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sábado, noviembre 19, 2011

Lucía Martínez Berliner Projekt - "AzulCielo"


¿Tiene luz la música? ¿Puede describirse una nota por los colores que la conforman? ¿O son la luz y los colores una expresión poética que oculta la carencia de quien esto escribe? Tanta pregunta, cuando uno quizá llegue aquí buscando respuestas, viene a cuento de que si algo se despierta en mis oídos al escuchar este AzulCielo es el sentido de la vista y, con la grisura de la luz que me acompaña en el momento de escribir estas palabras, la necesidad del brillo del sol atlántico o el aleteo de las sábanas tendidas en un pueblo mediterráneo. Sé que son dos mares distintos y distintas las expresiones que de ellos se derivan pero no puedo dejar de escuchar a lo largo de la música vientos italianos, luz lisboeta, ecos bonaerenses, filosofía griega y un poco de morriña gallega. Es probable que la sentida música de Lucía Martínez se explique por aquello de la distancia, que no es lo mismo mirar al cielo en Berlín que hacerlo en su Vigo. Lo malo es que a la intensidad de la luz que llega de arriba no le corresponde el brillo del suelo así que Lucía ha encontrado en Berlín una república independiente donde, si bien no luce el sol, brilla una escena que se intuye palpitante.

Conozco a quien a miles de kilómetros sufre un súbito ataque de nostalgia por aquello por lo que ni siquiera nunca se interesó. No sé si es el caso de Lucía, no sé cuál era su grado de admiración por la cadencia española ni por los diversos folclores ibéricos previa a su emigración, pero se intuye que la mochila de su música carga con un sentido armónico que John Coltrane podría tomar prestado para su Ole Coltrane de El mar y yo, obra y gracia (como en todos los casos) de la propia Lucía, que a golpe de timbal parece anunciar la presencia de una banda de gaitas o de pandereteiras hasta que aquello termina por derivar en uno de esos ejercicios circulares y modales que tan bien adoptan motivos melódicos folclóricos. Y hete aquí que hay más. Uno intuye que El mar es circular y que el yo de Lucía tiene algo de flamenca, porque lo suyo es de echá p´alante y por eso se ponen a batir palmas y el pianista a ejercer de guitarrista en un solo que va creciendo hasta el punto de que a uno le entran ganas de susurrar ¡olé! (incluso en ese trasfondo rítmico que impulsa el solo uno se imagina el coro de alientos rasgados tan característicos de Enrique Morente). Qué buen gusto melódico tiene Lucía. Lo demuestra en su aportación temática al trío MBM (el trío que comparte con Baldo Martínez y Antonio Bravo) y lo desarrolla a sus anchas en este AzulCielo, título a su vez de un tema en el que la melodía se persigue repartida por las diversas voces instrumentales. Clarinete, contrabajo, acordeón y piano entran y salen, se entrelazan, se despegan, se hacen eco para terminar confluyendo de nuevo. Tiene algo de Tango este tema, de piernas entrelazadas en ese ir y venir de la música.

El gusto por la melodía lo lleva Lucía también al terreno del Jazz más fogoso y visceral, el de Fogo do 23, con un tema de guerrilla, casi un himno que se obsesiona (todo himno es una obsesión) hasta estallar en un espacio abierto al gemido instrumental de liberación sobre la pegada constante de Lucía con la batería en un in crescendo hasta el aullido final.

Dediquen, por favor, el tiempo que requiere la música para ser escuchada. No digo oída, digo escuchada. Porque la (buena) música tiene algo de vuelta y vuelta, de cuadro que se desvela con la observación continuada. Denle la oportunidad que merece al matiz, al pequeño detalle, súbanse al tiovivo que da vueltas en la feria de Taglilien, tan ambulante como lo es el mundo circense y tan nómada como un gitano (aunque el nomadismo no sea siempre voluntario). Algo de circo y algo de gitano tiene
Taglilien del que se sale con los sentidos adormecidos por el placer de las vueltas, algo desconcertado quizá, por eso X es una consecuencia lógica, una incógnita, una esquizofrenia, una extraña maquinaria rítmica de melodías obsesivas. Cuando la histeria amenaza aparece la música mínima de Silencio, la luz del campo oeste anuncia tempestad. Un sugestivo planteamiento de minimalismo expuesto desde el vibráfono por Lucía, un paseo contemplativo que en vez de anunciar tempestad tiene carácter crepuscular. ¡Mas no! Llega el amanecer, el Desayuno con mango, que pareciera haber compartido con su admirada Maria Schneider. La presencia del acordeón ayuda al imaginario (tan habitual en la música de la estadounidense) pero en el tema está presente ese sentido lírico y de resonancia sinfónica de la compositora y directora de orquesta de Jazz. Aires de America Latina en el motivo melódico de este saludable desayuno y aires de película en el cierre con O pe do ceo, un vals por melodías con eco de banda sonora (les juro que la melodía me suena a... pero...).

¡Qué buen trabajo Lucía! Desde las Luciérnagas de papel hasta el cierre con O pe do ceo (ambos, por cierto, en un ternario que danza y mece) el paseo por la música de este proyecto berlinés de la viguesa es un placer para los sentidos; por sutileza, por gusto melódico, por la textura de una instrumentación tan poco frecuentada como agradecida en el encuentro de acordeón y clarinete, por tantos motivos que se resumen, en realidad, en uno: ¡la luz! ¡¡He visto la luz del Atlántico en esta gris tarde de noviembre!! Así que sí. La música emite luces y colores además de frecuencias, espacios y tiempos. Y la paleta de Lucía es tan variada como gozosa y brillante. Sin duda el reflejo del sol en el Atlántico ilumina un pequeño rincón de Berlín.

© Carlos Pérez Cruz

Reseña publicada originalmente en www.elclubdejazz.com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Exelente artículo, ¡felicidades! Y "Brillante" artísta Lucía! Conozco su anterior trabajo, "Soños e delirios" y entiendo que, por lo que indicas, este nuevo disco continua en la linea ascendente, con composiciones frescas y de un Jazz con aire español.Esta chica está marcando una pauta en el Jazz que en futuro de la música Jazz creada en España será recordado, y quien sabe hasta donde llegará.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Hola Anónimo,

gracias por tu comentario. Para mi es un paso adelante respecto de su anterior grabación, un paso de madurez. En todo caso una mujer a la que conviene seguir la pista. No sé si marcará pautas pero espero que se la recuerde en el futuro y que ahora se la conozca. Un saludo, Carlos.

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