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sábado, junio 02, 2012

Duot - Juan Sebastián Bar, Huesca - 31/05/2012


Albert Cirera y Ramón Prats en el Juan Sebastián bar
© Jesús Moreno

Terminó el concierto y chocaron las manos. Un gesto de celebración deportiva para concluir una actuación tan intensa como una carrera de fondo, como una maratón, donde el único avituallamiento es la complicidad y donde el recorrido es un verdadero misterio para los participantes (espectadores y músicos). La libre improvisación es posiblemente uno de los últimos y escasos reductos de libertad que (todavía) no pueden ser escaneados por la última herramienta de Google, ni su peso medido en valores bursátiles. Es, en su mejor versión, uno de los mejores conductores hacia lo que de natural y primario queda en nosotros.
 

Ramón Prats
© Jesús Moreno

Huesca tiene algo de inquietante Twin Peaks. Ciudad de poco más de cincuenta mil habitantes, ha sido la puerta de entrada a España de músicos como Ken Vandermark, de proyectos como Songs of the Civil War de Ramón López o, más recientemente, de El infierno musical de Christof Kurzmann. Mientras escuchaban esta información, los Duot parecían no dar crédito. Donde después ellos iban a actuar había estado tocando, por ejemplo, Peter Kowald. Es decir, en Huesca pasa lo que no pasa ni siquiera en las ciudades de millones de habitantes más cosmopolitas de este país. Y cuando no es el Centro Cultural ‘El Matadero’ el que programa desde lo “oficial”, es el Juan Sebastián Bar quien lo hace desde lo “clandestino”. Están locos estos oscenses. No hay más que conocer a Lorenzo, el hombre del ‘Juanse’, que no se sabe si arriesga más poniendo de su bolsillo en apuesta por proyectos como Duot o perdiéndose en solitario por selvas amazónicas.

Con el referente de su excelente Cactus, el listón de las expectativas tenía cierto nivel. Claro que la pértiga que imaginábamos no alcanzaba ni de lejos las dimensiones de la que utilizaron en escena. Lo de Duot es de altos vuelos, extraterrestres en sus momentos más delirantes. Hubo duelo en O.K. Corral (o más bien en las tablas del ‘Juanse’), pero no sólo eso. Hubo mucho más que eso, más que la visceralidad que se puede intuir de un formato como este y de sus referentes históricos. Hubo una asombrosa exposición de recursos, una lección de escucha y asistencia mutua sin mirarse (cual ‘Magic’ Johnson en los Lakers) y la creación de un discurso musical que no tiene más límite que el que uno se quiera imponer como oyente. Otra cuestión es que para poder captar todos los matices (¡Al menos una ínfima parte!) de lo que sucede, para agarrarse un viaje sensorial casi psicodélico, hay que prestar el mismo grado de concentración que ellos. Escucha activa o, al menos, silencio y respeto. Qué lejos estamos de estas tres actitudes.


Albert Cirera
© Jesús Moreno

Al finalizar el concierto, un chico se acercó a los Duot. Quería entender. ¿Qué había pasado? Porque él veía que entre ellos se comunicaban, que había algo que les ponía en contacto, aunque los cables no se vieran. Alguno de los dos le contestó que lo que hacían era como un espectáculo de Faemino y Cansado. Entonces vio la luz. ¡Ya lo he pillado!, exclamó. Y empezaron las risas. En el fondo, no hay mucha diferencia entre el humor surrealista y aparentemente improvisado del dúo cómico y la música improvisada de Duot. Si Faemino dice algo a lo que responde reactivamente Cansado, Cirera dibuja una figura ante la que reacciona Prats (y viceversa). Cuando encuentran el hilo de lo que el otro expone, se establece de inmediato un gran diálogo, un canto coral, donde se propone mutuamente, se cambia el ritmo y el acento de las frases y las palabras, se grita apasionadamente y se reflexiona después de la efervescencia extrema. No hay más misterio - dentro de ese gran misterio que sigue siendo la improvisación - que la capacidad que los músicos tengan para hablar y hacer interesante la exposición pública de su conversación. Como una mesa redonda donde los conferenciantes comparten idioma e intereses y no llevan guión, pero sí un bagaje de experiencias que les evitarán el riesgo de quedarse en blanco.


Albert Cirera
© Jesús Moreno

Al igual que una rueda de solos en el jazz “convencional” (¿¡qué diablos es el jazz "convencional"!?) puede convertirse en una experiencia anodina para el oyente, la libre improvisación puede tener sus lagunas en ese proceso de hilado del discurso, de tentativa hacia la solidificación de las ideas expuestas. Los cinco años de trabajo conjunto entre Cirera y Prats les permiten ir rápidamente al grano. Se conocen tanto que apenas hay incertidumbre, aunque por fortuna tampoco previsibilidad. Forman parte, además, de una generación que ha tenido las posibilidades de formación académica que muchos de los pioneros no tuvieron y se percibe en la calidad de sonido, en el grado de virtuosismo. Los Duot han elegido este lenguaje musical tan menoscabado y se expresan con el mismo grado de precisión que si ejecutaran una partitura escrita. Con la particularidad – y por aquí viene parte de la inagotable fuente de evolución de la música improvisada – de que sus referentes musicales son los propios de su generación treintañera e infectan la improvisación para enriquecer la paleta de posibles. La mayor de las abstracciones puede derivar en un regular pulso de drum and bass o del rock más salvaje a partir de una ligera modificación del pulso, sin por ello caer en un terreno acomodaticio. Apenas dura un suspiro, el que tarda en levantarse la barrera de otra vía posible.


Ramón Prats
© Jesús Moreno

Sigue produciendo asombro cómo el limitado arsenal tímbrico de un saxo tenor y soprano más batería pueden soportar una hora de música. Para eso está el ingenio. Ramón recorre con sus manos las baquetas dispuestas de forma vertical sobre la caja. Con ellas genera una vibración que se asemeja al vuelo de un moscardón (o de zambomba, incluso). Albert extrae la boquilla del saxo o directamente lo sopla sin ella, generando la ilusión de un instrumento oriental (casi una trompeta tibetana). Un plato percute sobre otro plato y desciende por pequeños rebotes hasta el filo del mismo. O bien se coloca invertido sobre un timbal y se presiona con una baqueta generando una sonoridad casi hipnótica, mística. Son recursos que, lejos de pintorescos, evitan las restricciones que la ortodoxia y la convencionalidad entienden para cada instrumento y hacen de las aparentes limitaciones instrumentales inmensos campos abiertos para la creatividad. Todo ello, por supuesto, al servicio del relato, de las tres improvisaciones a las que dio lugar la velada de dos pases en el Juan Sebastián Bar.


Ramón Prats
© Jesús Moreno

Necesitados como estamos de buenas noticias, en esta sociedad sometida por las leyes del temor informativo, aquí tenemos una excelente. Dos músicos que retoman el testigo de los maestros que les preceden (como el pianista Agustí Fernández, con quien comparten proyecto: Liquid Trio) y son la mecha de un estallido (nanoexplosión, si se quiere) de música libre improvisada en nuestro país que puede lograr equipararnos a otras escenas (especialmente centroeuropeas y nórdicas) que tanto hemos envidiado. Hasta ayer era casi impensable, así que bienvenida sea esta generación de irreverentes creadores. Otra cosa es que en el mundo (del mercado) informativo siga cotizando más la grisura y el estado de alarma.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

5 comentarios:

Jack Torrance... dijo...

excelente crónica, Carlos, de verdad. por cierto, ya veo a Jesús dándoles la brasa a los pobres duot con Huesca, je je

Carlos Pérez Cruz dijo...

Gracias Jack Torrance, tus artículos fueron de gran ayuda para preparar la entrevista que emitiré la semana que viene. Una excelente noticia la de Duot.

En realidad, a la hora de dar la brasa sobre Huesca nos repartimos el trabajo entre Jesús, Lorenzo (del 'juanse') y servidor. Es lo que tiene Twin Peaks, que inquieta y fascina por igual.

Jack Torrance... dijo...

jo, la verdad es que tienta eso de subir a Huesca (además que la referencia a Twin Peaks son palabras mayores). vamos a ver cuando me vuelve a tentar Jesús, y esa vez sí que subo

Jorge dijo...

Lo que es el mundo... ¿sabía usted que Albert Cirera es ciudadano de Igualada y, para más interés, primo hermano de un servidor? Me alegra mucho ver que la labor musical de Albert va viajando y cuajando.

La crónica del concierto, excelente.

Carlos Pérez Cruz dijo...

¡Rediez Jorge! Sabía que lo nuestro no podía ser casualidad... ¿Qué más sorpresas nos aguardan en el futuro?

Albert excelente. Eso sí, a ver si le convences de que tocando pasodobles se vive mejor...

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