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jueves, julio 19, 2012

The Bad Plus & Joshua Redman - 36º Festival Jazz Vitoria - Gasteiz

Ethan Iverson, Joshua Redman, Reid Anderson y David King
(Vitoria - Gasteiz 18/07/2012)
© Jose Horna

Los misterios de la música son inescrutables. Quizá por contradecir las leyes de la mercadotecnia, “el trío más ruidoso jamás visto” se plantó en escena llevando al límite las condiciones acústicas del polideportivo vitoriano: un sobrecogedor pianísimo del trío con Love is the answer (de su primerísimo disco, Motel) para dar la bienvenida al invitado Joshua Redman. El quid de la cuestión estaba en ver cómo se amoldaban los unos al otro (y viceversa). Son once años de trabajo conjunto del trío y la segunda vez que se abre a una aportación externa (en For all I care sumaron la voz de Wendy Lewis). ¿Qué podía añadir Redman a la maquinaria de The Bad Plus? ¿Se desnaturalizaría el trío para amoldarse al discurso del saxofonista?

De lo inescrutable en la música. El trío que, además de por “ruidoso”, se ha caracterizado por su disección rítmica, locura estructural y por la (maldita palabra) deconstrucción temática, logró lo más difícil con el más sencillo de sus temas: la absoluta conexión con la audiencia. Despertó emociones de tal manera que puso en pie a gran parte del público, que aplaudió durante más de un minuto - en glorioso delirio colectivo - una balada de estructura limpia y corte y confección pop-rock como People like you (al igual que el primer tema, firma del bajista Reid Anderson). Es la demostración de que de música no se sabe, se habla. Servidor todavía no da crédito a semejante euforia colectiva, aunque la celebra. De que muchos rozaran la felicidad con la punta de sus emociones, me congratulo. De que lo hicieran con la más sencilla (estructuralmente hablando) de las composiciones, nada que objetar. En la sencillez está (la más de las veces) la virtud de la gran música. Lo confieso: a mí también se me pusieron los pelos como escarpias, pero fue por la insólita afinación de Redman.


Joshua Redman y Reid Anderson
© Jose Horna

Fue Joshua Redman - que hace dos años pisó este escenario con su doble trío - quien se amoldó a The Bad Plus. Y fue The Bad Plus quien perdió (léase entre muchas comillas) con la incorporación de Redman. Once años de trabajo generan un estilo y ese estilo a su vez se compone de unas rutinas que un externo puede intuir, pero no tener interiorizadas. Dado que el grupo se acogió a su repertorio y añadió a Redman, el saxofonista se dedicó a poner timbre de saxo a melodías - que en otro caso hubieran sido de piano - y a sumar solos. No hubo, en ese sentido, aportación extra a la rutina del trío más allá de su (innegable) entrega y del aditivo tímbrico del saxo (y de su admirable capacidad de memorización del repertorio). Su presencia es la de un invitado ocasional (a no ser que en el futuro…) y, por lo tanto, no hubo “deconstrucción” del trío. Iverson, Anderson y King siguieron a lo suyo, y Redman a lo de ellos.


Ethan Iverson, Joshua Redman, Reid Anderson y David King
© Jose Horna

The Bad Plus hace buena la idea de que el conjunto está por encima de las individualidades y de que en la potenciación de las virtudes y el control de los defectos está el equilibrio para que funcione. David King no es el baterista más sutil del mundo, pero es el batería idóneo para el sustrato ruidista del grupo. (Nota: a mayor intensidad sonora de un baterista, mayor admiración del oyente. Tema para estudio.).  Reid Anderson es la pareja de hecho de King en las relaciones rítmicas del trío (Ethan Iverson va por otro lado) y es, además, el compositor de (visto lo visto) los greatest hits de la formación. Juntos, King y Anderson son el rugido de una moto sin filtro, el motor de combustión de The Bad Plus. Ethan Iverson, sin grandes alharacas, es el músico “inteligente”. Su capacidad de disociación es doble. Por un lado, genera un universo musical rítmico, melódico y armónico paralelo. Por el otro, lo que su mano derecha hace, no lo sabe la izquierda. Posee además un enorme talento para la manipulación de la tensión emocional, que crece o disminuye a su antojo, ya sea a base de insistentes arpegios de corte minimalista, o mediante secuencias de acordes (incluso simples escalas) que recorren el teclado de graves a agudos. Si la idea es ir creciendo (no sólo en volumen, también en actividad), Iverson mide ese proceso con más equilibrio que Joshua Redman, cuyos solos llegan muchas veces al clímax con anticipación, con riesgo de quedar suspendido a una altura de la que ya no se puede descender (riesgo de bluf emocional) y difícilmente ascender más. El saxofonista tuvo, sin embargo, un aliado en el pianista. Casi cada uno de sus solos lo fue de trío sin piano, y sólo muy al final Iverson añadía textura y cierta grandilocuencia (característica innegable en el sentido épico de la música de The Bad Plus) para rematar la faena.


Ethan Iverson
© Jose Horna

Los misterios de la música son inescrutables. Y el cliente, ya se sabe, tiene la razón. Así que si la mayor de las ovaciones fue para Redman, por algo será. Quizá porque en Vitoria son mucho de los suyos, y en este festival hay una nómina de músicos que repiten tanto que se hacen simpáticos por insistencia. De ellos sabemos hasta lo que comen (“una ensalada”), el deporte que hacen (“ha ido a correr un poco”) y lo bien que descansan (“ha dormido divinamente”). 18 horas después de informados, la saludable vida de Joshua Redman “gusta” a 13 personas. Los romanos se lo hubieran pasado pipa en estos tiempos. Aunque algunos nos sintamos como cristianos en los suyos.
 
© Carlos Pérez Cruz

Nota: Gracias a Jose Horna por su gentileza en la cesión de las imágenes que ilustran este texto.
Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

2 comentarios:

Gatopardo dijo...

Gracias nuevamente por el excelente artículo, yo opino también que en la música, jazz incluído, no todo es ruido, velocidad ni virtuosismo.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Gracias Gatopardo. De acuerdo en la apreciación.

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