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jueves, diciembre 31, 2009

ONJ - "Around Robert Wyatt" - "Just as you are" (Yoel Naïm & Arno)



En algo parecido a una ceremonia glamurosa de entrega de premios, la Orquesta Nacional de Jazz de Francia (ONJ) recibió el 1 de septiembre de 2009 el premio al mejor disco de "Jazz instrumental" (curioso, un disco tan vocal como este) en los premios "Les Victoires" (apartado de Jazz; los hay también de Clásica y "de la Música" en genérico) por Around Robert Wyatt. La ceremonia, retransmitida en diferido por France 3 días después, incluyó una actuación de la formación que dirige Daniel Yvinec con la versión de Just as you are con la colaboración de la cantante francesa (de origen israelí) Yael Naïm y del belga Arno. La realización televisiva olvida que la chicha del proyecto está en la orquesta pero ya querría uno semejante tratamiento de dignidad catódica a un género que, en España, todavía suspira por la civilización francesa.

Fin de año (por El Roto)


Viñetas de Andrés Rábago, El Roto, publicadas en el diario "El País" los días 31 de diciembre de 2001 a 2009.

ONJ (Orchestre National de Jazz) - "Around Robert Wyatt"


La valoración artística de un trabajo depende de muchos factores (determinados fundamentalmente por la experiencia previa del crítico) aunque, a pesar de que se tienda a considerar el juicio como algo subjetivo, hay elementos más objetivables que otros. Así la valoración de un trabajo como este de la Orquesta Nacional de Jazz de Francia dedicado a la música de Robert Wyatt depende de factores más allá de los puramente creativos del proyecto; depende, por ejemplo, de si el oyente es conocedor de la trayectoria de Robert Wyatt o no. No es algo baladí. Conocer las versiones originales de un tema y tener aprecio por ellas, haberlas disfrutado como algo propio, pone el listón muy alto para la versión. Así un servidor desconocía conscientemente la original del chileno Víctor Jara de su Te recuerdo Amanda y cree conocerla a partir de la que Robert Wyatt ofrece junto a la ONJ (Orchestre National de Jazz). Resultado: quedo fascinado con la narración (texto), con la interpretación de Wyatt (al límite y con el mayor dramatismo que da su lectura en un idioma ajeno) y con los hermosos, a la vez que nada concesivos, arreglos de Vincent Artaud. Sin embargo se la presento a dos conocedores del original de Jara y quedan desconcertados. “Repite muchas veces la letra”, me dice uno; “Se me hace rara la pronunciación”, dice la otra; en ambos casos, sin conocerse, coinciden: “Es que estoy acostumbrado a la original”. Ahí está el listón principal al que se enfrenta un trabajo de estas características. Y más cuando la versión aporta elementos nuevos a la partitura original, lejos de la repetición (como si de un eco del tiempo se tratara) a la que nos tiene acostumbrados el pop.

Desconocía hasta ahora la biografía de Robert Wyatt (apenas le recordaba de una colaboración en el disco Musik – Re-arranging the 20th century de Gilad Atzmon). Desconocía la existencia del grupo Soft Machine (más allá de su enunciado) del que fue fundador en 1966 (y del que se acaba de publicar un directo inédito hasta la fecha de 1971, etapa del grupo que incluía al saxofonista británico Elton Dean, fallecido en 2006 y a quien tuve oportunidad de escuchar junto al baterista Ramón López en 2002) y desconocía su caída al vacío desde un cuarto piso, producto de una alucinación resultado de los excesos, que le dejó en 1973 dependiente de una silla de ruedas. Desconocía igualmente una carrera profesional reflejo de sus inquietudes sociopolíticas así como su carácter de experimentador sonoro con afinidades jazzísticas. Ha sido para mí un descubrimiento su voz, de una languidez a medio camino entre la desesperanza y el estado de elevación mística, y por lo tanto debo agradecer a la ONJ la oportunidad que me ha ofrecido de empezar a indagar en su mundo sonoro, tal y como pretende el proyecto Around Robert Wyatt; oportunidad que he aprovechado buscando los originales de los que se hace versión en este disco y que proceden de un clásico de su discografía (así lo destaca la memoria de otros) como Rock Bottom (1974), de su primer larga duración en los ochenta, Old Rottenhat (1985), o de su más reciente Comicopera (2007). Hay versiones de otros autores como el Shipbuilding que Elvis Costello co-firmara con Clive Langer (y que grabó con un solo del trompetista Chet Baker) relativo a la Guerra de las Malvinas (1982) y que forma parte de los singles que Wyatt grabó fuera de sus largas duraciones. En ese capítulo se incluye la versión de la propia Te recuerdo Amanda que con los arreglos de Artaud adquiere una personalidad completamente diferente de la “original” de Wyatt. Si éste cantaba sobre un fondo de órgano un tanto psicodélico y hoy demodé dejando las emociones en suspenso, Artaud consigue que una interpretación melódica y vocalmente semejante de Wyatt gane intensidad emocional a partir de una utilización minimalista (en lo tímbrico como en lo estético) de los recursos de esta peculiar orquesta jazzística y de un sutil subrayado instrumental de lo que la letra de Víctor Jara nos contaba: de ese mundo eterno en cinco minutos del encuentro entre Amanda y Manuel que suena onírico y que se rompe cuando suenan las sirenas de vuelta al trabajo (Philip Glass estaría orgulloso de esos segundos musicales, de esas campanas electrónicas) y el drama se anuncia (muchos no volvieron, tampoco Manuel), hasta casi detener la música, que se reinicia como si la tragedia fuera reversible o terminara elevando al cielo eterno a Manuel con las voces (¿?) que ascienden y las campanillas que tintinean (¿una lira?) mientras Wyatt mantiene su voz a punto de quiebra. Concédanle varias oportunidades si a la primera no les parece una versión tan emocionante como me lo ha parecido a mí. Eso sí, si comparten la emoción escríbanme, empiezo a pensar que es cosa mía.






Escucha aquí Te recuerdo Amanda en versión de Robert Wyatt y la ONJ y en la original de Víctor Jara (fragmento de la emisión del programa Club de Jazz del 30 de diciembre de 2009).

La Orquesta Nacional de Jazz de Francia es una institución que siempre me ha despertado, vista desde el Sur de los Pirineos, una envidia sin duda malsana. Creada en 1986 es un modelo de agrupación jazzística con soporte público, en efecto, envidiable. Un proyecto por el que han ido discurriendo diferentes creadores, directores, instrumentistas en ciclos creativos y estilísticos de unos tres años de duración. En la actualidad es el bajista (e intérprete de otros instrumentos) Daniel Yvinec quien rige la línea de trabajo de esta formación que pese a ser nominalmente “orquesta” forman para él diez músicos. Sin duda que haber colaborado en su carrera con nombres de tan diversa procedencia estética y geográfica como los saxofonistas Maceo Parker o Mark Turner, los cantantes Salif Keita, Sainkho, Yungchen Lamo o Suzanne Vega o el guitarrista David Fiuczynski muestra una amplitud de miras sobre la música que enriquece la manera de afrontar, desde una perspectiva inicialmente jazzística, proyectos diferenciales como éste. Porque si hay un lenguaje ortodoxo de orquesta de Jazz (de big band) no es el que maneja Yvinec en esta etapa, ni por número ni por estética. Y habrá que felicitarle por ello en su dimensión de director artístico aunque los parabienes más efusivos se los quiera dedicar al arreglista, bajista como Yvinec, de formación clásica pero también con experiencias en campos diversos (desde con el músico electrónico Arnaud Rebotini a la cantante africana Angélique Kidjo pasando por el saxofonista Julien Lourau) Vincent Artaud. Crear un mundo sonoro coherente contando con vocalistas invitados tan dispares como la gran vocalista maliense Rokia Traoré (una de mis debilidades recientes), los franceses Camille, Daniel Darc o Yael Naïm (esta última de origen israelí), el belga Arno, la actriz franco-suiza Irène Jacob y, sobre todo, con el propio Robert Wyatt no debe de resultar tarea fácil. Y el resultado final es espléndido, de una creatividad en los arreglos sorprendente, de una riqueza de recursos estilísticos que arropa con exigencia las expresiones más pop de la música, las de la interpretación vocal de las canciones, para abrirse luego a campos más experimentales donde tienen cabida solos jazzísticos al uso pero también desarrollos musicales que tienen del Rock tanto como del Jazz o la música electrónica y de otras manifestaciones musicales contemporáneas populares (y no tanto). De elementos tan dispares surge un trabajo que proporciona brillo a piezas de la trayectoria de Wyatt sin perder nunca el tono ciertamente oscuro de sus originales; sin perder el espíritu pero más rico en matices. Y en ello, insisto, el mérito de Artaud es indudable y plausible.

Imagino que la colaboración de Wyatt garantiza de algún modo la conformidad de este con el resultado final del proyecto cuyo regusto rezuma el mismo inconformismo creativo y abierto que el de la carrera del músico británico. Del mismo que tiene declarado (La Vanguardia 17/08/1998): El rock nunca me ha interesado demasiado; me gustan más el jazz, la música improvisada, el folklore del mundo… El rock es una celebración juvenil. Yo prefiero ser un hombre; no tengo nostalgia de ser joven.

© Carlos Pérez Cruz


Publicado originalmente aquí.

miércoles, diciembre 30, 2009

Ruidos

Desconozco si existe una Historia del Ruido que documente la evolución del comportamiento humano y su incidencia sonora en el entorno a lo largo de los siglos pero me temo que la historia de la humanidad es una historia de ruido. Ruidos los hay de muchos tipos y su afección positiva o negativa depende de muchos más factores que el ruido mismo. No pretendo aquí un profundo análisis sobre la naturaleza del ruido y sus componentes; el motivo de este texto es una simple e inútil queja destinada a perderse en la inmensidad de la red cibernética.

Me quejo a menudo del incívico comportamiento del personal en salas de cine, auditorios de concierto u otros locales destinados a la difusión, promoción y celebración de actividades artísticas pero me temo que un vistazo a la historia nos revelaría el actual como el momento de mayor silencio en estos espacios. Es un temor, no una certeza, así que sin poner las manos en el fuego me lamento del presente sin ser consciente de que, intuyo, otros tiempos fueron de mayor incidencia de los espectadores sobre el desarrollo de los diferentes eventos. Sin olvidar que muchos defenderían su derecho a la interacción con el momento artístico ya que, ¿quién dice que el Arte audiovisual - especialmente este - es para ser aprehendido en silencio?

Tengo múltiples motivos en defensa de una "ley del silencio". Hay quien defiende que las leyes han de ser el remedio último (cuando no hay más opción) para regir los comportamientos humanos pero me temo que, en ocasiones, se vuelve inevitable la regulación normativa de los actos en pos de una convivencia más saludable. Y sé que las leyes pueden contravenir el deseo mayoritario pero no está comprobado que las orientaciones ideológicas masivas sean más beneficiosas que las minoritarias. Incluso las hay minoritarias que, razonadas, forman parte del imaginario de un "masivo", aunque luego sean olvidadas en la puesta en práctica. Así, aunque el deseo mayoritario sea volcar contenedores y prenderles fuego en invierno, la ley lo describe como un acto prohibido y punible. No pido mucho, por lo tanto, si demando una "ley del silencio" que, sin pretender la anulación total de la interacción ruidosa de mis semejantes, limite sí su incidencia en mi sistema nervioso.

Desconozco por qué, si la evolución tecnológica creó los auriculares, las jóvenes generaciones de usuarios de teléfonos móviles se empeñan en compartir sus gustos musicales a través de los metálicos y chillones altavoces de estos. Gustos mediocres que ellos tienen derecho a padecer, como yo a desconocer. Desconozco qué lleva a los usuarios de transportes públicos (especialmente los de media y larga distancia, aunque no se libran los de corta) a compartir en voz alta conversaciones de las que, además, en algunos casos (los que tienen el volumen del receptor bajo), sólo tenemos la versión fragmentaria del vecino de espacio. Desconozco el criterio de selección de las melodías para llamadas entrantes de teléfono móvil que avergüenzan a una gran mayoría de selectores que cogen la llamada con el pudor de habernos hecho conscientes de su flagrante mal gusto; algo que pasaría completamente desapercibido si usaran otro doble invento de la evolución tecnológica: el estado de "silencio" complementado con la activación del modo "vibración". Desconozco qué razones tienen los establecimientos comerciales de cualquier tipo para acompañar nuestra actividad consumidora con selecciones sonoras de idéntico criterio y volumen que invitan (creo que sólo a mí) al abandono del recinto (mi última experiencia en un restaurante sin "sonido ambiente" invitó a una sosegada y discreta conversación). Desconozco qué concepto de la vía pública tienen los comerciantes que en días de absurdo trasiego ciudadano, como son los navideños, buscan nuestra atención con altavoces, direccionados al exterior de sus locales comerciales, que vomitan los más casposos villancicos (los "de toda la vida") en infames versiones de niños que deberían ser estrangulados (hasta la pérdida de las facultades vocales, no hace falta llegar a mayores; sin embargo - ¡qué ironía! - la ley me lo impide). Más irritante todavía cuando estos horribles eructos de supuesto candor son promovidos en espacios públicos por instituciones públicas (léase ayuntamientos), supuestos depositarios de la ejemplaridad cívica. Desconozco el origen de la vacuidad mental que impulsa a tantos descerebrados a hacer estallar petardos y pirotecnias varias en calles y plazas con excusas festivas que, quizá nunca se plantearon, sólo sean suyas. Alteran a los perros del vecindario, alertan por confusión con otro tipo de explosiones y, además, ponen en riesgo a transeúntes que hacen un uso correcto de la vía pública: transitar por ella.

Mi lista de "desconozcos" es amplia, inagotable incluso. Soy consciente de que una ciudad es lo que mayoritariamente sus ciudadanos quieren que sea. Así hoy los ciudadanos de la mayoría de ciudades (ibéricas) que conozco han elegido, en lo referido al ruido, el continuo bombardeo de nuestro sentido del oído y la falta de un concepto de intimidad propio y ajeno. Pero, insisto, hay otros factores más allá del comportamiento masivo para legislar actitudes y convivencias y no estaría de más contar con las opiniones expertas (las de un sonómetro, por ejemplo) antes de que el ruido innecesario, invasivo y agresivo, sea la norma.

domingo, diciembre 27, 2009

La semana de Larry II

Qué iluso fui cuando hace un par de semanas titulé como “La semana de Larry” mi artículo/reflexión sobre la anécdota que tuvo lugar durante la quinta edición del Festival de Jazz de Sigüenza. No fui capaz de prever que lo que había sido una nota exótica, dentro de un festival que incluso muchos aficionados al Jazz desconocíamos hasta el pasado día 9 de diciembre (día de la publicación en “El País” de lo sucedido), iba a superar la barrera de las 24 horas de vigencia mediática que hoy se suele permitir a los sucesos llamativos, a no ser que estos se sigan produciendo en días sucesivos (el “caso Haidar”- la situación de la saharaui Aminatou Haidar y su lectura histórica y política - es un ejemplo de permanencia informativa y de olvido inmediato una vez resuelto lo acuciante). La lógica mediática habría dejado constancia de la anécdota, reído la gracia y a otra cosa. Los posibles debates que suscitaba el ya conocido como “Caso Sigüenza” (y a los que traté de dar mi propia perspectiva en “La semana de Larry”) hubieran quedado circunscritos a los minoritarios blogs, páginas y rincones varios de los aficionados a la música (Jazz en particular) y en los de aficionados a las anécdotas (lamentablemente cada vez más predominantes en la creación y desarrollo superficial de contenidos de los medios de comunicación). Y, sin embargo, el “Caso Sigüenza” se ha prolongado. La “semana” se ha convertido en “mes” y ha adquirido una doble perspectiva: internacional y nacional. Una y otra comparten en su narración la aparición del poderoso neocón del Jazz Wynton Marsalis que, habiendo leído la historia en el diario británico The Guardian, ofreció una recompensa por la salida del anonimato del espectador denunciante. Estimulado sin duda por lo que debía de considerar un alma gemela en su cruzada por la pureza (¿?) del Jazz, el trompetista ofrecía su discografía completa firmada y regalada a su media naranja española.

Nadie puede discutir al técnicamente genial Marsalis la libertad para opinar sobre qué es el Jazz y para que guíe su carrera profesional como él mismo considere oportuno. Lo que ya es más discutible es que desde la atalaya de su poder (no está de más recordar que la importante revista “Time” le dedicó su portada del 22 de octubre de 1990 y le llegó a considerar una de las 25 personalidades más influyentes en Estados Unidos en su número del 17 de junio de 1996) determine, cierre y abra puertas, con un discurso siempre revestido de buenas y educadas palabras, a los artistas que, según él, son o no son Jazz.

No es un músico más en el panorama jazzístico. Tiene voz en los medios, define programaciones (directamente la del Lincoln Center neoyorquino; indirectamente…), dirige programas educativos o influye notablemente en el relato de la historia del Jazz en uno de los documentales más afamados de los últimos tiempos: Jazz de Ken Burns. Por todo ello se ha convertido en algo más que un músico, en una figura política del Jazz que hace y deshace. Sería exagerado pensar que la evolución de la música depende de su voluntad pero sí que tiene poder y medios para, al menos, dejar una huella profunda en el desarrollo y percepción de esta música en estas dos o tres últimas décadas y en alguna de las venideras. Y ahí es donde su anecdótica intervención en el “Caso Sigüenza” resulta desvergonzada e insultante. “The Guardian”, que informó de la búsqueda de Marsalis y de su recompensa, refleja en su edición del 21 de diciembre de 2009 unas palabras de uno de sus asistentes, Jono Gasparro: Wynton nunca pretendió que esto se hiciera público. ¿Resulta creíble pensar que el más poderoso de los políticos del Jazz, puesto en contacto con un periodista a través de Gasparro y con una historia tan golosa entre manos para el periodista, buscaba privacidad en su gesto? Yo no lo creo, aunque quizá no calcularon la dimensión de la reacción visceral de defensores y detractores (concentrada sobre todo en Internet), de quienes ven en Marsalis el paradigma de las esencias del Jazz y de quienes ven en él el diablo que impide el natural desarrollo de esta música. Entre las reacciones contrarias al trompetista la de una voz mucho más autorizada que la mía para responder su gesto: la del baterista del proyecto Drumming Core de Larry Ochs cuya música fue la detonante de la denuncia, Scott Amendola. El baterista, según “The Guardian”, acusa a Marsalis de buscar “publicidad barata” y sugiere al periodista Giles Tremlett (firmante de las informaciones en “The Guardian”) que escriba algo sobre todos aquellos que no están de acuerdo con el punto de vista sobre el Jazz de Marsalis y sobre cómo el trompetista perjudica a otros miles de músicos de Jazz en el mundo.


El gesto de Marsalis, más allá del sarcasmo, interfiere en ámbitos que no son de su competencia. Su gesto no responde a una pregunta directa sobre el tema de alguien interesado en su opinión (que vaya si es conocida sin preguntársela), nace de una iniciativa personal que como tal infiere desconsideración para quienes, sean o no jazzistas según su parecer, son, cuando menos, compañeros de la profesión musical, músicos con muchas menos posibilidades de acceder a un escenario que las del trompetista (en el número de junio de 1996 la revista “Time” recogía unas palabras suyas en las que presumía de haber tocado 150 conciertos al año durante 15 años y de haber ayudado a recuperar la audiencia del Jazz). Es una desconsideración hacia un pequeño festival, el de Sigüenza, que, sean cuales sean las razones, apuesta por nombres que se alejan de la ortodoxia que Wynton defiende pero que, desde su insignificancia global, en nada afecta a su cruzada por la pureza. A no ser que Wynton procure una operación de limpieza “etno-jazzística” global que deje el paisaje desierto de “insurgentes”. Sin embargo habrá que agradecer al “empresario” Marsalis (así lo presentaba “Time” en ese número de junio de 1996) que haya reabierto un debate que a todo pequeño dictador le gustaría adormecido: ¿Qué es el Jazz?, debaten furiosamente “opinadores” virtuales en el anonimato de la red. Las respuestas, más o menos razonadas, más o menos razonables, carecen de verdad absoluta (al fin y al cabo hablamos de Arte). Sobre ellas sobrevuela el gesto soberbio de Marsalis quien tiene declarado (de nuevo en declaraciones recogidas en el “Time” de junio de 1996): Queremos llevar el Jazz a la gente en toda su grandeza y gloria. Y no creemos que la música esté por encima de la gente. Quien se ha puesto por encima de todos con su “wanted and reward” no es otro que él. Por cierto que el denunciante apareció y reclamó (tal y como recogió “El País” en su edición del 22 de diciembre de 2009) la recompensa de Marsalis (toda su discografía firmada).

La aparición de este señor de nombre Rafael Gilbert, de cuarenta y dos años, ha subido un grado más el termómetro del absurdo público que generó su denuncia. Gilbert tiene derecho a escuchar lo que le plazca y a opinar lo que le parezca sobre la música que escuche en una u otra circunstancia. Su problema es haber reclamado “el dinero de la entrada” por considerarse estafado con lo que Larry Ochs y Drumming Core ofrecían sobre el escenario de un Festival de Jazz. Cuando el debate estrictamente musical discutía sobre si esa música era “Contemporánea” o “Jazz” - a partir de lo relatado en su denuncia en la que indicaba que tenía “contraindicado psicológicamente” el primero de los géneros (¿?) - de pronto el señor Gilbert nos sorprende con las siguientes palabras: El Free Jazz es una música que si no te avisan puede irritarte mucho, te pone mal cuerpo. Como no podía más me levanté y fui a reclamar el dinero de la entrada. Consten estas palabras en caso de juicio. El denunciante ha declarado que aquello era “Free Jazz”. O sea, una manifestación puramente jazzística. En caso de juicio que el Ayuntamiento de Sigüenza quede tranquilo. El acusador ha caído en flagrante contradicción. Remata: Yo lo que reclamo es que en los carteles aclaren si es jazz o no, y ya está.

Otra circunstancia que nunca hubiera imaginado cuando reflexionaba en “La semana de Larry” es la reacción que se iba a producir no sobre la situación que relataba el artículo de Chema García Martínez en “El País” del día 9 de diciembre sino sobre la credibilidad del propio periodista. Conforme pasaron las horas y los días fueron surgiendo voces contrarias a García que llegaban a insinuar que todo era una exageración del periodista, una crónica llena de inventiva. Así el Jazz entró en la descarnada lucha de grupos mediáticos cuando el crítico Javier de Cambra publicaba en el diario “La Razón” (14 de diciembre de 2009) un artículo titulado “La verdad sobre el caso Sigüenza” en la que desmentía la historia narrada por Chema García e incluso hacía crítica de su estilo como cronista. Cambra decía desmentir a García con el siguiente relato: (…) Vayamos a los hechos. La ermita cuenta con una pequeña estancia donde está el control de entradas. Luego, otra gran puerta, la ermita. Pues a ese vestíbulo se dirigió un asistente, reclamando el importe de su entrada, afirmando que lo que se oía no era jazz sino música contemporánea, lo que tenía desaconsejado psicológicamente. Al no ser satisfecho de inmediato, llamó a la Guardia Civil, compareciendo dos agentes del cuerpo. En un momento y urgidos por el reclamante entraron a la ermita, donde al cabo de un minuto salieron con el alcalde, que se levantó al verlos. Preguntado al respecto por el reclamante, uno de los agentes expresó: «Esto no es jazz». El concierto no fue interrumpido, los músicos se enteraron del leve asunto al término de su actuación y apenas en las últimas filas pudo verse algo de este movimiento (…). ¿No es lo que Chema García nos había contado? ¿Había mentido? ¿Tergiversado los hechos? Seguía el crítico de “La Razón”: (…) Un diario madrileño publicaba una crónica con escaso relato puntual de los hechos y vocabulario de grueso calibre y en nada ajustado a realidad (…). Y más adelante añadía: (…) Chascarrillos que aquí han dado a todo tipo de malentendidos que vienen de mal explicados y que el diario británico «The Guardian» reproducía al día siguiente. ¿Y qué reproducía “The Guardian” al día siguiente? (…) La policía decidió investigar después de que un furioso aficionado al Jazz se quejara de que el grupo Drumming Core del saxofonista Larry Ochs estaba en el lado equivocado de la línea que divide Jazz de Música Contemporánea. El purista del Jazz afirmó que su médico le había advertido de que no era “recomendable psicológicamente” que escuchara cualquier cosa que pudiera ser confundida con mera música contemporánea. De acuerdo con el reportaje de El País de ayer miércoles, los policías escucharon la interpretación del saxofonista y las percusiones que procedían del escenario del festival antes de convenir que el purista podía tener de verdad un caso. Su queja contra los organizadores, que rechazaron devolverle el dinero, fue debidamente registrada y pasará a juicio (…). ¿Dónde está la diferencia? ¿Qué elemento diferencial convierte a un relato en verdadero – “La verdad sobre el caso Sigüenza” titulaba – y al otro en erróneo? El relato de Javier de Cambra se ciñe a una descripción más escrupulosa de los hechos que la que ofrece Chema García (y de la que después se hace eco “The Guardian”). El problema es que la ofrece una semana después de lo sucedido y desacreditando a un compañero. (…) De allí a la red y la rechifla universal del Guardia Civil que acude para dar juicios sobre jazz. En fin, tricornio para acabar con tanta charanga y pandereta. Eso podía desprenderse de una crónica que ha conducido a todo equívoco (…), sentenciaba De Cambra. ¿No hubiera generado “rechifla universal” la misma crónica de “La Razón” de haber sido la primera en publicarse? ¿No sigue siendo de “rechifla” lo que el mismo De Cambra certifica, que uno de los guardias civiles expresara que “esto no es jazz”? No convendría perder de vista que lo que hace singular la historia es la presencia de dos miembros de la Guardia Civil atendiendo la denuncia de un espectador sobre los contenidos de un concierto y que lo que la sitúa dentro de los márgenes del surrealismo es que uno de ellos opine sobre estética musical dando la razón al demandante. Con una protesta sin Guardia Civil no hubiera habido historia.

He leído la crónica de Chema García Martínez en varias ocasiones (¿diez, quince, ocho?) y lo único que encuentro en esa narración (que García contó en una entrevista con servidor en el programa “Club de Jazz”, grabada la misma mañana de la publicación del artículo, que había sido “redactada” por teléfono desde un tren de vuelta de Sigüenza) es una crónica que contaba lo sustancial de lo sucedido (la denuncia, los motivos de la denuncia, la presencia de la Guardia Civil, la opinión expresada por uno de ellos según informó al periodista el alcalde de Sigüenza, la reacción atónita de los músicos) y que adornaba lo relatado con una prosa irónica que excedía la mera descripción aséptica. Se acusa a García en foros y artículos de haber dado a entender que el concierto hubiera estado a punto de ser suspendido. Se entresaca una frase del artículo de García – “a punto estuvo de ser cancelado manu militari por la autoridad competente” – y se descontextualiza para demostrar la “mentira” y contraponerla a “la verdad”. García no había escrito una “nota de agencia”; su artículo podría abrir por enésima vez el debate entre la objetividad y subjetividad de la profesión periodística, entre la aportación literaria o no en la redacción de la información, pero no sobre si mentía o decía la verdad. Incluso aunque pudiera haber inexactitud en su relato no había mentira. Al leer la crónica de arriba abajo se puede percibir la ironía y un cierto tono hiperbólico con el que García subraya el absurdo de lo sucedido. La reacción posterior de algunos nombres propios (y anónimos) en todo tipo de foros excede la crítica periodística que se pueda realizar sobre un artículo que contó algo que pasó. Y como tal era una anécdota noticiable que ponía de manifiesto miserias y bondades muy apetitosas para quien estuviera dispuesto a reflexionar. Se podía uno quedar con la anécdota y fantasear con ella o se podía analizar aquello que subyace bajo la anécdota. Lo que no imaginaba yo es que la anécdota relatada para “El País” por Chema García pudiera despertar tantos recelos entre compañeros de profesión y alrededores del periodismo jazzístico hacia uno de sus más veteranos compañeros. Menos mal que Wynton Marsalis ha aparecido para situar de nuevo en primer plano una de las posibles e interesantes vías de análisis que sugería el “Caso Sigüenza”: ¿Qué es el Jazz?

El denunciante Gilbert dice que sólo se quedaron los viejillos en el concierto de Larry Ochs y que con él se fueron una veintena de personas. Sé de algunos “viejillos” que estuvieron presentes y que no se reconocerían tan ancianos. Eso sí, habrá que reconocerle a Gilbert la educación que otros espectadores no han tenido en otras ocasiones. La historia de la Música está llena de anécdotas sobre ruidosas protestas del personal, desde luego mucho menos civilizadas. Una de ellas está filmada en el Théâtre des Champs-Élysées de París en la película de cine mudo L´inhumaine dirigida en 1924 por Marcel L´Herbier. Un documento excepcional sobre la evolución cívica de la queja musical.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

viernes, diciembre 25, 2009

Lluis Vidal Trio + Dave Douglas & Perico Sambeat - "Mompiana"



El pianista Lluis Vidal presenta su proyecto Mompiana, dedicado a la música del compositor catalán Frederic Mompou. Acompañado de su trío, con Masa Kamaguchi (contrabajo) y David Xirgu (batería), y con dos invitados: Perico Sambeat (saxos y flauta) y Dave Douglas (trompeta). Dentro de unas semanas emitiré una conversación con Lluis Vidal dentro del programa Club de Jazz. De momento este aperitivo con momentos en directo del proyecto, declaraciones de Vidal, Sambeat y Douglas y un breve resumen de la vida de Mompou en este reportaje emitido en el programa Nydia de la Televisió de Catalunya.

jueves, diciembre 24, 2009

Músicas del invierno: George Winston & Loreena McKennitt











Dos clásicos del invierno que acaba de abrirse un hueco en el calendario de las estaciones: El pianista estadounidense George Winston y la cantante y arpista canadiense Loreena McKennitt. En 1982 el pianista grabó December, disco que incluía una versión de Carol of the bells (El villancico de las campanas), que venía explicitado como "villancico ucraniano del siglo XIX". Por su parte Loreena McKennitt grabó en 1995 A winter Garden (Jardín de Invierno), una colección de cinco canciones sobre el invierno que el pasado año 2008 amplió para dar lugar a A midwinter Night´s dream (algo así como "Sueño de una noche de invierno"), disco que incluía una versión del villancico The holly and the ivy (El acebo y la hiedra". Y en ambos casos una duda: ¿eran Carol of the bells y The holly and the ivy villancicos en origen?





lunes, diciembre 21, 2009

Y Wynton se sumó a la fiesta...

Después de conocer la surrelista anécdota del V Festival de Jazz de Sigüenza con el famoso (ya famoso aunque todavía desconocido) espectador que puso una denuncia al Festival por considerar que la actuación del proyecto Drumming Core del saxofonista Larry Ochs no tenía nada de jazzística y sí de Música Contemporánea (con certificación de la Guardia Civil incluida); después del debate y charlas posteriores en las que incluso compañeros del gremio han llegado a descalificar al periodista de "El País" que la dio a conocer, Chema García; después de todo eso ha llegado el turno del gran pope de la ortodoxia del Jazz, el ilustre Pulitzer Wynton Marsalis, adalid del purismo del gremio. Un hombre del que un día me enamoré y del que, como casi todo amor, pasó por los celos y el desengaño hasta la ruptura. Ese gran hombre, ese cuya figura escultórica se apoya en un banco del parque de La Florida de Vitoria-Gasteiz, está buscando al espectador/denunciante, gran experto en las esencias del Jazz (ex-aequo con el Guardia Civil) con prescripción médica contraria a la Música Contemporánea. Y, ¿por qué Wynton le busca? ¡¡¡¡Para regalarle una integral de su discografía dedicada!!!! Encantado como está por haber encontrado a su alma gemela en España trata de localizarlo para consumar su idilio.

Santo dios...

Informan "El País" y el "The Guardian" británico.

miércoles, diciembre 16, 2009

Un compositor de cine: Fernando Velázquez

El compositor Fernando Velázquez (Getxo - 1976) estudió violonchelo y composición en Vitoria, París o Madrid y se licenció en Historia en la Universidad de Deusto. En el año 2008 recibió el Premio Nacional de Música como "Mejor banda sonora de obra cinematográfica" por su partitura para El Orfanato (de Juan Antonio Bayona). El cine se cruzó en su vida con un primer corto de Koldo Serra (director de Bosque de Sombras - 2006) y a partir de ahí inició una trayectoria en la que aparecen títulos como los actualmente en cartelera Spanish Movie (Javier Ruiz Caldera) o Garbo, el espía (Edmon Roch). En el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) he dedicado mi espacio musical a escuchar algunas opiniones de Fernando y a intuir su música. En breve estará aquí disponible la entrevista íntegra, así como la música sin interrupción. De momento esto es lo emitido en radio:






La semana de Larry: entrevistas con Chema García, Larry Ochs y Sergio Merino

La semana más surrealista del Jazz en España queda atrás y ahora es momento para escuchar a los protagonistas que pueden aportar reflexiones sobre lo sucedido en torno a la actuación de Larry Ochs & Drumming Core en el V Festival de Jazz de Sigüenza. En la edición de Club de Jazz con fecha 16 de diciembre de 2009 conversamos con el periodista Chema García Martínez que contó en El País la denuncia de un espectador (con presencia de la Guardia Civil incluida) por la presunta falta de jazzismo del concierto. Escuchamos también al promotor de la actuación, Sergio Merino, de Arco y Flecha sobre la repercusión internacional de lo sucedido y sobre las dificultades de programación de músicas creativas en España. Y Roberto Barahona (colaborador desde Monterey - California) charla con el propio Larry Ochs una vez ha regresado de la gira por Europa. Todo ello combinado con diversas grabaciones del proyecto Drumming Core.

Puedes escucharlo a través de nuestra web www.elclubdejazz.com y podcast en iTunes o iVoox


martes, diciembre 15, 2009

¡Mingus Vive! (Bilbao 11/12/2009) - Iñaki Salvador & Mikel Andueza (Vitoria - Gasteiz 13/12/2009)

¡Mingus Vive! (izquierda a derecha): Mariano Díaz (p), Antonio Ximénez (tp), Miguel Ángel Chastang (cb), Baldo Martínez (cb), Mikel Andueza (sa), Víctor de Diego (st), Jordi Vilà (cb) y Guillermo McGill (bt).

Iñaki Salvador (piano) y Mikel Andueza (saxo alto)

Vivimos un presente de contrastes para la música. Los discos no se venden y las descargas legales son las menos frente a una mayoría de consumidores (¿oyentes?) que los “bajan” gratuitamente sin pensar en las consecuencias perniciosas para el que se dedica a estudiar, pensar, componer, ensayar, grabar, etcétera. En el mundo del Jazz las ventas siempre han sido mínimas pero al menos la presentación en conciertos permitía vender - cuando el espectador está en caliente - algunas copias con las que ir pagando los costos de producción. Ya ni eso, si el disco está “colgado” en la red. ¡Los músicos en el escenario!, gritan los pata de palo. Ale, todos a tocar conciertos para poder sacar algo de pasta cuando las grabaciones ya no las dan. Pero, ¿hay dónde tocar? Sí, claro, siempre ha habido escenarios dispuestos pero la situación de crisis económica que dicen vivimos en el presente encuentra en la cultura siempre un fenomenal chivo expiatorio para los recortes presupuestarios. Así se busca cómo abaratar el “producto” de directo y si hay que reducir plantilla sobre el escenario se reduce. Supongo que dentro de poco los pata de palo promoverán que sea el músico quien se pague el escenario, que para algo su dedicación es un hobby, ¿no?

Y así se encuentra uno con la infrecuente circunstancia de que en apenas cuarenta y ocho horas, en dos ciudades tan próximas como Vitoria – Gasteiz y Bilbao, tengan lugar dos actuaciones de hondo calado jazzístico. Pero, decía, vivimos un presente de contrastes y a la buena nueva de poder escuchar el proyecto ¡Mingus Vive! se le une la incredulidad (es un decir) por conocer que la actuación de este octeto de excelentes músicos ibéricos es la segunda de un proyecto que se estrenó… ¡hace más de un año! Claro, son ocho, ocho son multitud y estamos en tiempo de reducciones drásticas del presupuesto… salvo para los musicales, que molan y se vende todo. Así lo peor que se puede decir del proyecto ¡Mingus Vive! es que le faltan unas cuantas horas sobre el escenario (rodaje, que le llaman) para poder encajar las complejas piezas del puzzle musical de todo un maestro del contrabajo y la composición que fue Charles Mingus. Porque no resulta sencillo asimilar en apenas un ensayo de reencuentro, tanto tiempo después, la esencia de una música que despide por todos sus poros un aroma de clasicismo y negritud (de cine negro, aunque la piel de Mingus también lo fuera) que sin embargo no pierde con el paso de los años actualidad, modernidad (seguramente mayor que gran parte de la música que se imprime hoy en Jazz), ni irreverencia. Es una música viva, exigente para el intérprete, nerviosa y cálida, incisiva e incluso cómica en la crítica como ese Fables of Faubus - composición dedicada al racista gobernador de Arkansas Orval Faubus - que abrió la velada.

¡ Mingus Vive! tiene el atractivo de contar con tres contrabajistas en su formación aunque el misterio de su encaje se resuelve en un reparto de papeles que lleva a dos de ellos a descansar cuando es un tercero el que lleva el peso de la música. Así estructura el concierto en tres bloques en el que cada contrabajista lleva la dirección y arreglos de la música de Mingus. Eso sí, en dos versiones sonó el octeto al completo, en el tema de inicio (el mencionado Fables of Faubus) y en el de cierre (el festivo Boogie Stomp Shuffle). Los contrabajos de Chastang, Vilà y Martínez reparten funciones: mientras uno lleva el pulso rítmico los otros se convierten en voces del background musical de los arreglos. Si hay solos del viento o del piano se distribuyen los solistas. La coincidencia de los tres vuelve a producirse en el bis final en el que los “de las cuatro cuerdas” (como describió Baldo a los contrabajistas) salen en solitario al escenario y desenchufados luchan por coordinar tempos y solos con una versión de Noddin ya head Blues de tono crepuscular. Y hay una cuarta ocasión en que los tres coinciden en escena: durante el segmento del concierto que comanda Baldo Martínez. Y es posible que en ese momento del concierto, en la versión de Goodbye Pork Pie Hat, el proyecto ofrezca sus mejores virtudes distintivas. Porque si el tono general de ¡Mingus Vive! está determinado por un respeto casi escrupuloso a la escritura original de Mingus, Baldo Martínez afronta esta composición con la inédita (en mi memoria) formación de tres contrabajos y el saxo tenor de Víctor de Diego. Chastang, Martínez y Vilà van construyendo poco a poco, mediante la distribución de funciones rítmicas y armónicas y combinando arco frotado y pulsación, la estructura sobre la que el saxofonista desarrolla la melodía y su posterior solo. Ya sólo por el original planteamiento del arreglo, por su búsqueda de una nueva perspectiva tímbrica de la elegante elegía musical que Charles Mingus dedicara al saxofonistas Lester Young tras su muerte en 1959, merece la pena el esfuerzo de Baldo por aportar un tono diferente al concierto. Él es de los ocho músicos el que ha desarrollado una trayectoria más alejada de los patrones de la ortodoxia del Jazz, quizá el contrabajista menos esperable para un proyecto como éste y, sin embargo, el que supo aportar ese punto diferencial a un proyecto que como memoria de la música de Mingus tiene mimbres sólidos y al que, insisto, le falta la (merecida) oportunidad (no está ni se la espera) de desarrollarse para poder conocerse mejor a sí mismo y soltarse más, para que los solistas puedan interiorizar el espíritu de esta música y que los solos tengan una personalidad acorde a la de la música que se interpreta en la que ahora prima el estilo individual - del fraseo más clásico del trompetista Antonio Ximénez (con un sonido redondo, hermoso, deudor de los grandes clásicos de la trompeta de Jazz) al más próximo al Jazz mainstream actual del saxo alto de Mikel Andueza - sobre el colectivo. Lo que no significa que ¡Mingus Vive! deba caer en la recreación museística (¡¡por dios!! Para eso ya está Wynton Marsalis) pero sí encontrar una identidad compartida y trabajada. En fin, no pierdo de perspectiva que era su segunda actuación… en más de un año; actuación dentro del marco del ciclo 365 Jazz Bilbao, ciclo todavía joven pero que parece se afianza en su propósito de que Bilbao tenga Jazz en condiciones dignas durante todo el curso. Y es que, como dije, vivimos un presente de contrastes.

Bilbao no tiene Festival de Jazz al uso y sí lo tiene Vitoria – Gasteiz que, sin embargo (contrastes, decía) no dispone de una programación estable de conciertos de Jazz. Y el que tuvo lugar apenas cuarenta y ocho horas después del bilbaíno se puede decir que fue vitoriano de manera coyuntural. Durante el fin de semana del 12 y 13 de diciembre se celebraron las Primeras jornadas vascas de saxofón, bautizadas como Saxatak, cuyo objetivo confeso es el de “aglutinar en sí mismo actividades tan diversas como conciertos, workshops, proyectos de creación, intervenciones urbanas o performances, entre otras”. Así, con esa denominación, estas jornadas no son, per se, vitorianas ni tampoco son estrictamente jazzísticas. Sea como fuere la primera edición contó con la pareja Iñaki Salvador (piano) y Mikel Andueza (saxo alto y soprano) para el concierto de clausura. Aunque cualquiera pudo acudir el público era mayoritariamente el de los propios participantes y familia. Participantes, muchos de ellos, en proceso de formación: saxofonistas adolescentes. Y la adolescencia carece de un sentido del silencio (¿era yo así de adolescente?). Así que servidor, que se situó en una preventiva primera fila, tuvo severos problemas de concentración auditiva con el infante de la fila anterior - monólogos interrumpidos, sólo puntualmente, por la voz grave del padre; sonido del movimiento continuado y nervioso de su abrigo - y con el ambiente general de la sala que, si bien en líneas generales respetaba el necesario silencio, contó con innecesarias aportaciones acústicas a lo que sucedía en escena (¡cuánta pedagogía de la educación cívica falta por hacer!).

En ella Salvador (que, por cierto, formó parte de aquel primer concierto del proyecto en Madrid ¡Mingus Vive!) y Andueza ofrecieron un repertorio de temas propios (dos de Iñaki, otro de Mikel), dos versiones de música de Mikel Laboa (con quien Salvador colaboraba con frecuencia y del que ahora se cumple un año de su fallecimiento) y la versión de una esku dantza (arreglo de Andueza) que dio lugar a una pequeña anécdota: Iñaki Salvador comentó que Mikel había grabado un “precioso” CD sobre música popular vasca del que procedía esa versión. Tras el concierto, y después de preguntarle a Mikel por ese disco, me enteré de que tal grabación existía pero que nunca se había llegado a editar para sacar en CD. A Iñaki se le había ido el santo el cielo (por no utilizar aquello de “ido la olla”) por lo que aprovecho este texto para rectificar la información que dieron en escena y que quizá llevó a decenas de espectadores a correr hacia la tienda de discos a por él. Existe el master, no el CD y, por lo tanto, tampoco la descarga para los pata de palo (¿elementos para una posible regla de tres?).

La veteranía es un grado y se nota cuando dos músicos como ellos, de ya larga trayectoria, afrontan un concierto que exige mucha concentración para mantener pulsos rítmicos y armónicos, especialmente para el pianista que, salvo en un solo a solas de Mikel, acompañó en todo momento y llevó a cabo los suyos propios. Ambos hicieron solo en cada uno de los seis temas pero, lejos de resultar reiterativos, supieron combinar con acierto momentos de un jazzismo más puro (¿?) con otros de tono más melódico y popular, con estructuras prefijadas pero abiertas a la dilatación y contracción de los tempos (de las que especialmente disfrutó el pianista). Con una suerte para el espectador: la ausencia de sonorización que permitió disfrutar del sonido original de ambos instrumentistas que leyeron la música con brillante precisión y empastaron sonido y tempos con soltura. Un concierto que me permitió descubrir la filiación garbarekiana de Andueza, tanto en el título de uno de sus temas, Jan Steps (dedicado a Jan Garbarek; juego de palabras del coltreniano y clásico
Giant Steps), como en el sonido buscado en algunos momentos tanto con el saxo alto como con el soprano aunque sin caer nunca en la imitación, siempre pequeños detalles dentro de un estilo que no es el del noruego y que tiene en Mikel querencia por fraseos de largo desarrollo; una actuación que me permitió el reencuentro años después con Iñaki Salvador, un pianista con notable capacidad para armonizar con bellos arreglos (sobre la marcha) sus solos y conseguir afectar la improvisación del espíritu fundacional de la música de la que se hace versión, siempre con un tono que apela a la nostalgia pero que nunca languidece y que no renuncia en ningún momento a una concepción que no por lúdica es menos profunda.

Y así después del concierto un joven músico que se encontraba entre la audiencia les sugirió sacar un disco a dúo. Ambos reconocieron haberlo pensado pero… ¿quién lo compraría? “Yo lo compraría”, dijo él. Perfecto, pensé, luego me lo pasas y me lo copio.


© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

La educación: escena costumbrista

Caminaba temprano esta fría mañana de diciembre cuando una conversación entre cuatro féminas adolescentes (de unos 13 o 14 años, según cálculo visual) se ha cruzado en mi camino y mis oídos en el de ella. Apenas un breve fragmento de la charla ya que servidor y ellas llevábamos trayectorias opuestas. Se deduce por las mochilas, la hora y el día de la semana que acudían al colegio. Tengo la impresión de que repasaban algunos contenidos recientes, no sé si ante un examen inminente o bien por mera higiene intelectual, cuando una de ellas ha mostrado su incertidumbre sobre la escritura de la palabra "Brasil" ¿Se escribe con "B"(rasil) con "V"(rasil)? La pregunta ha tenido una pronta respuesta que me ha hecho reflexionar. Difícilmente se le olvidará ya si es Brasil o Vrasil. Brasil se escribe con b de... ¿batracio? ¿balanceo? ¿balaustrada? No, mucho más fácil para recordar la próxima vez que la duda carioca asome. Tomen nota, estimados docentes. Adapten la didáctica al mundo verbal de sus pupilos y la el próximo informe PISA nos dejará mejor parados: Brasil se escribe con b... de imbécil, dijo ella.

domingo, diciembre 13, 2009

Iñaki Salvador & Mikel Andueza (Saxatak / Vitoria - Gasteiz)

Iñaki Salvador (piano) y Mikel Andueza (saxo alto y soprano) han clausurado la primera edición del Festival Saxatak, primeras jornadas vascas de saxofón. Un concierto esta misma tarde en el auditorio del Conservatorio "Jesús Guridi" de Vitoria - Gasteiz al que pertenece esta fotografía. Temas de los dos músicos y versiones de música de Mikel Laboa y de música tradicional vasca.

El somiatruites (Lídia Pujol)



En un post anterior ya hablé de Lídia Pujol y su Els amants de Lilith. En él pudimos escuchar a la propia Lídia hablando del disco y también del tema El somiatruites, original de Albert Pla con el que lo cierra. Este vídeo recoge la versión incluida en el disco grabada en el Teatre Nacional de Catalunya que Lídia explica así: La mágica noche de la grabación del concierto en directo en el teatro Nacional de Catalunya, culminó con esta maravillosa canción de Albert Pla, en la que él mismo y Dolo Beltran participaron. Y os aseguro que fue uno de los momentos más alucinantes de toda mi historia como cantante: Dani Espasa aullando conmigo el estribillo, Dolo y yo cantando el chino, Albert Pla enseñándonos a las dos cómo respirar debajo del agua, todos los músicos tocando la flauta del cole, tirándose aviones de papel que resultaron ser las partituras... Sentí que vivir realmente es una maravilla.

viernes, diciembre 11, 2009

¡Mingus Vive!

¡Mingus Vive!, proyecto de recuerdo a la figura del genial contrabajista, compositor y pianista Charles Mingus a cargo de un octeto de músicos liderados por tres contrabajistas: Miguel Ángel Chastang, Baldo Martínez y Jordi Vilá. Fotografías de la actuación ofrecida esta noche en el Paraninfo de la Universidad de Deusto (Bilbao) dentro de las actividades organizadas por 365 Jazz Bilbao. El concierto, estructurado en tres bloques liderados por cada uno de los bajistas, lo completan los saxofonistas Víctor de Diego (tenor) y Mikel Andueza (alto), el trompetista Antonio Ximénez, el baterista Guillermo McGill y el pianista Mariano Díaz. A la espera de una mayor reflexión, consten estas dos modestas imágenes del concierto:

Miguel Ángel Chastang, Baldo Martínez y Jordi Vilá

Miguel Ángel Chastang, Antonio Ximénez, Mikel Andueza,
Víctor de Diego y Guillermo McGill


Larry Ochs & Drumming Core en V Festival Jazz de Sigüenza



Después de todo lo dicho y escrito estos días la productora del concierto, Arco y Flecha, ofrece en su espacio en Youtube este pequeño fragmento de la actuación de Larry Ochs & Drumming Core en el V Festival de Jazz de Sigüenza. La formación: Scott Amendola y Don Robinson (batería), Sakoto Fujii (piano y sintetizador), Natsuki Tamura (trompeta) y el propio Larry Ochs (saxo). Por si alguien tenía alguna duda sobre el jazzismo del proyecto...

jueves, diciembre 10, 2009

La semana de Larry

¡Vaya semanita para el Jazz en España! La mía, en particular, ya había adquirido un tono peculiar desde el momento en que llegó a mis manos un número de la revista de moda “Elle”, la revista de moda más vendida del mundo, presume. Arrojada sobre la mesa de mi salón por una reciente visita me pareció adecuada para acompañarme en los quehaceres del váter, seducido por el desnudo “artístico” de Elsa Pataky. Tras comprobar con asombro que las primeras 25 páginas del número (Diciembre 2009 – Nº 279) eran publicidad (el resto creo que también) llegué a una sección de la revista (página 329) titulada 365 regalos que te harán vibrar (no especifican el tipo de vibración) que invita a un shopping navideño inspirado por nuestra musa de este año: la música. Dos de las páginas de esta sección de incitación al consumo están “inspiradas” por el Jazz. Racial, impulsivo, clásico en formas, pero libre de espíritu. Amante de los placeres de la vida, al igual que Louis Armstrong, la improvisación es tu ritmo, dice la revista bajo el epígrafe “Jazz”. No iré analizando palabra por palabra (riesgo de bostezo… y hartazgo) pero nótese la frivolidad referida a Amstrong como amante de los placeres de la vida. Supongo que una infancia de pobreza y reformatorios y una vida muy determinada por el color negro de su piel en una USAmérica racialmente dividida son la mejor escuela del bon vivant. ¿Qué artículos de compra sugiere el Jazz para “Elle”? Un bolsito artesanal de 89€, un taburete o mesilla de rejilla en color negro por valor de 89,90€, el perfume masculino de Victorio & Lucchino denominado Hombre (precio 47,80€), etcétera. O me pongo las pilas esta Navidad o me quedo atrás en tendencias jazzísticas aunque no sabría dónde poner la mesa de terciopelo negro con tachuelas con un precio de mercado de 137€. Dispuesto a pasar de página, para saber cómo estar al día en música “Indie”, encuentro de sopetón el Top5Elle de discos de Jazz. De las cinco sugerencias cuatro son de vocalistas… ¡incluida Barbra Streisand! Debo iniciar la reeducación de mi oído jazzista.

Mi perplejidad (menor, todo hay que decirlo), ignorante de mí, no había llegado a su clímax hasta que el miércoles día 9 de diciembre leo en el diario “El País” una crónica de Chema García Martínez titulada: Un espectador denuncia a un músico de Jazz por no tocar Jazz: la surrealista narración de la actuación del saxofonista Larry Ochs en el V Festival de Jazz de Sigüenza con su proyecto Drumming Core. Historia ya conocida que, en resumen, parte de la queja de un espectador que considera que lo que se está tocando no es Jazz sino Música Contemporánea (por lo visto contraindicada médicamente para su salud), ante lo cual reclama la presencia de la Guardia Civil que atiende su denuncia. Uno de los gendarmes certifica, a partir de su experiencia auditiva, que, en efecto, aquello que Larry Ochs y su grupo ofrecen no es Jazz. Extraordinario acontecimiento que no hubiera sido tal sin la intervención de la Guardia Civil, dado que opiniones sobre las manifestaciones artísticas se vierten en todo momento (incluso en los que hay que permanecer en silencio). Así la anécdota local deviene en noticia internacional a partir de la crónica de García.

Los medios de comunicación clásicos (radio, televisión y prensa) hace tiempo que cayeron en la tentación de priorizar la anécdota sobre el contenido. Es una decisión que ahorra trabajo porque permite quedarse en superficie y ahorrarse el agotador descenso hacia lo subyacente. La anécdota es simpática por definición, irrelevante en la mayor parte de los casos y, sobre todo, entretenida. Es hija de los tiempos que corren, del pensamiento liviano y el ocio fugaz. Por eso una historia como la de Sigüenza era un caramelo para este periodismo frugal. Sólo imaginar la escena (aquí el imaginario de cada uno juega mucho) con los uniformados del tricornio (aunque no lo llevaran), los músicos tocando en escena, el escenario de una pequeña ermita (¿guardias civiles? ¿templo sagrado?), el alcalde presente y la conclusión afirmativa de un gendarme sobre las reclamaciones de estética musical del denunciante, dan para unos cuantos minutos de radio y televisión y caracteres de prensa. Y hasta donde llegó mi oído y mi vista así fue. La Cadena SER dedicó unos minutos de su programa La Ventana a charlar con el cronista García y El intermedio de la televisión La Sexta bromeó con lo sucedido. Me imagino que no fueron los únicos, me consta que TV3, la televisión pública de Catalunya, también lo trató en su informativo.

¿Qué subyace bajo todo este cuadro costumbrista? Muchas cosas. Un poco de análisis no viene mal entre tanto barullo de chanzas y jacarandas. Por partes (sólo algunas de las posibles):

¿Realmente estaba en cuestión que el concierto fuera de Jazz? ¿Tenía motivos el espectador para la queja? No. El concierto de Larry Ochs y Drumming Core era de Jazz por, entre otras razones, la trayectoria de los intérpretes y por la propia evolución de esta música. En cuestión sí podía estar, pero me temo que era una opinión que el espectador debía haber evitado compartir en público, si ese tipo de Jazz era o no de su agrado. Desconozco el bagaje como oyente de este señor pero no parecería exagerado pensar que esperaba un cierto pulso swingueante de la actuación. Podía haber sido esa una de las sonoridades dentro de un Festival de Jazz pero, lamentablemente para él, Larry Ochs afronta el Jazz desde otra perspectiva (ni mejor ni peor). Su queja produjo ruido, mientras en el escenario se hacía música.

¿Está entre las funciones de un guardia civil juzgar la estética musical de un concierto para dirimir si el denunciante tenía razón en su queja? Responder a esta pregunta sería tanto como hacer ley del absurdo. Eso sí, lo más ajustado a su función de mantenimiento del orden hubiera sido haber sacado del auditorio al oyente quejoso cuya actitud produjo un evidente malestar para la concentración de los oyentes presentes.

¿Hubiera el diario “El País” (el de mayor tirada entre los diarios generalistas de España) dedicado reseña alguna al festival? No. El cronista Chema García Martínez se encontraba allí porque, ante todo, es un amante del Jazz. Es probable que después hubiera escrito sobre los conciertos para la revista especializada “Cuadernos de Jazz”. “El País” hace referencia a la actuación de Larry Ochs por la surrealista escena que tuvo lugar en Sigüenza; porque sabe que como anécdota tendrá una repercusión mucho mayor que la que podría tener un crítica sobre los conciertos de Digital Primitives, la Brigada Bravo & Díaz, el dúo Daniel Humair & Ramón López o la mencionada de Larry Ochs & Drumming Core que formaron el cartel de esta quinta edición. La infrecuente personalidad de este ciclo (con grupos nada ortodoxos y de primerísimo nivel) hubiera merecido llamar la atención de un medio serio (¿?) como “El País”. Y no porque se tenga que hacer constar de forma crítica, como previo o como crónica todo aquello que musicalmente se programa en España (imposible, está claro, y fuera de las funciones de un medio concebido como generalista) sino porque la diferencia de criterio de la cita de Sigüenza es evidente respecto de la mayoría de propuestas de Jazz españolas (con honrosas excepciones). Por eso hubiera merecido una referencia que sólo la anécdota le ha proporcionado.

¿Por qué existe un Festival como el de Sigüenza? ¿Por qué Sigüenza, población de cinco mil habitantes, ofrece un programa de vanguardia alejado de la conservadora propuesta mayoritaria? Según me contaba el propio Chema García porque a su alcalde le encanta esta música. Acude a los conciertos, no por protocolo institucional, sino porque disfruta con ellos. ¿Algo llamativo? ¿Quizá qué a un alcalde le guste la música de vanguardia? No, aunque seguro que no es usual. Lo que pone de manifiesto es que el contenido de los festivales, ciclos, auditorios y otros contenedores musicales de competencia municipal, autonómica o nacional está determinado por el capricho de quienes tienen poder de decisión. Es decir, no hay una línea en este país que defina una cierta coherencia en las programaciones. Que se programen unas u otras músicas es casi producto del azar. En un municipio tan pequeño depende de los gustos del alcalde. Lo general suele ser la música de verbena; lo particular lo de Sigüenza.

¿Cómo trataron los medios de comunicación la noticia? Respondo sólo con aquello que he podido leer, escuchar o ver.

“El País”, periódico que nos puso en conocimiento de lo sucedido, completa su información con un análisis el día 10 de diciembre del papel de la Guardia Civil y del resto de actores (público, médico que supuestamente contraindicó la Música Contemporánea al denunciante, el propio denunciante y los músicos) en todo esto. Lo hace en “El acento”, sección incluida en la página de “Opinión”, junto a los editoriales pero con un tono más irónico que el que utilizaría en ellos. Hasta aquí lo publicado mientras escribo estas líneas.

La Cadena SER llamó a Chema García para que participara en la primera hora del programa La Ventana. Compartió tramo con Javier Cansado (conocido humorista), Javier Del Pino (corresponsal en Estados Unidos de la propia cadena) y con Marta González Novo (directora del programa mientras cubre la baja maternal de la titular Gemma Nierga). Este tramo del programa de los miércoles contrapone costumbres de Estados Unidos y España a partir del choque cultural entre ambos países. Tono humorístico general para la sección que presentó la noticia, en palabras de Marta, como algo que algunos piensan que nos define como país y que calificó de vergüenza. Chema García describió en palabras lo antes escrito en prensa, procuró hacer notar que el Festival es admirable y después el asunto derivó en la propuesta de Cansado de que los conciertos se paguen después de celebrados, dependiendo del disfrute o no del mismo por parte de un espectador, y en una breve discusión sobre si el concierto había sido o no de Jazz. Sorprendentemente (es un decir) no se escuchó música de Larry Ochs y de su proyecto Drumming Core (documentado en varias grabaciones discográficas) para, al menos, hacerse una idea de qué pudo sonar en Sigüenza.

El programa de humor El intermedio, que presenta en la televisión La Sexta el humorista conocido como El Gran Wyoming, al contrario que la Cadena SER, sí mostró un fragmento de una actuación de Larry Ochs & Drumming Core sacado de un vídeo “colgado” en Youtube. Un fragmento que dio pie a Wyoming para hacer broma respecto de lo escuchado: ¿Podemos ver un trozo del concierto en el que la banda no esté afinando los instrumentos? En efecto, un clásico chiste sobre Música Contemporánea. Después otro fragmento de actuación para dar pie a un gag en el que Wyoming se pone un tricornio y loa a la benemérita. Ironiza pidiendo más contundencia en su acción y pide la retirada de cuatro puntos en el carnet de conducir de Larry Ochs ya que no hay que ser muy listo para saber que si toca así seguro que va pedo. Acto seguido, y tras informar su compañera Beatriz Montañez de que el Ayuntamiento de Sigüenza quita hierro al asunto, rescatan parte del texto informativo sobre el grupo que se puede leer en la web del Festival: Un magnífico alegato musical en el que los patrones de llamada y respuesta, el uso de ligeras variaciones de ostinatos y los parámetros sonoros utilizados, parecen conectar desde la estética vanguardista la expresividad de los blues shouters con sus innegables raíces africanas. Texto que aprovecha el humorista para ironizar sobre el mismo (yo lo único que le pido a un concierto es que tenga ligeras variaciones de ostinatos… bueno, y que haya litros de kalimotxo a tres euros ahí a mano, los dos dan dolor de cabeza) y para mostrar la diferencia entre el Jazz de antes (como ejemplo se escucha un fragmento con la voz de Billie Holiday) y el actual (de nuevo el segundo fragmento del concierto en Youtube de Larry Ochs). Con el de antes se ligaba, con el de ahora te dan calabazas, viene a decir Wyoming.

No tuve oportunidad de ver la información de TV3, la televisión de Catalunya, pero según leo en un foro titularon la información refiriéndose a un “cantante” de Jazz.

No renuncio a reírme hasta de lo que para mí es importante y por eso prefiero tomarme con humor las bromas de El intermedio. Lamento que un programa como La Ventana hable de Jazz sólo a partir de la anécdota. Todavía más comprobar una vez más la ignorancia cultural que existe entre la profesión de periodista que atiende la información cultural de sus medios a partir de parámetros nada culturales y sí coyunturales (a pesar del esfuerzo de los especialistas que tratan de asomar en ellos la cabeza). No es preciso que un periodista no aficionado al Jazz conozca a Larry Ochs pero sí denunciable presentarlo como cantante. Habla mal del rigor informativo (algo que daría para otro artículo o, incluso, una enciclopedia). Lamento que Larry Ochs y sus músicos tuvieran que ser protagonistas de semejante numerito. Y no porque sea estadounidense y me avergüence la escena como daño a la imagen de un país (me resulta irrelevante al respecto) sino por el bochorno de tener que presentar su música en esas condiciones (habitual, por otro lado, presentarla en malas, regulares, rara vez en buenas y en la mayoría no poder presentarla). Me deprime que el criterio de las programaciones esté sometido al vaivén de cargos políticos y responsables elegidos a dedo en vez de que exista una red de auditorios disponibles y dispuestos y un criterio bien definido y trabajado de programación cultural que dé cabida a cuantas más manifestaciones artísticas posibles mejor. Pero ya que es utopía me conformaré con animar al alcalde y encargados culturales de Sigüenza para que continúen proporcionando espacio a quienes no lo tienen.

Dicho lo cual tan sólo aspiro a acabar esta semanita con el Jazz de nuevo en la sombra. La sombra siempre ha sido lo mejor del sol... y de los focos.

© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)

Publicado originalmente aquí.

miércoles, diciembre 09, 2009

El banjo de Béla Fleck viaja a sus orígenes

Ya presenté en un post anterior el trabajo Throw down your heart del intérprete de banjo Béla Fleck. Mi colaboración de hoy en el programa "Más vale tarde" de Radio Vitoria (EiTB) ha tratado sobre este disco que reúne a Fleck con diversos músicos de paises como Uganda, Tanzania, Malí o Madagascar. Puedes escuchar el segmento del programa pulsando en el reproductor:





Un espectador denuncia a un músico de Jazz por no tocar Jazz

Así titula hoy el diario "El País" una crónica del crítico Chema García Martínez sobre lo ocurrido el pasado lunes 7 de diciembre en el concierto del saxofonista Larry Ochs con su proyecto Drumming Core en el V Festival de Jazz de Sigüenza. Una historia del mejor surrealismo ibérico (incluye la presencia de guardias civiles) que relata Chema para este rotativo y que nos describe para el programa Club de Jazz en una conversación que podremos escuchar íntegra la próxima semana (edición del 16 de diciembre). Como anticipo este fragmento que narra lo sucedido en la Ermita de San Roque (escenario de los conciertos):








© Carlos Pérez Cruz (www.elclubdejazz.com)

martes, diciembre 08, 2009

Anouar Brahem - "The astounding eyes of Rita"


¿Cómo serán los ojos de Rita para que inspiren a Anouar Brahem una música de semejante belleza? Desconozco si la mujer de la fotografía de la portada del disco - obra del parisino-libanés Fouad Elkoury - se llama Rita o al menos ha inspirado la Rita mental de Brahem pero, cosas de la composición fotográfica (sea o no buscada), sus ojos permanecen en penumbra. Se percibe, no obstante, una mirada particular, de expresividad melancólica a la vez que serena, como si la triste realidad se impusiera pero estuviera lejos de derrotarla. Obviamente es ésta una interpretación subjetiva de la fotografía de Elkoury tomada en la localidad egipcia de El-Mahamid en 1990 e incluida en su serie fotográfica titulada Suite Egyptienne, ahora portada del nuevo disco del tunecino Anouar Brahem. Pudiera ser ella una Rita pero lo que sí es seguro es que la Rita de los ojos asombrosos formaba parte de un poema del escritor palestino Mahmoud Darwish (1941 – 2008) titulado “Rita y el fusil”. Entre la voz del narrador del poema y los “ojos de miel” de Rita se interpone un fusil. Darwish, poeta en el exilio, nació en la localidad palestina de Al-Birwa que fue ocupada apenas siete años después de su nacimiento por el ejército de Israel. Ahí comienza una vida en el exilio de Moscú, El Cairo, Beirut, París o Estados Unidos y una poesía determinada por él. A Darwish está dedicado el disco.


Es luminosa la música de Anouar Brahem, radiante como el sol justiciero que se impone tras el ventanal de la habitación que ocupa la (presunta) Rita fotográfica. Brilla en el exterior y atenúa su intensidad en el interior donde se oculta ella, sentada y ajena a la escena costumbrista de la calle. Y así en la música de The astounding eyes of Rita se impone el tiempo detenido que sugieren los paisajes calurosos e iluminados en exceso, se impone la serenidad de la mujer y la contemplación no exenta de movimiento, como el de su mano izquierda que, aunque se posa sobre el muslo izquierdo, insinúa acción. Acción detenida en el tempo musical de Brahem. Despacioso tiempo determinado en ocasiones más por el sonido de los instrumentos que por el verdadero pulso de una música que, como nos tiene acostumbrados Brahem, combina con absoluta naturalidad las formas musicales árabes tradicionales con una lectura en clave de improvisación (jazzística) y una combinación instrumental que conjunta con sencillez instrumentos de tradición oriental (el oud de Brahem y las percusiones – darbuka y bendir – de Yassine) con instrumentos de tradición occidental (el clarinete bajo de Gesing y el contrabajo de Meyer). Composiciones de Anouar Brahem que parten de una vocación melódica aquí desarrollada por el oud y el clarinete bajo, instrumentos “que parece que se pertenezcan el uno al otro”, según Brahem que ya había trabajado con el clarinete bajo de John Surman en Thimar (ECM – 1997). En esta ocasión es el alemán Klaus Gesing, a quien Brahem había escuchado en el disco Distances (ECM – 2007) de la vocalista británica Norma Winstone, quien aporta el bellísimo sonido, denso y de notable resonancia, de un instrumento que, cierto es, casa a la perfección con la vibración de las cuerdas del oud, con el que se entrelaza en las melodías y con quien se reparte la mayor parte de los solos. Parece desaparecer cuando habla Brahem hasta que, de pronto, se convierte en un soporte rítmico que termina por crecer para ganar de nuevo su espacio.


Suena con tal precisión el cuarteto que podría parecer una formación fundada en la noche de los tiempos y, sin embargo, habremos de creer a Brahem cuando nos dice haber reunido por primera vez a los cuatro para la grabación en Údine (Italia) en octubre de 2008. Una vez más el sello ECM, y su productor Manfred Eicher, son claves en la identidad sonora de sus discos. No sólo porque Brahem forma parte de la manera estética de entender la música de Eicher sino porque Eicher puso en contacto a Brahem con Gesing y también con el contrabajista sueco Björn Meyer, cuya trayectoria musical incluye trabajos en clave de Jazz cubano, Flamenco o folclore sueco e incluso una colaboración a mediados de los noventa con la actriz (y cantante) Milla Jovovich. Y es que seguramente no funcionaría del todo esta música si fueran jazzistas al uso los que la interpretaran. Se necesita una mentalidad abierta sobre la música improvisada más allá de los cánones del Jazz mainstream y por eso la improvisación se percibe plenamente jazzística y, sin embargo, tan distinta a lo que impone la memoria histórica del Jazz. Eso sí, Meyer se ve abocado a un segundo plano rítmico (y de percepción) sometido por la percusión del libanés Khaled Yassine (en su caso presentado a Brahem por la cuñada del tunecino). No es un sometimiento por contundencia. Lejos de la habitual sonoridad de la batería del Jazz, las percusiones árabes proponen un soporte rítmico que adquiere matices de una sutileza casi melódica, que envuelven al grupo hasta conformar una unidad, en este caso, de cuatro músicos.

Un fusil se interpone entre la voz en primera persona del poema de Mahmoud Darwish y los ojos de Rita; la sombra en el rostro atenúa la fuerza de la mirada de la Rita fotográfica de Fouad Elkoury. Sólo el ruido puede interponerse entre la belleza de la música de Brahem y el deleite del oyente. El problema es que ruidos los hay de muchos tipos y pueden dejarle a uno sordo.

© Carlos Pérez Cruz

Publicado originalmente aquí.

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