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viernes, junio 09, 2006

Silencio

Llevo unas semanas en una considerable crisis de radio hablada. Hace años había gente que no me reconocía sin auriculares en los oídos. Escuchaba música a todas horas con total fervor. Cuando la música empezó a ser una obligación laboral (con y sin remuneración) y perdí un cierto grado de ilusión/emoción/capacidad de sorpresa me pasé a la compulsiva adicción de la radio convencional.

El caso es que desde hace ya bastantes días mis desayunos son solitarios. Antes solía acompañar mis tostadas con la voz de “cinco gilipollas discutiendo sobre gilipolleces sobre las que mañana discutirán otros cinco gilipollas” (La flaqueza del bolchevique, más o menos textual). Lo siento pero estoy en una de mis habituales crisis de radio hablada y prefiero el silencio. Es mucho más reconfortante.

¡Cuántas gilipolleces cada mañana! Uno tiene la sensación de que el mundo se va a hundir bajo sus pies al pisar la calle (algo que puede pasar literalmente en ciudades gallardonianas o barcinianas) y sin embargo se encuentra que la vendedora de periódicos sigue escuchando los cuarenta principales y que la leche sigue estando más cara que la ídem. Tengo ganas de escuchar a los “cinco gilipollas” discutir por el precio de la leche de los oyentes que les escuchan a esas horas indigestos... y no precisamente por la leche.

En fin, que a pesar de todos los males que nos acechan a la vuelta de cada esquina ahí está mi Sue de nuevo en celo. Se ve que no le importa demasiado que mañana once alemanes y once costarricenses le empiecen a pegar h/ostias (lo siento, no sé si es lo mismo hostia que ostia cuando de meterla se trata) a un balón para meterlo en la portería. Lo curioso es que es bastante probable que la vida de muchos alemanes y costarricenses vaya a ser mejor o peor dependiendo de si alguna de esas h/ostias entra en la red.

Lo que a mí me va a hacer la vida un poquito peor es la sobredosis de pasodobles que me tocan tocar con la banda de música de Iruña – Pamplona de aquí a Sanfermines. Qué curioso, parece que cuando acaba el curso para la banda lo empieza para el público. Estoy hasta el moño de los platillazos (uncha uncha) del sector percusivo de la banda. Y eso que Félix (el de los platillos) nos ha dicho que debíamos tocar esa música con amor. A mí me pasa como a su compañero en la empresa al llegar por la mañana al curro: “Tengo los huevos llenos de amor... pero es que mi mujer”. Pues eso, que mi cuerpo emana amor por la música... pero alguna me toca los huevos.

Hablando de música. Por enésimo año en la ya mentada ilustre ciudad de Iruña – Pamplona arranca el ciclo “Jazz en la Calle”. Los cuatro viernes de junio conciertos de Jazz en la p... calle. Venga, palmadita en la espalda del que adivine los términos promocionales del ciclo... ¡Premio! Este ciclo pretende acercar cada vez más esta música a un público que de otra manera no asiste a este tipo de conciertos. ¿Que de otra manera no asiste a este tipo de conciertos? ¿¿¿¡¡¡A qué conciertos!!!???

Sigue. El objetivo de este ciclo continúa siendo el de apoyar a grupos locales, proporcionándoles la posibilidad de tocar en su ciudad en buenas condiciones, tanto técnicas como económicas. En efecto, creo que la Orquesta Sinfónica de Navarra se está planteando seriamente dos opciones para abandonar Baluarte. O bien trasladarse a la perfección acústica de la Sala Mikael o bien sublimar al personal en la p... calle.

2 comentarios:

PATIKO dijo...

Bueno, bueno, compañero, veo que tenemos más cosas en común de lo que creía. Yo también me siento empachado de pasodobles y estoy por descubrir un antídoto efectivo.
Algunos/as ni lo conoceréis pero el grupo "Ilegales" tiene una canción que se titula "ODIO LOS PASODOBLES". Yo me identifico bastante con la letra. Ahí va:

Hay algo que no puedo soportar,
me salen granos y me encuentro fatal.
A veces he llegado a pensar,
que tengo diarrea mental.

Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.

Algo está sangrando dentro de mí
y no lo puedo soportar.
Cuando oigo un Pasodoble sonar,
me dan ganas de vomitar.

Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.

Odio los Pasodobles es una confesión,
la alergia no se puede evitar.
La orquesta pachanguera no parece entender,
que oír un Pasodoble es mortal.

Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.

Cuando un Pasodoble empieza a sonar,
putones verbeneros salen a bailar.
Cuando oigo un Pasodoble sonar,
me dan ganas de vomitar.

Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.
Odio los Pasodobles.

¡OLE!

Carlos Pérez Cruz dijo...

Grande grande grande!!!! Qué grande es patiko! En breve habrá una sorpresa para complementar la letra... olé.

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