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miércoles, noviembre 25, 2009

Peatón

Descripción: una calle peatonal atravesada por una vía de tráfico regulado mediante semáforo. Cuatro policías municipales se sitúan en dos grupos de dos agentes a ambos lados de la vía. Misión: disuadir a los peatones de cruzar de uno a otro lado mientras el semáforo permanezca rojo para ellos. De pronto, y aprovechando que no se aproxima coche alguno, una mujer adolescente comienza a cruzar. Uno de los policías chita (debe de ser el trato oficial indicado para la edad) y le comunica: ¡eh! Está rojo. Y con un gesto de la mano le obliga a retroceder en el momento en que se aproxima, ahora sí, un coche. Ella ya se encontraba más cerca del otro lado pero el celo por el cumplimiento de las normas de la autoridad municipal le obliga a retroceder para recolocarse en donde debía haber permanecido según la ley. El policía antepone el estricto cumplimiento normativo a la seguridad de la joven.

Esta descripción real de una situación vivida por quien esto escribe está motivada por el inicio de una campaña del ayuntamiento de la ciudad de Vitoria - Gasteiz una de cuyas aplicaciones será multar a aquellos peatones que no respeten la señalización vial. Es decir, una vez más la educación cívica se impone a través de la pena (que vendrá muy bien para las arcas públicas). Se podría dar la hipotética situación en la que sin tráfico alguno un peatón cruce de un lado al otro con el semáforo en rojo y sea multado en estricta aplicación de la ley. Es decir, se impondrá la ley sobre el sentido común de la fluidez del tránsito de personas puesto siempre al servicio del tráfico rodado en las ciudades.


jueves, noviembre 19, 2009

Radio desde la Puerta de Brandenburgo (Berlín)

Desde la Puerta de Brandenburgo de Berlín, miércoles 18 de noviembre de 2009, quien esto escribe y quien se adivina al teléfono bajo la Puerta en la foto que se encuentra sobre estas palabras, llevó a cabo su colaboración semanal con el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB). Apenas unos días después de la celebración de los 20 años de la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989) aprovechamos para escuchar música de la película "La vida de los otros" (año 2006) del director Florian Henckel von Donnersmarck firmada por Gabriel Yared y Stéphane Moucha, un retrato de la vida en Berlín Este. Además la música de dos jazzistas alemanes, el berlinés, saxofonista, Klaus Doldinger y el pianista Joachim Kühn, nacido en Leipzig (antigua RDA) y que escapó del Este al Oeste en 1966. También la batería de Lucía Martínez, gallega que reside en Berlín desde hace dos años. Puedes escuchar la intervención desde la Puerta de Brandenburgo aquí:






lunes, noviembre 09, 2009

Germán Díaz - "Pi" (Iglesia de Otazu - Álava 7/11/2009)


El escritor se enfrenta al folio en blanco. Es un folio de anchura ciertamente reducida pero de una longitud estimable. Cuando la idea surge desafía al blanco y lo perfora, desciende por él agujereándolo hasta alcanzar un final. Nuestro escritor no imprime letras sobre el papel, ni siquiera escribe braille. Su escritura perforada necesita de una pequeña cajita de música para ser leída. Así introduce el folio por la estrecha ranura de la caja, ésta lo retiene y comienza a girar una manivela que parece de juguete. El papel camina y atraviesa el interior de la cajita. La historia comienza a sonar y el folio que la contiene inicia su descenso por el otro lado. Lo que queda por contar asciende lentamente hacia la caja; lo ya dicho cae hacia el suelo con la misma lentitud del ascenso. La historia llega a su fin y el papel queda suspendido. Ha sido un cuento breve, una canción de cuna, un cuento de hadas. De pronto la historia vuelve a contarse pero el papel que la contiene permanece inmóvil. ¿Será cosa de un mago? Es la misma historia, sí, pero con nuevos escenarios y personajes, distinta cada vez aunque siempre la misma. Nuestro escritor, nuestro mago del sonido, apoya sobre sus piernas una zanfona, su instrumento de escritura principal, y como si de un palimpsesto se tratara reescribe. Hay dos niveles de narración: El argumento original que nos leyó la caja de música y la reescritura que realiza la zanfona. La primera permanece, la segunda nunca más volverá a ser contada así. Como si convivieran la narrativa escrita y su transmisión oral.




La descripción del párrafo anterior (contraviniendo las normas que indican que no se debe utilizar una crítica para hacer “poesía”) tiene su justificación al hablar de un músico como Germán Díaz. Zanfonista, sí, pero también contador de historias. Las cuenta con la zanfona pero también con otros instrumentos de manivela, esos que necesitan de una para sonar porque de otra manera no sabrían. En la iglesia de Otazu (Álava), muy cerquita de Vitoria-Gasteiz - aunque la ciudad no se dejara ver rodeado como estaba el pueblo por la noche -, nos convocó Díaz para contar las historias que antes pudimos escuchar en su Pi – Música para manivelas. Historias propias y ajenas, las que narraron en su día autores como Anouar Brahem, Valentin Clastrier o Richard Galliano. Son cuentos hipnóticos, capaces de hacernos olvidar que el ambiente helador del interior sacro apenas se diferenciaba de la gélida noche de otoño que azotaba fuera. Estábamos todos tan ensimismados que sólo fuimos conscientes del frío cuando Germán nos convenció de que había terminado (nadie se movió después del bis y de que Díaz hubiera abandonado el altar-escenario; tuvo que salir para comunicarlo). Pero mientras las ganas de escuchar pudieron con cualquier inconveniente. Y fue generoso en la narración, dadas las circunstancias.


Germán Díaz es una voz singular con un sonido plural. Con un poco de ayuda electrónica (la magia siempre es magia) hace sonar la caja de música o el órgano de barbaria (éste también lee cartones perforados) y los registra mientras para que después, con un golpe de pedal, vuelvan a sonar sin necesidad de girar sus respectivas manivelas. Así primero escuchamos los cimientos de una historia que crece después con la improvisación que desarrolla con la zanfona. Pero no siempre es así, en ocasiones es la propia zanfona la que suena, graba y reproduce los sonidos sobre los que improvisa. Y son cuentos que tienen siempre, pese a su modernidad, un halo de antigüedad que es parte de la magia del instrumento. Si la caja de música nos retrotrae a la infancia (¡aunque yo no tuviera ninguna!) o el órgano de barbaria nos recuerda a un acordeón (no obstante su mecanismo es en parte semejante), la zanfona consigue barnizar de Historia las notas que el intérprete recrea con ella. Su sonido pertenece al de esa serie de instrumentos que, como la nyckelharpa o la alboka, llevan consigo de manera inevitable la imaginación a otros tiempos quizá imaginados. Pero aunque eso sea así no quita para que Germán sea capaz de expresarse con la zanfona como quiera y en el contexto que él quiera. Ya le hemos escuchado con jazzistas como Antonio Bravo (Músicas populares de la Guerra Civil) o Baldo Martínez (Cuarteto acústico o el Projecto Miño) y eso quiere decir que el límite del instrumento no está en el instrumento mismo sino en la mentalidad del intérprete. Y la de Germán Díaz es una mentalidad abierta que podría asemejarse a la de un jazzista (¡ojo! ¡¡Músico de Jazz y mentalidad abierta no son conceptos unívocos!!) aunque más que un género le define un concepto: creatividad. Es capaz de generar música de los elementos más insignificantes y la desarrolla con una facilidad pasmosa. Es de los que hace parecer muy fácil aquello que toca, aunque en esa facilidad se escondan horas de trabajo y de escucha (quizá la parte más obviada con frecuencia en la formación de un músico). Parte de ritmos tradicionales, busca las sonoridades extremas del instrumento, lo percute, crea loops y sobre ellos improvisa (bajos, ritmos…). Está facultado para emocionar y hacer contener la respiración con lo que crea. Es capaz de mantener en vilo al oyente hasta la última resonancia de la última nota de cada composición/improvisación. Recorre el teclado de su zanfona con la musicalidad de un Keith Jarrett en el piano, trabaja las cuerdas para obtener los efectos que, por ejemplo, un Baldo Martínez con el contrabajo (frotación de las cuerdas) o que un Pat Metheny con la guitarra cuando esta suena a pequeña arpa (pulsando las cuerdas de su zanfona). Su mundo musical es tan amplio que no merece la pena reducirlo a una estética concreta. Es mejor dejar que su música siga escribiendo una historia propia al margen de lo que se supone que debería ser. El siguiente folio en blanco espera para ser perforado. Y promete, como la buena literatura... aunque lo suyo no sea un best seller.

© Carlos Pérez Cruz (texto y fotografías)

Publicado originalmente aquí.

miércoles, noviembre 04, 2009

Vijay Iyer Trio - "Historicity"


El punto de partida de cualquier elaboración crítica es la toma de conciencia de lo que uno es realmente: es decir, la premisa "conócete a ti mismo" en tanto que producto de un proceso histórico concreto que ha dejado en ti infinidad de huellas sin, a la vez, dejar un inventario de ellas.

Las palabras del escritor Antonio Gramsci escritas en la cárcel durante la dictadura de Benito Mussolini y recogidas en sus Cuadernos de la cárcel presiden las notas del libreto de este trabajo de Vijay Iyer. Son una declaración de intenciones acerca de la naturaleza de este proyecto, un conócete a ti mismo de Vijay Iyer a través de la música que forma parte de su historicidad, una búsqueda de esas huellas que nadie inventarió para él y necesarias para encontrar su punto de partida en la elaboración musical. Pero, ¿a qué se refiere Iyer con historicidad? De las posibles definiciones del término que reseña en el libreto el pianista se queda con la que dice: la condición de estar situado en una corriente de la historia; también el resultado de dicha situación. Así afirma que el pasado nos pone en movimiento.

En la búsqueda de esas huellas Iyer se ha encontrado con la música de uno de sus mentores: el pianista Andrew Hill y su proyecto de 1963 Smoke stack (una de cuyas peculiaridades residía en el uso de dos contrabajistas, uno en funciones rítmicas y otro más libre); además con Stevie Wonder y su Big brother, con los inicios del saxofonista Julius Hemphill en Dogon A.D., con el teclista Ronnie Foster (colaborador habitual de George Benson así como del propio Stevie Wonder), con el Somewhere de Leonard Bernstein y Stephen Sondheim para West Side Story y con una referencia mucho más próxima, la de la rapera M.I.A. (Mathangi Arulpragasam) y su Galang (en la línea de música de discoteca con toques asiáticos tan frecuente en Londres en los últimos tiempos). En resumen, en esta mirada a su propia historicidad aparece la música de dos vanguardistas del Jazz (Hill y Hemphill), un teclista funky (Foster), una canción de musical (Somewhere) y dos voces: la de un soulman como Stevie Wonder y la de una rapera como M.I.A.. Imagino que serán muchos más los nombres que la conforman pero se puede percibir una cierta atracción por lo que Iyer denomina insurgentes, es decir, artistas rompedores en su momento pero también por la canción de compromiso o por las músicas más "jóvenes". Además aprovecha la ocasión para revisitar dos temas propios ya grabados con anterioridad: Trident y Sentiment.

Tengo sensaciones contradictorias con Historicity. Es indudable el nivel musical de los tres instrumentistas (ritmos imposibles, armonías complejas) y sus virtudes para sonar como un conjunto sólido. Sin embargo el resultado final es, por un lado, abrumador (no hay tregua, no hay espacios, no hay pausa en la información musical) y, por el otro, carente de emoción. Quizá la formación de Iyer como físico y matemático tenga su peso en la concepción de la música, como si se expresara a través de un profuso tratado metódico de composición, arreglos e improvisación olvidándose de un cierto grado de humanismo imprescindible para conectar con la audiencia. Existe la virtud conceptual en este trabajo pero falta la emoción que haga de su escucha una experiencia más allá de la admiración acrobática (no tanto por pirotécnico sino por habilidoso). Están todos los elementos para una gran obra presentes, todas las herramientas dispuestas, pero falta la comunicación con el oyente (con el que esto firma, claro). Y está todo tan dominado por esas premisas que las versiones de músicos tan diferentes como Andrew Hill, Stevie Wonder o M.I.A. resultan en la memoria demasiado parecidas entre sí y tan sólo los motivos melódicos o ciertos apuntes estéticos y rítmicos diferencian unas de otras. Dicho todo lo cual hay momentos en Historicity que adjetivan "emocional" su inteligencia, momentos para la fe de quienes somos de letras puras y nos cuesta apreciar el valor "matemático" de la música. Los suficientes como para vivir en la contradicción entre la admiración por este disco y el lamento por una falta de mayor empatía.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

viernes, octubre 16, 2009

Adiós afilador

Cada vez que llega el afilador una melancólica tristeza se abre camino en mi interior. El sonido de su armónica, la escala que asciende y desciende cada vez que la sopla para hacerse presente, proceden de un pasado remoto, de un tiempo con otra velocidad. Hoy el afilador ha vuelto a pasar por mi calle. Hoy la mía es una tristeza airada. El afilador que ha pasado por mi calle no soplaba su armónica. La escala ascendía y descendía cada tres segundos exactos. Era un sonido electrónico que emulaba el original y amplificado por un altavoz. La (pos)modernidad ha engullido uno de los últimos símbolos del pasado. La tristeza de su sonido tiene un presente electrónico. La resistencia ha capitulado. Ahora el afilador llega en mp3.

martes, octubre 13, 2009

Dave Douglas & Frankfurt Radio Bigband - "A single sky"

Entienden algunos aficionados que Dave Douglas no es lo que prometía. Dicho de otra manera, deslumbró tanto con sus primeras ideas y proyectos que cualquier cosa que suene más próxima a la ortodoxia lleva todas las de perder para quienes piensan que en la expresión de un artista con esos inicios tan transgresores cualquier mirada al pasado es un fracaso o, si no tanto, una concesión a la comercialidad (¿?). No lo creo. Que con su irrupción soplara viento fresco mediante una combinación de instrumentaciones infrecuentes, un estilo como trompetista propio, expresivo y virtuoso (aunque no artificioso), composiciones afines a una estética camerística contemporánea e incluso en ocasiones folclórica (balcánica, klezmer...) que se traducían en una música libre (que no Free) llena de calidad compositiva, no era el anuncio de un nuevo apocalipsis en la Historia del Jazz sino el aterrizaje de un tipo con una gran personalidad y con mucho que aportar. Y aunque el efecto sorpresa se ha diluido (lógico) su capacidad para armar proyectos de gran entidad y densidad no desaparece ni cuando asoma un atisbo de costumbre.

Aunque el reinado popular de la trompeta en el Jazz de las últimas décadas se lo ha concedido la oficialidad a
otro músico (guess who?) mi gusto y criterio le concede a él el mérito de haber hablado de otra manera con el instrumento y, de paso, una notable capacidad como compositor con una amplitud de registros dentro de una línea moderna de creación que hacen de la suya una aportación musical de primer orden (aunque difícilmente sólo con la música se pueden llegar a obtener ciertas consideraciones). Y ahora, por primera vez desde su primer trabajo en 1994 (Parallel Worlds), se presenta con el respaldo siempre contundente de una orquesta de Jazz (o big band, según se prefiera). Su música, que combina de habitual densas construcciones armónicas con frecuentes vericuetos rítmicos, trasladada a un formato de gran tradición y estereotipos. Un esfuerzo de composición y arreglos que Douglas reparte en lo segundo con su profesor de composición durante los años universitarios Jim McNeely. Éste arregla cuatro temas de la discografía del trompetista mientras que Douglas aporta tres temas creados ex profeso para este tipo de formación orquestal que a su vez forman parte de una suite mayor titulada Delighted States (antes Letter from America) que supuso el debut en 2008 de Douglas como compositor para big band.

La firma de la composición es siempre la misma pero el hecho de que sean dos los arreglistas permite que, sin perder la unidad del disco, se perciban diferencias sutiles entre los arreglos de McNeely y del propio Douglas. McNeely tiene una larga experiencia en estas lides desde su época como pianista de la Thad Jones/Mel Lewis Jazz Orchestra a finales de los 70 y principios de los 80 hasta su dilatada trayectoria como compositor y arreglista (además de director) de formaciones como The Vanguard Jazz Orchestra (sucesora de la anteriormente nombrada), las germanas WDR o esta Frankfurt Radio Jazz Bigband (hr-Bigband) de la que es artista en residencia. Profesor de composición de Douglas, trabajar el material de su pupilo fue uno de los primeros encargos que recibió de esta big band que pertenece a la larga tradición de la Europa (civilizada) cultural de orquestas de Jazz (no sólo clásicas) con soporte público. Verdaderas máquinas de precisión que, en el caso de la hr-Bigband, se adaptan a repertorios tan amplios que van desde un Piazzolla, pasando por Kurt Weill o George Gerhswin, hasta Colin Towns o el propio Dave Douglas (Se me caen las lágrimas viendo las posibilidades que una formación con este soporte puede llegar a hacer). Douglas debutó en este tipo de escritura con una suite durante la campaña electoral de Estados Unidos que acabó con la proclamación de Barack Obama como presidente inspirado por lo que él entendía como "desconocimientos de la realidad de Estados Unidos" en el mundo. Eso sí, con el cambio de gobierno (de Bush Jr. a Obama) cambió el título de la suite: de Letter from America a Delighted States (de Carta desde América a algo así como Estados Encantados). Y sin perder nunca la unidad de estilo tengo la sensación de que McNeely trabaja más las posibilidades tímbricas de la orquesta mientras que Douglas suena más como lo podría hacer con un pequeño combo como los que acostumbra, eso sí, con la fuerza y contundencia que sólo una big band puede proporcionar. En ese sentido los arreglos del profesor son más etéreos, más sinfónicos incluso, aunque McNeely quería mantener el espíritu original de música para pequeño grupo y no hacerla "artificialmente demasiado grande" y los del alumno más rockeros y directos al grano, más (con perdón) básicos (un simple efecto de continuos glissandos en Blockbuster resulta tremendamente efectivo) pensados quizá desde la costumbre de la escritura para combo. Que escuchada la música arreglada por el trompetista junto a la arreglada por el pianista, teniendo en cuenta la diferencia de bagaje de uno y otro al respecto, la resultante sea coherente dice mucho del potencial de Douglas para la escritura orquestal; o, al menos, que ha sabido salir airoso de este reto.

Nada que no hayan hecho otros con las posibilidades que ofrece una big band, ningún apocalipsis redentor para cambiar la Historia... ¡pero qué bien suena! Por facultades técnicas, creativas y variedad Dave Douglas sigue siendo para mí el gran trompetista del Jazz presente.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

viernes, octubre 09, 2009

Dave Douglas & NDR Big Band "Letter from America"



El trompetista Dave Douglas presenta un nuevo trabajo discográfico titulado A single sky que por primera vez en su carrera es en formato de orquesta de Jazz o big band. El disco recoge a su vez tres movimientos de la suite Letter from America (ahora rebautizado como Delighted States, a raíz del cambio de gobierno en la Casa Blanca) que es el debut igualmente de Douglas como compositor para este tipo de formación. En el programa de Club de Jazz disponible a partir del próximo miércoles 14 de octubre escucharemos ese nuevo trabajo discográfico. Como aperitivo dejo aquí este vídeo que recoge la actuación completa que Dave Douglas y la NDR Big Band de Alemania ofreció en el Festival JazzBaltica de Salzau el día 5 de julio de 2008 con invitados de primer orden como el saxofonista Joe Lovano o el pianista Simon Nabatov. El sonido y la imagen es excepcional, como la propia música, y permite escuchar la suite al completo con sus nueve movimientos.

domingo, octubre 04, 2009

La tauromaquia según "The New York Times"

El pasado día 1 de octubre el prestigioso rotativo neoyorquino The New York Times publicó en su sección Arts (Artes) un artículo titulado In a spanish region, a twilight of the matadors (En una región española, el ocaso de los matadores) que se puede leer íntegro aquí. Artículo sobre la posibilidad de que el Parlamento de Catalunya prohíba las corridas de toros. Lo más interesante del artículo no está seguramente en la información que proporciona sino, al proceder de un periódico de referencia como éste, en el modo en que está construida la información. El articulista Michael Kimmelman apunta el declive de la afición taurina en Catalunya y que únicamente la Plaza Monumental de Barcelona permanece en activo. Refleja cómo tan sólo el regreso a la actividad de José Tomás en 2007 logró colocar el cartel de "no hay billetes" por primera vez en 20 años y que el torero Tomás protagonizó el pasado domingo la que podría haber sido última corrida de toros en Catalunya. Acompaña la estadística Kimmelman con la idea de que durante las tres últimas décadas ha decrecido el interés en las corridas de toros por parte de los jóvenes catalanes por una combinación de presión de los defensores de los derechos de los animales y los nacionalistas catalanes. Y dedica el siguiente párrafo a reflejar los argumentos que defienden el toreo:

Es Arte a decir de los aficionados. Arte de lo ritual, antiguo y vistoso, con su secuencia de movimientos, firmemente establecidos pero, ya que los toros siempre varían, diferente cada vez y trae consigo una especie de suerte de ballet de parte de los matadores, que son juzgados también por lo que ellos puedan hacer para que los toros parezcan elegantes. La tauromaquia es un asunto del patrimonio cultural español, dicen los fans. Europa puede desear unirse en torno a los intereses comunes, sociales y económicos pero las culturas nacionales deben ser respetadas, y el toreo representa diversidad cultural.

Reduce la posición de la oposición taurina al siguiente breve párrafo:

Los opositores lo ven de otra manera, por supuesto. Una docena más o menos de manifestantes defensores de los animales estuvieron fuera de la plaza el domingo, sujetaban en alto símbolos salpicados con pintura roja. (En realidad no hay constancia en este párrafo de los motivos opositores al revés de lo que sí sucede con los favorables. Ellos lo ven de otra manera, no sabemos cuál, sólo que portaban símbolos manchados con pintura roja. En el párrafo "pro" no describía la actitud de los espectadores sino su visión. En el párrafo "anti" simplemente la actitud).

Kimmelman aporta las siguientes opiniones con nombre propio sobre la posibilidad de que se prohíban las corridas en Catalunya:

Isabel Bardón, propietaria del bar "La Gran Peña": Sería una mala noticia para mí y para mi negocio.

Robert Elms, escritor de viajes británico "que ha vivido aquí": En un momento en el que Europa es cada vez más grande y más multicultural, Barcelona es cada vez más pequeña y más catalana. Sin entrecomillar la opinión literal de Elms el autor remata la opinión del escritor con un Ha venido a ver a José Tomás y observa, antes de la corrida, cómo la oscura pero mágica ciudad que conoció una vez ha llegado a ser una brillante marca de moda que, sin embargo, mira cada vez más hacia adentro. Y retoma el entrecomillado: Es vanidad. Esa es la única palabra posible. La vanidad describe una cultura insegura. Kimmelman completa sin entrecomillar que La posible prohibición de la tauromaquia, añadió, es semejante a una ley de aquí que requiere al alumno recibir gran parte de su educación en catalán, no en español.

Paco March, columnista taurino del periódico La Vanguardia: Sin entrecomillar: A su hija de 15 años la llaman fascista sus compañeros de clase, dice, porque tiene una fotografía de un torero pegada en su cuaderno. Y ahora sí entrecomillado: Siento rabia de que lo hagan en nombre de la democracia. Y sobre la posible prohibición del toreo en Catalunya: Una minoría de oponentes al toreo podría borrar los derechos de otra minoría, la de los aficionados, que disfrutan de lo que en este país es un espectáculo legal que expresa profundas verdades sobre la vida y la muerte llevadas al extremo. El cierre del artículo utiliza de nuevo declaraciones de March: Queremos ser diferentes del resto de España no matando toros. Pero simplemente estamos matando nuestra propia cultura.

Tres opiniones con nombre propio a favor de la tauromaquia a las que se añade la opinión del diario "El País" (desconozco si del propio periódico a nivel editorial o de alguno de sus articulistas ya que no se detalla) según la cual Esta corrida artística de final de temporada podría haber sido la última en esta plaza. Qué vergüenza si los políticos prohíben las corridas aquí. (Parece evidente que se trata de la crónica taurina, añado).

¿Y opiniones con nombre y apellidos de los antitaurinos? NO. Ni una sola declaración de alguien que considere justa la suspensión de las corridas. Se esbozan motivos de defensa animal, se expresa la aparente contradicción de quienes condenan las corridas pero condonan a las granjas para comer carne. Defiende la teoría de que el nacionalismo catalán difunde la noción de que el toreo es una imposición a Catalunya del régimen fascista de Franco que lo promovió, al igual que el Flamenco, como un símbolo patriótico. La oposición a las corridas de toros se convirtió en una declaración de separatismo de otra manera. Los derechos animales llegaron y dieron combustible a la agenda nacionalista. Teoría que Kimmelman procura demostrar afirmando que que el asunto es, sobre todo, político está demostrado en la frontera, en la región catalana del sur de Francia, en la que la tauromaquia se defiende con fiereza en oposición a la Catalunya española, por exactamente las mismas razones separatistas, en este caso porque está prohibido por París.

En otro momento del artículo Kimmelman hace un paralelismo metafórico entre el toreo de José Tomás y el estilo tenístico de Roger Federer: Como Roger Federer hace que cada acción parezca imposiblemente lenta y elegante.

¿Qué podría poner fin a las corridas de toros en España? Según el autor la indiferencia del público, la competencia de entretenimientos más baratos como el fútbol o los videojuegos, y el fin de una generación de aficionados.

Para el lector de The New York Times queda la percepción de que la oposición taurina en Catalunya es simplemente una postura de carácter político independentista, que quienes defienden motivos como la defensa animal caen en la contradicción de ser consumidores de carne y, sobre todo, que los antitaurinos padecen una compartida mudez (o simplemente que Kimmelman no les ha dado la posibilidad del uso de la palabra).

martes, septiembre 29, 2009

Michael Galasso



El pasado 9 de septiembre falleció el compositor y violinista Michael Galasso cuando tenía 60 años y por motivo del agravamiento de una hepatitis C que padecía. Galasso compuso para cine, teatro, danza, performances, etcétera. En su biografía reconoce la influencia temprana de la música de John Cage así como una atracción por la improvisación (que practicó en Nueva Orleans, entre otros, con el patriarca de la familia Marsalis, con Ellis Marsalis), la música folclórica de Estados Unidos, los sonidos de Irán y Asia Central o la música barroca. Todos esas vertientes confluían en unos sonidos que en cine se pudieron escuchar en películas como In the mood for love de Wong Kar-Wai, Séraphine de Martin Provost (con la que la academia del cine francés le premió con el Cesar a la mejor banda sonora en 2008), Ella es el matador de Gemma Cubero y Celeste Carrasco o El voto es secreto de Babak Payami. Editó dos trabajos con su música a través del sello alemán ECM, Scenes (1982) a violín solo y High Lines (2005) en cuarteto con, entre otros, el guitarrista Terje Rypdal. El vídeo que enlazo en este post corresponde a una actuación del propio Galasso en Italia en diciembre de 2007. Además en el programa número 4 de Son de Cine se puede escuchar su música para In the mood for love y su trabajo High lines.

jueves, septiembre 24, 2009

Cambalache... para los tiempos que corren

Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...

¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y 'La Mignón',
La Tatcher Re.. y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...

Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...

Letra de Enrique Santos Discépolo escrita en 1934.

Escucha aquí la versión de Lito Vitale y Juan Carlos Baglietto.

Carta a los ilustres senadores españoles

Señores senadores del pueblo español. Me van a permitir que por una ocasión, que quizá no sirva de precedente (¿quién sabe?), deje de lado mi tendencia a la ironía o incluso al cinismo (sin él qué difícil sobrevivir) que caracteriza muchos de mis escritos y hablares y sea muy clarito y directo en esta ocasión. Lo voy a ser porque mi última ironía periodística al respecto resultó desalentadora, hasta el punto de que el diario "El País" logró convertirme en un firme defensor taurino cuando, obviamente, pretendía todo lo contrario. Tal fue el desatino en el recorte de mis palabras que incluso figuran en foros taurinos (cuando lo suyo sería figurar en los antitaurinos). Así que permítanme que en esta ocasión les mande a la mierda sin mayores rodeos. Váyanse a la puñetera mierda y regodéense en ella hasta que el hedor de sus heces les acompañe allá donde caminen y un ejército de moscas hambrientas les impida el sueño día y noche. ¡Ojo! No les estoy deseando un mal tan grave. Piensen que podría haber optado por desearles que desnudos y a plena luz del día caminaran despavoridos por las calles de una ciudad tratando de huir de un ejército de ciudadanos sedientos de sangre provistos con lanzas dispuestas a penetrarles por los cuatro costados hasta que acojonados y exhaustos murieran desangrados ante el fervor del respetable. O podría haber optado por torturarles con punzantes banderillas toreras y terminar con una estocada que, confiemos, fuera certera, no vaya a ser que tengamos que cortarles los huevos todavía conscientes... que debe de doler lo suyo. Así que disfruten del mal menor que les he deseado y que no es sino un complemento olfativo del hedor que desprenden sus mentes y conciencias.

Aunque mi deseo es para una inmensa generalidad de nuestros ibéricos senadores permítanme algún deseo personalizado. Señor Javier Sanz, senador socialista que defiende el maltrato animal con argumentos como que los castells (torres humanas típicas de Catalunya) son maltrato a personas porque los que están abajo "sufren el peso de todos los demás". Nada me gustaría tanto como verle aplastado (no muerto, ¡no por dios!) por una manada de toros en pleno recorrido del encierro sanferminero. De esa manera disfrutaría como un casteller de base pero debajo de aquellos animalitos que tanto adora que se torturen de mil y una maneras en este país de tradiciones tan hermosas (perdón, no pretendía utilizar la ironía). Señor Javier Marqués, senador popular que defiende el maltrato animal con argumentos como que "atraen turistas y son acontecimientos de primer orden". Ofrézcase voluntario para el primer "Humano de Tordesillas". Hágalo y verá la cantidad de turistas nacionales e internacionales que acudiríamos impacientes por ver sus ojos desorbitados ante el acoso de cientos, miles, de aficionados a la tradición de este país y curiosos foráneos. Ya que la definición de maltrato es opinable según su señoría, permítame experimentar con su persona la definición de maltrato para que en sus propias carnes la experimente y saque sus propias conclusiones. ¿Le parece?

De cualquier modo, si mi tono les resulta ofensivo, permítanme primero disculparme. Ya he confesado el mal trago de mi última experiencia en opinión antitaurina (y antimaltrato animal) en "El País" que me obliga a la claridad en la confección de mis textos y opiniones. Si a pesar de todo no les sirven mis disculpas permítanme hacer mías las palabras de Enric González hoy en el mismo periódico que tergiversó las mías. Son mucho más educadas señorías.

miércoles, septiembre 23, 2009

Mujeres musulmanas

El siguiente escrito extractado viene incluido en el libro Todos los caminos están abiertos (editorial minúscula - Paisajes Narrados) de la escritora suiza Annemarie Schwarzenbach resultado de un viaje que realizó en compañía de la escritora Ella Maillart por los Balcanes, Turquía, Irán y Afganistán.

(...) Sin embargo, teníamos la sensación de estar en un país sin mujeres. Conocíamos, naturalmente, el chador, la túnica de cuerpo entero que visten las musulmanas y que poco tiene que ver con la idea romántica del delicado velo de princesas orientales. Ciñe estrechamente la cabeza con tan solo unas perforaciones a manera de rejilla delante de la cara, y cae en holgados pliegues hasta el suelo dejando entrever apenas la punta bordada y los tacones gastados de las pantuflas. (...) se trataba de las mujeres de los altivos afganos que se pasean libremente por doquier, son amantes de la compañía y la tertulia amena y pasan la mitad del día ociosos en una casa de té o en el bazar. Pero esos seres fantasmales tenían en sí mismos poco de humano. ¿Eran niñas, madres, ancianas, jóvenes o viejas, tristes o alegres, hermosas o feas? ¿Cómo vivían, en qué ocupaban su tiempo, a quién prodigaban afecto, amor, odio? (...) Sabíamos que el joven rey Amanullah, a su regreso de un viaje a Europa, se había lanzado a introducir reformas y había intentado seguir sobre todo el ejemplo de Turquía. Actuó con demasiada precipitación. Lo que más se le reprochó fue la emancipación de la mujer. Durante algunas semanas, en Kabul, la capital, cayó el chador; luego estalló la revolución, las mujeres volvieron al harem, regresaron a la estricta reclusión de la vida doméstica, y solo pudieron mostrarse en público cubiertas por un velo.

¿Habían olvidado las mujeres esos amagos de libertad, habían sido borradas de su memoria aquellas pocas semanas de 1929? En una ocasión, siendo huéspedes de un joven de talante abierto e inteligente, gobernador de alguna aldea del norte del país, Ella Maillart se atrevió a formularle esta pregunta. (...) ¿Podía excluirse a las mujeres de un progreso semejante? ¿No debían tomar parte de la nueva vida y ser liberadas de la limitación mortificadora en la que transcurría su existencia? El gobernador respondió con evasivas. Cuando le preguntamos cortésmente si podíamos conocer a su mujer, al principio dijo que sí, pero luego encontró una excusa. (...)


(...) Y eso que las habían instruido - en casa, por supuesto -, sabían leer y escribir, no ignoraban dónde quedaba la India, Moscú, París, incluso habían oído hablar de Suiza. Sin embargo, nunca habían hecho un viaje, no se imaginaban que un día pudieran llegar más allá de Mazar-e Sharif, la capital del Turquestán afgano. ¿Deseaban acaso conocer el mundo, llevar una vida diferente? ¿O se quedarían para siempre en aquel jardín soleado y rodeado de tapias de adobe bajo la patriarcal y estricta supervisión de su madre y señora? (...).


(...) Cuando esas muchachas abandonaban el jardín siempre llevaban puesto el chador y solo podían ver el mundo a través de aquella rejilla, tras la cual su cara permanecía al resguardo de indiscretas miradas masculinas.


Una vida así era difícil de imaginar para nosotras. ¿Pero acaso esas mujeres eran especialmente desgraciadas? Solo se puede desear lo que se conoce. ¿Era correcto, necesario, darles educación, sacarlas de su ignorancia y clavarles el aguijón de la insatisfacción? Pronto aprendimos, sin embargo, que esta pregunta ni siquiera se plantea. Afganistán evoluciona hoy según esas fatales leyes a las que se les da el nombre de progreso, cuyo transcurso no se puede detener. (...)


National-Zeitung
, 13 y 14 de abril de 1939

lunes, septiembre 21, 2009

Motivos para la lágrima

En una entrevista que me hicieron hace unos años la periodista (llevaba bolígrafo y libreta de notas por lo que debía de serlo) me preguntó qué me había hecho llorar por última vez. Le contesté que era más de nudo en la garganta que de lágrimas (ya se sabe, los chicos no lloran). Lo recordaba hoy mientras pelaba una cebolla. Si me volvieran a hacer la misma pregunta no tendría escapatoria. Mis últimas lágrimas han sido por una cebolla... ¡qué llorera con la condenada! Conozco a quien se pone gafas de buceo para pelarlas, sin embargo me resisto por el momento. Claro que estas lágrimas no eran sentimentales, más bien pura reacción biológica a una agresión externa. Una vez detenida la hemorragia lacrimal he pensado en motivos que podrían hacerme llorar (emocionalmente). Hoy mismo unos cuantos. Por ejemplo, por razones que no vienen al caso he salido de casa esta mañana. Es decir, me he visto obligado a abandonar momentáneamente mi voluntaria reclusión doméstica. Día de lluvia significa mayor tráfico (no es la lógica la que lo explica, es la costumbre), mayor ruido por el rozamiento de las ruedas sobre el pavimento húmedo y mayor concentración de malos humos (físicos y anímicos). Para llegar del punto A al punto B el pobre peatón (yo mismo) se ve obligado a soportar unos niveles de contaminación acústica y atmosférica intolerables. Alcanzado el tramo peatonal del casco histórico interpuesto entre el punto A y el punto B emito un suspiro mental de alivio, he alcanzado la civilización. Pero, estamos con los motivos para el lloro... las áreas peatonales de las ciudades no son tales, sólo áreas de preferencia para el peatón. Es decir, circulan coches pero tienes la opción de caminar delante de ellos hasta que el rugido del motor que te persigue se hace demasiado evidente y te apartas. Como un encierro sanferminero pero sin astados. Al menos el ruido era menor, me consolaba, hasta que a lo lejos, de allá hacia donde me dirigía, empezaba a llegarme la cansina cantinela megafónica de una manifestación compuesta por una veintena de mujeres que decían cosas como que con no sé quién vamos de culo mientras un señor con bombo marcaba el tempo rítmico de la serenata. Es probable que haberme puesto a llorar por todo ello en plena calle no hubiera solucionado nada (quizá sólo mi alojamiento en régimen de pensión completa en el psiquiátrico) y la única manera que uno conoce de evitar semejante maltrato urbano es la reclusión doméstica, que no asegura el aislamiento acústico pero lo amortigua (a menos que el bloque vecino decida instalar un ascensor, el vecino del segundo reformar el piso y tu pareja sea fan de Fama... ¡a bailar!).

Motivos para llorar... pensaba. Uno bueno es que la dirección de una emisora de radio de una ciudad cuyo nombre oficial lo sea en dos idiomas oficiales dé indicaciones a su plantilla de locutores para que se utilice exclusivamente el gentilicio de la lengua A en vez de la B (o de la B en vez de la A, si se prefiere). Hay que proteger al oyente de la perversión lingüístico-política de las palabras. Aunque no sabría decirles si esto que les cuento es cierto o no, tiendo a confundir mis sueños con la realidad y como ningún medio habla hoy de la explosión del sol en mil pedazos entiendo que podría haber sido cosa de Morfeo. Así que prefiero no llorar por un sueño. Como eso de que Rodríguez Ibarra pida una sanidad "sólo para españoles" porque existe un "turismo sanitario" que por lo visto arruina nuestra sanidad pública. Básicamente su teoría dice que hay un montón de peña que ante la alegría y gratuidad de nuestro sistema coge vuelos de "300 euros y se operan de la cadera que cuesta un poquito más". Entrecomillo lo que entiendo como literal pero de nuevo debe de ser cosa de la almohada porque es imposible que un socialista diga algo semejante. Así que no voy a llorar por lo que de nuevo debe de ser cosa del sueño. Por eso, porque sólo las cebollas hacen brotar mis lágrimas y porque no me gusta mentir a la prensa.


domingo, septiembre 20, 2009

La vida puede ser maravillosa... ORO


¿Qué año fue? No me acuerdo pero mi amigo Joseba me fue inoculando el virus de la pasión por el baloncesto. Debe de hacer mucho tiempo de aquello porque ya van unos cuantos campeonatos por el camino. Ligas ACB, Euroligas (antes Liga Europea y antes Copa de Europa), incluso Korac (no olvido la final Barça - Estudiantes), Campeonatos de Europa, Mundiales, Copas del Rey... yo que sé... se entremezclan en la memoria tantos momentos relacionados con el basket... las visitas a Vitoria para ver la Euroliga con el (ex)TAU, los chupitos de vodka cuando el (ex)TAU llegó a la Final Four de Moscú... el drama de la final de la Liga Europea de París (¡qué robo amigo!) entre Barça y Panathinaikos... en fin, cada uno tiene los vicios que quiere (y puede) y el basket como practicante (esporádico) y como espectador (ritual de lo habitual) es uno de los más sanos que uno tiene en su vida... de los confesables, claro. Hemos sufrido tanto, ¿verdad compañero?, nos hemos acordado tanto de la familia de Stankovic que vivir estos momentos que nos está regalando la selección española de baloncesto... ¡qué forma de jugar al baloncesto! En fin, qué puedo decir... Hay momentos en la vida que hacen que merezca la pena cada respiración, aunque sea a costa de un puro divertimento... o sea, de aquello que hace que la vida no sea algo tan serio y... ¡tan divertido!

Amic Joan, un brindis con una botellita de Colet...


Eurobasket 09: Bronce a la griega

¿Qué hacer si ganas de un punto, faltan cuatro segundos para el final y fallas el primer tiro libre? Pues lo que ha hecho Spanoulis. Tirar a fallar el segundo porque, como ha ocurrido, es muy probable que el tiempo en que ambos equipos luchan por el rebote, aunque el equipo rival lo recoja, sea lo suficientemente prolongado como para que no tenga tiempo de lanzar a canasta en condiciones razonables. Dicho lo cual: Grecia 57 - 56 Eslovenia. Medalla de bronce para los griegos (a la griega) en este Eurobasket de Polonia. Lástima por Eslovenia, a la que sigo con atención desde el Europeo de Belgrado de 2005, que ha notado mucho el tremendo esfuerzo de la semifinal contra Serbia (prórroga incluida) y la falta de relevos para la dirección de Lakovic. Eso sí, si Lorbek juega en el Barça como lo ha hecho en este Europeo...*

*interrumpo el comentario antes de caer en el error de nominar a Lorbek como el mejor fichaje del Barça en años dada mi anterior experiencia con "Vichy" Andersen.

viernes, septiembre 18, 2009

Plata


Odio las tardes grises. El cielo se ha cubierto de plata, el color de todo lo que veo y siento. Mi cerebro destruye aquello que pudo ser habitable en el universo. Cada segundo cuesta las horas de un camino cubierto de nieve. Me resulta difícil pensar con claridad algo que explique el sentido de mi presencia aquí y ahora. Son de nuevo demasiadas las expectativas puestas en las horas concretas cuando lo que se impone es el tiempo global, la generalidad de una vida, no un momento particular. Lo particular es penoso, lo general fugaz. Siento cada segundo perdido como una oportunidad arrojada al vacío y, sin embargo, no se me ocurre con qué hacerlo imprescindible. Miro alrededor y sólo la lluvia agita la pesada gravidez del entorno. Es el otoño que llega para saciar la sed de la tierra. Pienso en asomar mi cabeza por la ventana y que la lluvia remoje la angustia pero me detiene la inercia de un aburrimiento cósmico, el intento vano. He tratado de estirar la goma del tiempo en esta tarde plata, gris como mi ingenio, turquesa como un temporal localizado. Quería hacer inolvidable la primera lluvia del final de verano y he conseguido invierno sin tan siquiera percibir el otoño de matices ocres, de amarillos fosforitos antes de su caída libre al lecho que hierve desnutrido. Dice adiós el calor, hasta un próximo arrebato. Detesto el calor, maldigo el frío que llega. No existe el centro, siempre es extremo el mercurio color plata. Odio esta tarde gris. Odio no saber qué hacer con ella. Se impone el turquesa.


© Carlos Pérez Cruz

jueves, septiembre 17, 2009

Otoño

Las primeras hojas secas sobre el cauce del río, el primer vaho matinal al asomarme por la ventana esta mañana... señales del inminente otoño.

jueves, septiembre 10, 2009

Presto (Pixar)

"Watten" de Thomas Bernhard

Fragmento de "Watten" de Thomas Bernhard (1931 - 1989):

A menudo me siento con ellos, los hombres, estimado señor, y hablo con el lenguaje de esos hombres, bebido lo mismo, tenido la misma hambre, sed, intereses, etc., pero mi cerebro es distinto. Tengo que estar aislado. Es absolutamente absurdo creer que, siendo como yo, se podría sencillamente renunciar a todo lo que se es, y sumergirse en la masa. La masa se da cuenta pronto de esa tontería y lo aniquila a uno, o procura al menos aniquilarlo. La masa aparta a un hombre como yo, que se ha entregado a ella al cien por cien, sin compasión, como a un cuerpo extraño.

martes, septiembre 08, 2009

Savina Yannatou & Primavera en Salonico - "Songs of an other"


Que la improvisación no es cuestión exclusiva del Jazz es evidente pero también es cierto que el Jazz es visto por muchos como el paradigma de la libertad creativa, la música que permite al músico expresarse tal cual siente sin atenerse a partituras (dicen). Es cierto, hay mucho de eso, pero la libertad creativa, la capacidad personal de expresión no la determina un género, una etiqueta, está en la persona. Se puede ser muy libre interpretando una partitura lo mismo que se puede estar atado de pies y manos improvisando un standard. ¿Acaso la reiteración de patrones por partes de muchos jazzistas no lo prueba? Sin embargo todos podemos tener en mente a, por ejemplo, grandes cantantes que, sin salirse de una melodía preestablecida, de una letra escrita de antemano, son capaces de ser ellos y sólo ellos.

La mayor parte de las (y los) vocalistas de Jazz que cada poco aparecen para coger el testigo de las grandes divas (según la prensa y medios en general, claro) no son más que un pálido eco de aquéllas, maniquíes expuestos con una vestimenta prestada y desgastada a la que, con cuatro remiendos, pretenden adecentar para ver si cuela. En algunos casos cuela, en otros (que darían para una larga lista de desaparecidos en combate) no. Por eso en ocasiones para encontrar aquello que presuponemos del Jazz hay que salirse de su departamento. Y con Savina Yannatou un aficionado exigente a eso que llaman Jazz debería sentirse plenamente confortado e, incluso, excitado.

Llevo años siguiendo la pista de esta maravillosa voz gracias a mi curiosidad en eso que llaman Folk, Músicas del Mundo o músicas de raíz. Absurdos etiquetados de los que todos somos usuarios (ya se sabe, "para entendernos") y que podrían llevarle a un aficionado a la etiqueta "Jazz" a perderse a una de las grandes vocalistas del gremio del siglo XXI. ¡Reivindico a Yannatou como cantante de Jazz! ¿Por qué? Porque, aunque está lejos de serlo de standards o del vocalese, tiene su música la improvisación que muchas no tienen, la experimentación que muchas no tienen, la creatividad que muchas no tienen, la libertad para reinventarse que muchas no tienen.

Dice su web oficial: Con un bagaje que combina estudios de clásica y música tradicional "auténtica" con música improvisada y Jazz, Savina Yannatou y los músicos de Primavera en Salonico se encuentran a sí mismos como bailarines sobre una cuerda, sobre el acorde que conecta la música modal del Este con su equivalente musical en el Occidente Europeo, la música de la Edad Media y las polifonías populares del Mediterráneo. Partiendo de la riqueza melismática del Maqam Oriental y el encanto de los ritmos irregulares exploran el territorio de la improvisación libre colectiva, encuentran allí el Jazz moderno. ¿No es esa la actitud de un músico de Jazz? Es más, creo firmemente que quien no se ve limitado por un conceptualismo restrictivo está más cerca del espíritu del Jazz que quien se limita a reiterar los tópicos de lo que se le supone.

En lo relativo a este nuevo trabajo de Yannatou y del grupo Primavera en Salonico (que coordina el acordeonista e intérprete de qanun Kostas Vomvolos, encargado de los arreglos) Songs of an other afronta repertorio tradicional de Armenia, Bulgaria, Serbia, Kazajistán, de su natal Grecia, un tradicional askenazí del siglo XVI, Albania e Italia. Un recorrido por canciones de amor, religiosas, meditaciones, canciones de cuna, etcétera, recopiladas por el intérprete de nay del grupo, Harris Lambrakis, que es musicólogo. Si Estados Unidos cuenta con un cancionero de apenas un siglo, Europa tiene historia musical como para retroceder varios (¡Qué suerte contar con un songbook tan vasto!). Lejos de llevar a cabo una recreación historicista la música es un vuelo libre que parte de sonoridades ancestrales, de melodías mediterráneas, para abrirse a la experimentación, a expresiones sonoras que incluso en sus momentos de mayor radicalidad sugieren Historia, que en sus momentos de mayor crudeza armónica es bella como en sus más fieles reinterpretaciones. Así cuando la música parece serlo de ortodoxa presentación se desestructura de inmediato a la par que la "académica" voz de Yannatou se rompe en mil pedazos y es entonces cuando la voz es, de verdad, un instrumento más y Primavera en Salonico un formidable grupo de improvisadores.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

"Ungenach" de Thomas Bernhard

Fragmento de "Ungenach" de Thomas Bernhard (1931 - 1989):

(...)En la mayoría de los rostros no hay más que tontería, y es una tontería querer suponer o buscar o captar en todos esos rostros otra cosa que tontería... por eso la masa tiene un rostro absolutamente tonto, dijo Moro, porque la tontería que se eleva a miles de millones resulta, como es natural, insoportable... pero la tontería tiene siempre también los medios, como volvemos a ver precisamente ahora, o sea la fuerza, el poder, estimado señor Robert, de borrar, de borrar y aniquilar todo lo que no es tan tonto como ella... (...)

sábado, septiembre 05, 2009

Apunte teórico

Para estudiantes de periodismo (rama audiovisual - radio, televisión también sirve): En el caso de disponer en antena de una sección de cocina o de tener un cocinero ("eras" no hay) como invitado existe una frase ineludible que proporciona el tono de frescura necesario en la radio actual y que, además, sirve para, en el caso de no saber qué preguntar (dado que los guiones son algo obsoleto), ganar unos segundos para a) pensar la pregunta o b) dar pie a que el invitado continúe desplegando saberes gastronómicos. La frase en cuestión es: Uhm, se me está abriendo el apetito escuchándote. Además a estas horas ya apetece. No importa la hora en que se pronuncie, siempre será próxima al desayuno, almuezo, comida, merienda o cena. Si después de pronunciarla el invitado no retoma su discurso o no se ha conseguido construir una nueva interrogación se puede añadir, mirando con cara de "sigue tú que no sé qué más decir" (opción no válida en televisión) al experto, otro clásico: ¡Vaya tortura! Con el hambre que tiene uno. Y después proferir una risita nerviosa.

viernes, septiembre 04, 2009

Deshielo

Fotografía que muestra el impacto de mi presencia en este planeta, en particular la afección de mi persona en el deshielo Ártico entre mi advenimiento en 1979 y el año 2007. Obviamente no recoge los estragos causados por mi incesante actividad térmica en estos dos últimos. ¿Se les acabó el carrete?

martes, septiembre 01, 2009

Jesse Elder - "The Winding Shell"


El esfuerzo individual del estudiante de música sumado a las directrices educativas de las cada vez más exigentes escuelas de música que se dedican al Jazz nos ha proporcionado en los últimos tiempos numerosos ejemplos de nuevos músicos en el panorama profesional con una formación teórica y técnica asombrosa... y nada más. Músicos de excelente potencial que, sin embargo, encuentran muchos problemas a la hora de expresarse, de comunicar algo con su trabajo no ya que se diferencie de lo que la Historia ya nos ha ofrecido sino que al menos incluya una mínima emoción. Por eso la experiencia invita a acceder con cierta distancia a los primeros proyectos de estos recién llegados por muy premiados que hayan sido sus finales de carrera (¿qué se valora para conceder ciertos honores?). Pero en la vida hay excepciones (¡dichosas!) y Jesse Elder parece una de ellas.


Jesse Elder, pianista asentado en la ciudad de Nueva York, presenta mediada la veintena su primer trabajo dentro de un sello discográfico (aunque este sea liliputiense) después de un par de autoproducciones. La precocidad ya no es noticia en casi nada pero uno no deja de sorprenderse de que a ciertas edades algunos tengan la madurez que Elder demuestra; hasta el punto de que quien esto firma se pregunta si no es demasiado pronto para haber accedido a ciertos niveles de excelencia. Maneja con fluidez estructuras complejas de composición mientras otros a su edad todavía digieren las formas más básicas. Aunque esto no es lo realmente sustancial - hay muchos ejemplos de músicos de aparente complejidad realmente aburridos - sino que con ello es capaz de armar un proyecto realmente denso, lleno de matices, composiciones llenas de información, de generosa exigencia para el intérprete. Y es que en su capacidad como compositor está uno de los puntos de interés de su corta trayectoria y como tal ha sido premiado en tres ocasiones por la Asociación Americana de Compositores (ASCAP). Se percibe mucho trabajo detrás de lo que The Winding Shell ofrece.

El disco es, en realidad, un dos en uno. El uno son sus temas para quinteto; el dos un piano a cuatro manos que tiene su propia entidad dentro de la grabación bajo el subtítulo de ALO y que interpreta junto a una pianista de origen japonés de notable currículo y también juventud, Aya Nishina (nombres como John Zorn o Greg Osby ya figuran en su historial). Para cuando se llega a este punto del trabajo el contraste de instrumentación proporciona una agradable y pacífica sensación aunque musicalmente hay intensidad y exigencia, continuos juegos entre las cuatro manos, reiteraciones minimalistas, intimismos de atmósfera inquietante que contrastan con pasajes más viscerales, nunca aleatorios. Un extra del disco que añade un valor nada desdeñable a un proyecto que en su faceta más ortodoxamente jazzística es denso, pero de una densidad volátil, en estado de gracia, con temas de ida y vuelta, con bloques sonoros y melódicos muy bien instrumentados que exploran las posibilidades tímbricas mediante complejas armonizaciones; música en la que sucede algo de continuo en todos los niveles, con continuos sobresaltos, en la que los solos siempre lo son sobre un acompañamiento de enorme e inquieta riqueza rítmica y armónica. Todo un reto para el oyente y para músicos que, al igual que Elder, viven en la veintena, a excepción de Gary Thomas y Chris Cheek. Una edad en la que han tenido tiempo de formar parte de grupos de cierta repercusión como Fieldwork (Tyshawn Sorey es parte de este trío con Vijay Iyer y Steve Lehman) o de que en sus currículos aparezcan nombres consagrados como los de Jason Moran, Ralph Alessi, Dave Douglas, Ellery Eskelin u otros.

Excelente carta de presentación de un pianista (y de un colectivo de músicos) que desprende creatividad y un dominio técnico y teórico al alcance de muy pocos. Ojalá se den las circunstancias para que pueda desarrollar su trabajo en las condiciones que merecen talentos como el suyo. No abundan y nos hacen la vida un poquito más soportable.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

domingo, agosto 30, 2009

No es Ficción

Minutos antes de las seis de la tarde ocupábamos dos asientos en la sala de cine donde se iba a proyectar V.O.S., última película del director Cesc Gay. Nos situamos en la penúltima fila de butacas, junto al pasillo. Una señora de una cierta edad sorbía su refresco situada en la misma fila, al otro lado del pasillo. Consciente de nuestra presencia se alejó. Éramos, junto a un orondo caballero de una cierta edad situado unas filas más adelante, los únicos en la sala poco antes del inicio de la proyección. De pronto dos niñas, de unos diez y ocho años respectivamente, accedían a la sala y se situaban en dos asientos inmediatamente detrás de los nuestros. Nos miramos atónitos. ¿Qué sentido tenía que dos niñas, ni tan siquiera adolescentes, hubieran venido al cine para ver una película de un director con tan poca vocación de entretenimiento infantil? Convenimos que debía de tratarse de un error. Seguramente ellas querían ver Up, la única película con cierto aspecto infantil de la cartelera. Después de situarse en sus localidades y permanecer en ellas unos segundos se levantaron y corrieron hacia la puerta de salida. Dejaron algunas cosas sobre sus butacas, así que volverían, seguramente iban juntas al servicio. Volvieron. Mientras tanto un señor de una cierta edad, que sujetaba su caminar en un bastón, se situó ladeado en primera fila.

- ¿Nos ponemos más adelante? -, me sugirió.

Teníamos experiencia en detectar focos de conversación. Sabíamos que una reunión de mujeres de una cierta edad - no solitarias como la que estaba unos asientos más allá - suele tener problemas de contención verbal, también jóvenes parejas de novios o… bueno, por experiencia sabíamos que salvo los solitarios – y no siempre – todo el mundo acompañado se ha convertido hoy en el cine en una potencial cotorra. ¿Guardarían silencio dos niñas en una película “para mayores”?. Nos adelantamos cuatro filas. Se inició la proyección.

V.O.S., título de la película, siglas de Versión Original Subtitulada. Un anhelo como espectador de cine que, irónicamente, también se vio esta vez traicionado por un doblaje absurdo que nos evitaba la ensalada lingüística de la película en la que catalán, euskera y castellano se entrelazan no por capricho del director sino por la identidad de los personajes y la realidad del entorno de la acción: Barcelona. La España Plural una vez más utópica cuando las lenguas de su geografía no tienen posibilidad de ser escuchadas. Los subtítulos son una solución magnífica ya sugerida por el título del filme. Aunque, en honor a la verdad, subtítulos sí los había, desde el segundo cero, sólo que verbales. Las niñas no defraudaron nuestras expectativas. Lo iban a comentar todo. No en susurros – esa forma de hablar que algunos entienden inaudible para el resto pero, en el fondo, molesta doblemente: no entiendes qué dicen, luego no puedes cotillear, y no logras distraerte del entorno y pensar que la película es tu vida en ese instante – sino en un tono natural de conversación. Cinco minutos de película y se abre de nuevo la puerta de la sala. ¡¡Dos niñas más!! Quizás doce y trece años. Nos miramos. ¿Es hoy el día del niño? Que hubiera una pareja de infantes resultaba chocante pero entraba dentro de los márgenes del porcentaje de surrealismo; que hubiera dos parejas rompía todas las estadísticas y nuestra capacidad de comprensión lógica. Se situaron justo detrás de nosotros. Nos miramos con terror.


El terror estaba justificado. Aquellas dos nuevas inquilinas de la sala vivían el cine como quien ve el fútbol o un programa de televisión, interactuaban con la película y comentaban todo aquello que se les pasaba por la cabeza. No entendían muchos de los detalles más “adultos”, se reían a destiempo – quizá el nuestro era el destiempo, ¿quién sabe? –, abrían sin discreción alguna las bolsas de chucherías y, lo que es peor, susurraban. Tan cerca nuestra estaban que incluso se les podía entender. Mientras las dos niñas pioneras seguían con una animada charla que mi llamada de atención no logró detener - después fui advertido de que mi advertencia no fue lo suficientemente sonora como para hacerse presente -. Resultaba imposible concentrarse en la película. Además en una de sus escenas una de las parejas protagonistas acudía al cine y en ella se les veía señalar la pantalla e incluso conversar animadamente - ¿sería producto de mi imaginación? -. ¿Cómo convencer a los espectadores de que la actitud apropiada es la del silencio si dos actores muestran la actitud contraria? Después nos acordaríamos de que una cadena de cines se anunciaba antes de cada película con un grupo de espectadores con evidente ánimo interactivo. La derrota del espectador educado fomentada por los propios exhibidores.


¿Y el resto de espectadores? La señora de una cierta edad que sorbía un refresco antes de la proyección reía cuando las menores no lo hacían. El señor de una cierta edad y bastón situado en primera espetó un sonoro ¡joder! como reacción a la reacción de uno de los personajes. Lo cual podía tener su justificación ya que la película es un juego de metaficción en el que los personajes parecen vivir una realidad que en el fondo es el rodaje de una película y viceversa. Es probable que el señor de la primera fila fuera una ficción con aspecto de espectador… o viceversa. Y el señor orondo de una cierta edad que al principio quedaba unas filas por delante y ahora ocupaba un asiento vecino al otro lado del pasillo profería sonoros bostezos de tanto en tanto.


Terminó la película. En primer lugar abandonó la sala el señor de la primera fila que poco antes había protagonizado su segundo momento cuando una claqueta anunciaba en pantalla la última escena. Al golpe de ¡clack! se levantó de inmediato, permaneció en pie unos segundos y volvió a sentarse. Es probable que pensara que la película había llegado a su fin, aunque también es probable que en ese instante le correspondiera hacerse la foto con el resto del equipo de rodaje y actores – que en pantalla se reunía en una playa de Barcelona para hacérsela – y que renunciara a ello por pereza o por cualquier motivo que escapa a mi metacomprensión. Después de él abandonaron la sala las dos parejas de niñas preadolescentes, la señora del refresco y el señor de los bostezos. Los últimos fuimos nosotros. Salimos tensos por haber padecido nuestra enésima tortura como espectadores educados en el silencio, incapaces de saber si nos había gustado o no la película; sin comprender qué sentido tenía la presencia de aquellas niñas en la sala – que además habían dejado plagada de palomitas y desechos varios – y con la frustración de comprobar una vez más que - da igual la película, el horario, y el día -, el silencio y el respeto está en peligro de extinción. Para colmo, ¿por qué doblan una película titulada V.O.S.?


viernes, agosto 28, 2009

Cada castillo y todas las sombras (Baltasar Porcel)


Dos fragmentos de la novela Cada castell i totes les ombres (Cada castillo y todas las sombras ) del escritor Baltasar Porcel (1937 - 2009):

(...) - Los hechos pertenecen a un universo distinto, y por suerte apartado, y si no los acercamos con palabras, allí se quedan como animalitos enjaulados. Así tengo a mi perrita. En contra de lo que se dice, no son los hechos sino las palabras lo que engaña. Mira la Iglesia y Franco, que siempre que podían hablar semejaban el esplendor máximo. Un difunto no habla y por eso ya no es nada; mientras su cadáver, un hecho, queda allí tirado. Los muertos sólo subsisten si se habla de ellos o se piensa en ellos, la charlatanería como sustancia. (...)

(...) Y el mar nocturno, gran masa amenazante y fundida con el cielo, una vacuidad llena, invadida de improviso por el inmenso baluarte de luminosa oscuridad de un petrolero. Un volumen que parecía a punto de precipitársele encima y aniquilar el yate, pero que al fin pasaba omnipotente e impávido. Los grandes barcos solos en medio del mar parecían también una mecanización del miedo inmenso y ancestral que erraba a lo largo y ancho del planeta... (...)

jueves, agosto 27, 2009

Rutina

Hoy le he ganado a la rutina. He tomado otro camino para llegar a la panadería. Una vez allí el pan era mucho más pequeño que el de otros días y la dependienta me ha cobrado menos por ello. Al salir de allí he seguido el curso habitual de mis pasos y en la aseguradora de la esquina un trabajador leía el periódico, como todos los días. Mañana probaré a cambiar el camino de vuelta.

martes, agosto 25, 2009

KOJ & Louis Sclavis - "Piffkaneiro"


Tres años después de finalizada la Primera Guerra Mundial el director de cine alemán Ernst Lubistch (El bazar de las sorpresas - 1940 -, Ser o no ser - 1942) firmó la película Die Bergkatze (1921), una comedia antibelicista. Ochenta y tres años después, en 2004, el grupo suizo entonces llamado nadelohr (ahora KOJ) recibió el encargo del Jazz Club Moods de Zürich y de la filmoteca de la ciudad de poner banda sonora a esta película de cine mudo. Producto de este encargo nace el proyecto Piffkaneiro, título que procede a su vez de la propia película, nombre de una ciudad imaginaria citada en la misma.

Plano a plano, secuencia a secuencia, el cuarteto KOJ (antes nadelohr) firmó la música de esta banda sonora imaginada para la película de Lubistch, material a partir del cual desarrollaron el proyecto discográfico con la compañía invitada de una de las grandes figuras del Jazz Europeo, el francés Louis Sclavis que, curiosamente, ya había pasado por una experiencia semejante en el año 2002 cuando, por encargo de Bertrand Tavernier, firmó la música para Dans la nuit, película de Charles Vanel del año 1929.

Hay algo de cine negro en la sonoridad de la música, algo también de música cabaretera, drama y divertimento y, sobre todo, mucho ingenio para articular con absoluta naturalidad estéticas que son tanto del Jazz como de la música Libre Improvisada, tanto del Folclore como de la Música de Cámara Contemporánea. O dicho de otra manera, la música de Piffkaneiro se mueve en los parámetros a los que algunos músicos del centro de Europa nos tienen acostumbrados; el siglo XX musical forma un todo en el que las partes no habitan en compartimentos estancos sino que son una misma realidad. De ahí que aunque podamos dedicar tiempo a extraer las influencias perceptibles en cada composición lo interesante no está tanto en ello como en que hay unas herramientas que los músicos utilizan con naturalidad e intercambian sin plantearse a qué ámbito de la expresión musical pertenecen. De esa manera KOJ y Louis Sclavis consiguen una banda sonora imaginaria densa, llena de contrastes donde predomina cierto expresionismo no exento de un humor casi circense y donde improvisación y composición forman, al igual que la estética, un todo en ocasiones indistinguible.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

miércoles, agosto 12, 2009

Cara a Cara (Louis Armstrong)

Transcripción literal del artículo-entrevista publicado en La Vanguardia el 24 de Diciembre de 1955 firmado por Del Arco:

Los aficionados al jazz dicen que Louis Armstrong es el número uno. Por eso, aunque era todo un personaje, fui a esperarlo al aeropuerto. Lo vi llegar y lo hizo como un triunfador, pero con aire cansadillo...

- ¿Qué le inspira? - pregunté cuando pude, pues estaba asediado por admiradores.
- Mis recuerdos de niñez en Nueva Orleans.
- ¿Los momentos tristes?
- Me sobrepongo a la tristeza; yo transmito al público alegría.
- ¿Qué dice usted de sus imitadores?
- Nadie ha podido imitarme.
- ¿Qué dice de sus seguidores?
- Los hay que lo hacen muy bien.
- ¿Usted se emociona o finge?
- Si no lo sintiera no podría interpretar.
- ¿A cuánta gente ha vuelto loca?
- A nadie.
- ¿Ha oído flamenco?
- Sí.
- ¿Hay puntos de contacto?
- Muchos; son expresiones del sentimiento.
- ¿Cuántos conciertos al año?
- Cuando estoy de jira, casi todos los días. De aquí parto mañana para Ostende. Cuando no estoy de jira hago películas.

Los coleccionistas de autógrafos me lo acaparan.

Asisto a su primera actuación. El público adicto constituye para mí el principal espectáculo. El entusiasmo de los espectadores, exaltado y delirante, me produce la sensación de que yo debo ser un ignorante. A mí la trompeta de Amstrong no me levanta del asiento. Y su voz cascada tampoco. Ya confieso que no entiendo. Cuanto más ruido y más agudos, más aplausos. El del contrabajo, un mocetón negro tristón, debe ser muy bueno a juzgar por los gritos del respetable. Terminada la función, vuelvo a verlo.

- ¿Qué le pareció el público?
- Estupendo.
- ¿Entiende?
- Mucho; en toda Europa me han entendido.
- Dijo usted que cuando improvisaba se acordaba de su niñez. ¿En qué estaba pensando hoy?
- En Nueva Orleans, de donde parte mi música.
- ¿Tuvo una niñez difícil?
- Sí; estuve en un orfanato, y ahí empecé a tocar la trompeta, en la banda del colegio.
- ¿Su trompeta tiene historia?
- Ninguna.
- ¿Es como otra cualquiera?
- Sí.
- ¿Cuánto le costó?
- Nada; me la regalaron en Alemania hace una semana.
- ¿Qué significa usted en el jazz?
- Lo tradicional.

Los labios del trompetista, encallecidos, casi sangran. Todavía le faltan dos conciertos en el mismo día. Reclama un breve descanso y otra vez a soplar.

- ¿Puedo comer una paella? - pide. Mucho arroz...

El artículo original se puede leer aquí.

viernes, agosto 07, 2009

Este mundo es muy extraño

Esta mañana iba de camino a un concierto cuando, de pronto, pude ver cómo un barrendero recogía un peluche. Un osito de color marrón que con sus brazos abiertos pedía ser abrazado. Lejos de corresponderle el profesional de la escoba lo empujaba hacia el recogedor como si de un desecho orgánico se tratara, con cierta repugnancia. Una vez situado el osito sobre la superficie del mismo lo ha elevado y, al alcanzar la altura correspondiente a la boca del cubo de la basura, lo ha girado y con un certero golpe de muñeca ha arrojado el peluche al interior junto al resto de residuos. Una niña de apenas cuatro o cinco años jugaba a escasos metros de la escena.

Cuando el concierto ha dado comienzo un teléfono móvil ha comenzado a hacerse notar. Apurada, la persona que había olvidado quitar el timbre o, simplemente, apagarlo durante la actuación, lo ha rescatado de su bolso, momento en el que su sonido se ha hecho más evidente para el resto de espectadores. En no menos de cuatro ocasiones se han vuelto a escuchar timbres de teléfonos móviles durante el discurrir de las interpretaciones.

martes, agosto 04, 2009

El café de Theo Angelopoulos

(...) Yo bebo el café a la oriental, muy lentamente, gota a gota. Un italiano toma un espresso. Es decir, se lo bebe de un trago. Y me preguntó: Theo, ¿por qué eres tan lento bebiendo café? Y le contesté: vosotros bebéis el café, yo lo saboreo. Vosotros os bebéis el tiempo, yo lo saboreo. Por eso hago películas lentas. Para saborear el tiempo.

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