
Y toda esa reflexión era para presentar a un músico al que dice admirar y del que "tengo todos sus discos". Ese músico no es otro que Arto Tunçboyaciyan, al que ha calificado como "uno de los mejores músicos del mundo". ¡Y ha tenido a "uno de los mejores músicos del mundo" y éste no ha podido ni siquiera decir una palabra! ¡¡Qué desperdicio!! Ha hecho una breve aparición (con su tradicional juego de la botella de cristal y la pandereta), ha jugado con Pablo y adiós. Supongo que con el hecho de que Arto haya asomado en un programa de televisión en horario de máxima audiencia ya deberíamos darnos por satisfechos (tal y como está el patio) pero... NO.
Está bien la metáfora de la vía del tren, pero no estaría de más que los trenes que la circulan fueran un poco más despacio para no arrollar a nadie... y sobre todo para que "uno de los mejores músicos del mundo" pudiera expresarse con un mínimo de tiempo y dignidad y no quede en la memoria efímera del espectador como ¡El fabuloso hombre que hacía sonar una botella! como si de la mujer barbuda se tratara. Carne de zapping que como vino, se fue. Hoy Arto ha sido un gag más de esa televisión que todo lo engulle.
Si alguien quiere Arto con más calma esta semana en el "Club de Jazz" le tenemos a fuego lento aquí en audio y aquí en texto. A gusto del consumidor. Incluso en audio sin traducción.
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