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lunes, febrero 13, 2012

Radio (pública) y Jazz (actual) en España

Acabo de soplar una tarta con once velas y me he cantado cumpleaños feliz. No es mi efeméride biológica pero sí la de mi más querida extensión laboral, el Club de Jazz. No es un local de conciertos (aunque me siguen llegando propuestas de actuación), es el nombre nada original de mi programa radiofónico. Cumple once años de actividad ininterrumpida, de desvelos de quien esto escribe y de ayuda desinteresada y disciplinada de un puñado de buenos amigos repartidos por el mundo.

A pesar de lo que pueda pensar Mario Monti, les aseguro que hacer lo mismo durante tanto tiempo seguido no aburre lo más mínimo. Gracias a la constancia de un puesto de trabajo fijo (eso sí, sin salario ni seguridad social, incluso pagando por hacerlo), he conseguido ampliar el espectro de músicas posibles hasta un infinito que todavía me inspira. He descubierto personalidades extraordinarias (también mediocridades, de todo hay) con las que he aprendido no sólo a disfrutar esta música, sino a comprender (al menos conocer) muy diversas formas de entender la vida. Y es que cada semana, el Club es para mí una auténtica lección de vida y arte, una universidad intelectual y sensorial que comparto con la audiencia con pasión y desde el razonamiento.

7 comentarios:

lachicaquemira dijo...

Oh, felicidades! :D

jesus dijo...

mi opinion sobre los programas de "cifu" (que supongo que deben de seguir siendo atemporales para no variar) ya sabes que no es muy positiva. vamos que debo ser uno de los poquisimos en este pais que no lo tienen en un altar (y encima va y lo dice). yo es que deje de escuchar programas en la radio oficial/publica cuando se retiro paco montes. sobre el tuyo y alguno de sus colaboradores, si te parece hablamos una de esas veces que echamos unas cervezas o vinos para acompañar alguan que otra tapa :-)
pese a ello. felicidades. córtate las dos orejas y... bueno dos orejas y vuelta al ruedo, creo que lo agradeceras mas.

Carlos Pérez Cruz dijo...

¡Gracias Gema!

Jesús, aunque el trago se pase mejor con tapa y vino (y derivados) uno acepta los coscorrones en público. Salud.

jesus dijo...

venga pues, empieza que cierro los ojos

Carlos Pérez Cruz dijo...

Cerrados...

ROBERTO ECHETO dijo...

Carlos, en estas reflexiones usaste el término con el que suelo referirme al Club de Jazz, cuando les hablo a mi esposa y a mis amigos de mis constantes audiciones de tu programa. Ese término es "universidad".

Sí. El Club de Jazz es eso: una universidad.

En ese espacio se reflexiona, se muestra lo diversa que es la música, se habla con respeto del pasado, del presente, del futuro; se muestran distintas tendencias, se invita a buscar más información, a ser más curiosos, a cuestionar y a enriquecer nuestras propios gustos, a abrirnos a la complejidad de la música, que es una manera de expandirnos hacia otros seres humanos que piensan distinto a nosotros porque pertenecen a culturas lejanas y distintas a las nuestras.

Ahora bien: todo eso que reunimos en el término "universidad", no cuadra muy bien con la programación de muchas emisoras de radio, tanto públicas como privadas, no sé si del mundo entero, pero sí de mi país y supongo que del tuyo, Carlos.

Yo creo que la razón de ese desaguisado se encuentra en que a las multitudes les cuesta digerir la diversidad y en que, por más que nos creamos globalizados y abiertos a lo que ocurre en cualquier parte de este planeta, somos reacios a salirnos de nuestros costumbrismos y de la comodidad que nos proporciona aquello que conocemos y que suponemos natural e inamovible.

A tal situación no escapan los directivos de esas emisoras, muchos de ellos ejecutivos despiadados, que se asumen a sí mismos como árbitros y tótems de los gustos ajenos, cuando en verdad no son más que repetidores de lo mismo, exaltadores de la pequeña parcela mental que muchas personas asumen como "el universo".

Carlos, programas como El Club de Jazz son universidades que, por si fuera poco, viven a 20 o 30 años (en el futuro) de este mundo arrogante y campuruso que tenemos hoy.

Sé que estas palabras no te ofrecen ninguna solución ni ningún consuelo (sobre todo en el ámbito económico), pero creo que, más allá o más acá de la música, alguien tiene que mostrarle la diversidad real (la que va más allá de las palabras vacías y del espejismo de globalidad que estimula esta maravillosa red) a sus contemporáneos.

Un gran abrazo.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Querido Roberto,

no sabes lo que me emocionan tus palabras. Muchas gracias por tan hermosa descripción de mi trabajo. Espero seguir dándote motivos para que así lo percibas.

A la multitud le cuesta "digerir" la diversidad, cierto, pero la ausencia de ella crea vidas más grises y monótonas. Son muchos los factores que entran en juego (culturales, ambientales...) pero, además de la propia responsabilidad y decisión vital, hay que exigir que los medios públicos iluminen las múltiples zonas oscuras que están ahí, esperando a ser descubiertas.

Un fuerte abrazo, Carlos.

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