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miércoles, marzo 09, 2011

Marilyn Crispell & David Rothenberg - "One dark night I left my silent house"


¿Cómo se forman los estereotipos? Si uno menciona el concepto 'libre improvisación' en la música tiende (creo que esto no es exclusivo por mi parte) a asociarlo a una música de natural árida, disonante y tendente a un cierto ruidismo. Y, sin embargo, ¿es esto necesariamente así? No, claro. Si uno empieza a hacer repaso a su memoria musical se puede encontrar con múltiples ejemplos que resultan acogedores, cálidos, consonantes... ¿Por qué entonces se perpetúan los estereotipos? (dejo abierta la pregunta para quien quiera apuntar respuestas). Es verdad que en One dark night I left my silent house hay disonancia (un transcripción melódica y armónica de la música lo mostraría sin lugar a dudas); habrá quien incluso considere árida la exclusiva instrumentación de piano y clarinete (más pequeñas percusiones en algunos casos) y perciba un cierto punto ruidista (aunque sea el del pico del pájaro carpintero en Still life with Woodpeckers). La música del dúo Crispell / Rothenberg es improvisada de principio a fin (dice Rothenberg que a la pianista no es muy amiga de ensayos, que prefiere la improvisación en un primer encuentro) y el regusto y digestión de su encuentro es sumamente agradable e íntimo; hace honor al título.

El título de este disco ECM (que lo es a todos los efectos) está tomado de una novela del austriaco Peter Handke (guionista en la referencial El cielo sobre Berlín de Wim Wenders) que en España se tradujo como En una noche oscura salí de mi casa sosegada (asumo esa como la traducción, aunque prefiera 'silenciosa' en vez de 'sosegada'). Y ya que la noche era oscura y la casa sosegada (¡silenciosa!) la música de este dúo se interna en ese espacio de serenidad e intimidad en el que el discurso musical flirtea en ocasiones con los límites de la sonoridad del propio instrumento (el clarinete bajo de Rothenberg es en ocasiones - Companion: Silence - sólo aire) y juega con la capacidad de hipnosis de las reiteraciones melódicas y rítmicas (el halcón Rothenberg trata de someter al inquieto ratón Crispell a base de vuelos circulares en The hawk and the mouse). ¡Qué hermoso sonido el del clarinete bajo! No falla, siempre que lo escucho acude a mi memoria el de Eric Dolphy en las sesiones del Village Vanguard junto a John Coltrane (hay otros, por supuesto, como el de Louis Sclavis). Aunque también interpreta el clarinete, brilla Rothenberg con el bajo ya que su sonoridad brumosa envuelve y se deja envolver por la noche del piano de Marilyn Crispell. Eso sí, cuando amanece, el clarinete vuela y revolotea en What birds sing de forma tan graciosa que hasta el sonido de las clavijas del instrumento parece el aleteo de un pájaro. Un canto aviar especialidad de la casa.

Además de músico el señor Rothenberg es filósofo y naturalista. Estudioso de cantos aviares o incluso de cetáceos tiene dedicados libros al estudio de su música y con ella ha realizado grabaciones como Whale music (Música de ballena) o Why birds sing (Por qué los pájaros cantan) que, contra lo que se pueda intuir (estereotipos), nada tienen que ver con esas infusiones musicales destinadas a desatascar almas urbanas en pena sino que Rothenberg toca y su banda son pájaros y ballenas (el resultado, en ocasiones, de sorprendente naturalidad). Algo de ese vuelo libre se percibe en improvisaciones como Grosbeak (picogordo) con el clarinete o en la ya mencionada What birds sing, al igual que se intuye cierto grado de inmersión oceánica en las reverberaciones del bajo en la inicial Invocation.

Con los condicionantes de un instrumento monofónico como compañero el piano de Marilyn Crispell es quizá el que más se amolda a la propuesta del otro. No es, por supuesto, un planteamiento de pianista acompañante de un solista pero, por su condición polifónica, sirve muchas veces marcos ambientales para Rothenberg. Un piano casi espectral que sólo en ocasiones se permite un discurso hilado en los tiempos lentos (Owl moon) y que en la mayoría de ellos sirve de arpa con las cuerdas (Tsering) o de color armónico (Stay, stray). Además Crispell trabaja la pequeña percusión (dejando de lado incluso el piano) para emular el repiqueteo del pájaro carpintero o, con un tamboril, invocar en una especie de danza ritual (Still life with Woodpeckers). Una muestra de la amplitud de registros de esta pianista capaz de hilar los discursos percusivos, fragmentarios y torrenciales de la improvisación más radical y extrema (algo de ello hay en, por ejemplo, Motmot) o de jugar con el silencio, los espacios y la administración de recursos del Jazz atmosférico (Invocation) sin olvidar la exploración de diferentes tipos de digitación y percusión de las cuerdas del piano (The Way Of The Pure Sound).

Con la Evocation final (un espiritual en toda regla) se cierra un trabajo de matices y sutilezas; feliz improvisación libre de espíritu nocturno y energías renovadas en sus incursiones al alba.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Pienso que los estereotipos se forman por nuestra natural tendencia a simplificar, a encasillar, a clasificar, a dividir, a catalogar, a compartimentar, a economizar el input informativo en un primer y somero análisis.
Quizás el origen esté en los mecanismos de supervivencia, el inconsciente nos brinda un análisis rápido y superficial con el que situarnos.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Gracias Anónimo. Y quizá ese primer análisis rápido y superficial del que hablas que nos brinda el inconsciente es el que se está imponiendo en las rápidas y superficiales comunicaciones virtuales del siglo XXI... pero este es otro tema, claro.

Anónimo dijo...

Las comunicaciones virtuales no tienen porqué ser superficiales.
Hay personas que coleccionan y consumen personas como quien consume caramelos y que, independientemente del medio por el que se comuniquen, su opción preferente será la superficial, no obstante, el quid está en el número, ¿cuántas relaciones profundas podemos mantener?. El exceso de comunicaciónes se correlaciona negativamente con el grado de profundidad, y hoy lo que prima es la saturación.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Cuando me refería a "superficiales comunicaciones virtuales" no me refería al medio en sí sino al uso del medio. También es cierto que el medio determina en cierto modo la profundidad de la relación que, en todo caso, depende en última instancia del comunicante.

Estoy de acuerdo en que a mayor número de relaciones menor profundidad y mayor saturación de... nada (o de casi nada). Otra posible pregunta es: ¿qué es más deseable? ¿Dos o tres relaciones en profundidad o muchas que nos ocupen a tiempo completo?

Anónimo dijo...

¿Muchas relaciones que nos ocupen a tiempo completo?¿Como si fuéramos algo que hay que llenar, algo que hay que ocupar con cualquier cosa, como si temiéramos los espacios vacios, y así no mirarnos, no vernos por dentro a nosotros mismos ni al otro; sí, supongo que es una opción, pero no la mía.
Profundidad, hondura, huella,!por favor!

Carlos Pérez Cruz dijo...

¿No crees, Anónimo, que hay mucho de ocupación de espacios vacíos en la vida que llevamos la mayoría?

Anónimo dijo...

Los espacios vacios son necesarios, dan sentido al resto.
No puedo resistirme a un interrogante, pero hoy interrogo yo: Crees en la monogamia?, crees que una sola persona puede satisfacer todas nuestras necesidades (afectivas emocionales, intelectuales,sexuales, vitales en definitiva)?,Es eso un mito? La soledad interior es nuestro destino?

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