier suena lo bien que puede sonar una guitarra casi tan castigada como él. Dice que tiene 58 años, “pronto 59”, y me recuerda a Chet Baker, tan prematuramente envejecido. Me cuenta que está aprendiendo a tocarla, una mentirijilla que desmiente su gracia. “¿Te gusta el flamenco? Pues mira, esto no lo va a escuchar en directo nadie aquí como tú”, anuncia coqueto. Y se pone flamenco con su guitarra hasta que ve pasar una familia y se arranca a cantarles: “Feliz Navidades. ¿Cómo habéis acabao en el colegio?”. La canción se detiene en un calderón de espera y silencio hasta que la madre responde: “Bien, bien”. “Pues yo me alegro mucho”. Y Volando voy, volando vengo, cantamos a dúo.
Toca y se interrumpe. Nos cruzamos con una adolescente oculta dentro de su abrigo rosa y Javier dibuja con la guitarra las notas de la Pantera Rosa de Mancini. Cada vez que pasa alguien lo saluda como si se tratara de un vecino de toda la vida. No sé si vive en la Plaza de España o si ésta es su oficina. Hacen footing algunos sevillanos a estas horas del final de la tarde y él les felicita la Navidad o se gira al paso de las chicas guapas “que hay en Sevilla”, a las que piropea en su cante improvisado. Porque “yo compongo de tó” aunque, como no esperaba mi grabadora, “improvisar sí que te puedo improvisar”.
“Sevilla es maravilla” y él nació en el Barrio de Triana, “donde la luna se posa”, canta, de madre gitana y padre payo, o eso le entiendo. La guitarra es un “hobby” que tiene desde muy pequeño; que quien se crea que “cuando tenga ya los cincuenta años” va a poder ponerse a estudiarla… “no va a saber ni cogerla”. Y canta a los mayas, hoy chanza mundial con su Apocalipsis fallido: “La tierra, la tierra se abre, se va a esmayar”. “¡Esa es buena!”, se gira un joven. Y cuando le pido una foto posa sin dudarlo un instante: “estoy muy malamente peinao y sin dientes”. Y toca y canta y felicita a todo el mundo y me acompaña hasta que algo lo distrae.
La guitarra de Javier suena lo bien que puede sonar una guitarra casi tan castigada como él. Dice que tiene 58 años, “pronto 59”, y me recuerda a Chet Baker, tan prematuramente envejecido. Me cuenta que está aprendiendo a tocarla, una mentirijilla que desmiente su gracia. “¿Te gusta el flamenco? Pues mira, esto no lo va a escuchar en directo nadie aquí como tú”, anuncia coqueto. Y se pone flamenco con su guitarra hasta que ve pasar una familia y se arranca a cantarles: “Feliz Navidades. ¿Cómo habéis acabao en el colegio?”. La canción se detiene en un calderón de espera y silencio hasta que la madre responde: “Bien, bien”. “Pues yo me alegro mucho”. Y Volando voy, volando vengo, cantamos a dúo.
Toca y se interrumpe. Nos cruzamos con una adolescente oculta dentro de su abrigo rosa y Javier dibuja con la guitarra las notas de la Pantera Rosa de Mancini. Cada vez que pasa alguien lo saluda como si se tratara de un vecino de toda la vida. No sé si vive en la Plaza de España o si ésta es su oficina. Hacen footing algunos sevillanos a estas horas del final de la tarde y él les felicita la Navidad o se gira al paso de las chicas guapas “que hay en Sevilla”, a las que piropea en su cante improvisado. Porque “yo compongo de tó” aunque, como no esperaba mi grabadora, “improvisar sí que te puedo improvisar”.
“Sevilla es maravilla” y él nació en el Barrio de Triana, “donde la luna se posa”, canta, de madre gitana y padre payo, o eso le entiendo. La guitarra es un “hobby” que tiene desde muy pequeño; que quien se crea que “cuando tenga ya los cincuenta años” va a poder ponerse a estudiarla… “no va a saber ni cogerla”. Y canta a los mayas, hoy chanza mundial con su Apocalipsis fallido: “La tierra, la tierra se abre, se va a esmayar”. “¡Esa es buena!”, se gira un joven. Y cuando le pido una foto posa sin dudarlo un instante: “estoy muy malamente peinao y sin dientes”. Y toca y canta y felicita a todo el mundo y me acompaña hasta que algo lo distrae.
Javier, el guitarrista de la Plaza de España
© www.elclubdejazz.com
Sigo
mi camino, me alejo por el Parque de María Luisa, del que
Javier me cuenta que esta noche se está despidiendo.
Que se va a Nueva York, me confiesa, que tiene un
cáncer y lo van a operar allá. Y se le
encoge el corazón y la voz se le quiebra al
imaginar que vuela sobre el río y se marcha de
Sevilla. “Volando voy, cuidarse, cuidarse”. Y su
voz se va apagando.
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jueves, diciembre 20, 2012
Coleccionismo 'low cost' - La pérdida del valor añadido
¿Nostalgia? ¿Abaratamiento de costes? ¿Gratuidad
de derechos de autor? Varias pueden ser las
razones pero hay una realidad constatable en las
estanterías de las pocas tiendas de discos que
permanecen abiertas: es más fácil encontrar
“clásicos” del jazz que ediciones
contemporáneas. Es cierto que cada vez más son
los propios músicos quienes editan sus
grabaciones y que éstas han salido del circuito
tradicional de distribución para concentrarse en
la venta directa por internet o en conciertos.
Paradoja: nunca hubo tanta música a nuestra
disposición, nunca tan poca al alcance de la
mano.
Hace unos días eché un vistazo a la sección de discos de jazz de una de las delegaciones españolas de la cadena FNAC y constaté - no sin algo de pena y sopor - cómo la iconografía de la sección se construye alrededor de la imaginería vintage del género, de (un puñado de) los artistas que lo fundaron e hicieron crecer hasta… los sesenta, esa década que todo lo quebró. Así el jazz permanece encerrado en un bucle espacio-temporal autocomplaciente que se “renueva” con constantes reediciones y fondos de catálogo en tiendas que son, cada día más, de antigüedades. Pudiera parecer que hablamos de música difunta de la que algunas discográficas ofrecen el acta notarial que certifica su pasado. Existió, en efecto. Lo que hoy es, sin embargo, no existe, o reverencia pálidamente ese pasado “glorioso” (tan pálido como el rostro de Kenny G que se ha colado en la estantería de jazz).
¿Quién compra hoy discos? He aquí una pregunta nada fácil de responder. Las motivaciones del heroico comprador - el que se mantiene en sus trece e invierte unos ahorros (cada día más esquilmados) en ediciones físicas de algo que está ahí gratis, como por arte de un falso altruismo, en la red de internet - pueden ser muy variadas pero, todas ellas, sin duda tozudas. Son tiempos en los que quienes compramos un periódico en papel nos convertimos en objeto de burla e incomprensión de sus propietarios: ¿por qué mancharse los dedos de tinta? Y nos miran como a extraños. Así son estos tiempos. Por eso los impertinentes compradores, obstinados en nuestro error, deberíamos ser exigentes. No es permisible que se nos cobren cifras de dos dígitos por ediciones que, en muchos casos, ni siquiera contienen más información que la de los títulos de los temas. Por favor, un respeto, que somos inversores. Y como tales, esperamos beneficios. Somos los usuarios premium de la música y es de recibo que exijamos un extra que compense el desmesurado diferencial entre nuestra inversión y la de quienes (no) invierten en las ediciones digitales. Mas no, los periódicos adelgazan, cuestan más y ofrecen lo mismo gratis en la red mientras los discos se mantienen en sus trece del costo abusivo que alejaron a muchos y se dejan escuchar de formas legales, alegales e ilegales por la red al precio de una conexión a internet.
Hace unos días eché un vistazo a la sección de discos de jazz de una de las delegaciones españolas de la cadena FNAC y constaté - no sin algo de pena y sopor - cómo la iconografía de la sección se construye alrededor de la imaginería vintage del género, de (un puñado de) los artistas que lo fundaron e hicieron crecer hasta… los sesenta, esa década que todo lo quebró. Así el jazz permanece encerrado en un bucle espacio-temporal autocomplaciente que se “renueva” con constantes reediciones y fondos de catálogo en tiendas que son, cada día más, de antigüedades. Pudiera parecer que hablamos de música difunta de la que algunas discográficas ofrecen el acta notarial que certifica su pasado. Existió, en efecto. Lo que hoy es, sin embargo, no existe, o reverencia pálidamente ese pasado “glorioso” (tan pálido como el rostro de Kenny G que se ha colado en la estantería de jazz).
¿Quién compra hoy discos? He aquí una pregunta nada fácil de responder. Las motivaciones del heroico comprador - el que se mantiene en sus trece e invierte unos ahorros (cada día más esquilmados) en ediciones físicas de algo que está ahí gratis, como por arte de un falso altruismo, en la red de internet - pueden ser muy variadas pero, todas ellas, sin duda tozudas. Son tiempos en los que quienes compramos un periódico en papel nos convertimos en objeto de burla e incomprensión de sus propietarios: ¿por qué mancharse los dedos de tinta? Y nos miran como a extraños. Así son estos tiempos. Por eso los impertinentes compradores, obstinados en nuestro error, deberíamos ser exigentes. No es permisible que se nos cobren cifras de dos dígitos por ediciones que, en muchos casos, ni siquiera contienen más información que la de los títulos de los temas. Por favor, un respeto, que somos inversores. Y como tales, esperamos beneficios. Somos los usuarios premium de la música y es de recibo que exijamos un extra que compense el desmesurado diferencial entre nuestra inversión y la de quienes (no) invierten en las ediciones digitales. Mas no, los periódicos adelgazan, cuestan más y ofrecen lo mismo gratis en la red mientras los discos se mantienen en sus trece del costo abusivo que alejaron a muchos y se dejan escuchar de formas legales, alegales e ilegales por la red al precio de una conexión a internet.
Vuelvo al principio: la nostalgia. O lo que sea que mueva la permanente revisión de los “clásicos” del jazz que monopolizan las antaño plurales y al día estanterías de las tiendas. Por supuesto que nunca ha estado, está, ni estará de más la mirada al pasado de una música que acumula ya un bagaje histórico notable y que ha evolucionado – para nuestra fortuna - en paralelo al desarrollo de las tecnologías de grabación y difusión. Los avejentados festivales de jazz de nuestro país se mueven por ella y la promueven: en cada edición se nos cuela el homenaje de turno a la memoria del jazz (Ellington, Miles, Parker, las divas…), aunque en su caso se tengan que “conformar” con músicos de hoy que se prestan a ello para engorde de sus carteras (que no de su propia leyenda). Sacan más tajada con la reproducción de una memoria que con su vivo presente. Se premia a quienes mantienen una actitud estética evocadora de lo ya hecho y se ignora a quienes quieren seguir dando un paso adelante, o al menos propio.
Una de las consecuencias de la prevalencia de reediciones y revisiones discográficas es que, por su evidente diferencia de costo de producción, las reediciones tienen en muchos casos cifras de un sólo dígito mientras las nuevas lo hacen con precios comparativamente disuasorios. Si al factor puramente económico le sumamos la falta de cultura general sobre esta música – agravada por la glorificación (y simplificación) permanente del pasado y la ignorancia del presente – nos encontramos con terreno abonado para la reedición y difícilmente rentable para los proyectos de nuevo cuño. Resultado: hoy, discográficamente, el jazz es esencialmente un estilo musical museístico.
Recuerdo cómo hace un par de años, en la ciudad turca de Trebisonda, me dejó patidifuso que de una tienda de discos los clientes salieran con cedés bajo el brazo como quien compra el pan nuestro de cada día. Entraban, iban directos al estante donde visualizaban certeramente su objetivo, lo cogían, se acercaban a la caja, pagaban y se marchaban. Lo tomaría como una alucinación visual si no fuera porque tengo testigos que corroboran este recuerdo. Hoy, en España, ese es el sueño húmedo de un vendedor. Por eso, hemos cambiado la barra de pan de toda la vida por las más sofisticadas presentaciones discográficas con todo tipo de aderezos. Un disco ya no puede ser sólo un disco: o es una edición “exclusiva” y “limitada”, con algún DVD como extra y un libro de fotografías o dibujos hechos por el propio músico, o raramente tendrá salida. Asistimos a un cambio de paradigma: del disco como soporte al disco como objeto de coleccionista. He ahí otro dato de la museización de los discos. En jazz, con el mentado añadido de que las ediciones lo son, en la mayoría de los casos, de grabaciones con más de medio siglo de historia.
Es lógico que si el cliente es otro, más fetichista que sólo auditor, las ediciones tengan que ser especiales para que hagan de ellas merecedoras de atención y gasto. Por eso me pregunto: ¿a quién va dirigida la caja de 48 discos dedicada a Ella Fitzgerald por Membran? En principio, a cualquiera con el suficiente buen gusto como para situar a esta gran dama de la canción en el Olimpo que merece en una discoteca con clase. Pero, dado que hablamos de una voz tan “clásica” y que los clásicos han sido convenientemente exprimidos hasta la última gota, ¿qué hace de esta colección una inversión atractiva? Como objeto de deseo, la caja es absolutamente funcional. Un producto de lujo low cost. La caja es de cartón, los 48 discos van dentro de un sobrecito de cartón y todos tienen el mismo diseño. ¡Fuera gastos “superficiales”! Todos con la misma imagen dibujada de la cantante. Sólo los diferencia el número de CD y el título impreso. Eso sí, una sorpresa: tal y como señala el compañero Marcos Maggi en su artículo sobre First lady of song para ‘Cuadernos de Jazz’, a algunos de los discos originales contenidos en esta colección les han cambiado el título. ¿Por qué? Lo desconozco. Como también por qué los primeros discos parecen mantener un criterio cronológico para, de pronto, organizarse de forma temática y dar saltos temporales hacia atrás y hacia adelante. Son detalles, sin duda, pero insisto en que ante la compra de un disco – y máxime una edición de 48 – deberíamos ser más exigentes que nunca. No es la música aquí la que falla – qué duda cabe – sino su puesta en escena, tan austera que pareciera promovida por la troika. Cartón piedra para envolver una voz que fue de oro. Hasta el libreto adjunto es rácano: título, músicos y año de grabación (he localizado alguna errata). Ni siquiera una aproximación biográfica a la cantante. ¿Qué hace de esta colección una inversión atractiva? Ella, y punto (que es mucho). La posibilidad de concentrar en tan pequeño espacio tanta buena música (lo bueno, lo excelente y lo no tan bueno. Lo personal y lo más alimenticio. Lo más “crudo” y lo más edulcorado). Como objeto de coleccionismo, carece de valor. Está en la música.
Si el jazz es una actitud, y a esta se le supone
un grado de transgresión y experimentación
superior al de otras actitudes (músicas),
convendremos que las recopilaciones tienden a un
conservadurismo impropio del jazz. Por eso se
agradece una edición como la que promueve la
revista francesa ‘Jazz Magazine / Jazzman’, que
ha editado una caja de cinco discos cuya primera
virtud está en la ausencia de un epígrafe que la
catalogue. No es ni “lo mejor de” ni contiene
descripción alguna: tan sólo el nombre del medio
y una amplia colección de portadas en miniatura.
No abunda la información – en esto comparte
demérito con la caja de Ella -, se limita al
título del tema, autor, intérpretes, fecha de
grabación y sello de propiedad en origen.
Hubiera sido de ayuda el título del disco del
que se extrae cada tema, siendo consciente de
que en las grabaciones más antiguas los
conceptos disco y título no se corresponden con
los parámetros actuales. Pero más allá de unas
pinceladas del periodista Lionel Eskenazi sobre
algunos de los fundamentos de la recopilación,
no hay más información. En ese sentido, tanto la
colección de Ella Fitzgerald como la propuesta
francesa adolecen de falta de pedagogía. Y esto,
cuando procede de una revista a la que le supone
una voluntad formativa y divulgativa, resulta
chocante. Eso sí, por encima de cualquier
consideración, y al igual que en el caso de
Ella, el valor supremo está en la música.
No hay catalogación definitiva de la caja pero sí hay título explicativo para el contenido de cada uno de los cinco discos. ‘Jazz Magazine / Jazzman’ los divide en ‘Grandes intérpretes’, ‘Grandes compositores’, ‘El gran mestizaje’, ‘Hecho en Europa’ y ‘Los años 2000’. Cien cortes en total de los cuales, tal y como subraya Eskenazi, treinta lo son de música registrada a partir de 1992. ¡Bravo! ¡¡Existe el presente!! Hasta el punto de que el último disco, tal y como explica su título, está compuesto por música registrada en nuestro siglo. Una alegría que es mayor cuando estamos ante una recopilación que abre su espectro geográfico y da cabida en igualdad de condiciones a músicos de más allá de Estados Unidos, especialmente europeos.
No hay catalogación definitiva de la caja pero sí hay título explicativo para el contenido de cada uno de los cinco discos. ‘Jazz Magazine / Jazzman’ los divide en ‘Grandes intérpretes’, ‘Grandes compositores’, ‘El gran mestizaje’, ‘Hecho en Europa’ y ‘Los años 2000’. Cien cortes en total de los cuales, tal y como subraya Eskenazi, treinta lo son de música registrada a partir de 1992. ¡Bravo! ¡¡Existe el presente!! Hasta el punto de que el último disco, tal y como explica su título, está compuesto por música registrada en nuestro siglo. Una alegría que es mayor cuando estamos ante una recopilación que abre su espectro geográfico y da cabida en igualdad de condiciones a músicos de más allá de Estados Unidos, especialmente europeos.
Bernard Lubat y Louis Sclavis
© Jesús Moreno
Como sucede con toda selección, máxime cuando
todos llevamos un seleccionador en nuestro
interior, la “convocatoria” es discutible tanto
por presencias (¡Diana Krall en el apartado de
‘grandes intérpretes’!) como por ausencias. Pero
es diversa, un muestrario amplio de la inmensa
diversidad del jazz que, lógicamente, no llega a
abarcar en toda su dimensión. Pero es
estimulante encontrar junto a los inevitables
Louis Armstrong o Ella Fitzgerald (claro) a
Bernard Lubat, Marc Ducret, Le Sacre du Tympan,
E.S.T., Joachim Kühn, Paolo Fresu o Youn Sun
Nah. Y antes que con las numerosas ausencias de
nombres y de estéticas más radicales, prefiero
quedarme con la cantidad de puertas que esta
colección puede abrir al recién llegado y
también al presuntamente ilustrado, máxime
cuando la selección lo es a un 50% de
grabaciones previas y posteriores a 1962 (¡la
gran falla de los sesenta!). Eso sí, una vez al
oído se le despierte la curiosidad, el trabajo
de documentación le corresponde al oyente, que
aquí nada se dice. Ni quién es quién ni por qué
se elige cada tema. Al fin y al cabo hemos de
suponer que cuando de un músico se elige un
corte se hace por representativo. ¿O no?
Eskenazi dice que de cada músico se ha elegido
un tema de su “periodo esencial” (terreno
claramente subjetivo) y que se han tratado de
evitar los más “célebres” (Ejemplo: del cuarteto
de Dave Brubeck ni Take five ni Blue
rondo à la turk sino The golden horn).
También que se han decantado por cortes breves
para que pudieran entrar en los 80 minutos
máximos de cada CD y que han quedado fuera
músicos (cita a John Zorn, Anthony Braxton, Brad
Mehldau y Pat Metheny) por cuestión de derechos
de autor. Lástima, insisto, del complemento
informativo que le dé al objeto el valor añadido
que hoy apenas tiene comparado con una lista de
reproducción (gratuita) en Spotify. Porque de
eso se trata, ¿no?
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com
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viernes, diciembre 14, 2012
Ablaye Cissoko & Volker Goetze - "Amanké dionti"
Hay ocasiones en que es mejor dejar las
cosas como están. ¿Por qué cambiar lo que funciona de forma natural? Si
algo fluye, mejor no ponerle trabas en su discurrir, por mucho que éstas
se propongan mejorar lo presente. Cuando la materia prima es de por sí
primorosa, no son necesarios los aditivos. Si acaso, conservarla.
Puede resultar anacrónico que en estos tiempos de comunicación inmediata, en los que más que nunca el baile de las alas de una mariposa agita huracanes a miles de kilómetros, alguien pueda tener en consideración el factor humano. No obstante, quizá este fervor digital ayude – por hartazgo del estrés – a revalorizar costumbres ancestrales, aunque sólo sea para ingresarlas en un polvoriento museo. ¿Tiene algún sentido práctico esperar a que el trovador llegue al pueblo a cantar las noticias? Éste sería humillado de inmediato por algún vecino portador de un teléfono “inteligente” (resulta que todavía estamos buscando si hay vida inteligente entre nosotros y los teléfonos nos tomaron la delantera), que mientras “actualiza” las (viejas) nuevas retrata al objeto de su burla para la posteridad efímera de un tweet. Recemos para que al juguete de la inmediatez le responda el poso de la reflexión que permite el canto que brota del pensamiento.
Permítaseme la divagación al calor de una música que la permite. Si algo hay en este segundo disco del senegalés Ablaye Cissoko y del alemán Volker Goetze es espacio para ella. Y es que Amanké Dionti tiene la virtud de la calma en tiempos de agitación y, en particular, la de dejar las cosas como (bien) están. De acuerdo, una expresión musical por bien hecha que esté al natural permite su manipulación pero, ¿qué pasa si se la deja tal cual? Que incluso gana. Eso hace Volker Goetze, que mete su trompeta lo justo para colorear en un universo que lo es de la kora y la voz de Cissoko. La música brilla por su natural sencillez y Goetze le proporciona ese punto jazzístico tan agradecido en una música que por su cierto estatismo armónico lo permite.
La música africana (¡qué enorme generalización geográfica y cultural!) y sus músicos han tenido que soportar la curiosidad y la voluntariosa “vuelta a los orígenes” de tantos y tantos proyectos de occidentales que lo único que hacen con sus buenos (y, por lo tanto, peligrosos) propósitos es desnaturalizar aquello por lo que hicieron el viaje. La mentalidad colonialista (más o menos consciente) se impone en muchos casos, como también en gran parte de la música africana que hemos conocido y que ha dependido (y sigue dependiendo) mucho de la metrópoli, tanto en sus rudimentos técnicos como en su centrifugado estético (por aquello de hacerla asequible al endeble oído occidental). No es que este Amanké Dionti sea radicalmente extraño a esos procederes (entre otras cosas, está grabado en París) pero al menos Volker Goetze practica el arte de la discreción y no deja de ser una suma a la expresión natural del senegalés, una voz preciosa que forma parte de la ingente y fascinante nómina de artistas del área Mali – Senegal (quizá la que mejor conocemos musicalmente de todo África) que mantiene la vocación de narradores de historias en alguna de las lenguas mandé.
Las letras de Ablaye Cissoko cumplen con la función pedagógica e informativa del griot: pedagogía del respeto a la sirvienta en el tema que da título al disco - Amanké Dionti (algo así como “ella no es tu esclava”) -, dado que muchas muchachas de áreas remotas son enviadas como sirvientas a las casas de los pudientes urbanos -; aliento de la tolerancia ante las opiniones ajenas en Togna, e incluso defensa del valor del artista en el inicial Kana Maloundi. Además de rescatar un tradicional, Miliamba, que rememora tradiciones y mitos ancestrales, y de dos instrumentales (vibrante Silo, con la colaboración del percusionista Joe Quitzke), Cissoko recuerda la catástrofe de Haití en un tema complementado en la edición CD con un video que forma parte del documental de título Griot firmado por Goetze. Y es que la relación entre el alemán y el senegalés es intensa y queda documentada hasta la fecha en dos trabajos discográficos y en ese audiovisual rodado cuando trabajaban en el anterior disco, Sira (2008).
Afirma Goetze que, cuando tocan juntos, se sienten en un estado parecido al de la meditación. Que para alcanzarlo es necesaria la paz y que una vez logrado ese estado es difícil de mantenerlo durante mucho tiempo. “Es un trabajo duro. La mente divaga”. ¡Cuánta razón! Engañémosla con discos como éste, divaguemos largo y tendido. Despistemos al tiempo presente y hagamos lo contrario de lo que la pantalla “inteligente” espera de nosotros… Perdón, ya me he puesto de nuevo a divagar.
Puede resultar anacrónico que en estos tiempos de comunicación inmediata, en los que más que nunca el baile de las alas de una mariposa agita huracanes a miles de kilómetros, alguien pueda tener en consideración el factor humano. No obstante, quizá este fervor digital ayude – por hartazgo del estrés – a revalorizar costumbres ancestrales, aunque sólo sea para ingresarlas en un polvoriento museo. ¿Tiene algún sentido práctico esperar a que el trovador llegue al pueblo a cantar las noticias? Éste sería humillado de inmediato por algún vecino portador de un teléfono “inteligente” (resulta que todavía estamos buscando si hay vida inteligente entre nosotros y los teléfonos nos tomaron la delantera), que mientras “actualiza” las (viejas) nuevas retrata al objeto de su burla para la posteridad efímera de un tweet. Recemos para que al juguete de la inmediatez le responda el poso de la reflexión que permite el canto que brota del pensamiento.
Permítaseme la divagación al calor de una música que la permite. Si algo hay en este segundo disco del senegalés Ablaye Cissoko y del alemán Volker Goetze es espacio para ella. Y es que Amanké Dionti tiene la virtud de la calma en tiempos de agitación y, en particular, la de dejar las cosas como (bien) están. De acuerdo, una expresión musical por bien hecha que esté al natural permite su manipulación pero, ¿qué pasa si se la deja tal cual? Que incluso gana. Eso hace Volker Goetze, que mete su trompeta lo justo para colorear en un universo que lo es de la kora y la voz de Cissoko. La música brilla por su natural sencillez y Goetze le proporciona ese punto jazzístico tan agradecido en una música que por su cierto estatismo armónico lo permite.
La música africana (¡qué enorme generalización geográfica y cultural!) y sus músicos han tenido que soportar la curiosidad y la voluntariosa “vuelta a los orígenes” de tantos y tantos proyectos de occidentales que lo único que hacen con sus buenos (y, por lo tanto, peligrosos) propósitos es desnaturalizar aquello por lo que hicieron el viaje. La mentalidad colonialista (más o menos consciente) se impone en muchos casos, como también en gran parte de la música africana que hemos conocido y que ha dependido (y sigue dependiendo) mucho de la metrópoli, tanto en sus rudimentos técnicos como en su centrifugado estético (por aquello de hacerla asequible al endeble oído occidental). No es que este Amanké Dionti sea radicalmente extraño a esos procederes (entre otras cosas, está grabado en París) pero al menos Volker Goetze practica el arte de la discreción y no deja de ser una suma a la expresión natural del senegalés, una voz preciosa que forma parte de la ingente y fascinante nómina de artistas del área Mali – Senegal (quizá la que mejor conocemos musicalmente de todo África) que mantiene la vocación de narradores de historias en alguna de las lenguas mandé.
Las letras de Ablaye Cissoko cumplen con la función pedagógica e informativa del griot: pedagogía del respeto a la sirvienta en el tema que da título al disco - Amanké Dionti (algo así como “ella no es tu esclava”) -, dado que muchas muchachas de áreas remotas son enviadas como sirvientas a las casas de los pudientes urbanos -; aliento de la tolerancia ante las opiniones ajenas en Togna, e incluso defensa del valor del artista en el inicial Kana Maloundi. Además de rescatar un tradicional, Miliamba, que rememora tradiciones y mitos ancestrales, y de dos instrumentales (vibrante Silo, con la colaboración del percusionista Joe Quitzke), Cissoko recuerda la catástrofe de Haití en un tema complementado en la edición CD con un video que forma parte del documental de título Griot firmado por Goetze. Y es que la relación entre el alemán y el senegalés es intensa y queda documentada hasta la fecha en dos trabajos discográficos y en ese audiovisual rodado cuando trabajaban en el anterior disco, Sira (2008).
Afirma Goetze que, cuando tocan juntos, se sienten en un estado parecido al de la meditación. Que para alcanzarlo es necesaria la paz y que una vez logrado ese estado es difícil de mantenerlo durante mucho tiempo. “Es un trabajo duro. La mente divaga”. ¡Cuánta razón! Engañémosla con discos como éste, divaguemos largo y tendido. Despistemos al tiempo presente y hagamos lo contrario de lo que la pantalla “inteligente” espera de nosotros… Perdón, ya me he puesto de nuevo a divagar.
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sábado, diciembre 08, 2012
Periodismo pop. ¿Hacia una OT periodística?
"Y aquí, ¿quién gobierna?”. Acababa de
aterrizar en una ciudad extraña para él y era de
su máximo interés saber qué partido gobernaba.
Su red de emisoras de radio se había hecho con
la propiedad de una emisora que, hasta entonces,
había permanecido asociada a la cadena pero cuyo
propietario era un particular.
Bieito Rubido, que cobra como director de ABC, despidió a la experta en terrorismo durante veinticinco años – vida ajetreada por ello – diciéndole: No sé quién eres, pero estás en la lista.
Entre el despido ignorante del director de 'ABC' y la ignorancia política del nuevo gestor de la emisora de radio hay un nexo común, un motor de acción: la visión economicista del periodismo; la profesión como negocio. El periodismo para beneficio de… los accionistas (ya se encargó 'El País' de dejárselo bien claro a sus lectores).
Bieito despedía a una profesional sin saber qué perdía profesionalmente, desconocedor del personal de un medio que le tocaba en suerte dirigir. El nuevo gestor de la emisora de radio tenía interés por el partido en el gobierno porque quería obtener una licencia para FM de la que carecía la emisora – o al menos la vista gorda para su emisión “alegal” en FM -, amén de otras prebendas. Resultado: la retirada del micrófono de profesionales incómodos con el poder.
Son sólo dos ejemplos del medio al servicio de los fines económicos, ya sea mediante recortes de personal o por censura del personal. El libro Queremos saber – Cómo y por qué la crisis del periodismo nos afecta a todos (Editorial Debate) ofrece muchos, un verdadero glosario de los descalabros periodísticos del presente escrito por doce profesionales del periodismo tan prestigiosos y veteranos como Pilar Requena o Ramiro Villapadierna (él es quien relata el despido de la periodista de 'ABC') y jóvenes (o no tan veteranos) como Mayte Carrasco o Mónica G. Prieto.
Bieito Rubido, que cobra como director de ABC, despidió a la experta en terrorismo durante veinticinco años – vida ajetreada por ello – diciéndole: No sé quién eres, pero estás en la lista.
Entre el despido ignorante del director de 'ABC' y la ignorancia política del nuevo gestor de la emisora de radio hay un nexo común, un motor de acción: la visión economicista del periodismo; la profesión como negocio. El periodismo para beneficio de… los accionistas (ya se encargó 'El País' de dejárselo bien claro a sus lectores).
Bieito despedía a una profesional sin saber qué perdía profesionalmente, desconocedor del personal de un medio que le tocaba en suerte dirigir. El nuevo gestor de la emisora de radio tenía interés por el partido en el gobierno porque quería obtener una licencia para FM de la que carecía la emisora – o al menos la vista gorda para su emisión “alegal” en FM -, amén de otras prebendas. Resultado: la retirada del micrófono de profesionales incómodos con el poder.
Son sólo dos ejemplos del medio al servicio de los fines económicos, ya sea mediante recortes de personal o por censura del personal. El libro Queremos saber – Cómo y por qué la crisis del periodismo nos afecta a todos (Editorial Debate) ofrece muchos, un verdadero glosario de los descalabros periodísticos del presente escrito por doce profesionales del periodismo tan prestigiosos y veteranos como Pilar Requena o Ramiro Villapadierna (él es quien relata el despido de la periodista de 'ABC') y jóvenes (o no tan veteranos) como Mayte Carrasco o Mónica G. Prieto.
Un libro que es un
interesante ejercicio colectivo de reflexión (y
autocrítica) sobre los valores del periodismo
frente a esta avalancha de precarización que
está sepultando la profesión y en la que se está
confundiendo de forma interesada comunicación
con periodismo:
Salvo los
blogs, tanto Twitter como Facebook no son
periodismo. Son comunicación. Y las normas que
rigen ambas actividades son muy diferentes,
afirma Javier Espinosa en su texto. Una
confusión que se condensa en la siguiente
expresión adjudicada al
usuario de redes sociales (sin duda, tan anónimo como
los
mercados) y expuesta por el periodista Juan
Varela en el artículo “Nadie da ya un céntimo
por el olor de la tinta” de eldiario.es:
Si son
importantes, las noticias me encontrarán a mí.
¿Seremos capaces de leerlas cuando nos encuentren, aturdidos como estamos por la vertiginosa cascada de titulares variopintos en ciento cuarenta caracteres? Es cierto que las noticias pueden encontrarle a uno, aunque no menos cierto es que, de seguir así las cosas, al hacer clic sobre el enlace correspondiente accederemos a una página en blanco. Sin presupuesto, no hay periodista que redacte la noticia.
Recomiendo la lectura del libro, dedicado especialmente al periodismo de internacional y muy en particular a la prensa escrita (si bien Pilar Requena es una conocida reportera de 'Televisión Española' y que periodistas como Mayte o Mónica pertenecen a ese periodismo “multimedia”, de supervivencia y, si me apuran, suicida, de las actuales generaciones freelance. Malabaristas del reporterismo bélico por "cincuenta céntimos" -
según expresión de Mayte -, donde lo mismo se
hace crónica radiofónica, que se ejerce de
fotógrafo o de cronista de las propias
miserias).
¿Seremos capaces de leerlas cuando nos encuentren, aturdidos como estamos por la vertiginosa cascada de titulares variopintos en ciento cuarenta caracteres? Es cierto que las noticias pueden encontrarle a uno, aunque no menos cierto es que, de seguir así las cosas, al hacer clic sobre el enlace correspondiente accederemos a una página en blanco. Sin presupuesto, no hay periodista que redacte la noticia.
Recomiendo la lectura del libro, dedicado especialmente al periodismo de internacional y muy en particular a la prensa escrita (si bien Pilar Requena es una conocida reportera de 'Televisión Española' y que periodistas como Mayte o Mónica pertenecen a ese periodismo “multimedia”, de supervivencia y, si me apuran, suicida, de las actuales generaciones freelance. Malabaristas del reporterismo bélico por "cincuenta céntimos"
¿Y la radio?
Mucho se habla de la crisis del periódico (y es un asunto que me interesa, de veras; sigo siendo tan poco práctico que gasto por lo que tiene acceso gratuito y encima me mancho los dedos de tinta), pero muy poco o nada de la radio. ¿Por qué? No son menos los males que aquejan a este medio, por mucho que se haya “adaptado” mejor a la inmediatez de la sociedad del frenético tweet o padezca en menor grado el descenso de ingresos publicitarios. Es obvio que el papel de un periódico se enfrenta a problemas muy específicos en estos momentos digitales (y gratuitos), pero la radio ha ido perdiendo tanto grosor intelectual y diversidad de contenidos como páginas la prensa diaria, y ese no es menor problema.
Cuando la actual dirección de 'RNE' se cargó a muchos de los profesionales y programas de la anterior etapa, de la casa salían voces que denunciaban que el cambio iba a ser por programas y periodistas ya no sólo afines al poder sino por contenidos ligeros y simpáticos que obviaban la gravedad social y política del momento presente. De acuerdo, el giro ha sido evidente al respecto pero, ¿era un periodismo sólido y de entidad el que se estaba practicando? Tener una hora en antena a Elvira Lindo, como hacía Toni Garrido, para que comentara lo primero que se le pasara por la cabeza con noticias que le iban enunciando, o a El Gran Wyoming y a Juan Luis Cano rellenando minutos con ocurrencias sin guión, no parece el mejor ejemplo de periodismo profesional.
Hace tiempo que la ligereza y el simpatiquismo han colonizado las emisoras de radio. Todavía recuerdo el bochorno que el veterano periodista Vicente Romero pasó, e hizo constar, cuando, sin solución de continuidad, le hicieron pasar en ese mismo programa de 'RNE' de contar una durísima historia sobre niños huérfanos en Kenia (que había presentado en ‘Informe Semanal’, de 'TVE') a su pronóstico para un partido de fútbol. Problemas de frivolidad generalizada en los medios y de jerarquización informativa (algo que, por cierto, es muy evidente en las portadas digitales de los periódicos, donde puede convivir al mismo nivel la tragedia más terrible con el último gol de Messi), determinada en muchos casos por el número de visitas que incita, la más de las veces, un titular provocador.
La radio sufre tanto como los periódicos el despido de profesionales. No hay como echar una oreja a la 'Cadena SER' para comprobar cómo los espacios locales se han reducido a su mínima expresión. Todo es cadena y donde antaño la radio local contaba con hasta cuatro horas, ahora son escasos minutos engullidos por la ampliación de ‘La Ventana’ que dirige el simpatiquista Carles Francino (para el que todos los oyentes son “amigos”… ¿efecto Facebook?), capaz de tener a Jon Sistiaga de tertuliano para hablar de la lotería de Navidad.
Mucho se habla de la crisis del periódico (y es un asunto que me interesa, de veras; sigo siendo tan poco práctico que gasto por lo que tiene acceso gratuito y encima me mancho los dedos de tinta), pero muy poco o nada de la radio. ¿Por qué? No son menos los males que aquejan a este medio, por mucho que se haya “adaptado” mejor a la inmediatez de la sociedad del frenético tweet o padezca en menor grado el descenso de ingresos publicitarios. Es obvio que el papel de un periódico se enfrenta a problemas muy específicos en estos momentos digitales (y gratuitos), pero la radio ha ido perdiendo tanto grosor intelectual y diversidad de contenidos como páginas la prensa diaria, y ese no es menor problema.
Cuando la actual dirección de 'RNE' se cargó a muchos de los profesionales y programas de la anterior etapa, de la casa salían voces que denunciaban que el cambio iba a ser por programas y periodistas ya no sólo afines al poder sino por contenidos ligeros y simpáticos que obviaban la gravedad social y política del momento presente. De acuerdo, el giro ha sido evidente al respecto pero, ¿era un periodismo sólido y de entidad el que se estaba practicando? Tener una hora en antena a Elvira Lindo, como hacía Toni Garrido, para que comentara lo primero que se le pasara por la cabeza con noticias que le iban enunciando, o a El Gran Wyoming y a Juan Luis Cano rellenando minutos con ocurrencias sin guión, no parece el mejor ejemplo de periodismo profesional.
Hace tiempo que la ligereza y el simpatiquismo han colonizado las emisoras de radio. Todavía recuerdo el bochorno que el veterano periodista Vicente Romero pasó, e hizo constar, cuando, sin solución de continuidad, le hicieron pasar en ese mismo programa de 'RNE' de contar una durísima historia sobre niños huérfanos en Kenia (que había presentado en ‘Informe Semanal’, de 'TVE') a su pronóstico para un partido de fútbol. Problemas de frivolidad generalizada en los medios y de jerarquización informativa (algo que, por cierto, es muy evidente en las portadas digitales de los periódicos, donde puede convivir al mismo nivel la tragedia más terrible con el último gol de Messi), determinada en muchos casos por el número de visitas que incita, la más de las veces, un titular provocador.
La radio sufre tanto como los periódicos el despido de profesionales. No hay como echar una oreja a la 'Cadena SER' para comprobar cómo los espacios locales se han reducido a su mínima expresión. Todo es cadena y donde antaño la radio local contaba con hasta cuatro horas, ahora son escasos minutos engullidos por la ampliación de ‘La Ventana’ que dirige el simpatiquista Carles Francino (para el que todos los oyentes son “amigos”… ¿efecto Facebook?), capaz de tener a Jon Sistiaga de tertuliano para hablar de la lotería de Navidad.
Opinión no es información
Si el periódico de información se ha visto relegado por el periódico ideológico (gracias tanto a columnistas en colonización permanente del espacio informativo como por la evidente y nociva intencionalidad ideológica de las cabeceras), nada más y nada menos sucede en la radio, cuyos principales espacios “informativos” tienen de información la brevedad de las redes sociales. De los titulares, a la opinión. Una tertulia permanente que nada tiene que ver con el conocimiento de las causas y sus consecuencias. Un simple entretenimiento porque, como la misma radio dice, estamos “para entretener”. Añaden lo de informar, aunque los espacios informativos como tales o no existen o se limitan a reportajes cosméticos de fin de semana. La cháchara diaria está al servicio del guirigay político. Frases (más o menos) inocuas de la verborrea política dan de sí largas horas de radio… y se convierten en trending topic, claro.
La radio hoy es tertulia (sí, también sobre la lotería de Navidad) y fútbol, el verdadero colono de la radio. Si Palestina lo tiene difícil para crear un Estado, más complicado lo tienen los contenidos para colarse entre la colonia de exabruptos de Roncero y gritos de “¡¡gol!!”. El fin de semana es suyo y entre semana la programación se interrumpe - a pesar de la gravedad informativa del tiempo presente – para narrar un apasionante partido de vuelta de Copa del Rey (resuelto en la ida) entre el Real Madrid y el Alcoyano.
Si el periódico de información se ha visto relegado por el periódico ideológico (gracias tanto a columnistas en colonización permanente del espacio informativo como por la evidente y nociva intencionalidad ideológica de las cabeceras), nada más y nada menos sucede en la radio, cuyos principales espacios “informativos” tienen de información la brevedad de las redes sociales. De los titulares, a la opinión. Una tertulia permanente que nada tiene que ver con el conocimiento de las causas y sus consecuencias. Un simple entretenimiento porque, como la misma radio dice, estamos “para entretener”. Añaden lo de informar, aunque los espacios informativos como tales o no existen o se limitan a reportajes cosméticos de fin de semana. La cháchara diaria está al servicio del guirigay político. Frases (más o menos) inocuas de la verborrea política dan de sí largas horas de radio… y se convierten en trending topic, claro.
La radio hoy es tertulia (sí, también sobre la lotería de Navidad) y fútbol, el verdadero colono de la radio. Si Palestina lo tiene difícil para crear un Estado, más complicado lo tienen los contenidos para colarse entre la colonia de exabruptos de Roncero y gritos de “¡¡gol!!”. El fin de semana es suyo y entre semana la programación se interrumpe - a pesar de la gravedad informativa del tiempo presente – para narrar un apasionante partido de vuelta de Copa del Rey (resuelto en la ida) entre el Real Madrid y el Alcoyano.
Falta de credibilidad...
La credibilidad del periodista está no sólo en la calidad de su trabajo, también en su independencia. Difícil de esperarla cuando muchos de ellos son voces publicitarias de anuncios enunciados como si de información se tratara – es parte del objetivo de esa forma de publicidad, difuminarla entre los contenidos “informativos” como si fueran uno más y ganarse al cliente por su confianza en el comunicador -. Paradigmático es, al respecto, el alto contenido publicitario de los programas deportivos protagonizado por sus propios locutores (la mayor parte, publicidad de casas de apuesta. Todo muy edificante).
Creo que fue el catedrático Vicenç Navarro quien recientemente, y tras soportar una batería publicitaria como invitado del ‘Hoy por Hoy’ de la 'SER', vino a decir que: ya veo que tienen mucha publicidad de bancos, lo que me parece bien. Pero, ¡sean críticos con ellos! Difícil objetividad cuando el salario de uno depende en gran medida de quien se promociona en el medio o es directamente inversor suyo. Me consta más de una censura informativa en los medios para no molestar a empresas que ponen su publicidad en ellos.
... y de personal.
Aquí las cosas van a peor, la sobrecarga de trabajo que tenemos por culpa del ERE que nos han impuesto (después de la bajada de sueldo) nos afecta cada vez más, hay una desmotivación muy grande y ya no es que no lleguemos a todo, es que cada vez, por lo menos a mí, me interesa menos esforzarme tanto, que es lo más triste...
Son palabras que me escribe una periodista amiga y que definen una realidad y un imposible. El que denuncia David Simon (periodista y creador de series de televisión como The Wire o Treme) en una entrevista a la revista ‘Jot Down’: Me hace mucha gracia ese lema que utilizan tantos últimamente de que" tenemos que hacer más con
menos". Pues no. Si me das menos, haremos
menos. Y probablemente lo haremos peor. Y
las cosas, ciertamente, se están haciendo peor.
Y la gente que no paga por informarse y que se
nutre de las redes sociales ha perdido en parte
su capacidad para discriminar la veracidad de la
fuente. Las cabeceras han perdido jerarquía
(todo hay que decirlo, se lo han ganado a pulso)
y al “lector” lo mismo le da quién firme qué,
olvidando que esas noticias que “nos encuentran”
llegan a nosotros por efecto de la
multiplicación de los clics, que tienden a lo
espectacular, no a lo relevante, cuando no a lo
directamente estúpido.
Dice Simon: Lo importante es que cada vez que despiden a un periodista, la calidad de la información baja. Cuando no queden suficientes periodistas, ya no tendremos información de calidad, tendremos otra cosa. Y a mí no me gusta la perspectiva.
Una perspectiva que sitúa con precisión Ramiro Villapadierna: todo se "democratizó"para ser popular, hasta que la
audiencia primero, y los blogueros
después, marcaron la iniciativa. Tal vez
sea comparable a cómo el éxito social y
mediático de la cultura pop en los años sesenta
y setenta hizo creer a una generación que
cualquiera podría ser artista, si era capaz de
armar tres acordes de guitarra. O, ya en los
noventa, que también podría ser reportero de
guerra o estrella de la televisión; tal y como
de la música y el arte pop se pasó a la
televisión pop, había de llegar también el
momento del periodismo pop. O blog.
Sin dejar de ser consciente de que existe una cosa llamada 'The Huffington Post' (creada por Arianna Huffington, el diablo vistiendo de Prada, según David Simon), ¿para cuándo una OT periodística?
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com
La credibilidad del periodista está no sólo en la calidad de su trabajo, también en su independencia. Difícil de esperarla cuando muchos de ellos son voces publicitarias de anuncios enunciados como si de información se tratara – es parte del objetivo de esa forma de publicidad, difuminarla entre los contenidos “informativos” como si fueran uno más y ganarse al cliente por su confianza en el comunicador -. Paradigmático es, al respecto, el alto contenido publicitario de los programas deportivos protagonizado por sus propios locutores (la mayor parte, publicidad de casas de apuesta. Todo muy edificante).
Creo que fue el catedrático Vicenç Navarro quien recientemente, y tras soportar una batería publicitaria como invitado del ‘Hoy por Hoy’ de la 'SER', vino a decir que: ya veo que tienen mucha publicidad de bancos, lo que me parece bien. Pero, ¡sean críticos con ellos! Difícil objetividad cuando el salario de uno depende en gran medida de quien se promociona en el medio o es directamente inversor suyo. Me consta más de una censura informativa en los medios para no molestar a empresas que ponen su publicidad en ellos.
... y de personal.
Aquí las cosas van a peor, la sobrecarga de trabajo que tenemos por culpa del ERE que nos han impuesto (después de la bajada de sueldo) nos afecta cada vez más, hay una desmotivación muy grande y ya no es que no lleguemos a todo, es que cada vez, por lo menos a mí, me interesa menos esforzarme tanto, que es lo más triste...
Son palabras que me escribe una periodista amiga y que definen una realidad y un imposible. El que denuncia David Simon (periodista y creador de series de televisión como The Wire o Treme) en una entrevista a la revista ‘Jot Down’: Me hace mucha gracia ese lema que utilizan tantos últimamente de que
Dice Simon: Lo importante es que cada vez que despiden a un periodista, la calidad de la información baja. Cuando no queden suficientes periodistas, ya no tendremos información de calidad, tendremos otra cosa. Y a mí no me gusta la perspectiva.
Una perspectiva que sitúa con precisión Ramiro Villapadierna: todo se "democratizó"
Sin dejar de ser consciente de que existe una cosa llamada 'The Huffington Post' (creada por Arianna Huffington, el diablo vistiendo de Prada, según David Simon), ¿para cuándo una OT periodística?
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com
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jueves, diciembre 06, 2012
Sahar Vardi, el precio de la insumisión en Israel
Sahar Vardi (Jerusalén, 1990) forma parte activa de algunos de los escasos movimientos civiles que en Israel se oponen a la ocupación de los territorios palestinos. Vardi se negó a hacer el servicio militar obligatorio, motivo por el que ha sido encarcelada en su país. El miércoles 5 de diciembre ofreció en la librería 'La hormiga atómica' de Iruñea - Pamplona una conferencia bajo el título de Refusenik - El precio de la insumisión en Israel que puedes escuchar y leer íntegramente en este enlace.
Hay probablemente dos
factores fundamentales en la forma en la que
crecemos. Nos educan desde muy pequeños, por un
lado, en el miedo y, por el otro,
en la militarización.
Nos reunimos en torno a la mesa, con comida, se
canta y hay una canción que entonamos todos
unidos que se podría traducir algo así como:
en cada generación alguien intentó
exterminarnos. La semana siguiente se celebra el
día en memoria del Holocausto. La siguiente, el
Memorial por los soldados y la mañana siguiente
es el 'Día de la Independencia'. En muchos
sentidos ese es el concepto: siempre ha habido alguien
que ha tratado de asesinarnos - el Holocausto
es, obviamente, un buen ejemplo de eso -, y por
ello los soldados tienen que luchar y morir para
que puedas tener un país.
En el jardín de
infancia. A un lado, los números del uno
al diez y al otro, símbolos. Así que tienes tres
recuadros que tienes que relacionar con el número tres. Los símbolos
son aviones, tanques, el símbolo de la fuerza de
defensa del ejército israelí. Y eso tan sólo
para aprender a contar. Hay símbolos militares
en todas partes, toda tu vida rodeado por ellos.
... un militar de dieciocho años
regresa a casa para el fin de semana y lleva su
arma consigo. El fin de semana sale a beber, a
pasárselo bien con los amigos y muchos de ellos
llevan las armas consigo. Así que es algo que te
acostumbras a ver.
Y el colegio que habíamos pintado
quedaba al otro lado de la valla, así que los críos tenían que pasar
todos los días por un checkpoint para
llegar al colegio. Y esa era una realidad que yo
no podía entender. Quiero decir… mi vida
continuaba siendo básicamente la misma, como si
fuera de hecho cualquier ciudad europea. Para mí
la idea de la ocupación es también la de las
historias horribles que escuchas sobre gran
violencia aquí y allá pero, sobre todo, para mí
es la de la vida cotidiana. Cuando, literalmente,
te levantas cada mañana y tienes que pasar por
un soldado y enseñar tu carnet de identidad para
poder llegar al colegio.
Y los soldados
empezaban rápidamente a disparar gas
lacrimógeno… Para mí eso resultaba una situación
muy extraña porque crecí sabiendo que los
soldados estaban para defenderme, que ese era su
propósito y que los palestinos eran, obviamente,
mi enemigo. Y entonces llegas a esta protesta y
los soldados te disparan y son los palestinos
los que te dan cebollas para protegerte del gas
lacrimógeno y se entra en una dinámica en la que
no sabes quiénes somos nosotros, quiénes ellos y
quién está contra quién.
Yo pasé unos dos meses en
una prisión militar y otros tres en detención.
Fui liberada oficialmente por mi enfermedad
mental, así que también estoy oficialmente loca.
... todos los primeros ministros
pasaron por el ejército aunque no fueran
generales. Cuando permites que antiguos
militares dirijan un Estado, cuando resuelven
cualquier problema lo resuelven como soldados,
lo resuelven mediante acciones militares porque
es lo que ellos conocen.
... cuando Estados Unidos quiere
construir la valla entre ellos y México para
prevenir la inmigración, cogen la tecnología de
la valla que está comprobado que funciona en
Cisjordania. Cuando Francia quiere comprar
nuevos
drones para enviar a Afganistán, compra los
que Israel probó que funcionaron en los ataques
a Gaza de 2009. Y aquí es donde puedo dirigirme
a vosotros, porque esta economía militar es algo
verdaderamente global. La ocupación es
únicamente sostenible gracias a todos estos
gobiernos que siguen diciendo que están contra
ella y a la vez la están subvencionando y
comprando sus productos.
La reacción
de la Autoridad Palestina no es menos violenta
que la israelí. Arrestan a lo loco, golpean…
bueno, también hemos oído que en Madrid utilizan
pelotas de goma contra los manifestantes. Quiero
decir que la Autoridad Palestina actúa como
cualquier otro Estado cuando su juventud trata
de levantarse de forma crítica. Así que quizá
merezcan ser un Estado, han probado que pueden
hacerlo.
No tengo aquí
mi carnet de identidad pero el Ministerio del
Interior tiene tres clasificaciones. La primera
es tu pasaporte, tu ciudadanía, que es israelí.
La segunda es la nacionalidad, que no es israelí.
Es judía o árabe o drusa, que son los grupos
principales. El tercero es la religión. Y de
nuevo, la religión puede ser judía, cristiana,
musulmana, budista… la que sea. En lo que
concierne al gobierno de Israel estas son cosas
separadas. Así que cuando preguntas por otros
Estados musulmanes, Israel no se ve igual que
ellos porque lo que ellos ven como judaísmo es
la nacionalidad y no la religión. Así que en lo
que se refiere a la división que hace Israel, el
Estado no es un Estado religioso, es un Estado
Nacional Judío.
Hay un dicho que dice que un
pesimista es el que piensa que las cosas pueden
empeorar y un optimista es una persona que cree
que, ¡sí, pueden empeorar! Así que creo que ese
es el punto en el que nos encontramos.
Las películas
son muy críticas. Nuestro Ministro de
Exteriores, Lieberman, que podría formar parte
de nuevo del próximo gobierno, ha sugerido un
contrato específico para directores de cine que
deberían firmar un acuerdo de lealtad con el
Estado. Y eso es porque sí, el cine es muy
crítico.
Oficialmente el 35% del presupuesto palestino es
para la policía; es superior al de Israel que ya
es lo suficientemente alto. Y todo ese es dinero
estadounidense, en ambos casos. Dónde ponen
el dinero todos estos políticos tiene poco que
ver con la población palestina y sí con los
intereses de Estados Unidos o con los intereses
de la industria armamentística. Esa es otra
perspectiva más allá de la corrupción, que es
muy obvia en la Autoridad Palestina. Casi ni
siquiera tratan de ocultarla.
En 2009 o 2010, Hillary
Clinton estuvo en Israel y dijo que debían
detener las demoliciones en Jerusalén Este y
mientras permaneció en el país hubo
demoliciones. Se lo tomó como algo personal y
aparentemente abroncó a las personas adecuadas.
Desde entonces hasta hoy, de las cien casas que
se solían demoler al año, se pasó en Jerusalén a
quizá un par de docenas, incluso no tantas.
Hay un sitio web que se
llama ‘Who profits?” que tiene un mapa con todas
las organizaciones y corporaciones
que sacan beneficio de la ocupación
israelí. Debería ser lo
suficientemente aproximado para ver qué
corporaciones internacionales están implicadas
aquí y allí y así poder afectar a vuestra
decisión de dónde poner vuestro dinero o en qué
dirección presionar a vuestro gobierno sobre
dónde pone vuestro dinero. Estas son cosas que,
al final, realmente tienen influencia sobre el
terreno.
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