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sábado, noviembre 03, 2012

Asiduos taciturnos

taciturno, na.
(Del lat. taciturnus).
1. adj. Callado, silencioso, que le molesta hablar.
2. adj. Triste, melancólico o apesadumbrado.

Definida de esa forma por la Real Academia Española de la Lengua, la periodista Almudena Ávalos adjetiva con esa palabra a los aficionados españoles al jazz. Es probable que no seamos la alegría de la huerta, pero conozco yo a unos cuantos a los que los caracteriza su verborreica actitud durante las actuaciones, a los que más que molestarles hablar les incomoda el silencio y la escucha. Otra cosa es que la situación de los clubes sea más bien triste, melancólica y, si me apuran, como para apesadumbrarse. Y eso que Ávalos asegura que las salas "se llenan cada noche de asiduos taciturnos en distintas ciudades de la geografía española".

La cosa viene publicada en el sonrojante suplemento 'S Moda' que cada sábado nos endosa el diario 'El País' y que incrementó en treinta céntimos el precio para el comprador. Se quiera o no, los sábados toca ponerse al día en moda y complementos. Hoy, sorpresa: Además de situar en portada a Esperanza Spalding, nos regalan un posado de varios músicos ibéricos (Raynald Colom, Celia Mur, Albert Sanz...) y un breve reportaje - entrevista con los modelos que, ya desde el primer párrafo, nos alegra la mañana con el florido estilo de la autora:
La improvisación forma parte de sus vidas y cuando escuchan los primeros acordes de un tema sus mentes se disparan a un lugar habitado por aquellos a los que la palabra sol no les recuerda solo al astro o a una estación de metro.
No tengo nada en contra de que nadie pose, ni siquiera los olvidados músicos de jazz de este país, pero sí me molesta el lugar común de las "noches largas de clubes de jazz de muchas provincias españolas". Entre otras cosas porque ni se dan en "muchas provincias españolas" ni "se llenan cada noche" (quizá por ello andemos algunos taciturnos). También por esa reincidencia en la noche como hábitat natural del jazzista.

También molesta tener que estar siempre jugando al gato y al ratón con los mandamases de nuestros queridos festivales, sobre todo cuando Miguel Martín (que no Marín, como se empeña en rebautizar la autora del artículo al director del Jazzaldia donostiarra) asegura una vez más que en la última edición de su festival "de 102 conciertos que hubo, 32 fueron protagonizados por músicos de aquí. Se está haciendo cada vez mejor jazz en España". Con los datos en la mano es probable que esas fueran las cifras. Los datos demuestran también que esos músicos que hacen "cada vez mejor jazz" no ocupan ni los escenarios principales (contadísimas excepciones) ni reciben la recompensa pecuniaria de sus iguales de allende nuestras fronteras (léase USAmericanos, principalmente). Martín (que no Marín) asegura también que "los presupuestos han caído drásticamente, por lo que la mayoría de la música ha de ir a taquilla: tantas entradas vende, tanto dinero se lleva el músico. (...) Así que los músicos de jazz han retornado a su punto de origen: el club". ¿Han vuelto al club? ¿A qué clubes? ¿Cuándo se fueron de ellos? Lo que no se dice ahí, entre otras cosas, es que no es cierto que el dinero de taquilla vaya íntegro al músico, dado que algunos locales y organizaciones se quedan porcentajes de esos ingresos y que de ellos sale también el salario que el grupo tiene que repartirse, amén de los gastos de desplazamiento, alojamiento, comidas... (al respecto léase la luminosa carta abierta de Guillermo McGill al Festival de Jazz de Madrid).

Menos mal que Raynald Colom nos deja una frase para la sesuda comprensión de lo que sucede en escena: "El momento en que te pones a pensar en el escenario, se va todo a la mierda, y esa es la gracia. Cuando estás follando no estás pensando en el nombre que le vas a poner a tu hijo, ¿verdad?". ¡Qué verdad, Raynald! Tan verdadero como que después de follar (quizá de tocar) uno se queda en silencio, incluso apesadumbrado. O sea, taciturno.

© Carlos Pérez Cruz

3 comentarios:

Jack Torrance... dijo...

Carlos, envíame a la tal Almudena y le montó una delegación que la acompañé por varios conciertos en Barcelona, y verá lo que es la taciturnidad. después ya se la enviaría a Jesús a Huesca, y así le montamos una gira por la geografía peninsular. si acabada ésta sigue pensando que somos taciturnos, entonces es que es una fiera y será verdad que lo somos.
fuera coña, vivir para ver.

Carlos Pérez Cruz dijo...

En fin, deben de ser cosas de la crisis, que estamos todos taciturnos...

Jack Torrance... dijo...

menos mal que no decía 'circunspectos', sino me hubiera preocupado en serio. un saludo!

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