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miércoles, febrero 16, 2011

Mostly Other People Do The Killing - Centro Cultural "El Matadero" Huesca 15/02/2011


Kevin Shea, Peter Evans, Moppa Elliott y Jon Irabagon
(Huesca 15/02/2011)
© Jesús Moreno

No recuerdo mucho de la película de Kenneth Branagh Peter´s friends (Los amigos de Peter) pero mi memoria la rescata mientras trata de reconstruir con palabras un concierto como el que el cuarteto Mostly Other People Do The Killing (algo así como 'mayormente son otros los que matan') ofreció en Huesca; me la sugiere como título para la reseña, como frase de aparente ingenio y enganche para el lector, pero titular es el arte de la concreción y como tal tiene implícito el riesgo de confundir una parte con la totalidad. Lo pienso mientras conduzco de vuelta a casa pero, aunque me obligue a ello como crítico, no logro dejar de pensar en esa parte llamada Peter Evans dentro del todo de MOPDTK (acrónimo que poco simplifica, por cierto). Que mientras reflexiono sobre ello suene el Live in Lisbon del Peter Evans Quartet tampoco invita a la abstracción. La realidad se impone: estoy impresionado con el trompetista.

Quede dicho de antemano que quien esto escribe es trompetista pero, hasta hoy, el instrumento ha quedado en segundo plano en el momento de hacer valoración de la música ajena. Si hay trompetista en un concierto me fijo, obviamente, en particularidades técnicas que me pueden interesar por cuestión de oficio pero tiendo a concentrarme en la música como expresión colectiva. Sin embargo durante la actuación oscense del cuarteto mis orejas dirigieron la mirada a un objetivo casi exclusivo por una cuestión de asombro. Lo que es capaz de hacer Peter Evans no se lo había escuchado a ningún trompetista en mi vida. No por sus extraordinarios agudos, registro medio y graves (incluidas notas pedales), ultrasónico doble picado, flexibilidad, vertiginosos saltos interválicos, inagotable resistencia (respiración continua incluida) o velocidad de fraseo sino porque todo ello son virtudes de un mismo tipo que, además, van complementadas por un sonido acogedor y redondo incluso en los agudos más extremos y, lo que es más importante, por un sentido de la improvisación absolutamente vibrante y creativo. Tiene tan sobradas facultades que cualquier cosa que se le ocurra la puede lograr. ¿Qué velocidad melódica habría alcanzado el Be Bop de haber compartido escenario en su fundación con Charlie Parker?


Peter Evans y Kevin Shea
(Huesca 15/02/2011)
© Jesús Moreno

No con 'Bird' pero sí con otro buen saxofonista, con Jon Irabagon, comparte soplidos Peter Evans. Si el trompetista es músico de múltiples registros estéticos (escúchesele interpretando el Primer movimiento el Concierto de Brandenburgo nº2 de Bach, prueba del algodón de estilo y resistencia) Irabagon demuestra igualmente capacidad de adaptación a las exigencias del guión. Capaz de arrollar con una grabación como Foxy (que suena inmediatamente después de la de Evans en el viaje de vuelta), y su más de hora y cuarto de visceral soplo ininterrumpido (¡¡!!), en la noche de Huesca se mostró mucho más comedido. Un saxofonismo elegante, pulcro e impoluto (a tono con la trajeada pose del grupo vestido para la noche del baile de graduación) que de vez en cuando rompía en humoradas efectistas (en todo baile de graduación llega el momento de hacer de la corbata cinta de pelo) o de citas (como la del inicio del Primer movimiento de la 5ª Sinfonía de Mahler... de trompeta en el original). Irabagon y Evans llevan el peso evidente del reparto de solos que incluso se solapan en el momento en que uno de los dos recoge al vuelo una idea expresada por el otro; se construye así una doble línea improvisadora con identidad diferenciada que, sin embargo, pareciera hecha para el acompañamiento el uno del otro. La capacidad de caer conjuntamente a las pocas guías temáticas que dan rienda suelta o asoman en cada bloque musical (más que temas son bloques de improvisación a partir de unas pocas células rítmicas y melódicas) es de una precisión milimétrica; su conjunción tiene lo mejor del trabajo académico y de la libertad que se le supone a esta música. En ese sentido la música de MOPDTK (es imposible no pronunciar el nombre completo para poder escribir el acrónimo) sigue unos patrones muy básicos, muy propios del Be Bop, en el sentido de que la melodía es la excusa para improvisar. De hecho muchas de las melodías leídas eran pura ortodoxia bebopera aunque con el aditivo de mil y un colorantes estéticos en su exposición y desarrollo.


Moppa Elliott y Jon Irabagon
(Huesca 15/02/2011)
© Jesús Moreno

Se convierte así el cuarteto en un grupo revisionista porque trabaja a partir de formas del Jazz straight-ahead y, sin embargo, lo hace con tal vitalidad, personalidad y sentido del humor que poco o nada tienen que ver con otras formas institucionales de evocación del pasado musical. No replican sino que añaden a los condimentos esenciales especias picantes que sazonan con sus exuberantes capacidades técnicas, referencias rockeras, rítmicas desatadas o pequeños apuntes de electrónica y pregrabados (lanzados por el baterista Kevin Shea) que se plantean más como diversión que como concepto sonoro o estilístico. Es tal la "irrelevancia" de la exposición temática que unos temas se funden con otros hasta el punto de que, como dijo el bajista Moppa Elliott, hemos empezado por 'Evans city' y luego no recuerdo qué hemos tocado. Es más, uno tiene la sensación de que muchas veces no existen tales temas y que simplemente cumplen con el protocolo de presentación al público inventando títulos con nombres de localidades de Pensilvania (Elliott nació en ese Estado). Presentada una de esas ciudades Peter Evans le respondió: ¿Y es una ciudad feliz? No lo sabemos pero sí que esa ciudad sonaba a 'Sol menor' por indicación de Moppa.

Moppa Elliott es quien impulsó la creación de este grupo allá por 2003. Él es quien firma las composiciones, quien habla por el grupo y, sin embargo, quien ejerce la más discreta de las funciones en el escenario. Muchas veces calla (podrían funcionar perfectamente como trío de vientos y batería), otras refuerza golpes rítmicos de la batería de Shea y en otras digita un efectivo y tradicional walking. Su trabajo es de cohesión de un grupo donde dos solistas se imponen de forma muy evidente y, sin embargo, donde sin él ni Kevin Shea no habría sonido MOPDTK (¡se me resiste!). Aunque Peter y Jon apabullen con su virtuosismo (rara vez gratuito) los dos de atrás (por posición escénica) no quedan en meros sideman intercambiables sino que tejen la red y provocan. Kevin Shea - que inició concierto con un solo de irónica sobreabundancia golpeadora - es el loco perfecto que toca una batería que es de Jazz tanto como de Rock como también espasmódica (¿género en sí mismo?). Su cara de niño travieso, ausente e imperturbable con traje y recién levantado de la cama hacen el resto en su papel de cómico, bien documentado en videos por la red de internet o en su solo de gestos sin pegar un solo golpe a la batería en el concierto. Momentos de humor que aportan un plus lúdico al Jazz arrollador y descarado del grupo que, además, demuestra la cada vez mayor permeabilidad de las nuevas generaciones de jazzistas para incorporar formas de expresión musical hasta hace no tanto aparentemente irreconciliables.

Carlos Pérez Cruz

PD: ¿Atraigo a los incontinentes verbales? ¿Llevo encima un cartel invisible para mí que invita a que se sienten a mi lado en los conciertos? ¿Soy yo el equivocado y la conversación continua y competidora del volumen musical es lo educado? ¡Qué cruz!

© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Publicado originalmente aquí.

La banda sonora de "True Grit" (Valor de ley) de Carter Burwell


Los hermanos Coen (Joel y Ethan) llevan de nuevo a la pantalla cinematográfica (sí, esa en la que a algunos todavía nos gusta ver el cine) la novela de Charles Portis True Grit (aquí traducida la película como Valor de ley) publicada en 1968 y llevada inicialmente al cine en 1969 con John Wayne como actor principal. En la sección musical de Más vale tarde de Radio Vitoria (EiTB) escuchamos la música de Carter Burwell para la nueva adaptación. Una banda sonora basada en himnos presbiterianos del siglo XIX cuya historia detallamos.





miércoles, febrero 09, 2011

Iñaki Sandoval, Eddie Gómez & Billy Hart - "Miracielos"


Paso a paso, sin hacer demasiado ruido pero con una solidez innegable, el pianista pamplonés Iñaki Sandoval sigue haciendo camino al andar. Una cita del poeta Juan Ramón Jiménez impresa en el interior del disco (físico) atrapa la atención cuando uno extrae el CD para su escucha. Sobre un fondo oscuro (donde se adivina textura de madera) leo: No corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti solo. Un consejo que parece hecho a la medida del pianista. Desde que en 2005 grabara su primer disco, Sausolito, hasta este Miracielos publicado en 2011 pasando por su anterior, Usaquén en 2008, el ritmo de publicación sugiere un razonable proceso de reflexión y crecimiento entre uno y otro; ritmo que traslada igualmente al pulso general de sus composiciones: sereno y amplio.

En Sausolito Iñaki Sandoval se presentaba en sociedad junto a la rítmica de una etapa importante del pianista Tete Montoliu (el bajista Horacio Fumero y el baterista Peer Wyboris) y en Usaquén se veía obligado a renovarla tras la muerte de Peer con David Xirgu. Fumero y Xirgu pasaban a ser los compañeros 'oficiales' de Sandoval y lo siguen siendo y ellos tendrán que defender en directo el repertorio de Miracielos para el que en su registro de estudio Sandoval se ha permitido una alegría discográfica en tiempos tan poco dados a ella; se ha regalado dos nombres con solera histórica, ilustres que llevan parte de la historia (relevante) del Jazz a sus espaldas: el bajista Eddie Gómez y el baterista Billy Hart. Con ellos llegan ecos de Bill Evans, McCoy Tyner, Miles Davis o Stan Getz y una posibilidad de proyección internacional no tan evidente cuando se trabaja en la escena ibérica.

Aunque quien esto escribe suele encontrar más estímulo en un tipo de Jazz más irreverente y transgresor que el que practica Sandoval no deja por ello de apreciar el preciosismo de su música, la delicadeza de los pequeños detalles de una forma de componer que tiene un marcado carácter melódico que se diluye en los tiempos medios y lentos en los que se mueve con mayor soltura. No está Sandoval en la línea de los tríos que deconstruyen melodías y ritmos ni hace versiones de los grupos Rock (y aledaños) de moda ni es música de grandes aspavientos. Lo que es Iñaki Sandoval es un pianista ejemplar dentro de una tradición clásica, que puede encontrar sus referentes en Bill Evans o incluso en Keith Jarrett o Brad Mehldau pero, sin duda, con menos afectación que estos dos últimos. De primeras puede parecer su música algo liviana hasta que uno realiza el (anacrónico) ejercicio de la escucha reiterada y con atención para fijarse en que hay un trabajo armónico más denso de lo que pudiera parecer en un primer momento. Son armonías acogedoras, amables e íntimas, sobre las que desarrolla una improvisación cuyo virtuosismo se entiende desde la teoría del menos es más (ojo, queridos políticos, empresarios y 'mercados' en general. Lo de cobrar menos y trabajar más no es virtuosismo, es esclavitud). No hay nunca en la música de Iñaki Sandoval grandes exhibiciones de desenfreno dactilar. Su música hace buena la teoría de grupo del trío de Bill Evans. Él la firma pero no es solista con acompañamiento.

Miracielos está conformado por siete composiciones con sus correspondientes prólogos (a solo, dúo o trío) y un epílogo a piano solo (insisto Iñaki, ¿para cuándo a solo todo un disco?). Prólogos para el vals de No excuses, la preciosa, espaciosa y circular Eternitat, la pacífica y 'mehldausiana' llamada a la revolución (con toque sutilmente marcial de la batería de Billy Hart) de Revolution is coming o la más 'hardbopera' Mr. Frank Martin. Con un toque más latino se expresan tanto en la cantarina Miracielos como en Keep it fresh (atención a la inteligente pegada contrapuntística de Hart durante el solo de Sandoval) y con aspiración de balada 'jarrettiana' (sin gemidos de Sandoval, sí de Gómez durante el disco) en Ya no quiero más ná. Remata Sandoval con el Epilogue, compendio a piano solo de melodías y armonías trabajadas durante la grabación; detallista final para redondear un disco de Jazz con maneras clásicas y espíritu creativo en el presente.

© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Publicado originalmente aquí.

Puedes escuchar una entrevista con Iñaki Sandoval en la edición de Club de Jazz con fecha 9 de febrero de 2011 en el reproductor del programa o bien en el archivo de entrevistas.

miércoles, febrero 02, 2011

Imágenes e interpretación. Notas sobre la revolución egipcia en la televisión.

Una de las ventajas de las comunicaciones tal y como están desarrolladas hoy es que podemos asistir audiovisualmente en directo a acontecimientos como la revolución egipcia. Obviamente son visiones muy limitadas dado que apenas podemos visualizar unos pocos puntos (aunque sean estratégicos) de lo que acontece en la capital del país. Del resto, apenas informaciones.

Divido la pantalla de mi ordenador entre la emisión inglesa de Al Jazeera, la televisión estatal egipcia y el canal France 24. Escucho el sonido de Al Jazeera que, en el complejo ejercicio de narrar el caos, trata de describir lo que las imágenes nos muestran. Miles de personas que corren de un lado para otro, bolas de fuego que caen desde lo alto de edificios, decenas de personas arrojando objetos desde las azoteas de edificios... pero, ¿quiénes son? La voz desde el estudio describe lo que ya vemos pero sabe tanto como quienes miramos: ¿qué posición defienden los que lanzan sillas, piedras o cócteles molotov desde las azoteas? ¿Y los de abajo? ¿Y los que abajo se enfrentan entre sí? Asistimos a un dantesco momento histórico y no estamos capacitados para identificar a los actores de su representación.

De pronto una cámara próxima a la calle nos muestra a un hombre herido, aturdido, rodeado de decenas de ciudadanos exaltados que parecen tratar de apalearlo. La camara está presente y son conscientes de ello. Lo que parece el inicio del linchamiento se torna en un gesto humanitario de ayuda al herido. Lo acercan hacia el lugar de la cámara, lo sientan, y uno de los que antes lo acosaba empieza a limpiar su rostro con papel higiénico. ¿Le ha salvado una cámara de televisión la vida? Al igual que nosotros la locutora asiste con tensión a la escena pero, ¿quiénes son quienes acosan primero y ayudan después a ese hombre? ¿Qué posición defienden? Empiezan a gritar ante la cámara, tratan de aprovechar la presencia mediática para responder nuestra pregunta. ¿Qué dicen? La locutora, en comunicación telefónica con uno de sus periodistas en El Cairo, calla para que su colega escuche y traduzca. No logra escuchar, no logra traducir. Somos como espectadores de una película en un idioma extranjero sin subtítulos. Millones de espectadores potenciales se asoman a un momento histórico que, durante unos minutos, es una historia particular. ¿Importa qué defiende? Sufrimos por su destino; lo compadecemos. El guión del directo informativo tiene en cuenta particularidades que la historia ignorará.

Mientras la retransmisión de Al Jazeera y del canal France 24 se concentran en la plaza Tahrir y alrededores la emisión de la televisión estatal nos muestra a un grupo de unas decenas de personas que agitan banderas de Egipto y muestran retratos del presidente Mubarak. En varias ocasiones interrumpen la emisión en directo para mostrar un video que muestra imágenes del país en lo que parece una promoción turística. Imágenes del Meditérráneo, de las pirámides... muchas e inmensas banderas egipcias. El periodismo como ejercicio de orientación ideológica, de manipulación emocional. Protestan partidarios de Mubarak por el papel de los medios de comunicación internacionales (se ven pancartas con el logo de Al Jazeera) a quienes acusan de agitar las revueltas. ¿Son los medios internacionales agitadores de la revuelta? ¿Son los medios estatales objetivos con sus conciudadanos?

jueves, enero 27, 2011

"La red social" (David Fincher) y "Blog" (Elena Trapé)


En la película La red social de David Fincher hay un momento revelador y definitorio del estado actual del "negocio" discográfico: En la reunión del creador de Napster, Shawn Fanning, con los creadores de Facebook, Zuckerberg y Saverin, el segundo le espeta Fanning que las discográficas le ganaron judicialmente a lo que este le contesta: ¿Te atreverías a abrir una tienda de discos ahora? El daño ya estaba hecho. Pasta rápida, lujo y glamur inmediato sin importar los caídos por la causa. No hay escrúpulos en la orgía económica de las punto com y mucho menos amigos.

La galería de personajes reales que muestra Fincher - a partir del libro The accidental billionaires de Ben Mezrich - roza el patetismo. El retrato de Zuckerberg - las miserias del "genio" - queda encuadrado en el inicio y cierre de la película con voz de mujer: su (ex)novia y una de sus abogadas. Ambas coinciden en el diagnóstico: un extraordinario gilipollas. Su incapacidad social bordea lo patológico (por no decir que chapotea de lleno). Aterra pensar a quiénes estamos haciendo billionarios, en manos de quién están nuestras fotos, comentarios y citas. Facebook como éxito global que explota la patología (otra más) del morbo y el cotilleo sin fin del siglo XXI. El desengaño amoroso, la pataleta del niño mimado con capacidad técnica para difundir y hacer daño público está en el origen de esta red. Pero, ¿es frívolo Facebook o el uso que de él se hace?


La red de internet como prolongación de la amistad de instituto. Antaño sólo el teléfono permitía la extensión doméstica de las relaciones escolares. Primero el fijo con su limitada privacidad; después el inalámbrico ampliaba opciones pero la línea familiar requería moderación en su uso, algo que el móvil solventó con un límite evidente: el precio. La llegada de internet y de los programas de chat gratuitos (Messenger como gran referente) abrió a la adolescencia la posibilidad de la prolongación infinita de la relación escolar. En la intimidad del dormitorio, con la ventana permanentemente abierta a la conversación y a la interrupción de la concentración (imposible) en la labor única del estudio.

Blog
de Elena Trapé entra en la intimidad doméstica de unas quinceañeras compañeras de instituto mediante sus confesiones vía webcam y con el reflejo en pantalla de sus diálogos en el chat. Espléndido retrato generacional a partir de la historia de una conjura colectiva inspirada en la noticia que desde Estados Unidos nos habló de un grupo de adolescentes embarazadas de forma simultánea. La credibilidad procede de las formas. Los modos de expresión prescinden de la (posible) impostura del guión. El lenguaje comprimido del chateo en pantalla, la expresión natural de incertidumbres y fantasías frente a la cámara web... y casi por encima de todo eso la virtud de no escaquear al espectador los impulsos, motivaciones y relaciones de una edad compleja que el cine tiende a infantilizar (excesos Disney) o llevar a extremos (probables pero no generalizables). Como ejercicio cinematográfico y como estudio sociológico hay material de sobra para el análisis y el disfrute.

Si la francesa La clase de Laurent Cantet motivó múltiples debates sobre la educación e integración racial en las aulas no debería despreciarse Blog como fuente de documentación (a partir de la ficción) para la comprensión de la adolescencia. Sin traumas. Es probable que los modelos, virtudes y problemas de esta edad procedan de la noche de los tiempos. Sólo que ahora tienen la red para conocer las mejores posturas sexuales y antes nos las enseñaba el de la última fila de la clase.

miércoles, enero 12, 2011

Incendio en Iruñea - Pamplona




Imángenes del incendio declarado en la parte superior de un inmueble situado en la esquina entre la Calle Aralar, Tafalla y la Avenida de la Baja Navarra de Iruñea - Pamplona.


Afrique: 50 ans de musique, 50 ans d´indepéndances


El fascinante recopilatorio (18 CDs y un libro en francés e inglés) titulado Afrique: 50 ans de musique, 50 ans d´indepéndance recoge la música de muchos países africanos con motivo del cincuenta aniversario de los procesos de independencia en el continente. Algunos previos, otros posteriores, pero en 1960 se produjo un estallido de independencias en África respecto de las metrópolis (diecisiete países aquel año, catorce de ellos colonias francesas). Con tal motivo la discográfica francesa Discograph (distribuye Karonte en España) ha publicado esta caja que disfrutamos ya en la edición del 29 de diciembre de 2010 en el Club de Jazz, el mismo Club que acogió al gran Antonio Fraguas 'Forges', autor de algunas de las viñetas más humorísticas e incisivas de la prensa española, que nos visitó de la mano de Javier Gallego 'Crudo' y su Carne Cruda (RNE3) el miércoles 12 de enero de 2011 para escuchar a la Bembeya Jazz Orchestra (de Guinea), a Mahmoud Ahmed (de Etiopía) y a Abdullah Ibrahim (de Sudáfrica):




También en la sección musical del programa Más vale tarde de Radio Vitoria (EiTB) dedicamos el martes 11 de enero de 2011 un ratito a escuchar música de esta caja. Entonces fueron Abdel Gadir Salim (de Sudán), Aster Aweke (de Etiopía) y Slimane Azem (de Argelia):





lunes, enero 10, 2011

"Comprar, tirar, comprar" (documental de Cosima Dannoritzer)

En tiempos en que la televisión está tan devaluada por su abundante acumulación de desechos no está de más realzar aquellos pequeños espacios por los que todavía asoma el verdadero periodismo. Ahora que lo público se ve saqueado y degradado no está de más fijarse en el valor de una televisión pública de calidad. La española dista de serlo y se pierde por el prescindible camino de las competencias de lo masivo pero algunos rincones de su programación apuntan en la buena dirección. Anoche La 2 emitió un documental dirigido por Cosima Dannoritzer con la producción del canal Arte, Televisión Española y Televisió de Catalunya. Comprar, tirar, comprar. La historia secreta de la obsolescencia programada es el título de un revelador documental sobre la programación de productos o su fabricación desmejorada de forma intencionada para su pronto deterioro y obligada reposición. Una cadena infalible de consumo que tiene sus dramáticas consecuencias en países como Ghana, donde acaban muchos de esos productos desechados, y que a su vez es reflejo (si no causa) de la crisis económica actual basada en la teoría del crecimiento. Son muchos los posibles análisis que permite el documental que, ahora que estamos en tiempo de rebajas y consumo compulsivo, quizá llevaría a más de uno a pensarse esa lógica de comercio de la que hablaba hace unos días por aquí. ¿Es viable una economía sin obsolescencia programada?, se pregunta el documental. Quizá no da la respuesta a esta pregunta pero sí deja muy claro que no es viable esta vida de consumo basado en los productos programados para su pronta caducidad. Recomiendo su visionado y, por supuesto, su debate posterior:

domingo, enero 09, 2011

"Mierda puta"

¿Será cosa de mala suerte o es siempre así? Tres veces he ido a escuchar un concierto a la sala Jimmy Jazz de Vitoria - Gasteiz y tres veces he sufrido considerables retrasos entre la hora de anuncio de la actuación y la hora efectiva de comienzo. La primera más de cincuenta minutos, la segunda ni lo sé ya que me fui antes de que llegaran a abrir el local y la taquilla pasados veinte minutos de la hora anunciada. Anoche fue mi tercera tentativa y casi me atrevo a asegurar que es marca de la casa la generosa impuntualidad.

Para las 21 horas del sábado 8 de enero de 2011 estaba anunciada la actuación de Chuck Prophet con los Spanish Bombs, banda creada para la ocasión para rendir tributo al London Calling de The Clash en el treinta aniversario de su publicación. Allí estábamos unos cuantos ingenuos a la hora anunciada esperando comprar la entrada. Bueno, quizá el único ingenuo era yo ya que quien compró entrada antes de mí no trató de acceder después al local sino que pareció marcharse por ahí, quizá a echar un bocado o un trago. Los imagino más fieles al local y al tanto de sus costumbres.

Abierta la taquilla minutos después de las nueve de la noche el taquillero salió a la calle para pedir algo así como que tuviéramos un poco de paciencia dado que el habitáculo desde el que iba a cobrarnos y facilitarnos las entradas parecía estar falto de las mínimas condiciones higiénicas para su uso por lo que, antes de atendernos, iba a proceder a su limpieza. O dicho en sus propias palabras: "¡Eh! Esperad que eso está lleno de mierda puta". No lleno de mierda a secas, ni de 'puta mierda', sino de 'mierda puta', que debe de ser una categoría muy asquerosa de la mierda. Y a fe que debía de serlo porque tardó un rato en empezar a atender al personal.

En el cartel de anuncio del concierto (el que decía que era a las 21 horas) se anunciaba que el 'road manager' de los británicos en el momento de la grabación de London Calling (allá por 1979) ofrecería una mesa redonda sobre el proceso de creación del disco. Pasada media hora de la hora anunciada (y ya dentro del local) de pronto un señor con aspecto de presentador de la BBC apareció en la oscuridad del escenario y empezó a hablar ante un micrófono mudo. Uno de los técnicos de sonido apareció derrapando hacia la mesa y, con un vaso de bebida en la mano, dijo en voz alta que "hostia, que está el viejo en el escenario". Apagó música ambiente, encendió la iluminación y abrió micrófono. El señor BBC (a la postre presentado como el 'road manager') no reinició su locución sino que continuó la que ya había iniciado por lo que los espectadores sólo pudimos escuchar una parte. ¿Era la mesa redonda? No, estaba dando paso a la actuación de un tipo con guitarra en la mano, ojos con halo rojizo y cinco (creo haber contabilizado bien) canciones de su propio repertorio. A pesar de unas presuntas bromas y de animar al personal para que perdiera la vergüenza y ocupara el espacio más próximo al escenario este hizo caso omiso de la invitación, aplaudió tímidamente (el poco público presente en ese momento) y la actuación del telonero, Chris Von Sneidern (después guitarrista y segunda voz del grupo), pasó con más pena que gloria.

Sentí cierta lástima de Chris. Es ingrata la función del telonero. El público (por regla general, conozco excepciones) no va a escucharte a ti y parece juzgarte con cierta severidad (más bien indiferencia) ya que no eres más que un trámite que superar para llegar al meollo de la cuestión. Y Chris, lo siento Chris, en el fondo lo fuiste. Sin más. Aunque tu canción sobre una tal Anna Lisa...



Acabada la actuación, y tras unos minutos de pausa musical, el señor BBC (de nombre Johnny Green) salió acompañado al escenario por alguien que se presumía traductor de sus palabras. Lo intentó, doy fe, pero la traducción fue aproximada hasta que... hasta que la presentación (lo de 'mesa redonda' es otra cosa) derivó en la lectura de fragmentos de un libro que recordaba el momento de la grabación de London Calling. Mr. BBC y su traductor tenían un libro cada uno en su mano. Y se turnaron en la lectura. Uno leía en inglés y otro en castellano. Pero la lectura en castellano no era traducción de la lectura en inglés. ¡Era la continuación natural del texto sólo que en otro idioma! Así que fue una lectura bilingüe, que no doblada o traducida.

Imagino que es un lujo tener al 'road manager' de The Clash en aquella época pero su aportación no pasó de un yo estuve allí que a mí me generó una pregunta sin respuesta (ya que no hubo posibilidad de preguntar nada en la no 'mesa redonda'): ¿y por qué dejó de serlo? En todo caso a él le invitaron a esta gira española y, tal y como confesó, era una buena oportunidad de "darse una vuelta por ahí".

Servidor, que ni vivió la época de The Clash (entonces todavía pensaban por mi) ni ha sido nunca un gran fan del grupo (mis pasos han ido, hasta la fecha, por otros profundos valles de lágrimas) se acercó al concierto por curiosidad con un fenómeno musical (que conoce fundamentalmente por el documental sobre la vida del Clash Joe Strummer y poco más) y por simpatía por Chuck Prophet, de quien llevo meses disfrutando de su ¡Let freedom ring!. Prophet y compañía pusieron empeño en recrear el disco original (del que dispongo de una copia en CD desde hace meses) y el público, que parecía conocer mayoritariamente cada tema del disco (algunos creo que incluso llegaron a ver a Dios durante la actuación... o quizá compartían el secreto del halo rojizo de los ojos de Chris), se lo pasó en grande con la música. Me gusta mucho la voz de Prophet, su actitud en el escenario, pero me quedo con su propia música. La que recreó se reiteraba en sus formas, lo cual quizá se explica según una frase que Mr. BBC atribuyó a Joe Strummer sobre que "emoción y no intelecto", que está muy bien pero, sin capacidad intelectual de desarrollo, las formas tienden a una limitada y reiterada simplificación. Para un rato va bien pero...

viernes, enero 07, 2011

Lógica de comercio

Me desplazo esta mañana del punto A al punto B y en el recorrido observo con asombro cómo en el interior de muchos comercios decenas de personas revolotean como abejas en un panal en torno a los productos allí expuestos. Un movimiento nervioso, circular, compulsivo. La primera tienda que me llama la atención por su frenética actividad vende bolsos. Es el inicio del periodo de rebajas en tiendas y centros comerciales.

¿Se someten a ese estrés espacial por necesidad? Me imagino que a nadie le agrada codearse con decenas de congéneres en pos de un artículo si no es por razón de supervivencia o necesidad extrema. Supongo que siempre hay un porcentaje de masocas en todo grupo humano pero, ¿cuántos de ellos lo son? La mayoría, deduzco, habrá tenido la mala suerte de haber amanecido y encontrado agujereados sus bolsos en algún ataque masivo y coordinado de ratones Pérez durante la noche. Además estamos en crisis luego la lógica impone que es de cajón pensar que las compras superfluas hay que reducirlas a su mínima expresión, sino suprimirlas.

Pienso en ello hasta que recuerdo cómo una conocida me explicaba el otro día la razón de acudir sí o sí a los comercios en tiempo de rebajas: "Siempre encuentras algo que te hace falta", aseguró. Así que la lógica se invierte: los centros comerciales generan la necesidad en vez ser la necesidad la que te acerque a ellos. Claro que esa lógica tiene un problema de partida: es la mía.

sábado, enero 01, 2011

2011... como ayer, como hoy, como siempre.

Mi regalo de año nuevo, mi clásico de bienvenida anual en una versión múltiple. El "Cambalache" de Enrique Santos Discépolo en alguna de sus muchas voces. Sagradas escrituras de la raza y la (sin)razón humana:

viernes, diciembre 31, 2010

El cante jondo de los alminares



Desde la costa del Mar Negro en el Norte hasta la frontera con Siria e Iraq en el Sur la voz del almúedano resuena en cada rincón de las grandes ciudades y de las más insignificantes aldeas turcas (y kurdas) Los alminares de las miles de mezquitas son postes repetidores de la oración y los preceptos del buen musulmán. Desde Trebisonda (en la costa del Mar Negro) hasta Mardin (junto a la frontera con Siria e Iraq) este cante jondo de la fe musulmana acompañó nuestro viaje día, noche y madrugada.

jueves, diciembre 30, 2010

El cuento de una noche de invierno en el "Club de Jazz"

'Crudo' ahogó las penas de las fiestas navideñas con una visita nocturna al Club de Jazz del señor Pérez (aka servidor) que recordó con la audiencia en la edición de Carne Cruda (RNE3) del 29 de diciembre de 2010. Una hora de recuerdos personales a través de la música de John Coltrane, Vic Chesnutt, Johnny Cash, Germán Díaz y el trío formado por Robert Wyatt, Gilad Atzmon y Ros Stephen como regalo de fin de fiesta 2010.



martes, diciembre 28, 2010

Savina Yannatou / Barry Guy "Attikos"


Los tiempos que corren lo hacen de veras. Al menos corren frenéticos los usuarios del espacio / tiempo que van de un lado para otro desorientados, llenando huecos a toda velocidad. La música no es inmune a este frenesí; es más, lo padece. Para tiempos tan caóticos, música sin freno. Da igual cómo y dónde. Música por un tubo por el que bajarla a chorro de no sé sabe muy bien dónde. Del espacio exterior, que es de donde parece que viene todo aquello que llega de internet. ¡Ya! ¡¡Rápido!! No me gusta, otra cosa. Pero, ¡si no la has escuchado! ¿Escuchar? A lo sumo oír... ¡más!

Admítaseme este preámbulo (lamento) para dejar constancia de que la música que aquí me ocupa no es música para nuestro tiempo. Sí lo es de nuestro tiempo pero no para aquellos que mayoritariamente lo entienden como un tiempo banal, como un tiempo al que una cosa le sigue otra y otra y otra. Da igual qué, para eso se inventó el icono de 'avanzar pista', ese con el que zapean los que niegan valor hoy en día a la idea de un disco completo (claro, su música no lo vale, lo malo es que arrasen con el resto en su deriva). Para ellos carece de sentido esperar que las cosas se asienten, que la relación se establezca para llegar a algún puerto. O a un ático, en el caso de este dúo entre Savina Yannatou y Barry Guy.

El valor del disco en su soporte físico depende no sólo de la música en él grabada sino de la presentación y contenido del envoltorio. Los discos de Maya Recordings son cuidadas ediciones que, en el caso de Attikos, nos permite sentir la textura de la pintura de portada del irlandés Stephen Vaughan (Aeon, su obra de 2006) así como entender mediante las palabras de Barry Guy impresas en el libreto la idea de un concierto que tuvo lugar el 27 de mayo de 2010 en el Bimhuis de Amsterdam y que ahora es disco. Barry, apasionado de la arquitectura, parte su reflexión de una idea constructiva de los arquitectos Ilya y Emilia Kabakov: un espacio operístico vertical de varias plantas. En cada planta se tocan diferentes músicas. El público asciende por una escalera espiral hasta alcanzar un ático en el que el espectáculo finaliza. En ese ascenso el espectador pasa por diferentes estados afectados por los colores de la techumbre y los sonidos de cada piso. Una ascensión que encuentra cierto paralelismo con lo que pudieron experimentar tanto Savina y Barry como el público el día del concierto.

Puedo llegar a percibir Attikos como el espacio sonoro sentido en ascensión espiral que propone Barry pero no es menos cierto que mi percepción de esta música es menos unidireccional, es más juguetona, asciende y desciende para volver a ascender, como si Savina y Barry fueran dos niños que juegan a mostrar y a esconder; chiquillos insolentes que corretean escaleras arriba y abajo. Al fin y al cabo improvisar desde la nada es un juego. Un juego de creación, de construcción musical con tan pocas herramientas en su caso (voz y contrabajo) que produce vértigo incluso desde los cimientos. Sin embargo, cuando el concierto llega a su fin (al Attikos) uno olvida los escasos pilares que sostienen semejante monumento y se deja caer por la espiral para volver a ascender tantas veces como quiera, que no se cansa uno de escucharles jugar.

Entusiasma comprobar que dos personas de bagajes e idiomas tan diferentes se atrevan a dialogar del modo en que ellos lo hacen frente al público. De las ocho plantas de Attikos tres se cimentan a partir de planos previamente compuestos (al menos indicativos). Savina Yannatou aporta de su repertorio Sumiglia, una canción tradicional de la isla de Córcega que dio título a uno de sus discos ECM con Primavera en Salonico así como Nani nani, uno de los muchos tradicionales sefardíes que ha grabado la ateniense. Él The ancients, composición que trabajaba por aquel entonces con el pianista Agustí Fernández. Sumiglia remansa la tormenta sonora del tanteo inicial en el First Sky con una preciosa revisión que ella interpreta de manera medianamente ortodoxa y Barry Guy acompaña de forma ejemplar con preciosas líneas melódicas (¡qué calidez en su sonido!). Estremecido como se queda el corazón después de la maravilla, Savina sube un escalón hacia el Second Sky y rompe su voz en mil sonidos, pía, borbotea, declama de forma inverosímil en un idioma indescifrable y fragmentario hasta que declina para que Barry dibuje con el arco sobre las cuerdas de su contrabajo la acogedora atmósfera palaciega de The ancients. Con ella envuelve las frases más lineales de Savina hasta que sus voces se cruzan en un flirteo eléctrico que Barry descarga hacia su remanso inicial. Ya habrá tiempo en el Third Sky y Fourth Sky para romper tempos, percutir el contrabajo y dejar que Savina vaya y venga sobre todo ello en un diálogo de expresiones que contienen la reacción, más que de preguntas y respuestas. Entre medias Nani nani asoma al final de una larga improvisación. La nana en voz de Savina va penetrando en el subconsciente nervioso de Barry que sucumbe al final a la placidez del sueño. Arriba espera el Attikos, explosión de júbilo, culminación alocada y eufórica del edificio obra de dos desacomplejados arquitectos sonoros.

Nada tan aparentemente anacrónico como un disco que reclame atención de principio a fin (de abajo a arriba en este caso); nada tan demodé como dar a la música su tiempo de maduración y digestión. Nada tan necesario como que tipos como Savina Yannatou y Barry Guy puedan seguir explorando los límites de la comunicación humana y de la arquitectura sonora musical.


© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Publicado originalmente aquí.

Puedes escuchar las entrevistas con Savina Yannatou y Barry Guy emitidas en el Club de Jazz con fecha 22 de diciembre de 2010, también en su versión original en inglés.

sábado, diciembre 25, 2010

Un año sin Vic Chesnutt



Hoy se cumple un año de la muerte de Vic Chesnutt. Desde que lo descubrí apenas semanas después de su suicidio su voz se encadenó a mi vida como ninguna otra, irrumpió con toda su terriblemente hermosa crudeza para no ser capaz de olvidarla ni un sólo día.

viernes, diciembre 24, 2010

Piratería (o de cómo la costumbre genera derecho)

Hola. Soy un miembro de la 'comunidad de internautas'. Hasta donde alcanza mi entendimiento todo aquel que haga uso de la red de internet es, hasta cierto punto, integrante de esa comunidad. Hago esta aclaración de inicio porque en muchas informaciones periodísticas tiende a confundirse el todo con la parte y, en estos días de acalorado debate ibérico sobre leyes antipiratería, uno tiene la sensación de que los usuarios de la red formamos una unidad ideológica sin fisuras, una masa orgánica que se mueve al unísono, que gesticula de forma conjunta como en una de esas performances militares de Corea del Norte tan brillantes por su masiva concordancia como inquietantes por la ausencia de discordancia.

Soy usuario activo de internet y gran parte de mi trabajo depende de que mi conexión no desfallezca. Un corte en la línea puede ser fatal para la feliz culminación de mis esfuerzos creativos. Mi trabajo utiliza la red para su difusión. Realizo un programa semanal de radio (anacrónica descripción esta, lo sé) que utiliza diversas formas que internet le proporciona para que los interesados en él puedan escucharlo. Se puede descargar y escuchar online por el módico precio de lo que la compañía telefónica te cobre por el acceso a internet más el gasto de electricidad que conlleva mantener el ordenador enchufado (o bien el coste que haya supuesto cargar la batería). Diez años de programas complementados por reseñas discográficas y de conciertos, además de artículos, transcripciones de entrevistas, etcétera, en la web asociada al programa. Casi diez años de trabajo sin beneficio económico alguno y con los gastos de tiempo de dedicación, inversión económica en discos, servidor para el alojamiento de audios y web, llamadas telefónicas, etcétera. La decisión de la gratuidad en el ofrecimiento de mi trabajo es producto de varias circunstancias pero, por encima de ellas, gravita una cuestión básica: la voluntariedad de que así sea. Es mi decisión y mientras pueda desarrollar este trabajo de forma gratuita lo haré. Pero, ¿qué pasaría si esas circunstancias no se dieran? ¿Qué pasaría si para poder seguir sacando adelante el programa del que cada semana se realizan miles de descargas en todo el mundo tuviera que cobrar por su disfrute? (imagino que es un disfrute para quien lo descarga, lo contrario es masoquismo). Un apunte: Curiosamente sin ser de pago algunos de mis programas figuran en una página de descargas "ilegales". No hay perjuicio económico pero sí contable para mi ego.

En este tótum revolútum que son las discusiones en España se mezclan en el asunto de la piratería tantas realidades paralelas que parecieran una única (al igual que con la llamada 'comunidad de internet'). Se habla de industria musical, libertad de expresión, prensa, modelos de negocio, propiedad intelectual, castas privilegiadas, derecho a la cultura... Aunque existen elementos comunes tengo la sensación de que esa confusión torrencial es interesada. Conozco bien a personas que mezclándolo todo consiguen que sea imposible encauzar una discusión a partir de razonamientos lógicos. Gentes que agitan la coctelera de ideas inconexas cual cóctel molotov que cuando estalla hace imposible el diálogo. Resulta agotador. Muy español, por cierto. Es imposible (al menos terriblemente agotador e inútil) desenmarañar todo ese tejido de conexiones tramposas así que no aspiro a ello en este texto. Sí le daré al zoom para mirar de cerca algunas trampas de esa tela de araña.

¿Quién podría oponerse a la libertad de expresión? Resulta inconcebible que una persona que aspire a la libertad del individuo proponga cortar las alas de la opinión ajena. Por lo tanto los argumentos que en estos días se han manejado contra la intromisión en la libertad en la red de internet son incontestables. Pero, ¿estamos realmente ante un caso de ataque contra esa libertad? ¿Constituía la ley tumbada en el parlamento un riesgo a la libertad de expresión de los ciudadanos? Seguramente la idea de un comité extrajudicial que analizara y agilizara el proceso de denuncia de páginas web no era el mecanismo más plausible y democrático pero, ¿acaso no se puede delimitar su funcionamiento para evitar excesos del poder? ¿Acaso no se puede incluso eliminar esa figura y dejar que los estamentos de la Justicia de este país hagan su trabajo a partir de leyes que delimiten qué es o no legal?

Mucho se preocupan algunas voces de la 'comunidad de internet' por esa supuesta libertad coaccionada por las leyes pero, ¿acaso es posible la libertad en este mundo de convivencia forzosa sin unas leyes que unifiquen criterios de comportamiento? ¿Acaso la red vive al margen de este imperfecto mundo de legislaciones que nos hemos dado? Sería fenomenal si esa Second life cibernética no incidiera en la vida tangible pero mucho me temo que la interconexión es de tal grado a estas alturas que es imposible desligar un mundo de otro (si es que tales mundos existen por separado). En el mundo de lo tangible entrar en una tienda de discos (¡toma nuevo anacronismo!), coger diez discos de una estantería y salir sin pagar haría saltar todas las alarmas de la tienda. En la Second Life esos mismos diez discos robados no hacen saltar alarma alguna. Esa, y no ninguna ideología de defensa de la Cultura libre, ni otras grandilocuencias miríficas y espirituales, es la realidad. La impunidad con la que uno puede hacerse con discografías, fimografías, etcétera, se ha convertido en una costumbre tan normalizada en los usos y costumbres del personal que, a base de repetirse la mentira hasta la extenuación, muchos han terminado por creer que eso forma parte de una verdad universal, o algo parecido. Como nunca ha pasado nada, como ya forma parte de mi vida diaria, de mi cotidianidad, ¿cómo va a ser eso un delito? ¡Cultura libre! proclaman.

De acuerdo, Cultura libre. ¿Quién obliga a la libertad (¿o era gratuidad?) de la Cultura? ¿Una especie de jurado compuesto por la masa social - una forma sin rostro ni voz concreta - o el autor de la creación cultural? Me acojo a mi caso concreto: ¿quién debe determinar que mi programa, mi creación personal, mi esfuerzo y dedicación de tantos años y horas sea de disfrute gratuito? ¿El coro público o yo? Si mis circunstancias económicas me impidieran regalar mi trabajo, ¿me obligaría la sociedad a seguir ofreciéndolo a costa de mi propia supervivencia? ¿Me vería obligado a renunciar a mi dedicación porque la sociedad ha decidido que mi dedicación (profesión) no es digna de permitirme subsistir? ¿Hay acaso profesiones sin derecho a remuneración? Pero, ¿no vivimos en un sistema capitalista? Sí, si a mí tampoco me gusta pero... ¿tienen los creadores de contenidos que formar parte obligatoriamente de algún tipo de comuna para dar satisfacción al resto de la sociedad que sí, esa sí, vive bajo las normas del capitalismo que nos hemos dado? ¡Qué hipocresía! El creador obligado a ser parte de una utópica sociedad libertaria y sometido, sin embargo, a las normas del capitalismo democrático que rigen la sociedad actual. ¡¡Qué equilibrismo circense sin red!!

Si yo cobrara 1 euro por programa a cada uno de los que se lo descargan puedo asegurar que tendría una vida francamente acomodada. Un sueldo más que digno. ¿Cuántos de mis oyentes pagarían 1 euro a la semana por escucharlo? ¿Cuántos pasarían por caja si algún libertario de boquilla decidiera descargarlo y ponerlo de forma gratuita en alguna página ajena a la mía? Esa gratuidad impune es, y no otra (insisto), la verdadera razón de fondo de la costumbre que ha generado derecho en la mente de tantas y tantas personas.

Voy finiquitando mi larga perorata con una reflexión acerca de eso que algunos proponen de que, en el caso de la música, el músico obtenga sus beneficios por medio del merchandising y los conciertos, no por su música grabada. Lo primero que se me ocurre es una pregunta muy básica: ¿por qué lo uno es gratis y lo otro no? ¿No será acaso porque las camisetas no pueden ser virtuales? ¿Por qué el beneficio tiene que venir de los conciertos? ¿Porque hay un torno en la entrada que si no pagas no entras? Cuánta falta de escrúpulos y de ética hay detrás de todo este argumentario tan falaz. Qué tristeza de país.

Acabo. Yo soy libre de ofrecer mi programa de forma gratuita. Un músico es libre de ofrecer su música de forma gratuita, un escritor sus textos, un cineasta su película... ¿Es posible ser libre de elegir cobrar por ello? ¿Tan pernicioso es cobrar por el trabajo propio?

miércoles, diciembre 22, 2010

Sensibilidad anal

Desde mi posición sobre el escenario era imposible no verla. Situada en uno de los palcos del teatro su posición entraba como un chorro de obsceno realismo social en mi campo visual cada vez que levantaba la mirada para ver los gestos del director. Y de tanto mirar (soy de los que incluso echa un ojo al director para ver cómo quiere llevar la música) sus gestos se impusieron a los de la batuta, de modo que todavía no sé cómo logré llegar al último compás junto con mis compañeros. En este país se fusila poco, dice un buen amigo mío.

¡Y qué razón tiene! Durante la primera parte de la actuación lo comentó todo, TODO, absolutamente TODO. TODO es TODO. ¿Qué? No lo sé. TODO. Y, de pronto... ay de pronto... ¡de pronto respondió una llamada de teléfono móvil! ¡¡¡Por todos los celulares del mundo!!! ¡Qué alguien se lleve de aquí a este incordio con forma de mujer! Pero, ¿será consciente de que ahí abajo hay un concierto? ¿Consciente? ¡Vamos que sí es consciente que ahora es ella la que marca un número en el teléfono para hacerle escuchar a su interlocutor el concierto! Escucha dónde estoy, parecía decir. ¡Mira qué guay!

Cuánto daño ha hecho la cultura audiviosual a este país. La cultura (¿es cultura la palabra?) de la interactividad, los SMS en pantalla, el chateo mientras se le supone a uno siguiendo una serie, un programa cualquiera. Opina, opina, opina, dí lo que piensas, no te cortes, por el módico precio de nosecuantos euros más IVA. ¡¡Ahmadineyad!! Si necesitas un lugar en el que probar tus armas nucleares... ¡empieza por ese palco!

Y puedes seguir por alguna emisora que yo me sé en la que, al pinchar esa joya titulada Pequeño vals vienés con voz de Enrique Morente, música de Leonard Cohen y letra de Federico García Lorca, la presentadora exclamó: ¡Pero si parece una broma! ¡¡Parece el Príncipe Gitano ese!!

¿Se fusila poco o no?

martes, diciembre 14, 2010

Enrique Morente

Desde hacía días parecía que la muerte le iba a llegar en cualquier momento. No eran buenos presagios los que llegaban de la prensa y en este frío lunes de diciembre la fatalidad ha cumplido. Se ha muerto Enrique Morente y, ahora que no es presagio, que es certeza, un frío helador recorre mis emociones cuando recuerdo los momentos de su música que me hicieron salir de este mundo. El mundo del Flamenco - dice la muletilla periodística - se encuentra en estado de shock. Y no puede ser más inexacta la información (¡una más!) porque si algo hizo este hombre fue derribar los géneros para abrazar los otros y confluir en la Música. Y por lo tanto somos los músicos y los aficionados a la música (también los 'flamencos', claro) los que nos encontramos así. Inquietos por la certidumbre de que no habrá más mañana para él y, por lo tanto, para nosotros con él. Aunque llegue la nueva grabación, aunque se rescate su obra, inéditos, lo que fuere que quede para el olfato rastreador de los oportunismos, se acabó.

Leía en algún lugar que su familia, en las horas finales, decía que todo estaba en manos de Dios. Vaya Dios cabrón, pienso, si nos dejara tan pronto sin tanta belleza, sin esa expresión de otro mundo posible en este. Y nos hemos quedado sin él. Qué cabrón Enrique, qué cabrón por irte.

jueves, diciembre 09, 2010

Razones de una destitución: Baldo Martínez e 'Imaxina Sons'

Conocí hace unos días una noticia relacionada con el festival de Jazz ‘Imaxina Sons’ de Vigo que me sorprendió. Me refiero al cese de Baldo Martínez al frente de la dirección del festival. Una sorpresa muy desagradable.

Es lógico, hasta cierto punto, que los festivales cambien de dirección. Esa no es en sí misma una anomalía (aunque tampoco una costumbre, al menos en la dirección de festivales de Jazz). Incluso el motivo por el que se le cesa de sus funciones podría llegar a no serlo: para no caer en la rutina. Eso dice la carta que oficializa el cese. Y esa expresión es la que convierte la noticia en desagradable. O si se prefiere, en increíble. ¿De veras estaba el festival ‘Imaxina Sons’ en riego de caer en algún tipo de rutina? Resulta desagradable e increíble esa afirmación dado que si en algo se había convertido ‘Imaxina Sons’ era en una cita que desde fuera envidiábamos cada año (perdón, paso al singular, no quiero arrogarme representación alguna), que envidiaba cada año nada más conocer sus contenidos. Una cita en la que participé en una ocasión dentro de los conciertos paralelos (con mi grupo de entonces, John Pinone) y en la última edición como parte de una mesa redonda sobre Jazz e internet. Sólo en esas dos ocasiones he podido acercarme; en todas las muchas otras en que hubiera querido mi trabajo me lo impidió. Lo cual no quita para que en cada ocasión tratara de apoyar, en la medida de mis humildes posibilidades, la difusión de los contenidos de cada edición y subrayar los motivos que hacían de ‘Imaxina Sons’ un festival diferente y estimulante en un panorama, el español, tan dado al mimetismo y a la falta de un criterio coherente como el que ha demostrado Baldo en su labor estos años. ‘Imaxina Sons’ (y en esto permítaseme que hable en plural) era admirado por muchos por ofrecer lo que otros no ofrecían, por apostar por una línea de gran atractivo, diversidad y estímulo a la vez que de confianza en la inteligencia del espectador. Por contar con los de casa y por traer a los de fuera sin atender a paquetes prefabricados por las multinacionales y, por lo tanto, hacer de su programación una programación única. En fin, múltiples motivos que podría continuar glosando pero que, de momento, dejaré aquí.

Le deseo a la ciudad de Vigo y los futuros directores artísticos del festival que no caigan en la rutina. Y, tal y como también decían en la carta de cese, sigan encontrando el modo de “sorprender a los públicos”. De momento, mala sorpresa la del cese de Baldo Martínez. Mala noticia y mala argumentación.

miércoles, diciembre 08, 2010

El humor en la música: Uri Caine

Esta semana emito en el Club de Jazz una conversación con el pianista estadounidense Uri Caine (Philadelphia, 1956). Autor de transgresoras revisiones de la música de Bach, Mahler, Wagner... actúa este sábado próximo en Burgos haciendo música del compositor Antonio de Cabezón (en la celebración del quinto centenario de su nacimiento). En la extensa conversación hablamos, por ejemplo, de la ofensa que para muchos suponen este tipo de revisiones que él plantea en las que no falta sentido del humor; el mismo que él defiende tenía, por ejemplo, la música de Bach en sus 'Variaciones Goldberg' (que él afrontó en 2000):

(...) la gente piensa que nos reímos de la música, como que estamos haciendo una broma. Para empezar, ¡hay humor en la música! Hay mucho sarcasmo en Mahler. Hay humor en Bach cuando al final de las ‘Variaciones Goldberg’ pone dos canciones de bebedores juntas como si fuera una fiesta o como si fuera el final de la fiesta. Lo único que hice en realidad fue emborrachar a un coro alemán y después decirles, de acuerdo, ahora cantemos Bach. Así que es algo literal. La gente dijo: “¿cómo puedes hacerle eso a Bach?" Cuando de algún modo está conectado con su propia idea del sentido del humor (...)

Reflexiones sobre la compleja desacralización de la música. La entrevista completa se puede escuchar en la sección En Vivo de la web del programa (programa con fecha 8/12/2010). También en su versión original en inglés o incluso leer en la transcripción en castellano. Además ha sido el plato fuerte del Club de Jazz en Carne Cruda (RNE3):






Dejo aquí un video de dos de los temas de su disco Moloch: Book of Angels Vol.6 de la serie del mismo nombre editada por el sello Tzadik de John Zorn. Cassiel y Hadrial en directo en el Festival de Jazz de Marciac (Francia) en 2008:


viernes, diciembre 03, 2010

Germán Díaz - "Método Cardiofónico" (I Festival Instrumentos e Intérpretes Insólitos - Burgos 27/11/2010)

Insólito: Raro, extraño, desacostumbrado según la Real Academia Española de la Lengua. Es raro que hoy en día alguna propuesta musical con soporte público muestre músicas que se salgan de lo ya masticado por las bocas que conforman la masa social. Es extraño que algún ayuntamiento apueste por ello y es probable que el Ayuntamiento de Burgos haya promovido este Festival de Intérpretes e Instrumentos Insólitos, con la dirección artística del violinista Diego Galaz, por una cuestión coyuntural: la ciudad aspira a la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016 y hay que llenar de contenidos la memoria. Esperemos que la apuesta no llegue sólo hasta donde lo haga la candidatura. Desacostumbrados los paladares más exigentes a actividades que les inciten a viajar por tierras ibéricas (raras excepciones) no podía dejar uno escapar la oportunidad de asistir al estreno de la nueva maravillosa genialidad del insólito Germán Díaz.



Hay un gesto muy común para expresar que algo te ha llegado al corazón que consiste en llevarse la mano al pecho y golpear repetidamente allí donde sentimos que se haya oculto nuestro órgano vital. Gesto común que, sin embargo, constituye la expresión de algo que muy pocas personas, acciones o actividades despiertan en nosotros: la emoción. Germán tiene no sólo la habilidad de despertar emociones dormidas sino que además a veces llega a paralizarnos el pulso con la delicadeza emocional que expresa mediante sus instrumentos de manivela. Claro que para llevar a cabo su Método Cardiofónico necesita que éste no se detenga ya que la música ha encontrado un aliado insólito en los latidos de corazón grabados en vinilo por el doctor Iriarte, allá por los años cuarenta, con los que documentó diversas lesiones valvulares y que Germán utiliza ahora como bajo rítmico. Así la mayor parte de esta nueva propuesta del zanfonista parte del sonido (manipulado rítmicamente) de los latidos sobre los que va interpretando ya sea la caja de música (con la Nana 0013 comenzó su actuación) o la zanfona (caso, por ejemplo, del acongojante L´enfant perdu). Además el chisporroteo del vinilo le da a la música un punto de extrañeza y antigüedad que envuelve el ya de por sí evocador sonido de sus instrumentos.



La rareza en música no es a veces más que un artificio con el que llamar la atención en un mundo cada vez más dado a la pirueta del absurdo intrascendente. Se podría pensar que la utilización de sonidos cardiacos no es más que una anécdota que así como se nombra se olvida. Nada hay de ello en la música de Germán. Simplemente con escuchar cómo late el corazón en el tango Letre pour Beatrice uno es plenamente consciente de que hay un sentido musical brutal en lo que hace Díaz que demuestra que, al igual que otros son capaces de escuchar música en los sonidos de una puerta (Ramón López y su Swinging with doors), él es capaz de detectar una piedra por pulir en un disco de registro médico. Es la honestidad la que valida propuestas que pueden resultar excéntricas nominalmente y cuando uno se sumerge en el mundo (híper)creativo de Germán Díaz lo hace en la magia, porque mágicos suenan los instrumentos que maneja. Pero la magia no puede durar durante una larga sesión como la que ofreció en Burgos si detrás de ella no hay la genial capacidad de creación e improvisación de Díaz (y trabajo, ¡mucho trabajo!). Toca la zanfona como si de un guitarrista eléctrico se tratara, desliza sus dedos por el teclado con una ligereza asombrosa (por ejemplo en el enrevesado Africa del guitarrista Antonio Bravo), pellizca las cuerdas como lo haría un pianista experimental y, además, utiliza la tecnología como un medio que le permite crear capas atmosféricas o rítmicas sobre las que ir dibujando melodías, ya que él es su propia orquesta. Nunca unos loops (grabados sobre la marcha) tuvieron tanto sentido musical como el que le da el zanfonista quien, además, con un bis titulado Nimboestrato (certera explicación musical de la apatía que despierta en servidor este tipo de nubes por la insulsa e invariable luminosidad que generan) sorprendió con un solo de sierra musical (sonido de película de marcianos de 'Serie B') sobre caja de música. Antes, eso sí, cerró concierto con una sobrecogedora versión de la banda sonora de La eternidad y un día (música, ya de por sí emocionante, de Eleni Karaindrou para la película de Theo Angelopoulos) de la que rescató su esencia atmosférica y melódica (la zanfona fue básicamente un pequeño laúd que trató mediante pizzicatos que jugaron con el contrapunto de la caja de música) para construir una nueva variación que sumar a las del original. Sin tiempo para digerir tanta belleza distendió el ambiente con una circense versión de La Topolino Amaranto de Paolo Conte para órgano de barbaria y zanfona (¡toma solo heavy!).

Nunca, en todas las ocasiones en que he escuchado en concierto a Germán Díaz, he quedado indiferente. Y eso, en este momento de dictadura de la indiferencia (Josep Ramoneda dixit), es ¡insólito! Derribar la indiferencia provocando desde el ingenio creativo es hoy un ejercicio de radicalismo tan necesario (y tan raro) que conviene no perder de vista la luz de un tipo tan radicalmente necesario para la música como Germán Díaz.


© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)
Publicado originalmente aquí.

miércoles, diciembre 01, 2010

Balada triste de (la) trompeta (de Pérez)

El director de cine Alex de la Iglesia se ha pasado por el Club de Jazz de Carne Cruda (RNE3) para presentar su nueva película Balada triste de trompeta. A él se la tocamos además de pincharle música del trompetista (y director de cine) Mike Figgis, del pianista Ran Blake, del dúo matrimonial de pianistas Aki Takase y Alexander Von Schlippenbach y del Trío AntiManierista.





El dúo de pianistas Takase y Von Schlippenbach se presenta el próximo lunes en el Festival de Jazz de Sigüenza junto a Dj Illvibe con un proyecto bautizado como Lok 03 que partió del trabajo de poner banda sonora a una película documental de Walter Ruttmann del año 1927 titulada Sinfonía de una gran ciudad que contiene imágenes de la ciudad de Berlín en los años 20 del siglo pasado como las que se pueden ver en este video:

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