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miércoles, marzo 02, 2011

Punto de Vista 2011

Una rápida consulta al diccionario en línea de la Real Academia Española de la Lengua nos desvela que la palabra 'festival' tiene una primera acepción (considerada 'adjetivo anticuado') que se refiere a ella como "festivo". La segunda la define como "fiesta, especialmente musical" y la tercera como "conjunto de representaciones dedicadas a un artista o a un arte". Nada dice, sin embargo, de las consecuencias de su uso práctico. No es competencia de la RAE pero todos sabemos que la "fiesta" y sus diferentes "representaciones" pueden tener efectos adversos en el día después y estos los resume una palabra que también tiene sus diversas acepciones en el diccionario: resaca. No hace falta acudir a ellas para hacerse una idea de sus contraindicaciones.


Dado que el Festival Internacional de Cine Documental de Navarra, Punto de Vista, es una "fiesta" - al tratarse de un "conjunto de representaciones dedicadas" tanto a "un artista" (varios, de hecho) como a "un arte" - y esta fiesta se ha acabado hace tan sólo unos días (el pasado domingo 27 de febrero) estamos ahora en el momento de la inevitable resaca, que suele ser un estado en el que la euforia se rebaja o directamente se hunde en el fango. Es lo que tienen los festivales, que de tan concentrados le hacen a uno creer que vive en una realidad que después descubre que no es la suya. O visto de otra manera, la realidad se hace más patente cuando el tsunami festivo desaparece y deja a la vista la escombrera. Es entonces, en el momento en que las aguas se retiran, cuando se hace patente el naufragio. ¿Dónde están todos los que estaban? ¿Dónde han ido a parar tantas horas de estímulo desde una pantalla o en una charla posterior? ¿Hay alguien ahí? El eco devuelve silencio.

No quiero pecar de excesos pesimistas pero recuerdo, en mi defensa, que estoy en plena resaca así que perdóneseme la negrura. Durante seis días viví creyendo que aquí se pensaba, se dialogaba, se reflexionaba a partir de los muy diferentes puntos de vista de tipos venidos de todas partes. Pensé que vivía en una ciudad en la que era posible admirar lo insólito en una pantalla, compungirme ante miserias ajenas sin el edulcorante buenista de las majors del cine o sonreír (¡incluso!) ante historias con alzheimer como logró Alan Berliner con su fascinante Translating Edwin Honig: A Poet´s Alzheimer, retrato de la degradación de la memoria con la complicidad (consciente primero, inconsciente más tarde) del poeta Edwin Honig. Berliner logra dignificar la rítmica y rima del olvido de un hombre que jugó con el ritmo de las palabras y que ahora lo hace con los sonidos guturales. Un derechazo directo a las emociones de tan sólo 19 minutos. ¡19 minutos! ¿Qué sala de proyecciones se permite un pase de tan sólo 19 minutos? (No vendría mal una reflexión sobre el papel de las salas de cine que, con pérdida de espectadores, siguen ancladas en el largometraje de ficción).

Edwin Honig

Los mismos 19 minutos de Berliner son los que utilizó Jeanne Liotta para mostrar en Crosswalk los ritos procesionales de sus vecinos católicos en un barrio de Nueva York durante la Semana Santa. Más allá del contraste del entorno de la gran urbe por excelencia con la manifestación callejera de ritos que pertenecen a un pasado de superstición (y el anacronismo del que dan constancia las imágenes y el sonido) Liotta no va mucho más allá del mero registro de ese acto religioso que lo mismo puede servir para que sus participantes guarden recuerdo como para que servidor constate que ni Nueva York se libra de los Cristos yacentes. ¡Qué cruz! Claro que el peso de la misma se triplicó con el Erie de Kevin J. Everson que nos sometió a una sesión de resistencia nerviosa con su retrato (viaje Sur - Norte) de la población negra de los Estados Unidos. Contemplar durante once minutos ininterrumpidos a una niña mirar fijamente una vela, a dos hombres compitiendo en esgrima o a un señor tratando de abrir su coche con alambre y destornillador no impulsó en mi inconsciente una reflexión sobre la vida del ciudadano negro en los Estados Unidos sino la curiosidad malévola de saber si la niña se consumió antes que la vela, el anhelo de unas espadas de filo cortante o la pregunta directa al director acerca de si ese pobre hombre había obtenido premio a su tenacidad (algo que, por cierto, no llegó a aclararme). ¿No era el cine estadounidense paradigma del ritmo? Everson lo puso a prueba y logró que la representación neoyorquina de la Pasión de Cristo resultara una divertida película gore.

¿Qué se consumió antes? ¿La niña o la vela?

Ritmo, ritmo, ritmo. Sin prisas, pero con aprecio por la agilidad, de Estados Unidos llegaba igualmente Foreing parts, trabajo conjunto de Véréna Paravel y J.P. Sniadecki sobre una realidad que como la de Liotta se circunscribe a un minúsculo espacio de Nueva York. Un solar inmundo lleno de talleres de reparación de coches con los que sobreviven un grupo de ciudadanos (hispanos en su mayoría) a través del ingenio y la prolongación vital de la chatarra (o lo que tendemos a condenar de antemano como chatarra). Un lugar degradado (sin asfalto, luz, etcétera) amenazado por futuros proyectos inmobiliarios (esto me suena de algo) en el que la lucha por la vida dignifica a unos personajes que Paravel y Sniadecki retratan en sus gozos y miserias como dignos representantes de una ciudadanía amenazada por (¿utilizo el genérico? ¡Venga! ¡¡Sí!!) los mercados. Premiado como mejor largometraje en esta edición de Punto de Vista no sería mala proyección para los Callejeros de nuestras televisiones patrias. La miseria puede ser interesante (sí, entretener) sin ser espectáculo. Sus "actores" son personas, no bufones.

Esto también es Nueva York

Entretiene, informa y emociona la Nostalgia de la luz del chileno Patricio Guzmán, documental que logra establecer una conexión insospechada entre la astronomía y la búsqueda de familiares desaparecidos por la dictadura militar de Pinochet. Todo ello con el magnífico escenario del desierto de Atacama. Entretiene, informa y emociona el experimento de cartas audiovisuales entre José Luis Guerin y Jonas Mekas (Correspondencia Jonas Mekas - J.L. Guerin) todavía en proceso de realización (work in progress que decimos los pedantes) y que, por lo montado hasta el momento, desvela la actitud lúdica con la que Mekas se ha tomado este juego en contraste con la mayor gravedad de Guerin quien - además de clavarnos el doloroso puñal del asesinato de la joven crítica eslovena Nika Bohinc (29 años) en Filipinas junto a su pareja, el también crítico filipino Alexis Tioseco - dejó constancia de su obsesión por la belleza femenina (¿o el obseso era yo?).

El cielo y la tierra de Patricio Guzmán

¿Cómo es el verdadero amor? Además de las opciones principescas del cine de una tarde de domingo el verdadero amor es el de cada cual y el True Love de Ion de Sosa es fragmentario, lascivo (¡como debe ser!), rutinario, quebrado, colectivo, resistente... la vida misma. A algunos les debió parecer que la vida de Ion de Sosa puede ser ofensiva si nos atenemos a la advertencia en taquilla de película con "imágenes explícitas" que "pueden herir su sensibilidad". ¿De quién partió tan absurda iniciativa? ¿Hiere un desnudo? ¿Una gastroscopia? ¿No hiere acaso la miseria que retrata Foreing parts? Tales advertencias parecen tan fuera de lugar y anacrónicas como el Cristo neoyorquino de Crosswalk. De Sosa fotografió sorprendido la nota con su teléfono móvil. Como sorprenden, para bien, los 90 minutos de fascinación visual de Vrindavana, retrato de una población del norte de la India (la India una vez más como polo de fascinación para el Arte) del argentino Ernesto Baca. Sin palabras, sin subrayados pedagógicos, con el poder de los sonidos que informan tanto como las coloristas ceremonias acerca de la indescifrable (para estos ojos y oídos occidentales) comunión humana de la devoción religiosa hindú.

Comunión de seres en Vrindavana

Como punto de vista personal que supone casi toda acción humana el documental no lo es menos y el resorte creador del documentalista salta muchas veces de forma insospechada. Sus motivaciones son personales pero se le supone capacidad de trascendencia de lo personal a lo global. La libertad de interpretación es uno de los derechos del espectador pero en ocasiones la pantalla es críptica. Veo una familia viviendo en precario junto a unas obras; a un relojero ejerciendo el oficio en un pequeño kiosco callejero; una partida de ajedrez; las quejas salariales de una empleada de filmoteca; la asignación laboral de un puesto de traductor en un ministerio; el amargor desquiciado de una mujer que acusa al Estado de haber hecho de ella una indigente... Sabemos de antemano que la película se desarrolla en Ereván (la capital de Armenia). ¿Es un retrato de la ciudad y sus gentes? Según Comes Chahbazian su Ici-Bas no lo pretende. ¿Por qué esos personajes y retratos? ¿Qué se muestra con ellos? No hay respuesta, el director devuelve la pregunta en forma de boomerang durante la conferencia de prensa. No hay mensaje, yo no lanzo mensajes, confiesa después en conversación personal.

La memoria del anciano es - mientras sea posible acceder a ella - la forma más valiosa de acceso a la memoria histórica. Noëlle Pujol nos cuenta la de Jean Dougnac en Histoire racontée par Jean Dougnac, un documental que carece de planificación previa. Cámara fija en el dormitorio de Jean que permanece en cama y apoya su espalda sobre el cabezal. Una realidad íntima confesada que concierne a la directora (la historia de su propia familia) y que, sin embargo, está llena de retazos de la moral social de una época y un lugar. Una historia contada como siempre se ha hecho: por transmisión oral (aquí con la cámara como micrófono). Sencillez de la que carece la hiperbólica historia de amor entre Leonard y Mary contada por Brent Green en Gravity was everywhere back then. Película de inmensa labor artesana - donde hay tanto animación como movimiento en stop-motion de actores y elementos de un escenario creado por el director en el patio trasero de su casa - para dar cuenta de la insólita historia de amor entre una pajarera y un empleado de almacen que se conocen por accidente (y en un accidente) y la posterior tragedia desatada por la enfermedad y muerte de ella. La cargante narración en off (de excesos melodramáticos) lastra la digestión de un planteamiento visual del que se agradece el detallismo e innegable complejidad e ingenio.

Pesca animada en Gravity was everywhere back then

Como quien bebe alcohol al amanecer de la borrachera con el propósito de neutralizar el dolor de cabeza (¿?) recuerdo hoy mi particular Punto de Vista. Visión de una pequeña parte del gran todo que ofreció y que resulta inabarcable salvo para el todopoderoso (que debe de andar preparándose ya para el martirio neoyorquino de cada año). Amigo de la dispersión y continuidad en el calendario de propuestas inteligentes me agarro al concentrado formato de festival como el sediento a la botella (o el resacoso, ya que estamos). ¡Larga vida a Punto de Vista! Un cóctel molotov de inteligencia reflexiva de explosión anual. Lo más parecido a la kale borroka contra la indiferencia y el sopor que servidor haya visto en esta autoproclamada tierra de diversidad navarra. Un efecto óptico insólito para el que no hacen falta gafas en tres dimensiones sino algo mucho más prosaico: la curiosidad.

© Carlos Pérez Cruz

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Entretiene, informa y emociona. Gracias por compartir tus impresiones con todos los que amamos el cine pero no pudimos asistir.
Una discrepancia, (si se me permite), para mí, la curiosidad, nunca será prosaica.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Hola Anónimo,

por supuesto que es bienvenida la discrepancia. Evidentemente que la curiosidad se cultiva y trabaja (si es que te refieres a eso) y requiere de un esfuerzo pero iba en este caso en un sentido metafórico.

Gracias por tu comentario.

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