Previo a los días clave de la Semana Santa mi colaboración con el programa Más vale tarde de Radio Vitoria (EiTB) del 31 de marzo de 2010 ha estado dedicada al proyecto Sketches of Spain que Miles Davis y Gil Evans grababan entre finales de 1959 y principios de 1960. Un trabajo en el que se recreaba la Semana Santa sevillana gracias a la recopilación de sonidos folclóricos que el estadounidense Alan Lomax registró entre 1952 y 1953 y que, entre otras, inspiró la Saeta en la que el trompetista demostraba la capacidad de expresarse como un verdadero cantaor acompañado de los sonidos recreados de una banda de cornetas. También el sonido de una flauta de pan en Galicia fue el origen de The Pan Piper. Además un guiño al cumpleaños del guitarrista de AC/DC Angus Young con una divertida versión del grupo Hayseed Dixie del clásico Highway to heel:
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miércoles, marzo 31, 2010
La Saeta de Miles Davis
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jueves, marzo 25, 2010
La música Country en el cine
La película Crazy Heart (Corazón salvaje) protagonizada por Jeff Bridges ha llevado de nuevo la música Country a la gran pantalla. En mi colaboración del miércoles 24 de marzo de 2010 con el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) hemos escuchado a una de las bandas pioneras del género que recupera la banda sonora de la película, la de los Delmore Brothers que grabó en las décadas de los 30 y 40 del pasado siglo. También hemos repasado algunas películas en las que el Country ha aparecido de una u otra manera como Honky Tonk Man (El aventurero de medianoche - 1982) en la que Clint Eastwood encarnaba al cantante Red Stovall, un músico en horas bajas y mala salud acompañado de un niño encarnado por el hijo de Clint, Kyle Eastwood. En aquella película actuaba y cantaba Marty Robbins que falleció apenas meses después de estrenada la película. Otra película con Country es O Brother (2000) de los hermanos Cohen en la que George Clooney lideraba una banda llamada Soggy Bottom Boys que en la realidad formaban músicos de Bluegrass como Dan Tyminski, Harley Allen y Pat Enright.
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miércoles, marzo 24, 2010
Onanismo y Tonbruket en el "Club de Jazz" de "Carne Cruda"
Emociones sexuales y buena música en la visita de Javier Gallego "Crudo" a nuestro Club de Jazz hoy con el nuevo proyecto del bajista Dan Berglund llamado Tonbruket. Es la colaboración con el programa Carne Cruda de Radio 3 (RNE) del miércoles 24 de marzo 2010:
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jueves, marzo 18, 2010
Música de Malí por el israelí Oran Etkin - "Kelenia"
El clarinetista Oran Etkin (israelí con residencia en Nueva York) presenta su primer trabajo discográfico titulado Kelenia. Un acercamiento a la música de Malí de la mano de varios músicos de este país africano como el percusionista Makane Kouyate (y otros colaboradores) así como del guitarrista de Benín Lionel Loueke y el contrabajista USAmericano Joe Sanders. Ellos son el cuarteto base del proyecto Kelenia que he programado para la próxima semana en el Club de Jazz y del que dejo aquí este adelanto registrado en los estudios de la WKCR Radio de Nueva York el 22 de abril de 2009:
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miércoles, marzo 17, 2010
Danny Elfman hace de Danny Elfman en "Alicia en el país de las maravillas"
En el año 1865 Lewis Carroll (seudónimo de Charles Dogson) publicó Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, una historia trasladada a la pantalla en numerosas ocasiones: la primera en 1903, un corto de 8 minutos al que siguió en 1910 otro dirigido por Edwin Porter (director en 1903 del que generalmente se considera primer western de la historia del cine, The great train robbery). En este momento se está proyectando la última versión dirigida por Tim Burton cuya banda sonora corre a cargo (¡no podía ser de otra manera!) de Danny Elfman (y todo su séquito de arreglistas y demás). En la sección musical de "Más vale tarde" (Radio Vitoria - EiTB) del 17 de marzo de 2010 hemos escuchado el tema principal de la película (un compendio de los habituales recursos musicales del californiano) y recordado la versión Disney de 1951.
Aquí se puede ver la primera versión cinematográfica de la Alicia de Lewis Carroll. Año 1903, dirigida por Cecil Hepworth y Percy Stow:
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lunes, marzo 15, 2010
Improvisación con puertas... Ramón López en "Carne Cruda"
(Fotografía: Carlos Pérez Cruz)
Visita adelantada esta semana de Javier Gallego, "Crudo", al Club de Jazz para demostrarle que donde él escucha chirridos de puertas servidor escucha Arte. Y para ello nada mejor que el disco Swinging with Doors que presentó el baterista alicantino Ramón López en el año 2007 a través del sello Leo Records con grabaciones de sonidos de puertas a cargo del contrabajista finés Teppo Hauta-Aho. En el reproductor mi contribución de la semana a Carne Cruda:
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sábado, marzo 13, 2010
Obsesión y conmoción - Música y muerte de Vic Chesnutt
Totalmente conmocionado. Un arrebato de última hora me había llevado al cine para ver la película de un tal Jem Cohen. Empires of tin, una reflexión sobre la decadencia del imperio austro-húngaro y del imperio de Estados Unidos. Algo así recuerdo que leí sobre esa película. Jem Cohen estaba en la sala, creo que hizo una presentación previa, y se proyectó primero un breve corto, Little Flags, con imágenes de una fiesta en las calles de Manhattan por la victoria en la Guerra del Golfo de 1991. La celebración de victorias militares suele ser ridícula; con la imagen de las Torres Gemelas en pie, premonitoriamente ridícula. Apenas unos minutos, cortos, y paso a Empires of tin. La película parece ser la grabación de una actuación. Se ve el escenario sobre el que actúan los músicos, la pantalla de un cine donde se proyectan a la par imágenes y entre tema y tema se leen breves textos. Me resulta llamativo el tono granulado de las imágenes de Jem Cohen, la forma en que están tratadas, como si las fotografías del pasado fueran sarpullidos sobre la pantalla. Y me impresiona la música: visceral, cruda por momentos, íntima en otros, cantados por un tipo en silla de ruedas cuya voz es tan natural como punzantes son sus palabras: Faith is the lies we tell and tell ourselves. Life is the lies we tell everybody else. Y durante unos minutos no puedo dejar de darle vueltas a aquéllo que acabo de escuchar. En otro momento se confiesa: I´m a coward y no puedo quitarme de la cabeza que este es un músico especial, que esta música tiene una franqueza aterradora y excitante, que no tiene impostación alguna. ¿Quién será este tipo?
La proyección finaliza y se abre un turno de preguntas. Recuerdo que hice dos o tres sobre la relación de la imagen y la proyección, cosas así. Jem Cohen respondió, no recuerdo bien qué; cortés pero con cierta aspereza. Parece tímido y algo introvertido aunque muestra tener sentido del humor. Me ha interesado mucho la película, me ha entusiasmado la música y me propongo intentar ver todo lo posible que de Jem Cohen se va a proyectar durante una semana en el festival Punto de Vista en Pamplona. Cumplo con mi propósito en días sucesivos aunque no llego a todo lo que me gustaría. La experiencia lo convierte en un referente, en una pequeña obsesión que todavía hoy permanece en mi cabeza. Pero esa obsesión quizá la exprese otro día en palabras. Hoy las que gasto son para la música de esos Empires of tin.
Vuelvo a casa y empiezo a buscar por internet información sobre la película y sobre su música. Encuentro el nombre de Vic Chesnutt. Él firma lo que he escuchado. Busco un poco más y me doy de frente contra la noticia de su reciente muerte. Se suicidó el 25 de diciembre de 2009. Es decir, ni siquiera ha transcurrido mes y medio en el día en que lo escucho por primera vez. Averiguo un poco más y me encuentro con que la relación entre Chesnutt y Cohen es de amistad, que incluso Cohen ha producido grabaciones de Chesnutt. Me siento ridículo. Imagino que a Jem Cohen le ha tenido que resultar ridículo escuchar el tipo de preguntas que hemos hecho sobre la película. O quizá no, pienso ahora; quizá lo considere un acto de consideración. Pero estoy seguro de que no tuvo que resultarle fácil ver a su amigo muerto tan vivo en la pantalla, tan intenso y nervioso. Días después, en otra proyección, se nos explicará que una de las películas previstas para la sesión inaugural de la retrospectiva dedicada a Jem Cohen no se había proyectado porque el director estaba muy afectado por la muerte de su amigo. No se menciona el suicidio.
Tengo dos nuevas obsesiones paralelas (Jem Cohen y Vic Chesnutt) que se suman a las ya consagradas en mi vida. Y está bien aunque uno llega a sentirse desbordado por tanto que escuchar, tanto que ver y tanto que leer. Tengo claro que no me bastará con esta vida así que quizá deba buscar el modo de volver. Mientras tanto hago lo que puedo y, en el caso de estas dos nuevas obsesiones, busco la manera de acercarme a la música y de volver a ver la película. Y aquí están: la música y la película han llegado desde Canadá, desde el sello que ha editado el disco que despide una carrera y la película que le retrató en la Viennale de 2007 (en Viena), que es donde se registró este Evening´s civil twilight in empires of tin (título completo).
Escucho una y otra vez At the Cut, el disco que cierra una carrera. Escucho y procuro entender las letras hasta la última coma. Y conforme entiendo la música se me anuda más y más fuerte a la garganta al comprender qué se esconde tras esa sinceridad en bruto:
Soy un hombre,
consciente de mí mismo
y allá donde voy
estás siempre ahí conmigo
He flirteado contigo toda mi vida
incluso te he besado una o dos veces
y hasta este día juro que era agradable
pero claramente no estaba preparado.
Cuando tocaste a un amigo mío
pensé que iba a perder la cabeza
pero averigué con el tiempo
que realmente, yo no estaba preparado.
Oh muerte, no estoy preparado
oh muerte, me intimidas
y diezmas a aquellos que me son queridos
incluso te burlas de mí con tu dulce alivio
Eres cruel y constante
cuando mi madre estaba enferma de cáncer
ella luchó pero entonces sucumbió
pero hiciste que rogara por ello
"señor Jesús, por favor, estoy preparada"
oh muerte... claramente no estoy preparado *
consciente de mí mismo
y allá donde voy
estás siempre ahí conmigo
He flirteado contigo toda mi vida
incluso te he besado una o dos veces
y hasta este día juro que era agradable
pero claramente no estaba preparado.
Cuando tocaste a un amigo mío
pensé que iba a perder la cabeza
pero averigué con el tiempo
que realmente, yo no estaba preparado.
Oh muerte, no estoy preparado
oh muerte, me intimidas
y diezmas a aquellos que me son queridos
incluso te burlas de mí con tu dulce alivio
Eres cruel y constante
cuando mi madre estaba enferma de cáncer
ella luchó pero entonces sucumbió
pero hiciste que rogara por ello
"señor Jesús, por favor, estoy preparada"
oh muerte... claramente no estoy preparado *
Encuentro en Youtube un vídeo** de una actuación suya el 5 de noviembre de 2009, apenas un mes y unas semanas antes de su suicidio, donde se escucha esta letra. Y en los últimos momentos de la canción parece no poder más, parece no soportar el dolor. O quizá es que la propia letra es demasiado para él. Me produce escalofríos. Vic Chesnutt tuvo un accidente de coche con 18 años que le dejó en silla de ruedas. Desde ese momento tuvo serios problemas de salud y el sistema sanitario de Estados Unidos fue chupándole la vida hasta dejarle con una deuda de 50000 dólares. Es confuso de donde viene todo porque la documentación es indescifrable. He sufrido varias intervenciones en un periodo corto de tiempo - un par de años - y de eso, ahora debo cincuenta mil dólares. (...) No es un sistema de libre mercado, es un sistema de empresa privada y es terriblemente burocrático. (...) He tenido una relación íntima con la industria de la salud durante muchos, muchos años. He estado en hospitales alrededor del mundo también así que he visto el modo en que trabajan en otros países. Algunos de los debates sobre la atención médica que hay ahora son de lo más absurdo que he visto nunca. ¡Es hilarante! Obama es un incompetente y los de la derecha idiotas. (...) Y el ala derecha... como lo que dijo McCain sobre los recortes de impuestos, la reforma de responsabilidad civil y la desregulación - que no va a ayudar, que no va a conseguir lo que queremos. Esto no va a hacer feliz a nadie. Creo que lo único que podría ayudar es derogar algunas leyes que están en los libros... cosas que hizo Reagan. Gastamos todo el dinero en el Instituto Nacional de Salud y todo ese dinero en la investigación, y luego se les da la patente a las industrias farmacéuticas que después nos hacen pagar una fortuna por ello. (...) en los ochenta, el Instituto Nacional de Salud gastó millones de dólares en investigación de medicamentos, y entonces todo el mundo tenía la patente así que podías hacer versiones genéricas más baratas de esos medicamentos y todo el mundo estaba contento. Ahora el dinero de investigación para medicamentos está dirigido a hacer dinero. (...) Siempre me sorprende el absurdo de sus políticas. El modo en que republicanos y demócratas pueden trabajar juntos es reformando el sistema porque tal como está no importa lo que haga Obama, no va a suceder. La derecha huele sangre y siente que tiene que ganar esto.***
El 25 de diciembre de 2009 Vic Chesnutt se suicida. Leo una nota en la web de Los Angeles Times que informa de que Chesnutt, paralítico después de un accidente de coche en 1983, era conocido por crear música poética y melancólica. Murió de una sobredosis intencionada de relajantes musculares prescritos, según dijo un familiar****. El mismo diario redigiría a un artículo del 1 de diciembre de 2009 en su blog de música que se iniciaba con las siguientes palabras: Si alguna vez usted necesitó un claro ejemplo de la crueldad institucionalizada del sistema de salud americano, pregunte a Vic Chesnutt. Y el propio Chesnutt afirmaba: Podría morir mañana por otras operaciones que necesito que no me puedo permitir.*****
El 25 de diciembre de 2009 Vic Chesnutt se suicida. Leo una nota en la web de Los Angeles Times que informa de que Chesnutt, paralítico después de un accidente de coche en 1983, era conocido por crear música poética y melancólica. Murió de una sobredosis intencionada de relajantes musculares prescritos, según dijo un familiar****. El mismo diario redigiría a un artículo del 1 de diciembre de 2009 en su blog de música que se iniciaba con las siguientes palabras: Si alguna vez usted necesitó un claro ejemplo de la crueldad institucionalizada del sistema de salud americano, pregunte a Vic Chesnutt. Y el propio Chesnutt afirmaba: Podría morir mañana por otras operaciones que necesito que no me puedo permitir.*****
Amo a mis antepasados
pero no ritualmente
No les culpo ni les alabo
por todo las cosas que me pasaron
y no necesito altares de piedra
para ayudar a cubrirme la apuesta
contra la oscuridad que se avecina.
Eso es lo que es, es lo que es******
pero no ritualmente
No les culpo ni les alabo
por todo las cosas que me pasaron
y no necesito altares de piedra
para ayudar a cubrirme la apuesta
contra la oscuridad que se avecina.
Eso es lo que es, es lo que es******
Me siento feliz por haber descubierto a Vic Chesnutt. Una tras otra sus canciones inoculan mi cerebro de la manera en que sólo los verdaderos creadores son capaces; la de quienes penetran hasta lo más hondo del alma sin necesidad de gafas tridimensionales ni aspavientos. Me siento triste por haber llegado tarde, pero agradecido por haber llegado. Y me entristece tanta verdad contenida en unos versos cantados. Parece que la verdad ha nacido para ser cantada; pero no para ser cambiada.
© Carlos Pérez Cruz
* Letra de Flirted with you all my life (del disco At the Cut)
** El vídeo está ahí para quien quiera mirarlo. Se busca y se encuentra. Me afecta lo que veo. No sé si resulta morbosa su difusión y prefiero no insertarlo en este texto.
*** Opiniones de Vic Chesnutt recogidas en el The Huffington Post el 17 de septiembre de 2009.
**** Nota publicada en la web de Los Angeles Times el 26 de diciembre de 2009.
***** Artículo del blog musical de Los Angeles Times publicado el 1 de diciembre de 2009.
****** Fragmento de la letra de It is what it is (del disco At the Cut).
Nota: Las traducciones son de mi propia cosecha. Pido disculpas por los posibles errores en que hubiera podido incurrir.
Publicado originalmente aquí.
© Carlos Pérez Cruz
* Letra de Flirted with you all my life (del disco At the Cut)
** El vídeo está ahí para quien quiera mirarlo. Se busca y se encuentra. Me afecta lo que veo. No sé si resulta morbosa su difusión y prefiero no insertarlo en este texto.
*** Opiniones de Vic Chesnutt recogidas en el The Huffington Post el 17 de septiembre de 2009.
**** Nota publicada en la web de Los Angeles Times el 26 de diciembre de 2009.
***** Artículo del blog musical de Los Angeles Times publicado el 1 de diciembre de 2009.
****** Fragmento de la letra de It is what it is (del disco At the Cut).
Nota: Las traducciones son de mi propia cosecha. Pido disculpas por los posibles errores en que hubiera podido incurrir.
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jueves, marzo 11, 2010
Johnny Cash - "American VI: Ain´t no grave"
Como complemento al audio dejo este vídeo que recoge la visita de Louis Armstrong al programa de Johnny Cash en la ABC:
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miércoles, marzo 10, 2010
Robert Wyatt a la francesa... en "Carne Cruda"
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Dan Berglund´s Tonbruket - "Tonbruket"
En octubre de 2008 tuve la oportunidad de conversar con el baterista del trío E.S.T. (Esbjörn Svensson Trio), Magnus Öström, con motivo del lanzamiento del que se había convertido en disco póstumo del trío, Leucocyte, tras la muerte apenas cuatro meses antes del pianista que daba nombre a la formación. Entonces, todavía bajo el impacto de una pérdida personal y profesional, Öström no sabía muy bien qué futuro le esperaba a él mismo y a Dan Berglund, el bajista del trío. En ese momento bastante tenían con encontrar una razón para volver a tocar. Un año y medio después de esa conversación no sé qué es de Öström pero sí sé que Berglund ha retomado una carrera que desde principios de los noventa había estado monopolizada (para mi regocijo) por E.S.T.
No he encontrado ninguna reseña de este disco que me ocupa que no cite al trío de Svensson. No hacerlo sería un meritorio ejercicio de malabarismo pero dejaría fuera de contexto un proyecto que nace como consecuencia de la pérdida prematura (44 años) del pianista en accidente de buceo. La permanencia en el tiempo de los grupos del ámbito del Jazz no es frecuente y en el caso de E.S.T. - que gustó, ¡y mucho! - es lógico que no dejara espacio a muchas más aventuras musicales. Y si surgen proyectos que incluyan a Dan o a Magnus, al menos de primeras, tendrán una atención que sin E.S.T. probablemente no hubieran tenido; además de que, de manera inconsciente (o no), busquemos con ellos cubrir el hueco que el trío nos dejó.
Sin olvidar a su compañero tantos años - se supone que para él va Song for E - Dan Berglund retoma la actividad discográfica con Tonbruket (palabra sueca que, por lo visto, hace referencia a los talleres de sonido) y lo hace con un cuarteto en el que se reencuentra con un guitarrista con el que ya tocaba en los años pre-E.S.T., Johan Lindström. Me llama poderosamente la atención el sonido de su pedal steel guitar; su toque hawaiano aporta un tono espectral al bloque sonoro de Tonbruket en el que la querencia es hacia los grandes espacios y hacia una embalaje final de tono rockero y progresivo. Música de carácter experimental pero no por ello vanguardista. Ya en las notas promocionales del disco nos hablan de influencias directas y concretas: Deep Purple, Emerson, Lake and Palmer, Radiohead o Royksopp son algunas de ellas. Y aunque uno tiende a no tomar demasiado en consideración los apuntes promocionales lo que nos indican en este caso es que el resultado final del grupo es una confluencia de estéticas diversas, cuya etiquetación quizá fuera en su momento precisa por separado, pero que hoy suman desde el bagaje - como oyentes y profesionales de quienes firman el proyecto - para crear un todo de difícil catalogación. Insisto en que ello no convierte en vanguardia todo lo que se hace pero sí que nos sitúa ante nuestras propias limitaciones analíticas y ante la dificultad para hacer entender al personal de qué estamos hablando (algo que se soluciona abandonando estas palabras y procediendo a la escucha). Así uno se encuentra (y acudo de nuevo al texto promocional) con etiquetas como “rock”, “ambient music”, “drum n´bass”, “prog-heavy”, “hard rock” o “pop” y con calificativos para la música de Tonbruket que van de un sonido “classic acoustic” a “electronically alienated” (¿?). Lo curioso es que en ningún momento se menciona el “Jazz” como forma estética cuando tengo para mí que es a partir del Jazz (como actitud) como muchos de los elementos se integran con naturalidad. Es más, la improvisación tiene una clara vocación jazzística (y conforme escribo esto me pregunto: ¿qué significa eso?).
No importa. Sea cual sea la palabra más precisa para definir a Tonbruket lo interesante es que es posiblemente la indefinición uno de sus atractivos (y seguramente uno de los quebraderos de cabeza para encontrarles colocación en escenarios y festivales dado el sistema de valores). Hay líneas melódicas realmente hermosas (me acongoja Sister sad), mezclas sonoras excitantes, fondos sonoros de ciencia ficción sobre los que se escuchan solos tan extravagantemente hermosos como el de Lindström con su guitarra pedal steel en Sailor Waltz (tema de Berglund que bien podría haber sido banda sonora para el viaje de Yuri Gagarin) e incluso un curioso tema circular como Gi Hop que a mí me recuerda a algunas de las formas musicales de uno de los grandes grupos Folk suecos: Hedningarna (aunque parece estar más extendida por la red la opinión – copy & paste – de que la referencia es la Penguin Cafe Orchestra). Se puede uno imaginar un western futurista escuchando Cool blooded music o directamente recorrer la USAmérica de Una historia verdadera (David Lynch) con el punto country de The wind and the leaves.
Uno de los méritos de E.S.T. es que, sin cambiar el rumbo de la música, supo componer y hacer madurar un estilo reconocible a partir de los diferentes gustos musicales y aportación de sus tres componentes. El punto de partida de Tonbruket parece semejante; el estilo diferente. Que el tiempo permita la maduración y definición de la personalidad de este cuarteto ya se verá.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente aquí.
No he encontrado ninguna reseña de este disco que me ocupa que no cite al trío de Svensson. No hacerlo sería un meritorio ejercicio de malabarismo pero dejaría fuera de contexto un proyecto que nace como consecuencia de la pérdida prematura (44 años) del pianista en accidente de buceo. La permanencia en el tiempo de los grupos del ámbito del Jazz no es frecuente y en el caso de E.S.T. - que gustó, ¡y mucho! - es lógico que no dejara espacio a muchas más aventuras musicales. Y si surgen proyectos que incluyan a Dan o a Magnus, al menos de primeras, tendrán una atención que sin E.S.T. probablemente no hubieran tenido; además de que, de manera inconsciente (o no), busquemos con ellos cubrir el hueco que el trío nos dejó.
Sin olvidar a su compañero tantos años - se supone que para él va Song for E - Dan Berglund retoma la actividad discográfica con Tonbruket (palabra sueca que, por lo visto, hace referencia a los talleres de sonido) y lo hace con un cuarteto en el que se reencuentra con un guitarrista con el que ya tocaba en los años pre-E.S.T., Johan Lindström. Me llama poderosamente la atención el sonido de su pedal steel guitar; su toque hawaiano aporta un tono espectral al bloque sonoro de Tonbruket en el que la querencia es hacia los grandes espacios y hacia una embalaje final de tono rockero y progresivo. Música de carácter experimental pero no por ello vanguardista. Ya en las notas promocionales del disco nos hablan de influencias directas y concretas: Deep Purple, Emerson, Lake and Palmer, Radiohead o Royksopp son algunas de ellas. Y aunque uno tiende a no tomar demasiado en consideración los apuntes promocionales lo que nos indican en este caso es que el resultado final del grupo es una confluencia de estéticas diversas, cuya etiquetación quizá fuera en su momento precisa por separado, pero que hoy suman desde el bagaje - como oyentes y profesionales de quienes firman el proyecto - para crear un todo de difícil catalogación. Insisto en que ello no convierte en vanguardia todo lo que se hace pero sí que nos sitúa ante nuestras propias limitaciones analíticas y ante la dificultad para hacer entender al personal de qué estamos hablando (algo que se soluciona abandonando estas palabras y procediendo a la escucha). Así uno se encuentra (y acudo de nuevo al texto promocional) con etiquetas como “rock”, “ambient music”, “drum n´bass”, “prog-heavy”, “hard rock” o “pop” y con calificativos para la música de Tonbruket que van de un sonido “classic acoustic” a “electronically alienated” (¿?). Lo curioso es que en ningún momento se menciona el “Jazz” como forma estética cuando tengo para mí que es a partir del Jazz (como actitud) como muchos de los elementos se integran con naturalidad. Es más, la improvisación tiene una clara vocación jazzística (y conforme escribo esto me pregunto: ¿qué significa eso?).
No importa. Sea cual sea la palabra más precisa para definir a Tonbruket lo interesante es que es posiblemente la indefinición uno de sus atractivos (y seguramente uno de los quebraderos de cabeza para encontrarles colocación en escenarios y festivales dado el sistema de valores). Hay líneas melódicas realmente hermosas (me acongoja Sister sad), mezclas sonoras excitantes, fondos sonoros de ciencia ficción sobre los que se escuchan solos tan extravagantemente hermosos como el de Lindström con su guitarra pedal steel en Sailor Waltz (tema de Berglund que bien podría haber sido banda sonora para el viaje de Yuri Gagarin) e incluso un curioso tema circular como Gi Hop que a mí me recuerda a algunas de las formas musicales de uno de los grandes grupos Folk suecos: Hedningarna (aunque parece estar más extendida por la red la opinión – copy & paste – de que la referencia es la Penguin Cafe Orchestra). Se puede uno imaginar un western futurista escuchando Cool blooded music o directamente recorrer la USAmérica de Una historia verdadera (David Lynch) con el punto country de The wind and the leaves.
Uno de los méritos de E.S.T. es que, sin cambiar el rumbo de la música, supo componer y hacer madurar un estilo reconocible a partir de los diferentes gustos musicales y aportación de sus tres componentes. El punto de partida de Tonbruket parece semejante; el estilo diferente. Que el tiempo permita la maduración y definición de la personalidad de este cuarteto ya se verá.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente aquí.
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jueves, marzo 04, 2010
La música de la Ruta de la Seda
Con el nombre de Ruta de la Seda se conoce a una serie de rutas comerciales entre Asia y Europa que fueron las principales vías de comunicación aproximadamente entre dos siglos antes de Cristo y el siglo XV cuando su importancia disminuyó por la competencia de otras formas de comunicación como la marítima. Bautizada como Ruta de la seda en el siglo XIX por el barón alemán Ferdinand von Richthofen, geólogo y explorador, hacía referencia en su nombres a una de las mercancías más preciadas que circulaban por estas rutas comerciales: la seda. A ese vasto territorio cultural (que incluye territorios de la actual China, Mongolia, Irán, Iraq o Turquía) está dedicado el proyecto Silk Road liderado por el chelista Yo-Yo Ma y fundado en 1998 y con carácter pedagógico y creativo. Son cinco las grabaciones discográficas editadas hasta la fecha, una de ellas de campo, en las que destacan la reunión de músicos de muy diversos países y el tratamiento actual de motivos e instrumentos ancestrales. A ellos he dedicado la sección musical del programa Más vale tarde de Radio Vitoria (EiTB) del miércoles 3 de marzo de 2010:
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miércoles, marzo 03, 2010
Entrevista con Ken Vandermark
(...) Para que la música siga adelante y deje el pasado, como tú has preguntado, tenemos que hacer cosas que no encajen en el sistema. Lo que significa que será difícil que escriban cosas sobre nosotros o tener discos o conseguir conciertos porque estamos lanzando un reto al público, a la industria y a nosotros mismos. Pero si no lo hacemos la música permanecerá siempre en el pasado. Yo vengo de los Estados Unidos y para ser honesto tengo que decir que la mayor parte de la música que he escuchado conectada con el Jazz está pensando más en el pasado que pensando en este momento. Y, ¿quién sabe que traerá el futuro? Pero si no nos preocupamos del ahora entonces estamos atascados en el pasado. Y por eso pienso que estas cosas que tienen que pasar para que la música evolucione son también, no un castigo, pero tienen que crear tal tensión dentro de todo esto... ¡Y esa tensión ha estado ahí desde el principio! Si lees artículos sobre Duke Ellington, al que se considera uno de los grandes compositores americanos del siglo XX… ¡fue incomprendido durante toda su carrera! (...)
Puedes escuchar la entrevista íntegra en la edición del 3/03/2010 de Club de Jazz o bien leer la transcripción de la conversación. También puedes escuchar la versión original en inglés.
© Carlos Pérez Cruz
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martes, marzo 02, 2010
The Ex & Brass Unbound
Todavía bajo los efectos de la intensa sesión de Fire Room del pasado jueves en Huesca, y antes de emitir la entrevista grabada allí con el saxofonista Ken Vandermark, un vídeo de una de las actuaciones en las que ha participado el músico en su reciente gira europea. En este caso en Dublín el pasado día 7 de febrero con una veterana banda holandesa que surgió del movimiento Punk, The Ex, a la que acompañó un cuarteto de vientos llamados Brass Unbound entre los que se encontraba Vandermark o el también saxofonista Mats Gustafsson (habitual colaborador de Vandermark). Punk épico ¿a lo Morricone?:
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sábado, febrero 27, 2010
Fire Room (Ken Vandermark, Paal Nilssen-Love y Lasse Marhaug) - Huesca 25/02/2010
Vivimos un momento musical desconcertante donde lo aparentemente nuevo suena viejo y los parámetros de descripción crítica han llegado a puntos ridículos en los que se recurre con frecuencia al prefijo post para tratar de explicar la música de grupos de hoy que nos recuerdan a los de ayer. ¿Cómo llamaremos a los grupos de dentro de veinte años? ¿Los postpost? Es lógico que los de hoy nos recuerden a los de ayer ya que todos forman parte de una línea cronológica (quizá evolutiva más que cronológica) que los músicos recorren de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás continuamente. Y al contrario que con el acto físico de caminar - en el que ir hacia atrás cuesta más que avanzar - en música (en el arte en general) dar un paso hacia adelante cuesta lo que diez para atrás. Por eso tiene razón Ken Vandermark cuando asegura que la música no ha dejado de evolucionar; hoy suceden cosas impensables hace no tanto tiempo pero los medios de comunicación siguen pensando (seguimos pensando) con la mente puesta en el pasado, en formas de expresión musical que alcanzaron su cénit y difícilmente pueden ser mejoradas (sólo repetidas), con estructuras mentales que todavía no han asimilado como naturales formas de hace cincuenta años y por lo tanto son incapaces de analizar con cierta perspectiva las propuestas de hoy. Es obvio, e insisto en ello, que el hoy parte del ayer y que el mañana ya está presente hoy pero nos cuesta mucho (me cuesta mucho) asumir que no es que no esté todo inventado (probable) sino que la evolución no está tanto en hacer nacer un nuevo estilo (normalmente los estilos se fundan a partir de pequeñas variaciones sobre lo ya existente) sino en ser conscientes de que los bagajes siguen interactuando (hoy más si cabe en este tiempo global) y generando sonidos que, aunque nos lo parezcan, nunca antes escuchamos. Nos falta perspectiva histórica, la criba del tiempo. Y nos falta libertad (es cosa nuestra) para el análisis fuera de estructuras mentales prefijadas.
Sirva este largo prefacio para contextualizar mi análisis de la actuación de Fire Room; grupo de naturaleza incendiaria (en honor a su nombre) y de intensa explosión creativa (permítaseme empezar por lo más primario, por nuestros sentidos y su percepción de un concierto así). Ken Vandermark es un ejemplo claro de cómo un músico hoy puede aprovechar las ventajas de la sociedad global y ampliar sus fronteras mentales en contacto con músicos de otras latitudes. Lleva muchos años haciéndolo y de ahí la ingente cantidad de proyectos que hacen casi imposible seguir la totalidad de su carrera. Éste le reúne con dos músicos noruegos: el baterista Paal Nilssen-Love y Lasse Marhaug, cuyo instrumento llamamos electrónicas como parte de nuestra (mi) limitada capacidad del uso del lenguaje fijada por los instrumentos tradicionales). Tres músicos cuya interacción a partir de la improvisación es capaz de alcanzar momentos de sublime unidad; tres fuentes de sonido que cuando confluyen son capaces de generar un magma sonoro de increíble densidad en el que las respuestas primitivas que se le suponen al diálogo sin partituras quedan superadas por formas que necesitan de un excelente dominio del instrumento, cultura musical (y general) y un altísimo nivel de concentración y escucha para que el resultado sugiera empatía al oyente. Así Paal Nilssen-Love, detenido, escuchaba la propuesta de Marhaug y Vandermark. Rostro concentrado en el que la gestualidad delataba una comprensión anticipada de la voluntad de sus compañeros hasta que, de pronto, despertaba de forma abrupta y se convertía en el sistema nervioso de un cuerpo musical que se contorsiona compulsivamente como una unidad tentacular. Un relato que no se detuvo en ningún momento y que finalizó con la naturalidad con la que acaba una partitura escrita. Y sin embargo no lo está y sigue siendo ésta una de las fascinaciones que despiertan músicos como estos, capaces de componer en directo sin que las ideas desfallezcan. Lejos de malabarismos innecesarios, siempre dentro de una lógica que se enfrenta a las limitaciones (puerta a su vez a un mundo de infinitas posibilidades) de la música que no tiene un sustento compositivo pero que se expresa en el lenguaje del caos armónico de la naturaleza.
Si el Orchestrion de Pat Metheny abre bocas (y encuentra eco en los medios generalistas) por la espectacularidad de su conjunción mecánica, un trío como Fire Room las perpetúa en ese estado por su conjunción humana, factor nada despreciable pero mucho menos apreciado en la sociedad del parque temático y las gafas 3D. Una conjunción que no lo es por su capacidad de repetir todos de manera simétrica un mismo gesto (al modo de un desfile militar) sino por, desde la disparidad expresiva, crear un todo unitario. Y supieron cómo crear tensión y distensión, supieron llegar a formas rítmicas definibles como descanso a la tensión extrema de modos más abstractos; contrapunto en el resultado global pero también en los momentos particulares en los que Vandermark y Nilssen-Love se contenían ante las contundentes insinuaciones de Marhaug y viceversa, cuando la virulencia de los dos primeros era compensada por una tormenta que se alejaba en manos del electrónico.
Está todo inventado (probable) y no es Fire Room ajeno a esa premisa. Pero no conviene perder de vista que la evolución de la música no depende de inventos ni de artificios sino de ser capaz de seguir generando a partir de lo que ya está escrito en la historia. Toda esa información está ahí para quien quiera aprovecharla y desde luego que Vandermark, Nilssen-Love y Marhaug la conocen y la aprovechan. Lo escuchado en Huesca fue una inyección de cruda realidad musical. Un chute tremendamente adictivo y optimista.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente aquí.
Sirva este largo prefacio para contextualizar mi análisis de la actuación de Fire Room; grupo de naturaleza incendiaria (en honor a su nombre) y de intensa explosión creativa (permítaseme empezar por lo más primario, por nuestros sentidos y su percepción de un concierto así). Ken Vandermark es un ejemplo claro de cómo un músico hoy puede aprovechar las ventajas de la sociedad global y ampliar sus fronteras mentales en contacto con músicos de otras latitudes. Lleva muchos años haciéndolo y de ahí la ingente cantidad de proyectos que hacen casi imposible seguir la totalidad de su carrera. Éste le reúne con dos músicos noruegos: el baterista Paal Nilssen-Love y Lasse Marhaug, cuyo instrumento llamamos electrónicas como parte de nuestra (mi) limitada capacidad del uso del lenguaje fijada por los instrumentos tradicionales). Tres músicos cuya interacción a partir de la improvisación es capaz de alcanzar momentos de sublime unidad; tres fuentes de sonido que cuando confluyen son capaces de generar un magma sonoro de increíble densidad en el que las respuestas primitivas que se le suponen al diálogo sin partituras quedan superadas por formas que necesitan de un excelente dominio del instrumento, cultura musical (y general) y un altísimo nivel de concentración y escucha para que el resultado sugiera empatía al oyente. Así Paal Nilssen-Love, detenido, escuchaba la propuesta de Marhaug y Vandermark. Rostro concentrado en el que la gestualidad delataba una comprensión anticipada de la voluntad de sus compañeros hasta que, de pronto, despertaba de forma abrupta y se convertía en el sistema nervioso de un cuerpo musical que se contorsiona compulsivamente como una unidad tentacular. Un relato que no se detuvo en ningún momento y que finalizó con la naturalidad con la que acaba una partitura escrita. Y sin embargo no lo está y sigue siendo ésta una de las fascinaciones que despiertan músicos como estos, capaces de componer en directo sin que las ideas desfallezcan. Lejos de malabarismos innecesarios, siempre dentro de una lógica que se enfrenta a las limitaciones (puerta a su vez a un mundo de infinitas posibilidades) de la música que no tiene un sustento compositivo pero que se expresa en el lenguaje del caos armónico de la naturaleza.
Si el Orchestrion de Pat Metheny abre bocas (y encuentra eco en los medios generalistas) por la espectacularidad de su conjunción mecánica, un trío como Fire Room las perpetúa en ese estado por su conjunción humana, factor nada despreciable pero mucho menos apreciado en la sociedad del parque temático y las gafas 3D. Una conjunción que no lo es por su capacidad de repetir todos de manera simétrica un mismo gesto (al modo de un desfile militar) sino por, desde la disparidad expresiva, crear un todo unitario. Y supieron cómo crear tensión y distensión, supieron llegar a formas rítmicas definibles como descanso a la tensión extrema de modos más abstractos; contrapunto en el resultado global pero también en los momentos particulares en los que Vandermark y Nilssen-Love se contenían ante las contundentes insinuaciones de Marhaug y viceversa, cuando la virulencia de los dos primeros era compensada por una tormenta que se alejaba en manos del electrónico.
Está todo inventado (probable) y no es Fire Room ajeno a esa premisa. Pero no conviene perder de vista que la evolución de la música no depende de inventos ni de artificios sino de ser capaz de seguir generando a partir de lo que ya está escrito en la historia. Toda esa información está ahí para quien quiera aprovecharla y desde luego que Vandermark, Nilssen-Love y Marhaug la conocen y la aprovechan. Lo escuchado en Huesca fue una inyección de cruda realidad musical. Un chute tremendamente adictivo y optimista.
© Carlos Pérez Cruz
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viernes, febrero 26, 2010
Fire Room en Huesca (25/02/2010)
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jueves, febrero 25, 2010
Brigada Bravo & Díaz (Civivox Iturrama - Iruñea / Pamplona 20/02/2010)
Reseña de la actuación de Germán Díaz (zanfona) y Antonio Bravo (guitarra eléctrica) - La Brigada Bravo & Díaz - en el Centro Civivox de Iturrama (Iruñea - Pamplona) el sábado 20 de febrero de 2010 con su proyecto Músicas populares de la Guerra Civil:
¡Qué suerte la mía! En tres meses he tenido la fortuna de escuchar en dos ocasiones a este magnífico zanfonista vallisoletano llamado Germán Díaz. Siento debilidad por los sonidos de la noche de los tiempos, por aquellos instrumentos con una resonancia propia de nuestro imaginario medieval: la alboka vasca, la nyckelharpa nórdica o la zanfona, entre otros. Son instrumentos habituales en los contextos de la música tradicional y del Folk pero que gracias a creadores como Germán - que piensan simplemente en Música - se expresan ajenos a las posibles limitaciones que toda etiqueta impone. Germán pertenece a esa estirpe de músicos que no son de Jazz pero son más jazzistas que muchos ortodoxos del gremio; no sólo porque sea un excelente improvisador - que lo es - sino porque el suyo es un lenguaje personal, una voz individual que acoge las diversas influencias de todo aquello que forma parte de su bagaje como oyente sin ser perceptible imitación alguna. Hay un espacio muy amplio en el que habitan maravillosos músicos fronterizos (que no híbridos) y en él se encuentra Díaz.
Compañero en este peculiar recorrido por el cancionero bélico español el guitarrista Antonio Bravo ofrece el contrapunto a la llamativa zanfona de Germán (y viceversa). Estamos más acostumbrados a la guitarra eléctrica en contextos de improvisación jazzística pero no por ello pasa desapercibido el sonido tan cálido de este músico y su habilidad rítmica (como acompañante de los solos de Germán y también durante los momentos en los que la zanfona calla) además de un fraseo limpio e imaginativo. Ambos tiran de ingenio a partir de una complicidad que con sólo una mirada, un gesto de confianza, consigue cambiar el rumbo de la música, que ésta fluya sin dificultad aparente; gestos que transmiten bienestar entre el público que percibe que ellos se lo pasan bien con una música que, despojada de su sentido trágico, puede resultar amable a los oídos sin por ello caer en el error de frivolizar con estas sencillas tonadas (como Arrión, A las barricadas o La Internacional) cuya pulsión belicosa se puede percibir en el trasfondo de lo que ofrece la Brigada Bravo & Díaz. Resulta divertido verles practicar con unos pequeños ventiladores de juguete, un estropajo metálico, un pequeño aparato de radio o con el flash de una cámara fotográfica aplicado a las cuerdas y a la vez comprobar cómo se genera con ellos una sonoridad que nos recuerda que detrás de las bravatas líricas de la época, de las simples melodías de ánimo belicoso, hay una tragedia que late bajo el aparente divertimento de este dúo.
Espacios para la expresión individual, mutuos acompañamientos armónicos y rítmicos, creación de atmósferas etéreas que fluyen hacia la claridad rítmica, diálogo de preguntas y respuestas musicales o la creación de loops de grabación en directo son algunos elementos que configuran la presentación en concierto de las Músicas populares de la Guerra Civil que dos años atrás editaran discográficamente. Mantienen la esencia del estudio pero con la ampliación de espacios que permite el directo que, en su actuación pamplonesa, fue ante un público aparentemente ajeno a estos menesteres musicales: usuario del centro cívico, de edad avanzada y probablemente atraído por una temática que podría haber prefigurado la figura de un cantautor (no se hacía mención a los instrumentos de la Brigada en los folletos informativos de la actuación). No hubo heridos en el camino (y sí petición de bis) a pesar de la intensidad creativa de la Brigada Bravo & Díaz que, aunque transite terrenos plácidos en algunos momentos, no se acomoda y se exige; y exige por momentos la complicidad del oyente para poder disfrutar con sonidos que tienen la necesaria aridez que esconde un conflicto civil tan serio y penoso como la Guerra Civil Española.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente aquí.
¡Qué suerte la mía! En tres meses he tenido la fortuna de escuchar en dos ocasiones a este magnífico zanfonista vallisoletano llamado Germán Díaz. Siento debilidad por los sonidos de la noche de los tiempos, por aquellos instrumentos con una resonancia propia de nuestro imaginario medieval: la alboka vasca, la nyckelharpa nórdica o la zanfona, entre otros. Son instrumentos habituales en los contextos de la música tradicional y del Folk pero que gracias a creadores como Germán - que piensan simplemente en Música - se expresan ajenos a las posibles limitaciones que toda etiqueta impone. Germán pertenece a esa estirpe de músicos que no son de Jazz pero son más jazzistas que muchos ortodoxos del gremio; no sólo porque sea un excelente improvisador - que lo es - sino porque el suyo es un lenguaje personal, una voz individual que acoge las diversas influencias de todo aquello que forma parte de su bagaje como oyente sin ser perceptible imitación alguna. Hay un espacio muy amplio en el que habitan maravillosos músicos fronterizos (que no híbridos) y en él se encuentra Díaz.
Compañero en este peculiar recorrido por el cancionero bélico español el guitarrista Antonio Bravo ofrece el contrapunto a la llamativa zanfona de Germán (y viceversa). Estamos más acostumbrados a la guitarra eléctrica en contextos de improvisación jazzística pero no por ello pasa desapercibido el sonido tan cálido de este músico y su habilidad rítmica (como acompañante de los solos de Germán y también durante los momentos en los que la zanfona calla) además de un fraseo limpio e imaginativo. Ambos tiran de ingenio a partir de una complicidad que con sólo una mirada, un gesto de confianza, consigue cambiar el rumbo de la música, que ésta fluya sin dificultad aparente; gestos que transmiten bienestar entre el público que percibe que ellos se lo pasan bien con una música que, despojada de su sentido trágico, puede resultar amable a los oídos sin por ello caer en el error de frivolizar con estas sencillas tonadas (como Arrión, A las barricadas o La Internacional) cuya pulsión belicosa se puede percibir en el trasfondo de lo que ofrece la Brigada Bravo & Díaz. Resulta divertido verles practicar con unos pequeños ventiladores de juguete, un estropajo metálico, un pequeño aparato de radio o con el flash de una cámara fotográfica aplicado a las cuerdas y a la vez comprobar cómo se genera con ellos una sonoridad que nos recuerda que detrás de las bravatas líricas de la época, de las simples melodías de ánimo belicoso, hay una tragedia que late bajo el aparente divertimento de este dúo.
Espacios para la expresión individual, mutuos acompañamientos armónicos y rítmicos, creación de atmósferas etéreas que fluyen hacia la claridad rítmica, diálogo de preguntas y respuestas musicales o la creación de loops de grabación en directo son algunos elementos que configuran la presentación en concierto de las Músicas populares de la Guerra Civil que dos años atrás editaran discográficamente. Mantienen la esencia del estudio pero con la ampliación de espacios que permite el directo que, en su actuación pamplonesa, fue ante un público aparentemente ajeno a estos menesteres musicales: usuario del centro cívico, de edad avanzada y probablemente atraído por una temática que podría haber prefigurado la figura de un cantautor (no se hacía mención a los instrumentos de la Brigada en los folletos informativos de la actuación). No hubo heridos en el camino (y sí petición de bis) a pesar de la intensidad creativa de la Brigada Bravo & Díaz que, aunque transite terrenos plácidos en algunos momentos, no se acomoda y se exige; y exige por momentos la complicidad del oyente para poder disfrutar con sonidos que tienen la necesaria aridez que esconde un conflicto civil tan serio y penoso como la Guerra Civil Española.
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¿Qué es una banda sonora?
La pregunta que preside este post ha inspirado la selección musical de mi colaboración con el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) del 24 de febrero. Una cuestión que aparentemente se resuelve con rapidez y que, sin embargo, no está tan clara. Toda película (a excepción de alguna muda) tiene banda sonora pero no necesariamente música. De la mano de la música de David Shire para la versión original de The taking of Pelham 1 2 3 (año 1974; el pasado 2009 se hizo remake), de Philip Glass para The thin blue line o de las voces de Michelle Pfeiffer y Gene Kelly para Los fabulosos Baker Boys y Cantando bajo la lluvia respectivamente he tratado de resolver el misterio de una pregunta tan, a priori, sencilla. El misterio tiene su respuesta en el siguiente reproductor:
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miércoles, febrero 24, 2010
Ken Vandermark - Sesión "Cruda" en el "Club de Jazz"
Fire Room es uno de los múltiples proyectos del saxofonista y en él trabaja con dos músicos noruegos: Paal Nilssen-Love (batería) y Lasse Marhaug (electrónica). Este vídeo es una muestra de cómo puede sonar el trío en directo:
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