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lunes, enero 02, 2012

Afrodisian Orchestra - "Satierismos"


España es un país duro de pelar: lo más parecido al paisaje estepario de los campos de Castilla en pleno invierno. Sopla un frío siberiano que se cuela por los huesos de nuestra raquítica arquitectura cultural. Conste de antemano que a pocos importa. Por eso uno admira a quienes, contra el sino de los tiempos (y los vientos), se mantienen como quien oye llover, a lo suyo. Sólo así se pueden levantar estructuras creativas imposibles, formaciones que claman contra la lógica de los tiempos. ¿Adónde vas con catorce músicos, alma de Dios? ¡Si la música que practicas no aparece ni como el moco de los estornudos mediáticos! ¡Si te recortan hasta los recortes en los que siempre has vivido! Supongo que hay que ser muy consciente de todo eso para caer en la inconsciencia y animarse a llevar adelante una formación que es lo más parecido a una big band profesional en activo que tenemos por estos lares. En España todavía se asume (toco madera) que las orquestas sinfónicas son cosa del erario público. Lo de las big bands... eso ya es mucho pedir. Y así nos va. Que algunos vamos con el babero puesto cuando miramos hacia Alemania.

Que exista la Afrodisian Orchestra ya es para empezar a dar volteretas en el aire y no parar (y así sacar el frío). Que acaben de publicar un segundo trabajo discográfico es para hacer puenting. Que salieran de Madrid con regularidad sería cosa normal, pero no en España. En España, y menos hoy, ¿quién pagaría una formación así? Si algún día los veo por mi tierra sospecharé que se han vendido por un bocadillo de txistorra. Así que mi sospecha (o certeza, no sé muy bien) es que algo así tiene mucho de amor al arte que practican.

Una vez aplaudido el esfuerzo, al grano musical. Este segundo disco de la Afrodisian Orchestra descubre el contenido en su título: Satierismos. La música de Erik Satie llevada al terreno de una formación con estructura jazzística y ornamentos flamencos, rockeros y latinos, entre otros. La orquesta de Miguel Blanco escoge algunas de sus piezas más conocidas: las que forman parte de su etapa inicial como compositor, la de finales de la década de los ochenta y los noventa del siglo XIX. Es la etapa de Satie como precursor de un impresionismo contra el que más adelante, en cierto modo, se revolvería, inmerso como estaba en la vorágine de vanguardias que se desató en el París de las primeras décadas del siglo XX. Sólo el Nocturne nº3 - de su serie de Nocturnos compuesta en 1919 - rompe la línea temporal determinada por tres Gnossienne (1, 3 y 4), tres Gymnopédie (1, 2 y 3), Le fils des étoiles y Airs à faire fuir (de la serie Pièces froides). En ese sentido, es una apuesta por el Satie del inconsciente colectivo.

Dentro de las posibles adaptaciones del repertorio Clásico al Jazz (con todas las precauciones propias del uso a la ligera del término Clásico), el impresionismo (y me perdone Satie) tiene algunos elementos que lo hacen más propicio a la adaptación que, pongamos por caso, las sinfonías wagnerianas. Es más, existe un paralelismo entre la armonía impresionista y la armonía moderna; por ejemplo, en cómo ambas hacen uso de las tensiones o disonancias. (La referencia del impresionismo, el color armónico, resulta muy evidente en algunos pianistas de Jazz). Si a eso le añadimos el carácter minimalista, la brevedad de las composiciones, la flexibilidad rítmica o su acentuado sentido de la melodía, hay terreno favorable para el encuentro. A partir de esas bases tan maleables, depende ya del enfoque e intereses de cada uno. Y es ahí donde quizá se produce una mayor fricción entre el original y la versión propuesta por la Afrodisian Orchestra. El planteamiento de Miguel Blanco (como director musical y principal arreglista) es tan amplio con el espectro estilístico que la propuesta termina por diluirse, se dispersan los sentidos. Con independencia de que sean varios los palos a los que se puede someter la música de ese Satie, también es cierto que toda melodía es susceptible de ser swingueada, pero que no por el hecho de hacerlo uno resulta original.

Miguel Blanco ha sometido la música de Satie a diversas fórmulas rítmicas y culturales, aflamencadas (tanguillos, tientos) o más latinas (baiao, samba, descarga). Y tiene su gracia ver cómo baila la samba la tan famosa Gymnopédie 1 pero es, precisamente en el encaje entre original y versión, donde uno no termina de discernir qué importancia tiene que sea en origen música de Satie o de cualquier otro autor. Resulta meramente anecdótico y convierte a Satie en un convidado de piedra, en una excusa como otra cualquiera para explorar los terrenos que ha frecuentado Blanco durante toda su carrera musical. Si uno afronta la escucha sin el referente de Satie puede disfrutar más o menos (dependiendo de las propias afinidades estilísticas) con el espacio para el esparcimiento que permiten los arreglos del bajista; pero si entra en Satierismos con la curiosidad de un Satie tratado con orquesta jazzística, son más las dudas sobre la pertinencia o no del proyecto bajo ese reclamo. Porque no hay más Satie que el que sirve de excusa. No es Satierismos un disco que trabaje y se despliegue con Satie como marco estilístico de referencia. En todo caso, Satie es quien se adapta, quien ofrece la melodía. Para que se me entienda: no por hacer un arreglo para una big band a lo Count Basie de una melodía folclórica vasca o gallega se está haciendo Jazz 'vasco' o 'gallego'.

Dicho lo cual, este trabajo de la Afrodisian Orchestra tiene sus puntos fuertes y aciertos asombrosos, como el de la bellísima versión de Gnossienne 3 (Tientos) que, curiosamente, es la que más resonancias ofrece del Satie original por su delicada armonización y arreglos. Roza con los dedos la caricia e intimidad. Además le aportan letra y cante, ambos obra del saxofonista y cantaor Antonio Lizana. El solo con flauta ney de Jaime Muela aporta el toque orientalista que sugiere la armonía del original. El pulso sereno marcado por las palmas, la resonancia del clarinete bajo en el dibujo de la melodía de acompañamiento... todo confluye para hacer de este corte del disco una auténtica maravilla, y da una pista de por dónde podría haber caminado un proyecto verdaderamente satierista.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente en www.elclubdejazz.com

2 comentarios:

Manu Grooveman dijo...

Tuve oportunidad de ver a la Afrodisian Orchesta en el Berlin recientemente. Desde mi desconocimiento reconocido de la música de Satie, como mero oyente, debo admitir que no me gustó mucho el planteamiento musical de la orquesta, la mezcla de estilos a veces me resultó desconcertante, aunque no dudo en valorar la calidad musical de todos los integrantes...

Eso sí, chapó por mover una orquesta de jazz con la que está cayendo. Afortunadamente no son los únicos. Últimamente no hago más que formaciones parecidas en número de músicos (Big band de Bob Sands, No Reply, Freedonia...) que no sé si será un espejismo y al final la música se impone a todo o es que realmente son rentables (lo dudo). En todo caso, una buena noticia...

Saludos

Carlos Pérez Cruz dijo...

Hola Manu,

me temo que tiene más que ver con la voluntad que con la rentabilidad. Es imposible que formaciones así en locales tan de andar por casa resulten rentables (desde luego no para el músico que las conforma).

Un saludo, Carlos.

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