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lunes, marzo 02, 2009

La espectadora

Carmen fue la primera en entrar en la sala. Ocupó, como de costumbre, uno de los asientos laterales, lado izquierdo. A la mayoría de espectadores le gusta ocupar los asientos centrales de mitad de la sala hacia atrás porque suponen que son los mejores para ver una película. A ella le gusta verlas y sentir que forma parte de ellas, por eso necesita estar lo más alejada posible del resto de personas, para que no le hagan consciente de que, en realidad, está en una sala de cine y no en la historia. Por eso cuando una pareja de hombres se situó justo detrás de ella se inquietó y no dudó en levantarse y cambiar de asiento. Recogió sus cosas y se situó en la misma fila pero en la butaca situada en el extremo opuesto. Aprovechó para echar un vistazo a la revista que había cogido en la taquilla del cine y leer algo sobre los estrenos del mes. De pronto su atención se distrajo cuando empezó a escuchar con total claridad una historia relacionada con no sé qué herencia y follones de familia. Se giró y contempló a dos señoras de unos sesenta años que mantenían una animada conversación. Estaban sentadas dos filas más atrás de la suya, centradas, pero podía escucharlas sin ningún problema. Se alertó. Por experiencia sabía predecir, con buen porcentaje de acierto, el comportamiento de los espectadores durante la proyección y esas mujeres tenían un elevado potencial de parloteo. Pensó en volver a cambiar de butaca pero se reprimió con aquello de que todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Las dos mujeres, mientras tanto, habían cambiado de tema. Por lo visto una de ellas había decidido devolver la falda que había comprado el día anterior en las rebajas. No es que no le gustara, es que no le convencía. Carmen prosiguió la lectura de la revista cinematográfica.

En los minutos siguientes hicieron entrada en la sala, por orden, un hombre de aspecto abatido que se situó en la última fila entre el centro y el extremo derecho, un señor de unos cuarenta años con gesto circunspecto que se sentó en la fila de las mujeres de la herencia y la falda a tres plazas de distancia a su izquierda y una señora muy puesta y arreglada que se situó en la fila de delante de Carmen muy próxima a su posición. Las luces de la sala se apagaron. En pantalla la empresa propietaria de los cines se anunció como el paradigma del ocio. A Carmen esto le resultó absurdo ya que, se interrogaba, para qué se anunciaba la empresa ante aquellos que ya estaban haciendo uso de ella y sabían lo que esta podía ofrecerles. Películas. Le molestó más, sin embargo, que en el anuncio salieran unos espectadores que reían y hacían comentarios mientras señalaban con sus manos hacia la pantalla. Después siguieron tres anuncios de alguna ONG que pedían dinero para causas como el hambre o la exclusión social, uno de una caja de ahorros que a través de su fundación presumía de estar conservando, junto con el gobierno, un parque natural lo que, por lo visto, era su lado humano y tres trailers de películas de la misma productora de la película por la que Carmen había pagado la entrada. Quince minutos después de la hora anunciada se inició la proyección.

Cuando los primeros títulos de crédito aparecieron proyectados en pantalla Carmen vio que aparecían un tanto borrosos. ¡Mierda! exclamó su cerebro. Ya estamos. Otra vez no han enfocado la película. Salió corriendo de la sala y buscó a algún responsable que pudiera solventar el problema. Vio a un joven, de reciente pasado adolescente, que vestía con la camiseta identificativa de los trabajadores del cine y le puso en conocimiento del inconveniente. Ahora mismo me paso, le contestó. Carmen volvió a la sala. En el momento de su entrada adivinó el nombre del director en pantalla. Y se inició la acción. La primera secuencia se desarrollaba en el interior de una casa. Las mujeres situadas en los asientos centrales dos filas detrás de la de Carmen se asombraron al contemplar el lujoso escenario. Qué bonito, decían, fíjate en esos muebles de diseño, anda que no tienen que costar. Carmen se giró de inmediato hacia ellas que, a su pesar, no fueron conscientes de la mirada reprensora. Y qué jarrón, sentenció una de ellas. El hombre de aspecto circunspecto carraspeó notoriamente y ellas le ofrecieron un caramelo. Lo rechazó incrédulo. La puerta de la sala se abrió y Carmen vio cómo el joven de reciente pasado adolescente con la camiseta identificativa de los trabajadores del cine se asomaba durante unos instantes y se retiraba. Carmen supuso que unos segundos después vería cómo la imagen se ajustaba hasta quedar enfocada pero pasaron tres o cuatro minutos y aquello no mejoraba. Los cuerpos se percibían entre una ligera bruma, la fotografía no era la aclamada por los críticos y los primeros planos delataban la falta de detalle. Nerviosa se levantó del asiento y volvió a salir. Miró hacia un lado, luego al otro y nada. Hasta que vio al joven de reciente adolescencia salir del servicio hurgándose el agujero derecho de la nariz. Cuando el resultado de sus pesquisas iba camino de la boca Carmen le detuvo. Disculpe, dijo, la película de la sala cinco sigue desenfocada. Pues yo la he visto bien, acertó a responder él. ¿Cómo? Pero si se ve borroso, insistió Carmen. Pues yo la he visto bien, repitió de nuevo. Carmen utilizó una vez más su intuición. No había mucho que hacer. Si él la veía bien la veía bien y eso era indiscutible. La percepción de la realidad dependía en este caso del interés que se tuviera en ella. Desistió. Si seguía con esa conversación corría el riesgo de perder el hilo de la trama. Farfulló algo y volvió hacia la sala. Conforme entraba el hombre de aspecto abatido salía. Carmen pensó que menos mal que alguien más reaccionaba. Ella ya había hecho lo que tenía que hacer. Que peleara otro. Volvió a su sitio.

¡Ay! Ese abrigo es igualito al de... Carmen no llegó a descifrar el nombre de esa persona cuyo abrigo era igual que el de la protagonista en opinión de una de las dos mujeres situadas en los asientos centrales de dos filas más atrás. El hombre de aspecto circunspecto carraspeó otra vez. Sin tiempo de reaccionar impactó en su brazo derecho un caramelo. Acto seguido una voz de mujer alababa sus virtudes para aclarar la garganta adornadas por ese sabor a miel que lo hacía irresistible. Y lo siguiente que esa voz de mujer pronunció fue una queja por la mala educación del señor, ya que no le había dado las gracias.

Carmen, una vez hubo fulminado de nuevo con su mirada a las mujeres del caramelo de miel, cayó en la cuenta de que el hombre de rostro abatido ya había vuelto a la sala pero que la imagen seguía igual. Suspiró. Concéntrate, al menos intenta centrarte en la historia. Ya la verás en DVD si te gusta, se consoló. Y entonces disfrutó de unos instantes, quizá incluso un minuto, de verdadero silencio. Los únicos sonidos y conversaciones procedían de los altavoces Dolby Surround de la sala. Craujjjj crajjj crasszz fue lo siguiente que escuchó próximo a ella acompañado de un toma uno, es que están buenísimos. El hombre de aspecto circunspecto había cambiado ya de sitio pero sus antiguas vecinas no fueron conscientes de ello hasta que la pregunta ¿a que está bueno el caramelo? no recibió respuesta. Qué tipo más raro, pensaron en alto. Carmen siguió el ejemplo del hombre de aspecto circunspecto y decidió avanzar unas cuantas filas para ver si con la distancia dejaba de escuchar a las mujeres cuyo riesgo de parloteo había predicho con tanto acierto. Ahora la pantalla quedaba demasiado cerca pero era un sacrificio que estaba dispuesta a realizar para alcanzar cierto grado de concentración cinéfila.

Carmen escuchaba ahora algo más apagada la voz de las dos mujeres que, aún así, seguían taladrando su concentración con un continuo sonsonete. Trató de abstraerse y focalizar su atención en la película. Eso hizo que fuera consciente de que ¡la banda sonora suena como un coro de borrachos! Lo que me faltaba, está rallada. Cualquiera le explica al mocoso ese que Riiiiiingggg Riiiiiingggg Riiiiiingggg Riiiiiingggg. ¿Sí? Hola, estoy en el cine. Dime. Sí, sí. Bueno, no lo sé. Mira el precio porque si no ya lo cojo yo en la carnicería cuando vuelva a casa. ¿Cómo? Es que la película está muy alta. ¿Y usted qué mira? Nada, una mujer que se me ha quedado mirando. Una maleducada. Te dejo que parece que va a pasar algo interesante. Bueno, un poco aburrida. Adiós.

¡Y ahora la señora muy puesta y arreglada! Carmen se hundió en la butaca. Quizá así, con la cabeza situada por debajo del respaldo de la butaca Groooojjjjjjjj Friiiiiiizzzz Groooojjjjjjjj Friiiiiiizzzz Groooojjjjjjjj Friiiiiiizzzz. Carmen, abatida pero rabiosa, se asomó y miró hacia atrás. La sala estaba en penumbra, apenas podía distinguir de dónde procedía aquel sonido gutural que lo invadía todo. La luz de la proyección se intensificó y Carmen localizó la fuente sonora en el espacio ocupado por los dos hombres que se habían sentado detrás del que había sido su primer sitio. Uno de ellos cabeceaba mientras dormitaba y el otro le contemplaba sonriente. ¡Dios mío! ¡¡Es increíble!! ¡¡¡No me lo puedo creer!!! Carmen se levantó, caminó por el estrecho pasillo de su fila, cruzó la sala, contempló cómo el hombre de aspecto circunspecto negaba con la cabeza y avanzó hasta llegar donde se encontraban el durmiente y el sonriente. La escena discurrió de la siguiente manera. Carmen se dirigió al sonriente: Oiga, ¿podría despertar a su compañero para que deje de roncar? El sonriente, sin perder su sonrisa, respondió: Pero mujer, déjele echar una cabezadita, no sea así. Una de las dos señoras, sí, las del caramelo de miel, la admiración por el lujoso hogar de la película o los follones de la herencia, intermedió: ¡Qué susceptible! Por unos ronquiditos de nada. Carmen asumió la derrota y se retiró, no sin antes darle un leve empujón al durmiente que, desorientado, miró hacia su compañero sonriente, hizo una mueca resignada y volvió a dormirse. Ya me paso luego por la carnicería, no te preocupes, fueron las palabras con las que la señora muy puesta y arreglada recibió a Carmen al llegar esta a su sitio. Permaneció de pie unos segundos con mirada suplicante. ¡Siéntese! le espetó una de las mujeres de más atrás.

La sangre de Carmen bullía en sus venas como un vendaval que todo lo arrasa. Su cabeza era una olla a presión, ¿qué película era la que había ido a ver?. Pensó que era un buen momento para recuperar las enseñanzas de las clases de yoga. Trató de imaginar un espacio abierto, el trigo balanceándose al compás de un viento cálido y suave. ¿Qué tal si se dejaba caer sobre un colchón de agua? Qué sensación tan agradable, sentía cómo le arropaba Piroró piroró piroró po, piroró piroró piroró Pero ¡qué demonios pintaba Mozart en todo esto! Se incorporó de inmediato. El hombre de aspecto abatido atendía una llamada en su teléfono móvil. Sí, sigo en el cine. ¿Sí, sigo en el cine? Eso quiere decir que antes no había salido para... Y ahora, ¿por qué no sale? ¡¡Ya está bien!! Carmen compartió con el resto de la sala su desesperanza. ¡¡Ya no puede una ni ver una película en paz!! Desde el fondo de la sala le chistaron con convicción. El hombre de aspecto circunspecto seguía negando con la cabeza. El sonriente dejó de sonreír, el durmiente despertó desorientado y se quejó de que le perturbaran el sueño. Carmen no vio cómo un señor con una camiseta identificativa de los trabajadores del cine corría hacia ella que seguía quejándose amargamente. Tranquilícese señora o tendré que invitarle a salir de la sala. Pero, ¿cómo dice? La mujer muy puesta y arreglada terció. Eso, tranquilícese, que menuda tarde nos está dando. Carmen no pudo contenerse y caminó con paso impetuoso hacia ella. Cuando estaba a punto de abalanzarse el señor con la camiseta identificativa le cogió del brazo y la arrastró hacia la salida entre los gritos y aplausos de todos los espectadores, a excepción del hombre de aspecto circunspecto que seguía negando con la cabeza.

La sentencia del juicio, que tuvo lugar cinco años más tarde, definió el comportamiento de Carmen como “inadecuado, provocador y molesto” para el resto de espectadores que habían asistido a aquella proyección. Quienes allí habían estado aquella tarde, incluido el joven de reciente pasado adolescente, testificaron en su contra. Sólo el hombre de aspecto circunspecto negó cualquier acusación, aunque también negó que se llamara tal y como figuraba en su DNI. Carmen fue castigada con una multa de elevada cuantía y condenada también a no poder acudir a una sala de cine durante dos años, que fueron siete al haber tenido que acatar una prohibición preventiva durante los cinco años que tardó en celebrarse el juicio.

© Carlos Pérez Cruz

jueves, febrero 26, 2009

La bicicleta, el padre, el niño y el coño

Iba yo corriendo el otro día cuando de pronto me topé con un padre y su hijo que bajaban la cuesta en bicicleta. Pedaleaba el padre y el hijo iba detrás en una especie de silleta acoplada. Lo único que acerté a escuchar fue: ¡Calla, coño! y los llantos del niño que pronunciaba alguna frase ininteligible por culpa de su llorera. Continué mi carrera pero no conseguía quitarme de la cabeza esa escena. ¿Por qué lloraba el niño? ¿Acaso le aterraba la velocidad a la que su padre conducía la bicicleta cuesta abajo? Me dio pena pensar en cómo un padre podía llegar a hartarse de su hijo hasta el punto de exclamar “coño”. Yo cuando corro no paro de generar teorías de todo tipo y no dejé de acordarme de ellos durante toda mi primera vuelta de la carrera. No quiero ser padre, pensaba, si sé que algún día voy a soltarle un “coño” a mi hijo. Seguro que ese padre es un inconsciente, que no sabía qué significaba tener un hijo, que son gastos, compromiso, que enferman y hay que acudir corriendo al médico, que los juguetes son caros y no hay que regalarles demasiados, que luego se acostumbran a tenerlo todo, que un padre no es un amigo, es simplemente un padre y que cuando uno piensa que su hijo es su amigo termina por gritarle “coño” porque está frustrado, porque no es su amigo, sólo su hijo. No dejaba de pensar en ellos cuando empecé a subir de nuevo la cuesta en la que me los había encontrado antes. A mitad de la subida sentí que alguien se aproximaba por mi espalda y que cada vez estaba más cerca. Escuchaba lo que parecía la risa de un niño salpicada por palabras ininteligibles del tipo “acoiiiii”, “añañaaa” o “chucubiiiii”. Justo cuando me estaba dando la vuelta para ver de quién procedían esas palabras una bicicleta me adelantó. Creo que eran ellos, aunque me pareció que esta vez era el padre el que iba en la silleta.

© Carlos Pérez Cruz


martes, febrero 24, 2009

Irene Aranda - "Interfrequency 23 7" / Lucía Martínez - "Soños e Delirios"


Asumo mi vagancia y reúno en una misma reseña dos trabajos discográficos independientes el uno del otro. El uno es el de la pianista jiennense Irene Aranda (1980), el otro el de la percusionista gallega Lucía Martínez (1982). Pero ya que ahorro tinta electrónica trataré de cuadrar el círculo y buscar en ellos elementos que los unan y hagan de mi pereza virtud. Por ejemplo, ambos son trabajos con firma femenina. ¿Qué tiene ello de especial? No debiera, pero lo tiene porque la Historia del Jazz es pródiga en masculinidad. Lucía Martínez tiene una teoría y en ella razona que el ambiente noctámbulo del Jazz no atrae mucho al cromosoma XX (ese debe de ser mi lado femenino). Esta música ha tenido que convivir siempre con esa fama que algunos músicos disfrutan y muchas instituciones promueven (precisamente por falta de ídem). Sea por la razón que fuere mis encuentros con mujeres creadoras suelen resultar satisfactorios (aunque sería mucho concluir que mujer y satisfacción son uno).

Una segunda cuadratura para reunir a Irene y a Lucía es que ambas son de origen ibérico. Me temo que eso me importa más bien poco si de lo que hablamos es de geografía política, esta no hace al músico (bueno, a veces inspira una común mala leche), pero sí me interesa más si de lo que hablamos es de geografía cultural, que puede llegar a determinar la estética del creador. Y eso sucede en ambos casos. Irene es andaluza (aunque ahora resida en Valencia) y procede por lo tanto de una región con tradición flamenca/árabe cuyos dejes armónicos han influido en la mayor parte de los géneros musicales que se consideran typical spanish (pasodoble, zarzuela...). En la música de la pianista se percibe ese bagaje pero, al contrario que en otros muchos casos, lo suyo no es Jazz-Flamenco, lo suyo es Jazz hecho por una andaluza que además ha mamado (y se nota) la música de Clásicos con influencia folclórica española (ella menciona a Albéniz, Falla y Granados) además de a compositores de finales del XIX y siglo XX como Bartók (autor del que arregla fragmentos en uno de los temas del disco), Ravel, Debussy o Stravinsky, nombres que junto a Bach, suelen ser mencionados por muchos jazzistas y que pueden dar una pista de ciertos vericuetos rítmicos, pinceladas armónicas y giros melódicos en su música (desde la forma de fuga hasta un cierto impresionismo pasando por frecuentes ostinatos melódicos y rítmicos) así como de una concepción camerística del envoltorio sonoro, sin olvidar los fundamentos de la ortodoxia jazzística (con una querencia coltreniana en el tratamiento de los temas más modales). En el caso de Lucía Martínez su origen gallego surge en forma de versión de un tradicional (Eu de Marín Ausenteime) con el que ha podido cumplir un sueño, el de poder contar con la cantante Maria Joao. Y aunque la música tradicional gallega no es precisamente el Flamenco hay más de Jazz-Flamenco al uso (Lucecita de la Mañana, por ejemplo) en su música que en la de Irene Aranda (que es, por otro lado, más "española" en su tono global) para la que se ha permitido el lujo de contar con uno de los saxofonistas fetiche del género (aunque lo puede ser de casi cualquier género que se proponga), Perico Sambeat. Sea por lo que fuere cuando un ibérico emigra de su país (y Lucía lleva años de aquí para allá) termina por interiorizar la cadencia española como parte de su propia esencia (¿por qué? ¿por qué?... hoy la pereza me puede).

Tercera de las cuadraturas. Ambas son músicos con una concepción muy abierta de la música. Es decir, en contra de lo que suele ser habitual en una parte muy amplia de la geografía ibérica, tan dada a repetir esquemas y a admirar la tradición del bop y derivados, Irene y Lucía hacen su propia música. Eso incluye la influencia cultural directa ya mencionada pero también la posibilidad de practicar lenguajes menos propicios para la complacencia, con un toque experimental y algo free, sobre todo en el caso de Lucía Martínez que cambia de registro con la convicción de quien no aprendió la música desde la teórica de los estilos sino absorbiendo lo que iba llegando a sus oídos sin discernir si eran churras o merinas. Y ese tipo de mentalidad genera músicos capaces de sorprender y que escapan al estándar de clonación tan frecuente en estos días.

Cuarta cuadratura. Ambas son muy jóvenes. Irene grabó el disco con 27 años y Lucía con 25. Bueno, ¿y qué?, se preguntará el lector. Eso digo yo, ¿y qué?. Grandes figuras del Jazz lo fueron siendo y muriendo jóvenes. Pero curiosamente ahora sorprende que alguien joven en Jazz sea capaz de sorprender, de mostrar madurez musical. A pesar (digo bien) de que ambas se han formado o se forman académicamente tienen personalidad propia y definida (vale, vale, estoy volviendo a la tercera cuadratura) y para ello ambas se han buscado la vida. Irene salió de su Andalucía natal y ha terminado en Valencia. Lucía reside ahora en Berlín pero pasó antes por Portugal, Finlandia, etcétera. Lo mejor que se puede decir de su juventud es que sólo están empezando y ya han dicho algo interesante.

Quinta cuadratura. Tanto en Interfrequency 23 7 como en Soños e Delirios se mezclan consagrados y noveles. Además en los dos proyectos conviven músicos de diferentes países. Esto tiene varias lecturas. La presencia de veteranos como Perico (como invitado) o Baldo Martínez (como productor artístico) en el disco de Lucía o de Jeff Jerolamon en el de Irene de igual a igual habla del nivel de ellas. Hace años esto era impensable en territorio ibérico. Que el cuarteto de Lucía lo conformen músicos portugueses y en el grupo de Irene figuren nombres como Matthew Baker o Paul Evans sólo nos recuerda que el complejo de inferioridad con los músicos de otros países no lo conocen las nuevas generaciones. Aunque todavía por aquí se esté a años luz de lo que algunos países proponen culturalmente (en la más amplia extensión de la palabra).

Sexta cuadratura. Irena Aranda y Lucía Martínez dan nombre a sus proyectos. Sin embargo tienen un sentido colectivo de la música. Son líderes pero no solistas. O dicho de otra manera, tienen sus solos pero permanentemente están al servicio de la colectividad y no a la inversa. Y eso nos permite disfrutar de buena música grupal y de pinceladas de solistas muy notables. Cada uno con su estilo, más o menos afín a la idea sonora global de cada proyecto.

Séptima cuadratura (y al séptimo descansó). ¡¡¡No tocan standards!!!

© Carlos Pérez Cruz


Comentario publicado originalmente aquí.

lunes, febrero 23, 2009

Siempre que me propongo algo...

Dimite el ministro Mariano Bermejo en España después de ser acosado por participar en una cacería en Jaén que a) realizó sin la licencia pertinente y b) la hizo junto al juez Baltasar Garzón, con toda la obscenidad que ello implica. Expresión hecha fácil para el caso: cazador cazado. A Bermejo habrá que agradecer que haya puesto en la órbita pública el debate ético de la caza-trofeo-taxidermia. Que un ministro de justicia mate por placer a un ser vivo dice poco de su concepción de la justicia. ¿Qué decir del juez en este caso? (como ilustraba El Roto, "tras un certero disparo, el Sr. Juez procedió al levantamiento del cadáver..."). Pero, por supuesto, no olvidemos que nosotros somos el ser vivo racional y superior y que el resto lo puso nuestro Señor para que disfrutáramos del tiempo libre.

El (ex)ministro Bermejo pertenece a esa rama de la humanidad del hago lo que me sale de los cojones (son poquitos, ¿verdad?). De aquellos que te pueden soltar a la cara algo así como: siempre que me propongo algo lo consigo. Que como lema de superación está bien pero que como leitmotiv ético tiene un tufillo de superioridad y chulería que no hay quien lo aguante (los hay, los hay). En esa actitud de aparente confianza en las propias posibilidades se parte de un imposible: la negación de la imposibilidad. Y es que lo que no puede ser no puede ser, por mucho que uno oponga resistencia a aceptar los hechos. Es bueno reconocer las propias imposibilidades (ergo limitaciones) porque evita frustraciones y es un primer paso para caminar con humildad por la vida (que no debe de ser algo tan malo). Pero para una persona así el mundo se divide entre los fuertes y los débiles (dicho de otra manera, los que valen y los que no) y en la batalla por la supervivencia no se pueden mostrar flaquezas. Así que es mejor mostrarse indestructible, duro de roer como una roca y, ¿por qué no?, brindar toreramente de cara a la galería. Que al fin y al cabo los taurinos (practicantes y disfrutantes) no conocen límites a su poder. Si pueden decidir sobre la vida de un ser vivo, ¿qué no podrían conseguir?

sábado, febrero 21, 2009

Entre les Murs (La Clase) - Laurent Cantet


Los argumentos del debate sobre el papel de los profesores, la función de los centros educativos, el contenido de las materias, el comportamiento de los alumnos, la integración de los mismos, etcétera, se construyen en una mayoría de ocasiones sin contar con el quid de la cuestión. Mucho se habla de lo que se debe enseñar, de dónde están los límites disciplinarios del profesor, la autonomía y comportamiento del alumno pero pocos pueden saber qué pasa en las aulas (he aquí el quid infranqueable para una mayoría). Es decir, qué pasa "Entre les Murs" (y no en "La Clase", tal y como La voz en off (del cine francés doblado al castellano) se empeña en hacernos creer en una de esas absurdas arbitrariedades de la traducción de títulos). Qué pasa dentro de esos muros que habitan profesores y alumnos es lo que nos propone el director Laurent Cantet a partir de las experiencias del profesor de instituto François Bégaudeau recogidas en un libro de mismo título (el original, claro) publicado en 2006.

Para tal propósito Cantet presenta una película con ánimo casi documental. El profesor principal es el propio François Bégaudeau y sus alumnos son verdaderos alumnos. Sin embargo no estamos ante el desarrollo y registro de una clase real durante un curso sino que los alumnos que participan en el film lo hacen a sabiendas, asumiendo ciertos roles y líneas más o menos establecidas de antemano a partir de un taller en el que participaron voluntariamente. Y aunque no podamos ser mirones sin ser descubiertos este ejercicio de cine descriptivo nos puede dar una aproximación a diversas cuestiones que nos afectan. Cuestiones que tienen que ver con la calidad educativa, con la convivencia de personas de diferentes países (ergo costumbres, rasgos físicos, idioma...), la disciplina y sus límites, la esperanza y la desesperanza... cuestiones que atañen a la escuela en algunos casos pero que son también espejo de una realidad más amplia llamada sociedad. Lo que sucede "Entre les Murs" no es sino un reflejo de lo que pasa fuera de ellos.

Algunos apuntes que como espectador llevo conmigo:

En esta clase conviven franceses, africanos de diverso origen (Marruecos, Malí...), chinos... En su convivencia brotan insultos racistas, desprecio por el origen, el color de piel y, sin embargo, tengo la sensación de que se trata de una convivencia más cívica de lo que pueda parecer. Como si el desprecio al otro no fuera más que una muletilla, un insulto sin mayor carga que el propio malsonar de la palabra. Un insulto que no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que no se aprende en la escuela.

El profesor está sometido continuamente al reto de unos alumnos que a partir de cada propuesta de éste reaccionan tratando de dilatar su cumplimiento. El profesor se enfrenta a un aluvión de quejas, comentarios y preguntas que nada tienen que ver con lo inicialmente presupuestado por él. Sin embargo François siempre busca la manera de sacar partido de cada una de las reacciones. Un alumno le pregunta si es homosexual. Pregunta improcedente dentro del contenido que se está tratando en la clase. Podría reprenderle, castigarle incluso, y sin embargo François aprovecha para que el alumno se confronte consigo mismo, para que razone sobre el porqué de su pregunta, sobre si esta atiende a prejuicios y para, en caso de haberlos, desarmarlos. Aplaudo al profesor pero me desasosiega ver cómo el debate intelectual que el profesor plantea se ve enmarañado continuamente por un ruido de voces que a través de la confusión y de asumir sus propios códigos como verdad absoluta (por supuesto nunca puesta en duda) terminan por desarbolar cualquier argumentación. Es la respuesta del caos, la pereza frente al razonamiento, los códigos tribales frente a la ética y la educación. Es el riesgo que el profesor asume de tratar de situarse en el mismo plano que sus alumnos. Un riesgo plausible pero desesperante en el que muchos encontrarían razones para implementar políticas educativas mucho más impositivas (¿quizá brazos abiertos, enciclopedia en tomos y reglazo?).

El desliz. El profesor asediado por sus dos alumnas (representantes en el consejo educativo del centro) que han chivado a sus compañeros algunos comentarios de este en la reunión. François parece sentirse traicionado. ¿Cómo explicar a toda una clase que aquel comentario sobre la valía como alumno de uno de ellos que ellas filtran no debe sacarse de contexto y que, además, equivocado o no, procuraba salvaguardar a este de una posible penalización? Por supuesto la frase desligada de su contexto es contundente, sobre todo para un alumnado que va a entenderla como desprecio. Cualquier explicación sería para ellos una simple excusa. François evita explicarse y asediado cataloga como "de golfas" la actitud de las dos alumnas en el consejo. Tremendo error. Golfa significa prostituta en el código verbal adolescente. Da igual que no sea lo mismo ser una golfa que haberse comportado como tal. No importa que el diccionario recoja "deshonesto" u "holgazán" como acepciones de esa palabra (durante la reunión ellas reían, comían, cuchicheaban...). En su código no existe el matiz, la diferencia, las cosas son o no son. Y el profesor las llamó putas. Punto y final. No está la vida para exquisiteces verbales.

La expulsión. El alumno agraviado por el comentario en el consejo del centro termina por reaccionar violentamente. Insulta a unos y a otros, se encara con el profesor, decide levantarse y largarse de la clase, forcejea con François y termina hiriendo a una alumna de manera involuntaria (colateral) con su mochila. Es su sentencia de expulsión del centro. El consejo disciplinario lo decide. Una vez expulsado en el más breve plazo de tiempo será trasladado a otro centro. Podría ser un mensaje claro y rotundo al resto de alumnos pero cada año se deciden varios despidos, luego no resulta como medida disuasoria. La sensación es que el centro se quita el problema de encima y lo traslada a otro. Así un grupo de alumnos podría estar en un permanente carrusel de institutos sin que ello consiga corregir el comportamiento de estos.

¿Y después? La película cierra con el final del curso. Qué ha aprendido o no cada alumno en ese año. Hay respuestas de todo tipo, hasta sorpresas (una alumna dice haber leído "La República" de Platón porque lo tenía su hermana mayor y que le ha gustado). Sin embargo la última alumna en abandonar la clase gime ante el profesor que ella no ha aprendido nada y que no quiere hacer FP. Lo repite continuamente para desolación del profesor. Tranquila, todavía no es el momento de decidir eso, le viene a decir. Dependerá de tus notas más adelante. Pero ella lo único que sabe es que no quiere hacer FP. Y la pregunta que yo me hago es a más largo plazo: ¿y qué podrán hacer ella y los demás?

jueves, febrero 12, 2009

Jazz*

Hacía mucho tiempo que no escuchaba una Jam Session. Como buen militante de la causa antes acudía a cada concierto, conferencia o lo que fuere que tuviera relación con el Jazz que se organizara en mi ciudad. Era mi manera de reivindicar un espacio para esta música y sus músicos; que no fuera por mi pereza por lo que dejaran de programar actividades. Que viniera o no público parecía importarme a mí más que a los propios interesados. Antes de cada actuación no dejaba de mirar inquieto hacia las puertas de entrada a la sala. El intermitente goteo de espectadores me ponía nervioso, veía cómo el reloj corría y la mayoría de las butacas continuaban vacías. Una vez que se apagaban las luces procuraba distraerme de mi enfermedad contable pero si éramos pocos no lograba deshacerme de una sensación de derrota que me impedía disfrutar de la música. Sé que no tenía sentido, tenía mi entrada y podía disfrutar de aquello por lo que había pagado pero, por alguna extraña razón, consideraba cada concierto una pequeña batalla dentro de una guerra que, en el fondo, sabía perdida de antemano. A lo máximo que podía aspirar el aficionado era a tener la posibilidad de acudir cada muchos meses, a veces incluso más de un año, a un concierto que tuviera la palabra “Jazz” impresa en el cartel. Ni siquiera siempre aquello que así se anunciaba me interesaba pero, ya lo he dicho, yo era un militante de la causa e incluso aquello que me aburría como cualquier canción de la radio formaba parte de la ineludible responsabilidad de aficionado al Jazz.

No sé cómo llegué a engancharme y, ni siquiera hoy, tengo muy claro qué es esta música. Con el paso de los años he escuchado tantos discos, tantos conciertos, he leído tantas cosas, que lo único que puedo afirmar al respecto es que no tengo ni idea de qué puede definirse o no como Jazz. Claro que mi confusión no llega hasta extremos de considerar a Alicia Keys músico de Jazz, tal y como trató de convencerme un crítico del género en un irónico ejercicio de nihilismo jazzístico. Por otro lado el debate sobre qué es o no es Jazz es un entretenimiento vacuo para aficionados, críticos y algún músico mediocre que trata de justificar con lo teórico el vacío de su hacer musical. Ya que dedicamos una exorbitante cantidad de energía a discutir sobre estupideces cómo no hacerlo sobre algo como esto aun a riesgo (¿o quizá por ello?) de terminar resultando pedantes.

El Jazz tiene difícil definición, no sirve apelar a la improvisación como esencia peculiar porque la improvisación no es de su propiedad, la comparte con otras músicas de la antigüedad y del presente que no se consideran a sí mismas Jazz. El Jazz presume de libertad y sin embargo la mayoría de quienes dicen ejercerla son réplicas, clones, aburridísimos estereotipos con un instrumento entre manos. Entonces, ¿qué es el Jazz? No tengo ni idea pero, de alguna manera, quien de verdad se aficiona desarrolla un sexto sentido que le incita a seguir la pista de algunos músicos y no de otros. Pura intuición que nada tiene que ver con la Ciencia de la Música. Sólo la gran literatura ha sabido poner palabras a su esencia, nunca un diccionario.

Tengo una teoría al respecto de por qué el Jazz no es una música popular. El verdadero músico de Jazz ofrece incertidumbre mientras la música popular es predecible. La mayoría de la gente odia la incertidumbre, necesita caminar sobre seguro incluso en aquello que entra por sus oídos. Seguros de coche, seguros para la vivienda, de viaje, de vida (¡!), de muerte... ¡¿cómo no iban a asegurar también la música?! La seguridad, el control de las circunstancias que uno tiene cuando intuye (¡y acierta!) qué viene en el siguiente compás, qué dirá la letra, cómo acabará el romance, qué gritará ella al verse traicionada por su novio. No soportamos que esa mujer que llora el engaño pase a hablarnos de golpe sobre la belleza bucólica de un paisaje y, poco después, antes de volver a llorar, del último libro de Paulo Coelho. ¡Demonios! ¡¡Qué incoherencia!! ¡¡¡No tiene sentido!!! Esa mujer debería llorar y planear la venganza, una venganza que, eso sí, por inocente nunca sería capaz de llevar a cabo, sólo el Jazz lo haría. Pero, ¿qué mayor coherencia que el discurso interrumpido? ¿Qué más humano que la risa tras el lloro y el lloro tras la risa? ¿Qué más terapéutico que la evasión ante el dolor para poder volver a afrontarlo? Eso es el Jazz. La imprevisibilidad de la vida expresada en música.

¡Ojalá el Jazz fuera eso! Hubo un día, no sé cuándo, en que todo lo que empezó a llegar a mis oídos era completamente previsible. ¡¡Y eran los grandes!! Los llamados a liderar la música más libre que nunca se hubiera escuchado sobre la faz de la tierra habían encontrado la fórmula para superar los obstáculos que la armonía pone en el camino sin asfaltar de la partitura. ¡Y todos los saltaban con la misma pierna, con la misma inclinación del tronco, caían igual al otro lado! Y daban vueltas a la pista como en una competición de 10000 obstáculos. Una y otra vez, y otra y otra, así hasta que uno y otro y otro fueron cayendo y saliendo de la pista, mientras los más fuertes continuaban con su carrera precisa, perfecta, circular, cada quinientos metros un poquito más rápido, otro poquito más, sin inmutar el rostro, sin mirar atrás, con la única ilusión de ser el primero al final de la carrera. ¡¡Enhorabuena!! Has ganado pero no lo he visto, hace tiempo que me fui.

Lo que hace especialmente insoportable al músico previsible autoproclamado jazzman es que con su previsibilidad fulmina una de las pocas cosas que hace de la escucha de Jazz algo único. Lo que en la música (pop)ular es la clave del éxito en esta música es la muerte, el aburrimiento, el tostón más absoluto, el desprecio de los sentidos. El Jazz es música para oyentes esforzados, orejas que ponen todos los sentidos a disposición del creador (¡Qué enorme responsabilidad!) porque necesitan ser zarandeados, recibir un croché directo al estómago seguido de un beso en la mejilla, de un grito ahogado en alcohol, de sexo desgarrador, de susurros entre el ruido del viento, de caricias en la espalda, de un golpe sobre la mesa... Son almas que necesitan encontrar mundos fuera de este, que quieren ser agarradas por la solapa, que buscan despertar esas sensaciones que la droga del día a día les ha arrebatado. ¡¡Quieren morir habiendo vivido!! O al menos que alguien les recuerde de vez en cuando que pudo haber sido de otra manera. Por eso me aburres tú, impostor con un saxo bajo el brazo, virtuoso escalador experto en piruetas, en fuegos de artificio que estallan donde la computadora les ordenó. ¡¡Rompe tu instrumento!! ¡¡¡Hazlo pedazos!!! Será tu gran gesto heroico, tu salvación.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba una Jam Session. Y anoche recordé por qué había dejado de acudir. Abrí la puerta de aquel garito y pude oler el polvo que se había acumulado sobre los músicos que una semana más, años después, seguían escribiendo los mismos solos sobre los mismos standards mientras los recién llegados copiaban hasta el último de los gemidos de Keith Jarrett con la aspiración de que aquella tía buena de la barra se fijara en lo bien que se contorsionaba mientras soplaba Stella by Starlight con los ojos cerrados para luego acercarse a ella y darse cuenta de que, en el fondo, no estaba tan buena, de que todo había sido producto de la misma imaginación por la que un día pensó que aquello que salía de su instrumento era algo parecido al Jazz.

© Carlos Pérez Cruz

*en el octavo aniversario de mi programa Club de Jazz que inició su vida tal que un 12 de Febrero de 2001 con la presencia, entre otros, de un MacOS hoy aragonés al otro lado del cristal del estudio.

miércoles, febrero 11, 2009

Fábula sobre la crisis de mamá Industria Musical y familia

Disco llegó a ser muy famoso. Un tipo que permitía escuchar música en unas condiciones que su otrora popular hermano mayor Casete no podía ni soñar. Tan famoso se hizo que cada verano era la estrella de la televisión con esos anuncios de recopilatorios de lo mejor del Caribe, Ibiza y demás geografía del ocio estival. Sin embargo Disco fue perdiendo glamour en poco tiempo. Cada vez eran más las voces que le acusaban de elitista, de sólo dejarse ver de la mano de los más acaudalados y de no permitir que los menos pudientes disfrutaran de su compañía con mayor frecuencia. La crítica más común era que cobraba demasiado por sus servicios. Algo de razón había en esas voces que encontraban abusivo que Disco al desnudarse resultara tan barato y, sin embargo, vestido se encareciera tanto. Disco pedía de habitual unos veinte o veintitantos euros por su trabajo mientras que quienes le criticaban sólo estaban dispuestos a ofrecerle diez. El nacimiento de Internet facilitó que los críticos se unieran y organizaran un movimiento revolucionario. Ya no necesitaban a Disco, sólo querían lo que él ofrecía y eso Internet permitía obtenerlo a través de su hijo P2P al que convencieron de que trabajara para ellos sin cobrar. ¡Queremos un precio justo! gritaban. Los discos son muy caros, cuestan más de lo que valen, sentenciaban.

La madre de Disco y Casete, Industria Musical, convenció a sus vástagos de que podían complacer las demandas del movimiento revolucionario y ofrecer también sus servicios a través de la familia Internet por menos dinero. No le resultó fácil a mamá Industria Musical pedirle este sacrificio a Disco – Casete hacía mucho que pasaba de todo – ya que sabía que era un monopolista orgulloso pero trató de tranquilizarle: a partir de ahora sólo te irás con aquellos que te aprecian de veras. Disco aceptó y dejó que Industria Musical ofreciera los servicios que antaño eran de su competencia a otros hijos de Internet como Programa iTunes. La relación entre Disco y estos era complicada, les consideraba vulgares imitadores suyos. Eran presumidos, se pavoneaban de ofrecer mucho más y a menos precio pero Disco se reía de su vulgaridad y desnudez. Darían más, desde luego, pero su fondo de armario no se podía comparar. Qué poca clase, pensaba.

Industria Musical anunció la victoria de la revolución y proclamó la era de la música a un precio justo.¡Aquí tenéis lo que pedíais! Sin embargo algo extraño sucedió. Aunque la revolución había logrado sus objetivos se quedaron mirando a Industria Musical con cara de no conocerla de nada. ¿Quién dices que eres? ¿Qué me vendes? Lo siento, no me interesa. Industria Musical se quedó pasmada, no entendía nada. ¿No era aquello lo que tanto habían esperado y por lo que tanto habían luchado?

Industria Musical reunió a su familia para poder encontrar explicación a aquella difícil situación. El ambiente era de enorme incredulidad, impotencia y depresión ¿Qué querían ahora los revolucionarios? Nadie encontraba una respuesta hasta que Industria Musical se acordó de P2P, el ácrata y descarado hijo de Internet, que se había unido a la revolución dejando que le utilizaran sin cobrar por ello. Industria Musical llamó a Internet para que le explicara por qué, ahora que los precios se habían ajustado a las exigencias revolucionarias, P2P seguía ofreciéndose gratis. Internet le explicó que no hacía carrera con P2P y que siempre que le recriminaba por su comportamiento P2P le respondía: El mundo es injusto y yo soy su Robin Hood digital.

Mamá Industria Musical relató al resto de la familia la conversación que había mantenido con Internet. Todos se quedaron mudos hasta que alguien se levantó y dijo: Es cierto que el mundo no es justo, o no al menos su justicia no es ideal, y siempre habrá quien ofrezca a quien no tiene lo que éste no puede tener en un mundo así. Sin embargo, familia, nos encontramos ante un verdadero enigma. Este Robin Hood da lo que tiene a los pobres ¡¡pero también a los ricos!! y estos no hacen ascos a recibir una limosna que no les corresponde. No lo puedo entender. Sinceramente no lo puedo entender. Se hizo de nuevo el silencio. Nadie se atrevió a decir en alto una conclusión que a todos aterraba.

© Carlos Pérez Cruz

domingo, febrero 08, 2009

Nieva en la tele


Televisión. Es para desconectar, afirman. Y sin embargo todo el invierno enchufado al crudo ídem. Nieve, viento, lluvia y frío; nieve, viento, lluvia y frío. Una letanía metereológica que todo lo invade. La hecatombe, la catástrofe, el techo que cae y el coche atrapado en la nieve. 24 horas de directo, un Gran Hermano pluvial, eólico, nivoso. Mira qué frío, ¡¡qué frío!! Enfoca ese termómetro, pobre reportero que por cuatro perras pillas un resfriado de autónomo en alguna de esas autonomías de la España Directo. Miro por la ventana y... ¡eureka! El termómetro de la esquina dice que hace frío, mis plantas se doblan por el viento pero... ¡un momento! ¡¡No nieva!! Mi mundo no sale en la tele, no existe, es virtual. ¡Demonios! me digo y rebusco en las tripas de mi televisor. Será que está constipado. Le duele la tripita (no es pantalla plana, tiene su buen culo) y desvaría. Y así un día y otro y otro y otro... y que nieva y aquí ni copito. Y llega el día. Y estoy tan aburrido de la nieve que cuando en mi mundo caen los copos enciendo la tele a ver qué pasa ahí fuera.

miércoles, febrero 04, 2009

La pava

Ahí tenemos a la pava, a punto de ser lanzada desde lo alto del campanario. Abajo, en la plaza, la gente del pueblo y personas venidas de fuera, esperan el momento para pelear por ser quien se haga con ella. Es una tradición centenaria y esta dice que quien se quede con la pava tendrá buena suerte. Es una superstición, un juego, la mayoría lo sabe, muchos fueron los que habiéndose quedado con la pava nunca tuvieron nada por lo que alegrarse. Pero toda superstición deja abierta la posibilidad y los del pueblo y personas venidas de fuera no quieren renunciar a ella. Imagínate que me la quedo yo y después nos toca la lotería, dice un hombre de unos cuarenta años nervioso por lo poco que falta para el ansiado vuelo. Ahí está la pava. Alguien la retiene hasta que el reloj del campanario de la iglesia del pueblo señale la hora exacta. Un detalle llama la atención. El encargado de hacerlo oculta el rostro. No es tradición, explican, sólo que desde hace años está prohibido el acto porque las autoridades la consideran maltrato animal. Así que la multa recae sobre el lanzador. En caso de no ser identificado es el ayuntamiento quien paga. Se solventa el inconveniente legal con una colecta vecinal. Ya ha llegado la hora. El lanzador no identificado lanza la pava al aire con tan mala suerte de que en vez de caer sobre la masa nerviosa de empujones y codazos se golpea contra el tejado del sagrado recinto y queda allí aturdida. Varios jóvenes de la localidad, conscientes de la situación, entran corriendo en la parroquia y ascienden veloces por la escalinata de la torre para ser los primeros en llegar arriba y quedarse la pava en propiedad. Una vez sobre el tejado, con evidente riesgo de caída al vacío, pelean entre ellos para quedarse con el preciado animal. Hasta que uno de ellos impone su fuerza en la lucha y se queda con la pava. Él es el afortunado, según la tradición, quien tendrá suerte en su vida a partir de ahora. Todo el acto lo ha presenciado en balcón presidencial el alcalde del pueblo. Por ley hubiera de haberlo impedido. Pero la ley no entiende de tradiciones y estas están por encima de la ley. A él le gusta y como entre todos sale a poco ya pagarán la multa.

jueves, enero 29, 2009

Sobre la enseñanza de la improvisación (Fred Frith)

A continuación se puede leer un extracto de la conversación que la revista Oro Molido publicó en su número 23, y que se puede leer íntegra en el pdf que nos ofrece la página PuroJazz de Roberto Barahona, con el músico Fred Frith. Interesantísima reflexión la que Frith nos ofrece sobre no sólo la enseñanza de la improvisación sino sobre cuestiones como la valoración de la música, los sistemas de enseñanza, etcétera. Para leer y reflexionar. He aquí un fragmento:

(...) Luego escribió su tesis de pedagogía de la improvisación y, básicamente, decía que ella encontró muchos problemas en la falta de enseñanza de la improvisación, que sentía que no se le había enseñado a cómo improvisar. Yo estaba fascinado con esto; hablé de ello mucho mientras ella estaba escribiendo el exámen. Y comprendí que como una instrumentista clásica, hay ciertas prácticas que aprendes y una de ellas es cómo engancharse a un diálogo crítico constructivo. Tocas una pieza delante de los compañeros, y tu profesor y la gente te dicen dónde creen ellos que te has equivocado y cómo puedes hacerlo mejor. Todos tienen una partitura, así que ellos tienen esta referencia donde todo el mundo puede ver cómo se “ supone” debe sonar, y entonces pueden señalar deficiencias particulares, de la lectura, interpretación, o de la técnica requerida al realizar un pasaje concreto. Tiene perfecto sentido y es una parte muy importante del aprendizaje de un instrumento a un alto nivel. Por lo tanto, los músicos se acostumbran a la idea que después de tocar en un marco pedagógico, habrá una reacción que les ayudará a entender lo que hacen, reacción basada en una idea más o menos universal de qué es “bueno” o “ aceptable” en un entorno determinado y qué es “ malo” o “ inaceptable”. Y en los dos años de estudio bastante intensivo de la improvisación en Mills, ella estaba esperando que alguien le dijera cómo hacer, decirle qué era bueno y malo, y al no darse ese tipo de reacción, su valoración fue que a ella no se le había “ enseñado” nada. Si ella no aprendió nada es otra cuestión, pero no tenía que haber llegado a ese punto, ¡bastante tuvo sintiéndose defraudada! De modo que si quieres saber cuál es el mayor problema con la enseñanza de la improvisación, ¡quizás se debería empezar justo por ahí! ¿Quién define las reglas? ¿Debería tenerlas? ¿Y qué sucede si las rompes? ¿Hay un sentido aceptado universalmente de qué es “bueno” y “ malo”? ¿Cómo enseñar algo que, al menos nominalmente, no acepta normas? Creo que la enseñanza totalmente eficaz es la que facilita el proceso de enseñanza de las personas por sí mismas. Si tu ego necesita que se te diga, “yo soy la fuente de toda sabiduría, y soy quien te va a decir qué es bueno y malo”, entonces, como mucho, la gente aprenderá cómo ajustarse realmente a tu gusto y, en el peor de los casos, se siente incompetente y poco valorada. ¿Es esa la enseñanza de la improvisación?

viernes, enero 23, 2009

Héroe

Un hombre conduce su coche. De pronto observa cómo un hombre está agrediendo a una mujer con un cuchillo. Alguien trata de detener el ataque pero sólo no puede. Baja corriendo de su coche, coge un objeto de su maletero y con él se defiende mientras retira a la víctima herida. La introduce en el coche en el que espera su mujer y conduce unos metros para alejarle de su agresor. La agredida es atendida posteriormente y queda fuera de peligro gracias a la acción de dos ciudadanos que han puesto en riesgo su integridad por ayudarla. Al día siguiente la prensa se hace eco de la acción y califican el acto de heroico, de héroe al ciudadano por su acción de socorro. Las autoridades proponen la concesión de una medalla al mérito policial (¿?). Transcurre otro día y la prensa vuelve a hablar. Titula La Vanguardia: "Un héroe con el peso del pasado". Descubren que el ciudadano, calificado como héroe, fue denunciado por su anterior pareja por "violencia en el seno familiar" hace dos años. Fue absuelto por el juez. Él se defiende ante los medios: "(...) el juez entendió que todo era mentira y me absolvió".

Ahora cada cual que extraiga sus propias conclusiones.

Los limoneros - Eran Riklis


A propósito de la enésima barbarie Israel vs Palestina no está de más echarle un vistazo a esta película proyectada recientemente en los cines (algunos). Dirigida por el israelí Eran Riklis se convierte en retrato certero de la prepotencia israelí a la vez que da buena muestra de las miserias morales del pueblo palestino.

La historia nos cuenta cómo el ministro de defensa de Israel se instala en una vivienda que limita con un campo de limones propiedad de una mujer árabe viuda (detalle este no menor que nos muestra cómo al dolor por la pérdida se suma la imposibilidad de continuar con libertad su vida privada). El ministro esgrime motivos de seguridad para defender la tala de los árboles de esta mujer que son su único sustento vital. Asistimos a los absurdos y atropellos que en nombre de la seguridad se cometen así como a la vigilancia que Salma (nombre de la mujer) sufre por parte de sus vecinos que velan por la memoria del difunto marido. Vamos, para que esta no vuelva a probar hombre alguno (en este caso el abogado que defiende su causa). Además recibe presiones para no aceptar dinero israelí que prevé una serie de indemnizaciones por la tala de los árboles aunque esto le suponga la ruina total. Ante todo la resistencia. Así esta película encuentra en la metáfora y la poesía la manera de mostrarnos algunas claves del conflicto.

Sin embargo como es costumbre la ficción no es que sea superada por la realidad, es que forma parte de ella. Así podemos leer como además de los muertos y heridos que ha dejado la masacre de las pasadas semanas en Gaza los soldados israelíes dedicaron parte de su metralla a matar animales y destrozar cosechas. Así como que muchos palestinos considerados colaboradores de Israel fueron asesinados por sus compatriotas. Y así la realidad sigue suministrando guiones al cine por obra y gracia de la estupidez humana.

jueves, enero 22, 2009

Exclusiva Obama

Según nota de nuestro especialista en gases políticos desplazado a Washington DC el presidente Barack Obama ha emitido su primer gas presidencial. Informadores próximos al despacho anal le han confirmado que el gas emanado de las posaderas del PRIMER PRESIDENTE NEGRO de la historia de los Estados Unidos de América es, en comparación con los de su predecesor en el cargo, cálido y un poco dulzón.

miércoles, enero 21, 2009

Luna de Lobos - Julio Llamazares


Cuando la noche lo envuelve todo, permanente e indefinidamente, empapando la tierra y el cielo, anegando el corazón y el tiempo y la memoria, sólo el instinto puede descubrir los caminos, atravesar las sombras y nombrarlas, descifrar los lenguajes del olor y del sonido.

Este es un breve fragmento de la novela Luna de Lobos publicada en 1985 por el leonés Julio Llamazares. Relato contado en primera persona por Ángel Suárez Reyero, soldado republicano que junto a varios compañeros sobrevive en las montañas asturleonesas tras la caída del frente asturiano en 1937 durante la Guerra Civil Española. Llamazares te atraviesa con una narrativa en la que abunda la descripción de la naturaleza, de las montañas y valles en los que resisten de manera clandestina; la naturaleza con toda su belleza y crueldad se confunde por momentos con el alma de unos seres humanos obligados a elegir entre la huida o la espera clandestina, entre la muerte o la muerte en vida. Desgarradora y bellísima, un documento tremendo sobre la soledad, la dignidad, las condiciones extremas de la vida y la brutalidad y absurdo del odio humano.

lunes, enero 19, 2009

Mina Agossi - "Simple Things?"


Según Mina Agossi, el saxofonista Archie Shepp, con quien ella colabora habitualmente, considera que Blues y Jazz comparten el mismo espíritu, son expresión libre e improvisación. Sin embargo la diferencia entre ambos es que el Blues es lamento mientras es el Jazz es revolución. Conclusión (esta es mía, no sé si también la de Archie): el Jazz vocal está lleno de impostores/as que dicen cantar Jazz. La industria discográfica (productoras, representantes...) trata de colar cada año a la enésima "gran diva" o "dama" del género (en masculino la cosa está llena de crooners) y, por supuesto, muchos festivales, auditorios, medios de comunicación... les ponen alfombra roja. Resultado: la revolución (Jazz) debería serlo en este caso de espectadores encabronados por la estafa y el lamento (Blues) de quienes todavía tenemos un poco de respeto por el sentido de la palabra Jazz (que no es, per se, el de una cantante pop acompañada de piano o guitarra, contrabajo y batería).

Por fortuna el monopolio que las discográficas (y medios de comunicación convencionales) tenían hasta hace cuatro días para decidir qué debíamos escuchar los oyentes (los que oyen y los que escuchan) ya no es tal aunque, como gigantes heridos (ergo no muertos), todavía luchen por mantener su estatus tradicional. Esos resquicios ganados en la batalla de la red son los que nos pueden demostrar, por ejemplo, que el Jazz vocal sigue existiendo aunque no lo parezca. Porque si nos atenemos a lo que se edita en las majors deberíamos haber certificado ya su muerte. Y no. Todavía hay esperanza y revolucionarios (para los tiempos que corren).

Mina Agossi es una cantante de Jazz. Lo es porque se expresa musicalmente con enorme libertad creativa y porque improvisa (¡¡¡una cantante de Jazz que improvisa!!! Guauuuu. ¡¡¡¡Dediquen a esto un titular de portada a cinco columnas!!!!). Improvisa sí, aunque quizá su principal virtud no es que sepa hacerlo sino la libertad con la que se plantea la música. Esto resultaría evidente para el cazador de versiones en las que ella realiza de Pink Floyd (Money), Jimi Hendrix (1983) o del Aquellos Ojos Verdes de Nilo Menéndez y Adolfo Utrera. Porque una cosa es lo que entendemos por lo general del concepto "hacer versión" y otra lo que Mina Agossi hace. Mina somete lo ajeno a un tratamiento estético completo y sustituye la piel del original por la suya propia. Su voz tiene tal sentido de la teatralidad que uno es capaz de imaginársela sobre el escenario con una mezcla de coquetería y autoridad irresistibles. Lo suyo no es Jazz por definición estética, sino por espíritu. Hace libre a la música, deja que fluya y se retuerza, la exprime con una capacidad dramática que evidencia su pasado como estudiante de teatro. O simplemente evidencia su completa falta de prejuicios y complejos que hacen de su forma de cantar algo lleno de vida, en continua transformación, lejos de los estereotipos museísticos que, como mucho, pueden aspirar a ser moda pasajera, jarrones decorativos en el museo de historia del Jazz.

Mina Agossi entiende a la perfección que conocer la tradición de esta música no significa recrearla hasta la extenuación; los clásicos lo son porque supieron encontrar su propia expresión musical y esta estuvo determinada por las circunstancias de su vida. Y su vida es otra luego su música también. De lo contrario la revolución se convierte en cliché. Y ella tiene descaro suficiente para haber hecho también versiones de estándares como Caravan o Well you needn´t inimaginables para la ortodoxia* del Jazz pero plenamente coherentes con una forma de hacer que tuvo la suerte de empezar tarde, a los veinte años. Los suficientes para que los celosos guardianes de la ortopédica recreación del Jazz no hayan tenido tiempo de coserle el cerebro a dogmas.

*ortodoxia del Jazz: Atención, pregunta: ¿no debería ser la ortodoxia del Jazz la más purita de las heterodoxias?

© Carlos Pérez Cruz

Comentario publicado originalmente aquí.


viernes, enero 09, 2009

Historia del Jazz (una historia de degeneración)

Hace unos años recibí un correo electrónico de una estudiante universitaria que me planteaba lo siguiente:

(...) estoy haciendo un trabajo universitario sobre la evolución del jazz desde los 90, y el problema es que no tengo ni idea de donde encontrar historia sobre esto, toda la documentación que tengo se queda en los años 80 y después nadie profundiza o qué? (...) es para un asignatura de Música de la carrera de Historia del arte estoy en tercero.


Bien, como le respondí obviamente es muy difícil encontrar literatura sobre una etapa tan reciente. Que se necesita una perspectiva histórica que el tiempo todavía no había ofrecido, ¿o qué?. No se lo dije pero para alguien que estudia "Historia del Arte" esto debería ser algo obvio, ¿o qué?. A pesar de todo me ofrecí a prestarle ayuda. Su respuesta fue la siguiente:

Gracias por contestar, la verdad es que no sé de donde sacar información, por lo que he podido encontrar de momento, la evolución ha degenerado en el rap, bebop, revival soul y funk... o eso dicen...

¡Ay, el lenguaje y las malas pasadas! ¿O quizás no? ¿"La evolución ha degenerado"? Puedo entender que el Rap tenga una consideración artística menor que el Jazz (discutible, no obstante) al igual que el "revival soul" (¡demonios! ¿qué coño es eso?). Pero que la evolución del Jazz desde los noventa haya "degenerado" en el "bebop"... en fin, eso si que es una degeneración de órdago... ¡pero histórico! La historia ha involucionado unas cuantas décadas. A no ser que el Jazz evolucione desde los noventa del pasado siglo hacia un "revival bebop" en la próxima década de los cuarenta del siglo en curso (lógica celebración entonces del centenario de esta estética del Jazz). Pobre Charlie Parker. No sabía que su existencia estaba todavía por llegar un siglo después. Y añade la peticionaria:

No sé ni como plantear el trabajo la verdad, muchas gracias por tu interés si se te ocurre algo, o encuentras algo en internet, enviame la dirección, el trabajo lo entrego el Lunes.

Lo entrego el lunes, dijo. El correo se recibió un viernes. Es decir, toda una futura experta en Historia del Arte pretendía hacer un estudio "histórico" en un par de días. Sin problemas, dado el conocimiento de la Historia del Jazz que había demostrado. "Si encuentras algo en internet". Sin duda la herramienta más efectiva y precisa que se pueda encontrar para documentarse hoy en materia de historia.

Como regalo para quien haya llegado hasta aquí leyendo este profuso texto un vídeo (encontrado naturalmente en internet) de una mujer que sonará la semana que viene en el "Club de Jazz" de servidor. La señora Mina Agossi haciendo versión del
Voodoo Child de Jimi Hendrix:

martes, enero 06, 2009

Telepredicción

Hace unos días alguien mostraba su asombro porque no dedicara mi tiempo a ver la televisión. Ver, la veo. Ahora mismo está frente a mí, pero bien apagada (desconectada incluso de la red eléctrica para evitar el gasto del pilotito en rojo). Para ser sincero también la enciendo (de vez en cuando) pero su uso se limita a contadas ocasiones en que veo un DVD de una serie (se acabaron Los Soprano, y bien que lo siento) o película (la última La Eternidad y un Día de Theo Angelopoulos) o bien un partido de baloncesto. Rara vez para algo más.

La persona que se asombraba por mi anorexia televisiva se sorprendía de que no conociera las secciones del concurso Pasapalabra. Sé de su existencia (difícil es no ser consciente de qué eructa la tele) pero de ahí a que me interese verlo va un trecho enorme. El trecho de la libertad personal para caminar por la vida lo más próximo a lo que a uno le plazca y no por la senda de lo supuesto como normal e incluso razonable. Al fin y al cabo la televisión (como aparato y como medio) no es sino una más de las posibilidades que el ser humano se ofrece a sí mismo. Lo anormal es que parezca ser LA posibilidad. Me interesan demasiadas cosas como para verme en la necesidad de ocupar (que no actuar sobre) mi tiempo libre (¿ergo el otro es esclavo?) con un programa de televisión si este no me atrae.

Hoy, durante apenas unos segundos (quizá un minuto o dos, a lo sumo), he encendido el aparato. En el primer canal de nuestra televisión pública (nuestra y pública, ¡alerta roja!) emitían España Directo. En el tiempo que he ocupado a contemplar la pantalla la gran noticia que se relataba (con su correspondiente titular impreso en pantalla) no era tal. Si entendemos como noticia un suceso acaecido o que acaece. La noticia que ocupaba minutos de programación era que el próximo viernes podía nevar en Sevilla. Que hace cincuentaynosecuantos años que no sucede y que el santo (perdón, así llamo yo al INM) predecía que así podía suceder con una probabilidad estimada de un 50% (¡¡fantástico, sólo horas después el santo ya anuncia que va a ser que no!! Probabilidad ahora de intervalos nubosos). A esa predicción tan fascinante le han seguido las declaraciones de ciudadanos sobresaltados con tamaña información. Ozú mi alma, no me digas.

Recuerdo cómo en un programa de El Follonero en La Sexta (otra de esas veces que encendí el aparatito) parodiaban los métodos de otro programa, de Tele5 en este caso, que viene a llamarse Está Pasando para crear noticias (digo crear, no relatar). El reportero (del falso Está Pasando) interrogaba a algunos ciudadanos: ¿Qué está pasando? Nada, era la respuesta mayoritaria de los viandantes que reaccionaban mirando a su alrededor por si acaso pasaba algo. Que no pasara nada era la gran noticia del falso Está Pasando. Pues eso, que hoy en La 1 no pasaba nada. Y de ahí la noticia.

Iñaki Sandoval - "Usaquén"


Una frase del poeta griego Píndaro (cuyo nacimiento se fecha en torno al 518 antes de Cristo) preside el austero libreto de este Usaquén de Iñaki Sandoval: Aquello que es bello lo es por necesidad. Dice Iñaki que con esa frase se evita explicar en texto la música; la música habla por sí misma, si hubiera de hacerlo con palabras es que quizá algo falla, piensa. Sea por la razón que fuere Iñaki nos ha evitado el suplicio de leer el tradicional texto elogioso de la pluma por encargo (que además en muchos casos deviene en un ejercicio lírico del autor) o la también usual semblanza formativa y profesional que tiene tendencia al relleno (como un día me crucé con X por la calle X forma parte de mi biografía).

Que Iñaki Sandoval haya ahorrado palabras no es óbice para que con una frase ajena nos esté dando ya unas cuantas pistas del contenido musical de Usaquén. La frase del poeta griego incide en un concepto fundamental en el sentido creativo de Sandoval, la belleza. La búsqueda de la belleza es el objetivo último que persigue todo creador, confiesa el pianista en una conversación con servidor. Pero semejante afirmación me genera dudas: ¿qué entendemos por belleza? Es probable que para muchos la belleza esté ligada a aquello que calificamos hermoso, agradable a los sentidos. Y, sin embargo, en muchas ocasiones la belleza que infunde en nosotros deleite espiritual (léase definición de "Belleza" de la RAE) y que nos hace amar el Arte poco o nada tiene que ver con una concepción de la belleza estética comúnmente aceptada. Grandes obras de la historia del Arte (y de la Música) están lejos de ser aceptadas por la mayoría como bellas o hermosas y sin embargo producen en muchos ese deleite espiritual y despiertan amor (adicción incluso). La belleza no es siempre cómoda a los oídos o agradable a la vista.

Dicho lo cual, y para no caer en el defecto del plumilla por encargo, la belleza en este Usaquén puede ser asumida por quienes la conciben amable y también por quienes son alérgicos al azúcar. No hay azúcar pero sí intimismo y lírica musical en este segundo proyecto discográfico del pianista navarro tras su debut con Sausolito (2005 - Ayva Music) de la mano de una de las rítmicas de Tete Montoliu, la de Horacio Fumero (contrabajo) y Peer Wyboris (batería). Fallecido el alemán (a quien está dedicado el disco) Sandoval renueva el trío con la incorporación de David Xirgu. Así son tres generaciones, tres décadas, las que se reúnen en torno a las composiciones de Sandoval (a excepción de un par de temas de Fumero y uno con firma de los tres). Y el resultado es un buen trabajo de composición, de compenetración y de calidad (y calidez) musical que muestra un rigor y una seriedad dignas de atención. Cada detalle está mimado y, sin embargo, no cerrado. La música fluye con una naturalidad despreocupada, como si fuera de paseo con las manos a la espalda y la mirada distraída en el paisaje. Simplemente (¿?) deja surgir el bagaje de los tres que, de veras, parecen uno. Y asoma la formación clásica de Sandoval que construye un idioma musical que suena propio, en el que los lenguajes no delimitan territorios fronterizos sino que forman con naturalidad parte del mismo.

Tiene Iñaki Sandoval sensibilidad y talento. Da la sensación de que sabe moverse con cautela, que conoce el riesgo de tomar decisiones de manera compulsiva y que permite que las ideas se tomen su tiempo y acepten sus circunstancias. Y eso no abunda en esta época en la que los invernaderos permiten obtener género pero a costa de corromper su ritmo natural. Y la verdadera música (como el verdadero Arte) necesita tiempo y espacio. La de Iñaki Sandoval suena de verdad. Ahora en trío pero, ¿algún día a solo? Espero que sí porque cuando lo apunta promete. Pero si Píndaro tiene razón eso sólo sucederá si llega por necesidad. Sin ella el Arte es de cartón piedra.

© Carlos Pérez Cruz

Comentario publicado originalmente aquí.


jueves, diciembre 04, 2008

Para Mikel Laboa

El pasado día 1 de Diciembre fallecía el cantautor vasco Mikel Laboa. Tenía 74 años de edad. Recuerdo que en una ocasión, en el verano de 1999, tuve la oportunidad de decirle que se había ganado el cielo con su Txoria Txori. Hoy ya está en él. Como pequeño homenaje he recuperado su concierto de aquel verano junto a algunos de sus músicos habituales además de a la Joven Orquesta de Euskal Herria (EGO), de la que yo formaba parte entonces, y del Orfeón Donostiarra. Lo puedes escuchar en la edición 50 de Sonidos... del Mundo de la Música.

lunes, diciembre 01, 2008

Chris Kase - "Ode"


Hacía ya años que no charlaba con Chris Kase cuando después de escuchar su nuevo disco me dispuse a llamarle para concertar una entrevista para el programa de radio "Club de Jazz". Chris acababa de terminar de estudiar un ratito, el Arban (biblia del estudio técnico del instrumento) me confesó. Supongo que el hecho en sí no tiene mayor trascendencia, es lo lógico en un trompetista que está en plena actividad y debe mantener (y mejorar) sus habilidades, pero no sé por qué me llamó la atención. Es como si diera por supuesto que cuando uno es tan buen instrumentista no necesitara dedicarse a estudiar aquello que los alumnos trabajan en un conservatorio como parte de su formación en los fundamentos básicos del instrumento. Y sin embargo aquello formaba parte de la rutina de Chris Kase. Demostración de que la trompeta es un instrumento exigente, sí, pero también de que Kase es un hombre metódico y disciplinado. Eso se transmite después a todos los aspectos de su personalidad musical.

Chris Kase es un lujo como trompetista en un país que durante años ha carecido de representantes de primera fila de este instrumento en Jazz. Por fortuna ahora son varios los nombres que asoman con algo más que dignidad (Raynald Colom y David Pastor son algunos ejemplos). Es un trompetista con una sonoridad redonda, cálida, casi hasta hacer confundir al oído cuándo es trompeta y cuándo es fliscorno lo que suena (o corneta, que en este disco la interpreta en el tema que da título al disco). Su sonido es amable, nunca agresivo, y se mueve con gran soltura en un amplio registro. Pero sobre todo me llama la atención esa forma tan característica suya de frasear en la que las notas parecen arrastrarse unas hacia las otras, como si dejaran tras de sí una pesada estela pero a la vez fueran muy ligeras (lo siento, lo describo lo mejor que se me ocurre, lo suyo es escuchar la música... ¡qué haces leyéndome!).

Su disciplina como instrumentista es paralela a su disciplina como compositor. Dice que puede presentar composiciones propias en sus discos gracias a que escribe otras tantas que nunca será posible escuchar (por malas, claro). Es decir, prueba y prueba hasta encontrar algo que decir. Eso ya nos da una pista sobre la naturaleza de sus temas. Son desde luego pensados, trabajados, no meras excusas de improvisador aunque su función principal sea la de permitir improvisar. Quizá no sea tan importante en su forma de escribir la creación de una melodía distinguible y cantable como la capacidad de crear un clima, una sonoridad que determina de principio a fin la expresión de la música. Así los solistas pueden expresarse personalmente pero siempre hipnotizados por la telaraña sonora de Chris Kase. Y esto es una virtud cuando muchas veces lo que escuchamos son solos que se suceden y parecen independientes unos de otros y de la música que los une. En la música de Chris hay una unidad y una coherencia admirables.

En esta su quinta grabación propia Chris Kase presenta composiciones fechadas entre 1989 (Esperanto) y 2006 (año de la grabación en el estudio y fecha de composición de A Life in Silence y de la introducción que con el bajo eléctrico hace a Scarborough Fair). Firma diez partituras y hace versión de una canción del foclore británico (el ya mencionado Scarborough Fari) de origen medieval, perfecta para el estilo de Kase (que no sé por qué me da que podría encontrar un filón en este tipo de canciones). Se inspira en Dave Douglas (Ode), Kurt Weill (For a Weill), Ornette Coleman (Nettles), Jaco Pastorius (Folk Intro), compone sobre la armonía de Giant Steps (Escalones) y la de Stella by Starligth (Estelar). Jazz de muy bella factura, que brilla especialmente en los tiempos lentos y medios; música bien vestida, cálida incluso cuando pudiera resultar más árida, más desnuda. Y ahí encuentro la única pega (¿?) a la música de Chris Kase. Que incluso cuando puede desmadrarse sigue resultando acogedora.

© Carlos Pérez Cruz

Comentario publicado originalmente aquí.

lunes, noviembre 24, 2008

Al mirar

Miré hacia un lado, después hacia el otro, hacia el frente y detrás mía. Y sólo vi gente. La calle estaba vacía.

viernes, noviembre 21, 2008

Los días de que no (II)

En los días de que no es deseable que no asome la lucidez siquiera por un instante. Si lo hiciere sería la perdición. Se hace consciente todo lo que uno pudo y no hizo. Pero después de todo hay esperanza. Por fortuna en los días de que no la lucidez, si asoma, sólo lo hace brévemente. Y vuelves al estado de letargo, de apatía, de que no con el que empezaste el no día.

Los días de que no

Por mucho que uno lo intente, por mucho que uno se diga a si mismo "venga, vamos a ponernos a ello". Pues no, no hay manera y lo único que puedes hacer es ver pasar las horas, pasar unas páginas sin mirar y oír sin escuchar. Incapaz, inhabilitado, acosado por el lento discurrir de los minutos y segundos, buscando dentro y desistiendo por falta de fuerzas, de ganas, de interés. Son los días de que no, en los que lo mejor que te pasa es que se acaban.

Conversación identitaria

- Buenos días, me llamo Javier y soy Repsoñol.

- Hola, yo me llamo Igor y soy Rusokoil.

jueves, noviembre 20, 2008

Libre Mercado

Después de años defendiendo con uñas y dientes el libre mercado y la sumisión del Estado a la auto-regulación, se pusieron de rodillas y el Estado vino al rescate... Sólo por una temporadita, dijeron. Ahora que los rusos vienen a por Repsol claman por la intervención del Estado... ¡Repsol Española! gritan. ¿En qué quedamos?

miércoles, noviembre 19, 2008

Blog de "Sonidos..." y nuevo programa


En el programa Sonidos... del Mundo de la Música estamos de estreno. Estrenamos blog como complemento a nuestra web en Libre Creacion y al audio del programa. La dirección del blog:
http://sonidosdelmundodelamusica.blogspot.com

El estreno del blog coincide con la salida de la edición número 49 del programa que en esta ocasión nos lleva de nuevo a la Ruta de la Seda de la mano del Silk Road Project de Yo-Yo Ma con una selección de grabaciones de campo y de músicas compuestas y arregladas inspiradas en la tradición de Mongolia, China y Persia.

martes, noviembre 18, 2008

Jason Palmer - "Songbook"


Jason Palmer es un estupendo trompetista de Jazz. Lo es porque lo ha demostrado a los veintisiete años con una primera grabación discográfica madura en la que se evidencia su sobresaliente dominio del instrumento; porque es un notable improvisador y compositor de sus propias partituras; porque contar con la compañía de Ravi Coltrane y de Greg Osby en un primer disco ya es un síntoma. Pero lo es casi porque no podría ser de otra manera. ¿Se puede esperar menos hoy en día de un músico convenientemente formado y educado en una de las ciudades de referencia del Jazz USAmericano como Boston?

En el año 1997, tal y como confiesa en las notas del libreto del disco el propio Palmer, llegó a Boston para estudiar en el Conservatorio de Nueva Inglaterra. Estaba de paseo para "reconocer" el terreno cuando se cruzó con el trompetista Jeremy Pelt que, al ver que Palmer también lo era, le invitó a participar en la Jam Session del Wally´s Jazz Café. Reconoce Jason Palmer que una vez en el escenario, incitado por Pelt, su solo fue "horrible" y que en consecuencia temió un lanzamiento masivo de "tomates y huevos" por parte de los presentes. Sin embargo sólo recibió ánimo y apoyo para seguir adelante. A partir de ese momento el Wally´s Jazz Café se convirtió en la segunda escuela para este músico durante su estancia en Boston, hasta el punto de con el tiempo pasar a ser fijo en la banda de la casa. Con esfuerzo y constancia Palmer alcanzó su particular (modesto) sueño USAmericano. Del solo "horrible" a un trabajo fijo y la consideración de músicos como Osby y Coltrane que le invitan a participar en sus propios proyectos y que, además, graban en este Songbook.

Pero vuelvo a la pregunta anterior: ¿Se puede esperar menos de un músico como Palmer? Creo que no. Ahora la aparición de jóvenes talentos cada año no es una excepción, es la regla. Boston, con su Conservatorio de Nueva Inglaterra o la famosa Escuela de Música de Berklee, era hace no demasiado un sueño admirado por músicos en formación de todo el mundo. Ahora el mundo esta allí y cada año salen promociones de instrumentistas admirables que son lanzados, con diploma bajo el brazo, al cruel mundo. Una cosa es la dinámica diaria como estudiante y otra es la verdad de un mundo al que el Jazz no le importa. Y cuando todos estos músicos salen de allí, ¿qué? En su viaje de retorno muchos encuentran el desierto, la falta de oportunidades. Pero hay otra pregunta que va más allá de lo que el entorno le ofrece al profesional: ¿tengo algo que decir yo con mi música? Y no es una pregunta simplemente filosófica. Es el interrogante que resuelve una cuestión fundamental: además de tener voz, ¿tengo algo que decir?

¿Tiene algo que decir Jason Palmer? De momento tengo la sensación de que Jason Palmer tiene todas las opciones, todas las herramientas que la escuela le ha puesto a su disposición y que él ha ido probando en su vida académica y en sus experiencias en el Wally´s y en otros escenarios. Ahora falta que encuentre algo propio que decir, que no tiene por qué ser estrictamente novedoso (¿eso existe?), que arroje al suelo todas las herramientas y las esparza, las coja sin pensar, pruebe y se equivoque (¡como en aquel "horrible" solo de su primera vez en el Wally´s!), vuelva a probar y acierte y que, de pronto, un día alguien le diga: ¡Demonios! ¡¡Suenas a Jason Palmer!! Y ese día, que puede que llegue, Jason Palmer no sólo será un estupendo trompetista de sonido cálido, e incluso "afliscornado", que compone buenos temas, juguetones, con el conveniente corsé mainstream (¡Vamos Jason! ¡¡Se nota que te aprieta un poco!!) y espacio para un moderado virtuosismo sino un estupendo Músico al que me entrarán unas ganas irrefrenables de escuchar una y otra vez.


© Carlos Pérez Cruz

Comentario publicado originalmente aquí.

sábado, noviembre 15, 2008

La cultura de la crisis (Josep Ramoneda)

La cultura de la crisis es la del individualismo salvaje, en que la competencia a muerte es la única regla, con la religión como consuelo y el miedo como instrumento paralizador.

Artículo completo aquí.

miércoles, noviembre 12, 2008

Conversación con Arto Tunçboyaciyan

Decía Pablo Motos en "El Hormiguero" de Cuatro Televisión de esta noche que en la vida nos van dirigiendo y que en los medios se nos dice qué libro es el mejor, quién es el mejor músico, etcétera; que todo eso va por una especie de vía de tren única y que, sin embargo, lo más interesante está a uno y otro lado de la vía. Es cierto, ¡qué bien lo sabe él que trabaja en un medio de comunicación de masas! Lo dice la misma noche en que tiene a uno de los Morancos como invitado (supongo que estas son las ironías y peajes de la televisión).

Y toda esa reflexión era para presentar a un músico al que dice admirar y del que "tengo todos sus discos". Ese músico no es otro que Arto Tunçboyaciyan, al que ha calificado como "uno de los mejores músicos del mundo". ¡Y ha tenido a "uno de los mejores músicos del mundo" y éste no ha podido ni siquiera decir una palabra! ¡¡Qué desperdicio!! Ha hecho una breve aparición (con su tradicional juego de la botella de cristal y la pandereta), ha jugado con Pablo y adiós. Supongo que con el hecho de que Arto haya asomado en un programa de televisión en horario de máxima audiencia ya deberíamos darnos por satisfechos (tal y como está el patio) pero... NO.

Está bien la metáfora de la vía del tren, pero no estaría de más que los trenes que la circulan fueran un poco más despacio para no arrollar a nadie... y sobre todo para que "uno de los mejores músicos del mundo" pudiera expresarse con un mínimo de tiempo y dignidad y no quede en la memoria efímera del espectador como ¡El fabuloso hombre que hacía sonar una botella! como si de la mujer barbuda se tratara. Carne de zapping que como vino, se fue. Hoy Arto ha sido un gag más de esa televisión que todo lo engulle.

Si alguien quiere Arto con más calma esta semana en el "Club de Jazz" le tenemos a fuego lento aquí en audio y aquí en texto. A gusto del consumidor. Incluso en audio sin traducción.

domingo, noviembre 09, 2008

Arto Tunçboyaciyan - Barañáin 8/11/2008 (Reseña)

Me enfrento al papel en blanco (aunque éste sea electrónico sigue siendo blanco) para escribir unas líneas sobre un concierto. No tengo muy clara la función de una crítica musical (aunque yo prefiero llamarla opinión o reseña) ya que es absurda, no suena, el lector no puede escuchar la música que mis oídos escucharon y si sí lo hizo es probable que mis palabras sirvan para refrendar su opinión o, al contrario, para enfadarle con una interpretación del mismo que no concuerde con su experiencia. Como mi peso mediático es liviano no hundiré ni ascenderé a los altares a nadie con mis opiniones. En fin, no pretendo resolver el misterio del valor de la crítica (da igual de qué disciplina artística) en unas pocas líneas así que será mejor que deje atrás este devaneo que sólo pretende justificar una cosa. Voy a escribir sobre el concierto (y alrededores) de un músico del que llevo muchos años enamorado. Y ya se sabe que el amor suele desvirtuar la correcta percepción de la realidad (o eso me dicen siempre los “objetos” de mi amor).

Hasta el día de hoy ningún músico me ha afectado tanto como Arto Tunçboyaciyan; ningún sonido creado por el hombre me ha “atravesado” de tal manera como los muchos que nos ha ido regalando el armenio a lo largo de una ya larga trayectoria profesional. Y mentiría si dijera que otros nombres, otros sonidos, no me han puesto “patas arriba”. Pero si la vida tuviera que elegir al autor de una única banda sonora ésta la firmaría sin duda Arto. De mi vida, claro. O de cómo yo siento la vida. Y es que Arto tiene la capacidad de abrir las puertas del interior más recóndito del alma humana (universal y personal). ¿Cómo? Con la sensibilidad. Su música parece estar a punto de desvanecerse en cualquier momento, te hace permanecer en tensión rogando que la magia no se esfume, consciente de que, aunque la belleza es lo más frágil de nuestra existencia, tiene, sin embargo, el poder de llevarte a un lugar de infinita felicidad. Y entonces baja del escenario y con una botella de cristal y una pandereta desciendes a la tierra y “simplemente” te diviertes durante unos minutos en los que no sólo eres inspiración para el creador sino partícipe de un juego musical que da forma a un coro popular que se pregunta mediante onomatopeyas “eh, why bum?” (¿por qué bombas?) La respuesta la tiene Bush y todos los “abush” (estúpido en armenio) como él.

Hace cuatro años tuve la oportunidad de asistir a un concierto de Arto Tunçboyaciyan junto a su Armenian Navy Band (el nombre ya es toda una muestra de la filosofía del músico, si tenemos en cuenta que Armenia es un país sin salida al mar). Entonces recuerdo que eché en falta los momentos más íntimos de Arto que esta vez fueron muchos, aquellos en los que coge su sazabo (o bular, según le dé por llamarle a este pequeño instrumento de cuerda semejante a un pequeño laúd) y te sobrecoge con la voz y con su idioma propio que cada uno está invitado a traducir. No hace falta. Se le entiende perfectamente. No se necesitan palabras concretas cuando es capaz de decirlo todo sin decir nada. Te agarra por la solapa de las emociones y te zarandea hasta dejarte felizmente extasiado. ¡Y sí! Es un grandísimo humorista, un juguetón incansable que hace buena la propia confesión de que todo armenio ríe pero tiene un lado que siempre llora. Y cuando llora es cuando más ganas entran de sonreír, levemente, pero sonreír, porque de su dolor, de su mirada al mundo, viene toda la belleza de su Arte. Y te sientes bien. Muy bien.

© Carlos Pérez Cruz

Comentario publicado originalmente aquí.

jueves, noviembre 06, 2008

Loreena McKennitt - "A Midwinter Night´s Dream"

Nos acercamos peligrosamente al invierno (ergo a la Natividad) y, como es habitual en la vida de un servidor, vuelven los clásicos de estas fechas. Así que un año más vuelve la musa celta, la canadiense Loreena McKennitt, en esta ocasión con nuevo trabajo, así que no hace falta acudir a grabaciones pretéritas. Nuevo pero con truco, porque cinco de los temas pertenecen a su disco de 1995 A Winter Garden (Five Songs for the Season) que completa ahora con nuevos arreglos instrumentales y vocales (con canciones en inglés, francés y, para alegría de Benedicto XVI, en latín) de textos y músicas de los siglos XVI al XX. Música para la estación del año que ya amenaza y para su celebración por excelencia (solsticio navideño). El susodicho lleva por título A Midwinter Night´s Dream. Para orejas curiosas no hace falta más que escuchar la edición número 48 de Sonidos... del Mundo de la Música aquí.

lunes, noviembre 03, 2008

Tres apuntes

No comparto el entusiasmo por Barack Obama. Con tantos intereses de por medio resulta insólito pensar que una utopía se cuele hasta alcanzar la cima de la pirámide (¡y qué pirámide la de los grandes partidos!). Antes de pronunciarlos sus discursos ya eran históricos. Y nada ha dicho que pueda ser considerado como tal. Si es por lo simbólico del color de su piel (¡a estas alturas!) bienvenido sea el entusiasmo. Si es por lo que no ha hecho todavía concedámosle, como mucho, el beneficio de la duda.

Son las nueve de la mañana. En un bar un señor de unos sesenta y tantos años discute en la barra con un joven de veintitantos que bebe una cerveza. Un amigo del joven juega mientras a la máquina tragaperras. El señor se queja de la pérdida de oficios, de que los “de fuera” vienen porque “los de aquí” no quieren trabajar. Asume su responsabilidad: “no hemos sabido educaros”. Resumen: os lo hemos dado todo sin que supierais lo que cuestan las cosas y a los jóvenes de hoy os falta educación. El joven conversador y bebedor matinal de cerveza zanja: “La educación no sirve para nada”.

Aeropuerto de Barajas (Madrid). Una joven madre de dos niños (de meses uno, de apenas dos años y medio el otro) vuelve a su país de residencia (Estados Unidos). Le acompaña su padre (abuelo de los niños). Lleva una doble silleta y equipaje de mano con las cosas necesarias para atender durante el vuelo las necesidades de los niños (pañales, por ejemplo). Solicita que su padre (el abuelo) pueda acompañarle hasta el avión para facilitarle el embarque con los dos niños, la silleta doble y el equipaje de mano. En el viaje de ida, asegura, le permitieron a su marido hacerlo (en Washington). En Madrid NO. La seguridad del embarque se confiesa: “Esto es según les dé. Unos días pasa cualquiera, otros nadie”. Antes le cobraron 50 euros por exceso de equipaje de una única maleta para tres (para ella y los dos pequeños). Si cada uno de ellos hubiera dispuesto de maleta propia (mismo peso repartido) no habría pagado sobrepeso.

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