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viernes, junio 19, 2009

Campeón ACB

Sí, amic Joan, quién nos lo iba a decir hace no demasiado tiempo. ¿Alguien podía confiar en este Barça para ganar la liga? Sinceramente yo no, aunque la debilidad física del TAU en la serie final algo nos podía hacer sospechar. El amigo Ivanovic se lo tendrá que hacer mirar. El desgaste físico de su equipo es tremendo y es probable que la filosofía de que todos los partidos son una final convenza a los amigos del pico y pala pero supongo que regular tiene también sus beneficios. Dicho lo cual año tras año el equipo de Gasteiz sigue ahí, una y otra vez, llegando a finales y fiel a su estilo. Lo difícil para equipos de ciudades pequeñas y de presupuestos relativos es mantenerse una vez se llega arriba. Enhorabuena al TAU por ello.

¿Y el campeón? Más allá de mi contento como seguidor de este club queda un cierto grado de apatía ante la propuesta desplegada durante toda la temporada. Un equipo con el aparente potencial interior, con pivots de gran envergadura y características diferentes como Daniel Santiago y Fran Vázquez o un currela como Jordi Trias(¿por qué el olvido del otrora MVP de la Copa?) y jugadores ambivalentes como Ilyasova o Andersen lo fia todo al juego exterior, que siempre será muy efectivo si se completa con acciones dentro. Ver ataques con cuatro tiros triples consecutivos deja patidifuso a cualquier aficionado. Campeones, se me dirá. Y bienvenido sea el trofeo pero convendría resolver si es una cuestión de criterio del entrenador o falta de recursos.

Por último gracias una vez más al ente público RTVE por su coherencia en los criterios informativos. Interesantísimo diferido durante el inicio del último cuarto de un sorteo de lotería. Eso sí que le deja a uno patidifuso.

viernes, mayo 29, 2009

Lo que dije ayer...

... pero mucho mejor dicho por Enric González en la edición de hoy de "El País":

Soy bastante taurino. Y no lo digo porque generalmente me ponga del lado del toro, que también, sino porque el asunto de la lidia nos sitúa con frecuencia ante nuestra propia condición. Nos libera de hipocresías, mandangas y solos de violín. Nos ayuda a entender lo que somos. Me refiero a los medios de comunicación. Los que trabajamos en este negocio mantenemos un continuo debate sobre la exhibición de imágenes violentas. ¿Es lícito publicar la fotografía de un cadáver? En este mismo periódico hubo discusiones por una imagen que mostraba, al fondo, el cuerpo sin vida de una mujer. ¿Es correcto que la Dirección General de Tráfico utilice, en sus campañas de prevención, imágenes de cuerpos destrozados? ¿Hay jóvenes asesinos por culpa de la tele y los videojuegos? ¿Estamos creando una sociedad de monstruos?

Hasta que una corrida de toros nos permite dejarnos de tonterías. La del miércoles en Madrid salió estupenda. Antes habíamos disfrutado de una bonita cornada a un caballo, pero la cogida a Israel Lancho entraba de lleno en la categoría de lo estupendo: una cornada en el pecho. En televisión abrió numerosos informativos, presentados con frases como "unas imágenes que ponen los pelos de punta". En bastantes diarios fue portada. En EL PAÍS, la excelente foto de Gorka Lejarcegi, con una composición casi pictórica, ocupó cuatro columnas sobre el titular Espeluznante cogida.


Por fortuna (estoy a favor de que gane el toro, pero no tanto como para que el torero sufra daños irreparables), parece que el torero Lancho saldrá con bien del trance. ¿Se habrían realizado los mismos alardes gráficos en caso de que Lancho hubiera muerto? Supongo que sí.


Es la ventaja de la lidia. Nos permite jugar con imágenes violentas sin (parece) el menor escrúpulo. Los toros son los toros, señores: hablamos de cultura. No es violencia gratuita. No son ganas de vender morbo. Es eso, cultura. Y no hay cultura más agradecida que la que penetra directamente en el pulmón, con neumotórax y hemotórax y un buen chorro de sangre.

jueves, mayo 28, 2009

Extasis patrio

Ahí la tienen. La esencia de un país resumida en una sola fotografía con la que hoy nos obsequia el diario El País a sus pagadores. Al fondo la bandera que nos representa como nación, como escenario de la acción el albero y en primer plano un torero en éxtasis frente a un toro que eleva al artista a los cielos del Arte. Qué nobleza, qué orgullo patrio produce semejante sintonía entre toro y torero. Alguien exclamará: ¡Hey! ¡¡Que no está en éxtasis el torero, que es una cogida!! Pues a eso iba, ¿qué mayor éxtasis para el torero que ser penetrado por el toro?

martes, mayo 26, 2009

Josetxo Goia-Aribe - "La Orquesta Jamalandruki"


Alguien me dijo al respecto de Josetxo Goia-Aribe algo así como que siempre trata de hacer la música que esté de moda en cada momento. Poco después añadió que le resultaba rara para su gusto. Algo no cuadra en esa concepción del saxofonista navarro ya que la moda y lo extraño no suelen ir de la mano salvo en ocasiones contadas que, además, tienen pronta fecha de caducidad. Al contrario que ese alguien pienso que la carrera de Josetxo sigue una trayectoria coherente y lineal desde el principio de su trayectoria discográfica. Siempre ha tenido como referente la música tradicional de su tierra (cultural) e, inspirado por ella, la ha trabajado en diferentes formatos con una forma expresiva ligada a la cultura de un Jazz ECM, fundamentalmente garbarekiano. Por otro lado si buscaba hacer la "música de moda" la jugada le ha salido mal porque nunca lo ha estado y lo conseguido ha sido más bien por su capacidad de esfuerzo y constancia en la labor de "cazador" de conciertos (trabajo) que por una cuestión de popularidad.

No considero a Josetxo Goia-Aribe especialmente un transgresor de la música si no es por contraste con el entorno en el que vive profesionalmente. Lo que él hace no lo hace nadie más a su alrededor y eso le ha llevado a ser un rara avis jazzístico. El problema es que Goia-Aribe se tiene que confrontar aquí con un panorama determinado por una concepción mainstream USAmericana del Jazz, como si esa fuera la verdadera esencia de la música improvisada. Incluso quienes como él han trabajado un repertorio determinado por lo tradicional local y regional lo han hecho desde una perspectiva más swingueante, como si la única manera de hacer Jazz con el folclore fuera sincopar melodías. Lo suyo es otra cosa, es una concepción de la improvisación más amplia que procede de una mentalidad teórica más abierta. Por eso su referente lógico está en Europa, en ese Jazz "a la europea" cuyos standards son melodías y canciones populares y ancestrales con unas sonoridades que determinan la singularidad de la música improvisada propia de Europa.

Contar siempre de partida con un repertorio tradicional vasco-navarro como inspiración puede ser peligroso por reiterativo. Ese riesgo lo ha esquivado Josetxo hasta la fecha con cambios de instrumentación (del dúo saxofón - chelo al combo tradicional de Jazz), por sus pequeñas transgresiones (su Jota Jazz en Herrimiña dio que hablar en los círculos locales) e incluso con la utilización de voces invitadas que, por trayectoria, determinaban un espíritu más Folk, pop o folclórico (entiendo que el Folk es lo folclórico desarrollado). Y ahora, en el sexto, prueba de nuevo con el cambio de instrumentación (sólo vientos y percusión) y se pone más "gamberro" o, como él dice, se va "de juerga". Claro que su espíritu festivo es comedido, elegante incluso, más propio del que vive la fiesta como espectador que como actor. Su refinada visión de la música de las pamplonesas fiestas de San Fermín comparte poco de la borrachera y del estercolero en el que se mueven las txarangas. La Orquesta Jamalandruki (nombre en homenaje a un ilusionista pamplonés fallecido en 1988 que se apodaba "Jamalandruki") recrea el espíritu de esta música de calle con un sentido lúdico y, en ocasiones, circense. Sentido que no pierde cuando abre su campo de acción a otras festividades (los moros y cristianos levantinos, aquí Moras y Cristianas, que suenan sorprendentemente verosímiles a pesar de la corta instrumentación), procesiones religiosas (La Dolorosa, en referencia a la procesión semanasantera del mismo nombre que tantas veces vio pasar en su condición de vecino del casco viejo pamplonés) o canciones de corte popular como El toro y la luna (aquí una especie de chachachá verbenero titulado La luna y el toro). Entre las curiosidades del repertorio un guiño a Thelonious Monk al que anuda el pañuelo rojo sanferminero en una Alegría Monkiana que hace honor al estilo fragmentario del genio pianístico.

En la compañía de dos músicos locales (el trombonista Marco Bellizzi y el intérprete de tuba Luis Orduña), un trompetista británico residente en España (David Herrington, habitual de las agrupaciones de Baldo Martínez) y del percusionista Guillermo McGill (asociado con el Jazz Flamenco) Josetxo Goia-Aribe consigue la complicidad de unos compañeros de "Orquesta" con trayectorias muy dispares entre sí que, sin embargo, asumen con naturalidad tan folclórico y divertido reto. Una propuesta que se articula en pequeñas píldoras de dos o tres minutos (sólo 3 de las 13 pistas superan escasamente los cuatro minutos) que rezuman buen rollo y ánimo festivo dentro de una forma musical estructurada en muchos casos en pequeños corta-pegas en los que abundan las referencias reconocibles para el oyente local y donde los ritmos tradicionales no restan jazzismo alguno a la música.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

Periodismo deportivo

El periodista radiofónico informaba a su audiencia de que el contrato del jugador X fue rescindido el pasado viernes y que el sábado por la noche fue visto en una discoteca de la ciudad. ¿Cómo lo sabe? ¿Cuál era la fuente de su información? El mismo confesaba haberlo visto y, afectado por la mala trayectoria del conjunto de sus amores, criticaba hasta el modo en que el ex-jugador (que ya era "ex" a esas horas de la noche) bailaba en la discoteca.

Preguntas: ¿Se enseña en la asignatura de periodismo deportivo que el adjetivo "deportivo" unido a la actividad periodística no exime de un cierto rigor profesional? ¿Se enseña, por lo tanto, que el periodista deja de ser un forofo de aquello sobre lo que informa mientras esté frente a un micrófono, cámara u cualquier otro medio de comunicación? ¿Tiene sentido (y ética) informar sobre la actividad privada de un jugador de fútbol cuando este ya no pertenece a la disciplina del conjunto sobre el que se está informando?

lunes, mayo 25, 2009

Versión Original

Al solicitar dos entradas para la sesión de las seis de la tarde en la sala cinco la taquillera, con cara de quien advierte de algo, dijo: ¿Sabéis que es en Versión Original?

Pregunta: ¿Cuál es el sentido de una pregunta así?

viernes, mayo 22, 2009

Huelga General

Jornada de huelga general ayer en Euskadi y Navarra convocada por varios sindicatos. Llama la atención que siga haciéndose uso del término "piquete informativo" cuando en todo caso debería llevar como calificativo acompañante el de "coactivo". Nadie informa para permitir que el informado tome una decisión sobre aquello que se le propone (el paro en este caso). El piquete se interpone en el camino de la libre decisión. Por su parte el gobierno vasco presume de haber movilizado a la totalidad de efectivos de la policía vasca para que su abultada presencia disuadiera a los piquetes de su intención. La delgada línea que delimita proporcionalidad y Estado policial quedó desplazada del meridiano de las libertades.

miércoles, mayo 20, 2009

Derechos de Autor

¡Escándalo! La SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) cobra por los derechos de autor en festivales benéficos. El personal se tira de los pelos y usurero es el adjetivo más amable (me imagino los esputos verbales en los foros de la red). Se pone como ejemplo un concierto de David Bisbal por no sé muy bien qué causa. No seré yo quien ponga la mano en el fuego por la SGAE (sus funciones y cómo las ejerce es una cuestión muy diferente) pero pocos son los que tienen en cuenta que la mayor parte de los cantantes (los instrumentistas en esto pintan poco), que son los que ofrecen su gratuidad en estas actividades benéficas, no son (en una inmenso porcentaje) los autores de las canciones que interpretan (o como se quiera llamar a la mayoría de perpetraciones).

Preguntas: ¿Piden permiso los cantantes y organizadores a los autores para la cesión gratuita de los derechos de su autoría? ¿Permitiríamos que alguien usurpara nuestro trabajo y lo regalara, fuere la causa la que fuere, sin nuestro consentimiento? ¿La voluntad de un tercero nos obliga legal o moralmente?

Existe una percepción equivocada de la música y sus derechos. Se extiende la versión (acomodaticia) de que la música es de todos (¿?) cuando será en todo caso del padre o la madre que la parió y, a partir de ahí, lo que haga con ella dependerá de su voluntad, necesidades, etcétera. El trabajo del autor es precisamente ese, crear la música a la que, por otro lado, se puede acceder en muchos casos de manera legal y gratuita (radiofórmulas, por ejemplo). Es decir, existen múltiples facilidades para escuchar música sin pagar por ella, infinitas si sumamos las ilegales. ¿Cuál es la consideración que nos merece el autor? Gloria para el intérprete, ni siquiera posibilidad de olvido para el autor. Para eso primero habría que conocer su nombre.

lunes, mayo 18, 2009

Otra más

Una más (y van... ni sé cuántas van) de nuestra querida televisión pública ibérica e insular. No alcanza el súmmum del momentazo himno de la final de la Copa del Rey futbolera (¿por qué el escándalo mayor fue que no se emitiera en directo cuando lo más grave fue el montaje audio-vídeo posterior?) pero para quienes somos aficionados al deporte de la canasta no es si no una más (y van... ni sé cuántas van). Joventut - Real Madrid, cuartos de final de la ACB (segundo partido al mejor de tres), dos minutos finales con marcador empatado y, tras varios fallidos intentos de conexión (con varios pantallazos en negro), ¡zasca!, pantallita minúscula para el basket y recuadro grande para... para para paraaaa... ¡la Bonoloto! En riguroso diferido (como se encarga de reconocer la voz institucional). Es decir, La 2, que entiendo emite a diario el sorteo de la Bonoloto, pospone hoy su emisión por la retransmisión del baloncesto y, en vez de esperar a que finalice el partido, decide emitir en riguroso diferido el sorteo mientras el partido se disputa en sus dos últimos minutos. ¿Qué tipo de luminaria toma una decisión así (y van... ni sé cuántas van)? Para colmo en vez de simplemente poner en pantalla el número premiado emiten íntegro el sorteo (que ya se ha celebrado), con sus correspondientes bombos pelotita por pelotita, para recrear en riguroso diferido la emoción de un sorteo ya resuelto con la mala fortuna de que el bombo del reintegro se ha atascado por lo que el proceso se ha alargado (en riguroso diferido, claro). Tras la vuelta al basket tiempo muerto, publicidad que entra tarde, vuelve por lo tanto con el partido comenzado, jugada que no vemos tras la cual... otro tiempo muerto. En fin... una más (y van... ni sé cuántas van).

domingo, mayo 10, 2009

Toreros (Manuel Vicent)

El arte consiste en representar plásticamente en un cuadro, como lo hizo Goya, ese momento en que el toro entra al caballo y el picador escarba con la puya en el morrillo para inferirle una herida cuya sangre le llegará a la pezuña. El arte consiste en pintar esa brutalidad, pero no en realizarla. Para ejecutar ese acto en vivo sólo hay que tener fuerza y destreza. El arte consiste en llevar al lienzo de forma magistral ese momento en que un paisano le mete la faca en la tripa al caballo de un mameluco un 2 de mayo o captar al día siguiente esa fracción de segundo en que un rebelde abre los brazos ante la descarga de plomo en los desmontes de la Moncloa al ser fusilado por los franceses. Aunque ese paisano, llevado por la cólera, clavara con habilidad la faca hasta el puño y el pelotón abriera fuego a su cabeza con absoluta exactitud, no por eso los llamaremos artistas. Hay mucha gente que hace las cosas bien. Freír buñuelos ¿es un arte o un oficio? Llamar arte a la destreza de pasarse a un toro por la tripa manipulando una tela es un despropósito, por mucho que los aficionados valoren esos lances, y al despropósito se añade la degradación e incluso la ignominia si el ministerio de Cultura equipara ese oficio a la labor de los poetas, pintores, músicos, bailarines o actores insignes, premiando cada año con una medalla similar al torero de turno. Recientemente ha habido un pique entre matadores. Dos de ellos, que se creen ese cuento, han devuelto la medalla al ministro de Cultura, al sentirse agraviados en su arte porque también le ha sido concedido a un colega mediocre cuya fama se debe sólo a la prensa del corazón. A lo largo de la historia la cultura en España ha sufrido una continua humillación a través de la incuria popular, la falta de medios y el desinterés de los políticos, pero ninguna caída es comparable al hecho de que el ministerio haya elevado oficialmente a la categoría de arte la tortura de un animal, que se ofrece al público como espectáculo. No son estos toreros celosos, sino los pintores, músicos, actores y poetas premiados quienes deberían remitir a la ministra de Cultura la medalla ahora degradada al tener que compartirla con el oficio de sacrificar toros diestramente a navajazos.

Publicado originalmente en El País (10/05/2009)

jueves, mayo 07, 2009

Encuestas

Las encuestas no son nada, dijo el político, sólo viento y aire. Acto seguido se ahogó.

domingo, mayo 03, 2009

¡Qué fin de semana!

No iba a ser menos el Barça de basket... En el fin de semana del 2-6 del Bernabéu los de Xavi Pascual han ganado a Olympiacos consiguiendo el tercer puesto de la Euroliga. ¡Eh! Un respeto... que ganar la Euroliga ya se había ganado pero lo del tercero no había manera.

viernes, mayo 01, 2009

En el día en que Vichy Catalán superó la resaca...

... e hizo el partido de su vida (culé), Siskauskas se salió. Lo que no termino de entender es cómo este Barça ha conseguido llegar a la Final Four. Mérito tiene haber tenido a raya al CSKA durante 33 minutos (¿o será que el CSKA jugaba a la mítica táctica del conejo de Manel Comas?) pero es imposible pretender que sea domingo en viernes (aunque por si acaso lo hemos probado en 1 de mayo). ¿Cómo se puede jugar todo el partido con ataques desde 9 o 10 metros? ¿Por qué nunca se aprovecha el poderío interior de Santiago, Vázquez y Trías (¿?)? ¿Por qué sale Fran Vázquez a defender fuera si no sabe defender fuera? ¿Qué sistema de juego es el que se decide una y otra vez buscando un triple inverosímil? En fin, preguntas que no llevan a ningún lado... bueno sí, a disfrutar de un fantástico partido por el tercer puesto y a que Laporta se ahorre un viaje a Berlín el domingo. Todo sea por la crisis.

miércoles, abril 15, 2009

El cielo como defensa

España tiene la virtud de prometer más de lo que da. Tantos desmanes obligan al viajero a mirar al cielo para encontrar allí lo que en tierra ha desaparecido. Abajo ya no queda espacio.

sábado, abril 11, 2009

Apuntes de "Por la ruta de la memoria"

El pasado martes la televisión pública española estrenaba en su segundo canal el espacio "Por la ruta de la memoria" en el que el escritor Manuel Vicent nos llevaba de viaje, para la ocasión, a la isla de Sicilia. "Primavera en Sicilia" fue el título para el estreno. Algunos apuntes de lo visto y oído (del guión es coautor el propio Vicent):

Cuando los viajeros se convierten en turistas pueden roer las entrañas de la belleza en cualquier punto del planeta donde se posen.

Antiguo esplendor de la naturaleza que la política ha sometido a una ruina.

Si prega non sputare sul pavimento (placa en el interior de una iglesia).

Las piedras muertas pierden lentamente importancia y el arte se ve sustituido por el fregado de la existencia (sobre una imagen de gente joven de fiesta por la calle).

El vacío es la esencia de todas las cosas.

Soñando deseos imposibles esperando el lunes (un domingo al sol en el parque).

jueves, abril 02, 2009

Joel Harrison & Christian Howes Quartet (IX Ciclo de Jazz Universidad Pública de Navarra / Iruñea - 1/04/2009)

Lanzo la moneda al aire y… ¡al concierto! Ha salido cruz. Hace años que procuro evitar sufrir con las esporádicas actividades jazzísticas que se celebran en la ciudad de Iruñea – Pamplona. Esta vez concedo la decisión al azar de la moneda y me encamino al… no sé cómo describirlo. Oficialmente es un edificio universitario de comedores. ¡Eso es lo que es! Un edificio de comedores. Ni un auditorio, ni una sala de cámara, ni siquiera un aula magna, aquí el universitario deglute a diario. Tengo especial interés por escuchar a ese guitarrista llamado Joel Harrison que descubriera con su estimulante encuentro de Jazz y música Country en Free Country (ACT – 2003). Su concierto en cuarteto comparte nominal liderazgo con el violinista Christian Howes. Programado a las siete, a las siete las puertas permanecían cerradas. Una vez abiertas recuerdo uno de los motivos que me alejaron de este mini ciclo hace años. El improvisado escenario se sitúa frente a una hilera de mesas alargadas a cuyos lados están situadas las sillas, fijadas al suelo y con limitada capacidad de giro. Eso significa que en cada mesa una de las líneas de sillas queda inhabilitada para su uso en el concierto, a no ser que se prefiera permanecer mirando al personal en vez de a los músicos (quizá aquí le viniera a Abbas Kiarostami su idea para la película Shirin). Me sitúo en primera fila, para evitar unas cuantas de charlatanes (ya se sabe que el Jazz es música para beber y gritar), espero y espero, saludo a conocidos, aguardo mi porción del rancho (¡despierta Carlos, es un comedor pero ahora no sirven comida!) y sigo esperando. Lo inexplicable es que cómo pasados veinte minutos de la hora hay quien entra tan tranquilo. ¿Cómo sabían lo de los más de veinte de retraso? Nadie explica nada pero a nadie parece importarle.

Sin mucha más referencia que esa grabación mencionada de Harrison me dispongo a la escucha. Iniciados los primeros compases, y todavía abrumado por el impacto súbito del volumen y los graves (imagino que cuando Howes nos preguntó por el sonido habría alucinado con el “great” general), un grupo de jóvenes hace notar su llegada. Arrastran unas sillas (imagino que no las habrán arrancado, aunque tal y como está Bolonia…) hasta situarlas a conveniencia detrás de mi fila, por delante de la siguiente mesa (y sus correspondientes e inútiles sillas Kiarostami). ¿Qué hago yo aquí? Maldigo la moneda de mi suerte pero, ya que estoy, ejercito mis habilidades de aislamiento social (tan y tan trabajadas en múltiples proyecciones cinematográficas). El concierto comienza frío, yo estoy frío, el local es frío, y lo que es peor, sospecho que la música está cogida con pinzas. Se percibe cierto desajuste desde el escenario, miradas de incógnita sobre lo que suena resueltas, sin embargo, con la capacidad de maquillaje que se les supone por bagaje. No es una música fácil para una primera vista la que firma Harrison (la mayoría de composiciones del concierto son suyas) y la sospecha de falta de rodaje es permanente. Cierto es que baterista y bajista, jóvenes productos de la academia Berklee, han llegado casi por los pelos al concierto desde Nueva York (aterrizaje en Madrid y carretera hasta el viejo Reyno, nos cuentan) y se les puede suponer un tanto desorientados aunque, en el fondo, cumplen (Berklee estaría orgulloso). Una segunda sospecha es que ambos forman parte colateralmente del proyecto (si es que este existe como tal), reclutados al grito de: ¡Chicos! Nos vamos a Europa. ¿Alguien se quiere venir?

El concierto responde en parte a la idea previa que tengo de Harrison y del toque Country de su música. El uso del violín ayuda a reforzar el terreno de lo tradicional y, sin embargo, las composiciones devienen en largas progresiones de gran poder rockero subrayadas por largos solos de Howes que utiliza de manera frecuente la distorsión guitarrera para su violín (esos juguetitos). Todo gira en torno a Harrison, sus miradas delimitan solos y posibles despistes, sostiene la música cuando esta parece estar en mayor peligro y la hace caminar. El fraseo conjunto de guitarra y violín, cuando este no utiliza distorsión, tiñe de vaquero la música. Sin embargo cuando Howes distorsiona el concierto discurre por parámetros de purito Jazz-Rock sustentado a su vez en la contundencia del baterista Jordan Perlson (amigo Perlson, esas miradas de Harrison pedían pianissimo) y en la adecuada función que un bajo eléctrico, el de Evan Gregor en este caso, ofrece a la música que así viste. Cuando los temas se abren, cuando se puede olvidar el solista de los juegos rítmicos del Harrison compositor, la cosa se templa en el escenario y se calienta en el público. La dinámica se reitera en muchos de los temas: del jugueteo inicial ya sea por medio de notas largas de guitarra y violín (buscando la correspondiente tensión armónica) sobre una nerviosa base rítmica de la batería o de una exposición más melódica y tradicional (en el sentido vaquero y baladista de la palabra) se pasa a territorios más atmosféricos que, in crescendo, devienen en largos solos de los dos líderes nominales hasta volver a la reexposición temática. Ortodoxia conceptual, no por ello menos meritoria si es personal. Y me resulta tan admirable la precisión de los jóvenes bostonianos, especialmente del baterista, como falta de expresión personal. No es una novedad viniendo de la fábrica de jazzistas por excelencia.

Entre música y bromas (“Después de que durante ocho años nos insultaran por Bush en Europa espero que ahora con Obama cambie”, dijo Harrison) el cuarteto regala algo más de hora y cuarto de música de agridulce regusto. Harrison compone bien, tiene muy claro su concepto musical y es un guitarrista notable pero este cuarteto parece más para la ocasión que un proyecto de enjundia (o al menos verde para salir de gira). Aunque visto el comedor no era como para exigencias de gourmet.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

martes, marzo 31, 2009

Estados anímicos

20 segundos para el final del tercer cuarto, 43 - 37 TAU. ¡¡¡Quieto Ilyasova!!! ¡¡¡¡Última posesión!!!! Espera, que voy a mataaarrrr... ayvaaaa. Espera, rebote TAU, Prigioniiiiii... ¡¡¡irukoa!!! 46 - 37 final de cuarto. Último cuarto: algo más de tres minutos. 59-52 TAU. Sube Lakovic, Andersen recibe, Andersen penetra, Andersen sale, toma Lakovic... todo tuyo Lakovic, ¡sí, nadie se mueve! Uy, Rakocevic 2+1. ¿Y esos pasos de Andersen a poco más de un minuto? Ay el vichy. Si es que cuando se sube a la cabeza... vete a Rusia, my friend. Así que: 69 - 62 (2-1). Y mira que habíamos recuperado a Barrett... ¡quiá!

sábado, marzo 28, 2009

Prórroga Team

Barça 95, Unicaja 94 tras una nueva prórroga. Cuatro partidos desde el pasado domingo para el Barça, balance 2-2, con cinco prórrogas. Y la serie Euroliga que sigue el martes en Gasteiz. Todos los puntos del Barça en la prórroga made in Navarro, ergo la pregunta es: si en el TAU todos son Kelatis en defensa, ¿quién asume la responsabilidad llegado el caso? Mi respuesta en septiembre: Andersen. Llegados a este punto está claro que el vodka (uno por cuarto en Moscú, ¿recuerdas Joseba?) tiene menos efectos secundarios que el vichy catalán. Bueno Joan, al menos ya tenemos la excusa: Barrett se ha lesionado.

jueves, marzo 26, 2009

Pamplona (la vieja Iruñea) y la Capitalidad Cultural

Escucho por ahí. Pamplona ocupa la penúltima posición entre las ciudades candidatas a la capitalidad cultural del 2016. ¡Bien!, pienso, el sentido común impera en los órganos de decisión. Claro que como desconozco por completo el sistema de elección y la fuente de la noticia no valoro al respecto. Bien podría tratarse de uno de esos concursos televisivos en los que los espectadores envían un SMS con su carga de fobia incluida. Dicen que se trata de un complot de los países del Este, si bien me temo que este es más terreno eurovisivo.

Volviendo a lo que iba, escucho por ahí que tan sólo Murcia queda por debajo. Lógico, a ellos les falta el agua y a Pamplona el riego. Lo del agua para otro día pero lo del riego de Pamplona... Las vías de canalización de la cultura no existen. Pero, ¿existe la cultura en Pamplona? (la vieja Iruñea). Escucho por ahí, de Pamplona sólo se conocen los Sanfermines. ¡¡Demonios!! ¡Churras y Merinas en una misma frase! Lógico, la acepción de cultura incluye también costumbrismos locales. Pero me temo que una capitalidad cultural va por otro lado. E incluso aunque no me venga ni me vaya el nombramiento (más que nada por no soportar un año de ensalzamiento de la txistorra, fotos protocolarias y depresión resacosa posterior) sirva esta previsión/ostión para que, aunque no podamos dejar de mirárnosla, al menos seamos conscientes de que el patxarán afecta a la visión.

miércoles, marzo 25, 2009

Mendigos

tEl vestíbulo del cine está habitado cada mañana por un grupo de siete u ocho mendigos, a veces más, adictos al trago de Don Simón que se resguardan del sol, la lluvia o el viento. Son bulliciosos, no discuten pero pareciera que lo hicieran. El color de sus voces relata excesos en el alcohol y el tabaco, la dureza de la vida al aire libre. Por la tarde, cuando las proyecciones van a dar comienzo, no queda rastro de ellos. Alguien ha barrido los restos de la mañana. La taquilla está abierta, la taquillera con gesto resignado, desplomado el mentón sobre la palma de la mano, mira la pantalla del ordenador. Un hombre interrumpe su sopor, tres mujeres más tarde, otro hombre y una joven pareja. Compran su entrada y desaparecen en el interior camino de la oscuridad de la sala. Se resguardan del frío de la vida al calor de las historias ajenas. Son adictos a la ficción los mendigos de la tarde.

© Carlos Pérez Cruz

martes, marzo 24, 2009

Diagrama televisivo

A continuación entrevistamos en exclusiva a la mujer que quemó al hombre que violó a su hija.

lunes, marzo 23, 2009

Sobre el Arte (Antoni Tàpies)

Escrito en 1955 por Antoni Tàpies: El Arte es una fuente de conocimiento, como la ciencia, la filosofía... Si las formas no son capaces de herir a la sociedad que las recibe, de irritarla, de inclinarla a la meditación... si no son revulsivo, no son una obra de arte. Donde no hay verdadero impacto no hay arte. Cuando la forma artística no es capaz de producir el desconcierto en el ánimo del espectador y no le obliga a cambiar de manera de pensar, no es actual.

Texto recogido en el libro "En blanco y negro" (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores)

domingo, marzo 22, 2009

Apunte deportivo

Tras más de tres horas desde que comenzara finaliza el Ricoh Manresa 122 - F.C. Barcelona 117. Cuatro prórrogas y en Vitoria que deben de estar la mar de contentos. A dos días del primer cruce de cuartos de final de la Euroliga, Barça - TAU, y cuando lo que estaba en juego en Manresa era menor para el Barça... ¿tiene sentido semejante esfuerzo?

Ramón López Quintet "Songs of the Spanish Civil War" - Mercat de les Flors (Barcelona)

En más de una ocasión le he escuchado decir al escritor Juan José Millás que una obra literaria o una película necesita tener altibajos en su tensión narrativa para permitir que en una historia de gran intensidad el lector y/o espectador pueda respirar y no desfallecer. Lo contrario, dice, sería como tener una erección continua y prolongada, algo insoportable. Tengo mis sospechas de que la actuación que ofreció el quinteto del alicantino Ramón López hubiera extenuado al escritor.

El proyecto Songs of the Spanish Civil War nació hace ya diez años y tuvo su versión discográfica en el año 2000 a través del sello británico Leo Records. De la formación original faltó en la presentación barcelonesa el trombonista Thierry Madiot y en su lugar participó el pianista Agustí Fernández, referente indiscutible de la música improvisada ibérica con quien López colabora cada vez de manera más frecuente. Sin embargo la variación de timbres no desvirtúa la esencia de un proyecto que con su franqueza sonora es un documento vivo del conflicto bélico español. Documento no sólo en cuanto a que se nutre de tonadas populares de la Guerra Civil y las muestra sino porque su expresividad es de una contundencia descriptiva tal que la mente no puede dejar de dibujar las escenas del conflicto; vivo, a su vez, porque la música se revuelve, agoniza, vomita como un volcán la lava, cambia de color y nunca es igual aunque siempre sea la misma.

Ramón López ofrece una narración continuada, los capítulos no están numerados sino que se suceden unos a otros sin hoja en blanco entre medias. Apenas usa los puntos, sólo las comas, y nunca un punto y aparte. Cuando tras una breve introducción comienza a sonar Els Segadors el pulso se acelera y la respiración se agarrota. No hay vuelta atrás, es imposible huir de un discurso que te agarra del alma y sacude las emociones, que cuando parece ofrecer tregua (la paz bélica) reclama igualmente todas las energías del oyente hasta llevarle al límite de sus capacidades. Tan intenso en los fortes como exigente en los pianos. No hay medias tintas. Es una música que requiere de una estirpe poco frecuente, la del oyente activo. Y en directo siempre mejor que en disco, sobre todo si el escenario, como era el caso de esta sala, invita a la concentración.

El saxofonista Daunik Lazro se encarga de la mayoría de las exposiciones temáticas que en ocasiones se funden con esa maravillosa rareza vocal que es Beñat Achiary, un hombre capaz de contorsionar la voz como si de un niño burlón se tratara y fuera ciego a las barreras que la ortodoxia pone en el camino. Ya sea un Ay Carmela, el Vito o Mendiko Negarrak, ya sea una melodía de la nostalgia o una poesía del dolor, todo termina por fundirse en una gran masa ígnea que distorsiona el camino de partida y, sin embargo, no pierde en ningún momento su original belleza herida. Y ahí habita una de las grandezas de este proyecto, que partiendo en muchos momentos de melodías populares, reconocibles para el público, estas no sólo delimitan el inicio de un nuevo momento sino que impregnan todo el sentido de la improvisación colectiva e individual.

Como en una montaña rusa se llega al final tan excitado como exhausto tras (más o menos) una hora de música sin interrupciones. Después de comprobar (una vez más) la generosidad de un líder nominal que parece que en cualquier momento va a devorar esa batería que parece un juguete en sus manos, que cuando amenaza con la violencia de un francotirador se contiene y acaricia todos y cada uno de los rincones de su instrumento, que cuando escucha disfruta tanto (o más) que cuando toca, que nos regala a un contrabajista de expresividad virtuosa como Paul Rogers o el placer de intuir la presencia de un pianista de primera como Agustí Fernández que, aun comedido, tejió las atmósferas adecuadas a lo que el grupo y solistas exigían en cada momento.

Tiene razón Juan José Millás en eso de que el espectador necesita altibajos con los que rebajar la tensión cuando la historia que le cuentan es intensa emocionalmente. No es fácil soportar la intensidad dramática e ininterrumpida de este proyecto y salir indemne. También es cierto, sin embargo, que no todos los días se puede obtener una erección de semejante calibre así que, una vez conseguida, más vale disfrutarla hasta el final aunque se corra el riesgo de acabar como Ramón María, el trompetista con una erección permanente de La magnitud de la tragedia (de Quim Monzó).

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

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martes, marzo 10, 2009

De "Profesor Miseria" de Truman Capote (1949):

La mayoría de la gente se levanta por la mañana, no porque importe lo que haga, sino porque no importaría que no lo hiciera

lunes, marzo 02, 2009

La espectadora

Carmen fue la primera en entrar en la sala. Ocupó, como de costumbre, uno de los asientos laterales, lado izquierdo. A la mayoría de espectadores le gusta ocupar los asientos centrales de mitad de la sala hacia atrás porque suponen que son los mejores para ver una película. A ella le gusta verlas y sentir que forma parte de ellas, por eso necesita estar lo más alejada posible del resto de personas, para que no le hagan consciente de que, en realidad, está en una sala de cine y no en la historia. Por eso cuando una pareja de hombres se situó justo detrás de ella se inquietó y no dudó en levantarse y cambiar de asiento. Recogió sus cosas y se situó en la misma fila pero en la butaca situada en el extremo opuesto. Aprovechó para echar un vistazo a la revista que había cogido en la taquilla del cine y leer algo sobre los estrenos del mes. De pronto su atención se distrajo cuando empezó a escuchar con total claridad una historia relacionada con no sé qué herencia y follones de familia. Se giró y contempló a dos señoras de unos sesenta años que mantenían una animada conversación. Estaban sentadas dos filas más atrás de la suya, centradas, pero podía escucharlas sin ningún problema. Se alertó. Por experiencia sabía predecir, con buen porcentaje de acierto, el comportamiento de los espectadores durante la proyección y esas mujeres tenían un elevado potencial de parloteo. Pensó en volver a cambiar de butaca pero se reprimió con aquello de que todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Las dos mujeres, mientras tanto, habían cambiado de tema. Por lo visto una de ellas había decidido devolver la falda que había comprado el día anterior en las rebajas. No es que no le gustara, es que no le convencía. Carmen prosiguió la lectura de la revista cinematográfica.

En los minutos siguientes hicieron entrada en la sala, por orden, un hombre de aspecto abatido que se situó en la última fila entre el centro y el extremo derecho, un señor de unos cuarenta años con gesto circunspecto que se sentó en la fila de las mujeres de la herencia y la falda a tres plazas de distancia a su izquierda y una señora muy puesta y arreglada que se situó en la fila de delante de Carmen muy próxima a su posición. Las luces de la sala se apagaron. En pantalla la empresa propietaria de los cines se anunció como el paradigma del ocio. A Carmen esto le resultó absurdo ya que, se interrogaba, para qué se anunciaba la empresa ante aquellos que ya estaban haciendo uso de ella y sabían lo que esta podía ofrecerles. Películas. Le molestó más, sin embargo, que en el anuncio salieran unos espectadores que reían y hacían comentarios mientras señalaban con sus manos hacia la pantalla. Después siguieron tres anuncios de alguna ONG que pedían dinero para causas como el hambre o la exclusión social, uno de una caja de ahorros que a través de su fundación presumía de estar conservando, junto con el gobierno, un parque natural lo que, por lo visto, era su lado humano y tres trailers de películas de la misma productora de la película por la que Carmen había pagado la entrada. Quince minutos después de la hora anunciada se inició la proyección.

Cuando los primeros títulos de crédito aparecieron proyectados en pantalla Carmen vio que aparecían un tanto borrosos. ¡Mierda! exclamó su cerebro. Ya estamos. Otra vez no han enfocado la película. Salió corriendo de la sala y buscó a algún responsable que pudiera solventar el problema. Vio a un joven, de reciente pasado adolescente, que vestía con la camiseta identificativa de los trabajadores del cine y le puso en conocimiento del inconveniente. Ahora mismo me paso, le contestó. Carmen volvió a la sala. En el momento de su entrada adivinó el nombre del director en pantalla. Y se inició la acción. La primera secuencia se desarrollaba en el interior de una casa. Las mujeres situadas en los asientos centrales dos filas detrás de la de Carmen se asombraron al contemplar el lujoso escenario. Qué bonito, decían, fíjate en esos muebles de diseño, anda que no tienen que costar. Carmen se giró de inmediato hacia ellas que, a su pesar, no fueron conscientes de la mirada reprensora. Y qué jarrón, sentenció una de ellas. El hombre de aspecto circunspecto carraspeó notoriamente y ellas le ofrecieron un caramelo. Lo rechazó incrédulo. La puerta de la sala se abrió y Carmen vio cómo el joven de reciente pasado adolescente con la camiseta identificativa de los trabajadores del cine se asomaba durante unos instantes y se retiraba. Carmen supuso que unos segundos después vería cómo la imagen se ajustaba hasta quedar enfocada pero pasaron tres o cuatro minutos y aquello no mejoraba. Los cuerpos se percibían entre una ligera bruma, la fotografía no era la aclamada por los críticos y los primeros planos delataban la falta de detalle. Nerviosa se levantó del asiento y volvió a salir. Miró hacia un lado, luego al otro y nada. Hasta que vio al joven de reciente adolescencia salir del servicio hurgándose el agujero derecho de la nariz. Cuando el resultado de sus pesquisas iba camino de la boca Carmen le detuvo. Disculpe, dijo, la película de la sala cinco sigue desenfocada. Pues yo la he visto bien, acertó a responder él. ¿Cómo? Pero si se ve borroso, insistió Carmen. Pues yo la he visto bien, repitió de nuevo. Carmen utilizó una vez más su intuición. No había mucho que hacer. Si él la veía bien la veía bien y eso era indiscutible. La percepción de la realidad dependía en este caso del interés que se tuviera en ella. Desistió. Si seguía con esa conversación corría el riesgo de perder el hilo de la trama. Farfulló algo y volvió hacia la sala. Conforme entraba el hombre de aspecto abatido salía. Carmen pensó que menos mal que alguien más reaccionaba. Ella ya había hecho lo que tenía que hacer. Que peleara otro. Volvió a su sitio.

¡Ay! Ese abrigo es igualito al de... Carmen no llegó a descifrar el nombre de esa persona cuyo abrigo era igual que el de la protagonista en opinión de una de las dos mujeres situadas en los asientos centrales de dos filas más atrás. El hombre de aspecto circunspecto carraspeó otra vez. Sin tiempo de reaccionar impactó en su brazo derecho un caramelo. Acto seguido una voz de mujer alababa sus virtudes para aclarar la garganta adornadas por ese sabor a miel que lo hacía irresistible. Y lo siguiente que esa voz de mujer pronunció fue una queja por la mala educación del señor, ya que no le había dado las gracias.

Carmen, una vez hubo fulminado de nuevo con su mirada a las mujeres del caramelo de miel, cayó en la cuenta de que el hombre de rostro abatido ya había vuelto a la sala pero que la imagen seguía igual. Suspiró. Concéntrate, al menos intenta centrarte en la historia. Ya la verás en DVD si te gusta, se consoló. Y entonces disfrutó de unos instantes, quizá incluso un minuto, de verdadero silencio. Los únicos sonidos y conversaciones procedían de los altavoces Dolby Surround de la sala. Craujjjj crajjj crasszz fue lo siguiente que escuchó próximo a ella acompañado de un toma uno, es que están buenísimos. El hombre de aspecto circunspecto había cambiado ya de sitio pero sus antiguas vecinas no fueron conscientes de ello hasta que la pregunta ¿a que está bueno el caramelo? no recibió respuesta. Qué tipo más raro, pensaron en alto. Carmen siguió el ejemplo del hombre de aspecto circunspecto y decidió avanzar unas cuantas filas para ver si con la distancia dejaba de escuchar a las mujeres cuyo riesgo de parloteo había predicho con tanto acierto. Ahora la pantalla quedaba demasiado cerca pero era un sacrificio que estaba dispuesta a realizar para alcanzar cierto grado de concentración cinéfila.

Carmen escuchaba ahora algo más apagada la voz de las dos mujeres que, aún así, seguían taladrando su concentración con un continuo sonsonete. Trató de abstraerse y focalizar su atención en la película. Eso hizo que fuera consciente de que ¡la banda sonora suena como un coro de borrachos! Lo que me faltaba, está rallada. Cualquiera le explica al mocoso ese que Riiiiiingggg Riiiiiingggg Riiiiiingggg Riiiiiingggg. ¿Sí? Hola, estoy en el cine. Dime. Sí, sí. Bueno, no lo sé. Mira el precio porque si no ya lo cojo yo en la carnicería cuando vuelva a casa. ¿Cómo? Es que la película está muy alta. ¿Y usted qué mira? Nada, una mujer que se me ha quedado mirando. Una maleducada. Te dejo que parece que va a pasar algo interesante. Bueno, un poco aburrida. Adiós.

¡Y ahora la señora muy puesta y arreglada! Carmen se hundió en la butaca. Quizá así, con la cabeza situada por debajo del respaldo de la butaca Groooojjjjjjjj Friiiiiiizzzz Groooojjjjjjjj Friiiiiiizzzz Groooojjjjjjjj Friiiiiiizzzz. Carmen, abatida pero rabiosa, se asomó y miró hacia atrás. La sala estaba en penumbra, apenas podía distinguir de dónde procedía aquel sonido gutural que lo invadía todo. La luz de la proyección se intensificó y Carmen localizó la fuente sonora en el espacio ocupado por los dos hombres que se habían sentado detrás del que había sido su primer sitio. Uno de ellos cabeceaba mientras dormitaba y el otro le contemplaba sonriente. ¡Dios mío! ¡¡Es increíble!! ¡¡¡No me lo puedo creer!!! Carmen se levantó, caminó por el estrecho pasillo de su fila, cruzó la sala, contempló cómo el hombre de aspecto circunspecto negaba con la cabeza y avanzó hasta llegar donde se encontraban el durmiente y el sonriente. La escena discurrió de la siguiente manera. Carmen se dirigió al sonriente: Oiga, ¿podría despertar a su compañero para que deje de roncar? El sonriente, sin perder su sonrisa, respondió: Pero mujer, déjele echar una cabezadita, no sea así. Una de las dos señoras, sí, las del caramelo de miel, la admiración por el lujoso hogar de la película o los follones de la herencia, intermedió: ¡Qué susceptible! Por unos ronquiditos de nada. Carmen asumió la derrota y se retiró, no sin antes darle un leve empujón al durmiente que, desorientado, miró hacia su compañero sonriente, hizo una mueca resignada y volvió a dormirse. Ya me paso luego por la carnicería, no te preocupes, fueron las palabras con las que la señora muy puesta y arreglada recibió a Carmen al llegar esta a su sitio. Permaneció de pie unos segundos con mirada suplicante. ¡Siéntese! le espetó una de las mujeres de más atrás.

La sangre de Carmen bullía en sus venas como un vendaval que todo lo arrasa. Su cabeza era una olla a presión, ¿qué película era la que había ido a ver?. Pensó que era un buen momento para recuperar las enseñanzas de las clases de yoga. Trató de imaginar un espacio abierto, el trigo balanceándose al compás de un viento cálido y suave. ¿Qué tal si se dejaba caer sobre un colchón de agua? Qué sensación tan agradable, sentía cómo le arropaba Piroró piroró piroró po, piroró piroró piroró Pero ¡qué demonios pintaba Mozart en todo esto! Se incorporó de inmediato. El hombre de aspecto abatido atendía una llamada en su teléfono móvil. Sí, sigo en el cine. ¿Sí, sigo en el cine? Eso quiere decir que antes no había salido para... Y ahora, ¿por qué no sale? ¡¡Ya está bien!! Carmen compartió con el resto de la sala su desesperanza. ¡¡Ya no puede una ni ver una película en paz!! Desde el fondo de la sala le chistaron con convicción. El hombre de aspecto circunspecto seguía negando con la cabeza. El sonriente dejó de sonreír, el durmiente despertó desorientado y se quejó de que le perturbaran el sueño. Carmen no vio cómo un señor con una camiseta identificativa de los trabajadores del cine corría hacia ella que seguía quejándose amargamente. Tranquilícese señora o tendré que invitarle a salir de la sala. Pero, ¿cómo dice? La mujer muy puesta y arreglada terció. Eso, tranquilícese, que menuda tarde nos está dando. Carmen no pudo contenerse y caminó con paso impetuoso hacia ella. Cuando estaba a punto de abalanzarse el señor con la camiseta identificativa le cogió del brazo y la arrastró hacia la salida entre los gritos y aplausos de todos los espectadores, a excepción del hombre de aspecto circunspecto que seguía negando con la cabeza.

La sentencia del juicio, que tuvo lugar cinco años más tarde, definió el comportamiento de Carmen como “inadecuado, provocador y molesto” para el resto de espectadores que habían asistido a aquella proyección. Quienes allí habían estado aquella tarde, incluido el joven de reciente pasado adolescente, testificaron en su contra. Sólo el hombre de aspecto circunspecto negó cualquier acusación, aunque también negó que se llamara tal y como figuraba en su DNI. Carmen fue castigada con una multa de elevada cuantía y condenada también a no poder acudir a una sala de cine durante dos años, que fueron siete al haber tenido que acatar una prohibición preventiva durante los cinco años que tardó en celebrarse el juicio.

© Carlos Pérez Cruz

jueves, febrero 26, 2009

La bicicleta, el padre, el niño y el coño

Iba yo corriendo el otro día cuando de pronto me topé con un padre y su hijo que bajaban la cuesta en bicicleta. Pedaleaba el padre y el hijo iba detrás en una especie de silleta acoplada. Lo único que acerté a escuchar fue: ¡Calla, coño! y los llantos del niño que pronunciaba alguna frase ininteligible por culpa de su llorera. Continué mi carrera pero no conseguía quitarme de la cabeza esa escena. ¿Por qué lloraba el niño? ¿Acaso le aterraba la velocidad a la que su padre conducía la bicicleta cuesta abajo? Me dio pena pensar en cómo un padre podía llegar a hartarse de su hijo hasta el punto de exclamar “coño”. Yo cuando corro no paro de generar teorías de todo tipo y no dejé de acordarme de ellos durante toda mi primera vuelta de la carrera. No quiero ser padre, pensaba, si sé que algún día voy a soltarle un “coño” a mi hijo. Seguro que ese padre es un inconsciente, que no sabía qué significaba tener un hijo, que son gastos, compromiso, que enferman y hay que acudir corriendo al médico, que los juguetes son caros y no hay que regalarles demasiados, que luego se acostumbran a tenerlo todo, que un padre no es un amigo, es simplemente un padre y que cuando uno piensa que su hijo es su amigo termina por gritarle “coño” porque está frustrado, porque no es su amigo, sólo su hijo. No dejaba de pensar en ellos cuando empecé a subir de nuevo la cuesta en la que me los había encontrado antes. A mitad de la subida sentí que alguien se aproximaba por mi espalda y que cada vez estaba más cerca. Escuchaba lo que parecía la risa de un niño salpicada por palabras ininteligibles del tipo “acoiiiii”, “añañaaa” o “chucubiiiii”. Justo cuando me estaba dando la vuelta para ver de quién procedían esas palabras una bicicleta me adelantó. Creo que eran ellos, aunque me pareció que esta vez era el padre el que iba en la silleta.

© Carlos Pérez Cruz


martes, febrero 24, 2009

Irene Aranda - "Interfrequency 23 7" / Lucía Martínez - "Soños e Delirios"


Asumo mi vagancia y reúno en una misma reseña dos trabajos discográficos independientes el uno del otro. El uno es el de la pianista jiennense Irene Aranda (1980), el otro el de la percusionista gallega Lucía Martínez (1982). Pero ya que ahorro tinta electrónica trataré de cuadrar el círculo y buscar en ellos elementos que los unan y hagan de mi pereza virtud. Por ejemplo, ambos son trabajos con firma femenina. ¿Qué tiene ello de especial? No debiera, pero lo tiene porque la Historia del Jazz es pródiga en masculinidad. Lucía Martínez tiene una teoría y en ella razona que el ambiente noctámbulo del Jazz no atrae mucho al cromosoma XX (ese debe de ser mi lado femenino). Esta música ha tenido que convivir siempre con esa fama que algunos músicos disfrutan y muchas instituciones promueven (precisamente por falta de ídem). Sea por la razón que fuere mis encuentros con mujeres creadoras suelen resultar satisfactorios (aunque sería mucho concluir que mujer y satisfacción son uno).

Una segunda cuadratura para reunir a Irene y a Lucía es que ambas son de origen ibérico. Me temo que eso me importa más bien poco si de lo que hablamos es de geografía política, esta no hace al músico (bueno, a veces inspira una común mala leche), pero sí me interesa más si de lo que hablamos es de geografía cultural, que puede llegar a determinar la estética del creador. Y eso sucede en ambos casos. Irene es andaluza (aunque ahora resida en Valencia) y procede por lo tanto de una región con tradición flamenca/árabe cuyos dejes armónicos han influido en la mayor parte de los géneros musicales que se consideran typical spanish (pasodoble, zarzuela...). En la música de la pianista se percibe ese bagaje pero, al contrario que en otros muchos casos, lo suyo no es Jazz-Flamenco, lo suyo es Jazz hecho por una andaluza que además ha mamado (y se nota) la música de Clásicos con influencia folclórica española (ella menciona a Albéniz, Falla y Granados) además de a compositores de finales del XIX y siglo XX como Bartók (autor del que arregla fragmentos en uno de los temas del disco), Ravel, Debussy o Stravinsky, nombres que junto a Bach, suelen ser mencionados por muchos jazzistas y que pueden dar una pista de ciertos vericuetos rítmicos, pinceladas armónicas y giros melódicos en su música (desde la forma de fuga hasta un cierto impresionismo pasando por frecuentes ostinatos melódicos y rítmicos) así como de una concepción camerística del envoltorio sonoro, sin olvidar los fundamentos de la ortodoxia jazzística (con una querencia coltreniana en el tratamiento de los temas más modales). En el caso de Lucía Martínez su origen gallego surge en forma de versión de un tradicional (Eu de Marín Ausenteime) con el que ha podido cumplir un sueño, el de poder contar con la cantante Maria Joao. Y aunque la música tradicional gallega no es precisamente el Flamenco hay más de Jazz-Flamenco al uso (Lucecita de la Mañana, por ejemplo) en su música que en la de Irene Aranda (que es, por otro lado, más "española" en su tono global) para la que se ha permitido el lujo de contar con uno de los saxofonistas fetiche del género (aunque lo puede ser de casi cualquier género que se proponga), Perico Sambeat. Sea por lo que fuere cuando un ibérico emigra de su país (y Lucía lleva años de aquí para allá) termina por interiorizar la cadencia española como parte de su propia esencia (¿por qué? ¿por qué?... hoy la pereza me puede).

Tercera de las cuadraturas. Ambas son músicos con una concepción muy abierta de la música. Es decir, en contra de lo que suele ser habitual en una parte muy amplia de la geografía ibérica, tan dada a repetir esquemas y a admirar la tradición del bop y derivados, Irene y Lucía hacen su propia música. Eso incluye la influencia cultural directa ya mencionada pero también la posibilidad de practicar lenguajes menos propicios para la complacencia, con un toque experimental y algo free, sobre todo en el caso de Lucía Martínez que cambia de registro con la convicción de quien no aprendió la música desde la teórica de los estilos sino absorbiendo lo que iba llegando a sus oídos sin discernir si eran churras o merinas. Y ese tipo de mentalidad genera músicos capaces de sorprender y que escapan al estándar de clonación tan frecuente en estos días.

Cuarta cuadratura. Ambas son muy jóvenes. Irene grabó el disco con 27 años y Lucía con 25. Bueno, ¿y qué?, se preguntará el lector. Eso digo yo, ¿y qué?. Grandes figuras del Jazz lo fueron siendo y muriendo jóvenes. Pero curiosamente ahora sorprende que alguien joven en Jazz sea capaz de sorprender, de mostrar madurez musical. A pesar (digo bien) de que ambas se han formado o se forman académicamente tienen personalidad propia y definida (vale, vale, estoy volviendo a la tercera cuadratura) y para ello ambas se han buscado la vida. Irene salió de su Andalucía natal y ha terminado en Valencia. Lucía reside ahora en Berlín pero pasó antes por Portugal, Finlandia, etcétera. Lo mejor que se puede decir de su juventud es que sólo están empezando y ya han dicho algo interesante.

Quinta cuadratura. Tanto en Interfrequency 23 7 como en Soños e Delirios se mezclan consagrados y noveles. Además en los dos proyectos conviven músicos de diferentes países. Esto tiene varias lecturas. La presencia de veteranos como Perico (como invitado) o Baldo Martínez (como productor artístico) en el disco de Lucía o de Jeff Jerolamon en el de Irene de igual a igual habla del nivel de ellas. Hace años esto era impensable en territorio ibérico. Que el cuarteto de Lucía lo conformen músicos portugueses y en el grupo de Irene figuren nombres como Matthew Baker o Paul Evans sólo nos recuerda que el complejo de inferioridad con los músicos de otros países no lo conocen las nuevas generaciones. Aunque todavía por aquí se esté a años luz de lo que algunos países proponen culturalmente (en la más amplia extensión de la palabra).

Sexta cuadratura. Irena Aranda y Lucía Martínez dan nombre a sus proyectos. Sin embargo tienen un sentido colectivo de la música. Son líderes pero no solistas. O dicho de otra manera, tienen sus solos pero permanentemente están al servicio de la colectividad y no a la inversa. Y eso nos permite disfrutar de buena música grupal y de pinceladas de solistas muy notables. Cada uno con su estilo, más o menos afín a la idea sonora global de cada proyecto.

Séptima cuadratura (y al séptimo descansó). ¡¡¡No tocan standards!!!

© Carlos Pérez Cruz


Comentario publicado originalmente aquí.

lunes, febrero 23, 2009

Siempre que me propongo algo...

Dimite el ministro Mariano Bermejo en España después de ser acosado por participar en una cacería en Jaén que a) realizó sin la licencia pertinente y b) la hizo junto al juez Baltasar Garzón, con toda la obscenidad que ello implica. Expresión hecha fácil para el caso: cazador cazado. A Bermejo habrá que agradecer que haya puesto en la órbita pública el debate ético de la caza-trofeo-taxidermia. Que un ministro de justicia mate por placer a un ser vivo dice poco de su concepción de la justicia. ¿Qué decir del juez en este caso? (como ilustraba El Roto, "tras un certero disparo, el Sr. Juez procedió al levantamiento del cadáver..."). Pero, por supuesto, no olvidemos que nosotros somos el ser vivo racional y superior y que el resto lo puso nuestro Señor para que disfrutáramos del tiempo libre.

El (ex)ministro Bermejo pertenece a esa rama de la humanidad del hago lo que me sale de los cojones (son poquitos, ¿verdad?). De aquellos que te pueden soltar a la cara algo así como: siempre que me propongo algo lo consigo. Que como lema de superación está bien pero que como leitmotiv ético tiene un tufillo de superioridad y chulería que no hay quien lo aguante (los hay, los hay). En esa actitud de aparente confianza en las propias posibilidades se parte de un imposible: la negación de la imposibilidad. Y es que lo que no puede ser no puede ser, por mucho que uno oponga resistencia a aceptar los hechos. Es bueno reconocer las propias imposibilidades (ergo limitaciones) porque evita frustraciones y es un primer paso para caminar con humildad por la vida (que no debe de ser algo tan malo). Pero para una persona así el mundo se divide entre los fuertes y los débiles (dicho de otra manera, los que valen y los que no) y en la batalla por la supervivencia no se pueden mostrar flaquezas. Así que es mejor mostrarse indestructible, duro de roer como una roca y, ¿por qué no?, brindar toreramente de cara a la galería. Que al fin y al cabo los taurinos (practicantes y disfrutantes) no conocen límites a su poder. Si pueden decidir sobre la vida de un ser vivo, ¿qué no podrían conseguir?

sábado, febrero 21, 2009

Entre les Murs (La Clase) - Laurent Cantet


Los argumentos del debate sobre el papel de los profesores, la función de los centros educativos, el contenido de las materias, el comportamiento de los alumnos, la integración de los mismos, etcétera, se construyen en una mayoría de ocasiones sin contar con el quid de la cuestión. Mucho se habla de lo que se debe enseñar, de dónde están los límites disciplinarios del profesor, la autonomía y comportamiento del alumno pero pocos pueden saber qué pasa en las aulas (he aquí el quid infranqueable para una mayoría). Es decir, qué pasa "Entre les Murs" (y no en "La Clase", tal y como La voz en off (del cine francés doblado al castellano) se empeña en hacernos creer en una de esas absurdas arbitrariedades de la traducción de títulos). Qué pasa dentro de esos muros que habitan profesores y alumnos es lo que nos propone el director Laurent Cantet a partir de las experiencias del profesor de instituto François Bégaudeau recogidas en un libro de mismo título (el original, claro) publicado en 2006.

Para tal propósito Cantet presenta una película con ánimo casi documental. El profesor principal es el propio François Bégaudeau y sus alumnos son verdaderos alumnos. Sin embargo no estamos ante el desarrollo y registro de una clase real durante un curso sino que los alumnos que participan en el film lo hacen a sabiendas, asumiendo ciertos roles y líneas más o menos establecidas de antemano a partir de un taller en el que participaron voluntariamente. Y aunque no podamos ser mirones sin ser descubiertos este ejercicio de cine descriptivo nos puede dar una aproximación a diversas cuestiones que nos afectan. Cuestiones que tienen que ver con la calidad educativa, con la convivencia de personas de diferentes países (ergo costumbres, rasgos físicos, idioma...), la disciplina y sus límites, la esperanza y la desesperanza... cuestiones que atañen a la escuela en algunos casos pero que son también espejo de una realidad más amplia llamada sociedad. Lo que sucede "Entre les Murs" no es sino un reflejo de lo que pasa fuera de ellos.

Algunos apuntes que como espectador llevo conmigo:

En esta clase conviven franceses, africanos de diverso origen (Marruecos, Malí...), chinos... En su convivencia brotan insultos racistas, desprecio por el origen, el color de piel y, sin embargo, tengo la sensación de que se trata de una convivencia más cívica de lo que pueda parecer. Como si el desprecio al otro no fuera más que una muletilla, un insulto sin mayor carga que el propio malsonar de la palabra. Un insulto que no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que no se aprende en la escuela.

El profesor está sometido continuamente al reto de unos alumnos que a partir de cada propuesta de éste reaccionan tratando de dilatar su cumplimiento. El profesor se enfrenta a un aluvión de quejas, comentarios y preguntas que nada tienen que ver con lo inicialmente presupuestado por él. Sin embargo François siempre busca la manera de sacar partido de cada una de las reacciones. Un alumno le pregunta si es homosexual. Pregunta improcedente dentro del contenido que se está tratando en la clase. Podría reprenderle, castigarle incluso, y sin embargo François aprovecha para que el alumno se confronte consigo mismo, para que razone sobre el porqué de su pregunta, sobre si esta atiende a prejuicios y para, en caso de haberlos, desarmarlos. Aplaudo al profesor pero me desasosiega ver cómo el debate intelectual que el profesor plantea se ve enmarañado continuamente por un ruido de voces que a través de la confusión y de asumir sus propios códigos como verdad absoluta (por supuesto nunca puesta en duda) terminan por desarbolar cualquier argumentación. Es la respuesta del caos, la pereza frente al razonamiento, los códigos tribales frente a la ética y la educación. Es el riesgo que el profesor asume de tratar de situarse en el mismo plano que sus alumnos. Un riesgo plausible pero desesperante en el que muchos encontrarían razones para implementar políticas educativas mucho más impositivas (¿quizá brazos abiertos, enciclopedia en tomos y reglazo?).

El desliz. El profesor asediado por sus dos alumnas (representantes en el consejo educativo del centro) que han chivado a sus compañeros algunos comentarios de este en la reunión. François parece sentirse traicionado. ¿Cómo explicar a toda una clase que aquel comentario sobre la valía como alumno de uno de ellos que ellas filtran no debe sacarse de contexto y que, además, equivocado o no, procuraba salvaguardar a este de una posible penalización? Por supuesto la frase desligada de su contexto es contundente, sobre todo para un alumnado que va a entenderla como desprecio. Cualquier explicación sería para ellos una simple excusa. François evita explicarse y asediado cataloga como "de golfas" la actitud de las dos alumnas en el consejo. Tremendo error. Golfa significa prostituta en el código verbal adolescente. Da igual que no sea lo mismo ser una golfa que haberse comportado como tal. No importa que el diccionario recoja "deshonesto" u "holgazán" como acepciones de esa palabra (durante la reunión ellas reían, comían, cuchicheaban...). En su código no existe el matiz, la diferencia, las cosas son o no son. Y el profesor las llamó putas. Punto y final. No está la vida para exquisiteces verbales.

La expulsión. El alumno agraviado por el comentario en el consejo del centro termina por reaccionar violentamente. Insulta a unos y a otros, se encara con el profesor, decide levantarse y largarse de la clase, forcejea con François y termina hiriendo a una alumna de manera involuntaria (colateral) con su mochila. Es su sentencia de expulsión del centro. El consejo disciplinario lo decide. Una vez expulsado en el más breve plazo de tiempo será trasladado a otro centro. Podría ser un mensaje claro y rotundo al resto de alumnos pero cada año se deciden varios despidos, luego no resulta como medida disuasoria. La sensación es que el centro se quita el problema de encima y lo traslada a otro. Así un grupo de alumnos podría estar en un permanente carrusel de institutos sin que ello consiga corregir el comportamiento de estos.

¿Y después? La película cierra con el final del curso. Qué ha aprendido o no cada alumno en ese año. Hay respuestas de todo tipo, hasta sorpresas (una alumna dice haber leído "La República" de Platón porque lo tenía su hermana mayor y que le ha gustado). Sin embargo la última alumna en abandonar la clase gime ante el profesor que ella no ha aprendido nada y que no quiere hacer FP. Lo repite continuamente para desolación del profesor. Tranquila, todavía no es el momento de decidir eso, le viene a decir. Dependerá de tus notas más adelante. Pero ella lo único que sabe es que no quiere hacer FP. Y la pregunta que yo me hago es a más largo plazo: ¿y qué podrán hacer ella y los demás?

jueves, febrero 12, 2009

Jazz*

Hacía mucho tiempo que no escuchaba una Jam Session. Como buen militante de la causa antes acudía a cada concierto, conferencia o lo que fuere que tuviera relación con el Jazz que se organizara en mi ciudad. Era mi manera de reivindicar un espacio para esta música y sus músicos; que no fuera por mi pereza por lo que dejaran de programar actividades. Que viniera o no público parecía importarme a mí más que a los propios interesados. Antes de cada actuación no dejaba de mirar inquieto hacia las puertas de entrada a la sala. El intermitente goteo de espectadores me ponía nervioso, veía cómo el reloj corría y la mayoría de las butacas continuaban vacías. Una vez que se apagaban las luces procuraba distraerme de mi enfermedad contable pero si éramos pocos no lograba deshacerme de una sensación de derrota que me impedía disfrutar de la música. Sé que no tenía sentido, tenía mi entrada y podía disfrutar de aquello por lo que había pagado pero, por alguna extraña razón, consideraba cada concierto una pequeña batalla dentro de una guerra que, en el fondo, sabía perdida de antemano. A lo máximo que podía aspirar el aficionado era a tener la posibilidad de acudir cada muchos meses, a veces incluso más de un año, a un concierto que tuviera la palabra “Jazz” impresa en el cartel. Ni siquiera siempre aquello que así se anunciaba me interesaba pero, ya lo he dicho, yo era un militante de la causa e incluso aquello que me aburría como cualquier canción de la radio formaba parte de la ineludible responsabilidad de aficionado al Jazz.

No sé cómo llegué a engancharme y, ni siquiera hoy, tengo muy claro qué es esta música. Con el paso de los años he escuchado tantos discos, tantos conciertos, he leído tantas cosas, que lo único que puedo afirmar al respecto es que no tengo ni idea de qué puede definirse o no como Jazz. Claro que mi confusión no llega hasta extremos de considerar a Alicia Keys músico de Jazz, tal y como trató de convencerme un crítico del género en un irónico ejercicio de nihilismo jazzístico. Por otro lado el debate sobre qué es o no es Jazz es un entretenimiento vacuo para aficionados, críticos y algún músico mediocre que trata de justificar con lo teórico el vacío de su hacer musical. Ya que dedicamos una exorbitante cantidad de energía a discutir sobre estupideces cómo no hacerlo sobre algo como esto aun a riesgo (¿o quizá por ello?) de terminar resultando pedantes.

El Jazz tiene difícil definición, no sirve apelar a la improvisación como esencia peculiar porque la improvisación no es de su propiedad, la comparte con otras músicas de la antigüedad y del presente que no se consideran a sí mismas Jazz. El Jazz presume de libertad y sin embargo la mayoría de quienes dicen ejercerla son réplicas, clones, aburridísimos estereotipos con un instrumento entre manos. Entonces, ¿qué es el Jazz? No tengo ni idea pero, de alguna manera, quien de verdad se aficiona desarrolla un sexto sentido que le incita a seguir la pista de algunos músicos y no de otros. Pura intuición que nada tiene que ver con la Ciencia de la Música. Sólo la gran literatura ha sabido poner palabras a su esencia, nunca un diccionario.

Tengo una teoría al respecto de por qué el Jazz no es una música popular. El verdadero músico de Jazz ofrece incertidumbre mientras la música popular es predecible. La mayoría de la gente odia la incertidumbre, necesita caminar sobre seguro incluso en aquello que entra por sus oídos. Seguros de coche, seguros para la vivienda, de viaje, de vida (¡!), de muerte... ¡¿cómo no iban a asegurar también la música?! La seguridad, el control de las circunstancias que uno tiene cuando intuye (¡y acierta!) qué viene en el siguiente compás, qué dirá la letra, cómo acabará el romance, qué gritará ella al verse traicionada por su novio. No soportamos que esa mujer que llora el engaño pase a hablarnos de golpe sobre la belleza bucólica de un paisaje y, poco después, antes de volver a llorar, del último libro de Paulo Coelho. ¡Demonios! ¡¡Qué incoherencia!! ¡¡¡No tiene sentido!!! Esa mujer debería llorar y planear la venganza, una venganza que, eso sí, por inocente nunca sería capaz de llevar a cabo, sólo el Jazz lo haría. Pero, ¿qué mayor coherencia que el discurso interrumpido? ¿Qué más humano que la risa tras el lloro y el lloro tras la risa? ¿Qué más terapéutico que la evasión ante el dolor para poder volver a afrontarlo? Eso es el Jazz. La imprevisibilidad de la vida expresada en música.

¡Ojalá el Jazz fuera eso! Hubo un día, no sé cuándo, en que todo lo que empezó a llegar a mis oídos era completamente previsible. ¡¡Y eran los grandes!! Los llamados a liderar la música más libre que nunca se hubiera escuchado sobre la faz de la tierra habían encontrado la fórmula para superar los obstáculos que la armonía pone en el camino sin asfaltar de la partitura. ¡Y todos los saltaban con la misma pierna, con la misma inclinación del tronco, caían igual al otro lado! Y daban vueltas a la pista como en una competición de 10000 obstáculos. Una y otra vez, y otra y otra, así hasta que uno y otro y otro fueron cayendo y saliendo de la pista, mientras los más fuertes continuaban con su carrera precisa, perfecta, circular, cada quinientos metros un poquito más rápido, otro poquito más, sin inmutar el rostro, sin mirar atrás, con la única ilusión de ser el primero al final de la carrera. ¡¡Enhorabuena!! Has ganado pero no lo he visto, hace tiempo que me fui.

Lo que hace especialmente insoportable al músico previsible autoproclamado jazzman es que con su previsibilidad fulmina una de las pocas cosas que hace de la escucha de Jazz algo único. Lo que en la música (pop)ular es la clave del éxito en esta música es la muerte, el aburrimiento, el tostón más absoluto, el desprecio de los sentidos. El Jazz es música para oyentes esforzados, orejas que ponen todos los sentidos a disposición del creador (¡Qué enorme responsabilidad!) porque necesitan ser zarandeados, recibir un croché directo al estómago seguido de un beso en la mejilla, de un grito ahogado en alcohol, de sexo desgarrador, de susurros entre el ruido del viento, de caricias en la espalda, de un golpe sobre la mesa... Son almas que necesitan encontrar mundos fuera de este, que quieren ser agarradas por la solapa, que buscan despertar esas sensaciones que la droga del día a día les ha arrebatado. ¡¡Quieren morir habiendo vivido!! O al menos que alguien les recuerde de vez en cuando que pudo haber sido de otra manera. Por eso me aburres tú, impostor con un saxo bajo el brazo, virtuoso escalador experto en piruetas, en fuegos de artificio que estallan donde la computadora les ordenó. ¡¡Rompe tu instrumento!! ¡¡¡Hazlo pedazos!!! Será tu gran gesto heroico, tu salvación.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba una Jam Session. Y anoche recordé por qué había dejado de acudir. Abrí la puerta de aquel garito y pude oler el polvo que se había acumulado sobre los músicos que una semana más, años después, seguían escribiendo los mismos solos sobre los mismos standards mientras los recién llegados copiaban hasta el último de los gemidos de Keith Jarrett con la aspiración de que aquella tía buena de la barra se fijara en lo bien que se contorsionaba mientras soplaba Stella by Starlight con los ojos cerrados para luego acercarse a ella y darse cuenta de que, en el fondo, no estaba tan buena, de que todo había sido producto de la misma imaginación por la que un día pensó que aquello que salía de su instrumento era algo parecido al Jazz.

© Carlos Pérez Cruz

*en el octavo aniversario de mi programa Club de Jazz que inició su vida tal que un 12 de Febrero de 2001 con la presencia, entre otros, de un MacOS hoy aragonés al otro lado del cristal del estudio.

miércoles, febrero 11, 2009

Fábula sobre la crisis de mamá Industria Musical y familia

Disco llegó a ser muy famoso. Un tipo que permitía escuchar música en unas condiciones que su otrora popular hermano mayor Casete no podía ni soñar. Tan famoso se hizo que cada verano era la estrella de la televisión con esos anuncios de recopilatorios de lo mejor del Caribe, Ibiza y demás geografía del ocio estival. Sin embargo Disco fue perdiendo glamour en poco tiempo. Cada vez eran más las voces que le acusaban de elitista, de sólo dejarse ver de la mano de los más acaudalados y de no permitir que los menos pudientes disfrutaran de su compañía con mayor frecuencia. La crítica más común era que cobraba demasiado por sus servicios. Algo de razón había en esas voces que encontraban abusivo que Disco al desnudarse resultara tan barato y, sin embargo, vestido se encareciera tanto. Disco pedía de habitual unos veinte o veintitantos euros por su trabajo mientras que quienes le criticaban sólo estaban dispuestos a ofrecerle diez. El nacimiento de Internet facilitó que los críticos se unieran y organizaran un movimiento revolucionario. Ya no necesitaban a Disco, sólo querían lo que él ofrecía y eso Internet permitía obtenerlo a través de su hijo P2P al que convencieron de que trabajara para ellos sin cobrar. ¡Queremos un precio justo! gritaban. Los discos son muy caros, cuestan más de lo que valen, sentenciaban.

La madre de Disco y Casete, Industria Musical, convenció a sus vástagos de que podían complacer las demandas del movimiento revolucionario y ofrecer también sus servicios a través de la familia Internet por menos dinero. No le resultó fácil a mamá Industria Musical pedirle este sacrificio a Disco – Casete hacía mucho que pasaba de todo – ya que sabía que era un monopolista orgulloso pero trató de tranquilizarle: a partir de ahora sólo te irás con aquellos que te aprecian de veras. Disco aceptó y dejó que Industria Musical ofreciera los servicios que antaño eran de su competencia a otros hijos de Internet como Programa iTunes. La relación entre Disco y estos era complicada, les consideraba vulgares imitadores suyos. Eran presumidos, se pavoneaban de ofrecer mucho más y a menos precio pero Disco se reía de su vulgaridad y desnudez. Darían más, desde luego, pero su fondo de armario no se podía comparar. Qué poca clase, pensaba.

Industria Musical anunció la victoria de la revolución y proclamó la era de la música a un precio justo.¡Aquí tenéis lo que pedíais! Sin embargo algo extraño sucedió. Aunque la revolución había logrado sus objetivos se quedaron mirando a Industria Musical con cara de no conocerla de nada. ¿Quién dices que eres? ¿Qué me vendes? Lo siento, no me interesa. Industria Musical se quedó pasmada, no entendía nada. ¿No era aquello lo que tanto habían esperado y por lo que tanto habían luchado?

Industria Musical reunió a su familia para poder encontrar explicación a aquella difícil situación. El ambiente era de enorme incredulidad, impotencia y depresión ¿Qué querían ahora los revolucionarios? Nadie encontraba una respuesta hasta que Industria Musical se acordó de P2P, el ácrata y descarado hijo de Internet, que se había unido a la revolución dejando que le utilizaran sin cobrar por ello. Industria Musical llamó a Internet para que le explicara por qué, ahora que los precios se habían ajustado a las exigencias revolucionarias, P2P seguía ofreciéndose gratis. Internet le explicó que no hacía carrera con P2P y que siempre que le recriminaba por su comportamiento P2P le respondía: El mundo es injusto y yo soy su Robin Hood digital.

Mamá Industria Musical relató al resto de la familia la conversación que había mantenido con Internet. Todos se quedaron mudos hasta que alguien se levantó y dijo: Es cierto que el mundo no es justo, o no al menos su justicia no es ideal, y siempre habrá quien ofrezca a quien no tiene lo que éste no puede tener en un mundo así. Sin embargo, familia, nos encontramos ante un verdadero enigma. Este Robin Hood da lo que tiene a los pobres ¡¡pero también a los ricos!! y estos no hacen ascos a recibir una limosna que no les corresponde. No lo puedo entender. Sinceramente no lo puedo entender. Se hizo de nuevo el silencio. Nadie se atrevió a decir en alto una conclusión que a todos aterraba.

© Carlos Pérez Cruz

domingo, febrero 08, 2009

Nieva en la tele


Televisión. Es para desconectar, afirman. Y sin embargo todo el invierno enchufado al crudo ídem. Nieve, viento, lluvia y frío; nieve, viento, lluvia y frío. Una letanía metereológica que todo lo invade. La hecatombe, la catástrofe, el techo que cae y el coche atrapado en la nieve. 24 horas de directo, un Gran Hermano pluvial, eólico, nivoso. Mira qué frío, ¡¡qué frío!! Enfoca ese termómetro, pobre reportero que por cuatro perras pillas un resfriado de autónomo en alguna de esas autonomías de la España Directo. Miro por la ventana y... ¡eureka! El termómetro de la esquina dice que hace frío, mis plantas se doblan por el viento pero... ¡un momento! ¡¡No nieva!! Mi mundo no sale en la tele, no existe, es virtual. ¡Demonios! me digo y rebusco en las tripas de mi televisor. Será que está constipado. Le duele la tripita (no es pantalla plana, tiene su buen culo) y desvaría. Y así un día y otro y otro y otro... y que nieva y aquí ni copito. Y llega el día. Y estoy tan aburrido de la nieve que cuando en mi mundo caen los copos enciendo la tele a ver qué pasa ahí fuera.

miércoles, febrero 04, 2009

La pava

Ahí tenemos a la pava, a punto de ser lanzada desde lo alto del campanario. Abajo, en la plaza, la gente del pueblo y personas venidas de fuera, esperan el momento para pelear por ser quien se haga con ella. Es una tradición centenaria y esta dice que quien se quede con la pava tendrá buena suerte. Es una superstición, un juego, la mayoría lo sabe, muchos fueron los que habiéndose quedado con la pava nunca tuvieron nada por lo que alegrarse. Pero toda superstición deja abierta la posibilidad y los del pueblo y personas venidas de fuera no quieren renunciar a ella. Imagínate que me la quedo yo y después nos toca la lotería, dice un hombre de unos cuarenta años nervioso por lo poco que falta para el ansiado vuelo. Ahí está la pava. Alguien la retiene hasta que el reloj del campanario de la iglesia del pueblo señale la hora exacta. Un detalle llama la atención. El encargado de hacerlo oculta el rostro. No es tradición, explican, sólo que desde hace años está prohibido el acto porque las autoridades la consideran maltrato animal. Así que la multa recae sobre el lanzador. En caso de no ser identificado es el ayuntamiento quien paga. Se solventa el inconveniente legal con una colecta vecinal. Ya ha llegado la hora. El lanzador no identificado lanza la pava al aire con tan mala suerte de que en vez de caer sobre la masa nerviosa de empujones y codazos se golpea contra el tejado del sagrado recinto y queda allí aturdida. Varios jóvenes de la localidad, conscientes de la situación, entran corriendo en la parroquia y ascienden veloces por la escalinata de la torre para ser los primeros en llegar arriba y quedarse la pava en propiedad. Una vez sobre el tejado, con evidente riesgo de caída al vacío, pelean entre ellos para quedarse con el preciado animal. Hasta que uno de ellos impone su fuerza en la lucha y se queda con la pava. Él es el afortunado, según la tradición, quien tendrá suerte en su vida a partir de ahora. Todo el acto lo ha presenciado en balcón presidencial el alcalde del pueblo. Por ley hubiera de haberlo impedido. Pero la ley no entiende de tradiciones y estas están por encima de la ley. A él le gusta y como entre todos sale a poco ya pagarán la multa.

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