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sábado, marzo 13, 2010

Obsesión y conmoción - Música y muerte de Vic Chesnutt

Vic Chesnutt (fotografía de Jem Cohen)

Totalmente conmocionado. Un arrebato de última hora me había llevado al cine para ver la película de un tal Jem Cohen. Empires of tin, una reflexión sobre la decadencia del imperio austro-húngaro y del imperio de Estados Unidos. Algo así recuerdo que leí sobre esa película. Jem Cohen estaba en la sala, creo que hizo una presentación previa, y se proyectó primero un breve corto, Little Flags, con imágenes de una fiesta en las calles de Manhattan por la victoria en la Guerra del Golfo de 1991. La celebración de victorias militares suele ser ridícula; con la imagen de las Torres Gemelas en pie, premonitoriamente ridícula. Apenas unos minutos, cortos, y paso a Empires of tin. La película parece ser la grabación de una actuación. Se ve el escenario sobre el que actúan los músicos, la pantalla de un cine donde se proyectan a la par imágenes y entre tema y tema se leen breves textos. Me resulta llamativo el tono granulado de las imágenes de Jem Cohen, la forma en que están tratadas, como si las fotografías del pasado fueran sarpullidos sobre la pantalla. Y me impresiona la música: visceral, cruda por momentos, íntima en otros, cantados por un tipo en silla de ruedas cuya voz es tan natural como punzantes son sus palabras: Faith is the lies we tell and tell ourselves. Life is the lies we tell everybody else. Y durante unos minutos no puedo dejar de darle vueltas a aquéllo que acabo de escuchar. En otro momento se confiesa: I´m a coward y no puedo quitarme de la cabeza que este es un músico especial, que esta música tiene una franqueza aterradora y excitante, que no tiene impostación alguna. ¿Quién será este tipo?

La proyección finaliza y se abre un turno de preguntas. Recuerdo que hice dos o tres sobre la relación de la imagen y la proyección, cosas así. Jem Cohen respondió, no recuerdo bien qué; cortés pero con cierta aspereza. Parece tímido y algo introvertido aunque muestra tener sentido del humor. Me ha interesado mucho la película, me ha entusiasmado la música y me propongo intentar ver todo lo posible que de Jem Cohen se va a proyectar durante una semana en el festival Punto de Vista en Pamplona. Cumplo con mi propósito en días sucesivos aunque no llego a todo lo que me gustaría. La experiencia lo convierte en un referente, en una pequeña obsesión que todavía hoy permanece en mi cabeza. Pero esa obsesión quizá la exprese otro día en palabras. Hoy las que gasto son para la música de esos Empires of tin.

Vuelvo a casa y empiezo a buscar por internet información sobre la película y sobre su música. Encuentro el nombre de Vic Chesnutt. Él firma lo que he escuchado. Busco un poco más y me doy de frente contra la noticia de su reciente muerte. Se suicidó el 25 de diciembre de 2009. Es decir, ni siquiera ha transcurrido mes y medio en el día en que lo escucho por primera vez. Averiguo un poco más y me encuentro con que la relación entre Chesnutt y Cohen es de amistad, que incluso Cohen ha producido grabaciones de Chesnutt. Me siento ridículo. Imagino que a Jem Cohen le ha tenido que resultar ridículo escuchar el tipo de preguntas que hemos hecho sobre la película. O quizá no, pienso ahora; quizá lo considere un acto de consideración. Pero estoy seguro de que no tuvo que resultarle fácil ver a su amigo muerto tan vivo en la pantalla, tan intenso y nervioso. Días después, en otra proyección, se nos explicará que una de las películas previstas para la sesión inaugural de la retrospectiva dedicada a Jem Cohen no se había proyectado porque el director estaba muy afectado por la muerte de su amigo. No se menciona el suicidio.

Tengo dos nuevas obsesiones paralelas (Jem Cohen y Vic Chesnutt) que se suman a las ya consagradas en mi vida. Y está bien aunque uno llega a sentirse desbordado por tanto que escuchar, tanto que ver y tanto que leer. Tengo claro que no me bastará con esta vida así que quizá deba buscar el modo de volver. Mientras tanto hago lo que puedo y, en el caso de estas dos nuevas obsesiones, busco la manera de acercarme a la música y de volver a ver la película. Y aquí están: la música y la película han llegado desde Canadá, desde el sello que ha editado el disco que despide una carrera y la película que le retrató en la Viennale de 2007 (en Viena), que es donde se registró este Evening´s civil twilight in empires of tin (título completo).

Escucho una y otra vez At the Cut, el disco que cierra una carrera. Escucho y procuro entender las letras hasta la última coma. Y conforme entiendo la música se me anuda más y más fuerte a la garganta al comprender qué se esconde tras esa sinceridad en bruto:

Soy un hombre,
consciente de mí mismo
y allá donde voy
estás siempre ahí conmigo
He flirteado contigo toda mi vida
incluso te he besado una o dos veces
y hasta este día juro que era agradable
pero claramente no estaba preparado.
Cuando tocaste a un amigo mío
pensé que iba a perder la cabeza
pero averigué con el tiempo
que realmente, yo no estaba preparado.
Oh muerte, no estoy preparado
oh muerte, me intimidas
y diezmas a aquellos que me son queridos
incluso te burlas de mí con tu dulce alivio
Eres cruel y constante
cuando mi madre estaba enferma de cáncer
ella luchó pero entonces sucumbió
pero hiciste que rogara por ello
"señor Jesús, por favor, estoy preparada"
oh muerte... claramente no estoy preparado *

Encuentro en Youtube un vídeo** de una actuación suya el 5 de noviembre de 2009, apenas un mes y unas semanas antes de su suicidio, donde se escucha esta letra. Y en los últimos momentos de la canción parece no poder más, parece no soportar el dolor. O quizá es que la propia letra es demasiado para él. Me produce escalofríos. Vic Chesnutt tuvo un accidente de coche con 18 años que le dejó en silla de ruedas. Desde ese momento tuvo serios problemas de salud y el sistema sanitario de Estados Unidos fue chupándole la vida hasta dejarle con una deuda de 50000 dólares. Es confuso de donde viene todo porque la documentación es indescifrable. He sufrido varias intervenciones en un periodo corto de tiempo - un par de años - y de eso, ahora debo cincuenta mil dólares. (...) No es un sistema de libre mercado, es un sistema de empresa privada y es terriblemente burocrático. (...) He tenido una relación íntima con la industria de la salud durante muchos, muchos años. He estado en hospitales alrededor del mundo también así que he visto el modo en que trabajan en otros países. Algunos de los debates sobre la atención médica que hay ahora son de lo más absurdo que he visto nunca. ¡Es hilarante! Obama es un incompetente y los de la derecha idiotas. (...) Y el ala derecha... como lo que dijo McCain sobre los recortes de impuestos, la reforma de responsabilidad civil y la desregulación - que no va a ayudar, que no va a conseguir lo que queremos. Esto no va a hacer feliz a nadie. Creo que lo único que podría ayudar es derogar algunas leyes que están en los libros... cosas que hizo Reagan. Gastamos todo el dinero en el Instituto Nacional de Salud y todo ese dinero en la investigación, y luego se les da la patente a las industrias farmacéuticas que después nos hacen pagar una fortuna por ello. (...) en los ochenta, el Instituto Nacional de Salud gastó millones de dólares en investigación de medicamentos, y entonces todo el mundo tenía la patente así que podías hacer versiones genéricas más baratas de esos medicamentos y todo el mundo estaba contento. Ahora el dinero de investigación para medicamentos está dirigido a hacer dinero. (...) Siempre me sorprende el absurdo de sus políticas. El modo en que republicanos y demócratas pueden trabajar juntos es reformando el sistema porque tal como está no importa lo que haga Obama, no va a suceder. La derecha huele sangre y siente que tiene que ganar esto.***

El 25 de diciembre de 2009 Vic Chesnutt se suicida. Leo una nota en la web de Los Angeles Times que informa de que Chesnutt, paralítico después de un accidente de coche en 1983, era conocido por crear música poética y melancólica. Murió de una sobredosis intencionada de relajantes musculares prescritos, según dijo un familiar****. El mismo diario redigiría a un artículo del 1 de diciembre de 2009 en su blog de música que se iniciaba con las siguientes palabras: Si alguna vez usted necesitó un claro ejemplo de la crueldad institucionalizada del sistema de salud americano, pregunte a Vic Chesnutt. Y el propio Chesnutt afirmaba: Podría morir mañana por otras operaciones que necesito que no me puedo permitir.*****

Amo a mis antepasados
pero no ritualmente
No les culpo ni les alabo
por todo las cosas que me pasaron
y no necesito altares de piedra
para ayudar a cubrirme la apuesta
contra la oscuridad que se avecina.
Eso es lo que es, es lo que es******

Me siento feliz por haber descubierto a Vic Chesnutt. Una tras otra sus canciones inoculan mi cerebro de la manera en que sólo los verdaderos creadores son capaces; la de quienes penetran hasta lo más hondo del alma sin necesidad de gafas tridimensionales ni aspavientos. Me siento triste por haber llegado tarde, pero agradecido por haber llegado. Y me entristece tanta verdad contenida en unos versos cantados. Parece que la verdad ha nacido para ser cantada; pero no para ser cambiada.

© Carlos Pérez Cruz

* Letra de Flirted with you all my life (del disco At the Cut)
** El vídeo está ahí para quien quiera mirarlo. Se busca y se encuentra. Me afecta lo que veo. No sé si resulta morbosa su difusión y prefiero no insertarlo en este texto.
*** Opiniones de Vic Chesnutt recogidas en el The Huffington Post el 17 de septiembre de 2009.
**** Nota publicada en la web de Los Angeles Times el 26 de diciembre de 2009.
***** Artículo del blog musical de Los Angeles Times publicado el 1 de diciembre de 2009.
****** Fragmento de la letra de It is what it is (del disco At the Cut).

Nota: Las traducciones son de mi propia cosecha. Pido disculpas por los posibles errores en que hubiera podido incurrir.

Publicado originalmente aquí.

jueves, marzo 11, 2010

Johnny Cash - "American VI: Ain´t no grave"

78 años después de su nacimiento y casi siete después de su muerte se ha publicado un nuevo trabajo discográfico del cantante Johnny Cash dentro de la serie American que se inició en 1994. Se trata del sexto volumen de la serie titulado en este caso Ain´t no grave, tema con el que abre un disco en el que también hace versión de Redemption Day de Sheryl Crow, entre otros. En la edición del 10 de marzo de 2010 de Más vale tarde de Radio Vitoria (EiTB) dediqué mi ratito musical a este disco y también a recordar el The Johnny Cash Show que presentó en la ABC de Estados Unidos entre 1969 y 1971 y por el que pasaron ilustres de la música como el trompetista Louis Armstrong que tocó con él en una emisión del 28 de octubre de 1970, apenas meses antes de su fallecimiento:





Como complemento al audio dejo este vídeo que recoge la visita de Louis Armstrong al programa de Johnny Cash en la ABC:

miércoles, marzo 10, 2010

No desearás...








... el mal ajeno. Ni te regodearás con él... pero, ¿y lo bien que sienta?


Robert Wyatt a la francesa... en "Carne Cruda"

Uno de los músicos favoritos de Javier Gallego, "Crudo", es el británico Robert Wyatt, fundador de Soft Machine que supo reinventarse tras una caída que le dejó paralítico en 1973. Su lánguida voz y algunos de los temas claves de su trayectoria conforman el último proyecto discográfico de la Orquesta Nacional de Jazz de Francia, dirigida en la actualidad por Daniel Yvinec, titulado Around Robert Wyatt que "Crudo" se ha venido a escuchar a nuestro Club de Jazz en la visita de hoy del programa Carne Cruda de Radio 3 (RNE):




Dan Berglund´s Tonbruket - "Tonbruket"


En octubre de 2008 tuve la oportunidad de conversar con el baterista del trío E.S.T. (Esbjörn Svensson Trio), Magnus Öström, con motivo del lanzamiento del que se había convertido en disco póstumo del trío, Leucocyte, tras la muerte apenas cuatro meses antes del pianista que daba nombre a la formación. Entonces, todavía bajo el impacto de una pérdida personal y profesional, Öström no sabía muy bien qué futuro le esperaba a él mismo y a Dan Berglund, el bajista del trío. En ese momento bastante tenían con encontrar una razón para volver a tocar. Un año y medio después de esa conversación no sé qué es de Öström pero sí sé que Berglund ha retomado una carrera que desde principios de los noventa había estado monopolizada (para mi regocijo) por E.S.T.

No he encontrado ninguna reseña de este disco que me ocupa que no cite al trío de Svensson. No hacerlo sería un meritorio ejercicio de malabarismo pero dejaría fuera de contexto un proyecto que nace como consecuencia de la pérdida prematura (44 años) del pianista en accidente de buceo. La permanencia en el tiempo de los grupos del ámbito del Jazz no es frecuente y en el caso de E.S.T. - que gustó, ¡y mucho! - es lógico que no dejara espacio a muchas más aventuras musicales. Y si surgen proyectos que incluyan a Dan o a Magnus, al menos de primeras, tendrán una atención que sin E.S.T. probablemente no hubieran tenido; además de que, de manera inconsciente (o no), busquemos con ellos cubrir el hueco que el trío nos dejó.

Sin olvidar a su compañero tantos años - se supone que para él va Song for E - Dan Berglund retoma la actividad discográfica con Tonbruket (palabra sueca que, por lo visto, hace referencia a los talleres de sonido) y lo hace con un cuarteto en el que se reencuentra con un guitarrista con el que ya tocaba en los años pre-E.S.T., Johan Lindström. Me llama poderosamente la atención el sonido de su pedal steel guitar; su toque hawaiano aporta un tono espectral al bloque sonoro de Tonbruket en el que la querencia es hacia los grandes espacios y hacia una embalaje final de tono rockero y progresivo. Música de carácter experimental pero no por ello vanguardista. Ya en las notas promocionales del disco nos hablan de influencias directas y concretas: Deep Purple, Emerson, Lake and Palmer, Radiohead o Royksopp son algunas de ellas. Y aunque uno tiende a no tomar demasiado en consideración los apuntes promocionales lo que nos indican en este caso es que el resultado final del grupo es una confluencia de estéticas diversas, cuya etiquetación quizá fuera en su momento precisa por separado, pero que hoy suman desde el bagaje - como oyentes y profesionales de quienes firman el proyecto - para crear un todo de difícil catalogación. Insisto en que ello no convierte en vanguardia todo lo que se hace pero sí que nos sitúa ante nuestras propias limitaciones analíticas y ante la dificultad para hacer entender al personal de qué estamos hablando (algo que se soluciona abandonando estas palabras y procediendo a la escucha). Así uno se encuentra (y acudo de nuevo al texto promocional) con etiquetas como “rock”, “ambient music”, “drum n´bass”, “prog-heavy”, “hard rock” o “pop” y con calificativos para la música de Tonbruket que van de un sonido “classic acoustic” a “electronically alienated” (¿?). Lo curioso es que en ningún momento se menciona el “Jazz” como forma estética cuando tengo para mí que es a partir del Jazz (como actitud) como muchos de los elementos se integran con naturalidad. Es más, la improvisación tiene una clara vocación jazzística (y conforme escribo esto me pregunto: ¿qué significa eso?).

No importa. Sea cual sea la palabra más precisa para definir a Tonbruket lo interesante es que es posiblemente la indefinición uno de sus atractivos (y seguramente uno de los quebraderos de cabeza para encontrarles colocación en escenarios y festivales dado el sistema de valores). Hay líneas melódicas realmente hermosas (me acongoja Sister sad), mezclas sonoras excitantes, fondos sonoros de ciencia ficción sobre los que se escuchan solos tan extravagantemente hermosos como el de Lindström con su guitarra pedal steel en Sailor Waltz (tema de Berglund que bien podría haber sido banda sonora para el viaje de Yuri Gagarin) e incluso un curioso tema circular como Gi Hop que a mí me recuerda a algunas de las formas musicales de uno de los grandes grupos Folk suecos: Hedningarna (aunque parece estar más extendida por la red la opinión – copy & paste – de que la referencia es la Penguin Cafe Orchestra). Se puede uno imaginar un western futurista escuchando Cool blooded music o directamente recorrer la USAmérica de Una historia verdadera (David Lynch) con el punto country de The wind and the leaves.

Uno de los méritos de E.S.T. es que, sin cambiar el rumbo de la música, supo componer y hacer madurar un estilo reconocible a partir de los diferentes gustos musicales y aportación de sus tres componentes. El punto de partida de Tonbruket parece semejante; el estilo diferente. Que el tiempo permita la maduración y definición de la personalidad de este cuarteto ya se verá.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

jueves, marzo 04, 2010

La música de la Ruta de la Seda


Con el nombre de Ruta de la Seda se conoce a una serie de rutas comerciales entre Asia y Europa que fueron las principales vías de comunicación aproximadamente entre dos siglos antes de Cristo y el siglo XV cuando su importancia disminuyó por la competencia de otras formas de comunicación como la marítima. Bautizada como Ruta de la seda en el siglo XIX por el barón alemán Ferdinand von Richthofen, geólogo y explorador, hacía referencia en su nombres a una de las mercancías más preciadas que circulaban por estas rutas comerciales: la seda. A ese vasto territorio cultural (que incluye territorios de la actual China, Mongolia, Irán, Iraq o Turquía) está dedicado el proyecto Silk Road liderado por el chelista Yo-Yo Ma y fundado en 1998 y con carácter pedagógico y creativo. Son cinco las grabaciones discográficas editadas hasta la fecha, una de ellas de campo, en las que destacan la reunión de músicos de muy diversos países y el tratamiento actual de motivos e instrumentos ancestrales. A ellos he dedicado la sección musical del programa Más vale tarde de Radio Vitoria (EiTB) del miércoles 3 de marzo de 2010:




miércoles, marzo 03, 2010

Entrevista con Ken Vandermark

(...) Hay música increíble ahora. Pero muy poca está siendo cubierta porque es tan inmediata… Así que, de nuevo internet, es allí donde toda esta información está diseminada. El problema es que hay tanto material que el papel del periodismo es realmente importante porque no todo es bueno. Sólo porque no sea comercial no significa que sea bueno y tampoco porque sea comercial significa que sea malo. Esa ecuación es idiota. Depende de la calidad y el contenido. Y todas esas cosas son subjetivas. Es interesante ver cómo piensa y discute una persona inteligente cuando habla sobre arte.(...)

(...) Para que la música siga adelante y deje el pasado, como tú has preguntado, tenemos que hacer cosas que no encajen en el sistema. Lo que significa que será difícil que escriban cosas sobre nosotros o tener discos o conseguir conciertos porque estamos lanzando un reto al público, a la industria y a nosotros mismos. Pero si no lo hacemos la música permanecerá siempre en el pasado. Yo vengo de los Estados Unidos y para ser honesto tengo que decir que la mayor parte de la música que he escuchado conectada con el Jazz está pensando más en el pasado que pensando en este momento. Y, ¿quién sabe que traerá el futuro? Pero si no nos preocupamos del ahora entonces estamos atascados en el pasado. Y por eso pienso que estas cosas que tienen que pasar para que la música evolucione son también, no un castigo, pero tienen que crear tal tensión dentro de todo esto... ¡Y esa tensión ha estado ahí desde el principio! Si lees artículos sobre Duke Ellington, al que se considera uno de los grandes compositores americanos del siglo XX… ¡fue incomprendido durante toda su carrera! (...)

Puedes escuchar la entrevista íntegra en la edición del 3/03/2010 de Club de Jazz o bien leer la transcripción de la conversación. También puedes escuchar la versión original en inglés.

© Carlos Pérez Cruz

martes, marzo 02, 2010

The Ex & Brass Unbound

Todavía bajo los efectos de la intensa sesión de Fire Room del pasado jueves en Huesca, y antes de emitir la entrevista grabada allí con el saxofonista Ken Vandermark, un vídeo de una de las actuaciones en las que ha participado el músico en su reciente gira europea. En este caso en Dublín el pasado día 7 de febrero con una veterana banda holandesa que surgió del movimiento Punk, The Ex, a la que acompañó un cuarteto de vientos llamados Brass Unbound entre los que se encontraba Vandermark o el también saxofonista Mats Gustafsson (habitual colaborador de Vandermark). Punk épico ¿a lo Morricone?:

sábado, febrero 27, 2010

Fire Room (Ken Vandermark, Paal Nilssen-Love y Lasse Marhaug) - Huesca 25/02/2010

Ken Vandermark, Paal Nilssen-Love y Lasse Marhaug
© Jesús Moreno

Vivimos un momento musical desconcertante donde lo aparentemente nuevo suena viejo y los parámetros de descripción crítica han llegado a puntos ridículos en los que se recurre con frecuencia al prefijo post para tratar de explicar la música de grupos de hoy que nos recuerdan a los de ayer. ¿Cómo llamaremos a los grupos de dentro de veinte años? ¿Los postpost? Es lógico que los de hoy nos recuerden a los de ayer ya que todos forman parte de una línea cronológica (quizá evolutiva más que cronológica) que los músicos recorren de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás continuamente. Y al contrario que con el acto físico de caminar - en el que ir hacia atrás cuesta más que avanzar - en música (en el arte en general) dar un paso hacia adelante cuesta lo que diez para atrás. Por eso tiene razón Ken Vandermark cuando asegura que la música no ha dejado de evolucionar; hoy suceden cosas impensables hace no tanto tiempo pero los medios de comunicación siguen pensando (seguimos pensando) con la mente puesta en el pasado, en formas de expresión musical que alcanzaron su cénit y difícilmente pueden ser mejoradas (sólo repetidas), con estructuras mentales que todavía no han asimilado como naturales formas de hace cincuenta años y por lo tanto son incapaces de analizar con cierta perspectiva las propuestas de hoy. Es obvio, e insisto en ello, que el hoy parte del ayer y que el mañana ya está presente hoy pero nos cuesta mucho (me cuesta mucho) asumir que no es que no esté todo inventado (probable) sino que la evolución no está tanto en hacer nacer un nuevo estilo (normalmente los estilos se fundan a partir de pequeñas variaciones sobre lo ya existente) sino en ser conscientes de que los bagajes siguen interactuando (hoy más si cabe en este tiempo global) y generando sonidos que, aunque nos lo parezcan, nunca antes escuchamos. Nos falta perspectiva histórica, la criba del tiempo. Y nos falta libertad (es cosa nuestra) para el análisis fuera de estructuras mentales prefijadas.

Sirva este largo prefacio para contextualizar mi análisis de la actuación de Fire Room; grupo de naturaleza incendiaria (en honor a su nombre) y de intensa explosión creativa (permítaseme empezar por lo más primario, por nuestros sentidos y su percepción de un concierto así). Ken Vandermark es un ejemplo claro de cómo un músico hoy puede aprovechar las ventajas de la sociedad global y ampliar sus fronteras mentales en contacto con músicos de otras latitudes. Lleva muchos años haciéndolo y de ahí la ingente cantidad de proyectos que hacen casi imposible seguir la totalidad de su carrera. Éste le reúne con dos músicos noruegos: el baterista Paal Nilssen-Love y Lasse Marhaug, cuyo instrumento llamamos electrónicas como parte de nuestra (mi) limitada capacidad del uso del lenguaje fijada por los instrumentos tradicionales). Tres músicos cuya interacción a partir de la improvisación es capaz de alcanzar momentos de sublime unidad; tres fuentes de sonido que cuando confluyen son capaces de generar un magma sonoro de increíble densidad en el que las respuestas primitivas que se le suponen al diálogo sin partituras quedan superadas por formas que necesitan de un excelente dominio del instrumento, cultura musical (y general) y un altísimo nivel de concentración y escucha para que el resultado sugiera empatía al oyente. Así Paal Nilssen-Love, detenido, escuchaba la propuesta de Marhaug y Vandermark. Rostro concentrado en el que la gestualidad delataba una comprensión anticipada de la voluntad de sus compañeros hasta que, de pronto, despertaba de forma abrupta y se convertía en el sistema nervioso de un cuerpo musical que se contorsiona compulsivamente como una unidad tentacular. Un relato que no se detuvo en ningún momento y que finalizó con la naturalidad con la que acaba una partitura escrita. Y sin embargo no lo está y sigue siendo ésta una de las fascinaciones que despiertan músicos como estos, capaces de componer en directo sin que las ideas desfallezcan. Lejos de malabarismos innecesarios, siempre dentro de una lógica que se enfrenta a las limitaciones (puerta a su vez a un mundo de infinitas posibilidades) de la música que no tiene un sustento compositivo pero que se expresa en el lenguaje del caos armónico de la naturaleza.


Si el Orchestrion de Pat Metheny abre bocas (y encuentra eco en los medios generalistas) por la espectacularidad de su conjunción mecánica, un trío como Fire Room las perpetúa en ese estado por su conjunción humana, factor nada despreciable pero mucho menos apreciado en la sociedad del parque temático y las gafas 3D. Una conjunción que no lo es por su capacidad de repetir todos de manera simétrica un mismo gesto (al modo de un desfile militar) sino por, desde la disparidad expresiva, crear un todo unitario. Y supieron cómo crear tensión y distensión, supieron llegar a formas rítmicas definibles como descanso a la tensión extrema de modos más abstractos; contrapunto en el resultado global pero también en los momentos particulares en los que Vandermark y Nilssen-Love se contenían ante las contundentes insinuaciones de Marhaug y viceversa, cuando la virulencia de los dos primeros era compensada por una tormenta que se alejaba en manos del electrónico.


Está todo inventado (probable) y no es Fire Room ajeno a esa premisa. Pero no conviene perder de vista que la evolución de la música no depende de inventos ni de artificios sino de ser capaz de seguir generando a partir de lo que ya está escrito en la historia. Toda esa información está ahí para quien quiera aprovecharla y desde luego que Vandermark, Nilssen-Love y Marhaug la conocen y la aprovechan. Lo escuchado en Huesca fue una inyección de cruda realidad musical. Un chute tremendamente adictivo y optimista.


© Carlos Pérez Cruz


Publicado originalmente aquí.

viernes, febrero 26, 2010

Fire Room en Huesca (25/02/2010)

Fire Room: Ken Vandermark (saxo tenor y clarinete), Lasse Marhaug (electrónicas) y Paal Nilssen-Love (batería) posan anoche para servidor tras su concierto en el Centro Cultural del Matadero de Huesca. Una actuación que hizo honor al nombre del trío.

jueves, febrero 25, 2010

Brigada Bravo & Díaz (Civivox Iturrama - Iruñea / Pamplona 20/02/2010)

Reseña de la actuación de Germán Díaz (zanfona) y Antonio Bravo (guitarra eléctrica) - La Brigada Bravo & Díaz - en el Centro Civivox de Iturrama (Iruñea - Pamplona) el sábado 20 de febrero de 2010 con su proyecto Músicas populares de la Guerra Civil:

¡Qué suerte la mía! En tres meses he tenido la fortuna de escuchar en dos ocasiones a este magnífico zanfonista vallisoletano llamado Germán Díaz. Siento debilidad por los sonidos de la noche de los tiempos, por aquellos instrumentos con una resonancia propia de nuestro imaginario medieval: la alboka vasca, la nyckelharpa nórdica o la zanfona, entre otros. Son instrumentos habituales en los contextos de la música tradicional y del Folk pero que gracias a creadores como Germán - que piensan simplemente en Música - se expresan ajenos a las posibles limitaciones que toda etiqueta impone. Germán pertenece a esa estirpe de músicos que no son de Jazz pero son más jazzistas que muchos ortodoxos del gremio; no sólo porque sea un excelente improvisador - que lo es - sino porque el suyo es un lenguaje personal, una voz individual que acoge las diversas influencias de todo aquello que forma parte de su bagaje como oyente sin ser perceptible imitación alguna. Hay un espacio muy amplio en el que habitan maravillosos músicos fronterizos (que no híbridos) y en él se encuentra Díaz.


Compañero en este peculiar recorrido por el cancionero bélico español el guitarrista Antonio Bravo ofrece el contrapunto a la llamativa zanfona de Germán (y viceversa). Estamos más acostumbrados a la guitarra eléctrica en contextos de improvisación jazzística pero no por ello pasa desapercibido el sonido tan cálido de este músico y su habilidad rítmica (como acompañante de los solos de Germán y también durante los momentos en los que la zanfona calla) además de un fraseo limpio e imaginativo. Ambos tiran de ingenio a partir de una complicidad que con sólo una mirada, un gesto de confianza, consigue cambiar el rumbo de la música, que ésta fluya sin dificultad aparente; gestos que transmiten bienestar entre el público que percibe que ellos se lo pasan bien con una música que, despojada de su sentido trágico, puede resultar amable a los oídos sin por ello caer en el error de frivolizar con estas sencillas tonadas (como Arrión, A las barricadas o La Internacional) cuya pulsión belicosa se puede percibir en el trasfondo de lo que ofrece la Brigada Bravo & Díaz. Resulta divertido verles practicar con unos pequeños ventiladores de juguete, un estropajo metálico, un pequeño aparato de radio o con el flash de una cámara fotográfica aplicado a las cuerdas y a la vez comprobar cómo se genera con ellos una sonoridad que nos recuerda que detrás de las bravatas líricas de la época, de las simples melodías de ánimo belicoso, hay una tragedia que late bajo el aparente divertimento de este dúo.

Espacios para la expresión individual, mutuos acompañamientos armónicos y rítmicos, creación de atmósferas etéreas que fluyen hacia la claridad rítmica, diálogo de preguntas y respuestas musicales o la creación de loops de grabación en directo son algunos elementos que configuran la presentación en concierto de las Músicas populares de la Guerra Civil que dos años atrás editaran discográficamente. Mantienen la esencia del estudio pero con la ampliación de espacios que permite el directo que, en su actuación pamplonesa, fue ante un público aparentemente ajeno a estos menesteres musicales: usuario del centro cívico, de edad avanzada y probablemente atraído por una temática que podría haber prefigurado la figura de un cantautor (no se hacía mención a los instrumentos de la Brigada en los folletos informativos de la actuación). No hubo heridos en el camino (y sí petición de bis) a pesar de la intensidad creativa de la Brigada Bravo & Díaz que, aunque transite terrenos plácidos en algunos momentos, no se acomoda y se exige; y exige por momentos la complicidad del oyente para poder disfrutar con sonidos que tienen la necesaria aridez que esconde un conflicto civil tan serio y penoso como la Guerra Civil Española.


© Carlos Pérez Cruz


Publicado originalmente aquí.

¿Qué es una banda sonora?


La pregunta que preside este post ha inspirado la selección musical de mi colaboración con el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) del 24 de febrero. Una cuestión que aparentemente se resuelve con rapidez y que, sin embargo, no está tan clara. Toda película (a excepción de alguna muda) tiene banda sonora pero no necesariamente música. De la mano de la música de David Shire para la versión original de The taking of Pelham 1 2 3 (año 1974; el pasado 2009 se hizo remake), de Philip Glass para The thin blue line o de las voces de Michelle Pfeiffer y Gene Kelly para Los fabulosos Baker Boys y Cantando bajo la lluvia respectivamente he tratado de resolver el misterio de una pregunta tan, a priori, sencilla. El misterio tiene su respuesta en el siguiente reproductor:




miércoles, febrero 24, 2010

Ken Vandermark - Sesión "Cruda" en el "Club de Jazz"

El saxofonista Ken Vandermark está de gira por Europa y antes de sus conciertos en Huesca (25 /02/2010) y Vic (26/02/2010) se ha pasado por nuestro Club de Jazz... es un decir. Javier Gallego "Crudo" se ha pasado por el local para escuchar a los Vandermark 5 y el proyecto Fire Room y de paso para hacerle a Ken unas preguntas... es un decir. Todo lo dicho y lo por decir en nuestro rincón semanal en "Carne Cruda" de Radio 3 (RNE) lo puedes escuchar aquí:






Fire Room es uno de los múltiples proyectos del saxofonista y en él trabaja con dos músicos noruegos: Paal Nilssen-Love (batería) y Lasse Marhaug (electrónica). Este vídeo es una muestra de cómo puede sonar el trío en directo:


miércoles, febrero 17, 2010

9º aniversario del "Club de Jazz" en "Carne Cruda"


El Club de Jazz ha celebrado su noveno aniversario en la tercera visita de Javier Gallego, "Crudo", director de Carne Cruda de Radio 3 (RNE). En esta ocasión demostramos que Tom Waits está poseído por el espíritu de Louis Armstrong y subimos a nuestro escenario a la Frankfurt Radio Bigband con el trompetista Dave Douglas al frente con su proyecto A single sky. Además Wynton Marsalis nos ameniza con un Happy birthday en clave de Jazz y expresa literariamente sus ideas sobre el Jazz actual. Todo esto lo puedes escuchar aquí:




miércoles, febrero 03, 2010

"Club de Jazz" en "Carne Cruda" (3/02/2010)

En la segunda visita de Javier Gallego "Crudo", el charcutero de Radio 3 (RNE), a nuestro Club de Jazz hemos escuchado la música de unos bluesman de los años 30, The Mississippi Shakes, grupo que estuvo en activo entre 1930 y 1935. Más de ochenta años después un proyecto titulado Things about comin´ my way - A tribute to the music of The Mississippi Sheiks les recuerda y de él hemos rescatado una versión a cargo del guitarrista Bill Frisell y el trombonista Steve Moore de That´s it, uno de los pocos instrumentales de la formación. Puedes escuchar la colaboración de Club de Jazz en Carne Cruda en el siguiente reproductor:






The Mississippi Sheiks tomaba su nombre de una película muda del año 1921 dirigida por George Melford y titulada The Sheik (El Jeque), protagonizada por uno de los sex symbol de la época: Rudolph Valentino. Una película cuyo argumento no soportaría una mínima revisión del Ministerio de Igualdad: un jeque (Valentino) se enamora de una dama inglesa a la que secuestra y trata de... "domar". Al tiempo unos bandoleros secuestran a la dama y el jeque acude a su rescate. ¿Moraleja? No estaba tan mal el jeque. En este vídeo se pueden ver algunos minutos de la película (no me hago cargo de la música que acompaña al vídeo):

martes, febrero 02, 2010

Anuncio reversible del Estado

Encuentro hoy en prensa el siguiente anuncio del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino del Gobierno de España dentro de la campaña "2010, año internacional de la diversidad biológica".

Título: Biodiversidad es Armonía. Escúchala. Disfrútala. Consérvala. Texto asociado: La biodiversidad es como la música. Y cada especie es una de las notas que la componen. La destrucción de los hábitats acaba con las especies y pone en peligro toda la armonía. Biodiversidad. Escúchala. Disfrútala. Consérvala.

Démosle la vuelta al anuncio: Título: Música es Biodiversidad. Escúchala. Disfrútala. Consérvala. Texto asociado: La música es como la biodiversidad. Y cada nota es una de las especies que la componen. La destrucción de la cultura acaba con las notas y pone en peligro toda la música. Música. Escúchala. Disfrútala. Consérvala.

domingo, enero 31, 2010

Música improvisada... aviar

El Barbican Centre de Londres presenta entre el 27 de febrero y el 23 de mayo de 2010 una instalación de la artista francesa Céleste Boursier-Mougenot titulada The curve en la que diversas aves del tipo diamante mandarín (originarias de Australia) inciden, mediante sus actividades rutinarias, en un entorno de guitarras eléctricas y otros instrumentos. Del resultado nos da una pista el siguiente vídeo:

miércoles, enero 27, 2010

La música en el cine de Paul Auster


La sección musical del programa "Más Vale Tarde" de Radio Vitoria (EiTB) la he dedicado en esta ocasión a la música de dos películas con el sello del escritor Paul Auster. Una relación con el cine la del escritor con resultados desiguales que van desde su asociación con Wayne Wang en 1995 con Smoke hasta su última dirección cinematográfica hace dos años con La vida interior de Martin Frost. En el primer caso la partitura de la película la firmaba la británica Rachel Portman mientras que en el segundo fue el francés Laurent Petitgand, habitual colaborador del alemán Wim Wenders y quien propuso a Auster a este compositor. Una colaboración que llegó después de avatares propios del azar austeriano. El segmento musical lo puedes escuchar en el reproductor:




"Carne Cruda" abre las puertas del "Club de Jazz"

El programa Carne Cruda, que se emite de lunes a viernes de 14 a 15 horas por Radio 3 (RNE), ha abierto hoy las puertas del Club de Jazz que desde hace casi nueve años regenta un servidor. Su director, Javier "Crudo" Gallego, se ha pasado por nuestro local virtual para escuchar las grabaciones que Alan Lomax realizó en Haití entre los años 1936 y 1937. En el reproductor puedes escuchar el momento del programa en que se han abierto las puertas del Club.




miércoles, enero 20, 2010

Sonidos musicales de Haití


Con la mente puesta en la terrible situación que está viviendo la población de Haití he dedicado la sección musical del programa Más Vale Tarde de Radio Vitoria (EiTB) a sonidos musicales procedentes de la isla. Grabaciones de campo que registró entre 1936 y 1937 el musicólogo estadounidense Alan Lomax y que se han editado recientemente rescatadas del archivo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Más recientemente, entre 1997 y 1999, el director francés de cine Charles Najman y la fotoperiodista y programadora cultural Emmanuelle Honorin siguieron el ejemplo de Lomax y grabaron la música campesina de este país. El resultado se editó en un doble trabajo discográfico bajo el título de Fond des nègres - Fond des blancs, el segundo de los cuales fue banda sonora de la película Royal Bonbon (2002) de Najman, una ficción cuyo argumento nos traslada a la realidad reiterada de los poco más de doscientos años transcurridos desde la consecución de la independencia colonial y fin de la esclavitud. El segmento de la emisión lo puedes escuchar pulsando en el reproductor:




martes, enero 19, 2010

Lluis Vidal Trio feat. Dave Douglas & Perico Sambeat - "Mompiana"


HTML clipboardUn artículo en prensa puede abrirte las páginas de un libro maravilloso, ese libro puede despertar tu curiosidad por un país lejano y ese país aproximarte a una música de primeras exótica para el oído. La curiosidad es la mejor maestra de quien busca conocer y expandir las fronteras de su conocimiento y, al igual que un disco permite descubrir músicos (por asociación), un proyecto monográfico como Mompiana puede llevarle a un oyente de Jazz a sentir curiosidad (si antes no la sintió o no pudo sentirla) por la música de Frederic Mompou. O a un oyente de Mompou al Jazz. Es lo maravilloso de la lectura (prensa, libros...), la audición (música, entrevistas...) o el visionado (cine, ¿televisión?...): abre puertas inabarcables en una única vida para quien sienta curiosidad.

Frederic Mompou, compositor barcelonés (nacido el 16 de abril de 1893), dedicó su trayectoria fundamentalmente a la composición de música para piano. Residió en París en dos etapas: una primera formativa interrumpida por el estallido de la Primera Guerra Mundial y otra segunda de nuevo finiquitada por otra guerra, la Segunda Guerra Mundial. Tuvo, por lo tanto, la oportunidad de residir en París en años de gran agitación musical y creativa y de ella formó parte a pesar de su reconocida timidez de hombre de pocas palabras (y pocas notas). Así partió de la impresión que le produjo el impresionismo de Gabriel Fauré (en un concierto en Barcelona en 1909) hasta llegar a relacionarse con compositores como Francis Poulenc, destacado miembro del grupo de Les Six cuyo fundamento de partida constituía precisamente una crítica al propio impresionismo. De toda esa experiencia formativa y profesional nos queda un Mompou minimalista y contenido, emotivo y profundo desde la sencillez de unas composiciones, sin embargo, nada simples. Un autor igualmente influenciado por la música tradicional catalana que forma parte melódica de su obra y que encontró en el título de una de sus series compositivas, la Música Callada, la mejor definición de su estilo: Esta música no tiene aire ni luz. Es un débil latir del corazón. No se le pide llegar más allá de unos milímetros en el espacio, pero sí la misión de penetrar en las grandes profundidades de nuestra alma y regiones más secretas de nuestro espíritu. Esta música es callada porque su audición es interna, decía el propio Mompou de dichas composiciones. A lo que en octubre de 1977 añadía el crítico Arturo Menéndez Aleyxandre (a propósito de la edición de Mompou interpreta Mompou, en la que el compositor interpretaba los cuatro cuadernos de Música Callada): (...) nadie las escuche todas seguidas, de una sola vez, porque aún cuando constituyen una unidad estética y de propósito, cada una se basta a sí misma y puede ser alimento completo para todo un día. Escúchenlas escalonadamente, a lo largo de cuatro semanas, para que no se destruyan unas a otras amontonándose en nuestra limitada receptividad. El silencio es frágil. La música del silencio es la fragilidad misma.

Me temo que no estoy en disposición de seguir el consejo de Menéndez Aleyxandre aunque pocas son las músicas que merecerían tal consideración de las muchas que escuchamos (o nos invaden) a diario. Cierto es que uno podría pasar un día entero escuchando la tercera pieza de la Música callada, tan noble y sensible en los dedos de Mompou, tan irónica en el sonido de la trompeta de Dave Douglas. Y es que esa tercera pieza de la serie es una de las que se hace versión en Mompiana, seguramente muy reconocible para el oyente español con un mínimo de cultura radiofónica: su melodía es sintonía de la Cadena SER (Sociedad Española de Radiodifusión); Sinfonía Azul en la versión orquestal que firmara en su día para la red de emisoras.

El repertorio que Lluis Vidal ha seleccionado para esta relectura de la música de Frederic Mompou procede por completo de composiciones para piano solo: de cuatro piezas de la Música Callada (I, III y IX del primer cuaderno - 1959 - y X del segundo - 1962), la número 6 de su serie Cançons i danses (1943) y las tempranas El carrer, el guitarrista i el vell cavall y Gitanes I de la serie Suburbis (1916 - 1917), serie descriptiva de la Barcelona suburbial de aquellos años que conoció en sus paseos. Además por primera vez se registra Temps de blues, publicada en 1949 e inédita hasta la fecha (de la que se hace en el disco versión a solo de Vidal y otra con el grupo al completo). Completa una composición original de Vidal titulada Cançó i dansa 1 (¿guiño a Stravinsky incluido?).

El Jazz no ha sido una música que haya influido en demasía en Frederic Mompou (así lo defiende el propio Lluis Vidal en una entrevista con servidor) a pesar de que los años intermedios de su doble estancia parisina fueron los de la irrupción de este estilo en París, fundamentalmente a través de las bandas que llegaron de la mano de las tropas estadounidenses. Sin embargo cierto fervor jazzístico entre compositores se apagó al poco de su segundo establecimiento en París, aunque la relación entre los compositores "clásicos" y el Jazz era ya irreversible. Tan sólo dos composiciones de toda la trayectoria de Mompou parecen relacionadas con este género: un foxtrot y el Temps de blues que antes mencionaba. Nada más parece tener relación directa aunque Vidal explica que, a pesar de reelaborar un poco la armonía para adaptarla a mis necesidades, la concepción armónica de la música de Mompou es muy cercana al concepto armónico del jazz. Y así a partir de esas partituras de su escritura para piano Vidal construye su propio universo partiendo del ajeno del compositor. Se vale de las melodías (siendo la de Mompou una música muy melódica) y de las armonías (convenientemente adaptadas) para variar fundamentalmente el sentido rítmico de la música y dar pie a desarrollos mucho más prolongados que los de la escritura original de Mompou (que apenas llega a dos minutos de interpretación en muchos casos). A partir de ahí espacio para que los solistas se explayen sobre una estructura que va más allá de una primera lectura melódica e improvisación y que se construye sobre pulsos y secciones cambiantes. Así se evita la tentación de simplemente jazzificar unas melodías que no fueron para el Jazz en origen. Un ejemplo notable de cómo hacer propia la música ajena es el de la versión de El carrer, el guitarrista i el vell cavall: Una de las partituras más libres y rítmicamente más inestables del repertorio de Mompou seleccionado por Vidal se convierte en la más abierta y experimental de las versiones del proyecto. Puestas en paralelo ambas se asemejan en su estructura y se diferencian en el dialecto musical. Coherencia y personalidad en el trabajo de Vidal.

Lluis Vidal ha contado con su trío en la actualidad: Masa Kamaguchi (contrabajo) y David Xirgu (batería). Además, dos solistas invitados: el saxofonista y flautista Perico Sambeat y el trompetista Dave Douglas. Este último se reencuentra aquí con Xirgu, que sugirió para Mompiana a quien fuera su compañero de estudios en un tiempo de estancia en Badalona del estadounidense a finales de los años 70 (siendo apenas un quinceañero, en un intercambio escolar). Un quinteto con proyección internacional por nombres y por solidez en la música que llevan a cabo. Reconocibles como solistas y ensamblados como conjunto. Un lujo que se aprecia con la escucha atenta y más si cabe con la referencia de las composiciones originales de Mompou. La duda es si la mayoría de los oyentes tenemos tiempo para dedicar a la audición detenida de un proyecto en particular; para evitar poner en riesgo lo que Menéndez Aleyxandre llamaba nuestra limitada receptividad desafiada hoy en día por la aglomeración de sonidos a nuestra disposición (voluntaria o no). Mompiana merece la escucha aunque, y acudiendo de nuevo a las letras de Aleyxandre en octubre de 1977, no recomendaríamos a todo el mundo, sino solamente a aquellos que son capaces de comprender y gustar la música no como un mero pasatiempo, un recreo del oído o viruta para rellenar el embalaje de las cosas serias de la vida (en lo que se ha convertido ahora), sino como una única expresión posible de lo inexpresable.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

miércoles, enero 13, 2010

Cambalache (Enrique Santos Discépolo)

Hace apenas unos meses recuperé para este blog la letra del maravilloso Cambalache de Enrique Santos Discépolo. Escrita en 1934 (años de grave depresión económica y gobiernos militares en Argentina) la letra de quien fuera poeta, compositor, actor o autor teatral tiene plena vigencia. Un tango del que se han hecho numerosas versiones. En la colaboración de servidor con el programa Más Vale Tarde de Radio Vitoria (EiTB) de hoy hemos escuchado la que grabaran el pianista Lito Vitale con el cantante Juan Carlos Baglietto así como una mezcla de 12 versiones diferentes que, en un a modo de puzzle musical, han conformado una versión diferente del Cambalache. A ella han contribuido Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Julio Iglesias, Romina Bianco, el proyecto Groove Chill Out Players, Miriam Nova, Carlos Varela, la Orquesta Francisco Canaro, Stella Milano, Rolando Laserie, Ismael Serrano y Enzo Peiret. El tiempo en la radio es el que es y ha quedado fuera (aunque no aquí en el audio que pongo a disposición) el encuentro en mayo de 1982 (Teatro Regina de Buenos Aires) de Roberto "El Polaco" Goyeneche y el gran Astor Piazzolla. Que lo disfruten.




lunes, enero 11, 2010

Eric Rohmer

Adiós a unos de mis franceses favoritos. Eric Rohmer ha fallecido hoy tras una vida de 89 años. Nació en la primavera de 1920 y ha muerto en el invierno de 2010. Desde entonces hasta hoy se han repetido casi noventa veces las Cuatro Estaciones y los Cuentos que de ellas nos contó fueron mi primera vez con él. La última, por fortuna, todavía no ha llegado.

viernes, enero 08, 2010

Año sin toros (Xavier Bru de Sala)

Fragmento del artículo publicado en la edición del 8 de Enero de 2010 del diario "La Vanguardia" (página 17).

Hay que argumentar con la máxima solidez todas y cada una de las restricciones de la libertad. Este es un principio irrenunciable de la democracia. Deberíamos abstenernos de prohibir algo sin que el conjunto de la sociedad obtenga un beneficio mayor que el perjuicio de quienes se ven privados de una parcela de libertad.(...) La libertad no es un bien absoluto, sino un territorio colindante con bienes igualmente preservables, tales como la justicia, la seguridad, la igualdad o el bien común (todos ellos, cierto es, sometidos a interpretaciones abusivas, como lo es la misma libertad).

¿A quién perjudica entonces que una minoría disfrute de la fiesta taurina? La respuesta es clara y al mismo tiempo de enorme calado: perjudica a un animal. Cualquiera puede ser insensible al sufrimiento de los animales, o incluso negarlo o minimizarlo. Sin embargo, quienes así razonan deberían saber que defienden un valor retrógrado, mientras que sus opositores, según mi percepción una clara y creciente mayoría, se suman a un valor emergente en todo el mundo llamado minimización del sufrimiento. Es erróneo, falaz y primitivo suponer que el toro se siente realizado al verter su sangre y morir entre aplausos. El conflicto real es de percepciones, entre quienes disfrutan y quienes creemos que este espectáculo es repulsivo y nos azoramos, no al verlo, sino al saber que pervive. Crece el número de los segundos, y disminuye el de los partidarios de la tortura. (...) para disfrutar con los toros en nuestro tiempo se requiere rechazar unos valores que se encuentran en el núcleo más edificante de nuestra sociedad. Cada cual posee, en su personalidad, resquicios que afean la civilización. Mejor luchar contra ellos, y quien no consiga vencerlos, escóndalos. El progreso moral es un hecho. Del mismo modo que nos avergonzaría tener un vecino que asistiera a una ejecución a fin de regodearse - lo cual era habitual hasta anteayer-,el espectáculo taurino y el resto de las fiestas donde un animal en apuros ocasiona disfrute a seres humanos repugnan cada vez a más personas. La repulsa ética conlleva una prohibición. Es imparable. Tarde o temprano, en toda España. O ya se encargará Europa.

Algo así entendieron los británicos, que prohibieron el espectáculo equivalente de la caza del zorro, considerada asimismo un hecho cultural identitario y un refinado arte. Se prohibió en Catalunya la matanza del cerdo con público. Han cambiado las normas del transporte y del sacrificio del ganado destinado a la alimentación. Se restringe la actividad cinegética, justificada sólo por el equilibrio entre especies.

La cuestión de fondo consiste, pues, en una colisión de valores, de salud moral colectiva. Se trata de favorecer el avance de la civilización, indisolublemente ligado al respeto a la vida y al incremento del bienestar en todos los órdenes. Sin fundamentalismos pero con todo el convencimiento. (...)

Ténganlo siempre presente los protaurinos: en nuestra época, la minimización del sufrimiento se erige en bien prevalente, por encima de consideraciones culturales, tradicionales o identitarias, y sólo se justifica sufrir por mayor beneficio asociado, cuando no por impotencia en evitarlo. (...)

jueves, diciembre 31, 2009

ONJ - "Around Robert Wyatt" - "Just as you are" (Yoel Naïm & Arno)



En algo parecido a una ceremonia glamurosa de entrega de premios, la Orquesta Nacional de Jazz de Francia (ONJ) recibió el 1 de septiembre de 2009 el premio al mejor disco de "Jazz instrumental" (curioso, un disco tan vocal como este) en los premios "Les Victoires" (apartado de Jazz; los hay también de Clásica y "de la Música" en genérico) por Around Robert Wyatt. La ceremonia, retransmitida en diferido por France 3 días después, incluyó una actuación de la formación que dirige Daniel Yvinec con la versión de Just as you are con la colaboración de la cantante francesa (de origen israelí) Yael Naïm y del belga Arno. La realización televisiva olvida que la chicha del proyecto está en la orquesta pero ya querría uno semejante tratamiento de dignidad catódica a un género que, en España, todavía suspira por la civilización francesa.

Fin de año (por El Roto)


Viñetas de Andrés Rábago, El Roto, publicadas en el diario "El País" los días 31 de diciembre de 2001 a 2009.

ONJ (Orchestre National de Jazz) - "Around Robert Wyatt"


La valoración artística de un trabajo depende de muchos factores (determinados fundamentalmente por la experiencia previa del crítico) aunque, a pesar de que se tienda a considerar el juicio como algo subjetivo, hay elementos más objetivables que otros. Así la valoración de un trabajo como este de la Orquesta Nacional de Jazz de Francia dedicado a la música de Robert Wyatt depende de factores más allá de los puramente creativos del proyecto; depende, por ejemplo, de si el oyente es conocedor de la trayectoria de Robert Wyatt o no. No es algo baladí. Conocer las versiones originales de un tema y tener aprecio por ellas, haberlas disfrutado como algo propio, pone el listón muy alto para la versión. Así un servidor desconocía conscientemente la original del chileno Víctor Jara de su Te recuerdo Amanda y cree conocerla a partir de la que Robert Wyatt ofrece junto a la ONJ (Orchestre National de Jazz). Resultado: quedo fascinado con la narración (texto), con la interpretación de Wyatt (al límite y con el mayor dramatismo que da su lectura en un idioma ajeno) y con los hermosos, a la vez que nada concesivos, arreglos de Vincent Artaud. Sin embargo se la presento a dos conocedores del original de Jara y quedan desconcertados. “Repite muchas veces la letra”, me dice uno; “Se me hace rara la pronunciación”, dice la otra; en ambos casos, sin conocerse, coinciden: “Es que estoy acostumbrado a la original”. Ahí está el listón principal al que se enfrenta un trabajo de estas características. Y más cuando la versión aporta elementos nuevos a la partitura original, lejos de la repetición (como si de un eco del tiempo se tratara) a la que nos tiene acostumbrados el pop.

Desconocía hasta ahora la biografía de Robert Wyatt (apenas le recordaba de una colaboración en el disco Musik – Re-arranging the 20th century de Gilad Atzmon). Desconocía la existencia del grupo Soft Machine (más allá de su enunciado) del que fue fundador en 1966 (y del que se acaba de publicar un directo inédito hasta la fecha de 1971, etapa del grupo que incluía al saxofonista británico Elton Dean, fallecido en 2006 y a quien tuve oportunidad de escuchar junto al baterista Ramón López en 2002) y desconocía su caída al vacío desde un cuarto piso, producto de una alucinación resultado de los excesos, que le dejó en 1973 dependiente de una silla de ruedas. Desconocía igualmente una carrera profesional reflejo de sus inquietudes sociopolíticas así como su carácter de experimentador sonoro con afinidades jazzísticas. Ha sido para mí un descubrimiento su voz, de una languidez a medio camino entre la desesperanza y el estado de elevación mística, y por lo tanto debo agradecer a la ONJ la oportunidad que me ha ofrecido de empezar a indagar en su mundo sonoro, tal y como pretende el proyecto Around Robert Wyatt; oportunidad que he aprovechado buscando los originales de los que se hace versión en este disco y que proceden de un clásico de su discografía (así lo destaca la memoria de otros) como Rock Bottom (1974), de su primer larga duración en los ochenta, Old Rottenhat (1985), o de su más reciente Comicopera (2007). Hay versiones de otros autores como el Shipbuilding que Elvis Costello co-firmara con Clive Langer (y que grabó con un solo del trompetista Chet Baker) relativo a la Guerra de las Malvinas (1982) y que forma parte de los singles que Wyatt grabó fuera de sus largas duraciones. En ese capítulo se incluye la versión de la propia Te recuerdo Amanda que con los arreglos de Artaud adquiere una personalidad completamente diferente de la “original” de Wyatt. Si éste cantaba sobre un fondo de órgano un tanto psicodélico y hoy demodé dejando las emociones en suspenso, Artaud consigue que una interpretación melódica y vocalmente semejante de Wyatt gane intensidad emocional a partir de una utilización minimalista (en lo tímbrico como en lo estético) de los recursos de esta peculiar orquesta jazzística y de un sutil subrayado instrumental de lo que la letra de Víctor Jara nos contaba: de ese mundo eterno en cinco minutos del encuentro entre Amanda y Manuel que suena onírico y que se rompe cuando suenan las sirenas de vuelta al trabajo (Philip Glass estaría orgulloso de esos segundos musicales, de esas campanas electrónicas) y el drama se anuncia (muchos no volvieron, tampoco Manuel), hasta casi detener la música, que se reinicia como si la tragedia fuera reversible o terminara elevando al cielo eterno a Manuel con las voces (¿?) que ascienden y las campanillas que tintinean (¿una lira?) mientras Wyatt mantiene su voz a punto de quiebra. Concédanle varias oportunidades si a la primera no les parece una versión tan emocionante como me lo ha parecido a mí. Eso sí, si comparten la emoción escríbanme, empiezo a pensar que es cosa mía.






Escucha aquí Te recuerdo Amanda en versión de Robert Wyatt y la ONJ y en la original de Víctor Jara (fragmento de la emisión del programa Club de Jazz del 30 de diciembre de 2009).

La Orquesta Nacional de Jazz de Francia es una institución que siempre me ha despertado, vista desde el Sur de los Pirineos, una envidia sin duda malsana. Creada en 1986 es un modelo de agrupación jazzística con soporte público, en efecto, envidiable. Un proyecto por el que han ido discurriendo diferentes creadores, directores, instrumentistas en ciclos creativos y estilísticos de unos tres años de duración. En la actualidad es el bajista (e intérprete de otros instrumentos) Daniel Yvinec quien rige la línea de trabajo de esta formación que pese a ser nominalmente “orquesta” forman para él diez músicos. Sin duda que haber colaborado en su carrera con nombres de tan diversa procedencia estética y geográfica como los saxofonistas Maceo Parker o Mark Turner, los cantantes Salif Keita, Sainkho, Yungchen Lamo o Suzanne Vega o el guitarrista David Fiuczynski muestra una amplitud de miras sobre la música que enriquece la manera de afrontar, desde una perspectiva inicialmente jazzística, proyectos diferenciales como éste. Porque si hay un lenguaje ortodoxo de orquesta de Jazz (de big band) no es el que maneja Yvinec en esta etapa, ni por número ni por estética. Y habrá que felicitarle por ello en su dimensión de director artístico aunque los parabienes más efusivos se los quiera dedicar al arreglista, bajista como Yvinec, de formación clásica pero también con experiencias en campos diversos (desde con el músico electrónico Arnaud Rebotini a la cantante africana Angélique Kidjo pasando por el saxofonista Julien Lourau) Vincent Artaud. Crear un mundo sonoro coherente contando con vocalistas invitados tan dispares como la gran vocalista maliense Rokia Traoré (una de mis debilidades recientes), los franceses Camille, Daniel Darc o Yael Naïm (esta última de origen israelí), el belga Arno, la actriz franco-suiza Irène Jacob y, sobre todo, con el propio Robert Wyatt no debe de resultar tarea fácil. Y el resultado final es espléndido, de una creatividad en los arreglos sorprendente, de una riqueza de recursos estilísticos que arropa con exigencia las expresiones más pop de la música, las de la interpretación vocal de las canciones, para abrirse luego a campos más experimentales donde tienen cabida solos jazzísticos al uso pero también desarrollos musicales que tienen del Rock tanto como del Jazz o la música electrónica y de otras manifestaciones musicales contemporáneas populares (y no tanto). De elementos tan dispares surge un trabajo que proporciona brillo a piezas de la trayectoria de Wyatt sin perder nunca el tono ciertamente oscuro de sus originales; sin perder el espíritu pero más rico en matices. Y en ello, insisto, el mérito de Artaud es indudable y plausible.

Imagino que la colaboración de Wyatt garantiza de algún modo la conformidad de este con el resultado final del proyecto cuyo regusto rezuma el mismo inconformismo creativo y abierto que el de la carrera del músico británico. Del mismo que tiene declarado (La Vanguardia 17/08/1998): El rock nunca me ha interesado demasiado; me gustan más el jazz, la música improvisada, el folklore del mundo… El rock es una celebración juvenil. Yo prefiero ser un hombre; no tengo nostalgia de ser joven.

© Carlos Pérez Cruz


Publicado originalmente aquí.

miércoles, diciembre 30, 2009

Ruidos

Desconozco si existe una Historia del Ruido que documente la evolución del comportamiento humano y su incidencia sonora en el entorno a lo largo de los siglos pero me temo que la historia de la humanidad es una historia de ruido. Ruidos los hay de muchos tipos y su afección positiva o negativa depende de muchos más factores que el ruido mismo. No pretendo aquí un profundo análisis sobre la naturaleza del ruido y sus componentes; el motivo de este texto es una simple e inútil queja destinada a perderse en la inmensidad de la red cibernética.

Me quejo a menudo del incívico comportamiento del personal en salas de cine, auditorios de concierto u otros locales destinados a la difusión, promoción y celebración de actividades artísticas pero me temo que un vistazo a la historia nos revelaría el actual como el momento de mayor silencio en estos espacios. Es un temor, no una certeza, así que sin poner las manos en el fuego me lamento del presente sin ser consciente de que, intuyo, otros tiempos fueron de mayor incidencia de los espectadores sobre el desarrollo de los diferentes eventos. Sin olvidar que muchos defenderían su derecho a la interacción con el momento artístico ya que, ¿quién dice que el Arte audiovisual - especialmente este - es para ser aprehendido en silencio?

Tengo múltiples motivos en defensa de una "ley del silencio". Hay quien defiende que las leyes han de ser el remedio último (cuando no hay más opción) para regir los comportamientos humanos pero me temo que, en ocasiones, se vuelve inevitable la regulación normativa de los actos en pos de una convivencia más saludable. Y sé que las leyes pueden contravenir el deseo mayoritario pero no está comprobado que las orientaciones ideológicas masivas sean más beneficiosas que las minoritarias. Incluso las hay minoritarias que, razonadas, forman parte del imaginario de un "masivo", aunque luego sean olvidadas en la puesta en práctica. Así, aunque el deseo mayoritario sea volcar contenedores y prenderles fuego en invierno, la ley lo describe como un acto prohibido y punible. No pido mucho, por lo tanto, si demando una "ley del silencio" que, sin pretender la anulación total de la interacción ruidosa de mis semejantes, limite sí su incidencia en mi sistema nervioso.

Desconozco por qué, si la evolución tecnológica creó los auriculares, las jóvenes generaciones de usuarios de teléfonos móviles se empeñan en compartir sus gustos musicales a través de los metálicos y chillones altavoces de estos. Gustos mediocres que ellos tienen derecho a padecer, como yo a desconocer. Desconozco qué lleva a los usuarios de transportes públicos (especialmente los de media y larga distancia, aunque no se libran los de corta) a compartir en voz alta conversaciones de las que, además, en algunos casos (los que tienen el volumen del receptor bajo), sólo tenemos la versión fragmentaria del vecino de espacio. Desconozco el criterio de selección de las melodías para llamadas entrantes de teléfono móvil que avergüenzan a una gran mayoría de selectores que cogen la llamada con el pudor de habernos hecho conscientes de su flagrante mal gusto; algo que pasaría completamente desapercibido si usaran otro doble invento de la evolución tecnológica: el estado de "silencio" complementado con la activación del modo "vibración". Desconozco qué razones tienen los establecimientos comerciales de cualquier tipo para acompañar nuestra actividad consumidora con selecciones sonoras de idéntico criterio y volumen que invitan (creo que sólo a mí) al abandono del recinto (mi última experiencia en un restaurante sin "sonido ambiente" invitó a una sosegada y discreta conversación). Desconozco qué concepto de la vía pública tienen los comerciantes que en días de absurdo trasiego ciudadano, como son los navideños, buscan nuestra atención con altavoces, direccionados al exterior de sus locales comerciales, que vomitan los más casposos villancicos (los "de toda la vida") en infames versiones de niños que deberían ser estrangulados (hasta la pérdida de las facultades vocales, no hace falta llegar a mayores; sin embargo - ¡qué ironía! - la ley me lo impide). Más irritante todavía cuando estos horribles eructos de supuesto candor son promovidos en espacios públicos por instituciones públicas (léase ayuntamientos), supuestos depositarios de la ejemplaridad cívica. Desconozco el origen de la vacuidad mental que impulsa a tantos descerebrados a hacer estallar petardos y pirotecnias varias en calles y plazas con excusas festivas que, quizá nunca se plantearon, sólo sean suyas. Alteran a los perros del vecindario, alertan por confusión con otro tipo de explosiones y, además, ponen en riesgo a transeúntes que hacen un uso correcto de la vía pública: transitar por ella.

Mi lista de "desconozcos" es amplia, inagotable incluso. Soy consciente de que una ciudad es lo que mayoritariamente sus ciudadanos quieren que sea. Así hoy los ciudadanos de la mayoría de ciudades (ibéricas) que conozco han elegido, en lo referido al ruido, el continuo bombardeo de nuestro sentido del oído y la falta de un concepto de intimidad propio y ajeno. Pero, insisto, hay otros factores más allá del comportamiento masivo para legislar actitudes y convivencias y no estaría de más contar con las opiniones expertas (las de un sonómetro, por ejemplo) antes de que el ruido innecesario, invasivo y agresivo, sea la norma.

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