Aviso a toda la población: Apaguen sus televisores y receptores de radio durante unos días. Corren riesgo de infectarse con un virus cuyos síntomas son decoloración de la piel, deslocalización de las partes nobles y visión de zombies, entre otros males.
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viernes, junio 26, 2009
¡Michael!
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martes, junio 23, 2009
De oficio librero
Informado por el meu amic Joan leo con interés la entrevista que la web www.solodelibros.es realiza a Paco Goyanes de la librería Cálamo de Zaragoza y cuyo enlace dejo aquí.
Y pienso en las calles principales de las ciudades de hoy que han deglutido todo rincón para el crecimiento personal y la intelectualidad; ahora es el tiempo de las franquicias, de los escaparates clon al servicio de la uniformidad y del pensamiento ocioso único. Pienso también que el buen lector no es el que acumula libros sino el que con ellos crece, camina y retrocede para volver a avanzar. El buen lector se encuentra consigo a través del pensamiento ajeno y del conocimiento que su propio caminar no le proporciona. Y pienso que el buen lector no es aquel que compra el libro "de moda", que puede ser muy bueno (o no) pero que compra no por lo bueno (o malo) que pueda ser sino porque todo el mundo lo está comprando... y él (o ella) no puede ser menos.
Y pienso en las calles principales de las ciudades de hoy que han deglutido todo rincón para el crecimiento personal y la intelectualidad; ahora es el tiempo de las franquicias, de los escaparates clon al servicio de la uniformidad y del pensamiento ocioso único. Pienso también que el buen lector no es el que acumula libros sino el que con ellos crece, camina y retrocede para volver a avanzar. El buen lector se encuentra consigo a través del pensamiento ajeno y del conocimiento que su propio caminar no le proporciona. Y pienso que el buen lector no es aquel que compra el libro "de moda", que puede ser muy bueno (o no) pero que compra no por lo bueno (o malo) que pueda ser sino porque todo el mundo lo está comprando... y él (o ella) no puede ser menos.
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viernes, junio 19, 2009
Campeón ACB
Sí, amic Joan, quién nos lo iba a decir hace no demasiado tiempo. ¿Alguien podía confiar en este Barça para ganar la liga? Sinceramente yo no, aunque la debilidad física del TAU en la serie final algo nos podía hacer sospechar. El amigo Ivanovic se lo tendrá que hacer mirar. El desgaste físico de su equipo es tremendo y es probable que la filosofía de que todos los partidos son una final convenza a los amigos del pico y pala pero supongo que regular tiene también sus beneficios. Dicho lo cual año tras año el equipo de Gasteiz sigue ahí, una y otra vez, llegando a finales y fiel a su estilo. Lo difícil para equipos de ciudades pequeñas y de presupuestos relativos es mantenerse una vez se llega arriba. Enhorabuena al TAU por ello.¿Y el campeón? Más allá de mi contento como seguidor de este club queda un cierto grado de apatía ante la propuesta desplegada durante toda la temporada. Un equipo con el aparente potencial interior, con pivots de gran envergadura y características diferentes como Daniel Santiago y Fran Vázquez o un currela como Jordi Trias(¿por qué el olvido del otrora MVP de la Copa?) y jugadores ambivalentes como Ilyasova o Andersen lo fia todo al juego exterior, que siempre será muy efectivo si se completa con acciones dentro. Ver ataques con cuatro tiros triples consecutivos deja patidifuso a cualquier aficionado. Campeones, se me dirá. Y bienvenido sea el trofeo pero convendría resolver si es una cuestión de criterio del entrenador o falta de recursos.
Por último gracias una vez más al ente público RTVE por su coherencia en los criterios informativos. Interesantísimo diferido durante el inicio del último cuarto de un sorteo de lotería. Eso sí que le deja a uno patidifuso.
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viernes, mayo 29, 2009
Lo que dije ayer...
... pero mucho mejor dicho por Enric González en la edición de hoy de "El País":
Soy bastante taurino. Y no lo digo porque generalmente me ponga del lado del toro, que también, sino porque el asunto de la lidia nos sitúa con frecuencia ante nuestra propia condición. Nos libera de hipocresías, mandangas y solos de violín. Nos ayuda a entender lo que somos. Me refiero a los medios de comunicación. Los que trabajamos en este negocio mantenemos un continuo debate sobre la exhibición de imágenes violentas. ¿Es lícito publicar la fotografía de un cadáver? En este mismo periódico hubo discusiones por una imagen que mostraba, al fondo, el cuerpo sin vida de una mujer. ¿Es correcto que la Dirección General de Tráfico utilice, en sus campañas de prevención, imágenes de cuerpos destrozados? ¿Hay jóvenes asesinos por culpa de la tele y los videojuegos? ¿Estamos creando una sociedad de monstruos?
Hasta que una corrida de toros nos permite dejarnos de tonterías. La del miércoles en Madrid salió estupenda. Antes habíamos disfrutado de una bonita cornada a un caballo, pero la cogida a Israel Lancho entraba de lleno en la categoría de lo estupendo: una cornada en el pecho. En televisión abrió numerosos informativos, presentados con frases como "unas imágenes que ponen los pelos de punta". En bastantes diarios fue portada. En EL PAÍS, la excelente foto de Gorka Lejarcegi, con una composición casi pictórica, ocupó cuatro columnas sobre el titular Espeluznante cogida.
Por fortuna (estoy a favor de que gane el toro, pero no tanto como para que el torero sufra daños irreparables), parece que el torero Lancho saldrá con bien del trance. ¿Se habrían realizado los mismos alardes gráficos en caso de que Lancho hubiera muerto? Supongo que sí.
Es la ventaja de la lidia. Nos permite jugar con imágenes violentas sin (parece) el menor escrúpulo. Los toros son los toros, señores: hablamos de cultura. No es violencia gratuita. No son ganas de vender morbo. Es eso, cultura. Y no hay cultura más agradecida que la que penetra directamente en el pulmón, con neumotórax y hemotórax y un buen chorro de sangre.
Soy bastante taurino. Y no lo digo porque generalmente me ponga del lado del toro, que también, sino porque el asunto de la lidia nos sitúa con frecuencia ante nuestra propia condición. Nos libera de hipocresías, mandangas y solos de violín. Nos ayuda a entender lo que somos. Me refiero a los medios de comunicación. Los que trabajamos en este negocio mantenemos un continuo debate sobre la exhibición de imágenes violentas. ¿Es lícito publicar la fotografía de un cadáver? En este mismo periódico hubo discusiones por una imagen que mostraba, al fondo, el cuerpo sin vida de una mujer. ¿Es correcto que la Dirección General de Tráfico utilice, en sus campañas de prevención, imágenes de cuerpos destrozados? ¿Hay jóvenes asesinos por culpa de la tele y los videojuegos? ¿Estamos creando una sociedad de monstruos?
Hasta que una corrida de toros nos permite dejarnos de tonterías. La del miércoles en Madrid salió estupenda. Antes habíamos disfrutado de una bonita cornada a un caballo, pero la cogida a Israel Lancho entraba de lleno en la categoría de lo estupendo: una cornada en el pecho. En televisión abrió numerosos informativos, presentados con frases como "unas imágenes que ponen los pelos de punta". En bastantes diarios fue portada. En EL PAÍS, la excelente foto de Gorka Lejarcegi, con una composición casi pictórica, ocupó cuatro columnas sobre el titular Espeluznante cogida.
Por fortuna (estoy a favor de que gane el toro, pero no tanto como para que el torero sufra daños irreparables), parece que el torero Lancho saldrá con bien del trance. ¿Se habrían realizado los mismos alardes gráficos en caso de que Lancho hubiera muerto? Supongo que sí.
Es la ventaja de la lidia. Nos permite jugar con imágenes violentas sin (parece) el menor escrúpulo. Los toros son los toros, señores: hablamos de cultura. No es violencia gratuita. No son ganas de vender morbo. Es eso, cultura. Y no hay cultura más agradecida que la que penetra directamente en el pulmón, con neumotórax y hemotórax y un buen chorro de sangre.
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jueves, mayo 28, 2009
Extasis patrio
Ahí la tienen. La esencia de un país resumida en una sola fotografía con la que hoy nos obsequia el diario El País a sus pagadores. Al fondo la bandera que nos representa como nación, como escenario de la acción el albero y en primer plano un torero en éxtasis frente a un toro que eleva al artista a los cielos del Arte. Qué nobleza, qué orgullo patrio produce semejante sintonía entre toro y torero. Alguien exclamará: ¡Hey! ¡¡Que no está en éxtasis el torero, que es una cogida!! Pues a eso iba, ¿qué mayor éxtasis para el torero que ser penetrado por el toro?
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martes, mayo 26, 2009
Josetxo Goia-Aribe - "La Orquesta Jamalandruki"
Alguien me dijo al respecto de Josetxo Goia-Aribe algo así como que siempre trata de hacer la música que esté de moda en cada momento. Poco después añadió que le resultaba rara para su gusto. Algo no cuadra en esa concepción del saxofonista navarro ya que la moda y lo extraño no suelen ir de la mano salvo en ocasiones contadas que, además, tienen pronta fecha de caducidad. Al contrario que ese alguien pienso que la carrera de Josetxo sigue una trayectoria coherente y lineal desde el principio de su trayectoria discográfica. Siempre ha tenido como referente la música tradicional de su tierra (cultural) e, inspirado por ella, la ha trabajado en diferentes formatos con una forma expresiva ligada a la cultura de un Jazz ECM, fundamentalmente garbarekiano. Por otro lado si buscaba hacer la "música de moda" la jugada le ha salido mal porque nunca lo ha estado y lo conseguido ha sido más bien por su capacidad de esfuerzo y constancia en la labor de "cazador" de conciertos (trabajo) que por una cuestión de popularidad.
No considero a Josetxo Goia-Aribe especialmente un transgresor de la música si no es por contraste con el entorno en el que vive profesionalmente. Lo que él hace no lo hace nadie más a su alrededor y eso le ha llevado a ser un rara avis jazzístico. El problema es que Goia-Aribe se tiene que confrontar aquí con un panorama determinado por una concepción mainstream USAmericana del Jazz, como si esa fuera la verdadera esencia de la música improvisada. Incluso quienes como él han trabajado un repertorio determinado por lo tradicional local y regional lo han hecho desde una perspectiva más swingueante, como si la única manera de hacer Jazz con el folclore fuera sincopar melodías. Lo suyo es otra cosa, es una concepción de la improvisación más amplia que procede de una mentalidad teórica más abierta. Por eso su referente lógico está en Europa, en ese Jazz "a la europea" cuyos standards son melodías y canciones populares y ancestrales con unas sonoridades que determinan la singularidad de la música improvisada propia de Europa.
Contar siempre de partida con un repertorio tradicional vasco-navarro como inspiración puede ser peligroso por reiterativo. Ese riesgo lo ha esquivado Josetxo hasta la fecha con cambios de instrumentación (del dúo saxofón - chelo al combo tradicional de Jazz), por sus pequeñas transgresiones (su Jota Jazz en Herrimiña dio que hablar en los círculos locales) e incluso con la utilización de voces invitadas que, por trayectoria, determinaban un espíritu más Folk, pop o folclórico (entiendo que el Folk es lo folclórico desarrollado). Y ahora, en el sexto, prueba de nuevo con el cambio de instrumentación (sólo vientos y percusión) y se pone más "gamberro" o, como él dice, se va "de juerga". Claro que su espíritu festivo es comedido, elegante incluso, más propio del que vive la fiesta como espectador que como actor. Su refinada visión de la música de las pamplonesas fiestas de San Fermín comparte poco de la borrachera y del estercolero en el que se mueven las txarangas. La Orquesta Jamalandruki (nombre en homenaje a un ilusionista pamplonés fallecido en 1988 que se apodaba "Jamalandruki") recrea el espíritu de esta música de calle con un sentido lúdico y, en ocasiones, circense. Sentido que no pierde cuando abre su campo de acción a otras festividades (los moros y cristianos levantinos, aquí Moras y Cristianas, que suenan sorprendentemente verosímiles a pesar de la corta instrumentación), procesiones religiosas (La Dolorosa, en referencia a la procesión semanasantera del mismo nombre que tantas veces vio pasar en su condición de vecino del casco viejo pamplonés) o canciones de corte popular como El toro y la luna (aquí una especie de chachachá verbenero titulado La luna y el toro). Entre las curiosidades del repertorio un guiño a Thelonious Monk al que anuda el pañuelo rojo sanferminero en una Alegría Monkiana que hace honor al estilo fragmentario del genio pianístico.
En la compañía de dos músicos locales (el trombonista Marco Bellizzi y el intérprete de tuba Luis Orduña), un trompetista británico residente en España (David Herrington, habitual de las agrupaciones de Baldo Martínez) y del percusionista Guillermo McGill (asociado con el Jazz Flamenco) Josetxo Goia-Aribe consigue la complicidad de unos compañeros de "Orquesta" con trayectorias muy dispares entre sí que, sin embargo, asumen con naturalidad tan folclórico y divertido reto. Una propuesta que se articula en pequeñas píldoras de dos o tres minutos (sólo 3 de las 13 pistas superan escasamente los cuatro minutos) que rezuman buen rollo y ánimo festivo dentro de una forma musical estructurada en muchos casos en pequeños corta-pegas en los que abundan las referencias reconocibles para el oyente local y donde los ritmos tradicionales no restan jazzismo alguno a la música.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente aquí.
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Periodismo deportivo
El periodista radiofónico informaba a su audiencia de que el contrato del jugador X fue rescindido el pasado viernes y que el sábado por la noche fue visto en una discoteca de la ciudad. ¿Cómo lo sabe? ¿Cuál era la fuente de su información? El mismo confesaba haberlo visto y, afectado por la mala trayectoria del conjunto de sus amores, criticaba hasta el modo en que el ex-jugador (que ya era "ex" a esas horas de la noche) bailaba en la discoteca.
Preguntas: ¿Se enseña en la asignatura de periodismo deportivo que el adjetivo "deportivo" unido a la actividad periodística no exime de un cierto rigor profesional? ¿Se enseña, por lo tanto, que el periodista deja de ser un forofo de aquello sobre lo que informa mientras esté frente a un micrófono, cámara u cualquier otro medio de comunicación? ¿Tiene sentido (y ética) informar sobre la actividad privada de un jugador de fútbol cuando este ya no pertenece a la disciplina del conjunto sobre el que se está informando?
Preguntas: ¿Se enseña en la asignatura de periodismo deportivo que el adjetivo "deportivo" unido a la actividad periodística no exime de un cierto rigor profesional? ¿Se enseña, por lo tanto, que el periodista deja de ser un forofo de aquello sobre lo que informa mientras esté frente a un micrófono, cámara u cualquier otro medio de comunicación? ¿Tiene sentido (y ética) informar sobre la actividad privada de un jugador de fútbol cuando este ya no pertenece a la disciplina del conjunto sobre el que se está informando?
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lunes, mayo 25, 2009
Versión Original
Al solicitar dos entradas para la sesión de las seis de la tarde en la sala cinco la taquillera, con cara de quien advierte de algo, dijo: ¿Sabéis que es en Versión Original?
Pregunta: ¿Cuál es el sentido de una pregunta así?
Pregunta: ¿Cuál es el sentido de una pregunta así?
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viernes, mayo 22, 2009
Huelga General
Jornada de huelga general ayer en Euskadi y Navarra convocada por varios sindicatos. Llama la atención que siga haciéndose uso del término "piquete informativo" cuando en todo caso debería llevar como calificativo acompañante el de "coactivo". Nadie informa para permitir que el informado tome una decisión sobre aquello que se le propone (el paro en este caso). El piquete se interpone en el camino de la libre decisión. Por su parte el gobierno vasco presume de haber movilizado a la totalidad de efectivos de la policía vasca para que su abultada presencia disuadiera a los piquetes de su intención. La delgada línea que delimita proporcionalidad y Estado policial quedó desplazada del meridiano de las libertades.
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miércoles, mayo 20, 2009
Derechos de Autor
¡Escándalo! La SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) cobra por los derechos de autor en festivales benéficos. El personal se tira de los pelos y usurero es el adjetivo más amable (me imagino los esputos verbales en los foros de la red). Se pone como ejemplo un concierto de David Bisbal por no sé muy bien qué causa. No seré yo quien ponga la mano en el fuego por la SGAE (sus funciones y cómo las ejerce es una cuestión muy diferente) pero pocos son los que tienen en cuenta que la mayor parte de los cantantes (los instrumentistas en esto pintan poco), que son los que ofrecen su gratuidad en estas actividades benéficas, no son (en una inmenso porcentaje) los autores de las canciones que interpretan (o como se quiera llamar a la mayoría de perpetraciones).
Preguntas: ¿Piden permiso los cantantes y organizadores a los autores para la cesión gratuita de los derechos de su autoría? ¿Permitiríamos que alguien usurpara nuestro trabajo y lo regalara, fuere la causa la que fuere, sin nuestro consentimiento? ¿La voluntad de un tercero nos obliga legal o moralmente?
Existe una percepción equivocada de la música y sus derechos. Se extiende la versión (acomodaticia) de que la música es de todos (¿?) cuando será en todo caso del padre o la madre que la parió y, a partir de ahí, lo que haga con ella dependerá de su voluntad, necesidades, etcétera. El trabajo del autor es precisamente ese, crear la música a la que, por otro lado, se puede acceder en muchos casos de manera legal y gratuita (radiofórmulas, por ejemplo). Es decir, existen múltiples facilidades para escuchar música sin pagar por ella, infinitas si sumamos las ilegales. ¿Cuál es la consideración que nos merece el autor? Gloria para el intérprete, ni siquiera posibilidad de olvido para el autor. Para eso primero habría que conocer su nombre.
Preguntas: ¿Piden permiso los cantantes y organizadores a los autores para la cesión gratuita de los derechos de su autoría? ¿Permitiríamos que alguien usurpara nuestro trabajo y lo regalara, fuere la causa la que fuere, sin nuestro consentimiento? ¿La voluntad de un tercero nos obliga legal o moralmente?
Existe una percepción equivocada de la música y sus derechos. Se extiende la versión (acomodaticia) de que la música es de todos (¿?) cuando será en todo caso del padre o la madre que la parió y, a partir de ahí, lo que haga con ella dependerá de su voluntad, necesidades, etcétera. El trabajo del autor es precisamente ese, crear la música a la que, por otro lado, se puede acceder en muchos casos de manera legal y gratuita (radiofórmulas, por ejemplo). Es decir, existen múltiples facilidades para escuchar música sin pagar por ella, infinitas si sumamos las ilegales. ¿Cuál es la consideración que nos merece el autor? Gloria para el intérprete, ni siquiera posibilidad de olvido para el autor. Para eso primero habría que conocer su nombre.
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lunes, mayo 18, 2009
Otra más
Una más (y van... ni sé cuántas van) de nuestra querida televisión pública ibérica e insular. No alcanza el súmmum del momentazo himno de la final de la Copa del Rey futbolera (¿por qué el escándalo mayor fue que no se emitiera en directo cuando lo más grave fue el montaje audio-vídeo posterior?) pero para quienes somos aficionados al deporte de la canasta no es si no una más (y van... ni sé cuántas van). Joventut - Real Madrid, cuartos de final de la ACB (segundo partido al mejor de tres), dos minutos finales con marcador empatado y, tras varios fallidos intentos de conexión (con varios pantallazos en negro), ¡zasca!, pantallita minúscula para el basket y recuadro grande para... para para paraaaa... ¡la Bonoloto! En riguroso diferido (como se encarga de reconocer la voz institucional). Es decir, La 2, que entiendo emite a diario el sorteo de la Bonoloto, pospone hoy su emisión por la retransmisión del baloncesto y, en vez de esperar a que finalice el partido, decide emitir en riguroso diferido el sorteo mientras el partido se disputa en sus dos últimos minutos. ¿Qué tipo de luminaria toma una decisión así (y van... ni sé cuántas van)? Para colmo en vez de simplemente poner en pantalla el número premiado emiten íntegro el sorteo (que ya se ha celebrado), con sus correspondientes bombos pelotita por pelotita, para recrear en riguroso diferido la emoción de un sorteo ya resuelto con la mala fortuna de que el bombo del reintegro se ha atascado por lo que el proceso se ha alargado (en riguroso diferido, claro). Tras la vuelta al basket tiempo muerto, publicidad que entra tarde, vuelve por lo tanto con el partido comenzado, jugada que no vemos tras la cual... otro tiempo muerto. En fin... una más (y van... ni sé cuántas van).
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domingo, mayo 10, 2009
Toreros (Manuel Vicent)
El arte consiste en representar plásticamente en un cuadro, como lo hizo Goya, ese momento en que el toro entra al caballo y el picador escarba con la puya en el morrillo para inferirle una herida cuya sangre le llegará a la pezuña. El arte consiste en pintar esa brutalidad, pero no en realizarla. Para ejecutar ese acto en vivo sólo hay que tener fuerza y destreza. El arte consiste en llevar al lienzo de forma magistral ese momento en que un paisano le mete la faca en la tripa al caballo de un mameluco un 2 de mayo o captar al día siguiente esa fracción de segundo en que un rebelde abre los brazos ante la descarga de plomo en los desmontes de la Moncloa al ser fusilado por los franceses. Aunque ese paisano, llevado por la cólera, clavara con habilidad la faca hasta el puño y el pelotón abriera fuego a su cabeza con absoluta exactitud, no por eso los llamaremos artistas. Hay mucha gente que hace las cosas bien. Freír buñuelos ¿es un arte o un oficio? Llamar arte a la destreza de pasarse a un toro por la tripa manipulando una tela es un despropósito, por mucho que los aficionados valoren esos lances, y al despropósito se añade la degradación e incluso la ignominia si el ministerio de Cultura equipara ese oficio a la labor de los poetas, pintores, músicos, bailarines o actores insignes, premiando cada año con una medalla similar al torero de turno. Recientemente ha habido un pique entre matadores. Dos de ellos, que se creen ese cuento, han devuelto la medalla al ministro de Cultura, al sentirse agraviados en su arte porque también le ha sido concedido a un colega mediocre cuya fama se debe sólo a la prensa del corazón. A lo largo de la historia la cultura en España ha sufrido una continua humillación a través de la incuria popular, la falta de medios y el desinterés de los políticos, pero ninguna caída es comparable al hecho de que el ministerio haya elevado oficialmente a la categoría de arte la tortura de un animal, que se ofrece al público como espectáculo. No son estos toreros celosos, sino los pintores, músicos, actores y poetas premiados quienes deberían remitir a la ministra de Cultura la medalla ahora degradada al tener que compartirla con el oficio de sacrificar toros diestramente a navajazos.
Publicado originalmente en El País (10/05/2009)
Publicado originalmente en El País (10/05/2009)
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jueves, mayo 07, 2009
Encuestas
Las encuestas no son nada, dijo el político, sólo viento y aire. Acto seguido se ahogó.
domingo, mayo 03, 2009
¡Qué fin de semana!
No iba a ser menos el Barça de basket... En el fin de semana del 2-6 del Bernabéu los de Xavi Pascual han ganado a Olympiacos consiguiendo el tercer puesto de la Euroliga. ¡Eh! Un respeto... que ganar la Euroliga ya se había ganado pero lo del tercero no había manera.
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viernes, mayo 01, 2009
En el día en que Vichy Catalán superó la resaca...
... e hizo el partido de su vida (culé), Siskauskas se salió. Lo que no termino de entender es cómo este Barça ha conseguido llegar a la Final Four. Mérito tiene haber tenido a raya al CSKA durante 33 minutos (¿o será que el CSKA jugaba a la mítica táctica del conejo de Manel Comas?) pero es imposible pretender que sea domingo en viernes (aunque por si acaso lo hemos probado en 1 de mayo). ¿Cómo se puede jugar todo el partido con ataques desde 9 o 10 metros? ¿Por qué nunca se aprovecha el poderío interior de Santiago, Vázquez y Trías (¿?)? ¿Por qué sale Fran Vázquez a defender fuera si no sabe defender fuera? ¿Qué sistema de juego es el que se decide una y otra vez buscando un triple inverosímil? En fin, preguntas que no llevan a ningún lado... bueno sí, a disfrutar de un fantástico partido por el tercer puesto y a que Laporta se ahorre un viaje a Berlín el domingo. Todo sea por la crisis.
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lunes, abril 27, 2009
miércoles, abril 15, 2009
El cielo como defensa
martes, abril 14, 2009
sábado, abril 11, 2009
Apuntes de "Por la ruta de la memoria"
El pasado martes la televisión pública española estrenaba en su segundo canal el espacio "Por la ruta de la memoria" en el que el escritor Manuel Vicent nos llevaba de viaje, para la ocasión, a la isla de Sicilia. "Primavera en Sicilia" fue el título para el estreno. Algunos apuntes de lo visto y oído (del guión es coautor el propio Vicent):
Cuando los viajeros se convierten en turistas pueden roer las entrañas de la belleza en cualquier punto del planeta donde se posen.
Antiguo esplendor de la naturaleza que la política ha sometido a una ruina.
Si prega non sputare sul pavimento (placa en el interior de una iglesia).
Las piedras muertas pierden lentamente importancia y el arte se ve sustituido por el fregado de la existencia (sobre una imagen de gente joven de fiesta por la calle).
El vacío es la esencia de todas las cosas.
Soñando deseos imposibles esperando el lunes (un domingo al sol en el parque).
Cuando los viajeros se convierten en turistas pueden roer las entrañas de la belleza en cualquier punto del planeta donde se posen.
Antiguo esplendor de la naturaleza que la política ha sometido a una ruina.
Si prega non sputare sul pavimento (placa en el interior de una iglesia).
Las piedras muertas pierden lentamente importancia y el arte se ve sustituido por el fregado de la existencia (sobre una imagen de gente joven de fiesta por la calle).
El vacío es la esencia de todas las cosas.
Soñando deseos imposibles esperando el lunes (un domingo al sol en el parque).
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jueves, abril 02, 2009
Joel Harrison & Christian Howes Quartet (IX Ciclo de Jazz Universidad Pública de Navarra / Iruñea - 1/04/2009)
Lanzo la moneda al aire y… ¡al concierto! Ha salido cruz. Hace años que procuro evitar sufrir con las esporádicas actividades jazzísticas que se celebran en la ciudad de Iruñea – Pamplona. Esta vez concedo la decisión al azar de la moneda y me encamino al… no sé cómo describirlo. Oficialmente es un edificio universitario de comedores. ¡Eso es lo que es! Un edificio de comedores. Ni un auditorio, ni una sala de cámara, ni siquiera un aula magna, aquí el universitario deglute a diario. Tengo especial interés por escuchar a ese guitarrista llamado Joel Harrison que descubriera con su estimulante encuentro de Jazz y música Country en Free Country (ACT – 2003). Su concierto en cuarteto comparte nominal liderazgo con el violinista Christian Howes. Programado a las siete, a las siete las puertas permanecían cerradas. Una vez abiertas recuerdo uno de los motivos que me alejaron de este mini ciclo hace años. El improvisado escenario se sitúa frente a una hilera de mesas alargadas a cuyos lados están situadas las sillas, fijadas al suelo y con limitada capacidad de giro. Eso significa que en cada mesa una de las líneas de sillas queda inhabilitada para su uso en el concierto, a no ser que se prefiera permanecer mirando al personal en vez de a los músicos (quizá aquí le viniera a Abbas Kiarostami su idea para la película Shirin). Me sitúo en primera fila, para evitar unas cuantas de charlatanes (ya se sabe que el Jazz es música para beber y gritar), espero y espero, saludo a conocidos, aguardo mi porción del rancho (¡despierta Carlos, es un comedor pero ahora no sirven comida!) y sigo esperando. Lo inexplicable es que cómo pasados veinte minutos de la hora hay quien entra tan tranquilo. ¿Cómo sabían lo de los más de veinte de retraso? Nadie explica nada pero a nadie parece importarle.
Sin mucha más referencia que esa grabación mencionada de Harrison me dispongo a la escucha. Iniciados los primeros compases, y todavía abrumado por el impacto súbito del volumen y los graves (imagino que cuando Howes nos preguntó por el sonido habría alucinado con el “great” general), un grupo de jóvenes hace notar su llegada. Arrastran unas sillas (imagino que no las habrán arrancado, aunque tal y como está Bolonia…) hasta situarlas a conveniencia detrás de mi fila, por delante de la siguiente mesa (y sus correspondientes e inútiles sillas Kiarostami). ¿Qué hago yo aquí? Maldigo la moneda de mi suerte pero, ya que estoy, ejercito mis habilidades de aislamiento social (tan y tan trabajadas en múltiples proyecciones cinematográficas). El concierto comienza frío, yo estoy frío, el local es frío, y lo que es peor, sospecho que la música está cogida con pinzas. Se percibe cierto desajuste desde el escenario, miradas de incógnita sobre lo que suena resueltas, sin embargo, con la capacidad de maquillaje que se les supone por bagaje. No es una música fácil para una primera vista la que firma Harrison (la mayoría de composiciones del concierto son suyas) y la sospecha de falta de rodaje es permanente. Cierto es que baterista y bajista, jóvenes productos de la academia Berklee, han llegado casi por los pelos al concierto desde Nueva York (aterrizaje en Madrid y carretera hasta el viejo Reyno, nos cuentan) y se les puede suponer un tanto desorientados aunque, en el fondo, cumplen (Berklee estaría orgulloso). Una segunda sospecha es que ambos forman parte colateralmente del proyecto (si es que este existe como tal), reclutados al grito de: ¡Chicos! Nos vamos a Europa. ¿Alguien se quiere venir?
El concierto responde en parte a la idea previa que tengo de Harrison y del toque Country de su música. El uso del violín ayuda a reforzar el terreno de lo tradicional y, sin embargo, las composiciones devienen en largas progresiones de gran poder rockero subrayadas por largos solos de Howes que utiliza de manera frecuente la distorsión guitarrera para su violín (esos juguetitos). Todo gira en torno a Harrison, sus miradas delimitan solos y posibles despistes, sostiene la música cuando esta parece estar en mayor peligro y la hace caminar. El fraseo conjunto de guitarra y violín, cuando este no utiliza distorsión, tiñe de vaquero la música. Sin embargo cuando Howes distorsiona el concierto discurre por parámetros de purito Jazz-Rock sustentado a su vez en la contundencia del baterista Jordan Perlson (amigo Perlson, esas miradas de Harrison pedían pianissimo) y en la adecuada función que un bajo eléctrico, el de Evan Gregor en este caso, ofrece a la música que así viste. Cuando los temas se abren, cuando se puede olvidar el solista de los juegos rítmicos del Harrison compositor, la cosa se templa en el escenario y se calienta en el público. La dinámica se reitera en muchos de los temas: del jugueteo inicial ya sea por medio de notas largas de guitarra y violín (buscando la correspondiente tensión armónica) sobre una nerviosa base rítmica de la batería o de una exposición más melódica y tradicional (en el sentido vaquero y baladista de la palabra) se pasa a territorios más atmosféricos que, in crescendo, devienen en largos solos de los dos líderes nominales hasta volver a la reexposición temática. Ortodoxia conceptual, no por ello menos meritoria si es personal. Y me resulta tan admirable la precisión de los jóvenes bostonianos, especialmente del baterista, como falta de expresión personal. No es una novedad viniendo de la fábrica de jazzistas por excelencia.
Entre música y bromas (“Después de que durante ocho años nos insultaran por Bush en Europa espero que ahora con Obama cambie”, dijo Harrison) el cuarteto regala algo más de hora y cuarto de música de agridulce regusto. Harrison compone bien, tiene muy claro su concepto musical y es un guitarrista notable pero este cuarteto parece más para la ocasión que un proyecto de enjundia (o al menos verde para salir de gira). Aunque visto el comedor no era como para exigencias de gourmet.
© Carlos Pérez Cruz
Publicado originalmente aquí.
Sin mucha más referencia que esa grabación mencionada de Harrison me dispongo a la escucha. Iniciados los primeros compases, y todavía abrumado por el impacto súbito del volumen y los graves (imagino que cuando Howes nos preguntó por el sonido habría alucinado con el “great” general), un grupo de jóvenes hace notar su llegada. Arrastran unas sillas (imagino que no las habrán arrancado, aunque tal y como está Bolonia…) hasta situarlas a conveniencia detrás de mi fila, por delante de la siguiente mesa (y sus correspondientes e inútiles sillas Kiarostami). ¿Qué hago yo aquí? Maldigo la moneda de mi suerte pero, ya que estoy, ejercito mis habilidades de aislamiento social (tan y tan trabajadas en múltiples proyecciones cinematográficas). El concierto comienza frío, yo estoy frío, el local es frío, y lo que es peor, sospecho que la música está cogida con pinzas. Se percibe cierto desajuste desde el escenario, miradas de incógnita sobre lo que suena resueltas, sin embargo, con la capacidad de maquillaje que se les supone por bagaje. No es una música fácil para una primera vista la que firma Harrison (la mayoría de composiciones del concierto son suyas) y la sospecha de falta de rodaje es permanente. Cierto es que baterista y bajista, jóvenes productos de la academia Berklee, han llegado casi por los pelos al concierto desde Nueva York (aterrizaje en Madrid y carretera hasta el viejo Reyno, nos cuentan) y se les puede suponer un tanto desorientados aunque, en el fondo, cumplen (Berklee estaría orgulloso). Una segunda sospecha es que ambos forman parte colateralmente del proyecto (si es que este existe como tal), reclutados al grito de: ¡Chicos! Nos vamos a Europa. ¿Alguien se quiere venir?
El concierto responde en parte a la idea previa que tengo de Harrison y del toque Country de su música. El uso del violín ayuda a reforzar el terreno de lo tradicional y, sin embargo, las composiciones devienen en largas progresiones de gran poder rockero subrayadas por largos solos de Howes que utiliza de manera frecuente la distorsión guitarrera para su violín (esos juguetitos). Todo gira en torno a Harrison, sus miradas delimitan solos y posibles despistes, sostiene la música cuando esta parece estar en mayor peligro y la hace caminar. El fraseo conjunto de guitarra y violín, cuando este no utiliza distorsión, tiñe de vaquero la música. Sin embargo cuando Howes distorsiona el concierto discurre por parámetros de purito Jazz-Rock sustentado a su vez en la contundencia del baterista Jordan Perlson (amigo Perlson, esas miradas de Harrison pedían pianissimo) y en la adecuada función que un bajo eléctrico, el de Evan Gregor en este caso, ofrece a la música que así viste. Cuando los temas se abren, cuando se puede olvidar el solista de los juegos rítmicos del Harrison compositor, la cosa se templa en el escenario y se calienta en el público. La dinámica se reitera en muchos de los temas: del jugueteo inicial ya sea por medio de notas largas de guitarra y violín (buscando la correspondiente tensión armónica) sobre una nerviosa base rítmica de la batería o de una exposición más melódica y tradicional (en el sentido vaquero y baladista de la palabra) se pasa a territorios más atmosféricos que, in crescendo, devienen en largos solos de los dos líderes nominales hasta volver a la reexposición temática. Ortodoxia conceptual, no por ello menos meritoria si es personal. Y me resulta tan admirable la precisión de los jóvenes bostonianos, especialmente del baterista, como falta de expresión personal. No es una novedad viniendo de la fábrica de jazzistas por excelencia.
Entre música y bromas (“Después de que durante ocho años nos insultaran por Bush en Europa espero que ahora con Obama cambie”, dijo Harrison) el cuarteto regala algo más de hora y cuarto de música de agridulce regusto. Harrison compone bien, tiene muy claro su concepto musical y es un guitarrista notable pero este cuarteto parece más para la ocasión que un proyecto de enjundia (o al menos verde para salir de gira). Aunque visto el comedor no era como para exigencias de gourmet.
© Carlos Pérez Cruz
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